Es la química, estúpido

Estamos oyendo que es necesario un gran pacto de Estado entre todos o los principales partidos políticos y esos agentes sociales singulares que son los sindicatos y las corporaciones de empresarios, como si la firma de ese acuerdo, cuyos términos concretos no se ha preocupado nadie de sugerir, fuera el armisticio capaz de poner fin a la hipotética guerra socioeconómica que nos está dejando sin empleo, sin ilusión, sin actividad y, al paso que va la cofradía, sin futuro.

Poniendo un ejemplo de los que le gustarían al muy mediático -y respetable, aunque para mi gusto, demasiado centrado en convertir lo obvio en certero- ex Presidente cántabro Revilla, lo que necesitamos para cambiar la tendencia es provocar una reacción química, en la que, con los componentes actuales, añadiendo los catalizadores y algún reactivo, se consiga un producto final de la composición deseada.

Es una reacción, sigo en la fase simulada, fuertemente endotérmica (hay que poner mucho calor, concreto, para los que hayan olvidado la fisicoquímica), nada espontánea, desde luego, y como casi todos los procesos reactivos, después de una primera etapa de iniciación o cebado, continúa por sí sola, alcanza una gran velocidad de transformación y, al cabo de un cierto tiempo, languidece y se detiene, bien porque se han consumido todas las sustancias de partida, se agotó el catalizador, se perdió la fuente de calor  u otras razones que explicitaría mejor un Premio Nobel.

Mi propuesta para activar la economía española se concentra, primero, en generar un catalizador. He trabajado durante años como asesor del Banco Mundial y, aunque soy consciente de que esta entidad multilateral recoge algunas críticas, me seduce como modelo. Responde a la idea de destinar recursos financieros y técnicos para poner en marcha proyectos, que se corresponden con un banco de propuestas alimentado de manera continua.

Los proyectos son supervisados en la fase de propuesta, durante su ejecución y a la finalización, por equipos de especialistas mixtos, formados por funcionarios del Banco, expertos internacionales independientes y representantes de la comunidad beneficiaria, quienes analizan los datos de progreso de los trabajos, emiten sus críticas o hacen sus propuestas de mejora, que se convierten en compromisos de actuación inmediata.

Necesitamos una entidad de desarrollo, que entienda de proyectos, construya con urgencia la evaluación de las necesidades de recursos y haga una previsión de sus consecuencias -las de cada uno- en relación con el empleo y la actividad económica. Las grandes y medianas empresas pueden y deben ser alimentadores de esa pipeline de proyectos, pero no solo: la Universidad, los sindicatos, las agrupaciones de autónomos, las corporaciones empresariales, las entidades financieras, etc.

La financiación de los proyectos se haría con los recursos concentrados en un Banco de Activación Nacional, que se alimentaría con las aportaciones de un porcentaje de todos los depósitos bancarios (un 0,7%?), de todos los ingresos impositivos del Estado (un 0,7%), y de las aportaciones de business angel (corporaciones profesionales, inversores privados, etc).

Lo más importante es garantizar la transparencia del funcionamiento del modelo, por lo que los expertos, además de garantizar su cualificación en el tema en el que intervengan, deberán tener sus retribuciones perfectamente tasadas y, por supuesto, dignas, pero modestas.

He escrito ya muchas veces que no me creo que nadie sea tan magnífico como para merecer unos honorarios centenares, miles o millones de veces superiores a otro ser humano, y que la única justificación (léase con comillas) que encontraría para tal despropósito es que trabaja en el dominio de la corrupción del sistema.

Escribo ahora que no me creo en los pactos de Estado, sino que doy por supuesto que en una economía doliente todos los agentes tienen que arrimar el hombro y aportar lo que mejor puedan y sepan. Digo ahora que, en España, hoy, no se está haciendo lo que se debe. Se está mareando la perdiz. Y los centollos se los comen en otros ágapes, mientras a 6,2 millones de personas (casi 2 millones de familias) no le llegan más que unas migajas…o ni eso.

Es la química, estúpido.

Porqué no creamos empleo

Para que los 6,2 millones de desempleados que, según el cómputo, habrá que admitir que fiable, tenemos en España consiguieran un trabajo que les permitiera llevar a sus bolsillos, al menos, 12.000 euros anuales, habría que generar casi 80.000 millones de euros de rentabilidad complementaria sostenida en nuestra economía.

Si aceptamos como regla del pulgar (no tengo de momento, otra) de que para mantener un solo empleo hace falta una facturación media de 20.000 euros, se necesitaría incorporar anualmente del orden de 130.000 millones de euros a nuestra decrépita economía. Esa es, igualmente de forma aproximada, la inversión inicial necesaria. (Un 1,3% de nuestro PIB)

Por supuesto, si apuntamos hacia la movilización del empleo de alta tecnología, en el que la inversión precisa puede superar los 80.000 euros por puesto de trabajo, los recursos serían muy superiores a los que precisaríamos para generar empresas de servicios, en los que la inversión puede bajar de los 3.000 euros por empleado.

Pero la cuestión clave es: ¿producir para quién? ¿Quién pagará por esos bienes y servicios que pondríamos en el mercado? Aunque yo también hago otra pregunta: ¿Quién se ha beneficiado de la pérdida de actividad de nuestra economía? ¿Dónde se han ido esos 130.000 millones de euros de crecimiento anual que nos hubieran sido tan necesarios?

Por supuesto que lo se y lo sabemos todos: mientras nos convencían de que teníamos que comprar, endeudándonos con bancos extranjeros, casas y más casas, al mismo tiempo que se orientaba la formación de cientos de miles de personas a la categoría más elemental -trabajador de la construcción-, los beneficiarios de ese ahorro invertían en la extracción de recursos de países en desarrollo, a los que vendían productos manufacturados de gran valor añadido.

(continuará)

 

¿Está Vd. seguro? ¿Por qué?

Suele decirse que la diferencia fundamental entre la religión y la ciencia es que la primera parte del conocimiento apriorístico de la verdad, en tanto que la segunda aspira a descubrirla.

No es exactamente así, porque toda teoría científica tiene también sus dogmas, sus principios de partida, sus postulados, sobre los que se construye una explicación satisfactoria y lo más coherente posible, de la realidad observada.

Pero lo que resulta indudable es que disponer de una doctrina a la que seguir, facilita enormemente el mantenimiento a ultranza de una postura. Si nos detenemos en el terreno de la economía, por ejemplo, tratar de distinguir entre los argumentos de los defensores acérrimos del capitalismo liberal y de la la economía centralizada por el estado, nos llevaría a un terreno esencialmente dogmático.

Y como todo lo doctrinario, solo útil para la jerarquía sacerdotal montada alrededor del dogma y su parafernalia, y esencialmente perjudicial para todos aquellos que se ven perseguidos por haberse declarado escépticos, agnósticos o contrarios.

La recurrencia sistemática al catecismo más elemental es el recurso de toda esa pléyade de expertos que nos están demostrando, con sus explicaciones, cada tres por cuatro, lo que ya sabíamos: que no tienen ni idea de lo que hablan.

Política Agraria y Desvergüenza Global

Es posible, y pienso que hasta imprescindible, sacar punta al Cuaderno 161 del Instituto de Estudios Estratégicos, dedicado a dos de las  Inseguridades -alimentaria y global- que se han incrustado en nuestro bienestar occidental.

Por eso, no estoy satisfecho con el Comentario que publiqué ayer sobre el mismo, al que encuentro poco respetuoso con el magnífico trabajo desplegado por el equipo , y -aunque no tengo el propósito de hacer un resumen del Cuaderno- quiero resaltar algunas de las frases que más me impresionaron de su lectura:

1. Casi todo el incremento de producción de cereales entre 2005 y 2010 fue absorbido por otros usos diferentes de la alimentación humana (José María Medina)

2.El factor clave y originario para explicar el aumento de volatilidad de los mercados agrarios, es que desde el año 2000, y como consecuencia del fuerte crecimiento de países emergentes como Brasil, China o India (demnda) y el descenso de la inversión agraria en países en desarrollo (oferta), se ha producido un mayor crecimiento de la demanda qe de la oferta de alimentos, hasta llegar a los niveles mínimos de los stoscks mundiales de granos en 2007 (José María  Sumpsi).

3. España es el país más rico de Europa en agrobiodiversidad. Ello no quita, sin embargo, que dependa en más del 80% de genes procedentes de otros países para nuestros cultivos más importantes (José Esquinas).

4. (…) En 2010 se estima que había 11.675.000 personas en riesgo de pobreza según Eurostat, es decir la cuarta parte de la población (25,5%), lo cual supone un aumento de más de un millón de personas respecto al año anterior. En el contexto europeo, más de 115 millones de personas se encontraban en 2010 en riesgto de pobreza en la UE y, de éstas, más de 40 millones e situación de grave priación material, de ellos, 1,8 millones en España (Julia Gifra y Susana Beltrán).

5. La actividad agrícola contribuye de forma directa en un 12% a la emisión de gases de efecto invernadero, principalmentne de óxido nitroso. Además, contribuye de forma indirecta a otro 12% debido al cambio de uso del suelo. (…) Según la FAO se prevé qe la producción mundial de carne se incremente en más del doble, pasando de 229 millones de t en 1999/2001 a 465 millones de t en 2050, y que la producción de leche aumente de 580 a 1043 millones de t en 2050 (María de Mar Hidalgo).

6. Conforme a las estimaciones de la FAO, solo 12 especies de plantas y 5 especies de animales proporcionan más del 70% de la alimentación calórica de la humanidad. Y solo cuatro especies de plantes: arroz. máiz, trigo y patatas y tres de animales: ganado vacno, cerdos y pollos, proporcionan más de la mitad de esa alimentación. (Santos Castro).

7. A medida que los precios del petróleo han ido subiendo, la alternativa del biodiesel se ha ido haciendo más atractiva. Hoy en día, el 25% de la producción de maiz en Estados Unidos, el mayor productor del mundo de este alimento, se destina a biodiésel. (Pablo Yuste)

No busco titulares. La conclusión evidente: es imprescindible, y urgente una Política Agraria Global. El Banco Mundial ha estimado en 75.000 a 100.000 millones de euros anuales las inversiones necesarias para adaptar las instalaciones agrícolas, solo en los países en desarrollo.

100 euros/año por cada ser humano que pasa hambre. 5.000 euros por cada uno de los muertos de hambre (sic). No parece mucho. Hasta ahora, sin embargo, en este mundo supuestamente global, lo único que hemos conseguido globalizar es la desvergüenza con la que aplazamos el tratamiento a los problemas que tenemos detectados. En este caso, también conocemos las soluciones.

 

La Estrategia del Marasmus

Bajo el título “Seguridad alimentaria y seguridad global” (Cuadernos de Estrategia 161), el Instituto de Estudios Estratégicos del Ministerio de Defensa español presentó el 25 de abril de 2013 un “primer análisis sobre la seguridad alimentaria en el marco global” (copio las palabras del prólogo de Santos Castro, coordinador del Informe).

Un tema apasionante, pero, sobre todo, a poco que se conozcan las cifras de la situación, demoledor. Más de 1.000 millones de personas pasan hambre en el mundo, otros 1.000 millones sufren graves carencias alimentarias. Cada año mueren 17 millones de personas de hambre: una cada segundo.

Asistí con el lógico interés a la presentación, y como al final del acto regalaban el Cuaderno (en realidad, un libro de 250 páginas), me lo leí antes de acostarme. Es un documento de obligada lectura para quienes deseen conocer algo mejor lo que nos está pasando en el mundo, y cada uno puede hacer sus propias deducciones a partir de los datos y visión que se ofrecen en él.

Estoy totalmente de acuerdo con el hilo argumental del trabajo, en el que participaron brillantes especialistas en el tema, que podía concretarse, con las palabras de Santos Castro, en que “la pobreza es uno de los mayores riesgos y problemas para la seguridad”.

Mi reflexión es la siguiente: una situación perfectamente conocida, y de solución factible -existen recursos, técnicos y económicos- y que, sin embargo, se mantiene, supone la realización de una estrategia por parte de quienes tienen las claves y medios para corregirla. Una estrategia consciente, culpable éticamente, con objetivos detectables, perversos.

Es lo que llamo la Estrategia del Marasmus. El marasmus (Pablo Yuste Echarren, pág. 196 del Cuaderno) “se produce por una ausencia total de alimento. La falta de alimento hace que el cuerpo consuma sus tejidos para asegurarse su supervivencia”.

Yo pregunté en el coloquio -sobreponiéndome al ambiente disciplinado y ceremonioso de un salón mayoritariamente ocupado por militares uniformados y silenciosos- cuál podría ser la estrategia de España, en ese contexto.

No recuerdo bien la respuesta de los intervinientes en la mesa, urgidos todos por el general director del Instituto a que se cumpliera el horario. No se interprete,, en absoluto como desprecio a sus opiniones, al contrario. Estaba, simplemente, obsesionado por esta equivalencia simbólica que se me había ocurrido: una vida infantil en atentado en Boston, igual a 9.000 niños asesinados en Siria desde que se inició el conflicto, igual a 30.000 niños muertos de hambre en Somalia en tres semanas en 2011,  equivalente a 3, 6 millones de niños fallecidos anualmente por falta de alimento

Ya no es del todo cierto, pero también retumba en mis oídos,  una frase de la que no consigo recordar el autor, pero que preside muchos, demasiados, comportamientos alimenticios de los que, lo compartamos o no, nos vemos favorecidos por la estrategia del marasmus : “En los estómagos occidentales no cabe más, solo cabe mejor”.

“Not more. Only better”. Tengo ganas de vomitar.

Montemos Comisiones (o, mejor, Hagamos Revoluciones)

Hace décadas, circulaba una “teoría del sobre” entre los recién licenciados que pretendía ilustrar la trayectoria profesional que nos esperaba: en una hoja de papel rectangular (el supuesto sobre) se dibujaban las dos diagonales y se escribía, en el hueco inferior que formaban las líneas “trabajo”; en las dos laterales, “reuniones y comisiones” y en la de más arriba, “comidas y copas”.

El avance de una hipotética línea paralela a la base de ese sobre-rectángulo representaba la combinación de las actividades que nos tocaría desarrollar a los de cuello blanco a medida que fuéramos madurando en conocimientos: desde el solo trabajo al solo comidas y copas. Por supuesto, había oportunidad de destacar, cuando se explicaba el cuento, que en un momento preciso de la vida laboral estaríamos solo ocupados en reuniones y comisiones (1).

No veo razones esenciales para eliminar lo esencial de la teoría del sobre, como reflejo de un momento de la pequeña historia de este país y de otros parecidos a los que procura imitar, pero quiero destacar que en mi generación no se ha cumplido. La reducción de la vida laboral, con prejubilaciones y despidos definitivos adelantados con una indemnización engañosa, ha llenado el escenario de profesionales que no tienen oficialmente nada que hacer, y que, como no van a tirarse por un acantilado, ocupan como pueden el tiempo que les queda.

De entre ellos, analizo hoy con especial atención los que concentran su inactividad profesional real en los Comités. Hay, sobre todo en las grandes ciudades, cientos de oportunidades de pertenecer a miles de Comités. Eso sí, no reportan ni dineros, ni comidas, ni hay por qué asociarlos a ningún trabajo adicional al del simple hecho de asistir. Basta anotar en la agenda el día, y el sitio en donde se celebrará y aparecer allí con el careto y, si se quiere dar aún mejor impresión, una libreta.

Los Comités, salvo en aquellas corporaciones más vetustas que aún guardan algo de tesorería, no llevan aparejada tampoco ahora la comida con la que se concluían antes los debates, proporcionando la alegría asociada a las libaciones. Incluso en los que mantienen el ágape postrero, la preocupación por la dieta, el colesterol y la racanería de los paganines formales, han hecho decaer mucho el interés gastronómico de estas francachelas de veteranos, que antes tenían mucho más salero.

Todas estas reuniones, no haría falta decirlo para no extremar la crueldad del análisis, coinciden masivamente en ser preciosamente inútiles, ineficaces, estériles para mejorar el mundo; pero son, sin embargo, en mi irrespetuosa opinión, utilísimas como medicina para los asistentes a ellas: resultan una manera entretenida de pasar el tiempo, de llegar a conocerse mejor, e incluso de hacerse muy amigos, y de refilón,  sirven de justificación para creerse y tal vez hacer creer a los más próximos, que se es aún necesario para algo.

Cuando en mis diarios encuentros fugaces con miles de desconocidos a los que veo ocupados en ir de un lado para otro, llevando como una cruz sus rostros generalmente tristes, huidizas las miradas, absortos los cerebros en pensamientos misteriosos y acaso turbios, o resolviendo inútiles sudokus  y  crucigramas o increíblemente embebidos en la misma página del bodrio literario que llevan  envuelto en papel de periódico, me pregunto si no les merecería la pena pertenecer a alguna Comisión.

Un encuentro mensual con otras decenas de seres similares, por el que, con cualquier propósito u objetivo formal, recibieran un empujoncito para salir de su ensimismamiento, haciéndoles levantar la vista para reconocer al de enfrente, y creerse necesarios para algo más que para arañar en la base de su sobre vital: trabajo, trabajo, trabajo, … que, maldita sea, les está siendo comido a gran velocidad por un gusano incontrolado, que se llama paro y se alimenta, entre otras lindezas, de silencios.

Aunque, pensándolo mejor,  y como estamos en el aniversario de la Revolución de los Claveles, ¿no sería más adecuado y eficaz montar unas cuantas Revoluciones? Tengo muchas propuestas. Sería una forma acelerada de encontrar soluciones en lugar de pasarnos el rato dándole vueltas al sobre, sin que nos atrevamos a abrirlo, para saber qué contiene.

(1) Existe una versión de la “Teoría del sobre” que en lugar de “Comisiones” indica  Viajes”. No me servía para este Comentario, y la desestimé a sabiendas.

El efecto Falacia y las consecuencias de la caída del mentiroso

La idea del “efecto falacia” no es una creación mía. Que quienes tienen alguna forma de poder utilizan su conocimiento de las realidad para tergiversarlo, ofreciendo a quienes poseen menos información una opinión contraria, a sabiendas, respecto a lo que creen más probable, es bastante habitual.

También tenemos claro lo que pretenden los que actúan así: conseguir que una parte de los que les escuchan , actúen de forma diferente a lo que harían de tener la información de que dispone el inductor y, por tanto, mejoren las expectativas de beneficio de éste.

La rentabilidad del efecto falacia depende directamente de la posición de credibilidad del presunto mentiroso.  Eso lo saben bien quienes promueven a puestos de relevancia a ciertas personas, a las que previamente han revestido de un manto de perfección casi sobrenatural.

Podemos encontrar muchos ejemplos, y algunos muy buenos, sobre el efecto falacia y sus consecuencias positivas para quienes jugaron con él a favor. Casi todos los partidos políticos, en período electoral, lo utilizan. Las Juntas Generales de las grandes empresas están pobladas de momentos en los que se cuida el efecto falacia. Diría más: una parte muy alta, desde luego, excesiva, de las actuaciones propuestas por los dirigentes en quienes confiamos están fundadas en el efecto falacia.

Habrá algún ingenuo que piense que no siempre la intención de quien promueve la falacia es perverso, y que puede estar motivado para evitar un mal mayor: por ejemplo, si un Presidente de Gobierno afirma que se ha tocado fondo en la crisis o que la solvencia del sistema bancario del país es de las mejores del mundo, puede estar cruzando los dedos para que se lo crean otros que están en posición de perjudicar a los que desea proteger y evitar así que se le caigan los palos del tenderete.

Pero se comprenderá que los que tienen más información no se van a creer algo así, y, por tanto, lo que se pretende es que los crédulos no armen alboroto, sigan haciendo lo mismo, y, al introducirse más profundamente en el barro se lo pongan más fácil a los que están en mejores condiciones para juzgar que lo que se está diciendo oficialmente tiene es, con gran seguridad, falso.

No tiene el mismo valor para un oyente sin criterio previo, desde luego, oir que la Directora del Fondo Monetario Internacional opina que es importante tener un sistema bancario sólido como forma eficiente de canalizar a su través los préstamos con los que impulsar el crecimiento, antes o después de ser investigada por la policía francesa bajo la acusación de haber favorecido a un amigo empresario, de su misma cuerda ideológica, compensándolo generosamente en un arbitraje sobre la valoracón de la participación en Adidas que había vendido previamente al Crédit Lyonnais.

Se pueden poner otros muchos ejemplos del efecto Falacia, aunque lo que me interesa hoy es resaltar sus seguras consecuencias: cuando se produce la caída del mentiroso, se buscará por quien corresponda un sustituto de credibilidad intachable. Porque el objetivo seguirá siendo el mismo: engañar a los que saben menos para que hagan lo que beneficia a los que quieren tener más, teniendo ya mucho.

A Celestino López Fernández

23 de abril de 2013

Querido Tino:

Tengo en mis manos varias cartas en las que, entre marzo  de 1964 y mayo de 1967, un chaval de quince años (tú) le contaba a otro de la misma edad (yo) lo que se le pasaba por la cabeza.

No estábamos lejos en la distancia, porque tu vivías en San Bartolomé de Miranda -aunque algunas cartas me las enviabas desde Las Agüeras (Quirós)- y yo estudiaba en Oviedo. Pero entonces no era tan sencillo moverse por las carreteras y, por eso, solo nos veíamos por los veranos.

Gracias sobre todo a tí y al tiempo en que pasamos juntos durante muchas temporadas de nuestra niñez y adolescencia, aprendí algunas técnicas que no recogían los libros de texto, pero, sobre todo, me resultó más fácil integrarme en un pueblo que desarrollaba sus vivencias, pujante, más allá de los muros de la casa familiar  en donde pasaba mis vacaciones.

Siempre fuiste un habilidoso. Hacías, por ejemplo, unas trampas magníficas, irresistibles para cualquier pajarillo, al que, una vez atrapado,  atábamos, cubierto con plástico para darle más duración, un papel con la palabra “Saludos”, por si alguien volvía a encontrarlo.

Cuando me decías que querías ser un buen palista, o el mejor tornero, o un gran soldador, admiraba secretamente la fuerza de tus propósitos, mientras modelaba, aparentemente, siguiendo caminos diferentes, los míos.

En realidad, aquellas cartas a las que me refiero nacen de una idea bastante descabellada que se me había ocurrido: hacer una revista  que sirviera para que los jóvenes de España, independientemente del lugar donde estuvieran, tuvieran un medio en el que exponer sus ideas y preocupaciones,  intercambiaran experiencias, contaran sus cosas, se acercaran para comprenderse mejor y trabajar juntos por un mañana más productivo.

Se llamaría JX (Juventud, Incógnita) . Tenía la intención de presentar un número Cero, para optar a una subvención del Ministerio de Información y Turismo, siendo el editor  de este propósito Richard Grandío, amigo de mi tío Justo, quien se brindó a poner su nombre en el proyecto.

Me parecía estupendo que ese número de referencia tuviera como elemento central una entrevista con mi amigo Tinín, y te envié un cuestionario que me contestaste, con la ilusión que ponías en todo, a vuelta de correo. Una exhibición de honestidad, socarronería, inteligencia natural, ambición tranquila y voluntad de no escatimar esfuerzos para mejorar lo que la vida te había puesto entre las manos.

El otoño pasado, como me venías diciendo que te apetecería recibir algunas lecciones prácticas de alguien experto en setas, subimos juntos a uno de los montes que rodean San Bartolomé. La tierra estaba seca y no encontramos ninguna, aunque -como sospechaba- me sirvió para conocer que sabías mucho de setas, porque habías leído de ellas lo que no está escrito, como suele decirse. Te indiqué algunos sitios, te describí características, confirmé o descarté ciertas dudas. “Ahora ya me siento seguro”, dijiste. “El próximo verano, volvemos”.

Fue una tarde muy entretenida para mí. Mientras subíamos y bajábamos por aquellos andurriales, repasamos creencias, intercambiamos opiniones sobre la situación, compartimos, renovándolas, ilusiones y preocupaciones. Eras el encargado de la gestión del agua del pueblo y, cuando ya bajábamos con las cestas vacías pero con ímpetu juvenil, quisiste comprobar la entrada al depósito, y revisar de paso no se qué avería, y me hiciste volver a subir un trecho, evidenciando una excelente condición física. Estabas muy fuerte. Seguías siendo un baluarte.

Tengo un terrible disgusto, Tino, al saber que no te voy a encontrar este verano, cortando leña en la antojana de tu casa, regando los tomates, llevando pienso a los ponis que acababas de comprar, interesado -también- en saber si hay algo de trabajo para tu hijo Tino (por ejemplo), orgulloso, por supuesto, de tus nietos y de tu familia.

No vamos a hablar de Agromán, ni de Ferrovial, ni de FCC, ni de tus amplios conocimientos sobre la forma práctica de resolver problemas de agua, -es decir, de cualquier tipo de cuestiones- enseñándome de paso a mí, experto oficial, porque, respetuoso como eras, aunque irónico siempre , no descuidabas poder cazarme en un renuncio, preguntándome por lo que sabías mejor que nadie…

Estás, desde ayer, muerto. Y yo, con esa sensación amarga de estar cada vez más solo, sin saber por qué nos lo han puesto tan bonito para llegar a esta respuesta poblada de vacíos.

Un abrazo muy fuerte, Tino. Y dile a Josefina, y a todos los tuyos, que lo siento, que lo siento en el alma. No pude hacer nada. Solo puedo llorar, y esperar a que un día nos puedan explicar lo que está pasando, si alguien lo sabe de verdad, sin cuentos ni rodeos. Como te gustaba a tí que se supiera.

Recursos limitados, globalización y visión local

No hace falta habe leído a Popper, ni a Keynes, ni a Soros (y mucho menos, entenderlos), para predecir el resultado de este cóctel maléfico: un sistema de recursos limitados, en el que teóricamente se comparte el mercado pero no los recursos, y en el que la regla dominante es que cada uno mire esencialmente por sus propios intereses, es ineficiente.

La ineficiencia del sistema se proyecta en dos direcciones interconectadas: es despilfarrador de sus recursos y su duración vital -cuando se produzca el agotamiento- va a ser menor que si todos los agentes hubiesen colaborado en un único objetivo.

Que la Humanidad se ha encontrado con una mesa bien dispuesta, está fuera de duda, o al menos, así sigue pareciendo para la mayoría.

No le quito mérito a la cadena de sabios que nos han permitido a los que ahora ocupamos el espacio terreste disfrutar de sus descubrimientos y mejorar la sensación de vivir mejor -desde el fuego y la rueda al motor de explosión o a las maravillas de la nanotecnología-.

Pero esa euforia de sensación y poder tiene, para casi todos, elementos muy precarios y que lo convierten en frágil, incluso en ficticia. Y para casi un quinto de la Humanidad es, además, errónea, porque no tienen acceso a la inmensa mayoría de esos artilugios, conocimientos y ventajas. Otros muchos lo tienen solo en un ámbito excepcionalmente restringido.

Seguimos, por otra parte, sin resolver el enigma de si, incluso las más brillantes mentes humanas, serán capaces de presentar las condiciones para que alguna generación futura sea independiente de las fuerzas de la naturaleza, antes de que todos hayamos volado por los aires en un experimento bélico nuclear.

Los optimistas tecnológicos opinan que los recursos de que dispone el ser humano son prácticamente infinitos -esto es, muy superiores a los que serían necesarios durante toda la estancia imaginable del hombre en la Tierra- porque la ciencia seguirá avanzando  y descubriendo nuevas opciones para poder alimentar a la población, darle el calor o el frío precisos,  y, en suma, sostener su existencia de forma aceptablemente satisfactoria.

No lo creo así y, en todo caso, denuncio que la afirmación es cínica, parcial, egoísta. Y no porque desconfíe de la ciencia, sino porque la sociología me demuestra que no es posible ponerse de acuerdo ni siquiera en cuestiones elementales. Más de mil millones de seres humanos pasando hambre o sed ahora mismo son un peso insalvable sobre cualquier argumentación que quiera convertir el panorama en optimista.

22 de abril, Día de la Tierra de 2013, de un tiempo que se nos acaba.

Todólogos sin fronteras

Estaba hojeando la revista Telva de abril de 2013, haciendo lo que supongo hacemos casi todos cuando una publicación de esta naturaleza cae en nuestras manos, que es “mirar los santos” (especialmente las de mozas que nos mueven impulsos pecadores), cuando me topé con una entrevista a Pedro Cavadas, el especialista en cirujía reconstructiva más famoso de España.

Tengo curiosidad persistente sobre este personaje al que tenía situado, sin conocerlo personalmente, a medio camino entre la pose y el morbo, en la tierra de nadie de los que han encontrado un hueco personal para vivir resolviendo complicaciones. Así que me devoré el juego de preguntas y respuestas, mientras sorbía el primer café de esta mañana.

Cavadas explica en la entrevista que se va dos veces al año a Kenia, en lo que considera sus “ejercicios espirituales”, y que allí “practicará la especialidad de la todología”. “Opero lo que sea. Allí soy su única oportunidad”.

Solo quienes hayan tenido que vérselas con un problema serio sin tiempo para analizarlo completamente, sin tener a quien acudir para consultar una opinión o echarle la culpa si el asunto falla, y sin los medios y el equipo humano del que uno dispone si está en su ambiente habitual, saben lo que es practicar la todología.

El todólogo Cavadas es miembro distinguido del Cuadro de Honor de los que, además de haberse especializado en una materia para convertirse en una referencia, no han olvidado que las raíces de la sabiduría están en la todología de cada ciencia; estar preparado para resolver el problema básico, conocer por qué se hacen las cosas.

Ser adicto a esa filosofía seguro que tiene aplicación tanto en Kenia como en Manises, el pueblo en donde tiene su Fundación de Cirujía Reconstructiva, una referencia médica mundial.

Un revulsivo, también, con todo mi respeto y admiración hacia Pedro Cavadas, para quienes creen que no hay otro medio de rentabilizar lo que se sabe que el dinero.