¿Qué se enseña en las Facultades de Políticas?

Publica El País del 19 de julio de 2015, en la sección de Opinión, un artículo de Pablo Iglesias (Turrión), secretario general de Podemos, titulado “Una nueva Transición”. Iglesias presenta un relato fáctico de lo sucedido a partir de 1978 en el escenario político de España que no tengo mayor problema en identificar como “de parte”, es decir, interesado.

Dada la edad del firmante y su relación indirecta con los hechos que narra, tampoco se puede aceptar su declaración como testigo, aunque, dada la formación académica de Iglesias y el que hasta ahora su modus vivendi fuera de Profesor universitario, no hay razón para negarle, en principio, la calificación de perito, si bien, al no haberle tomado previamente juramento o promesa de decir la verdad, cabría tener dudas de si lo que afirma es resultado de ciencia o producto de una calentura.

No soy yo proclive a conceder títulos de experto a quienes analizan hechos que solo conocen de oídas y leídas, especialmente si tengo la sospecha de que pretenden obtener tajada del relato. Pero que el autor sea hoy día candidato a la presidencia del Gobierno de España, y que lleve la enseña de capitán de una formación política que despierta adhesiones inquebrantables como no se conocían desde los tiempos de la dictadura de Franco, confiere a sus reflexiones un carácter relevante y, dado lo colorido y ágil con que las presenta, sería de necios despreciar su influjo doctrinario.

Si a Iglesias se le puede negar el carácter de testigo neutral y hasta el de experto en prácticas políticas, dado su corto pase por la escena, distinta calificación merecería Jorge Verstrynge,  rigurosamente coetáneo de quien esto escribe (ambos nacimos en 1948).

Verstrynge,  en una entrevista realizada con el formato de loor de santidad y con un distendido encuadre televisivo (La Sexta, bajo el título, con divertida connotación para perversos, de “Al Rojo vivo”), en la madrugada del mismo día 19 ofreció también un recorrido pictórico sui generis sobre la política de los últimos cuarenta y tantos años de nuestro país.

En este caso, el relato fáctico cuenta con la calidad testifical y la riqueza anecdótica y semántica,  de quien ha vivido los hechos en primera persona, y, además, ha experimentado en sus propias carnes, siendo él mismo un brillante resultado, una secuencia intensa de cambios ideológicos. Puede que la de Verstrynge sea la más variada, compleja e inaudita carrera política de cuantas puedan presentarse en España, tierra, por cierto, nada escasa en transfuguismos políticos ni en cambios de chaqueta.

Dijo Verstrynge, que Iglesias había sido uno de sus mejores alumnos. Lo expresó con evidente admiración, por lo que cabe interpretar que, para el maestro, pocos como Pablo Iglesias (Segundo) han captado en profundidad y en toda su complejidad, la esencia del Camino Iniciático que a él le condujo a la Verdad, al Nirvana político, a la revelación que inspira al bienaventurado a ser otro Buda.

Así lo pone de manifiesto el sendero recorrido por Verstrynge, lleno de trampas y caídas: desde el neofascismo francés, pasando por Alianza Popular -en donde tuvo el placer morboso de hallarse sentado a la derecha del padre-, … siguiendo por las frondosas ramas del socialismo felipista -en donde apenas si tuvo tiempo a una pirueta-, hasta arribar, después de un itinerario por el comunismo de cartilla, y ya casi purificado de toda mancha anterior, al círculo interior de la devoción mística por los principios inquebrantables de la revolución bolivariana.

Cierto que aún se le advierte, como una verruga, un suave aprecio hacia las esencias del comunismo teórico, que ve encarnadas hoy en Cayo Lara, cuyo aspecto y tono venerables aseguran su incapacidad para enfadarse ni con quien le haya robado los calzones. La condescendiente sonrisa con la que Verstrynge despachó el tema del futuro del viejo león desdentado, revelan que le inspira más lástima que recuerdos del terror bakuniano, superados hoy por el mensaje vertical, integrador, con la visión inspirada de que habrá, otra vez, un Partido Único, gran unificador de las inquietudes del pueblo,  encajadas en un mosaico común, en el que todos se sabrán escuchados.

Mientras leía, caladas mis gafas, las frases inspiradas del erudito Pablo Iglesias, reconociendo que “llevamos un año preparándonos para ganar siendo la fuerza política que representa a las clases populares y a la sociedad  civil (…)” sentí el escalofrío de quien teme encontrarse otra vez en la noche oscura de las almas, junto a otras víctimas agrestes con incapacidad para sacar el menor partido, la mínima ventaja, de cuanto saben y conocen, pobres diablos que siempre estarán del lado equivocado. Tipos que jamás se sentaron junto al poder, pero nunca les pareció una buena opción alinearse contra él.

De pronto, recordé aquellos tiempos en que la llamada Facultad de Ciencias Políticas, Económicas y Comerciales, hacia 1971, en los arcanos académicos de la Complutense, misteriosa para quienes habíamos estudiado en una Escuela Superior de Ingeniería, e incluso para quienes nos animábamos a investigar en los recovecos de la Filosofía pura, se escindió en dos: Ciencias Políticas y Sociología y Ciencias Económicas y Empresariales. Fue preludio de posteriores divisiones, que vinieron a demostrar la actividad generadora de esos saberes nuevos, despreciados por técnicos y los filósofos, y probaron la fuerza creativa de sus impulsores, cocineros autolaureados que introdujeron ingredientes exóticos y citas foráneas para salpimentar lo que se coció en los fogones de nuestra polis.

Comprendo bien que Pablo Iglesias, acompañado de otros muchos estudiosos de la ciencia política, se crean capacitados mejor que ningún otro para dirigir ahora el cotarro real: No han vivido el cambio, pero lo han estudiado en las aulas, lo han digerido ya explicado y condimentado, mamándolo de los pechos ideológicos de personas experimentadas como Jorge Verstrynge, navegante superviviente en todos los mares.

Para mayor facilidad didáctica con la que propagar el mensaje, lo encuentran incluso representado en secuencias memorables de películas interpretadas por Marlon Brando -la “genial Queimada de Gillo Pontecorvo”- (cito literal del artículo)… Al fin y al cabo, todo se concreta en argumentos sencillos, mandamientos irrefutables que se reducen, en esencia a dos: denunciar la corrupción de todos los gobernantes anteriores, y dejar que el pueblo se exprese, porque en él está la verdad.

No soy capaz de desentrañar lo profundo del mensaje, por más que me devano la sesera. Por eso, me pregunto, consciente de que llego ya demasiado tarde para emprender otra carrera univesitaria: ¿Qué se estudia en las Facultades de Políticas?

¿Me he perdido algo? ¿Es una rémora insalvable haber permanecido fiel a los principios éticos que me inculcaron mis padres? ¿No me servirá de nada haber estudiado Historia por mi cuenta, buceando en múltiples fuentes, sin admitir que una persona sola me la explique? ¿Es un desdoro haber conocido de primera mano muchos currícula de arribistas, salvapatrias y sabihondos? ¿Pesa en mi contra que nadie me haya considerado jamás su mejor alumno, ni siquiera en las Universidades en donde obtuve mis títulos académicos?

Y, por cierto, ¿dónde puedo homologar el recorrido experimental que me acreditaría como escéptico ante quienes se arrogan la capacidad, derivada de su presunta superior inteligencia, para otorgar títulos de expertos en legitimidad y proyectos de país?

Porque, como he escrito muchas veces, una cosa es predicar y otra dar trigo. Aunque se tenga el campo, hace falta la semilla. Y para hacer buen pan -prefiero el de muchos cereales y libre de toda mamadura-, mejor el saber práctico del panadero, que pertrecharse tras libros de cocina.

Aznalcóllar, from lost to the lawsuit

Pocas veces he sentido tan intensamente el orgullo de ser, a la vez, ingeniero de minas y abogado y haber tenido la fortuna de desarrollar mi vida profesional combinando ambos campos. Fue en la Fundación Gómez Pardo, el 8 de julio de 2015, con ocasión de una Sesión sobre “Minerales en Andalucía” (1).

Todas las ponencias fueron de muy alto interés, y espero tener ocasión en estas mismas páginas de referirme a otras con cierto detalle. Pero en este comentario quiero poner énfasis especial en la intervención de la Directora General de Minería de Andalucía, María José Asencio.

María José Asencio es economista y, compartiendo ante todo la opinión que he venido escuchando de muchos colegas de la minería, ha tenido un papel impulsor por el desarrollo de esta actividad que la hace merecedora de la admiración, el apoyo y el afecto (pues, además de sus cualidades como política y como profesional, derrocha simpatía personal) de quienes creemos en el papel que debe jugar la explotación de los recursos minerales en el desarrollo de nuestro país.

Se preguntaba María José, si encontraría el tono adecuado para contarnos las vicisitudes por las que está pasando la decisión de abrir la Mina de Aznalcóllar, palabra convertida en la bicha de la minería, a partir del desastre ecológico provocado por la rotura de la balsa de lodos en 1998 (que fue importante, pero de efectos bastante menores de lo anunciado por los voceros diligentes en exacerbar todo catastrofismo) (2).

Lo hizo, después de haber expuesto, con datos concretos, el Balance legislativo del mandato anterior a las últimas elecciones autonómicas, y su labor de promoción exterior, exponente necesario para las actividades desarrolladas en Andalucía, enfocadas a eliminar dificultades para la explotación minera y que están relacionadas, por tanto con la ingente labor de poner al día el Registro de derechos mineros y abordar la sistematización para el tratamiento de la información sobre explotaciones vigentes, nuevas concesiones, sin olvidar la detección de los derechos caducados. Todo esto, sin detrimento de otras actividades de su equipo.

Quienes escuchamos, con plena atención, su disertación, estaremos de acuerdo que encontró el tono. Y sobre todo, acertó a poner de manifiesto que la batalla post decisión de adjudicación del concurso que su Dirección convocó para cumplir con el mandato del Parlamento andaluz de abrir la mina mediante un concurso, no es una batalla técnica, ni jurídica, sino que es la consecuencia de una pataleta de perdedor que ha utilizado en su beneficio ciertas debilidades de nuestro sistema.

Para quienes no hayan seguido las informaciones de prensa, hago un resumen de urgencia. Dos grandes grupos se presentaron al concurso (un tercero, igualmente poderoso, se retiró sin ofertar, aduciendo pertinentes razones acerca de las dificultades encontradas para cumplir con el restrictivo Pliego de condiciones): Mexico-Minorbis (denominación de la agrupación entre Magtel y Grupo México) y Emerita-Forbes (con la potencia financiera del grupo inversor canadiense Forbes&Manhattan, canalizado a través de su participada en España, creada en 2012, Emerita Resources Corp,  que tiene los derechos de explotación del oro de Navelgas, en Asturias, que adquirió a Narcea Gold Mines, y dos proyectos de investigación en Extremadura, también en relación con el oro).

La Mesa Técnica y la Mesa de Concurso (formada a imitación de lo previsto en la Ley de Minas para la adjudicación de permisos de investigación), valorando ambas propuestas, decidieron dar ganadora a Mexico-Minorbis, que debería presentar en plazo muy corto, el proyecto concreto de explotación. (3)

La Directora refirió que, desde ese momento “nos hemos visto envueltos en una denuncia derivada de la situación generada por la empresa que perdió el concurso”.

Quienes han puesto su empeño, y empleado dineros, en presentar una oferta tentadora a un concurso importante, y se encuentran en la posición de perdedores, es natural que se sientan decepcionados. Admito, porque he experimentado la sensación y tratado de obtener consecuencias, que el asunto sea causa de revisión interna de fortalezas y debilidades, asunción de oportunas responsabilidades, sin obsesionarse por la cuestión, de naturaleza siempre inquietante, del”qué habremos hecho mal”, ni lacerarse por ello.

El propósito de transparencia, que es objetivo laudable en las administraciones modernas, ha conducido a Pliegos prolijos, normas de puntuación que pretender ser objetivas, peticiones exhaustivas de información a los licitantes, conversaciones reiteradas entre técnicos de las empresas, funcionarios y asesores, acercamientos personales, subterfugios para revestir la oferta con los mayores atractivos, y, en fin, movimientos comerciales de amplio espectro, que pretenden llegar a adquirir el pleno conocimiento de lo que la Administración quiere, y valorarlo adecuadamente, para no renunciar al beneficio empresarial.

En el sector de servicios ambientales, que tomo por ejemplo, -ya que lo he vivido muchas veces, como responsable de numerosas ofertas-, esto es pan diario. Con una diferencia al respecto: el mercado -al menos, hasta hace años, cuando gran parte del pescado estaba por repartir y las administraciones públicas se prodigaban en licitaciones- tenía espacio suficiente. Se podría perder una oportunidad, pero la experiencia servía para ganar la siguiente. Las empresas competidoras se conocían cada vez mejor, la intención de ser el candidato idóneo exigía imaginación, cálculos finos, renuncias a beneficios inmediatos.

En ciertos casos, la empresa perdedora llevó a la ganadora a los tribunales de lo contencioso, alegando errores de apreciación, confusión en los baremos de puntuación, y otros argumentos, más o menos fundados. La mayoría de las reclamaciones no prosperaron. Se resolvieron por retirada de la demanda, porque el mercado no permitía empecinarse en las batallas del perdedor. En otros casos (pocos), los Juzgados encontraron dificultades en entrar a una valoración de criterios técnicos, ya que los peritos de parte y los judiciales llevaron a la convicción del juzgador de que hay siempre elementos subjetivos, nacidos de la experiencia particular de cada empresa, que no son comparables, o lo son solo por sus efectos finales, es decir, por la ejecución correcta de lo previsto en el contrato de adjudicación, y que solo puede dilucidarse cuando se esté realizando ésta.

La realidad actual del sector de explotación de recursos minerales en España es diferente. El mercado minero en España es, actualmente, reducido, y no se puede invocar ni la ausencia de rentabilidad ni la escasez de oportunidades. Si, en general, falta investigación de recursos mineros, y siempre se necesitan inversores dispuestos a arriesgar (y, a veces, cantidades importantes) y se han de apelar a conocimientos técnicos y experiencia en absoluto comunes, se está viviendo un momento importante para la minería de algunos minerales, por demanda, y por precio.

La explotación de la franja pirítica bética, con una riqueza mineralógica excepcional, es la más clara oportunidad -ya realidad en varias explotaciones- para generar actividad, empleo y rentabilidad económica, en Andalucía. Se comprende que, en una comunidad tan necesitada de iniciativas empresariales, la Junta de la Comunidad autonómica viera en la reactivación de Aznalcóllar un activo cuya puesta en valor no se debía demorar.

Emerita Resources, la perdedora, eligió una vía de reclamación que solo se puede calificar de lamentable: acusar, por la vía de lo penal, a personas de la Junta y a los técnicos intervinientes, de los delitos de prevaricación, tráfico de influencias, cohecho y fraude. Y, de forma inexplicable, funcionarios de los cuerpos de Policía y de la Guardia Civil han participado, con opiniones que la prensa se ha encargado de difundir, alimentando el fuego mediático, sobre la actuación de los profesionales técnicos, en una injustificable extroversión de sus funciones específicas, entrometiéndose en la cualificación de pericias ajenas a sus competencias.

Me parece que el auto de la juez Patricia Fernández, del Juzgado de Instrucción de Sevilla, expresando que “la Junta ha adjudicado el concurso sin el más mínimo rigor” revela una predisposición sancionadora que invalida o compromete seriamente, por su expresión y forma, la objetividad que debía pretenderse de una instrucción en la que entran como elementos centrales de juicio, es decir, de opinión, factores técnicos precisos y de muy alta cualificación, y que afectan, no solo al procedimiento administrativo, sino a la forma de valoración de ofertas complejas, dispares, presentadas por grupos internacionales de probada experiencia y que han interpretado lo que demanda el Pliego a su saber y entender.

María José Asencio, experimentada a fuerza de disgustos en explicar por activa y por pasiva su actuación y la de sus técnicos, terminó su alocución con estas palabras, que transcribo de mi libreta de apuntes:

“Doy estas explicaciones porque las hemos datos en todas partes. Este foro me parece, sin embargo, especialmente adecuado, por su cualificación. Y hago una reflexión final: No podemos estar diciendo continuamente “¡Con lo bien que lo hemos hecho y la caña que nos están dando!”. A lo mejor teníamos que haber esperado un tiempo, para que no coincidiese la adjudicación con el ruido político. ”

Porque, como también concretó, respondiendo a su pregunta: ¿Cuál es el resultado del Concurso? “Que Grupo Méjico, junto con las demás empresas licitadoras, lo que han ganado es la posición de privilegio para tratar ahora de poner en marcha el proyecto de investigación previo al proyecto minero, para lo que necesitan obtener la aprobación en absolutamente todos los trámites necesarios. Esto tampoco se ha entendido. Lo que han ganado es, pues, solo una posibilidad  de explotar la mina, no la explotación propiamente dicha.”

El aplauso con el que se premió la intervención de la Directora General, y el vivo coloquio posterior, vinieron a demostrar que contaba con el apoyo de los presentes y, en lo que se refiere a los compañeros ingenieros de minas que se están viendo incursos en ese desagradable proceso penal, quedó patente que cuentan -y solo estamos juzgando su profesionalidad, su capacidad para analizar un proyecto minero desde la ética, conscientes de su complejidad- con la simpatía y respaldo de los profesionales que vivimos la minería, como nos recuerda permanentemente, con muy pocas palabras el legado de Casiano del Prado (1841), esculpido en mármol en el hermoso salón de Actos de la Escuela de Madrid: “Apenas conozco carrera en la que la probidad, la lealtad, la buena fe, sean de tanta necesidad como en la del minero”.

¿Qué por qué me he sentido orgulloso de mi doble titulación? Porque, desde mi experiencia en entender las debilidades humanas, creo poder comprender mejor que lo técnico y lo jurídico deben respetarse mutuamente, y que solo desde la delimitación de los respectivos campos de competencia, se estará más cerca de la verdad objetiva, cuando de lo que se trata es de analizar la coherencia de una decisión que demanda, para su cabal comprensión, altos conocimientos de cualquier procedimiento de ingeniería.

Y aún digo más: la verdad objetiva, en lo técnico, no existe a menudo, por más que se pretenda. Y en la explotación de los recursos mineros, solo podría conformarse en la mente ingenua de un juzgador que no entendiera el significado y valor de las ciencias que permiten obtener con eficiencia los recursos de la tierra. Hacen falta muchos años de estudio, decenas de experiencia propia y ajena y una cierta dosis de intuición para alcanzar algo parecido a lo perfecto.

Qué pena para Andalucía y para la minería que la rabieta del perdedor haya encontrado eco en un sistema judicial lento y excesivamente garantista, cautivo él mismo de recursos procesales que se pueden utilizar con ánimo intimidatorio y, en todo caso, dilatorio; qué pena que la profesionalidad y la probidad puedan ser puestas en entredicho por quienes no saben de lo que hablan, ni a quién hieren.

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(1) La sesión fue organizada conjuntamente por los Colegios de Ingenieros de Minas de Sur y centro de España, por la Fundación Gómez Pardo y por Atlantic Copper España.

(2) Por cierto, que el itinerario jurisdiccional de las reclamaciones económicas, imputaciones a técnicos y empresa, en relación con el “desastre de Aznalcóllar” debieran servir de material de reflexión, junto a otros sucesos que alcanzaron en su momento gran difusión en los medios y luego se han visto sepultados por larguísimos procesos judiciales, para revisar planteamientos sociales, jurídicos, económicos y técnicos en relación con la protección al ambiente, la explotación de recursos y la importante cuestión de la rehabilitación de los espacios afectados por la minería.

(3) Grupo México es uno de los principales productores mundiales de cobre y molibdeno, con explotaciones en México -en Sonora posee la mayor reserva de cobre conocida, el yacimiento de Buenavista-, Perú, Chile y Estados Unidos. En el primer trimestre de 2015 informó de una facturación de 2.100 millones de Dólares. Magtel, con sede en Córdoba, aporta el conocimiento local, junto a una experiencia real en Marruecos y Perú y una facturación que supera los 100 millones de euros.

Cumpleaños

Cada siete de julio, desde hace sesenta y siete, es mi cumpleaños. Tengo datos de mi mismidad correspondientes al nacimiento y al primer año, documentados, gracias a un librito de tela, algo perjudicado por el paso del tiempo, y con conspicuas manchas de grasa, en el que, bajo el título “Infancia del bebé”, impreso en la guarda con letra bastardilla, mi madre recogió información irrelevante para criterios ajenos.

Confieso que, para mí, ese librito tiene un valor incalculable. Ante todo, porque refleja lo que mi madre -fallecida muy joven, pero después de haber puesto en este mundo a siete hijos que, gracias seguro a su intervención en las alturas, nos mantenemos sanos y en muy buena sintonía- esperaba de mí. Fui un niño del percentil 100 según baremos de estas fechas, aunque desconozco si mantendría la misma calificación, juzgado con criterios de 1948. Pesé 5kg 200 al nacer y medí casi 60 cm. Parece ser que estaba condenado a tener diabetes a causa del sobrepeso, según la erudición médica más moderna (por fortuna para quien esto acredita, incumplidos).

Escribe mi madre, atribuyéndome la autoría, con una licencia literaria que me encanta: “Creo que era un niño muy guapo, con una carita redonda y unos ojos grandes, de color aún indefinido y una naricita respingona, que según mamá, me daba cierta gracia”. Por supuesto, en nada me parezco hoy a aquella descripción surgida del amor materno, repleta de benevolencia. Unos meses más tarde, sin embargo, se incorpora algo más de objetividad, pues la narración de mis cualidades infantiles prosigue de este tenor: “Soy ahora a los cuatro meses un niño bastante guapo. Mi único defecto es que tengo las orejas un poco hacia adelante y…bueno…también soy muy tragón, y me empapizo alguna vez.”

No quiero cansar con detalles que carecen de interés, pero tengo registrado cuando tomé la primera papilla (“harina de trigo Artiach”), el momento en que supe decir “adiós”  o “papá, mamá, Tita” y “hacer como el burro”, la aparición de mi primer diente, mis comienzos del andar a gatas, etc. etc.

Mi historia infantil documentada se interrumpe al año justo, con el nacimiento de mi hermana Maru, al que siguieron otros cinco.

Pero puedo decir: “Has tenido un Feliz primer cumpleaños, Angel. Y, desde esta última etapa de la vida -que espero sea suficientemente larga y no muy dolorosa-, dejo testimoniado que, aunque me falte un biógrafo y mucho menos, tan cariñoso como mi madre. he sido, en efecto, un hombre feliz”.

Gracias a los que habéis contribuido a ello,

¿En qué país vivimos?

Podía haber sido otro el desencadenante, y tal vez no hubiera sido necesario ninguno, porque ya estoy bastante mayor para no precisar estímulos ajenos para ahondar con propias escardaderas en lo que se nos oculta. Pero reconozco que la columna del 4 de julio de 2015, “Exámenes” (EP), de Fernando Fernández-Savater, catedrático de Ética y reconocido filósofo, autoconfeso seguidor de Spinoza y de la ética del querer frente a la del deber, me ha conmovido.

Expone Savater que, en los años 80, varios presos etarras aprobaban las asignaturas correspondientes a sus licenciaturas, no por lo que sabían, sino por el terror que infundía la organización terrorista a los examinadores, que se los quitaban de encima con un simulacro de legalidad.

Por las mismas fechas, un historiador británico empecinado en contarnos la historia verdadera de España, Paul Breston, desenmascara (si aún hacía falta), a un Santiago Carrillo más atento a eliminar correligionarios y compañeros de facción, consiguiendo así que no creciera más árbol de sombra que el suyo, utilizando las depuradas técnicas del stalinismo como garrote y sierra de podar.

Son solo dos ejemplos, desde luego, sesgados en intención ideológica y sección de atención, aunque me sirven también para reflexionar sobre lo que hemos soportado, quizá conscientemente ignorado, seguramente tímidamente consentido, muchos ciudadanos que nunca estuvimos en las instituciones oficiales, y que creíamos que nuestra labor sería suficiente con hacer bien lo poco o mucho que teníamos entre las manos.

¿En qué país vivimos? ¿Esas personas que se han alzado con méritos y gorros que aún lucen sobre sus cabezas, tienen todas idéntica legitimidad?¿Cómo distinguir a los que alcanzaron sus puestos con decisiones dictadas desde el amiguismo, el nepotismo, la filiación, la incuria…?

Reconozco que no lo sé. No soy examinador de personajes, sino que solo me detengo en analizar los resultados, en la medida en que están al alcance de mis opciones de descubrir qué nos está sucediendo, y que son, por supuesto, limitadas.

Quisiera creer que estamos en un gran país, que no nos parecemos a los que están en la senda de los perdedores, que nos encontramos colectivamente bien situados para mantener las riendas de nuestro futuro por la senda más prometedora, esa que nos garantizaría una sociedad más justa, equilibrada, solidaria, honesta.

He leído también que abre muchas interrogantes el reconocer ahora, como resultado de las últimas elecciones locales (mayo de 2015), que se han aupado a los puestos de poder (aún limitado), gentes de los que ignoramos su pasado, personas con currícula que juzgaríamos como inadecuados, según los baremos tradicionales, hombres y mujeres venidos desde la sociedad oscura, de la protesta tal vez visceral, acompañados, puede, de resentidos, ilusos, gentes de buen corazón y escaso sentido práctico.

Pero como no tengo más que una vida a disposición, y soy consciente de que esta se va acabando por ley natural, y mantengo una curiosidad insobornable acerca de lo que puede lograr la humanidad cuando combina, sin trabas, la inteligencia y la ilusión, …me reconozco tensamente ilusionado en poder presenciar, si la naturaleza no me vence antes, que lo que estamos ahora viviendo en este país, y viviremos aún, es el efecto de un aire fresco que ponga en solfa y al desnudo lo que se haya conseguido sin méritos, sin vocación, sin intención ni ganas de hacerlo por mejorar lo común antes que lo propio.

Si se cumplen estas expectativas, que reclaman participaciones gigantescas, hercúleas, titánicas, y una total transparencia, no nos preguntaremos en qué país vivimos, ni nos vanagloriaremos de habitar un gran país porque nos lo digan desde arriba, sino que seremos capaces de responder, como inmensa mayoría: Estamos orgullosos de vivir en éste, porque es el que estamos haciendo entre todos, guiados por el esfuerzo, la entrega y la ilusión de los mejores, a los que apoyamos sin recelos.

 

 

 

Ofiuco y el COP21

El 3 de julio de 2015 asistí a la presentación del World Energy Outlook Special Report, preparado por la International Energy Agency (IEA) ante la perspectiva de la COP 21 (vigésimo primera Conferencia de las Partes), que tendrá lugar en Paris, en diciembre de este año.

El acto tuvo lugar en el saloncito del primer piso de la sede del Club Español de la Energía, en Madrid, y la conferenciante fue Laura Cozzi, ingeniera ambiental, subdirectora (deputy head) de la IEA en el equipo que dirige, como Economista jefe, Fatih Birol, ingeniero turco que hizo sus primeros dientes profesionales en la OPEC y que tiene muchas líneas de mérito en su CV, entre las que se encuentra el haber presidido el Foro de Davos.

Laura fue presentada por Arcadio Gutiérrez Zapico, director general del Club, ingeniero de caminos con una carrera profesional anterior en el sector de la energía nuclear, y un brillante conferenciante él mismo.

Llegué casi media hora antes del inicio del acto, y me decidí a hacer algo de tiempo dando una vuelta por los alrededores del espacio arquitectónico que separa la ciudad de las “Cuatro Torres Business Area”. Allí me encontré a Laura Cozzi, llevando una maleta de viaje compacta, con ruedecillas, de esas que salvan la pejiguera de la pernoctación fuera de casa.  No me acerqué para saludarla, pues no quise interrumpir lo que me pareció era su disfrute de unos momentos de relax cuando estás en una ciudad en la que supones que no te conoce nadie, y no te apetece aún empezar a representar tu yo oficial.

El Informe está disponible en internet, de forma gratuita (http://worldenergyoutlook.org/energy), y con sus 200 páginas, se hace difícil de resumir. Su propósito confesado es servir de orientación, desde la autoridad del organismo, para que los asistentes a la cumbre de París no pierdan el tiempo haciendo deberes previos, y también indica algunas propuestas para salir del paso, de forma que la reunión no se convierta en un fiasco.

En este sentido, la combinación de paños calientes y compresas frías, en un ejercicio de equilibrio, quedó también de manifiesto en la exposición de Laura Cozzi que fue hecha en inglés, con la aclaración previa, inconcebible en un italiano, que de la lengua española solo conocía “Buenos días” (Tal vez allí habría que buscar el origen de la razón por la que  tanto Arcadio G. Zapico como los intervinientes en el debate se obstinaron en pronunciar su nombre de pila como “Lore”).

Así que, por si aún lo ignoran los que tengan proyectado asistir a la conferencia de París y necesitaran un breviario de urgencia: hay que ahorrar en energía, invertir en renovables, reducir la combustión ineficiente del carbón (existe, además, escasa ventaja económica en profundizar en la combustión subcrítica), eliminar subsidios, mejorar la tecnología y preocuparse por las emisiones de metano directas, sin confiar demasiado en los cambios de comportamiento de los consumidores, ya que las decisiones antieconómicas no son fáciles de comprender (ni de explicar).

Aunque el horizonte debe ser contemplado a largo plazo, es aconsejable -siguiendo la experiencia- hacer seguimiento cada cinco años del cumplimiento de los objetivos, y, reconociendo la excepcionalidad de cada país, trazar un camino propio de transición, sin perder en competitividad y mejorando la eficiencia.

En el debate, me di cuenta -por si no lo había reconocido antes- que buena parte de los asistentes eran anteriores ejecutivos de distintos niveles en las empresas energéticas, hoy, tempranamente jubilados u ocupando puestos -supongo que no remunerados, para no perder sus pensiones- en Asociaciones y Fundaciones relacionadas con la energía y sus empresas.

Allí tuvo Cozzi oportunidad de expresar su optimismo respecto a lo que pasará en París en diciembre, expresar que no creía que el éxito de los norteamericanos en utilizar el gas convencional fuera replicable en otros países, y reconocer que ella estaba a favor de la energía nuclear como única fuente que no produce metano como efecto directo o colateral, pero que había que tener en cuenta el rechazo de ciertos sectores, por lo que el informe, aunque la había considerado, no se había manifestado expresamente sobre su implantación.

Todo eso, y más. Por ejemplo, la referencia al volumen creciente de contaminación ambiental que proviene del transporte terrestre, especialmente provocado por los vehículos pesados (crecimiento exponencial en China), y  una mención de cuadro de horror a India, donde 300 millones de personas no tienen electricidad y cuya posición crítica puede bloquear la unanimidad de los acuerdos y, en todo caso, dado su volumen, su efectividad.

En poco más de una hora, quedó así perfilado -y con muy tenebrosos colores- el cuadro previa a la/el COP 21 y, como estamos en una época en la que el cielo nocturno permite contemplar la hermosa constelación de Ofiuco, que corta en dos la de la Serpiente (convertida así en Serpens Caput y Serpens Cauda), me imaginé que la IEA era Al-Yad (“la mano que precede”) tratando de agarrar a Unakalhai (“el cuello de la serpiente”), que sería, por su parte, el fenómeno del cambio climático.

Todo ello situado en el ecuador celeste, y, por tanto, siempre visible, para análisis de estudiosos, diletantes y amigos de lo etéreo, e ignorancia consciente de multitudes, entre el Escorpio -¿símbolo del capitalismo?- y el Sagitario -¿portador en sus flechas del placebo de una ética universal?-.

No quiero ahondar en metáforas traídas algo a contrapelo, pero Ofiuco-Esculapio, es, además de una de las 84 constelaciones en que se ha dividido convencionalmente el firmamento, el decimotercer signo del Zodíaco en la astrología sideral, reconocido en 2011 entre Acuario y Piscis, con un período entre el 30 de noviembre y el 17 de diciembre. O sea, que bajo su advocación cosmogónica tendrá lugar el/la COP21.

La mirada podrida sobre Grecia

En algún lugar leí que la palabra Europa no tiene sus raíces etimológicas en el griego, pues no se le puede suponer -como por algunos eruditos se había defendido- compuesta de los vocablos eur y op (que significaría “mirada amplia”),  sino por eur y opa, ya que se debe mantener la concordancia de género, y eso se traduciría por “mirada podrida”. Así que la polémica sobre el origen del nombre ha derivado hacia las fuentes semíticas, que tienen aguas mucho más frescas.

Lo que tiene menos dudas es que Europa  tiene su amplia base geográfica y cultural original en el equilibrio entre Atenas y Roma, al que se ha de añadir una componente judía, proveniente de los vientos históricos que se formaron desde Jerusalén. Y también admite poca discusión que en los últimos veinticinco siglos se han librado en el territorio que podríamos considerar originariamente europeo muy cruentas batallas, que lo han seccionado, longitudinal y transversalmente (1).

Esas manifestaciones de la belicosidad de sus gobiernos, las ambiciones de conquista y apropiación de bienes del vecino, las luchas dinásticas, las revoluciones sociales, la evolución de las lenguas habladas y escritas -¡y, cómo no, la influencia de las religiones y la autoritas otorgada por los creyentes al representante de Dios en la Tierra!- se han reflejado en multitud fracturas, convirtiéndola en un mosaico de intereses, que debemos admitir, de forma indulgente, que forman parte de las culturas nacionales.

Estamos oyendo múltiples opiniones acerca de  la manera de resolver la actual crisis nacida en la Unión Económica Europea, como consecuencia de la dificultad -en realidad, debemos hablar de la incapacidad- de Grecia de devolver la totalidad de los créditos que obtuvo de los demás socios de la eurozona. Como en todos los temas, los comentarios no hacen sino reflejar la consecuencia de los diferentes intereses que se defienden, y que están detrás de los argumentos, aunque no se vean.

La situación no admite circunloquios, sin embargo: Grecia, independientemente de cuál sea el color de su gobierno, quizá pueda pagar algún día el principal de la deuda, si se le concede la moratoria adecuada y se le ayuda a la reactivación de su maltrecha economía, pero jamás podrá responder de los altísimos intereses, propios de usureros, que los prestamistas le habían fijado. Por cierto: una buena parte de los préstamos han ido a parar a dotar al estado griego de una capacidad armamentística, para pagar, a buen precio, los equipos bélicos proporcionados por los principales países de esa Unión Europea.

No valen para nada afirmaciones políticas destinadas a asustar a los griegos, pretendiendo tranquilizar (sensu contrario) a los ciudadanos de los países de donde surgen las declaraciones de ciertos mandatarios: apelar a que “los pactos deben cumplirse” o a que “la salida de Grecia del euro tendrá escasa o nula recuperación para nuestra economía”, se hayan hecho o no los deberes (¿qué significa eso?) no puede merecer ningún calificativo inteligente.

Grecia es Europa (casi, más propiamente hablando, al revés: Europa es Grecia). En una familia, las dificultades esporádicas, ocasionales, de un miembro -aunque haya sido un despilfarrador, incluso si se le califica de drogadicto- se solucionan en el seno de la misma, ayudando al perjudicado: con un tratamiento de rehabilitación, pagando sus deudas, ayudando a su recuperación definitiva. No ahogándole aún más.

No me duelen prendas al afirmar que los argumentos más sensatos respecto al tratamiento de la deuda griega han venido desde la izquierda reputada como “radical” por los amigos del orden mundial, supongo que siempre que lo determinen ellos mismos. He escuchado a Gaspar Llamazares y a Iñigo Errejón decir cosas muy adecuadas. En esencia: no exijas a quien no puede pagar, que pague, haciendo los sacrificios que tú le quieres imponer, y escúchalo atentamente, y ayúdale a que se recupere.

Creo que la razón por la que, en este caso al menos (no es el único), me encuentro tan próximo a las ideas que se exponen desde los márgenes del sistema, incluso desde fuera de él, es sencilla: no tienen nada que perder. Cosa que, mírese por donde, me parece que los distancia de los sabios defensores del dólar Stiglitz, Krugman, de los asesores de Merkel o de Hollande (y sus palmeros) y me acerca, junto a ellos, a lo más sensato.

(1) He recuperado esta idea de un artículo, aún no publicado, escrito por mi buen amigo Santos Castro Fernández, “Europa: Una realidad histórica”, y que su autor apoya con citas, entre otros, de Remi Brage, Horacio, y Jacques Le Goff.