Somos fútbol

Parafraseando al antropólogo Ludwig Feuerbach, que en 1850 escribió “Der Mensh is, wast er isst” -“un hombre, es lo que come”-, con la intención de ilustrar a los políticos sobre que es preferible tener un pueblo bien alimentado antes que atormentado con amenazas, me parece adivinar la clara intención de los que nos dirigen (sean quienes sean) de que, en lo intelectual, quieren que seamos, sobre todo, fútbol.

Ese es el paradigma cosmogónico, el modelo que expresa a la perfección los impulsos que dominan el magma sociológico. Alentado por fuerzas muy potentes -económicas, periodísticas, etológicas, etc.,- avanza arrasando a su paso cuanto encuentra. No se detiene ante estructuras filosóficas, sobrepasa conceptos económicos, hace irrisión de baluartes intelectuales. La sostenibilidad de nuestro edificio de racionalidad descansa, hoy por hoy, fundamentalmente, en el fútbol y sus valores.

Somos, porque quieren que seamos, fútbol.

El fútbol no es un deporte, ni un espectáculo de masas, sino un modelo de comportamiento social, que, con un doctrinario bien trabado, genera sutilmente un sólido armazón que aprisiona, cual alienígena aletargante, y de manera creciente, el cerebro de los afectados por el virus y regula los ritmos de un número ingente de nuestros contemporáneos.

Para muchos de ellos, ya todo gira en torno al fútbol. No habrá otro noticiero que les interese más que las “confrontaciones” previstas en el calendario de alguno de los quasi infinitos Torneos. Su estado de humor frente a las realidades sustanciales de la vida (trabajo, familia, salud, etc.) dependerá de la situación en la Tabla clasificatoria del “equipo de sus amores”. Palpitarán sus emociones al ritmo del estado físico de las plantillas, con los detalles de la vida privada de sus atletas idolatrados, hurgados y difundidos hasta alcanzar niveles de minucia propios de aberración sexosicológica.

Avanzando como terminator destructivo, el fútbol consigue que los modelos de comportamiento se tomen de él, las figuras de veneración en los altares de la ética y de la estética sean extraídas prácticamente sin excepción de entre sus figuras relevante. Los negocios y planteamientos empresariales se organizan crecientemente en torno al fútbol y forman parte de su espectáculo. En los encuentros entre equipos que puedan significar difusión mediática, allá serán convocados a las tribunas, presidentes de Estado, jefes de gobierno, ministros, gentes de empresa, tipos de todo relumbre, que se apretujarán para manifestar que son fútbol.

El deporte del balón señala las preocupaciones, es guía para las conversaciones relevantes, doctrina para la enseñanza de los alevines de la raza humana, nuestra tribu. Los entrenadores nacionales y de los principales equipos nos darán instrucciones a todos, los mejores futbolistas, nos indicarán lo que debemos hacer para triunfar en la vida.

No desaprovechan tampoco los sacerdotes del fútbol, ninguna ocasión para hacerlo más fuerte.

Hace un par de días falleció Johan Cruyff, un neerlandés afincado en Barcelona, vinculado a este deporte desde la niñez. Rompiendo el cascarón de un origen humilde, ha sido considerado por los expertos en ese arte, el mejor jugador del balón-pié después de Pelé, otra figura mítica premuerta. En su despedida, se organizaron actos multitudinarios que convocaron a más cincuenta mil personas, según las crónicas. Hubo discursos, regados con lágrimas de cocodrilo, sentidos homenajes propios a costa del finado y claras explotaciones del dolor ajeno en beneficio del que vive su gracia. Devociones inquebrantables, ahora que el santo está ya muerto.

Pues bien. En este mismo mes de marzo de 2016, junto a miles de ciudadanos del mundo que no han podido realizar actuaciones relevantes para ser rescatados por unos instantes al menos de las garras del olvido, han fallecido también Enrique Loewe, Beatriz Ocaña, Antoni Asunción, Francisco García Salve, José Luis López Sangil, Javier Bustinduy, Miguel Rodríguez Ruis, Jaime Valdivieso de Cué, Santiago Foncillas, Diego de lso Santos, Domingo Goás, José María Blázquez Martínez,…

Me paro aquí en la enumeración, que no es exhaustiva, por supuesto, sino solo provocativa. Pocos de entre ellos han merecido siquiera un par de líneas en los obituarios. De ninguno me consta que su despedida haya concitado especiales emociones públicas. Dudo que, incluso los más renombrados de los citados, consigan que más de un par de decenas de ciudadanos españoles recuerden algo de su trayectoria..

Hace un par de meses (Jot Down, EP, diciembre 2015), Nacho Carretero, en un estupendo artículo sobre la descomposición de Yugoslavia, nos recordaba que los principales equipos de fútbol de las capitales locales de la República Federativa,  representaban la confrontación existente entre nacionalismos internos, desde bastante antes de que empezara la guerra. El K Partizan y el Estrella Roja, ambos de Belgrado; el FK Sarajevo y el FK Zeljezniçar en Bosnia; el Hajduk Split y el Dinamo, de Zagreb, en Croacia.

El día 13 de octubre de 1990, iba a disputarse un partido entre el Dinamo y el Estrella Roja en Zagreb, que jamás se celebró, porque se organizó una batalla campal entre los hinchas de ambos, que duraría 70 minutos y causaría cien heridos; la patada del número 10 del Dinamo, Boban, a uno de los agentes serbios, se convertiría en símbolo. Allí empezó la guerra, en el Stadium.

Puedo poner muchos más ejemplos, más recientes, hablar de hooligans, de hinchas del Madrid o del Barça, del Atleti o del Coruña, de estadios de cualquier lugar del mundo, en donde los partidarios de un equipo y otro se lían a mamporros, navajazos, lanzamiento de sillas, bengalas y objetos. Puedo darle muchas más vueltas al tema, para reforzar un mensaje alarmante, en mi opinión.

Somos lo que quieren los que mandan sobre el fútbol, vemos lo que nos dejan ver. Hablamos con la información que nos proporcionan para hablar. Nadie parece preocupado.

Software libre con restricciones

Cuando me trataron, hace años, de explicar la filosofía que existe tanto detrás de las ideas de Código Fuente Abierto como de Software libre (Open Source, Free Software), creí entender el trasfondo del mensaje -ético o práctico-, pero, sobre todo, vislumbré las ventajas para los destinatarios del regalo -la colectividad internacional de usuarios de productos informáticos- pero reconozco que no acerté a ver qué podía reportar para el equipo creador de la herramienta.

La práctica, que es madre de casi todas las ciencias, ha ido perfilando las características de esos productos, provocando, en realidad, su escisión en varios trozos. Porque, salvo casos de altruismo dignos de peana, en la inmensa mayoría de los casos, en el think tank del desarrollo existe un grupo de personas a los que preocupa la forma de rentabilizar su trabajo.

Tratar de sistematizar las posibles situaciones, dada la complejidad que puede presentarse en la práctica en el uso de ambas figuras, no es sencillo. El sector ha aceptado que el perfil básico del “software libre” no implica la gratuidad, contrariamente a lo que parece indicar su nombre, sino que el usuario puede modificar el código fuente para adaptarlo a sus necesidades. Por su parte, el concepto “código abierto” supone que se permite el acceso al código fuente, sin coste, para que el usuario pueda encontrar la solución a su concreto problema.

La rápida evolución de los productos informáticos, con una tendencia detectable hacia la búsqueda de soluciones genéricas, abstractas, que posibiliten una amplia adaptabilidad a las necesidades de un gran número de usuarios, ha venido a señalar la ambigüedad de ambas definiciones y su convergencia en muchas ocasiones. Quizá son mayoría los casos en los que una parte del producto -del código fuente- es ofrecido, no solo de forma abierta, sino también gratuita, y se presenten varios opciones de tratamiento de la disponibilidad de acceso al programa fuente básico, y perfeccionarlo o modificarlo.

Si el equipo desarrollador mantiene en control de esas mejoras sobre el código fuente, el equipo tendrá la ventaja de disponer de un amplio grupo de usuarios que actuarán como células de ensayo y perfeccionamiento de esa unidad central, recogiendo la cosecha de sus avances, y mejorando el producto.

Para la mayoría de los trabajos académicos, o aquellos otros que no revistan complejidad, el programa básico brindará soluciones inmediatas, Pero  aquellos usuarios de un programa de código abierto básico, que pretendan resolver problemas específicos más complejos con la herramienta, tendrán que resolverlos creando equipos propios de especialistas para que completen el desarrollo. Es más efectivo, en esos casos, acudir al desarrollo de quienes crearon y controlan el programa básico, contratándolos para que lo adapten a las condiciones requeridas para esa aplicación. Los interesados por la aplicación “a medida”, tendrán, entonces, que pagar por ella.

Podrá seguramente entenderse de inmediato que la fijación del precio de esos desarrollos del programa fuente está relacionado con la necesidad de sostener toda la estructura técnica y comercial de la empresa de software. En lo técnico, es posible que el código fuente que se aplique no sea ya el programa fuente originario. que sigue ofreciéndose gratuito, sino otro más eleabroado (pues habrá incorporado a él las modificaciones y perfeccionamientos que les parecieron convenientes a los desarrolladores, partir de las experiencias de los free riders y, por supuesto, de su propio trabajo).

Cuando la empresa en cuestión es una start-up, como el precio del producto no está regido por el mercado -es más, está afectado por la disponibilidad gratuita del código fuente-, la estrategia de fijación del precio de las aplicaciones a medida es, en mi opinión, una de las cuestiones más delicadas para la supervivencia de estas sociedades.

En España no se han planteado cuestiones legales relativas al copyright del software libre o el código fuente. En realidad, la idea del copyleft no deja de estar sometida a aquellas condiciones que fija, como imposición unilateral, en un contrato tipo de adhesión, quien hace la dadivosa oferta de disponibilidad. Cuando el futuro usuario teclea desde su ordenador la opción de aceptación, está, conscientemente o no,  imponiéndose una obligación propia, que equivale a su contraprestación. El contrato, pues, podrá ser gratuito, pero adquirirá la naturaleza de bilateral.

Esta reflexión, desordenada por lo rápido y, no lo niego, por mi relativa ignorancia sobre un tema tan complejo, tiene su origen en el análisis de una reciente decisión del Tribunal de Apelación de California que, en un litigio sobre la propiedad de un software libre, recogía la interpretación singular de que “El código de fuente abierta es problemático porque lo diseña gente anónima en Internet, y los “agujeros” no están solucionados por actualizaciones del vendedor”.

Este error del juzgador norteamericano, es preocupante -aunque, al parecer, no tuvo efectos prácticos sobre el tema litigioso-, pues parece hacer derivar las cuestiones legales que dimanen del código fuente abierto de la inexistencia de una propiedad intelectual, que es, sin embargo, una cuestión totalmente independiente.

Las licencias de uso de software libre o de código abierto son solo una manera más de licenciar un producto, y están sometidas a las mismas obligaciones jurídicas que las demás formas de software. No suponen, en absoluto, la renuncia a la propiedad intelectual: están soportadas por el derecho de patentes, suponen restricciones de uso, implican la precisión del alcance de cesión de derechos, etc.

El único elemento quizá, exótico, por extrañol a lo habitual, pero que resulta consustancial al trasfondo que ha animado a la apertura de los códigos o del software a los usuarios, es filosófico, incluso ético. Normalmente, se expresa por los cesionarios con términos más o menos ambigüos, como, por ejemplo, no podrá ser utilizado para aplicaciones militares, o contrarias al medio ambiente, o contra el derecho de personas, pero el elemento común es la voluntad de impulsar el desarrollo del mundo de la creatividad en las tics, la alimentación del karma de la “comunidad de creadores y usuarios de la informática y las comunicaciones avanzadas”.

La variedad de participantes en la comunidad de software libre permite detectar, sin embargo, algunas tipologías concretas.

Existen quienes aceptan cualquier versión ofrecida en la red sin plantearse problemas, con tal de que funcione, des preocuparse de la solvencia del autor o de las responsabilidades que adquiere.

Entre los creadores, no faltarán quienes desarrollen subprogramas o aplicaciones que corran sobre el programa fuente y permitan su diferenciación como soluciones adaptadas, derivadas de aquél. Si no existe condicionando por parte de los que crearon el programa fuente de uso libre, pueden fijar un precio para sus desarrollos, y venderlos como paquetes independientes, si bien su existencia como solución dependerá de que el programa fuente en el que se han basado siga teniendo soporte y mantenimiento.

La situación de tranquilidad y satisfacción recíproca en la que se mueven las colectividades de software libre -una comunidad de bonhomía teórica en la que se están manejando cantidades económicas con crecimiento exponencial- puede no durar mucho tiempo.

No tardará, por ello, mucho tiempo en ser objeto de litigios agudos ante los Tribunales de Justicia, y llegará a las instancias superiores. Mientras llega ese momento inevitable, no estaría de más que los expertos ayudasen a los juristas a perfilar los pros y contras de esas figuras tan atractivas como heterogéneas, y quienes ofrecen el producto, lo modifican o lo comercializan, clarifiquen las condiciones de uso, tratamiento, adaptación y perfeccionamiento del mismo que quieren sean respetadas por los usuarios.

 

 

Estrategias salvajes (Epílogo): Propuesta de estrategia para civilizados. Conclusión (y 2)

En el tablero mundial, el gobierno chino ha movido ficha. Hace apenas unos años, se consideraba a China como un país con gran capacidad de crecimiento, pero dormido. Se resaltaban sus grandes disparidades internas, su déficit de infraestructuras, su oscurantismo; después de los Mundiales de Atletismo de 2015 en Beiging, el mundo quizá entendió mejor, por fin, que el gigante tenía una fortaleza potencial que no estaba utilizando.

Con un Indice de Desarrollo Humano que la situaba en el lugar 80 del mundo y una huella ecológica de 1,6 Ha/persona, China se sitúa por debajo de la media en todas las valoraciones, oculto en la masa del pelotón. Sus 13.000 dólares/año de renta per cápita y su indice de progreso social de 47 sobre los 60-65 de Estados Unidos, Canadá, Suecia y algunos otros países europeos, parecían aventurar que aún le quedaba mucho tiempo de maduración.

Cabe plantearse ahora si las cifras son correctas, si la información occidental disponible es fiel. Incluso si las variaciones casi sicopáticas de las agencias de calificación de riesgos no padecen del síndrome del peligro amarillo, aún anclados en el fervor a la recuperación japonesa después de la segunda guerra mundial.

No se me malinterprete, sin embargo. Este trabajo no concluye con un arrebato de devoción hacia China y su política, sino con una seria llamada de atención. El modelo de desarrollo chino no reproduce, a sabiendas, el esquema de desarrollo simplista seguido hasta aquí por los países más avanzados, y es imprescindible analizar los fundamentos de la propuesta y recoger ese guante, dándole réplica o prestándole apoyo.

El mundo occidental, capitaneado por Estados Unidos, desde los atentados de las Torres Gemelas (11 de septiembre de 2001) se encuentra desorientado en su estrategia internacional. Los gobiernos norteamericanos -y se han sucedido republicanos y demócratas- han experimentado una involución en sus prioridades: han puesto en primer lugar del panel la quimera, convertida en obsesión general, de alcanzar total seguridad interna -en un país en donde prácticamente toda la población tiene armas, – y, en segundo lugar, vinculado a ese propósito, lograr una mayor autonomía en los sectores reputados clave; energía, tecnología, financiación, con paralela restricción de las posiciones de riesgo internacional.

La estrategia estadounidense ha derivado en perjuicio de los países del llamado Tercer Mundo, cuyos recursos han sido explotados durante décadas. Si el papel que había asumido Estados Unidos era el de líder del mundo libre, y garante de la paz y la seguridad global, esta posición se ha visto comprometida, fundamentalmente, por la pérdida de credibilidad interior sobre las ventajas para la ciudadanía norteamericana de soportar un coste económico y político tan alto.

El Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (Trans-Pacific Partnership, TPP), firmado tras un largo período de negociación entre varios países de la Cuenca del Pacífico, no es otra cosa que un tratado comercial. Estados Unidos lo considera complementario a la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (TTIP), que no ha funcionado conforme a lo previsto, según opinión mayoritaria. En todo caso, se trata de acuerdos entre comerciantes, al estilo de los inicios del Mercado Común Europeo, que -no será preciso apuntarlo- ha derivado en una Unión Europea en grave crisis identitaria.

El mayor error de ese Acuerdo TPP es tratar de aislar a China que no figura como miembro del mismo, en tanto sí lo han suscrito Japón y otros países de la Cuenca con los que el nuevo coloso mundial tiene conflictos pendientes. Beijing ha enfatizado que con su estrategia solo pretende el despliegue de un “poder blando”, con la generación de Zonas Económicas Especiales incluso en zonas sensibles al terrorismo. La estrategia china aparece así como respuesta (rápida) a las presiones económicas de Estados Unidos en el Pacífico. Como ha puesto de manifiesto E. Lincot (Fundador de la Cátedra de estudios chinos contemporáneos, CECC), ” las rutas de la seda” -los nuevos ejes de la estrategia china- representan la confrontación entre dos visiones del comercio internacional.

Por un lado, el modelo neoliberal del Fondo Monetario Internacional y el esquema ideológico de fondo tan querido por los gobiernos estadounidenses, que se apoya en la libre competencia, el control financiero y las normas del derecho internacional (y, si no las hay, las norteamericanas). Por otro lado, los chinos presentan un fuerte intervencionismo desde el Estado que, en términos de diplomacia internacional, pretende la no injerencia, pero busca la colaboración, y también el compromiso con las causas de los países tercermundistas.

La intromisión de un terrorismo islámico, con actuaciones indiscriminadas que, cuando se han ejercido contra ciudadanos occidentales han provocado reacciones desaforadas por parte de los gobiernos directamente afectados, arriesga convertir las acciones contra el terrorismo en una guerra de civilizaciones, aumentando la sensación de conflicto global. Es imprescindible que los gobiernos no dejen que la ignorancia de la población propenda a la confusión entre terrorismo islámico y religión musulmana. Una forma importante de centrar el problema en sus justos términos es la alianza, desde la solidaridad y el apoyo económico espléndido, con los países en los que la religión musulmana es mayoritaria, y dar importancia justa a los atentados, mucho más numerosos y aún más cruentos, que sufren en sus localidades.

Hay mucha tarea por delante, para conseguir plasmar una estrategia civilizada  occidental. Exige la superación de barreras étnicas, no solo económicas y culturales. Será necesario no solamente expresar con bonitas palabras la explotación que algunos de esos pueblos, y sus recursos, han sufrido históricamente, sino arbitrar compensaciones que habrán de venir por la vía de nuevas rutas para el desarrollo. La Unión Europea no puede asumir el liderazgo de una tarea tan compleja, en su actual situación de penuria ideológica y económica;ni siquiera planteárselo con solvencia y credibilidad.

Más delicado resulta la sensación de que Estados Unidos, como si se trata de un juego posicional, prefiere iniciar una estrategia propia -menos ambiciosa que la china, más predecible en sus intenciones-, en lugar de ir -con más o menos ímpetu y claridad, eso ya será cuestión de diplomacia- al encuentro de lo propuesto por el gobierno de Xi Jinping.

Pero en este territorio o se es herbívoro o carnívoro. Y ya está bien de devorarse unos a otros, debemos cambiar la dieta.

Domingo de Pascua de Resurrección, 27 de marzo de 2016.

 

Estrategias salvajes (Epílogo). Propuesta de estrategia para civilizados. Conclusión (1)

¿Una estrategia para civilizados? ¿Sería posible, contra la Historia documentada, plantear una estrategia de cooperación y no de enfrentamiento que abarque, sin excepción, a los habitantes de todos los países de la Tierra? ¿Tiene sentido una fórmula de colaboración e interacción que permita avanzar a los que están más rezagados, ayudándolos en cuanto necesiten, y que, al mismo tiempo, suponga, por la población de los desarrollados, la asunción consciente, sacrificada y responsable, de que la senda del crecimiento sin límites está agotada para ellos?

Sinceramente, lo veo muy difícil, pero no imposible. Es más, no solamente lo veo posible, sino que lo considero imprescindible.

Hay una razón que es, para mí, superior a cualquier otra. No la formulo como muestra de petulancia, sino de sinceridad. Después de haber disfrutado la mayor parte de mi vida, consciente de mis limitaciones y de mis escasos logros personales, estoy orgulloso, como parte de la especie humana, de lo conseguido hasta ahora. Pero el camino no está, ni mucho menos terminado. Al contrario, queda la por recorrer la parte más difícil -y apasionante- la que llevaría a desvelar, es de suponer, misterios esenciales.

Para que la Humanidad pueda alcanzar el tope de su capacidad de acumular conocimiento, debería hacerlo de forma coordinada y conjunta. Saber más no puede ser un objetivo abstracto, ni dirigido simplemente hacia el logro de un mayor disfrute de unos pocos. Creer que existimos para conseguir el máximo placer es reducir a una estrategia salvaje nuestra esencia individual y colectiva.

La inteligencia del hombre, utilizada en toda la extensión que le permita satisfacer, hasta donde le sea posible su curiosidad, su ansia de saber, le imposibilita renunciar a un fin último, que, para algunos, entre los que me cuento, es intrínseco a nuestra naturaleza: poder responder con certeza a solo dos preguntas: ¿Somos? Y si somos, ¿Para qué somos?.

Puede que algunos crean que la evolución del homo sapiens está llegando a un momento en que se producirá una mutación genética, y se escindirá la especie, dando nacimiento a un supersapiens, con capacidad incluso de sojuzgar a los que en la actualidad llamamos humanos. Quienes así puedan pensar, obviamente, se entenderán ellos mismos situados en la parte superior del conocimiento, en la cúspide del árbol genético portador de los principios activos, combinación de alelos imprescindibles para producir ese ADN selectivo del que surgirán Mesías o Espartacos.

No será ese el camino. Antes de que tal suceso tenga la menor viabilidad evolutiva -¿dentro de unas decenas de miles de años?- la Humanidad habrá provocado su extinción, pues una característica actual de nuestra especie es la capacidad de fabricar armas de destrucción total que han desarrollado ya muchos países.

Ese potencial nuclear será utilizado algún día -dentro del corto plazo que vengo considerando-, si no cambia la estrategia. Porque aquello que se ha generado para la eventualidad de llegar a emplearlo, se acabará usando. Es la Ley de Murphy en su grado superior, identificable con el principio de que surgió un admirable aforismo: Si vis pacem, para belum. Porque la tendrás; la paz, no: la guerra. Ármate, pues, y te llegará la ocasión, tarde  o temprano, de emplear las armas de las que te has abastecido con la excusa de defenderte.

Desde luego, la Historia de la Humanidad, revela una implacable sucesión de acontecimientos en los que unas poblaciones han sojuzgado y esquilmado a otras con o sin argumentos religiosos y deontológicos, con regularidad. Unos han venido por el este, otras por el norte y el sur, alguna vez por el oeste.

Existen incluso guerras suficientes en el panorama actual para ratificar que la técnica de destruir antes que buscar la cooperación, sigue teniendo seguidores entusiastas. Se ejerce, especialmente, con los más débiles. La razón subyacente es siempre la misma: sacar rendimiento de la posición de superioridad. Su empleo permite derrocar a tirano que fue útil, cuando ha dejado de ser interesante o no colabora; pactar con el gobierno corrupto la extracción de recursos de una zona, sin atender a la situación de la población local; etc.

Aunque creo que la tecnología habrá de subordinarse siempre a la filosofía (o, mejor, a esa curiosidad cosmogónica que considero irrenunciable, y que da sentido a la vida, especialmente, a la de la especie), vivimos en un momento de eclosión tecnológica.  Los hombres -algunos grupos, algunos hombres-, si bien dispersos, tienen un control muy superior al que se tenía hasta hace muy pocas décadas sobre los procesos, y saben cómo provocar reacciones y transformaciones muy potentes sobre la materia.

La transferencia de esa tecnología no precisa, en muchos casos, transporte físico: lo pueden llevar esos individuos en sus cerebros, en su experiencia, y, por tanto, puede ubicarse en cualquier sitio. Esa capacidad para aprovechar mejor los recursos, fabricar lo necesario o útil de forma más económica, en menos tiempo, etc. es el factor de producción más buscado. El factor trabajo (no especializado) ocupa un plano muy inferior. Incluso la disponibilidad de capital ha mostrado su maleabilidad, pues el gran capital está dispuesto a invertir en proyectos al margen de intereses nacionales o zonales.

Para que la evolución tenga sentido, el mundo debe estar en paz. (1). Por ello, la fuerza inmanente a esta revolución tecnológica tendría un desenlace miserable si no estuviera vinculada intrínsecamente a la ética. A diferencia de las anteriores “transiciones tecnológicas”, ésta tiene características autodestructivas: no tiene fronteras, no está ligada a ningún grupo concreto, la sociedad de la información la sitúa bajo el prisma de la transparencia, crece exponencialmente, y genera tensiones en la redistribución de empleo y riqueza jamás conocidas con anterioridad.

Conseguir que la ética sea el factor de producción relevante de la estrategia civilizada debería ser función exclusivo y excluyente en el que habría de asentarse la cooperación internacional. Sería la única base posible, sobre la que erigir una estrategia civilizada común para la especie humana. La sociedad global conduce a ese planteamiento: o se fundamenta el desarrollo futuro sobre la ética, o no será.

Me interesa especialmente, en este sentido, el estudio de los movimientos internacionales que se están desarrollando desde Estados Unidos y desde China, y, en particular, el segundo, porque incorpora un elemento aconfesional y descansa (al menos, teóricamente) sobre una economía dirigida desde el Estado. Su contrapunto con la filosofía occidental, con base cristiana y de economía liberal de mercado, es manifiesta.

Afortunadamente, aconfesionalidad y cristianismo, convergen, hoy, en los valores de la ética universal. Puede que sea por poco tiempo, y debido a la globalización, al peso de la sociedad de información, y a que ningún dirigente le gustaría ser descubierto como un corrupto, un genocida, o un ladrón (lo disimularían, en todo caso, con ardor).

El Gobierno chino ha puesto en marcha una iniciativa que se puede identificar, en su esencia, y sin problema, como una estrategia civilizada. Se trata de una estrategia humana, esto es, elaborada, consistente, por exclusión de lo improvisado, natural o salvaje. Es la única con sentido global que haya sido formulada jamás. Puede desconfiarse de la pureza de su intención, criticarse su formulación grandilocuente, tal vez. Pero no tenemos otra, al menos, aún; y es urgente que se plantee por parte del otro bloque de potencias, y sería deseable que, en lugar de aparecer como antagónico, sea complementario del mismo.

Porque la propuesta china es un plan muy interesante. No es solamente un zhongguo meng, -un sueño chino-, sino una yi dai yi lu, -una franja, una ruta- desde China, a través de Asia Central, hacia Europa.

El origen de ese movimiento, surge de que el gobierno chino considera superado con éxito notable la fase de país en desarrollo que necesita recursos externos para crecer. En lugar de seguir buscando la inversión extranjera, su necesidad prioritaria, en el terreno financiero internacional, ha pasado a ser la contraria: dar salida rentable, a los 3,5 billones de dólares que ha conseguido en los años eficaces de exportación a precios extraordinariamente competitivos, gracias a una mano de obra eficiente, y a costes de producción muy bajos.

La colaboración con las empresas extranjeras ha respondido, en las últimas décadas, a un esquema: mayoría de capital chino en el capital social, préstamos internacionales, y permisividad total a la hora de implementar máquinas y tecnología extranjera para, con trabajadores locales -mejor pagados que la media, satisfechos por tanto-, cumplir los estándares de calidad impuestos por los países a los que estaban destinadas las mercancías.

En las migraciones estacionales salvajes de cebras y ñúes, en busca de pastos, los cocodrilos acechan, apostados en los pasos obligados para la manada. Amparados en su alto número, la mayoría de los cuadrúpedos sobreviven, dejando el tributo de los más intrépidos o los más torpes en las fauces de los saurios. Hay confluencia de dos estrategias, en la que no solo los cocodrilos, también los supervivientes trashumantes pueden considerarse ganadores.

En la estrategia china, lo que se desplazan son mercancías y financiación. No faltan peligros para la travesía (las zonas de Asia Central, el terrorismo, la pérdida de rentabilidad), pero el peligro mayor es que la ruta no tenga retorno, sea un camino de solo ida. La apuesta china necesita obtener una respuesta desde el otro lado.

(continuará)

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(1) Muchas tribus africanas llaman Ubuntu a los principios abstractos que incluyen la verdad, la aceptación de la responsabilidad, la justicia, la reconciliación y la reparación. Ubuntu constituye la esencia del ser humano. Una persona solo sería persona a través de otro que captase su humanidad, y se vinculara a ella. La solidaridad individual sería, por tanto, una contradicción en términos. La búsqueda de bien común sería un objetivo irrenunciable, porque la propia humanidad adquiere realidad solo por su pertenencia a la comunidad.

Estrategias salvajes (Epílogo): Propuesta de estrategia para civilizados. Previsiones (2)

La facilidad con la que los países occidentales, y especialmente los europeos, se han concentrado en problemas particulares, a los que, además, no alcanzan a resolver, es un elemento que permite definir con alta probabilidad cuál será su trayectoria a medio plazo (siglos XX y XXI, como ya tengo escrito). La del perdedor.

La trayectoria reciente de la Unión Europea, en si misma, resulta preocupante por la falta de coherencia entre principios y praxis. A pesar de lo que intenta reflejar su nombre, la desunión y disparidad de criterios entre los gobiernos (es decir, entre los países) ha crecido, produciéndose el crecimiento anti-natura de posiciones egoístas, nacionalistas o partidistas. La amenaza del Brexit, el trato dado a la crisis griega y la incorporación precipitada y no digerida de países del Este con ejemplos que, en lugar de ayudar a la cohesión, han añadido incertidumbres sobre la coherencia. En España, el resurgir de los ímpetus independentistas catalanes y vascos, apoyados por genuinos síntomas de insolidaridad, ha puesto en nuestro territorio el problema de la revisión permanente que pretenden los egoismos de cualesquiera identidades compartidas.

No solo en la falta de coherencia interior se muestra el resquebrajamiento de la idea de una Europa unitaria. La debilidad internacional de sus estructuras comunes apuntan hacia la conclusión inequívoca de que, no será protagonista de ninguna de las actuaciones relevantes globales -ya sean acuerdos pacíficos o guerras de posición-. Continuará consumiendo valiosas energías en tratar de resolver problemas interiores de cohesión, discutir campos de competencia privilegiada  para los grupos empresariales dominantes, y se anquilosará en los análisis de posibles actuaciones que no llegarán a ponerse en práctica o perderán su oportunidad.

Es una lástima. Considero irrenunciable el mantener como guía de la actuación de la especie humana la ética universal, lo que exige una coherencia plena entre lo expresado como principio y lo ejecutado. La Unión Europea tiene ahí, bien a la vista, no ya sus serios problemas de identidad, sino su falsedad doctrinal. La posición que adoptó la UE respecto a los refugiados sirios es incoherente con sus principios, éticamente inadmisible y perfectamente encajable con la filosofía Nimby, en la que los objetos a los que se considera como basura indeseable son seres humanos.

La Unión Europea no parece, sin embargo, ser consciente de sus problemas de coherencia deontológica cuando se  presenta como paladín mundial en las medidas de contención del cambio climático. Por eso, ahondando en la credibilidad de esa postura, podrían descubrirse raíces oscuras. Los objetivos de aumentar la participación de las energías renovables en el mix energético propio, apoyados, en especial, por Alemania y Francia (España, actuaría aquí en coherencia con su vocación de tonto útil), tendrían como fundamento comercial la posibilidad de obtener importantes beneficios empresariales en la implantación de las “energías limpias”, cuya tecnología dominan, en áreas internacionales con gigantesco potencial desarrollo (1)

En fin, la estrategia salvaje de la Unión Europea sería la de perseguir o ahuyentar de su territorio a los gorriones, en lugar de entender la importancia que representan para su propia existencia. En esta tragedia, los exiliados forzosos de los países en conflicto en Africa, los desplazados por la necesidad y por el atractivo de una vida teóricamente mejor, ocuparían el metafórico papel de los gorriones, y el mensaje sería el de: “Que no pasen” .

No me engaño, sin embargo, en la relativa falta de importancia de este efecto para desfigurar las conclusiones del análisis. La Unión Europea es una zona económicamente agotada, no tiene trabajos ni bienestar que ofrecer  al contrario) y su única trayectoria futura previsible es el declive.

He escrito en otros lugares, con mayor extensión, que el crecimiento en la implantación de las tecnologías de información y comunicación (TICs) está provocando un cambio profundo en la forma de concebir los servicios y su comercialización, que arrastrará pérdidas de empleo masivas, no recuperables.

No tiene recursos, su tecnología, siendo importante, no es puntera en sectores clave, y la industria contaminante y primaria, incluso de semitransformados, está ya externalizada o en vías. Me resulta inconcebible la aparente ceguera con la que se está viendo la cuestión, y, siendo evidentes los síntomas, solo encuentro justificación en los intereses que están detrás de los que afirman que las TICs crearán empleo, o que la sustitución de la industria pesada y de transformación por otras mucho más automatizadas o con materiales más ligeros, generará actividad local. El lema sería: “Aguanta mientras cobro”.

La destrucción de puestos de trabajo en los sectores bancario, en la contratación de paquetes turísticos, en la comercialización en todo tipo de sectores (ahora cada vez más centralizados por internet y con capacidad de contratación autónoma desde el propio hogar o la oficina) será creciente. Exponencialmente creciente, y en menos de una década. Y no será recuperable por otros sectores, ni  nuevos ni, por supuesto, el impulso a los tradicionales. La capacidad de consumo europea estaría vinculada a la generación de puestos de trabajo y riqueza y, parodiando una frase histórica: En los hogares europeos no cabe más, solo cabe mejor, pero…no tienen con qué pagarlo.

La incorporación de tecnologías avanzadas (sean las que fueren, o que el lector quiera considerar), no generará empleo neto. Cierto que se crearán puestos de trabajo más cualificados, pero no en número suficiente para todos los que aspiran a ellos. La dicotomía del mercado laboral en los países hoy tenidos por desarrollados y, especialmente, en Europa, está servida: se creará un inmenso gap, un vacío, entre los trabajadores con altos conocimientos (y bien pagados) y los que ocupen la escala inferior, como servidores de aquellos o del Estado. En el medio, estará la gran masa de población, viviendo de las subvenciones del Estado, mientras aguante .

La única salida de escape o descongestionadora sería la de desplazamiento de medios hacia los países en desarrollo, ayudándoles a crecer desde el terreno, en una cooperación abierta. El potencial sería, en efecto,  muy alto.

Para encajar en la puesta en valor completa de esa potencialidad ajena, hace falta una gran capacidad financiera, la existencia de estrategia cooperativa, en la que los beneficios mutuos estén claros…y se precisa resolver, también, un hándicap sicológico: el hospedante debe tener la certeza de ser el más beneficiado. El cooperante occidental debería asumir que su aportación será superior al beneficio obtenido,porque no se trata para él de crecer, sino de subsistir.

Hay un problema adicional, el más importante, para que la Unión Europea pueda tener sitio de relevancia en esa carrera por la subsistencia. Los sitios de primera está ocupados por potencias mucho más fuertes: China y Estados Unidos, en ese orden.

Habría que adoptar una posición conjunta, y de cánido domesticado. Mover la cola y contentarse con lo que caiga de la mesa. No existen aquí estrategias salvajes de las que tomar ejemplo, ni siquiera como aproximación provocadora. La cooperación en términos de igualdad entre animales es inexistente, y los ejemplos que se pudieran aportar serían solo aparentes.

Porque los animales solo actúan juntos: 1) como medida de defensa ante los depredadores (es el caso de las cebras y los antílopes frente a los leones, cocodrilos y otros carnívoros); 2) en casos excepcionales de unión aparente, porque mejora sus capacidades de ataque hacia las presas ; 3) por aumentar sus posibilidades de supervivencia en caso de ataque (cardúmenes de varias especies, cuyo tamaño está en relación con la subsistencia de especímenes si son masacrados por un ejército de tiburones, delfines y orcas); 4) porque una especie se subordina a la otra, ofreciéndole un servicio que la beneficia (garzas e hipopótamos); o 5) porque no pueden librarse de un huésped aprovechado (rémoras y tiburones, anémonas y cangrejos, lapas y mejillones).

Podría justificar este pesimismo crítico en que es hoy Sábado Santo, celebración cristiana caída en el olvido, salvo para justificar un período vacacional, y que la mayor parte de mis compatriotas parecen ocupados en la diversión fútbol, conciertos masivos, vacaciones, asistencia pasiva a procesiones, etc), en la confianza de que los problemas se resuelvan solos, por arte de birlibirloque (formación de Gobierno, reconstrucción de una red industrial con potencial de crecimiento, revisión inmediata de las fórmulas de enseñanza, sostenimiento del estado social, generación o potenciación de la cooperación empresarial, etc.).

Quizá espera que refugiarse en la propia concha, como hace el caracol cuando el tiempo está seco, traerá un tiempo húmedo… Esa no es, desde luego, una estrategia inteligente.

(continuará)

 

Estrategias salvajes. (Epílogo). Propuesta de estrategia para civilizados. Previsiones (1)

Desarrollo aquí las ideas generales sobre cómo evolucionará, con alta probabilidad, el escenario de interactuación de los seres humanos en el siglo XXI. Puede que, incluso, en el siglo XXII. Es un plazo cortísimo, considerado desde la perspectiva de nuestra evolución como especie.

Por eso, su título y, por eso, también, la necesidad de realizar dos puntualizaciones: es mi previsión, sin que haya que darle otra validez o importancia que la que le conceda el lector y su propia cualificación para valorar y decidir; y se refiere a la tendencia de los elementos sustanciales, no a los más evidentes, y, por supuesto, no a todos, que señalan las lineas evolutivas de la humanidad en su conjunto. ¿A dónde va la especie, si siguen actuando las mismas fuerzas directoras, y con la inercia o potencia que se detectan hoy, 25 de marzo de 2016, Viernes Santo?

Previsiones del desarrollo, principalmente, a corto plazo, de aquellos elementos sociales, económicos, éticos y filosóficos que considero sustentan la evolución de la humanidad.

Los principales factores de evolución de la humanidad en el momento presente, son fáciles de detectar, y enumero ocho, que separo en dos grupos de forma artificial (solo para evitar un párrafo demasiado largo):

Primer grupo: 1) el desplazamiento de las modalidades de trabajo y su retribución en los países occidentales por la tecnología, no solamente digital; 2) el incremento exponencial de la monetarización impropia de las economías orientales por la masiva exportación de productos elaborados, gracias a su mano de obra barata y a la incorporación de la tecnología; 3) el agotamiento de muchas materias primas juzgadas esenciales para el sostenimiento de algunos países, o su sustitución por alternativas no controladas por ellos; 4) la globalización parcial de la economía, generando tensiones inimaginables en el intercambio de productos y modificando las ventajas comparativas con extrema rapidez;

Segundo grupo: 5) la existencia de dos bloques económicos con distintos presupuestos ideológicos y las dificultades de plasmar un modelo conjunto de cooperación y crecimiento; 6) el cambio climático, que, debido a la muy probable incapacidad de controlarlo, supondrá aún mayores necesidades y sufrimientos para las poblaciones más pobres; 7) la resistencia hedonista a replantear, con solvencia, el empleo que se está haciendo del concepto de la ética universal, y 8) el aumento en la escasez o en la distribución desigual de agua, alimentos y otros elementos en amplias zonas del planeta (provocando mayor incremento de muertes, emigración desesperada, guerras).

En conexión con lo ya expuesto, detectamos la existencia de estrategias salvajes que, aplicadas por los colectivos humanos, pretenden tomar ventaja de algunas situaciones.

La alimentación de los pulgones por las hormigas es, sin duda, la estrategia que subyace en la compra masiva de propiedades agrarias en Africa  (y otras zonas), con el apoyo del gobierno chino. No es la única vez que se aplica, al contrario, es una de las estrategias más habituales: la ha seguido y sigue Japón en algunos países latinoamericanos, con el apoyo a centros educativos o asistenciales y la obtención de contraprestaciones en otros terrenos de los que obtener beneficios mucho más relevantes; las colonias y protectorados de los que los países de centro Europa han hecho amplio uso en Africa, América y Asia: Inglaterra,  en Egipto, India, Pakistán, Bangladesh; Francia en Marruecos, Argelia, Camboya, Vietnam,..; Bélgica en Ruanda, Burundi, Zaire; Alemania en Tanzania, Tanganica, Camerún, Togo, Samoa, …entregadas por el Imperio después de la primera guerra mundial a los vencedores. (1)

Podría citar también a España y Portugal, con sus conquistas trasatlánticas, que arrebataron territorios ajenos utilizando armas incluso misteriosas, o a los colones ingleses exterminando a los pobladores nativos en Estados Unidos, pero la diferencia entre estas actuaciones y las anteriores es que se concentraron en el siglo XV y XVI las primeras y, la enumerada en segundo lugar, durante el XVII y XVIII. Este trabajo no es un tratado de Historia. Quiero ir a lo elemental, esto es, a lo básico.

La estrategia de conquista y explotación ha tomado forma más sutil en tiempos más recientes. Se empleó, en apariencia, el modelo de ocas voladoras, si bien, con peculiaridades que lo caracterizarían como “modelo forzado de las ocas voladoras”. Los consorcios y las empresas más activas de países  avanzados tecnológicamente, a partir sobre todo de la mitad del siglo XX, empezaron a implantar sus instalaciones en los países menos desarrollados. Se beneficiaban así de la legislación permisiva o inexistente (en tema fiscal, laboral, jurídico, ambiental, etc,), de la mano de obra mucho más barata para producción de bienes que importaban, semielaborados o elaborados a sus países de origen y preparaban también el acceso al mercado interior de las zonas “colonizadas” tecnológicamente.

Esos modelos deben considerarse positivos en sus efectos. El caso de Japón y de los denominados dragones asiáticos ya fue analizado. Alemania también lo utilizó en China, con éxito. Estados Unidos utilizó un modelo combinado de oca voladora y dragón de Komodo, con una sensibilidad que, cuanto menos, se puede calificar peculiar respecto a los demás países que tienen como eje el principio activo de considerarse, gracias a las dos guerras mundiales, artífice global de la economía, líder mundial con capacidad para hacer y deshacer, al menos, hasta hace muy poco.

No es posible despreciar el análisis de la concentración de gases perniciosos en la atmósfera terrestre, por efecto de la combustión masiva de combustibles fósiles, que significaron el apoyo principal a la revolución energética, que impulsó el desarrollo de algunos países a niveles nunca alcanzados, provocando el mayor desequilibrio económico de la historia de la Humanidad y la amenaza cierta de una debacle extendida.

La estrategia salvaje seguida en este caso, se interpreta ahora por algunos como que se cerraron los ojos a los efectos que se estaban provocando hasta que se detectó que eran ya, en la práctica, irreversibles, es la propia del avestruz. Para quienes me hayan seguido hasta aquí, entenderán que opine, más bien, que es la estrategia salvaje de la avispa de las abejas.

No traté esta “estrategia del avestruz”, que, por cierto, ha sido siempre interpretada tendenciosamente. El animal no esconde la cabeza, cuando se ve amenazado de cerca, pretendiendo así no ver el enemigo depredador. Lo que sucede, detectado por zoólogos es que, para que su gran envergadura -la cabeza del adulto, gracias a su alargado cuello, se eleva por encima de los dos metros- no le delate, se oculta entre la vegetación, y baja la cabeza hasta el suelo.

Reinterpretada la estrategia de las empresas contaminantes, y de los países que podían haber impuesto restricciones a sus emisiones, no fue la de “esconder la cabeza para no ver el peligro”, fue la de esconderla a sabiendas para que no les vieran lo que estaban haciendo, conscientes de sus efectos.

En cualquier caso, las largas y tediosas negociaciones entre los países más contaminantes y los que aún están en fase de desarrollo y poseen recursos para quemar, vienen a demostrar que los acuerdos que se alcanzan son débiles, no tienen carácter vinculante, y como la amenaza está ya declarada cierta y próxima, se puede adelantar que antes de finales del siglo XXI la temperatura media de la Tierra subirá, al menos dos grados o dos grados y medio.

Los efectos de este aumento térmico serán terribles, y provocarán mayores desigualdades, inundaciones, hambrunas,…pero favorecerán a algunos países, que verán la opción de incorporar nuevos territorios y recursos (para seguir explotándolos) y que no se verán afectados sino positivamente por el aumento de temperatura.

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(1) Es una relación que no pretende ser exhaustiva, ni seguramente recoge siquiera los países que más se han distinguido en la explotación de otros. Faltan, por omisión voluntaria en este momento, aquellos que, partiendo de las zonas del Este han colonizado, arrasado o sojuzgado, tanto a vecinos como a distantes.

(continuará)

Estrategias salvajes (Epílogo): Propuesta de estrategia para civilizados. Contexto

A lo largo de diez capítulos, he presentado, de la prometida manera informal, otras tantas estrategias salvajes. He explicado que entiendo por tales, las realizadas por animales que siguen su instinto natural, sin obedecer a planteamientos organizados previamente, sino ejecutadas como consecuencia de pautas de conductas a las que se ven abocados seres, típicamente semovientes, programados por la naturaleza para actuar como lo hacen, como consecuencia de sus genes y de la evolución que han experimentado sus antepasados.

Satisfacen de forma eficaz, acorde con su hábitat y fisionomía, tres impulsos básicos de todo ser vivo: la fuerte inclinación a seguir viviendo antes que dejarse morir  o matar; la necesidad de alimentarse para proporcionarse energía suficiente con la que satisfacer la primera inclinación y, no en último lugar, esta otra: la tendencia, que puede convertirse en obsesión en determinados momentos de sus vidas, para copular con otros seres de su misma especie, para obtener, principalmente, placer y, subsidiariamente, descendencia.

En esas entregas, con fortuna y oportunidad que el lector habrá tenido ocasión de juzgar, traté, como corolario de cada una, de analizar la posible aplicación de esos comportamientos animales al mundo de la empresa, que se acepta, en una petición de principio que puede discutirse,  regido por directrices emitidas por entes racionales en continua evolución hacia la perfección: los humanos.

El medio en el que se deben desarrollar esas estrategias civilizadas es un magma que se crea por los propios intervinientes: el mercado. Se han hecho múltiples análisis y expuesto formas de predecirlo, y de influir sobre él, al menos, en el corto plazo. Incluso ha habido notabilísimas intenciones programáticas de negarlo, de domeñarlo a la fuerza.

En este Epílogo, con los elementos de que dispongo actualmente, de la observación de lo que veo alrededor, y de mis conocimientos -precarios y discutibles, por supuesto- de los seres humanos, de las empresas, y del mercado, emito, a forma de dictamen, esta

Propuesta de Estrategia para civilizados.

La propuesta tiene tres partes: una presentación del Contexto, una previsión del desarrollo a corto plazo de los elementos sociales, económicos, éticos y filosóficos que considero sustanciales y una formulación de la estrategia propiamente dicha.

Contexto

Hoy es jueves, 24 de marzo de 2016. Jueves Santo, según el calendario de efemérides por el que se rige el país desde donde escribo, España. Un país con unos 46 millones de habitantes, y con un peso relativo en la población humana mundial inferior al 1 % (se estima que en la Tierra viven 6.500 millones de personas).

Pertenezco a una especie que ha desarrollado una capacidad singular: la de analizar situaciones, imaginando las consecuencias de intervenir sobre ellas. Esa propiedad, que podríamos identificar con el raciocinio, no es igual para todos los seres humanos y se puede educar, es decir, desarrollar.

A lo largo del proceso de existencia de la Humanidad como colectivo, se han producido múltiples heterogeneidades en la especie. Las que interesan aquí, afectan a la forma de utilizar ese potencial diferencial de la especie, que alcanza su máxima eficacia si consigue aprovechar o destruir el potencial conseguido por otros.

Aunque el objetivo de los colectivos humanos se ha encubierto o disimulado de muy diversas maneras, existe una mayoritaria coincidencia subyacente, que se plasma a nivel individual de forma muy sencilla: facilitar la mejor existencia posible, utilizando, incluso, grandes esfuerzos. Esa simplicidad en la formulación del objetivo existencial, adquiere connotaciones cada vez más abstractas, justamente siempre que los sujetos humanos pretendemos concretarlo más: apelamos a la felicidad.

El estado de felicidad se ha vinculado recientemente, a la situación económica. Sin embargo, existen ejemplos, y muy posiblemente todo ser humano puede presentar su propia experiencia al respecto, de que hay momentos en cualquier existencia que no tienen nada que ver con lo económico y que se identificarían, -típicamente, a posteriori-, como haber atravesado por un estado de felicidad.

La felicidad por vías económicas es un propósito, en todo caso, que sería inalcanzable para la inmensa mayoría. El acceso a los aparatos tecnológicos que, según la información ampliamente difundida por grupos de interés, la proporcionarían por períodos más o menos largos, puede resultar muy cómodo para algunos, pero es imposible alcanzarla para la gran generalidad de la población humana, está interferido por la puesta en circulación de mercancías con prestaciones (ventajas) cada vez más apetecibles para el consumidor, configurando, irremisiblemente, la sociedad líquida, bien definida y estudiada a partir de las reflexiones de Zygmund Bauman.

El objetivo adquiere todavía mayor diversidad si se analiza el estado económico por países o zonas. Sea como fuera, a  escala de la población mundial, jamás ha tenido una formulación expresa. No existe una estrategia mundial para alcanzar la felicidad.

Creo útil profundizar en los fundamentos de la disparidad. Las diferencias más importantes entre los países y las zonas geográficas, provienen de las desigualdades de su desarrollo económico y tecnológico, y han sido  exacerbadas a lo largo de la Historia de la Humanidad, correspondiendo a impulsos bastante identificables Sobre todo, de forma reciente y, en especial, en relación con los desarrollos tecnológicos.

La secuencia de ese desarrollo se encuentra, actualmente, en crisis muy grave, que ciertos filósofos sociales caracterizan como la necesidad de un cambio de paradigma. La historia del ser humano no está documentada más que en unos pocos cientos de años  y solo de forma bastante deficiente), por diversos hallazgos paleológicos y antropológicos, se especula que nuestra especie o su inmediata antecesora existe desde hace 600.000 años o más. Lo que conocemos de cómo se llevó a cabo esa evolución es, por tanto, mínimo. Resulta curioso que, en una trayectoria tan longeva, algunos se planteen ahora la posibilidad de que la humanidad haya alcanzado un punto de no retorno.

Si fuere así, no habría que conceder excesiva influencia para proponer una estrategia colectiva cara al futuro, al proceso reciente de la especie humana en los últimos 3.000 o 4.000 años, del que puede deducirse que ha tenido una importancia fundamental en el desarrollo de los pueblos, la combinación de la utilización de la guerra y su consecuencia más clara, la usurpación de propiedades del vencido por el vencedor. Tampoco tendría tanta importancia analizar si están agotándose, o se descubrirán otros, los factores vinculados a los recursos naturales (incluida la mano de obra del esclavo, o del sojuzgado) y su rápida explotación, bien para favorecer el disfrute propio o para comerciar con ella, para disfrute de otros a cambio de recompensa.

Interesante sería, desde luego, valorar la influencia en el desarrollo humano de otros elementos no materialistas. Debe admitirse la gran importancia del desarrollo de una conciencia colectiva mayoritaria vinculada a percepciones o deseos de percepción de naturaleza extraterreste.

Dado que durante miles de años no se conocía en absoluto, -incluso se desconoce aún, a pesar de importantes avances-  como funciona la Naturaleza y si existen leyes que la rigen, la capacidad de raciocinio cubrió esa carencia imaginando que deberían existir uno o varios seres superiores, a los que se llamó dioses y a quienes, como medida de prudencia, rápidamente se tomó la decisión colectiva de rendirles pleitesía -sacrificios, tributos, plegarias, etc.-para aplacar sus ánimos o provocar su intercesión benefactora.

La elaboración de esta conciencia ha sido compleja, sofisticada, y, en cierta medida, perversa, pues se ha apoyado solo en suposiciones y, muy pronto, en la declaración de personas que confesaban haber recibido instrucciones y consejos de entes metafísicos e incluso, de fallecidos humanos. Estas personas, si se encontraron favorecidos por el azar, y utilizando sus dotes de convicción, trasladaron a los demás -al menos, por algún tiempo, en cada generación- la idea de que se hallaban en situación de superioridad, por herencia, vocación o juramento, para contactar con el más allá.

La cooperación con quienes disponían de mayor concentración de recursos, mayor fortaleza física, y contaban con el apoyo de quienes poseían mayores conocimientos y experiencias, fue fundamental. Los más beneficiados fueron, precisamente, éstos últimos, que pronto entendieron que deberían apoyarse en la magia para protegerse.

La hipótesis de existencia de organismos superiores a los hombres, y externos al mundo real, a pesar de no haber sido probada jamás, evolucionó a otra hipótesis, de efectos más directos y ventajosos, que implicaría que los dioses (uno o varios) nos han dotado de inteligencia no por azar ni efecto de la evolución, sino con el objetivo de recompensarnos  si cumplimos ciertos requisitos, cuando se produzca un efecto consustancial a todo ser vivo, del que nuestro raciocinio nos hace conscientes de que sucederá irremediablemente: la muerte. Se introdujo así en el proceso ilógico, una entelequia inabordable por la razón, llamada Eternidad,en donde los elegidos disfrutarán de  continuos goces, trasunto de los terrenales.

Las religiones han cumplido y cumplen, por ello, una función sustancial, pues da sentido a la existencia, cuanto menos, para una parte de la Humanidad, la de los creyentes. Son muchas las consecuencias derivadas para los humanos mientras vivan, y  algunos han sabido aprovechar la situación en su beneficio.

España, es hoy, constitucionalmente, aconfesional. Ha sido un país católico por excelencia, pero esto ha dejado de ser así.

En esta Semana, en muchos países, se conmemora la muerte de Jesús, o Jesucristo, (resaltando así que es Hijo de Dios, que es lo que significa Cristo), que acaeció hace unos 2.000 años, por crucifixión, precedida de crueles torturas, y tras un juicio totalmente irregular. Un asesinato con efectos de catarsis colectiva de una parte deplorable de la población, y del que se conservan testimonios.

En unos documentos escritos algunos años después de su muerte, se recogen aspectos de la vida del mártir, y decenas de sucesos portentosos protagonizados por el y por su control de las fuerzas de la Naturaleza que, junto a varias máximas de comportamiento. Esas máximas, deducibles básicamente de la ética universal, han conformado un grupo de religiones, durante algunos siglos identificables como cristianismo, que se han expandido con rapidez. Su perfección ritual se llama catolicismo.

La expansión del cristianismo se apoyó no tanto en la ética defendida, sino en la dominación o conquista de territorios ajenos, y en el enriquecimiento de su aparato de control, la Iglesia, y el perfeccionamiento de los ritos y del dogma.

El dogma cristiano se ha convertido en un elemento complejo. La religión es monoteista -venera un solo Dios, aunque considera que resulta de una combinación trinitaria metafísica-.  Algunas de sus varias ramas difieren de forma bastante exótica del tronco doctrinario original.

Los cristianos son actualmente la segunda religión mundial, con unos 1.400 millones de seguidores. Como colectivo, han perdido influencia política, si bien existen grupos de poder que se inspiran en su dogma.

Por el contrario, la religión musulmana, que puede considerarse una derivada del cristianismo, es la mayoritaria, con más de 1.600 millones de fieles. Surgió en el siglo VII, por reinterpretación del cristianismo y del judaismo, y una nueva revelación de la divinidad, expresada a un pastor analfabeto por medio de un enviado, el arcángel Gabriel. El judaísmo, la creencia esencial de la que derivan las dos religiones mayoritarias sigue siendo practicada por devotos localizados y relativamente influyentes, pero tiene, relativamente, muy pocos seguidores.

En el día de hoy, como consecuencia de la festividad, la ciudad desde donde escribo, Madrid, está prácticamente vacía, aunque están programados procesiones y algunos oficios litúrgicos. En ésta, como en la mayor parte de las ciudades, sus habitantes, aprovechando el asueto y el cierre de las escuelas, se han desplazado a la costa o a otras poblaciones más atractivas. En algunas de ellas, siguiendo una tradición que no se podrá desarraigar fácilmente, se celebra la Pasión de Jesús. Toma la forma de un espectáculo con varias representaciones a lo largo de la semana, con procesiones, cánticos, desfiles de gente encapirotada y señoras con mantillas, pasacalles con músicas paramilitares, y diversos oficios litúrgicos.

Muchos de los comercios cerrarán en la tarde de hoy, pero los restaurantes, en especial los situados en lugares de destino vacacional, harán lo que se llama “buena caja”. Se comerá y beberá con fruición: paellas, mariscos, cochinillos, chuletones, corderos, pescados variados; se beberán vinos y licores, … si bien, para los católicos, la Cuaresma es época de ayuno, penitencia, sobriedad.

No señalo estas cuestiones más que como contraste entre las razones y los hechos.

El martes de esta misma Semana, en Bruselas, la capital teórica de la Europa comunitaria, ha sufrido una serie de atentados (cuatro, al menos) en los que han sido asesinadas más de 30 personas y heridas más de trescientas, algunas de extrema gravedad. Han sido reivindicados por islamistas radicales de un Estado fantasma (en realidad, los islamistas son considerados musulmanes radicales, porque el mensaje de Mahoma, revelado por Alá, es contemporizador y, esencialmente pacífico). Así lo fue también el cristianismo, que está en la base de las peores guerras de conquista y destrucción.

La influencia de las religiones en el desarrollo de los pueblos, en la actualidad, ha disminuido de forma muy importante. Aunque existen países que apelan a su condición cristiana (tenida por religión aglutinante de las idiosincrasias occidentales, especialmente en la mitad norte), o a su carácter confesional musulmán (la religión dominante en los países de Africa y Oriente medio), las influencias dominantes hoy son aconfesionales.

Y, en ese contexto, el megapaís con potencia emergente más cualificada, que ya está provocando una modificación profunda de las estrategias de otros países, imponiendo la suya, China, ha puesto sobre la mesa mundial de interrelaciones, nuevos principios de acción. Como se sabe, la mayor parte (más del 70%, desde luego, según las estadísticas más conservadoras) de la población china es agnóstica o atea; solo de un 10 a 15% practica alguna religión; esa “religión” es, en inmensa mayoría el budismo (o un sincretismo de ésta con el taoismo y el confucionismo), que es, más bien, una filosofía de vida.

(seguirá)

Estrategias salvajes (10): La extraña fidelidad a los humanos de los Gasterópodos terrestres

Puede que si esta estrategia salvaje es leída por un experto en gasterópodos la encuentre algo traída por los pelos. Sin embargo, después de una discreta labor de investigación utilizando los medios a mi alcance, la defiendo como la más verdadera de todas las estrategias animales y, lo que es más importante, a los efectos de lo que me tengo propuesto con esta publicación, su aplicación al mundo empresarial tiene potencia.

La extraña fidelidad a los humanos de los Gasterópodos terrestres

Cuando me enteré hace un par de años de que en la excavación del yacimiento gravetiense -hace 25.000 años- de Cova de la Barriada (Alicante, cerca de Benidorm), se habían encontrado acumulaciones importantes de Iberus alonensis (un caracol propio de terrenos muy áridos),  en número y disposición que sugerían la aportación humana, me empecé a interesar por conocer más detalles de la superposición de los hábitats de los seres humanos y los caracoles terrestres. (1)

En Cova de la Barriada, los investigadores apuntaban que, por los vestigios encontrados, se había llevado a cabo la recolección de individuos de la especie, en su mayoría adultos, y que se habían tostado en algo parecido a un pozo de cocción, con pino y enebro.

Aunque se que no a todo el mundo le gustan los caracoles como alimento y hasta le pueden repugnar a alguien, por su aspecto baboso y el tipo de hábitat en donde normalmente los vemos,  valga como elemental justificación a mi curiosidad, que a mí siempre me atrajeron: tanto en el campo -es un espectáculo verlos aparecer por miríadas después de una descarga de tormenta en primavera- como en la cocina.

De niño, incluso, hacía competiciones con ellos, y ya entonces aprendí a distinguir algunos tipos. No todos, claro, ni mucho menos : el caracol degollado (Rumina decollata), el pequeño Xerosecta (Xerosecta sespitum), el moteado, el lobo (Euglandina rosea), el blanquillo, el turco. Hay quizá más de 1.000 especies en el mundo. Solo en Asturias se han detectado unas 120 especies de caracoles.

La más interesante de ellas y una de las primeras en que fijé mi atención, es  la Cepaea nemoralis, un caracol muy hermoso. Adopta colores muy variados, con bandas oscuras remarcando las circunvoluciones de la concha, y tiene una forma más esbelta y aplanada que la especie más común, el Helix pomatia o caracol de Borgoña, cuya morfología se estudia (o se estudiaba) en los libros de Ciencias Naturales de aquel Bachillerato (¡ay!).

Después de una lluvia repentina, preferiblemente en abril y mayo, los aficionados los recogen en abundancia, aunque suelen despreciar los que tienen conchas de colores, quizá imaginando que son venenosos. En los mercados, no es ahora raro ver en oferta sacos de caracoles “cultivados”, a precios muy asequibles.

El Cepae nemoralis es buen comestible y, para mi gusto, es más sabroso (aunque el guiso sabe, sobre todo, a ajo, perejil y picante). En las tierras de Aragón, que saben de eso, es especialmente apreciado.

Así que, cuando, leyendo informaciones sobre descubrimientos arqueológicos en asentamientos humanos, encontré varios artículos que confirmaban que se habían descubierto, en yacimientos españoles y europeos datados en el Paleolítico Inferior (período Achelliense, es decir, hace unos 600.000 años), acumulaciones de conchas de Cepaea nemoralis, con señales inconfundibles de haber sido cocidas para devorar su interior, no tuve dudas: los caracoles y, en concreto, mi gasterópodo terrestre  más querido, había estado al lado de nuestra especie, prácticamente desde el origen.

Recomponiendo todas las evidencias que se estaban acumulando, me imaginé que, desde los primeros asentamientos de nuestros antepasados, a poco de abandonar su vida nómada y convertirse en pecarios cultivadores de granos y vegetales, después de tener dominados el fuego y con los primeros resultados del tallado a golpes de la piedra contra la piedra, los Cepaea se habían incorporado sistemáticamente a la dieta de los neandertalenses y otros respetables homínidos, en una comunión recíproca nunca interrumpida desde entonces.

Los Cepaea, como supongo que otros caracoles terrestres con concha, formaron parte de las delicadezas gastronómicas de nuestros antepasados y lo siguen siendo hoy. Y, a riesgo de que a algún espíritu remilgado le repugne la imagen, los caracoles terrestres les degustaban a ellos, cuando fallecían (y no eran incinerados en una actuación contra natura). El ciclo se completaba de manera sublime, en una reciprocidad propia de novela de amor pantagruélica.

El lector atento no necesitará que le advierta que no me estoy refiriendo a todos los gasterópodos, sino solo a los terrestres y, de entre ellos, a los de huerta (que es como decir, de cementerio) y, de entre ellos, a los cepaea. Su gran distribución no tiene que ver con la cercanía al mar de sus colonias, por lo que se encuentran presentes en los espacios interiores habitados por el hombre más diversos. No me interesa saber o imaginar que nuestros antepasados comieran también otros gasterópodos que no tienen concha, cuando, además, ya que las partes blandas desaparecen, no nos sería posible encontrar la evidencia de su degustación por el hombre primitivo en ningún resto fósil.

Nadie duda que los moluscos marinos fueron dieta habitual de los antepasados que deambulaban por la costa, refugiándose en las oquedades kársticas. La hipótesis, es tan obvia que no necesita ser probada. Los mejillones, las liebres de mar, las caracolas o los bígaros serían fáciles de encontrar por esos hábitats, y, además, no necesitaban ni necesitan ser cocidos para degustar su excelente sabor: no hacía falta esperar a dominar el fuego ni al tallado de piedra.

Pero los Cepaea nemoralis se desarrollan, sobre todo, alcanzando carácter de plaga apetitosa, en los cercados, en los huertos controlados por humanos, en los cementerios. Y no nos han abandonado jamás, ni  nosotros a ellos. Puedo ver a las mujeres recolectoras limpiando las coles, los semilleros, las gramíneas de sus cultivos de estos gasterópodos, retirando de las plantas y hortalizas los  caracoles de colores, vigilando los bordes de los enterramientos, territorios sagrados y misteriosos en donde se concentraban los cepaea y los helix. Luego, con la cosecha proteica, machacando las cochas contra la piedra y degustando el interior como complemento a la dieta, cada vez más amplia, de los que habían sido hasta entonces cazadores de riesgo y recolectores de paso.

Por cierto, para quien quiera saber algún detalle curiosos, el cepae nemoralis es llamado por aquí comúnmente el caracol moro. Resulta especialmente resistente, en comparación a sus congéneres, a pesar de su aspecto más sofisticado.

Su pigmentación de colores no los defiende precisamente de sus depredadores, entre ellos los tordos, los erizos, las culebras. Incluso tienen un enemigo peculiar, un parásito del género Leucochloridiun, que los usan como huéspedes intermedios, que se instalan en sus tentáculos, y que atraen con sus destellos particularmente a los túrdidos, que se los comen encantados, rompiendo sus conchas a picotazos contra piedras planas (el observador puede distinguir esos “yunques de tordo” por los restos de conchas). Los tremátodos terminan su ciclo vital en estas aves, a las que infestan.

Estoy convencido que la asociación entre cepae nemoralis y homo sapiens ha sido ventajosa para ambos, incluso antes de que fueran tenidos los primeros como especiales delicatessen gastronómica por los segundos, agudizadas sus papilas gustativas por el ajo y la pimienta . Los huertos y los campos cultivados, las tapias de los cementerios, los ortigales, matujos, parterres y bardiales, en donde viven sus vidas hermafroditas y extremadamente fértiles los caracoles terrestres, han sido lugares creados tanto por la razón como, a veces, por la negligencia del hombre, en donde florecieron. Es lamentable que ahora, por el empleo de los productos contra babosas y caracoles, sus poblaciones retroceden, envenenadas.

Ignoro si esta colaboración natural entre hombres y caracoles terrestres estará llegando a su fin. Ojalá no, y las dos especies sigan su camino de misteriosa interdependencia. No quiero especular tampoco sobre el efecto de la desaparición de esa especie que nos ha acompañado tanto tiempo, que forma parte de nuestro ciclo vital como nosotros del suyo. ¿Qué podrá sustituirla? ¿Comerán nuestros descendientes tijeretas, miriápodos, hormigas?

Si desaparecen quizá será parecido a lo que sentimos cuando vamos a la peluquería de costumbre, o a comprar el periódico al quiosco habitual, o al bar donde tomamos el aperitivo, y nos damos cuenta de que la persona que nos atendía no está allí. Sabíamos apenas su nombre, recordamos mal los detalles de su fisionomía, no hemos intercambiado con ella más de un par de palabras en cada ocasión, desconocemos hasta lo más básico de su vida, pero resulta que, ahora, cuando se fue, la echamos de menos.

Nos da pereza explicar a este desconocido que ocupa su sitio, llegado de no sabemos dónde, cómo ha de ser el corte de pelo, cómo queremos el café, nuestros colores preferidos, cuál es nuestro diario habitual,…ése que nos reservaba el ausente incluso cuando nos ausentábamos unos días.

¿Lo habrán despedido? ¿Estará cobrando el paro en su casa, se habrá prejubilado, se habrá apuntado a un curso de operador telemático? Las estadísticas solo reflejan números, sin nombres, sin precisar intenciones, sin análisis personalizados.

Me ha costado últimamente encontrar en Asturias ejemplares de cepaea nemoralis. En los fríos cementerios de población grande, aunque aumenta exponencialmente el número de las tumbas abandonadas, no hay apenas caracoles en los muros; se habrán ido, supongo. Es preciso ir a los cementerios de pueblo, esos con las tierras húmedas, los muros cubiertos de hiedra, con los cántaros de flores que fueron frescas ahora pudriéndose sobre las lápidas. No tengo porqué alarmarme, supongo. Los caracoles seguirán con nosotros en libertad, a pesar de que nos comamos ahora los cultivados. Quizá en las ciudades, ahora que llueve menos, los caracoles se aletarguen en lugares más escondidos, en suelos más profundos.

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(1) Quizá haya que anotar que la costa, en esa época, estaba bastante lejos, a varias decenas de kilómetros.

Estrategias salvajes (9): Las consecuencias de exterminar a los gorriones

En alguna parte leí que se han catalogado más de 2 millones de especies animales, y ese número se cree que es una parte menor (menos del 3%) de las que puede haber en la Tierra. Las que han sido domesticadas por el hombre o le proporcionan servicios tenidos por directamente útiles para esta especie depredadora máxima son, relativamente, insignificantes.

El desconocimiento de cómo se desarrollan las cosas a nuestro alrededor, al menos, con detalle, no impide tener opinión acerca de algunas especies benefactoras que, desde su libertad de acción, nos ayudan a que nuestra vida sea mejor. Entre estos animales se encuentran, en selección representativa de otros muchos, los luciones (esculibiertos en mi patria chica), los sapos, los pececillos de plata (lepisma saccharina), las salamanquesas, las lombrices de tierra, y…por supuesto, los gorriones.

No siempre ha sido así. Ni siquiera hoy es unánimemente admitido que los gorriones, como otras aves, deben ser protegidas. De aquí que sea necesario hablar de algunas estrategias salvajes que han pretendido eliminarlos y contar su historia.

Las consecuencias de exterminar a los gorriones

El gorrión común (passer domesticus) es bien conocido por todos, ya que en nuestro país y en varios europeos es el ave más abundante, superando ampliamente a su inmediato seguidor, el pinzón vulgar (Fringuilla coelebs), que ocupa espacios más abiertos.

Los gorriones son omnívoros y en las ciudades, parecen omnipresentes. No es raro ver acercarse a unos cuantos a las terrazas al sol en donde tomamos el aperitivo, atentos a que les arrojemos unas migas de pan o unos trocitos de patata y, los más atrevidos, corretearán sobre la mesa picoteando cualquier desperdicio y hasta picoteando el pincho de tortilla.

Con varias expresiones, el lenguaje común revela tanto la devoción hacia algunas cualidades atribuidas a los gorriones, como algunos recelos. Su carácter oportunista las caracteriza como una de las aves más inteligentes, y algunos dichos populares reflejan que no pasan desapercibidas. Se puede ser “listo como un gorrión”, “comer tan poco como un gorrión”, y con la clarividencia de Perogrullo,  también se nos recuerda que “cada gorrión tiene su corazón” y “para matar un gorrión no hace falta un cañón”.

Hay una historia respecto a los gorriones que recoge una estrategia nefasta, surgida del más profundo desconocimiento del papel que juegan en la naturaleza. Mao Ze Dong, en el año 1958, como parte del proyecto “Gran Salto Adelante”, y para potenciar la agricultura, puso en marcha la campaña de las “Cuatro Plagas”. Se proponía eliminar completamente cuatro especies, consideradas extremadamente dañinas: ratones, moscas, mosquitos y gorriones.

En defensa de la orden de exterminar al gorrión, el programa utilizó el argumento de que cada ave venía a comer unos 4,5 kg de grano anualmente, por lo que, con lo que se tragaban 1 millón de gorriones, se podría alimentar a 60.000 personas (calculaba 75 kg de grano por persona y año: ¡solo 200 gramos diarios!…en tanto que la proporción del grano que se imputaba a la voracidad de los pájaros duplicaba prácticamente la realidad).

La población china se empeñó con diligencia al exterminio, destruyendo nidos y ahuyentando a los pájaros adultos, impidiendo que procreasen. El aforismo que guiaba a Mao era impecable: “Ren Ding Sheng Tian” (La determinación del hombre vencerá sobre la naturaleza). Hasta en Corea del Norte, el presidente Kim II-Sung se sintió también motivado para aniquilar en su territorio los dañinos gorriones, si bien, prudente, esperó a conocer los resultados en el país vecino antes de implantar su Plan Trianual para Eliminación de los Gorriones.

Pocos años bastaron (dos) para que los fanáticos de la lucha contra los gorriones se convencieran de que estas aves comían muchos más insectos que granos. Al desaparecer masivamente por el éxito de la campaña, los campos quedaron entregados a los insectos. Las cosechas disminuyeron en picado. En 1960, convencido de que se había equivocado, el gobierno maoísta lanzó una nueva recomendación “Suán Le” (Olvidadlos) y el sitio de los gorriones fue ocupado por las cucarachas.

El daño estaba causado, sin embargo. Una terrible plaga de langostas asoló los campos, causando tres años de “Gran Hambruna”, en la que murieron más de veinte millones de personas, sobre todo, los campesinos más pobres. Se pidió, incluso, un cargamento de gorriones a Rusia, para acelerar la repoblación de las aves esquilmadas.

Actualmente, los gorriones son especie protegida en China desde 2001 (por ley, desde 2002), aunque este cambio en la valoración oficial no está impidiendo que su población siga disminuyendo, al parece, como consecuencia ahora de los pesticidas.

No necesitamos, en realidad, poner la vista tan lejos. En España, hasta no hace mucho -e incluso, de forma ilegal, ahora mismo en ciertos antros-, en los bares y tabernas, sobre todo, desde Madrid a Andalucía, se ofrecían como aperitivo “pajaritos fritos”, una delicatesse culinaria formada por aves de pequeño tamaño, entre las que se encontraban el gorrión, el tordo, el petirrojo o la curruca capirotada. Se cazaban con redes y se freían en aceite, normalmente lardeados con tocino y condimentados con dientes de ajo y perejil.

A partir de la vigencia de la Ley 4/1986 de Conservación de los Espacios Naturales y de la Flora y Fauna Silvestres, en el territorio español quedó prohibido de forma absoluta “dar muerte, dañar, molestar o inquietar intencionadamente a los animales silvestres, incluyendo su captura en vivo y la recolección de sus huevos o crías, así como alterar y destruir la vegetación. En relación a los mismos quedan igualmente prohibidos el tráfico y el comercio de ejemplares vivos o muertos”. El Anexo I del Real Decreto 1095/1989 y el Real Decreto 439/1999 prohíben terminantemente la caza y comercio de aves fringílidas y de la mayor parte de las aves insectívoras. Numerosos Decretos y reglamentos autonómicos han extendido y precisado estas prohibiciones.

Las conductas sancionadas no solo se consideran ilícitos administrativos, sino, también, penales, y se encuentran tipificadas en los artículos 332 a 337 del Código Penal de 1995.

Pero los gorriones no están desapareciendo solo por causa de su captura para pasar por la sartén y, sobre todo, se cree ahora que su propia existencia es un indicador de otra especie que puede estar amenazada. La humana.

Seo/Birdlife  ha elegido al gorrión “Ave del año 2016”, advirtiendo que su población en Europa ha disminuido quizá un 60%. Se calcula, por diversas fuentes, que habría, hace diez años, más de 60 millones de gorriones y actualmente la población en España, menos afectada relativamente, habría caído de un 10 a 15%, afectada por la contaminación, las aves invasoras, los venenos y la caída de las propias defensas inmunológicas.

Cuando leo que la economía necesita de un tejido de pymes, como base estructural para su mejor solvencia, pienso en los gorriones y en la necesidad de aplicar una estrategia coherente.

Porque se puede creer que las grandes empresas, los grupos internacionales, son imprescindibles para el desarrollo social y económico. Lo son, desde luego, en cuanto que concentran núcleos importantes de empleo: el cierre de uan empresa con diez o treinta mil trabajadores es un trauma inmediato para miles de familias y conmociona una o varias zonas en donde estaban implantados sus centros de producción.

Sin embargo, el control de sus actuaciones se escapa: sus centros de decisión están alejados, su fortaleza económica es, en muchos casos, más fuerte que la del Estado, y pueden tomar sus decisiones con muchos menos condicionantes. Al fin y al cabo, sus consejos de administración tienen perfectamente claros sus objetivos e intereses.

Nuestras pymes, por el contrario, son como nuestros gorriones empresariales. Desaparecen suavemente, sin que advirtamos el efecto hasta que alcanza límites alarmantes. Su disminución es claro síntoma de alarma, que demuestra la debilidad de nuestra economía, su falta de capacidad para resistir, la contaminación por elementos foráneos que no sabemos cómo controlar.

Deberían analizarse con urgencia las razones por las que las pymes mueren y las que nacen, tienen peor arraigo. Demasiadas peluquerías, mercerías, bares, tiendas de comestibles, librerías de textos escolares, bollerías, …Demasiadas sucursales de Bancos, tiendas de todo a cien, franquicias de ropa china, bufetes unipersonales, dentistas, …

Hay que disponer comederos y abrevaderos en los lugares estratégicos para que críen y se reproduzcan, con ideas imaginativas. Hay que criar inquietudes empresariales en las Universidades y centros de formación profesional. Porque las pymes viven en nuestro entorno próximo, anidan en nuestros tejados industriales y comerciales.

No se si encontraremos alternativas mejores para distribuir los beneficios de las empresas entre el grueso de la población que la vía del trabajo remunerado. Mientras no las encontremos, impulsemos la generación de pequeñas empresas, esforcémonos en incrementar el número de gorriones, orientándolos. Ellos no se comen el grano de nuestro imprescindible desarrollo, se comen los insectos que lo deteriorían.