Cuento de otoño: Por los Cálculos sublimes a la doctrina de la neurona

La expresión “cálculos sublimes” sonará al lector que lo oiga por primera vez a pedantería nacida de algún obseso por las matemáticas. No es este el lugar para descabalgar de la burra a quien padezca de la, por otra parte, disculpable ignorancia, con -pretendidos por docto-s argumentos acerca de lo que, en un tiempo que aún no está tan lejano, se entendía por esta disciplina académica.

Baste decir ahora, para lo que pretendo con este modesto Cuento, unas pocas palabras para hacerle ver al lector que por la disciplina académica de Cálculos sublimes, se enseñaban hace unos ciento cincuenta años, las innovadoras teorías de derivadas e integrales, en las que el modelo francés ya nos había precedido, y que se consideraban esenciales para adquirir el título de Dr. en Ciencias y para avanzar, tanto en la ingeniería como en la filosofía.

No se ha vuelto a emplear, tal vez por vergüenza, la calificación de “sublime” para aquellas materias a las que el responsable de la ordenación académica otorga un gran valor formativo. En el lenguaje vulgar, la expresión ha quedado reducida al ámbito de la pedantería, pero en la modalidad cutre. Sin embargo, la encuentro más adecuado que esos apelativos y afijos que ahora tanto proliferan, como guay, super, hiper, maxi, que me suenan a lo mismo que el chanchi piruli que empleaban, no hace mucho y con la misma intención, las educandas en cursilería.

Hay un pueblo imaginado en el que la palabra Sublime se sigue empleando como distintivo de valor. En ese lugar, cuyos habitantes disfrutan de una excelente bonanza, existe desde hace años la Universidad de Enseñanzas Sublimes. Sus egresados son personas muy respetadas y ocupan, salvo escasas excepciones, cargos de la mayor importancia en la estructura económica y social. Ese prestigio no tiene comparación, sin embargo, con el que merecen a todos, quienes enseñan en ella.

Sin conocer aún cuál era la razón del éxito del pueblo que concedía tanta proyección a los Conocimientos Sublimes, y deseando penetrar en sus misterios, -para copiarlos-, una delegación de personajes distinguidos del, por nosotros conocido lugar llamado Valgamediós, viajó a ese sitio de mérito.

-Estoy seguro que la clave está en la profundización en las funciones de variable compleja -indicó, con máximo convencimiento, el catedrático de Laplacianas y Series, que había dedicado treinta años de su vida al estudio de las soluciones al Enigma de Poniatowsky, teniendo publicados varios libros sobre el tema, aunque, desgraciadamente, no había conseguido resolverlo.

-No lo creo así -arguyó el Presidente de la Comisión de Legislación Efímera, que acababa de ser elegido por unanimidad entre los especialistas de esa rama del Derecho-. El carácter sublime de una organización descansa en su capacidad adaptativa, para destruir en pocos días lo que se haya tenido por intocable en la legislatura anterior.

Y así, mientras el avión fletado especialmente para el caso conducía a la expedición al lugar tan remoto que había que dar dos vueltas al mundo para alcanzarlo, todos los miembros del equipo de Valgamediós expresaban sus teorías, mientras bebían botellín tras botellín de un líquido de color rosa que distribuían, gratuitamente, las azafatas, y que promocionaba un futbolista de élite.

-¡Delicioso brebaje! -comentó Blandelina Lauredada, que había ingerido varios combinados; y preguntó, seguidamente a la azafata que le estaba sirviendo el quinto vaso del mejunje- Es afrodisíaco, ¿verdad?
-No sé exactamente. -fue la prudente contestación- La etiqueta solo pone que es alienante.

Cuando, después de un ligero descanso por el doble cambio de horario que habían tenido que soportar, se reunieron todos en la Academia de Sublimes de aquel lugar afortunado al que habían acudido para aprender y copiar, recibieron la última instrucción del Presidente de la Expedición:
-Sobre todo, no hagáis preguntas donde se evidencie vuestra ignorancia. Preguntad por lo que sabéis y hacedlo de la forma más ininteligible.

Con un excelente ánimo, se agruparon en el Salón de Recepciones Ilustres de la Academia de Sublimes. Allí, después de unas breves palabras de bienvenida, el Presidente de la Academia, un anciano de luenga barba que se apoyaba en un bastón hecho de ideas, dijo:

“Ustedes han venido aquí, según me han dado a entender en su pensiograma, porque desean entender la razón por la que nuestra sociedad tiene tanto éxito. Podría decirles que sabemos cuál es esa razón, pero les mentiría. No hay una sola razón. Solo estamos seguros de la bondad del método con las que las perseguimos: consideramos algo “sublime” cuando nos permite explicar el fundamento de algo que nos ha sido útil. A posteriori.

“Tal vez Vds. hayan leído el discurso que pronunció un sabio en 1906, cuando le concedieron el premio Nobel por sus investigaciones sobre las neuronas. En él decía, recordando los trabajos de otro sabio, Golgi, que había sido agraciado con la distinción al mismo tiempo, que es preciso admitir que la naturaleza ha creado sistemas complicados para transmitir la información, y que no pueden explicarse desde la continuidad. Era la teoría de la neurona”.

“Por eso, siguiendo la teoría de la neurona, aquí entendemos que los conocimientos no pueden avanzar solo por profundizar obsesivamente en un tema, sino que hay que conceder atención especial a la transmisión por inducción, a la influencia a distancia, a la creación de núcleos, aparentemente independientes, pero que sean capaces de relacionarse de vez en cuando.

Los expedicionarios se miraron, mientras tomaban notas. No parecían haber entendido mucho de lo que estaban escuchando.

-Perdón -dijo el Director General de Innovaciones de Valgamediós- eso que nos dice resulta muy abstracto. ¿Dónde podríamos profundizar en esa cuestión? ¿Qué material nos aconseja?

El Presidente de la Academia de Sublimes miró al interpelante, y señaló uno de los cuadros que colgaban de las paredes de la sala.

-Pensé que lo conocerían. Son palabras de Santiago Ramón y Cajal.

Aliviados al parecer, los expedicionarios siguieron tomando notas.

FIN

Guachimén

Aquí los llamamos guardias de seguridad, y nos hemos acostumbrado a verlos en múltiples lugares. En los aeropuertos, suburbanos y estaciones de autobús o ferrocarril, en los establecimientos comerciales, en las oficinas de las entidades financieras, en las asambleas de todo tipo, a la puerta de las discotecas, en cualquier acontecimiento que suponga congregaciones más o menos multitudinarias. No pertenecen a los cuerpos armados del Estado ni a los de cualquiera de las Administraciones públicas: no son miembros del Ejército, ni policías, ni guardias civiles.

Defienden intereses particulares. Sobre todo, los de los propietarios de los locales de negocio: controlan sus entradas y salidas, realizan cacheos con arcos voltaicos o con sus manazas a los visitantes sin atender a sus razones, abren sus bolsos y desparraman sus pertenencias con morbosa ostentación y, en casos particulares, pueden retener circunstancialmente a los presuntos infractores de leyes no siempre escritas.

Su función principal no es actuar, -se dice- sino disuadir, amedrentar con su sola presencia, sus corpulentas estructuras, sus pistolones, sus gestos amenazadores, a los posibles malos para que no osen penetrar en los recintos que protegen. Pero, en realidad, están destinados más bien a llevar tranquilidad a los pacíficos, para que consuman sin temores.

Desde antes de que se hicieran habituales entre nosotros, ya conocíamos de su existencia, porque, en muchos países en los que la seguridad personal no está en absoluto garantizada y se concentra la gente de bien, -en los restaurantes, y salas de fiestas-, sobre todo, se encontraban apostados a la entrada, luciendo sus aparatosas escopetas, unos tipos a los que se llamaba vulgarmente guachimén (watchmen). Mantenían a raya a los posibles delincuentes, creando un espacio protector para los que disfrutaban en los locales, haciéndoles creer que nadie les interrumpiría en su gozo, y que, del camino de su coche blindado al interior del local y viceversa, no les ocurriría nada que hubieran de lamentar, salvo la resaca posterior para recuperarse, tal vez, de sus cogorzas.

Un reciente artículo de Manuel Vicent(EP 24 nov 2013) me trajo a la memoria a los guachimén. En esencia, como tengo dicho, especiales guardias de seguridad que garantizan, con su presencia pistolera, que las gentes que disponen de medios suficientes para disfrutar de un buen rato fuera de casa en un lugar de alterne, no serán molestados por los que, ya que no los tienen, pueden sentirse tentados a irrumpir en sus vidas aguándoles la fiesta.

El artículo, que se publica en la columna de colaboraciones de la última página, se titula “Zombis”. Los hay, escribe Vicent, “pobres y ricos”. La reflexión del articulista es sencilla, pero demoledora: Mientras en la sociedad española aumenta, a pesar de lo que ven los ojos oficiales, el número de pobres, de desharrapados, de gentes que no ganan para vivir, hay unos cuantos que disfrutan de bonanza. Estos últimos, son los “zombis ricos”, que “entran y salen de los restaurantes, joyerías y tiendas exclusivas en las millas de oro, aparentemente felices”.

Aquí está el tema. La sociedad se está separando en dos sustratos, que se están disociando, como sendos precipitados químicos, de la masa que forma la mayoría silenciosa, el disolvente en el que están embebidos. Están, por un lado, los que no ven motivos de preocupación por la crisis (al contrario), que no son muchos e incluso son algunos menos de los que ya eran; y, por otro, los más pobres, que son bastantes más de los que ya eran y que no ven finales de túneles, sino solo oscuridades hondas.

Vicent cree ver en los ojos de los zombis ricos, un asomo del temor de que, mientras ríen, felices, en los bares y restaurantes, como si nada fuera con ellos, les estén observando los ojos de los que pasan hambre, y, que “su fiesta sea asaltada mañana por una turba de mendigos”

Puede que a esos que no quieren ver la desgracia ajena, tapados los ojos por su propia opulencia, crean erróneamente que el tema no va con ellos, y estén tentados de llamar a más y a más guachimén para que los protejan mientras disfrutan, zombis, aislados de lo que pasa fuera. Podrán hacer construir muros más altos, instalar en sus bordes cuchillas y concertinas ordenar a los guardianes que repartan más mamporros.

Se equivocan si hacen eso, se están equivocando porque lo hacen ya. La solución al posible conflicto entre zombis ricos y pobres tiene que venir por otros lados, no de más guachimen ni muros de aislamiento. De esa forma no se evitará el “estallido social” del que “algunos advierten que la carga explosiva está ya en el aire a la espera inminente de la chispa” capaz de producirlo. (1)

Estamos en un país civilizado, ¿no? Hemos aprendido de la historia, ¿no?


(1) Los entrecomillados provienen todos del texto de Manuel Vicent.

Cuento de otoño: Caperucita coja

A todos los niños les gustan los cuentos y a algunos, mucho. A mis cuatro nietas les encantan, especialmente a las dos mayores (que aún no cumplieron los tres años). No les importa que se les cuente el mismo relato una y otra vez, e incluso diría que les parece mejor caminar por los senderos trillados, porque si se cambia la versión del cuento que conocen, enseguida te sacan la tarjeta roja. “Eso no es, abuelo”, me interrumpen.

Entre sus cuentos preferidos figura, en muy alto lugar -apenas superado por El patito feo-, el de Caperucita roja,- Es encantadora la tensión con la que siguen el diálogo esperpéntico entre la ingenua niña y lobo disfrazado con el gorro de dormir y el camisón de la abuela, y el alivio con el que reciben la entrada en escena del leñador, que, con la poderosa ayuda de la imaginación, encontrará a las dos, sanas y salvas.

Una de mis nietas mayores no vocaliza aún bien, y Caperucita roja es, para ella, Caperucita coja. Creyendo que le ayudaría a ver las diferencias, inventé un cuento de una niña que tenía una piernecita más corta que la otra, y que andaba a saltos por el bosque, y que, en uno de sus paseos, se encontró con el “bobo felón”. No tuve éxito, pues ignora lo que es ser felón, y la historieta discurrió por cauces más bien abstractos para una niña tan pequeña.

Pero los adultos no ignoramos que nuestra historia real está plagada de felones, que actúan como si fueran bobos, aunque no hacen más que aprovecharse de que estamos cojos, y que esta cojera nos impide alejarnos corriendo de su intención de engañarnos.

No hace falta realizar encuestas de aceptación para saber a ciencia cierta que nuestra inocencia de caperucitas ha sido traicionada a mansalva. No se libra del lastre de desfachatez, trampas y, en suma, felonía, ninguna de las instituciones. Aunque, por supuesto, estemos convencidos de que los que engañan son minoría, son más que suficientes. En este bosque de despropósitos, nos encontramos a cada dos pasos por gentes aviesas que, fingiéndose bobos, han utilizado, no solo nuestra credulidad, sino el prestigio de las instituciones en las que desempeñan sus cargos, en su propio beneficio y abusando de nuestra necesidad.

No preciso citar a nadie, porque el mal está ya en boca de todos. No hay un hueco, del rey abajo, ninguno, en el que no haya señales de malicia. Veo a los bobos felones contestando, taimados, a nuestras preguntas de ¿Por qué lo hicisteis?

-Para servirte mejor.
-Porque no podíamos estar al tanto de todo.
-Ya les habíamos advertido de que no lo hicieran.
-Hay que mantener la presunción de inocencia.
-No se podía actuar de otro modo.
-Todos han hecho lo mismo.

Pues ya lo ven, están descubiertos. Aliado insospechado, el diablo cojuelo ha levantado uno tras otro los tejados de esta ciudad para poner al descubierto las desnudeces de los que se creían bien pertrechados, disfrazados de corderos, esto es, de bobos, de bien intencionados.

¿Cómo acabará el cuento? No lo se muy bien, pero veo cada vez más aislados a los que carecen de razones para justificar el tamaño de sus ganancias, lo desmesurado de sus gorros de oropel, la camisa abultada por las bolsas que birlaron. Somos muchos los que estamos del lado de las Caperucitas cojas. Y esperamos que aparezca en acción el leñador de la verdad, ése que, abriendo el vientre de la desfachatez, saque de nuevo a la luz nuestra esperanza, sana y salva.

Veo que en el bosque hay algunos leñadores, ocupados en recoger ramas y astillas y evitando afectar a los árboles altos de este bosque.

Mi tendencia al pesimismo me indica que los jugos gástricos de la codicia han debido haber hecho de las suyas, y, cuanto más tardemos, más convertidos en piltrafas encontraremos los buenos deseos que se han engullido. Mientras creemos estar atendiendo a las explicaciones sobre el estado de nuestra democracia y la recuperación de la economía, interesándonos por lo que pensamos son las respuestas sinceras de la abuela, lo que escuchamos son los argumentos perversos de los lobos feroces, digo, de los bobos felones, que siguen tragando Caperucitas.

FIN

Sobra energía, falta fuerza (y 8)

(Termino con este Comentario la reseña informal del Congreso sobre la Energía como recurso económico celebrado en Sevilla en noviembre de 2013)

Jiménez Beltrán, en su intervención, se refirió a la divergencia de precios de gas natural en Estados Unidos respecto a Europa (5 veces superior) o Asia (8 veces). Desigualdades como ésta afectan sustancialmente a las posibilidades de acceso a la energía; estimó en 2.600 millones de personas el número de las que no tienen en sus casas cocina o calefacción.

Para Jiménez Beltrán, la estrategia de un país que depende de las importaciones, a la hora de planificar sus fuentes energéticas, debería orientarse con preferencia “a firmar contratos con países pequeños, con poca población”: es mejor contar como suministrador con países como Qatar o Noruega que Irán o Inglaterra, que tienen problemas para autoabastecerse (“no dan abasto”, fue su concreta dicción).

El territorio español está “perforado pero no explorado”. La previsión técnica es que, para que una cuenca se considere explorada, deben haberse realizado 5 sondeos por cada 1.000 km2; en España (con más de 500.000 km2) se habrán perforado unos 600 pozos, lo que da idea del escaso conocimiento del subsuelo profundo. (Ramón Romero ha realizado el gráfico de la proporción relativa de sondeos en España). “No hemos hecho los deberes en los hidrocarburos convencionales”

Jiménez Beltrán puso de manifiesto que el consumo actual de gas natural en el mundo se encuentra en el entorno de 70/75 Mill barriles equivalentes/día (1 barril igual a 165 l)

¿Dónde perforar preferentemente?. El conferenciante recordó que “si hay petróleo en un yacimiento es porque hay roca madre”, y el shale gas aparecerá también donde hay o ha habido petróleo. Los países del Middle East no participan en la corriente actual que vuelca su interés sobre este recurso, porque tienen aún importantes reservas de petróleo.

Desde los años sesenta del pasado siglo se está perforando en Andalucía, habiéndose descubierto los primeros yacimientos de gas en los ochenta: “son porosos y permeables, por lo que no se necesita fracturación hidráulica. Solo se recupera un 15 a un 20% del gas, salvo en el de Casablanca, de tipo water drying, en el que se alcanza el 60%.”

La producción española es mínima: “lo que producimos de gas nos lo consumimos en un día; y el petróleo que extraemos, con dos. Solo 240 millones de barriles se han producido desde el origen, fundamentalmente en Casablanca. La factura en hidrocarburos es similar a la de ingresos por turismo (un 4,5% del pib)”

Las propuestas de Jiménez Beltrán se acumularon al final de su intervención: “El potencial mayor lo tiene España en Canarias, con 1.900 mill de barriles. Pero a los que quieren invertir, en este país les ponemos piedras en el camino: Repsol lleva diez años en discusiones para que le dejen perforar”. “La formación de los funcionarios debe atenderse: conocen la minería, pero no el sector de hidrocarburos. ¿Por qué no hacer como en Inglaterra, en donde se ha creado la figura de civil server, con 2 años de intercambio con las empresas privadas, en donde se forman” “Pongámonos las pilas. Mientras aquí nos demoramos en las decisiones, Marruecos está haciendo perforaciones cerca de Canarias”

Soy perfectamente consciente que dejo sin comentar ponencias que fueron tanto o más interesantes que las expuestas. Las glosaré otro día. Pero me reclaman otras tareas.

FIN

Sobra energía, falta fuerza (7)

(Este es el séptimo comentario con el mismo título, en el que prosigo con la glosa del interesante Congreso celebrado en Sevilla los días 14 y 15 de noviembre de 2013, organizado por el Colegio de Ingenieros de Minas de Sur, cuyo decano actual es Felipe Lobo)

El ministro Soria terminó su intervención dibujando un panorama de “señales favorables”: “hace un año la prima de riesgo estaba en 600 puntos básicos y hoy se encuentra en 235”, “hay luz verde para que España salga del marco de las condiciones del Memorándum de Entendimiento” (se refería, por supuesto, al que marcó las del rescate financiero), “vuelven las inversiones a España”, aumenta la actividad “no solo en automoción, también en alimentación, consultoría, etc.”

Esgrimió Soria un argumento novedoso (al menos para quien este escribe) “en economía las tendencias son más importantes a veces que los indicadores”, “concluyendo que 2014 será el año de la recuperación.”

Como ya expresé, la alocución inaugural del alto mandatario sería después comentada por otros intervinientes, y también en las pausas para café o en los brunch que se sirvieron. Todas las ponencias revistieron de un alto interés, y no solo técnico, pues permitieron dibujar un panorama muy completo de la situación energética española. Sin embargo, no me corresponde hacer de relator de ese brillante Congreso, y voy a resumir en la felicitación a Felipe Lobo y al equipo responsable de la Comisión de Energía en el Colegio del Sur, la impresión duradera que nos produjo a todos los que tuvimos ocasión de asistir a todo él.

Consciente de no hacer justicia a las ponencias que no reseño en estas notas, quería comentar, para cerrar esta serie, solamente dos intervenciones más.

Mariano Jiménez Beltrán, representó bien el papel del técnico con amplia experiencia que, en su calidad actual de consultor, navega por las decisiones ajenas (y aquellas en las que intervino anteriormente) con soltura. Habló sobre las “energías no convencionales” y empezó ya destruyendo la pertinencia del nombre: “se conocen desde siempre”. Había sido, por cierto, presentado por el moderador de su sesión, como “hombre con superpoderes”, ya que había sido acusado de haber causado un terremoto de escala 3,6 Richter en Torreperogil (Jaén) sin haber iniciado ninguna perforación, denuncia que fue, evidentemente, archivada, cuando se comprobó que solo había tomado unas muestras para gravimetría con el equipo de análisis que transportaba en su coche.

“Desde los sesenta -dijo Jiménez Beltrán- se lleva perforando en Andalucía; en los ochenta se descubrieron los primeros yacimientos de gas, que son porosos y, por tanto, permeables, por lo que no se necesita fracturación hidráulica.” Fue optimista al valorar el futuro y los avances: “Los ciclos combinados volverán a tener su oportunidad. No podemos olvidar que hace quince años nos faltaba de todo”, y se preguntó por qué no se ha pasado del uso del petróleo al del gas natural, que, a nivel energético, es la mitad de caro. “Debiera apoyarse su uso generalizado en los vehículos, no solo en algunos autobuses públicos”, puso como ejemplo.

Jiménez Beltrán recordó que el fuel fósil cuenta con importantes subsidios a nivel global. El Informe publicado a primeros de este año por el IMF imputa a la zona MENA (acrónimo por Middle East y North Africa) el 50 % de los subsidios a la energía, habiendo gastado sus gobiernos 235 mil millones, un 22% de los ingresos. En Oriente Medio, los subsidios acapararon el 34% de ese total. (4)

(continuará)
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4) Una recomendación al lector interesado. Léase el último Informe del IMF sobre el tema. El IMF califica este gasto de dispendio, ya que drena recursos sin servir de ayuda para mejorar la pobreza, estimulando el consumo energético y apoyando la creación de industrias intensivas en capital, reduciendo los inventivos a las energías renovables.

A nivel global, los productos petroleros atrajeron el 54% de las ayudas, 285 mil millones de dólares, seguidos por los subsidios al combustible fósil, que se reflejaron en una bajada de precio de la electricidad de 131 mil mil. $, según otro informe fundamental, que maneja cifras similares y extrae demoledoras conclusiones sobre el objetivo y consecuencias de estas decisiones gubernamentales de los países de la zona, el de la IEA.

Cuento de otoño: Optimo y Posible

Esta es la historia de dos amigos, que se llamaron Optimo y Posible. Estaban siempre juntos, lo que no se debe interpretar como que estuvieran siempre de acuerdo. Optimo era, como su propio nombre indica, exigente, perfeccionista, severo y un tanto plasta. Posible era pragmático, intuitivo, hedonista y bastante descuidado.

En realidad, para qué vamos a ocultar la verdad: Optimo y Posible solo estaban de acuerdo en sentarse a analizar las opciones de hacer cualquier cosa. Llegado el momento de ponerlas en práctica, cada uno seguía su camino. Lo habían hecho siempre así, desde niños: había que ver a Posible jugando con un taco de madera, y convenciéndose de que tenía un coche entre las manos y a Optimo, afanado en sacar lascas con una navajita de las que regalaban para la Primera Comunión a varios pedazos de roble, en la pretensión de fabricar un Alfa Romeo como los de la tienda de Maese Trillo, propósito que, como se puede suponer, no conseguía culminar.

Cuando se hicieron mayores, ambos, que habían terminado brillantemente la carrera de ingeniería (opción superior), se emplearon en sendas empresas energéticas y, como eran brillantes como centellas, no tardaron en llegar a jefes de departamento. A Optimo se le encomendó la dirección del departamento de Máxima Rentabilidad y Responsabilidad Social Corporativa, en una empresa de energía eólica.

A Posible le asignaron el departamento de Opciones Inmediatas y Seguridad Garantizada en una empresa de energía nuclear.

Si el lector está preocupado algo, aunque sea muy poco, por las cuestiones energéticas, podrá deducir que los altos ejecutivos de las empresas habían acertado bastante bien al nombrar a cada uno de nuestros protagonistas guardando atención a sus cualidades sicológicas más aparentes, lo que permitía atisbar el éxito de sus respectivas gestiones futuras.

Sin duda, los test de respuesta a situaciones simuladas que debería encontrarse posteriormente en la vida real (seguir una secuencia numérica, adivinar hacia qué lado se orienta la próxima figura en una serie de polígonos, deducir quién es el más simpático de una relación de delincuentes, etc.) había permitido detectar lo más relevante de sus personalidades.

Como se conocían tan bien, sin embargo, y eran tan brillantes, dedicaron mucho tiempo a analizar el trabajo del otro, poniendo serias objeciones. Cuando se reunían en la Comisión Mixta para tomar decisiones respecto al futuro, Optimo no solo defendía lo buena que era la energía eólica, la necesidad de aumentar las subvenciones hasta que fuera rentable y la vinculación social de su empresa con los animales vertebrados, sino que expresaba, sin venir a cuento, que la energía nuclear era peligrosa, productora de residuos altamente contaminantes y, a pesar de lo que se creía por el vulgar de los mortales, obsoleta.

Por su parte, el ingeniero Posible, metiéndose a su vez en el terreno de su amigo el ingeniero Optimo, dedicaba algo de tiempo a expresar que las centrales nucleares eran inversión de utilización probada, inmediata y segura, incluso por los importantes estudios que se estaban realizando en centros de investigación confidenciales sobre el control de los residuos de alta radioactividad. La mayor parte de su intervención, cuando tenía público, la concentraba en opinar que la energía eólica era una tecnología trivial (“de chicha y nabo”, era su expresión concreta, junto a “conocida desde los tiempos de Carracuca”), cara a rabiar y de producción caprichosa e impredecible como la propia naturaleza, por lo que no es que necesitase una energía de apoyo, sino que si alguna fuente energética debería ser marginal, era la de los molinillos de acción ventosa.

El Presidente de la Comisión Mixta, que era licenciado en derecho y economía con matrícula de honor en todas las asignaturas, pero no entendía mucho de tecnologías (aunque algo había aprendido en los seis meses que le habían encargado tan importante posición), se desesperaba con las interminables discusiones. No conseguía que se pusieran de acuerdo y tampoco se encontraba con conocimientos para tomar una decisión, habida cuenta, además, de que los intereses que había detrás de cada una de las empresas que representaban Optimo y Posible eran de lo más complejo, que es lo mismo que decir, delicado.

Los dos parecían tener razón, porque los argumentos que ponían sobre la mesa (mucho más elaborados que lo que reflejamos aquí, pues esto es solo un relato resumido, como una especie de Resumen Ejecutivo de esos que nadie lee, porque son obvios), estaban bien construidos y eran convincentes como puñetazos de campeón de los pesos welter al de los pluma, o pellizcos de monja teresiana a la niña de ojos verdes, por poner solo dos metáforas que no vendrán a cuento, pero encajan de maravilla, literariamente hablando.

Así que, como ambos defendían bien sus parcelas, razones y elucubraciones, y nadie estaba dispuesto a quitárselas ni a ponérselas por capirote o saltárselas por encima o por debajo de los ijares, el País de los Propósitos Bien Intencionados, desarrolló una estructura energética duplicada. Redundante, como es su nombre técnico más preciso. Excesiva o desproporcionada, como se indicaría si fuera el caso de hablar para andar por casa.

Llevados de la mano de Optimo, llenaron el país de aerogeneradores, allí donde había la menor brizna de viento, artefactos de dudoso valor estético que ventilaban con sus aspas los campos y las dehesas (cuando hacía viento), pero pocas veces podía aprovecharse tanta energía como proporcionaba la madre de todos los vientos, pues no se necesitaba.

Por supuesto, conducidos por Posible hacia las bondades de la energía nuclear, mantuvieron en actividad las centrales existentes, perfeccionaron las técnicas de tratamiento y, en su caso, ocultación en las profundidades abisales, de los residuos más contaminantes, y, por supuesto, aunque no se consiguió vencer el parón nuclear decretado in illo tempore, exportaron la tecnología (utilizando simuladores avanzados) a países mucho menos desarrollados, lo que creó algunos puestos de trabajo temporal de alta especialización en el extranjero. Sin embargo, como la producción de energía era excesiva para las necesidades del país, que se encontraba (debíamos haberlo dicho al principio, pero va ahora) en una isla y estaba sumido en una depresión sicológica, la mayor parte del tiempo las instalaciones estaban paradas o casi, aunque por motivos de garantía de seguridad, las inversiones de mantenimiento alcanzaban cifras muy elevadas.

Pasaron unos años, y Optimo y Posible se hicieron algo mayores, por lo que, llegada la edad de cincuenta y cinco años (o así), ambos pasaron a la situación de pensionistas, siendo sustituidos por gente más joven que tenía mucho que aprender. Habían conocido a varios Presidentes de las Comisiones Mixtas y podían estar contentos de haber defendido, cada uno, su parcela, y conseguido creación de valor para los accionistas de sus respectivas empresas.

Coincidían frecuentemente en el Centro de Mayores, donde aprendían a bailar chotis y a freir un huevo, leían los periódicos del día y hacían sudokus y mandalas cada vez más complicados.

Era una tarde de otoño y todo invitaba a la filosofía.

-Debemos estar satisfechos de haber cumplido con nuestro deber -dijo, de repente, Optimo, que parecía haber estado meditando sobre la influencia de la sustitución del cangrejo de río autóctono por el americano en el gusto de la paella valenciana.

-¿Qué deber teníamos, Optimo? -preguntó Posible a su íntimo amigo, levantando los ojos de la máquina tragaperras en la que había conseguido cien mil puntos y dos corazones. Preparaba automáticamente su contraataque, guiado por la costumbre.

-¿Y tú me lo preguntas, Posible? -Optimo se había quedado por un momento con la mente en blanco, porque empezaba a afectarle el Alzheimer, y tardó en encontrar una respuesta-. Defender, con toda nuestra ilusión y conocimientos, que sabíamos hacia dónde íbamos.

-Pues aquí estamos -dijo en voz casi inaudible el otro, ocupado en obtener el tercer corazón, que suponía un premio de diez euros-. Así que nos equivocamos.

La lluvia, que repicaba en los cristales, recordaba algo al poema de Antonio Machado, ese de la monotonía. Y aunque era otoño, parecía una tarde parda y fría de invierno.

(Nota.- Este Cuento no refleja necesariamente mi opinión personal al respecto, limitándose a ofrecer un motivo de distracción; si el lector encuentra en el mismo motivos para la reflexión, debe considerarse el único culpable de tener tan buen criterio).

(FIN)

Sobra energía, falta fuerza (6)

(Continúo en este post con mis Comentarios -a partir de su reseña- al Congreso sobre La Energía que se celebró en Sevilla los días 14 y 15 de noviembre de 2013)

En su rápido repaso hacia las distintas opciones energéticas, se refirió el ministro Soria también al autoconsumo, al que indicó merecedor de un “apoyo total, aunque quien decida engancharse a la red debe pagar la financiación de las infraestructuras, para que no se convierta en un free rider”.

Con tantas opciones excedentarias de suministro de energía para la producción eléctrica, la cuestión de la gestión de la demanda eléctrica es un elemento crucial, cuyo análisis abordó en una ponencia de este Congreso, Alberto Carbajo, hasta hace un año Director de Operaciones de la REE y hoy consultor independiente.

Como algún otro ponente, no descuidó en su intervención la cuestión global, con más de 1.400 millones de personas en la actualidad, sin acceso a la electricidad en el mundo. “La energía es una fuente de incertidumbres”, y el “modelo energético global está en crisis”, siendo necesario en España realizar la planificación desde una perspectiva propia de un modelo de transición.

En un país que, respecto a otros de la Unión Europea, “presenta un peor comportamiento de la intensidad energética, una mayor dependencia exterior, un crecimiento en las emisiones con efecto invernadero más altas, una delicada situación económico-financiera y un empeoramiento de la competitividad industrial, afectado por el crecimiento de los precios energéticos”, los “retos del sistema se concentran en ciertos requerimientos técnicos” (que Carbajo definió, sintéticamente, como “huecos de tensión, control de la tensión y corrientes de cortocircuito”, asociados a la “variabilidad del recursos primario, que obligan a estudiar las interconexiones, la mejora en la gestión de la demanda y el adecuado funcionamiento del CECRE (Centro de Control del Régimen Especial)”(2)

La prioridad concedida a la integración de las renovables, que han canalizado una gran inversión (atraída por las subvenciones), ha provocado -expresó gráficamente Carbajo- “que no nos quepan en el sistema, y se tiene que tirar a veces sin consumirla, lo que en una situación de déficit tarifario es un contrasentido”. Tenemos, corroboró con Soria, “un mix equilibrado, pero no voluntario, ya que es la suma de sucesivos errores; no está mal para una instantánea, pero revela sus problemas cuando se considera en perspectiva”.

“Para cerrar la demanda, cuando no hay producción de renovables, es decir, para cubrir el “hueco térmico”, precisamos de los ciclos combinados y el carbón”, y hemos estado “cerrando los ojos ante la caída de la demanda, que empezó ya en 2008”. Por eso, para Carbajo, en opinión que comparto, “debemos analizar la punta de la demanda, que es el driver. Y en 2010, para una necesidad de cubrir 300 h correspondientes a la mayor demanda, hemos tenido a disposición 4.700 Mw”. Un evidente exceso, producto de la mala planificación.

Para paliar o resolver esta situación de desequilibrio, el objetivo de reducir las puntas de consumo con una mejor gestión de la demanda, apunta a analizar en profundidad estas opciones, que Carbajo enumeró sintéticamente: concienciación de los consumidores para estimular el ahorro, discriminación horaria y llenado de los valles (no solamente con el bombeo, sino estimulando el aprovechamiento de la tarifa nocturna). “Se ha perdido la cultura del ahorro, y hacen falta señales claras de precio”.

La interrumpibilidad, enfocada a favorecer la reordenación de sus consumos para industrias y empresas de más de 5 Mw, (un 50% de su consumo anual en período 6, horas valle) a cambio de determinadas prestaciones (regulada actualmente por la Orden IET 2013 de 31 de octubre), admite tres tipos de interrumpibilidad: instantánea, con preaviso de 15 min o con un preaviso mínimo de 2 h.

En su intervención, Carbajo comentó que no se había producido un debate que estimaba necesario, y que, por su ausencia, había propiciado errores en el apoyo a las renovables. “Se han concedido primas sin tener en cuenta ni la evolución de los costes, ni los cupos de potencia, y se han cedido las competencias de autorización a las CCAA” (con lo que se ha renunciado a la visión global). Aún peor, “no existió correlación entre la potencia autorizada de las EERR (energías renovables) y la potencia técnica de respaldo”.

A la falta de transparencia en los costes, se une la decisión, cuanto menos discutible, de que “el consumidor eléctrico asuma los costes totales, cuando debería ser más adecuado que los asumiera el energético” y tampoco resulta para Carbajo adecuada que “se utilice el bono del Estado como referencia para la rentabilidad, cuando debería haberse usado el WACC” (3). Tampoco el término “eficiente y bien gestionada”, que figura en la nueva Ley “está acuñado”, generando vías para la inseguridad jurídica y la controversia. Esta inseguridad se complica aún más, cuando se habla de “una rentabilidad media del 7,5%, lo que implica que los que han conseguido mayores rendimientos por su eficacia, verán disminuida su rentabilidad efectiva”.

La reforma, pues, según fue puesto de manifiesto en los corrillos mientras tomábamos el café. “está bien intencionada, pero es incompleta y carece de visión a largo plazo”. No puede olvidarse que “seguridad de suministro es un concepto superado por el de costes en la red”.

(continuará)

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(2) El Centro de Control del Régimen Especial, CECRE, fue creado por Red Eléctrica de España (REE) en 2007 con el objetivo de integrar la mayor cantidad de energías renovables en la red, siendo su mayor éxito la incorporación el 8 de noviembre de 2009 de 251.543 MWh de producción eólica (el 44,9% de la demanda eléctrica)

(3) Weighted Average Cost of Capital, es decir, coste medio ponderado del capital invertido, que tiene en cuenta la tasa de interés a la que se aplican, tanto los recursos propios como los ajenos, incluidas las subvenciones.

Sobra energía, falta fuerza (5)

(continuación de los anteriores)

Las debilidades el sistema energético español que el Ministro Soria puso de manifiesto se concretan en los precios y en el déficit tarifario. Reconoció que tanto para el consumidor doméstico como para el industrial, están por encima de la media europea, y entre los valores más altos absolutos (solo superados por Malta, Chipre y, en el caso de los industriales, también por Italia).

Si la previsión de incremento de la demanda eléctrica para el período 2006-2013, en paralelo a la evolución económica estimada, debería haber sido del 24-25%, la realidad es que ésta última solo aumentó en el período el 1,7%, permaneciendo estancada -o con un ligero decrecimiento- la demanda eléctrica.

El modelo ideado por la Ley 15/2013, al que acompañarán 7 R.D, pretende conseguir el equilibrio entre ingresos y costes. Desaparecen las primas para las renovables, sustituidas por un sistema de incentivos a la inversión; sin embargo, Soria indicó que el Gobierno “mantiene una apuesta clara por las renovables”. “A partir de unos costes estándar, se entiende un rendimiento razonable el de 7% (valor del bono español más 300 puntos básicos).

No se refirió el Ministro concretamente al efecto invernadero y al incremento de las temperaturas imputable a la actividad antropogénica, pero sí lo harían algunos ponentes. José Luis del Valle, apelando al último Informe del Panel Intergubernamental para estudio del Cambio Climático, recordaría que si no se implantan nuevas políticas, el incremento de temperatura en el año 2050 sería de 5,3ºC, y que es necesario considerar los costes nivelados de las opciones energéticas, y no los costes absolutos.

La idea de del Valle merece una atención especial, porque hace referencia al factor de utilización, es decir, al número de horas/año de uso real de una instalación. Se planteó la cuestión (cuya respuesta dejó al criterio de cada uno) de “si nos podríamos permitir invertir en eólica”.

En el caso de las eólicas terrestres, las 2.000/2.500 h/año de utilización promedio contrastan -expuso- con las 4.500 h/año de algunas zonas norteamericanas. La utilización de los aerogeneradores offshore estaría a niveles de las 1.000 h/año, con un coste de 80 €/Mwh (frente a los 42 €/Mwh de la solar fotovoltaica). Por eso, cree que la eólica va a seguir necesitando subvenciones hasta el 2020, momento a partir del cual las ayudas se concentrarán en las eólicas marinas.

Por mi parte -aunque no tuve ocasión de expresarlo en este Congreso, al menos en público- vengo indicando que es absolutamente imprescindible que, desde el Gobierno se asuma de una vez una visión global y se ponga sobre la mesa de la opinión pública toda la información disponible sobre capacidades, rendimientos, potencialidades y costes. Si el sector de producción eléctrica funcionara con un solo criterio, podríamos resolver el problema de contorno de manera bastante más económica.

En definitiva, si se trata de cumplir con las directrices de la Unión Europea, (tener un 20% de energía renovable para el 2020, en concreto), deberíamos satisfacerlas con el menor coste posible, porque lo fundamental es garantizar la competitividad de nuestras empresas. Por ello, incluso cabría considerar en el cuadro de opciones tener que pagar una penalización por incumplimiento: no tenemos por qué ser los abanderados de un objetivo romántico, globalmente insuficiente y perjudicial para nuestra economía.

Y, si tenemos tan alto excedente de capacidad, deberíamos confeccionar el mix instantáneo/diario considerando como preferentes para entrar en el sistema, las instalaciones de coste inferior -¡atención, considerando costes marginales, no medios!-, con las siguientes condiciones de contorno: garantizar una producción mínima acumulada por instalación, planificar las paradas de mantenimiento de forma conjunta, imponiendo un máximo a la subvención por grupo empresarial, analizando las consecuencias de mantener en hibernación o al ralentí las instalaciones de menor eficacia económica o de sostenimiento técnico más costoso…

(continuará)

Sobra energía, falta fuerza (4)

(Continúa a partir de las entradas anteriores con el mismo título, con las que forma una unidad)

La intervención inaugural del Ministro Soria, que resultó muy ilustrativa para explicar la actual posición del ejecutivo, dio pie a que alguno de los ponentes que hablaron a continuación se detuvieran a comentar algunos aspectos de la misma, relacionados con su sector o experiencia particular.

“Las renovables son también una apuesta clara e inequívoca” -expuso el titular de la cartera de Industria, Turismo y Energía-. Ese “también”, correspondía, supongo, a la remisión subconsciente a la voluntad de mantener todas las fuentes energéticas.

Para el ministro, el “problema es que en España hemos apostado por ellas de forma muy temprana (en 2007), con una alta exigencia de primas. Tenemos hoy una tecnología de referencia, pero con desajustes importantes”, que cifró en 16.000 Mill. de €. “Estamos haciendo bien los deberes del 20/20/20, y cumpliendo con los criterios de sostenibilidad ambiental, pro no podemos decir lo mismo de la sostenibilidad económica y financiera”.

En uno de los coloquios posteriores (escasos, por la gran densidad de las ponencias en solo una jornada y media), Javier Penacho , expresaba que “Bruselas a metido la pata; ese error no debe ser la excusa para justificar todo lo que se haga en energía.” Porque “la energía no es un bien en sí mismo, y solo vale si se utiliza. ¿Cuánto cuesta el 20% de renovables?”. En su referencia a la aportación real de la energía eólica en España, recordó Penacho que la media de utilización de los aerogeneradores es de 2.090 h/año (esto es, están un 75% de su tiempo parados, por falta de viento), y que en el mundo apenas supera un 2% del mix total, siendo el objetivo global alcanzar el 7%.

José Luis del Valle, que representa actualmente los intereses de GES – Global Energy Services, y que defendería en la Sesión las posibilidades de la energía eólica off-shore, respondió a esta observación con el argumento personal (cuyo fundamento no detalló) de que “la forma más económica de reducir las emisiones y alcanzar el compromiso del 20% en 2020 es en la producción de electricidad, ya que no se ha buscado hacerlo en el sector del transporte. De entre las opciones, la menos cara es la eólica, y lo lógico sería haber conseguido el objetivo solo con ella. Como se ha hecho de otra forma, estamos obligados a asumir el extracoste, que merece la pena; por supuesto, sería óptimo que todo el mundo se hubiera impuesto idéntico objetivo”.

(continuará)

Sobra energía, falta fuerza (3)

(Continúo con la reseña informal del Congreso sobre “La energía, factor económico esencial de nuestra sociedad”, que se celebró en Sevilla los días 14 y 15 de noviembre de 2013, organizado por el Colegio de Ingenieros de Minas del Sur de España).

El Ministro Soria, en su discurso con cierto hálito contemporizador, no descartó el papel del carbón, cuya producción nacional -indicó- “debe mantenerse por muchas razones; la principal es que es una fuente autónoma”.

No será fácil esa defensa pues, la Unión Europea, como es conocido, tomó el 10 de diciembre de 2010 la peculiar Decisión de que las minas competitivas, a partir de 2019, deberán devolver las ayudas recibidas hasta entonces, si desean permanecer en funcionamiento.

En la actualidad, la minería del carbón española es pálido reflejo de lo que fue, con menos de 4.000 empleados, cuando llegó a tener más de 40.000. Desde 1992, según apuntó el Ministro, se han empleado 22.000 millones de euros de recursos públicos.

Correspondió a Cerezuela, por enfermedad de la actual directora de Carbunión (Mercedes Martín), defender su ponencia. “Es falso que el poder calorífico del carbón español sea menor que el importado, ya que aquí se produce hard coal con poderes entre 4.000 y 5.400 kcal/kg, en tanto se importan carbones subbituminosos de USA (0,5 Mill t/año) e Indochina (2,,5 Mill. t/año, éstos con p.c. de 4.500 Kcal/kg), para formar mezclas del 40/60% de carbones nacionales e importados.

“El carbón importado emite más CO2, ya que la emisión es proporcional a los Kwh producidos”, siendo actualmente la porción del mix correspondiente al carbón de solo un 8% (7.935 MW frente s los 98.502 instalados). El consumo es de solo 6,62 Mt (datos de 2011), siendo la proporción nacional más importante la de hulla subbituminosa de las minas de Teruel y Zaragoza, que alcanza las 2,,36 Mt.

No es cierto tampoco que el carbón nacional sea caro, pues se paga por termias (Kcal/Kg), tomándose como referencia habitual el API 2, correspondiendo 90 $/t al carbón importado (puesto en puerto) y 70 $/t al nacional (puesto en la central), antes de aplicar la corrección por unidades térmicas. “La minería del carbón española es internacionalmente competitiva”, según expresó José Cerezuela, haciendo suyas las palabras de Mercedes Martín, por lo que “no deben cerrarse las minas que ya sean competitivas en 2018, y España ha de ser considerada un border case”.

Es más: “La decisión de cierre, puede costar del orden de 4.800 mil. de euros y afectar a 1.300 empresas que dependen indirectamente del carbón”. Se entiende por ello que el alcalde de As Pontes de García Rodríguez anime a los colegas que tienen recursos mineros a que “autoricen la apertura de nuevas minas en sus territorios”, por la riqueza inducida que suponen, ejemplo del que gustó utilizar José Cerezuela en su defensa, -animada con referencias a su experiencia profesional-, del carbón autóctono.

Un mensaje con tintes parecidos a los que, apenas una hora antes, había aportado Javier Targhetta, consejero delegado de Atlantic Copper para España, en su vibrante lección inaugural, al hacer un elogio de la “industria pesada, que supone estabilidad en el empleo, salarios más elevados y una tasa de temporalidad inferior”.

Targhetta, que calificó de valiente la reforma acometida, admitió que “el puzzle energético en España es endemoniado” (era el término utilizado anteriormente por el Ministro Soria para referirse a que el “energético era uno de los problemas más endemoniados” con los que se encontró el PP). “Es necesario un marco regulatorio estable para la energía”, ya que se necesitan grandes inversiones y, por ello, la complicada situación “no se puede ordenar ni en un mes ni en un año”.

(continuará)