Halloween, el juego de la diversión con la muerte

El último día de octubre es el Jalouín, un pretexto para disfrazarse de zombi, vampiro o -como diría Sofía, una de mis nietas- de bruja mala. Es una fiesta divertida, en la que los niños se pintan ojeras, recortan ojos y bocas en calabazas para que reluzcan en la oscuridad los fulgores de las velas y reparten caramelos o gastan bromas a los mayores.

Por supuesto, quienes más disfrutan de este jolgorio colectivo son los adolescentes, siempre dispuestos a convertir cualquier pretexto en una aglomeración multitudinaria, en la que se canta, se baila, se bebe y se deja pasar el tiempo en la agradable compañía de amigos y, sobre todo, de desconocidos.

Los españoles tenemos fama de saber divertirnos, si bien nuestras raíces carpetocatólicas, siempre atentas a detectar el pecado en todo lo que hacíamos, han dotado a buena parte de las ocasiones en las que deberíamos de pasarlo bien de un trasfondo melancólico, adusto y trascendental. Tenemos una Semana Santa, un Corpus, una Sacramental, un Día de Difuntos,…casi todos los santos que veneramos son mártires, vírgenes y llevaron vidas aburridas.

Por eso, en los últimos tiempos, hemos demostrado una excepcional capacidad para incorporar fiestas ajenas a nuestro santoral despojándolas de cualquier significado, para convertirlas, pura y simplemente, en diversión. Halloween es, junto a las vacaciones de la Semana en la que celebramos la pasión de quien vino a darnos ejemplo de vida otorgándonos el espectáculo imaginero de una muerte llena de colorido, genuina demostración del travestismo ideológico.

Jalouín, es decir, Halloween, la transliteración de All Hallows’ Eve, es nuestro viejo Día de todos los santos, en el que las familias acudían a los cementerios para limpiar las tumbas de sus allegados difuntos, poner flores y rezar varios padrenuestros por su eterno descanso. Qué tiempos.

Qué pasó en el pozo Emilio del Valle

El gravísimo accidente en el que murieron seis mineros de la plantilla de la Hullera Vasco Leonesa que se encontraban trabajando a unos 700 m de profundidad en el pozo Emilio del Valle (en Santa Lucía, León), ha vuelto a desatar las especulaciones, no ya respecto a la seguridad de la minería, sino respecto a su misma necesidad.

Los primeros análisis de lo sucedido indican que se produjo una liberación de gas metano en la zona de trabajo, que no explosionó -es decir, no se produjo la “explosión de grisú” que está en la primera línea de culpables de los accidentes mineros en las minas de carbones bituminosos. Fue tan repentina que los fallecidos no tuvieron tiempo para poner en funcionamiento los equipos de auto-rescate que llevaban, y que les hubieran permitido un período de autonomía respiratoria de entre 20 y 30 minutos, suficiente, en principio, para escapar.

La mezcla de metano y aire es explosiva cuando el primero se encuentra en una proporción entre 4-5% y 14-15%. Por ello, cabe deducir que, aunque el grado de metano era superior al nivel explosivo, no había ninguna llama activa cuando se produjo la fuga (lo que se me antoja lo más probable). Los mineros estarían realizando labores de preparación, y alguna actividad en otro nivel o, simplemente, la cedencia espontánea del terreno agrietó uno de los hastiales, provocando la fatídica fuga.

Otra opción, que descarto, sería que la proporción que se alcanzó era inferior, pero de suficiente entidad y, sobre todo, aparecida con excepcional rapidez, como para que los mineros que se encontraban próximos al punto en el que se produjo la fuga la respiraran, por un corto espacio de tiempo.

Como son cuatro los mineros que se encontraban en las proximidades que ya han obtenido el alta hospitalaria (un quinto sigue en la UCI, aunque, por fortuna, se está recuperando), podrán dar una versión aquilatada de lo que sucedió.

Mientras la investigación del accidente hace su trabajo (una Comisión independiente ha sido nombrada al efecto), será bueno que los “falsos expertos” se abstengan de alimentar las especulaciones genéricas acerca de los males de la minería. En particular, me refiero a aquellos que asocian el accidente a los riesgos de la fractura hidráulica, y aprovechan la oportunidad para avivar la campaña en contra de la recuperación del gas metano subterráneo.

La minería del carbón español está sometida a un reglamento muy estricto, y las normas de seguridad de obligado cumplimiento son rígidas. Los mineros afectados por este accidente fatal eran gente experimentada, inteligente, joven -menos de 45 años- y sana. Si hay algún culpable, que sea la casualidad. Esa parte de lo natural que, a pesar de los avances técnicos, no siendo posible prever, no nos queda sino acotar en el terreno de la tutela del santoral.

Santa Bárbara, patrona de los mineros, y Maruxina de mi vida, mirai cómo vengo hoy, tengo la camisa rota y el ánimo descompuesto por la muerte de seis compañeros. No tengo ánimo para cantar, obviamente.

Esto no es un Cuento de Otoño: Hatamura delata Fukushima

El profesor Yataro Hatamura expuso con frialdad las conclusiones del Informe en el que la Comisión independiente había reflejado el resultado de sus investigaciones sobre el accidente nuclear de Fukushima.

Lo hizo en un inglés bastante deficiente, acompañándose de diapositivas que, en general, se limitó a leer. El público que abarrotaba el Salón de la Fundación Areces, el 28 de octubre de 2013, le escuchaba en silencio.

Hatamura es ingeniero mecánico, profesor emérito en su especialidad, el análisis de fallos. Durante toda su vida ha ido perfeccionando una teoría que se resume en esta cadena lógica, de apariencia demoledora:
“What could happen, happens; what cannot happen, happens as well; things beyond imagination, happen as well” (Lo que podía ocurrir, ocurre; lo que no puede ocurrir, sucede igualmente; lo que está fuera de la imaginación, también ocurre”.

Quien designó al profesor japonés, que tiene ahora 73 años (nació en 1940), como presidente de la Comisión sobre Fukushima, sabía lo que hacía. Su propuesta filosófica viene siendo que “necesitamos introducir una cultura que se confronte a los riesgos y los discuta” (need to cultivate a culture to face risks and discuss them) y, por encima de lo que nos digan otros, “es preciso ver las cosas con los propios ojos, y pensar con el propio cerebro, para juzgar y tomar decisiones” (see with your own eyes, think with your own brain, to judge and take actions”.

Por eso, es razonable pensar que, una vez cumplida su misión en Japón -la de hacer ver a la población de que, si se quiere mantener la actual calidad de vida, hay que asumir algunos riesgos y que lo que puede hacer el ser humano, incluso el más inteligente, es convivir con esa zona oscura que “we fail to recognize and are unprepared for”- se dedique a dar conferencias por el mundo para difundir un mensaje universal.

Lo expresó también en la conferencia del 28 de octubre: Debemos combinar la prevención de los desastres para aquellos riesgos conocidos con minimizar los daños para los riesgos que desconocemos (disaster prevention versus damage minimization).

Las preguntas que se hicieron en el coloquio resultaron irrelevantes. Hatamura, obviamente, no tenía más que decir. No hacía falta.

(P.S. La minería del carbón está de luto, y, con ella, toda España, por la muerte de seis mineros en la mina Emilio del Valle, en Santa Lucía (León). Parece que ha sido por un escape masivo de metano, procedente de una bolsa que no explotó ni delató previamente su presencia.

Descansen en paz, y mi condolencia más honda hacia los familiares y amigos de las víctimas.

No se si el lector del Comentario habrá encontrado la línea filosófica de conexión entre Fukushima, la mina Emilio, y todos los accidentes que resultan imputables al avance técnico, a la confianza excesiva, al ahorro de medios, a la necesidad de seguir subsistiendo y hacerlo cada día mejor.

Hatamura, cuyo nombre significa, en japonés, “Hombre del Pueblo”, nos da la pista.

Desde el dolor, como ingeniero y como español, afirmo que sí, que existe un camino. Es la vía que impulsa e impulsará a la Humanidad a tratar de dominar la naturaleza. No tenemos más remedio que seguirla. Una batalla de David contra Goliat, que está en nuestra propia esencia: como seres racionales, somos una anomalía de la evolución, y conocer del todo aquello de lo que formamos parte, es la única forma de encontrar, si existe, la puerta que nos serviría de escapatoria.

Una labor imposible, aunque inexcusable.

Feeling start-up´s Initiatives (y 8)

Con esta entrada termino la primera serie de Iniciativas de Inversión, que consta de 8 comentarios.

8. Senior Business Angels (Inversores jubiletas). Me he preguntado muchas veces qué es lo que lleva a los ahorradores a invertir su dinero en empresas de cuyos gestores no sabe nada, o muy poco, o incluso, lo que sabe, resulta poco tranquilizador, solo porque cotizan en Bolsas y Bolsines sobre las que no tiene ninguna capacidad de influencia.

Me he convencido de que lo que sucede es que los seres humanos confiamos en los dioses del azar y que nos gusta jugar, imaginando que nos va a tocar el premio gordo, justamente a nosotros, porque para esas deidades somos sus hijos predilectos.

Centrándome en aquellos que han tenido la suerte de acumular algún patrimonio en su vida profesional activa, y que, sabiéndose aún son capacidad intelectual más allá de la posibilidad de resolver sudokus en el transporte urbano, se resistan a abandonar este mundo por la puerta del silencio y el abandono, ¿por qué no invertir en proyectos de nuevas tecnologías, propuestos por jóvenes recién titulados de nuestras universidades (solos o en compañía de alguno de sus profesores)?

Si se creara un pool de inversión con personas que tuvieran esa capacidad y ese deseo, podrían, legítimamente, imponer que se ejercería desde él una tutela constructiva sobre los proyectos en los que se invirtiera, incorporando, en la medida de lo factible, su experiencia, consejos y relaciones.

Los Colegios profesionales, llamados según el anteproyecto de Ley de servicios profesionales, a sufrir un cambio profundo en su reglamentación e ingresos, quizá puedan profundizar en esta idea, y lanzarla como una interesante opción para sus miembros, enlazando las generaciones de los que no quieren irse con la de los que quieren empezar con paso firme.

Feeling start-up´s Initiatives (7)

Continúo con la presentación y somero análisis de algunas ideas para generar nuevas actividades lucrativas:

7. All-Exchange Craigslist.- Desde finales de la década pasada se encuentran plasmadas en Internet listas de clasificados que reproducen, por supuesto dotándolas de mucha mayor agilidad e información, ofertas de compra-venta de inmuebles y productos, demandas y ofrecimientos de empleo, etc.

Lo que no me consta que exista, al menos en activo y general funcionamiento, es una plataforma de trueque, en la que, en lugar de realizar las transacciones en dinero, se haga intercambio, simplemente de uno o varios productos por otros.

Desde luego, no es tan sencillo aplicar el sistema a productos que exijan inscripción en el Registro mercantil, porque no creo factible mantener a nivel privado el trueque de un apartamento en Benidorm, por ejemplo, por el cuidado irreprochable, hasta su fallecimiento, de un anciano en León.

Pero, analizando las posibilidades en un amplio contexto, se me ocurren multitud de operaciones que no precisan ser traducidas monetariamente y, por tanto, pueden establecerse al margen del mercado del dinero.

El cambio de períodos de estancia en viviendas propiedad, respectivamente, de quienes han llegado a ese acuerdo es el más directo y ya bastante utilizado. En los pueblos agrícolas o ganaderos, siguiendo una tradición ancestral, se han venido cambiando, entre vecinos, trabajos, mercancías y favores, sin llegar a una traducción monetaria.

¿Por qué no llevarlo a todos los órdenes, y hacerlo desde internet?. He visto ya algunas ofertas en las redes sociales, pero no desde una plataforma dedicada a ello.

Quede aquí la idea, para que alguien la elabore o, por lo menos, la comente.

Cuento de otoño: La empresa más rentable

Cuando consiguió la licenciatura en Economía empresarial aplicable, Jorge Policarpo Méndez de Poliedro y Otrasierbas, lo festejó mucho. Al disipársele el dolor de cabeza de las prolijas libaciones, se propuso aplicar todo lo que sabía, montando una empresa de inmediato.

Como no estaba para dispendios inútiles, Méndez de Poliedro, se autoimpuso tres condiciones: debía ser una empresa con óptima rentabilidad, precisar de una inversión mínima y contar con el menor número de empleados posible.

Poliedro era imaginativo, pero tampoco era cuestión de reinventar la rueda, así que, con la inestimable ayuda de internet y una impresora, se hizo con la relación de todas las empresas que se habían creado en los últimos diez años en su país. Las separó por objetos sociales, empleando las palabras clave que tuvo a bien, y, finalmente, en lugar de ordenarlas siguiendo el alfabeto, las clasificó (automáticamente, por supuesto), según la cuantía del capital social declarado.

No tuvo tan claro cómo podría deducir la rentabilidad de los emprendimientos, por lo que se contentó -de momento- con recoger del registro informático las empresas que se habían disuelto en los últimos diez años, y las ordenó, igualmente, por objetos sociales y capitales comprometidos.

Para su confusión y horror, encontró que eran tremendamente coincidentes. Cumpliendo con el principio de la energía que indica que todo lo que se crea, se destruye, las empresas morían masivamente en períodos máximos de diez años y dejaban el sitio a otras que, cambiando alguna que otra palabra, o perspectiva, hacían lo mismo.

Puede que mejor o más rápido, o con menos personal y más rentables, pero el registro mercantil nada expresaba que permitiera aclarar esos supuestos. Las empresas nacían, crecían, languidecían y morían, como salmones que acuden, ya cumplido su ciclo vital, a desovar al río en donde se criaron de alevines, sirviendo de alimento para que osos, zorros y zancudas se entiendan con el suyo.

Descorazonado al ver que su idea original se desvanecía en cuanto a sus pretendidos propósitos, elucubró acerca de lo que podría ser su objetivo empresarial si tuviera que resolverlo matemáticamente. Máxima rentabilidad, mínimo riesgo, una dotación de personal en nada redundante.

Como Poli era ingenioso, plasmó esas condiciones en un software bastante sofisticado que, a la manera de esos programas de generación de poemas que combinan al azar palabras (sujeto, verbo y predicado) entre las que suponen rima (consonante o asonante, según gustos), permitía obtener como resultado (output) varias opciones válidas, de acuerdo con el problema de contorno planteado (1).

Por eso, Po, siguiendo fielmente lo propuesto por el software, creó una empresa de fabricación de humo. Y, según me ha contado, le va bastante bien.

No ha invertido un euro, ha generado su puesto de trabajo y, por lo que parece, le van a dar el premio a mejor empresario del año, como mejor idea para salir zumbando de la crisis.

Como Po es conocido desde los tiempos del parchís, quise satisfacer mi curiosidad preguntándole en directo:

-¿Fabricar humo? ¡Tío! ¿Y quién es tu clientela?

Jorge Policarpo Méndez de Poliedro y Otrasierbas me miró de hito en hito:

-Clientes somos todos -me espetó.

Y se fue tan campante.

—-
(1) Es decir, Boundary values in complex connected domains.

FIN

Feeling start-up´s Initiatives (6)

(Continúa de anteriores Entradas)

6. Seleccionar empleados -o conseguir trabajo-, a través de las redes sociales (“Social Recruitment”). Prácticamente todas las empresas que se precien de estar al día en estas cosas, tienen un apartado en sus webs en donde te invitan a dejar el currículum, prometiendo virtualmente que te llamarán, en la medida que tu perfil encaje en no se sabe qué cerraduras de entrada a sus estructuras.

Por supuesto, estos métodos coexisten con las empresas de selección, y unos y otros, sobreviven -a duras penas- en un mundo en el que escasean los trabajos.

No tengo dudas de la ineficacia de las redes sociales para conseguir trabajo. Todo el que las haya pretendido utilizar con este fin podría ofrecer su experiencia, si le apetece sincerarse, y confirmar este aspecto.

¿Qué falla? ¿Por qué anunciarse en internet “en búsqueda activa de empleo”, teniendo más de 500 “contactos directos” y varias decenas de miles de relaciones de segundo o tercer nivel, no sirve para nada?

Ante todo, porque las redes no tienen verdadera visibilidad. Las utilizamos no para ver, sino porque deseamos ser vistos.

Y, mientras tanto, una parte del mundo real sigue atendiendo a los mismos esquemas de siempre: conocimiento directo, imagen personal (aspecto físico y atuendo, incluidos), recomendación, amistad, enchufismo, intercambio de favores, compensación indirecta, etc. Pocos elementos que puedan conjugar las redes sociales.

Hay, sin embargo, campo para cualquier sistema de contactos virtual que establezca peajes de entrada, bonus de credibilidad y solvencia, sistemas serios de valoración del conocimiento, establezca baremos neutrales en relación con decenas de variables, admitiendo clasificar de forma continua y automática, según las palabras clave que se desee, su bolsa de empleo o su cartera de miembros.

No interesa a un empleador en su sano juicio que alguien sea hincha del Deportivo o fan de Garralde…sino que se evalúe, con la mayor seriedad y objetividad, a los candidatos que tengan ciertas características que él haya determinado previamente, para no perder el tiempo revisando miles de candidaturas no adecuadas.

Las “Ferias virtuales de empleo”, campo en el que la empresa española Imaste-IPS (hoy dentro del grupo ON24) ha sido innovador e impulsor, ofrecen permanentes vías de exploración de nuevos enfoques… entrevistas personales por vídeoconferencia, conocer empresas desde casa, consultar opiniones a otros visitantes de la feria virtual, etc.

No es la única opción de mejora. La renovación de planteamientos es constante, y el sector resulta muy sensible a los perfeccionamientos en el software de comunicación, desarrollo y diseño (y, naturalmente, en el hardware, pero eso ya es otro cantar de tono más alto). Invito al lector interesado a visitar algunas páginas de gente creativa en este terreno, que sabe exprimir el zumo de su imaginación: Ignite , Bright, o Tribehired.

¿Se le ocurre cómo mejorarlas?…Si es así, adelante.

Feeling start-up´s Initiatives (5)

Existen ya muchas opciones de formar redes y grupos sociales en internet que se basan en acumular “amigos”, lo que, por cierto, algunos hacen de forma frenética, sin que se alcance a ver cuál es la ventaja que obtienen.

Porque puedo entender que si alguien tiene un negocio (por ejemplo, ofrecerse como abogado, dentista, consultor, agente de inmobiliario o de viajes o vender sus propios discos, libros, o promocionar su imagen como actor, …) esté interesado en coleccionar nombres de desconocidos que le puedan proporcionar, eventualmente, algún trabajo, o, al menos, hacer creer a alguien al que le seduzcan las grandes cifras de que detrás de un nombre con tantos enlaces de amigos se oculta un profesional de mérito.

También, aunque algo menos, puedo comprender y comprendo que haya enamorados y adictos de un actor, futbolista, político y hasta lobeznos solitarios con el dedo nervioso que vean con complacencia que han alcanzado algunos miles de síes a su petición de amistad en la tontoesfera cósmica…pero, ¿por qué no hay ejemplos totalmente desarrollados, en la práctica, de la idea que traslado a continuación?

5. Compras federadas on-line (“Social pastime shopping”). Todos hemos utilizado alguna vez la posibilidad de comprar por internet, seleccionando opciones de búsqueda, comparándolas en solitario y utilizando la tarjeta de crédito, el dinero virtual de nuestra cuenta u ordenando una trasferencia.

Lo que no se utiliza es impulsar la compra federada de esos “amigos/desconocidos” que tenemos en internet. Pongo un ejemplo: envío a mis -digamos- mil amigos la posibilidad de adquirir directamente aceite extra virgen de tipo picual de una almazara. Deben comprar como mínimo 15 litros y deberán recoger la mercancía en un día cualquiera a su conveniencia de la segunda semana de febrero del próximo año, por sus propios medios, en una dirección que les indicaré.

Con las respuestas, negocio la compra de, digamos, 3.000 litros de aceite, y consigo una rebaja del 20% sobre el precio del supermercado. Es decir, sobre unos 90.000 euros, un margen de ahorro de 18.000 euros. 9 euros por persona o familia…Peanuts, pero es solo un ejemplo.

No me detengo en los detalles comerciales o técnicos de la operación (negociar con la almazara, alquilar un local con acceso para vehículos por una o dos semanas, contratar a una persona para que esté presente vigilando las entregas, etc.), sino en cómo poner en marcha una idea de este tipo, desde el punto de vista de un “analista de sistemas”.

¿Qué necesitamos, en verdad, para que todo el edificio de la operación se mantenga en pie? Que los que se han comprometido a comprar, mantengan su compromiso y, al recibirla, paguen la mercancía.

Esto se puede conseguir, simplemente, haciendo que quienes estén dispuestos a hacer compras federadas, de un conjunto de opciones que el tiempo irá precisando, hagan un depósito en efectivo de x euros en una cuenta, que podrán ir renovando a voluntad, en la medida en que lo vayan gastando. Las transferencias de esos depósitos nominativos a cuentas determinadas serán realizadas en los momentos que la comunidad y la práctica determinen (p.ej. un 20% al hacer el pedido, un 80% a su retirada). Todo con la tarjeta de puntos-dinero, como las que nos dan esos grandes almacenes cuando devolvemos una compra y no recibimos el dinero que nos costó, o le costó a nuestro amigo, en efectivo.

(continuará)

Feeling stream-down Initiatives

Este Comentario no forma parte de la serie Feeling start-up´s Initiatives. Es un verso suelto al respecto y, si no fuera porque estoy embocado a comentar posibles ideas de promoción de nuevos proyectos empresariales, lo hubiera titulado, desde luego, de otra forma.

Por ejemplo: “¿Por qué preocupa tanto a algunos agentes económicos una planificación energética en España?”

Lo escribo después de haber asistido a la Jornada sobre “Dependencia energética y electrificación de la economía: un análisis económico”, celebrada en Madrid el 23 de octubre de 2013, bajo los auspicios de “El nuevo lunes” y Red Eléctrica de España (REE).

Fue interesante, cómo no iba a serlo, una Sesión en la que se pudo escuchar lo que opinan al respecto del tema José Folgado (Presidente de la REE), María Sicilia (Subdirectora General de Planificación Energética y Seguimiento del Ministerio de Industria, Energía y Turismo)…sin desmerecer, en lo más mínimo -al contrario, porque son también importantes actores del guirigay energético de nuestro país-, lo que aportaron Gonzalo Saénz de Miera (Presidente de la Asociación Española para la Economía Energética), Gonzalo Escribano (Director del Programa Energía y Cambio Climático, del Real Instituto Elcano, Pedro Linares (Profesor de Comillas y Director de Economics for Energy) y Oscar Arnedillo (Director de NERA Economic Consulting en España).

Lo que pasa es que, los que seguimos el tema, aunque no tengamos responsabilidades sobre el mismo, ya hemos escuchado los argumentos, las ideas, las explicaciones y los consejos, muchas veces. Las actuaciones, y no solo las que emanan del Gobierno de turno, son las que no se consigue encajar.

Y opino que eso es debido a que no tenemos ninguna directriz consistente en el sector energético: ni la ambiental, ni la autosuficiencia, ni la rentabilidad, ni la generación de empleo, ni la explotación de los recursos propios, ni siquiera el sostenimiento de los acuerdos alcanzados. Algo muy grave.

Sáenz de Miera, en sus “Conclusiones de la Jornada” decía que echaba de menos que los ponentes no hubieran hablado del último Informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático.

Yo eché de menos muchas más cosas.

Para empezar, me gustaría que alguien nos dijera no cuánto nos cuesta a los usuarios la energía eléctrica -que ya lo sabemos, tanto como consumidores particulares como, por supuesto, empresariales-, sino cuál es el precio mínimo que podríamos pagar si se utilizara de la manera más eficiente posible todo el parque energético español.

Ese que, como se nos recuerda ahora, como si nadie fuera culpable, tiene una capacidad instalada de 102.000 MW para una demanda máxima invernal que cubriríamos con solo 45.000 MW. Con una estructura económica que no busca la rentabilidad, a pesar de que se esté haciendo continua apelación a la bondad del mercado, sino la compensación de errores graves que no se corrigen, por falta de voluntad o de autoridad.

Un sistema que mantiene una fórmula de retribución que obliga a que las energías de coste de producción más alto (las renovables) sean las que entren primero a cubrir las necesidades diarias y marquen el precio para todos los que compongan posteriormente el mix.

El mismo en el que tenemos contratos de compra de gas natural con fórmulas de take-or-pay (“me lo pagas aunque no lo consuma”s) y en el que grupos de ecologistas desinformados (no dudo que bien intencionados) presionan para que se paralicen o anulen los proyectos de almacenamiento de gas, -entre otras “reivindicaciones” que permitirían, al menos, tener un colchón de suministro a los mejores precios.

Estoy, por supuesto, de acuerdo, en incrementar la electrificación de nuestra economía: por razones ambientales y pragmáticas. Esto significa, no tanto más vehículos eléctricos (María Sicilia, que es una funcionaria aplicada y seria, recordó que, a pesar de todos los esfuerzos Pive tenemos 935 vehículos matriculados de este tipo en el país), sino una energía eléctrica más barata.

Somos un país empobrecido y con grandes necesidades de reconducción estructural. No debemos, por ello, estar tan obsesionados con ser cumplidores de las directrices que emanan de Bruselas (dirigidas por países que tiran la piedra y esconden la mano y que tienen otros recursos, incluso políticos), sino por el interés de hacer nuestra economía más competitiva, en el interior y en el exterior.

Como la teoría se sabe bien, las ideas pueden venir -y vienen- del público asistente. Luis Yagüe -ex Presidente de la Asociación Nuclear Española, y, por tanto, experto del sector, de esa categoría que llamo de “pelo blanco” (White hair) y a la que proceso, a medida que se me platean las sienes, creciente cariño-, recordaba que “es un error de base pensar que las compañías eléctricas tienen interés en la energía nuclear. Hay que mirar no lo que hace Europa, sino al mundo, y no a China o India solamente, sino a Corea, por ejemplo. En los astilleros coreanos un operario cobra más de 2.000 euros, un salario mejor que en España, y son competitivos. Han construido 30 centrales nucleares y son capaces de erigir y poner en marcha una nueva en solo cinco años. El Estado inglés ha presupuestado 16.000 Mill. de euros para cofinanciar la construcción de 2 centrales nucleares…”.

Y apuntaba Luis Yagüe, al que cito en homenaje a los que forman el “público asistente”, que “comentaba hace algún tiempo con José María Fidalgo (líder de Comisiones Obreras a la sazón) la cuestión nuclear, y me decía que apoyaba la energía nuclear porque si los costes energéticos no eran competitivos, se tocarían entonces a la baja los salarios”.

Podía contar más cosas, dar más cifras, realizar otros comentarios y mencionar más temas extraídos de mis apuntes, pero me apetece volver a mis Cuentos de Otoño o a esas Iniciativas para generar nuevas empresas, start-ups. Porque las que tenemos (a pesar de esas luces que algunos dicen ser del final del túnel, y que se me antojan más bien la linterna de alguien que perdió el norte) siguen yendo o amenazadas de ir, en buena medida, downstream.

Feeling start-up´s Initiatives (4)

Cuando ayer aguardaba en la cola a que la cajera del supermercado pasara las mercancías por el detector de códigos y confeccionase la factura -un magnífico avance, sin duda, respecto a lo que sucedía hasta hace pocos años-, se me ocurrió que ese trabajo también podría ser sustituido por una máquina.

4. La super-tarjeta (The all-purposes fidelity card) Bastaría que los clientes introdujeran en la ranura prevista al efecto una tarjeta de crédito/débito válida, situaran los productos en la mesa de facturación, y, mientras avanzaban en la cinta, el lector óptico localizara el código, agrupara las mercancías para disponerlos automáticamente en las bolsas, y emitiera la factura, cuyo importe se descontaría automáticamente.

Como la cola avanzaba lentamente -parece que uno de los clientes no tenía suficiente dinero en efectivo para pagar lo que había elegido, y la dependiente iba sacando diversas mercancías de su “cesta de la compra”-, seguí dándole vueltas a la idea en la cabeza.

Por supuesto, se que en varios hipermercados (y, sí, también en Ikea) el propio cliente puede obtener la facturación de la mercancía, situando bajo el lector de barras el código de la misma). Pero lo que estaba imaginando era un proceso totalmente automático.

Son muchas las actividades para las que, actualmente, acumulamos decenas de tarjetas plásticas que sirven para fines específicos. Es perfectamente factible que una sola tarjeta, específica para cada persona, que quede garantizado es su único usuario posible (nada de códigos secretos ni otras tonterías: detección del iris), recargable con datos a voluntad, no trasvasable a terceros, interactiva, fuera válida para consultar saldos bancarios de cualquier cuenta, retirar dinero de los cajeros adecuados, obtener puntos de promoción de la gasolinera, sacar libros de la biblioteca pública, entrar en el teatro con el abono de la estación, acumular y avisar de las citas o compromisos adquiridos, etc.

Miré en internet si alguna idea de este tipo estaba en circulación. Hay algunas que apuntas en esa dirección y, supongo, seguramente lo estará la que recoja este concepto global, aunque lo que todos sabemos, es que no ha sido puesta en práctica (aún).

En fin, dejo al lector de la mano de dos enlaces, cuyos contenidos comentaré próximamente:

1) Cien ideas para montar una start-up tecnológica
y 2) Diez ideas que no han sido puestas a la práctica aún (en realidad, nueve)

(continuará)