Epílogo:…y utilizar más grados de libertad

(Continúa aquí, y finaliza con esta segunda entrega, el Epílogo de “La Granja Humana”,  una ficción con indudable parecido con la realidad, cuyo título completo para la versión inglesa sería: “The human farm: a factory of hopes, welfare, poverty and delusions”)

Quinta orientación: Fortalecer las políticas mejorando la competencia de los políticos

De la lectura del epígrafe, no pretendo que se interprete, sin más, que los políticos de la jaula hispana son incompetentes. No tendría razones para afirmar algo así, y, desde luego, “no los conozco a todos”.

Por ello, la afirmación del presidente actual del Círculo de Empresarios, mi compañero de profesión en la ingeniería, Javier Vega de Seoane, de la que ignoro el contexto exacto, aunque pronunciada en relación con la falta de acuerdo tras las elecciones de diciembre de 2015 (“Si los partidos políticos funcionaran como las empresas, cambiarían de líderes tras un fracaso como éste”) me parece poco afortunada, porque parece una indicación a que las empresas deberían ser el modelo a seguir por la política.

En cualquier caso, en todas partes cuecen habas, como dice el dicho, (y en la mía, a calderadas, como reza la obligada continuación del dicho popular).

Sin desviar la atención hacia otros colectivos, el silogismo admitido es que la política es cuestión delicada que exige una especialización y que, por tanto, debe encomendarse su ejercicio a un tipo muy concreto de profesionales: los políticos.

Hay, al menos, dos razones para estar en desacuerdo: una, de base genérica. Para hacer algo bien, además de conocimiento y dedicación, hace falta experiencia. Tanto da que se trate de empresarios, políticos, médicos, comandantes de aeronave o… maestros soldadores. Para llevar a cabo con solvencia la gestión pública, los competentes naturales deberían ser los funcionarios de cada una de las ramas de actividad de las Administraciones, quienes, con los años, serían quienes pueden acreditar la experiencia práctica. Los políticos, por supuesto, pueden llegar a acumular una importante y específica experiencia, pero en cuestiones que  poco tienen que ver con la gestión de la cosa pública, y sí con el desarrollo de su capacidad de convicción, su éxito como vendedores.

Como segunda razón, no comparto la práctica institucionalizada de considerar el acceso a los puestos clave de la gestión pública, como un premio para los políticos. Cuando los partidos consiguen cuotas para nombrar puestos de responsabilidad en los poderes públicos, y cuando éstos son de libre designación, echan mano prácticamente en exclusiva de personas que desde su más tierna juventud se han dedicado al ejercicio de la política. Los convierten, como reconocimiento, en ministros, consejeros de comunidades autónomas, presidentes de empresas públicas, directores de organismos dependientes de las Administraciones,  embajadores, asesores municipales, etc.

El efecto derivado de esta estrategia de pura naturaleza excluyente es que el valor de cambio del político en el mercado laboral queda abrillantado por la experiencia adquirida como gestor de los intereses públicos, y especialmente, por el conocimiento adquirido desde la torre de mando de los entresijos de la Administración, robustecidos por la información confidencial que proporciona esa posición. La teoría viciosa de las puertas giratorias viene a confirmar que no son excepcionales las incorporaciones de ex altos cargos a alguno de los grupos privados con los que se relacionó mientras se mantuvo en ellos, sin que tampoco me apetezca descartar a los políticos con tan excelsa capacidad que pueden culminar su carrera académica, obteniendo doctorados o cátedras, mientras ejercen la -en teoría- absorbente función de gestionar lo de todos.

Ni siquiera estoy de acuerdo en que, por pertenecer a un partido concreto, se está mejor cualificado para cumplir el programa -si existe éste- con el que se ganaron las elecciones. En el ejemplo de la empresa, al que ahora sí vuelvo, los mejores gestores no son los herederos de los fundadores de la misma y, en puridad, ni siquiera los que tuvieron la idea y la lanzaron al éxito. Aquello de :”Soy un buen político porque lo que hago es política, y lo vengo haciendo desde muy joven” es un oxímoron, una falacia por petición e principio.

Debería de prevalecer, justamente, la tesis contraria. Tendrían que ser aquellos profesionales, que hubieran ejercitado su competencia en el sector privado, los que en un momento de madurez, vencida la etapa de aprendizaje, encontrasen en el acceso a un puesto público, su consagración al servicio de la sociedad. En beneficio de todos. Una puerta giratoria, al revés.

Apuesto doble contra sencillo a que se encontraría de esta forma una solución más adecuada al problema de credibilidad que tiene planteado la jaula hispana, y que puede agudizarse más. Porque la frustración de expectativas provocada por la grave crisis económica va agravarse aún, por la ignorante difusión de mensajes supuestamente salvíficos que carecen de viabilidad, emitidos por aquellos que tienen poca idea de cómo funcionan los entresijos de la Granja ni valoran las capacidades reales de la jaula hispana para encajarse u oponerse a ellos.

Sexta orientación. Detectar las líneas de desarrollo más adecuadas en relación con las ventajas comparativas, ya sean naturales o generadas

Ni qué decir tiene que el descontento de una parte importante de la población española tiene serios fundamentos. Casi nadie protesta por diversión o porque le paguen por hacerlo. Los millones de votos conseguidos por la formación de Podemos, o el núcleo fiel de la Izquierda comunista, son reales, serios y no provienen de aves antisistema. En absoluto. La crisis es real, y es duradera. Y si las protestas se dirigen contra la forma de Estado, la Constitución, las entidades financieras o los partidos que gobernaron hasta ahora, no es mala fe. Es mucho peor: es por ignorancia.

La recuperación económica, en términos de generar los millones de puestos de trabajo que se han perdido por la crisis, será imposible si no se alimentan líneas de desarrollo de mucha fuerza, que deben crearse o potenciarse en relación con el contexto de otros intereses en la Granja global. Además, debe tenerse muy presente que no basta con que se mejoren las cifras de beneficio de las cuentas de explotación empresariales, o se presenten incrementos de sus facturaciones anuales. Hay que analizar a qué se deben: si conseguidos por aumento de las exportaciones, o por haber desplazado a las empresas que empleaban metodologías tradicionales con tecnologías más eficientes, o por compra de otras empresas. Algo muy distinto de construir un entramado industrial alternativo en pocos años, que tape los graves agujeros causados por el boom (esto es, el estallido) inmobiliario y la brusca detención de la carrera alocada de planes públicos de mejora de las infraestructuras.

Siempre que reflexiono sobre la teoría -de base bíblica- de los ciclos económicos, y recorro, en ejercicio mental o literario, las múltiples explicaciones sobre los mecanismos que hacen alternar los momentos de recesión con los de esplendor, me pregunto por qué hemos convertido en un misterio algo que tiene una justificación técnica sencilla.

A nivel de Granja, el crecimiento del Producto Interior Bruto Global de la Granja se encontrará sistemáticamente con la resistencia que ofrecen los explotados o más perjudicados ante los que procuran concentrar para sí los máximos beneficios. A mayor resistencia, el ciclo será más largo, las oscilaciones más atenuadas; si las perspectivas de beneficio son altas, la avidez por hacerlo efectivo, mayor,  y el ciclo será más corto pero con superiores tensiones. La producción de la Granja sufre continuos impulsos que le hacen parecer una cuerda sostenida por sus extremos por dos infantes jugando a provocar movimientos ondulatorios por pura diversión.

Además, el asunto de fondo no es ése. El crecimiento en términos económicos del PIB de la Granja ya no sirve para medir el aumento de bienestar en muchas áreas. Los aproximadamente 80 billones de dólares/año en los que se calcula aproximadamente su valor total (en 2015), están muy desigualmente distribuídos: Estados Unidos, Europa y Asia Oriental (China y Japón), concentran, por partes iguales, más del 70%.   porque los índices Puede parecer una afirmación a algunos evidente y a otros, controvertida. Si algo cabe esperar es que, en el corto plazo, Estados con economías que venimos llamado emergentes, presionarán sobre los Estados con economías derivadas hacia el sostenimiento de la economía de bienestar, que se hará imposible. También las corrientes migratorias dejarán de poder ser contenidas con policías de frontera, concertinas y mamporros. No será posible seguir generando guerras y episodios de desentendimiento entre etnias, religiones o castas donde apetezca a quienes ahora tienen interés en controlar La Granja.

Me apetece citar a un teórico sobre cuyas teorías ha llovido mucho, aunque la frase tiene aplicación para poner en evidencia la debilidad de los planteamientos globales en La Granja (« Pour découvrir les meilleures règles de société qui conviennent aux nations, il faudrait une intelligence supérieure, qui vît toutes les passions des hommes et qui n’en éprouvât aucune… Il faudrait des dieux pour donner des lois aux hommes. » Jean-Jacques Rousseau, Du Contrat Social).

Si a nivel global, comparto la opinión de que no hay mente humana capaz de predecir hacia dónde irá la Humanidad, sin embargo, encuentro mucho más sencillo elegir las líneas de orientación para un país intermedio, como el de la jaula hispana.

La timorata aplicación hispánica de los amplios conceptos de “libertad de mercado” y “capitalismo liberal” ha restringido las intervenciones desde el Estado sobre la economía o, más bien, las ha desplazado a un maremagnum sin ton ni son de decisiones tomadas, en su mayor parte, desde las Autonomías regionales. Ha sido un error mayúsculo que tuvo (y tiene, porque el mal prosigue) efectos perniciosos sobre la economía real, y ha causado un despilfarro de recursos. Las Sociedades de Promoción Regional, los Institutos de Desarrollo autonómico, la parafernalia de instrumentos para fomentar la iniciativa local, sirven para muy poco, y por razones fáciles de entender, en realidad.

Sin orientación desde arriba, no es de esperar que las iniciativas privadas sean capaces de proponer emprendimientos con valor diferencial: saldrán muchas peluquerías, instalaciones de despiece de conejos, fabricantes de queso o pan artesanal, cooperativas de tres al cuarto y, en el menor de los casos, petición de ayuda para implantación local de multinacionales que lo que agradecen, pero no necesitan para ganar aún más dinero es un terreno barato y publicidad ya sea para su casino, la nave de ensamblaje de componentes o la instalación para productos químicos más o menos contaminantes.

Soy partidario de la definición de sectores preferentes para la jaula hispana. Somos, al fin y al cabo, un país intermedio, sin apenas recursos naturales (salvo el sol, el agua y un legado histórico monumental relativamente bien conservado, pero de mantenimiento costoso). Esos sectores preferentes podrían ser: el energético (con dedicación especial a las energías no contaminantes y renovables), los materiales especiales (cerámicos, aplicaciones del grafeno, muy alta resistencia y comportamiento ante solicitaciones extremas, etc.), transformaciones de productos agropecuarios de mayor valor añadido (y su distribución), diseño industrial con incorporación de valores ergonómicos, seriales, etc. y, por no hacer la relación muy larga, la concepción y elaboración de productos farmacéuticos y biomédicos (con orientación positiva hacia la gerontología o enfermedades especiales o raras)

Impulsar empresas y proyectos en las llamadas nuevas tecnologías (TICs) es, no ya una posibilidad, sino una obligación ineludible para un país que pretende recuperar, y no desea volver a perderlo el contacto con la élite tecnológica.

Cuando pienso que el “sector de defensa” -es decir, la fabricación de armamento- ha sido y es uno de las bases del desarrollo tecnológicos de Estados Unidos, Canadá o Israel, me pregunto, a fuer de pacifista (pero no ingenuo) por qué no hemos conseguido conectar de forma fluida, directa, absoluta, la industria del sector en la jaula hispánica -incluido su centro de investigación muy cualificado, el INTA (1)- con el resto de sectores industriales “civiles”. Las tecnologías de comunicaciones e información ofrecen una estupenda oportunidad de enlace entre lo civil y lo militar que ayudaría, además, a encajar la carrera de muchos profesionales del Ejército en la vida civil, cuando terminara su servicio activo.

Séptima orientación. Revisar, con visión trasversal, el funcionamiento de la administración pública, del poder judicial y, en general, de todos los instrumentos de acción del Estado

A nadie le gusta que le juzguen, y a los jueces, menos. Pero es hora de indicar que la independencia del poder judicial tiene que ser revisada. Una cosa es la no injerencia en la función de administrar la Justicia, que es aplicación profesional de la legislación, y otra muy distinta, impedir que la labor profesional de los jueces no pueda ser juzgada por criterios externos, neutrales y objetivos, no empañados ni por el respeto a los órdenes superiores de la carrera judicial o por la prohibición -más de uso que de fuero- de emitir juicios sobre los jueces.

Ha de ser posible, y sin cortapisas, enjuiciar, no solamente las Sentencias de cualquier orden judicial -labor que, por fortuna, es cada vez más frecuente, perdido el miedo a criticar a magistrados de los Tribunales llamados superiores, incluido el Supremo-, sino a los jueces. Saber los porcentajes en que las Sentencias de un juez o Sala son revocados o revisados por el orden superior. Abrir el debate opinión sobre los comportamientos en los foros, permitiendo la expresión, no anónima, sí fundamentada, acerca de lo que se ventila en los foros. Porque, aunque las vistas son, en general, públicas, el público no asiste a ellas, más que cuando alguna circunstancia puramente morbosa hace un proceso mediáticamente atractivo, sin nada que ver con la administración de Justicia.

Lo dicho para los jueces, para los que es exigible una estructura no judicial que supervise, de manera independientemente y con transparencia hacia la opinión pública, las actuaciones de los jueces y magistrados, obligando así a un control externo muy aconsejable de esta función del Estado moderno que Montesquieu distinguía, de forma arcaica, como uno de los tres poderes independientes, vale para toda la administración pública. No basta el Congreso de Diputados y, en buena medida, tampoco serviría para lo que es necesario hacer que la eficiencia de la Adminstración tenga parámetros  medibles, individualizados y…públicos.

En relación con la administración de Justicia en la jaula hispana, una cuestión fundamental y, debido a su complejidad, arrumbada, es la revisión de las penas previstas en el Derecho Penal, relación con la gravedad de los delitos -las disparidades e incongruencias son notables-. Otra, no menos importante, es el abrir el debate acerca de los cometidos pretendidos -no los fantasiosos, ingenuos o voluntaristas- por la reclusión de los penados: ¿simple reclusión como castigo? ¿verdaderamente procurar la reinserción del penado? ¿para qué sujetos, en qué casos y de conformidad con qué delitos?

Finalmente, y por cerrar este capítulo, debería reordenarse la tremenda complejidad de las leyes y normativas de determinadas áreas, empezando por la ambiental y siguiendo por el derecho urbanístico y deteniéndose con cinturón y tirantes de la calma más resistente, en el laboral. Demasiada disparidad, redundante o contradictoria complejidad, que hace imposible la aplicación correcta del principio “dame los hechos, que yo (el juez) te aplicaré la ley correspondiente”. ¡Si cada día surgen unas cuantas decenas de disposiciones en algún lugar legiferante de la jaula hispana! Basta tomarse la molestia de estudiar las modificaciones, revisiones, anulaciones y remisiones de una Ley cualquiera, para entender que el orden jurídico está lleno de lagunas, posibles superposiciones de criterios de aplicación presumiblemente contradictorios y, en fin, huecos para la interpretación abierta de lo reglado…

FINAL

Termino aquí este relato sesgado, seguramente pretencioso, genuinamente superable, de la Granja Humana, con especial detención en la Jaula Hispana y claro sesgo hacia el momento actual. Me hubiera gustado ser Tony Judt para sacar más enjundia al panorama descrito y poder terminar este relato con algo parecido a esta conclusión: “Sea el que fuere, el nuevo orden de la Jaula hispana, estará siempre unido a los signos y símbolos de su pasado, y su propia concepción como impulsora de renovadas ilusiones, constituye un éxito notable. Para que los españoles conserven ese vínculo vital con sus antecesores, para que el pasado siga proporcionando al presente un contenido que no sea únicamente reprobatorio y se constituya en un objetivo moral y alimente metas con futuro, habrá que enseñárselo de nuevo a cada generación. Porque cada nuevo orden que se imagine en la Jaula, puede que se considere una completa renovación, una destrucción absoluta de lo anterior, pero por innovadora que se crea la respuesta a la Historia, siempre estará vinculada a ella, y jamás podrá borrarla ni sustituirla.” Pongo entrecomilladas las frases, pero el lector de Judt podrá detectar que me he inventado gran parte del contenido. (2)

Madrid, 15 de mayo de 2016

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(1) El repaso a la situación actual de los centros de investigación que “fueron en otro tiempo Italica famosa” es desesperante: falta de medios, de personal investigador de recambio, de ilusión u objetivos: CSIC (Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja, Cebtro de Automática y Robótica, Centro Nacional de Investigaciones Metalúrgicas, Instituto Nacional del Carbón,…)

(2) Tony Judt, “Postguerra, una historia de Europa desde 1945” Ed. Taurus, 2006

Epílogo: Romper barrotes

“Yes, a violent quarrel was in progress. There were shoutings, bangings on the table, sharp suspicious glances, furious denials. The source of the trouble appeared to be than Napoleon and Mr. Pilkington had each played an ace of spades simultaneously” (*)

(George Orwell, Animal Farm, 1944,  Penguin Books, pag. 120 /Ed. 1971)

En este paseo virtual por la Granja Humana he recalado en la jaula hispánica, en la  que yo mismo habito y, como no es cosa de reclamar indefinidamente la atención del lector -que puede que tenga otras preocupaciones-, me apresto a sacar algunas Conclusiones. Porque cualquier ensayo, por modesto que sea, debe tenerlas.

Supongo que quien haya seguido el paseo hasta aquí habrá detectado que no soy de los que animarán a hacer revoluciones.  Me gustaría aquí decir que coincido con Keyness cuando escribió: “Puedo estar influido por lo que me parece ser justicia y buen sentido, pero la guerra de clases me encontrará del lado de la bourgeosie educada”, aunque debo expresar de inmediato que, si esa frase representa los principios ideológicos keynessianos , discrepo de forma radical. Mi educación burguesa y mi formación académica tradicional, son solo parte de la base sobre la que he construido una visión de la Granja que es, sobre todo, experimental.

Al haber sido configurada mi visión a partir de experiencias propias -y, dado el período tan corto de la vida humana, en relación con la Historia de la Granja, “recientes” y “limitadas”- no desdeño que se pueda converger -actualmente, de forma pragmática, desde posiciones de fondo aparentemente muy alejadas.

Los ejemplos en el conjunto de la Granja son muchos y, en nuestra jaula, no faltan. La política llevada a cabo por el primer gobierno de Jose María Aznar no se separaba mucho, por la cuenta que le tenía a los intereses económicos y sociales, de la línea de los gobiernos de Felipe González: los logros de la economía del bienestar eran intocables. Tampoco cabría explicar de otra forma que como producto de un utilitarismo rentable para las propias formaciones políticas, que, para ahogar al PSOE, el PCE, bajo la dirección de Julio Anguit, hubiera planteado sin rubor acuerdos con Alianza Popular, en la primera aplicación española de la técnica italiana del sorpasso (adelantamiento) político.

La presentación conjunta en las elecciones del 27-J de 12016, por parte de Izquierda Unida y Podemos es, nuevamente, un intento de apariencia juguetona pero de alto calado en términos de rentabilidad para sus dirigentes, de estrechar el cerco a los del Partido Socialista, aprovechando la grave crisis de la identidad socialdemócrata. No veo claro, y no descarto que sea por mis gafas ahumadas, la utilidad para el pueblo llano de esos tejemanejes en la jaula (1)

El pragmatismo implica, ante todo, no ser ingenuo, no confiarse, no dejarse engatusar por luces y abalorios. En la Granja global, los latrocinios han sido la clave del desarrollo de los pueblos, no la inteligencia ni la perspicacia. A poco que te descuides, te roban la cartera.

El propio Keyness recuerda que “los comienzos de la inversión británica en el extranjero se hallan en el tesoro que Drake robó a España en 1560. Aquel año regresó a Inglaterra trayéndose con él el prodigioso botín del Golden Hind. La reina Isabel era una accionista importante de la empresa que había financiado la expedición. Con su parte, la reina Isabel pagó la totalidad de la deuda exterior de Inglaterra, equilibró su presupuesto y se encontró con unas 40.000 libras en su mano (…)” ¿Cabe una prueba más sólida sobre las raíces de la prosperidad de Inglaterra? ¿Imaginamos lo que hubiera significado “el prodigioso botín” para la corona española? Y…¿somos capaces de vislumbrar lo que supuso arrebatar esa prodigiosa riqueza a sus anteriores propietarios? ¿Nos detenemos ahí, o seguimos la traza hasta su posible principio? (2)

Por supuesto, no estoy de acuerdo en absoluto que desde esta jaula hispánica se puedan/deban iniciar o apoyar movimientos con la intención ingenua de subvertir el “orden mundial” -y menos en una alianza con los rectores de otras jaulas de descamisados, tanto económica como políticamente (Irán, Grecia, Venezuela, Bolivia, etc.). No me refiero a falta de solidaridad con los pueblos, sino a extremar la prudencia en la connivencia con sus poderes actuales.

No veo el menor recorrido a los impulsos apocalípticos ni a esos propósitos mesiánicos de apoyar la redención global con soflamas. Como a muchos de mis colegas, me gustaba mucho leer a K. Marx cuando era joven, y a otros teóricos anticapitalistas.

Hoy soy incapaz de leer de corrido más de media página de cualquiera de ellos, si bien tengo acotados múltiples párrafos para citarlos cuando me apetezca. Su música me sigue sonando bien, pero la letra es muy aburrida. Y lo que tengo anotado en mi memoria personal es que no pocos de aquellos jóvenes que se decían dispuestos a cambiar el mundo, -que dirigían las asambleas en las Facultades, que militaban en los partidos de la ultraizquierda en el tardofranquismo- evolucionaron rápidamente en la dirección particular que más les interesaba -a ellos y a sus familias-, sin que encontraran, al parecer, dificultades insalvables en acomodar sus ideas juveniles al nuevo ritmo de los tiempos.

No fueron malos tiempos en la jaula. Como cuando nos ordenaban quitar el machete del mosquetón, la mayor libertad y la apertura internacional, vinieron bien, porque el peso de  la impedimenta se tornó más ligero. Salvo los últimos diez años -la década maldita de 2007 a 2016-, hubo momentos muy buenos para todos los habitantes de la jaula: comimos mejor alpiste, volamos con más garbo, nos pintaron de dorado los barrotes y hasta nos sentimos muy orgullosos de ser admitidos como iguales (creíamos) por los más presumidos de la Granja, que nos permitieron hacernos fotos con ellos en las perchas más altas de sus gallineros.

Dejo, pues, el rollo ideológico y apunto unas cuantas orientaciones que tienen poco que ver con la ideología de quien gobierne, sino que dependen de los apoyos que pueda conseguir para hacerlas realidad, de la manera más eficiente, en estos  momentos de la jaula y de la Granja. Si alguien los considera como de izquierdas, es que no tiene ni idea de qué va esta vaina.

Primera orientación: Educación de élites de máximo nivel, revisión general del enfoque educativo, mejora de la formación práctica

El primer punto irrenunciable para romper barrotes en la jaula hispánica es la de crear -no muchos, uno o dos bastarían- centros de formación de élites económico tecnológicas y de manera inmediata. Basta ya de juegos, hay que romper la brecha tecnológica y es imprescindible acercarse a la frontera del máximo nivel, combinando dos saberes: saber hacerlo bien y saber cuánto cuesta y cómo conseguir la financiación. El modelo ENA francés es la inspiración.

¿Cómo poner ese cascabel al gato de la jaula? Sabemos hacerlo para algo no rentable (salvo para algunos de sus agentes), como el fútbol, la ignorancia que expresa la pregunta, suena a ridícula. Contratando a los mejores, donde estén y sin importar lo que cuesten.

No por espectáculo, es por razón de tener el huevo. Agrupando las mejores experiencias, involucrando lo más granado de los intelectuales bien dotados, exprimiendo el jugo salutífero de los más experimentados de nuestros profesionales, para que expongan, condensen y transmitan el conocimiento que poseen, tendremos la sustancia para formar las élites eco-tecnológicas.

No tenemos el modelo aquí, porque no se trata de una nueva Escuela de negocios, ni de mejorar una Escuela de Ingeniería -ahora, con los nuevos planes, abocadas a su autoinmolación-, ni de agrupar Facultades de Económicas, Derecho o Políticas para que se enseñen en ellas teorías de juegos malabares que no sirven más que para llenar horas de clase. Tampoco hay que obsesionarse porque los centros que se creen con el objetivo indicado actúen de forma excluyente, aunque hay que darles algunas ventajas, ya que se les exigirá mucho.

La jaula hispana precisa generar un par de Centros de formación de funcionarios de élite, que posean conocimientos completos del real funcionamiento del mundo. No solo de política, que, para el caso, sería lo de menos: de la situación tecnológica, de los enlaces económicos, con un conocimiento completo de las necesidades concretas de desarrollo eficiente en nuestro país dentro el marco global, de los medios que tenemos a disposición o podemos alcanzar, con capacidad para proponer objetivos sólidos, creíbles, prácticos. Deberán ser ingenieros-economistas con una educación complementaria en derecho y sociología y lo que haga falta. Por supuesto, deben estar imbuidos de la necesidad de sostener una ética inquebrantable, de los principios de transparencia y servicio público como premisas.

Deberán ser pocos, muy buenos, espléndidos. Seleccionados entre los mejores de la tribu, con criterios duros y, claro, objetivos. Serán nuestras futuras abejas reina. Trabajarán para la Adminstración por un período largo (los egresados de ENA están obligados a hacerlo por diez años) y cobrarán de ella desde que sean admitidos como estudiantes. Han de saber, preferiblemente, cuatro idiomas a la perfección: inglés, chino, alemán y francés. (El francés podría sustituirse por el ruso y el alemán, por el árabe estándar moderno: nunca simultáneamente).

Como se repite desde el imaginario de una Europa sólida y eficaz, para que esas aves de nuestra jaula, como de cualesquiera otras del recinto europeo, puedan ser candidatas serias para la Presidencia de la Europa federal, o de sus puestos de máxima relevancia, deberían conocer, además del español, otras tres lenguas comunitarias (las más habladas: inglés, alemán y francés).

Por supuesto, la formación de esa “fuerza de choque”, a la que vengo dedicando tanto espacio, será independiente de la obligación de orientar la formación general de los jóvenes hacia aplicaciones realmente útiles para las necesidades de la jaula hispánica. No dejemos a la “iniciativa del mercado” el futuro de nuestra juventud. Es una trampa para ellos. Sobran peluquerías, expertos en jardinería, semiduchos en albañilería,  mecánicos de las cuatro reglas del automóvil, chapuceros del serviprisa, diplomados en programas informáticos obsoletos, master en hostelería y cocineros de saloncito de estar. Necesitamos jóvenes seguros de que tienen la base para hacer muchas cosas bien, porque podrán aprenderlas en poco tiempo, ya que saben lo fundamental. Ni modelo francés, ni inglés, ni norteamericano o chino.

Necesitamos implantar un modelo español, el que nos conviene. Estuvimos a punto de lograrlo hace no mucho tiempo. Técnicos bien formados, unos, con base ancha. Especialistas intermedios, otros, prácticos de verdad en los niveles y sectores que se consideraban necesarios. Hay propuestas muy interesantes de orientaciones formativas en campos de desarrollo concretos. Este gallo viejo que escribe tiene algunas circulando por ahí; no soy el único.

Se deben revisar, y también de inmediato, todos los programas académicos. Habrá sorpresas al conocer lo que se está ofreciendo, de veras, en los centros educativos. ¡Homologuemos todas las enseñanzas que conducen a un título! ¡Fuera la confusión! La libertad de cátedra ha sido penosa, egoistamente interpretada y precisa una urgente revisión. Las autonomías regionales han deshecho, a conciencia, la calidad de la oferta formativa, generando un desorden académico que se debe corregir de inmediato.

Pero un Plan de estudios general no se improvisa: exige un trabajo serio, independiente, leal. Para analizar lo que se enseña, no solo hay que oir a los docentes, sino dejar expresarse a los discentes; en particular, los recién egresados; específicamente, los mejores de entre ellos. ¿Qué han aprendido?. He aquí algo que no tiene que ver con la ideología; es más, si se pretende que tenga algo que ver con ella nacerá viciado, será inútil.

La igualdad de oportunidades tiene su origen en las escuelas, no en la calle.

Segunda orientación: La Unión Europea es el marco natural de nuestro desarrollo y la opción federalista, la única rentabilizable

Unión Europea como plataforma de acción y que sea fuerte. No tenemos otra opción viable desde la jaula hispana y debemos aplaudir todo lo que suponga avanzar desde las otras jaulas europeas en esa dirección. Una Unión Europea fuerte, hará fuertes a todos los países que la integran (y viceversa). Hay que ser europeísta por serena convicción y estar presente, con personalidad, en todos los foros, tratando de tú a tú a los estados más fuertes de esa original agrupación de comerciantes, imprecisa y vacilante, que debe evolucionar hacia una auténtica Unión Federal para afianzar su identidad.

Por eso, no solo hay que asumir las condiciones pactadas en su seno (de política económica, de circulación interna de personas y mercancías, etc.), sino obligar a que sean cumplidas por los demás, detectando con igual fuerza las irregularidades de otros.

No es sencillo, porque los egoísmos imperan en las actuaciones, y la presentación sesgada de lo que sería más rentable o más perjudicial para cada jaula, es moneda común. Las elecciones locales son buena muestra de que hay mucho que hacer, y de que los poderes económicos no quieren perder espacios de acción, y, por eso, se apoyan en lo que tienen más cerca: generar miedo en las clases burguesas respecto a cualquier apertura de las jaulas. Pintan continuamente los barrotes de dorado.

Política económica y financiera común, por supuesto que es imprescindible. No se puede sostener como objetivo una Europa de varias velocidades; ni con diferenciales en los tipos de interés según países; ni protegiendo a unas entidades financieras o a unos grupos de capital nacionales en detrimento de otros; sí a la agilización del crédito; sí al endeudamiento responsable, pero sin cortapisas impuestas por los que más tienen; sí a la financiación de proyectos de investigación que, en lugar de favorecer a las grandes empresas, se destinen a las pymes y a impulsar la colaboración entre Universidades y empresas; sí a la rebaja fiscal de las inversiones en i+d, en particular, en sectores preferentes; sí a favorecer emprendimientos de jóvenes; sí a inversiones público-privadas, que promuevan crecimiento en las líneas más intensivas en mano de obra; sí al control del gasto público con férreas medidas de exigencia de la eficiencia como valor irrenunciable; sí a…

Me parece íntimamente vinculado a ese robustecimiento de la Unión Europea la generación de una Política exterior común y de una estructura propia de Defensa. Seguridad y defensa propias no pueden confiarse a terceros y, en este sentido, la subordinación de ese objetivo a la OTAN por parte de Europa es una dependencia infantil procedente de la postguerra, que debería entenderse superada. Estados Unidos ha manifestado -con la boca pequeña- varias veces su incomodidad en soportar la mayor parte de los costes de esa estructura, aunque es su principal beneficiario.

Para la jaula hispánica, abrir el debate interno de la salida de la Alianza Atlántica es inoportuno, además de temerario, pues somos un país frontera. A nivel europeo, la salida de la OTAN sería una grave temeridad. Por el contrario, apoyar la necesidad de sustituir, en medida suficiente, el apoyo de la estructura atlántica por otra de control propio desde los centros de mando de la Unión es…imprescindible para obtener una verdadera identidad de contrapeso en la Granja global.

Tercera orientación: Cuidar las relaciones internacionales fuera de la Unión Europea

Desde un país intermedio, no se puede abarcar todo y, además, habrá que distinguir entre las relaciones a nivel institucional y las de las empresas. La necesidad de mantener cifras de negocio anteriores a la “crisis del ladrillo” -que ha sido, también, de paralización de las inversiones públicas en infraestructuras-  ha llevado a los grupos empresariales vinculados de manera sustancial a la construcción a salir fuera, asumiendo riesgos nuevos.

No quiero ser alarmista respecto a la solidez financiera del resultado de esas huídas hacia adelante. Las obras deben cobrarse y, además, realizarse de forma impecable, sometidas a escrutinios de calidad no siempre honestos ni fáciles de superar desde la distancia. Pero si en algo quiero llamar atención especial es que los trabajos en el extranjero no crean apenas puestos de trabajo en la jaula hispánica, y los desplazados para ser integrados en los equipos ejecutores de esas obras, responden a cualificaciones muy especiales. Pocos y, además, con buen currículum. Pan para mañana.

La enseñanza que deduzco de este análisis de los mercados exteriores es que deben ser acometidos sin descuidar la posición diplomática -involucrando a las instancias de los países a los que van destinadas las obras y los trabajos- y, de forma preferible, en conjunción con otros grupos empresariales europeos. Es un mensaje para las empresas, aunque es también un punto de reflexión, en mi opinión, para el apoyo a prestar desde las estructuras del Estado de la jaula hispánica.

Cuarta orientación: Preparar las estructuras sociales y asistenciales para el nuevo orden económico

Podría haber puesto esta Conclusión en primer lugar, pero es que considero a todas igualmente importantes. No se ha comprendido por los agentes sociales y económicos la consecuencia de la aplicación de las tecnologías digitales. Se puede decir más alto, pero no más claro: No crearán empleo positivo. Por mucho que proclamen los falsarios optimistas, no hay una Tercera Revolución Industrial, ni la habrá. En lugar de grandes cantidades de puestos de trabajo, se generarán inmensas bolsas de paro.

No puedo entender por qué se oculta esta realidad. Cualquiera de las grandes empresas de las llamadas “nuevas tecnologías de información y comunicación” es incapaz de crear más puestos de trabajo de los que destruye.

Y es lógico: donde antes se necesitaban decenas, o miles de personas para manejar la información, y tomar decisiones o ejecutar las actividades necesarias en los campos de comercio, turismo, periodismo, ingeniería, cartografía, etc., etc. ahora se necesitan buenos equipos de tratamiento de datos, conexiones de fibra óptica y el mantenimiento de las redes de comunicación para que unos pocos técnicos y cuatro especialistas mantengan en funcionamiento la estructura. Se beneficiarán miles, millones de usuarios -productos más eficientes, más rápidos, más baratos- con un pequeño problema: no podrán pagarlo, porque no tendrán ingresos.

(continuará)

 

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(1) Keyness, J.M. Texto extraído de la Conferencia pronunciada en la Escuela de Verano del Partido Liberal, Cambridge, 1925. “I can be influenced by what seems to me to be justice and good sense; but the class war will find me on the side of the educated bourgeoisie.”

(2) Copio este párrafo truncado del ensayo de Keyness “Posibilidades económicas de nuestros nietos”, con traducción de Jordi Pascual, que forma parte de la selección hecha por Joaquín Estefanía, (Edit. Taurus, 2015), y que incluye una Introducción de este periodista, viejo amigo, con el título “Keynes lives!” en la que glosa, con agudeza, el alcance de términos como la “revolución pasiva” o el “laissez faire” del capitalismo, entre otros. De él tomo la cita de Martín Quetgals (EP, 6 de enero de 2015) que, ni qué decir tiene, no solo comparto, sino que -modestia aparte- contiene la esencia del riesgo de la falsamente llamada “Tercera Revolución Industrial”, que vengo denunciando desde hace más de una década, en multitud de artículos, y que adelantaba en mi tesis doctoral, ya en 1989.

(*) “En efecto, tenía lugar una violenta disputa. Había gritos, golpetazos en la mesa, lanzamiento de miradas sospechosas, mentís furibundos. El origen del problema parecía estar en que Napoleon y el Sr. Pilkington habían jugado cada uno un as de espadas al mismo tiempo” 

Jaleo en la jaula de grillos: quiere Jauja

Próximo ya a finalizar este repaso sesgado por las peculiaridades de la Granja Humana, y habiendo enfocado el telescopio hacia la jaula hispánica, creo conveniente volver a situar lo que tenemos magnificado en el objetivo dentro del contexto. Con atención específica a una cuestión: los modos de generar mayor valor a la actividad humana, la problemática inherente a la remuneración por el trabajo como fórmula -más o menos eficiente para distribuir las plusvalías colectivas a la mayoría de las familias-,  y la aplicación de esa servidumbre a nuestra realidad actual. (1)

La Organización Internacional del Trabajo calcula que más de 3.000 millones de personas en la Granja humana, trabajan. Aunque el término trabajo es utilizado con gran profusión, su definición resulta permanentemente controvertida. ¿Qué es, en realidad, un trabajo decente? ¿Cómo se determina la productividad de una actividad humana? ¿Solo si se consideran trabajo las actividades que se realizan para un tercero y, dentro de ellas, cuando el prestatario de las mismas recibe alguna compensación, ya sea material o…espiritual (incluida la palmadita en la espalda)? (2)

En todo caso, el número de personas que realizan actividades transformadoras en la Granja s muy superior al indicado por la OIT.  El ave humana, desde muy pronto -“apenas siendo flor de pluma o ramillete con alas”-, interactúa con su entorno, pretendiendo cambiarlo, aunque no sea para obtener un beneficio concreto, sino solo por bulla. Por ello, sin abrir una nueva discusión, admítase que la capacidad de la población para modificar los estados de la materia y de la energía a formas más elaboradas (irreversibles en su mayoría) es inmensa y la potencialidad de que la mayoría de esos cambios redunden en mejoras de la situación en la Granja, muy estimulante.

Por desgracia, el optimismo en la Granja tiene recorrido corto, si se analiza el resultado a nivel global y se focaliza el estudio en relación con el reparto del incremento de los beneficios o utilidades. De forma más lamentable aún, la decepción es tremenda si se considera la cantidad de esfuerzo que se dedica a destruir, obstaculizar o dejar abandonados sin uso, los esfuerzos de otros.

La remuneración por el trabajo está sujeta al principio de la explotación del que más puede sobre el que ás necesita. El porcentaje de trabajadores por cuenta ajena en situación de pobreza (por ganar menos de 2 dólares diarios) se acerca a la tercera parte del colectivo total (28%); la alta tasa de desempleo juvenil oscila entre el 30% del Norte de Africa y el 17% de las “economías desarrolladas”: un gran despilfarro.

Dado que la solidaridad se esgrime como virtud de la especie humana, resulta curioso descubrir que la indolencia colectiva es el fenómeno predominante. La diferencia de productividades en la Granja, la explotación de esos desequilibrios, hasta hace muy poco, no afectaba psicológicamente a los que vivían en las zonas cálidas (léase, supuestamente desarrolladas). Sencillamente, por activa o por pasiva, se aprovechaban éstos de su existencia, sin sentirse culpables. No había problemas en considerar a otros, esclavos, seres inferiores, colonizables, estúpidos, salvajes o, simplemente, enemigos a los que avasallar.

Esas actitudes subsisten, porque están muy bien arraigadas. Puede que formen parte del ADN subliminal de la Granja. Solo hay que descubrir el núcleo de buena parte de los mensajes políticos: la prevalencia de lo que “nos” conviene frente a lo que necesitan “ellos”. No hay mayor dificultad en convivir con que, para algunas almas sensibles, la situación ahora no resulta -ahora- soportable. “Hay que hacer algo”, defienden, apuntando a responsabilidades ajenas, salvando así sus conciencias y ofreciendo un argumento para aplicar algunas cataplasmas y placebos a las necesidades de los que más sufren el peso de la bota insolidaria.

En lo que respecta a la explotación sin compensaciones adecuadas del trabajo de otros pueblos y de sus recursos, entiendo que no es la globalización la que ha hecho presente ese sentimiento de bonhomía. La culpable principal de la difusión limitada de esa sensibilidad -que se compensa, como he adelantado, con acciones meramente simbólicas-, ha sido la introducción de la televisión en las casas particulares. También ha contribuido, aunque en mucha menor medida, la aparición en la escenografía de los debates políticos internos de una nueva terminología, que habla de los problemas de las migraciones, de las catástrofes causadas por cambio climático, de los perniciosos efectos económicos de las guerras y del la amenaza de  atentados terroristas en las jaulas propias.

En casi todos esos problemas, que existieron siempre por cierto, se puede detectar el cóctel genuino, nada misterioso, de extremismo religioso forzado, miseria rampante e ignorancia culpable.

Las encuestas prueban que la asimilación de las noticias desagradables es, con todo, muy rápida. Una catástrofe con decenas de muertos próximos (miles, si se han producido a miles de km, en la equivalencia acomodaticia) se olvida en pocas semanas, no importa si producidas por un tsunami, una explosión nuclear o una bomba colocada por fanáticos con pretensiones expiatorias).

En la jaula hispana, los cuatro mayores diarios deportivos, todos de pago,  editan 800.000 ejemplares, con una difusión que alcanza a 5,5 millones de lectores (datos de la OJD, Oficina de Justificación de la Difusión). Los cuatro mayores diarios generalistas no gratuitos, editan algo menos de 1 millón de ejemplares, y solon llegan a 4,4 millones de lectores. El dato es ya significativo de por sí, pero su valor esclarecedor cobra nueva dimensión cuando se reconoce que resulta exótico oir conversaciones sobre la situación económica general o acerca de temas de política internacional. En cambio, en cada lugar de la jaula, hay aves deseosas de entablar una conversación animada sobre la situación física o anímica de cualquier futbolista, con empeño y conocimientos asombrosos.

La capacidad de la jaula hispana para poner énfasis en lo marginal es proverbial. Los insulsos debates de la política interna sobre lo que habría que hacer (¿impedir a toda costa que gane el otro? ¿conseguir un gobierno de cambio para hacer qué?), no están enfocados, desde luego, a solucionar el problema mundial. En un momento tan grave de nuestra economía, y dada la debilidad relativa del poder de nuestra jaula, no tendría sentido preocuparse del todo si la parte se resquebraja. No está el horno para bollos del tipo “alianza de civilizaciones” ni para que nuestro apoyo simbólico a cualquier causa bélica o pacífica merezca la menor atención. Cada lugar de la Granja está enfrascado en resolver su propio problema. Tocan a “sálvese quien pueda”, sin que importe a quién ha de pisar para alcanzar la piñata.

Los poderes económicos y su brazo armado, desde los cuarteles superiores de la Granja, han generado una situación de alta tensión internacional. Las posiciones reaccionarias, regresivas, han vuelto a ocupar los lugares preferentes del escenario; son aplaudidas, como corresponde a un momento de confusión, no solo por los directos beneficiarios, sino por la cohorte de desorientados, que es mucho más numerosa. (3)

Para la jaula hispana, el momento impondría la obligación de encontrar una solución pragmática y aprovechar los huecos de la coyuntura, sin generar ni atención ni tensiones. Dado el reducido tamaño de nuestro territorio, y la condición de país intermedio,  habría que arrimarse al calor de otros que aumenten la capacidad de respuesta, y no desaprovechar los vientos, ni despreciar, por el momento, las migajas. Pero hemos convertido la jaula en jaula de grillos, y las promesas electorales en un viaje a Jauja (salvo para el Partido Popular, que quiere que se monten aquí tres tiendas: una para el sol; otra para el humo; y otra para sus dirigentes).

No es posible entender la razón por qué los partidos que pugnarán, nuevamente, a finales de junio de 2016 por el control del gobierno de la jaula hispana desestimen que lo (único) importante ahora es no desaprovechar ninguno de los escasos recursos: económicos, técnicos, y humanos.

Que hayan vuelto a aparecer cuatro o cinco posturas ideológicas radicales no es síntoma de vitalidad democrática, sino de la pobreza de las propuestas concretas. Discúlpeseme la simpleza: Todos los ricos son, por naturaleza, conservadores; todos los pobres son, genuinamente, revolucionarios; todos los descontentos quieren que la situación cambie a su favor; todos los lerdos quieren que la inteligencia se menosprecie y los talentos se igualen; pocos habrá que no se crean el más capaz ni el que posee mejores méritos, ni deje de apoyar a los suyos en detrimento de los demás; todos los que aplauden a un líder esperan conseguir algo a cambio, en su propio beneficio. Quienes digan ser espléndidos, y no ponga en circulación, ante todo, su propio peculio, mienten. Jugar a pelo y a pluma conjuntamente es doctrina seguida sin problemas.

En fin, allá va un consejo no pedido. No es momento para cambios bruscos, porque nos faltan elementos clave para saber por dónde irán las corrientes dominantes. El examen al que hay que responder con solvencia solo contiene tres cuestiones: 1) seleccionar las medidas más eficientes para generar, de inmediato, riqueza y actividad con perspectivas de mantenimiento; 2) valorar, simultáneamente, cuanto cuestan y, por supuesto, si podemos encontrar la forma de pagarlas o financiarlas con los recursos disponibles y la escasa capacidad de endeudamiento remanente y 3) tratar de llevarlas a cabo lo antes posible, sin menospreciar ninguna aportación ni ahuyentar a los detentadores del capital, porque hay que ser taimados, no ingenuos.

Me resulta un ejercicio vacío discutir acerca de qué teorías económicas son mejores: los creadores de casi todas ellas, contrapuestas o no, tienen su premio Nobel. Hay que actuar de forma combinada desde el Estado y desde el apoyo a la iniciativa privada: no a cualquier precio. Seleccionando cuidadosamente los sectores, los apoyos, los objetvios.

Ni los programas de los partidos  -ni los anteriores, ni lo que se va sabiendo de “los nuevos”- ni las ideas expresadas por aquellos que son o fueron líderes de los mismos, se ocupan de cuantificar, solo de prometer. Subir impuestos a los que más tienen, puede ser interesante, pero más importante es saber concretamente qué se va a hacer con ese hipotético aumento de la recaudación fiscal, y, claro, valorar el efecto espantapájaros para los soportadores de la leva.

Hay mucha ingenuidad, cuando no ignorancia de base, en los discursos programáticos. Se lee como un librito de doctrina elemental el “Juntos podemos; el futuro está en nuestras manos” de Albert Rivera (Unigraf, 2014), y los no menos ligeros,  “Esto tiene arreglo” (2012) o “La tercera República” (2014), de Alberto Garzón. No mejora el calificativo de un ejercicio de mirada al ombligo, “El compromiso del poder”, de José María Aznar, (2013) y el doctrinario panfleto de “Ganar o morir”, coordinado por Pablo Iglesias Turrión, que no mejora su “Disputar la democracia, política para tiempos de crisis”, con prólogo de Alexis Tsipras.

Supongo que eso es lo que el gran público desea, lo que el votante valora. Se ha escrito, desde la Academia, muchísimo, sobre todo, para obtener doctorados y licenciaturas. Papel de envolver, en su mayoría. Por profesión y afición, leo con frecuencia los análisis y propuestas de ilustrados economistas, y, porque conozco a muchos personalmente, sigo sus trayectorias profesionales con asombro. He vuelto a hojear “España, Economía: ante el siglo XXI”, coordinado por José Luis García Delgado (Espasa Calpe, 1999), una mente lúcida, sin duda, no sé si independiente, porque el tiempo ha pasado por encima de casi todo. No lo veo culpable de que la recopilación tenga hoy el aire de lo que nació obsoleto, y de que las buenas voluntades subyacentes no hayan encontrado seguidores.

El análisis económico que en ese libro de apuntes profesorales, pongo por caso, hace Julio Segura -que despertaba en los 7o del pasado siglo admiración de féminas e izquierdosos asamblearios- sobre el sector público en las economías de mercado, me mueve a preguntarme, como tantas otras veces, para quién se escriben estos libros, qué se hace con las tesis serias, a quién aprovechan los mensajes. Leo (escrito en 1998) que “es imposible que la economía española avance sostenidamente en el proceso de convergencia real sin un aumento de los gastos -públicos y privados en estas rúbricas”(se refiere a las de infraestructura civil, inversión en i+d, mejora de los niveles educativos, formación y cualificación de mano de obra). ¿No es lo mismo que propugna, hoy, Luis Garicano, mentor económico de Ciudadanos? ¿Repugnará a alguien?

Surgen, en fin, varias preguntas, cuando contemplamos las sonrisas con las que un partido “transversal” (lo dicen sus simpatizantes) se une con un partido cuya ideología -utópica, pero impecable- siempre he respetado.

¿Va la jaula hispánica a marcarse un do de pecho uniéndose a los más pobres de la Granja, participando en la confusión mental por el lado de la izquierda, o prefiere arrimarse a los que se benefician por el costado de un progresismo moderado? Como republicano, agnóstico, progresista, me contesto: prefiero la actual monarquía, vivir en un país católico oficialmente aconfesional y me enorgulleceré siempre de participar en el cambio desde dentro, con decisión, en todo lo que me dejen y en bastante de lo que pueda hacerme con el sitio. Pero con cautela. Tengo el culo pelado de gallo viejo curtido en cientos de peleas, de las que no todas gané, claro, pero habrá testigos de que me empeñé hasta el fondo.

(continuará)

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(1) El presidente de Cantabria, Miguel Angel Revilla, es el mejor maestro local conocido en el empleo de la economía como elemento recreativo. Con un título en Ciencias Económicas, ha protagonizado programas de TV que han levantado ampollas a críticos ortodoxos de la izquierda como de la derecha ideológicas.  Se olvida quizá, que no siendo la economía -a pesar de la denominación de las Facultades y diplomas- una ciencia exacta, sino una elucubración cercana a la metafísica (cuando no a la patafísica), su poder adormecedor sobre las conciencias es lo que más cuenta.

(2) Según la misma OIT, el 66% de los trabajadores por cuenta de otros sufren de alguna, o todas, de estas vulnerabilidades: carecen de contrato o derechos de los reconocidos como fundamentales, tienen una remuneración muy inferior a sus capacidades o muy distante del beneficio que generan a sus empleadores, no disponen de protección social, etc. La mitad de la población activa de la Granja no tiene cobertura alguna en caso de desempleo, enfermedad, discapacidad, vejez o maternidad.

(3) El debate por la Presidencia en Estados Unidos ha permitido destapar el fondo del vaso ideológico del partido republicano; si se produce, el triunfo de H. Clinton, no será ni sencillo ni sin compromisos. En el Reino Unido, los intereses del capital afloran por encima de la solidaridad con la UE, y el Brexit es una propuesta con reales posibilidades de éxito, cuyo beneficiario no ofrece dudas. El apetito ruso por recuperar áreas productivas de la Europa oriental convierte esa franja en zona caliente. China, India, Corea del Norte, etc. proporcionan motivos para la preocupación. Latinoamérica arde en incongruencias y Africa sigue siendo utilizada como solución rápida a problemas ajenos, despreciando las opciones de considerar el abordaje de los suyos propios.

La jaula hispánica tiene puesto el pestillo por dentro

(Hamlet: Do you see yonder cloud that,s almost in shape of a camel?
Polonius: By th´mass, and it,s like a camel indeed.
Hamlet: Methinks it is like a weasel.
Polonius: It is backed like a weasel.
Hamlet: Or like a whale?
Polonius: Very like a whale. (*)
(Hamlet, William Shakespeare)

En la jaula hispánica se escribe mucho, pero se lee menos y se profundiza apenas. Se debate continuamente, pero no se escucha o muy poco. Cuando se eligen personas para un cargo, puesto o prebenda, no importa si público o privado, se atiende más a las recomendaciones y al amiguismo que a otras virtudes.

No es sencillo cambiar esa inercia, porque viene de muy antiguo y está enquistada en el comportamiento popular, admitida como principio para conseguir algo con mayores opciones. Por supuesto, no todo se mueve en el nepotismo ni se enmarca en la designación interesada, pero el mal está ahí, bien arraigado, y el tiempo acaba disimulando los orígenes, legitimándolos.

Solo sería necesario observar la rudeza con la que los que tienen un puesto de prestigio o valor defienden la necesidad de duros requisitos para que otros accedan a su misma condición, para deducir que hay gatos encerrados. Cuanto más duros sean los niveles exigidos para una oposición, deberían crecer las sospechas de que la designación no será leal. No han de buscarse, al fin y al cabo, genios, sino solo gentes capaces para desempeñar el cometido que el puesto demanda.

Cuando escribo estas líneas, en la jaula hispánica se van a repetir las elecciones políticas para designar un Presidente de Gobierno. Las anteriores fueron en diciembre. No ha habido acuerdo entre los partidos respecto al candidato, y cuatro de las facciones que se repartieron los votos ciudadanos casi por igual, consumieron el tiempo en conversaciones baldías, mareando las perdices hasta la asfixia.

Salvo el presidente de Gobierno saliente, Mariano Rajoy, -y no pretendo que en él sea mérito- los cabezas de lista de las distintas polladas son gente muy joven, que, por tanto, han vivido poco. Eso no les impide alardear, quien más quien menos, con petulancia culposa, de saber cómo solucionar los problemas de la jaula.

No lo saben, sin embargo; no demuestran saberlo. Se olvidan de que estamos en una jaula pequeña, con mayores necesidades que recursos y que es imprescindible contar con ayudas externas para que toda la población avícola sobreviva manteniendo el actual nivel de vida. La cuestión de fondo, muy preocupante, tiene una exposición muy simple: no existe perspectiva creíble para sostener el actual nivel del estado de bienestar, sin que la línea más simple, aumentar los impuestos de los que más tienen, arriesgue hundir aún más la economía.

El capital fluye sin fronteras, es cobarde, se esconde a la primera señal de peligro, y lo hará con destreza, porque siempre encontrará cómplices y pagará bien a los que más sepan de agujeros (preferiblemente, si ellos mismos los han creado). Los “papeles de Panamá” son solo una minucia, una engañifla para entretenimiento de periodismo diletante y asombro de ignorantes de cómo funcionan las cosas, en esta jaula y en toda la Granja.

Si preferimos ir al núcleo que interesa y no dar palos de ciego entre los matorrales de los bordes, debemos conocer que el problema que tenemos que resolver, en lo que nos es propio, es otro. Ni la corrupción, con ser aparatosa; ni las castas, con ser lamentables; ni la incapacidad de los políticos para entender de economía real, tecnología y humanidades.

La estructura económica española, con escasez notoria de centros de actividad e insuficiente dinamismo, no permite garantizar la generación de los puestos de trabajo suficientes, y desde luego, no lo serán de la calidad necesaria para que el reparto de las plusvalías que la estructura de actividad sea capaz de producir, y cuya manera eficiente es hacerlo por la vía de los salarios y no de los subsidios, permita recuperar la situación de bonanza que se ha vivido antes de la crisis inmobiliaria.

No es necesario repetir un análisis ya perfectamente trazado y bastarán un par de pinceladas para ponerlo en contexto. Por culpa del boom inmobiliario, una parte sustancial de la población se decidió al dinero fácil que proporcionaban los empleos en el sector de la construcción y servicios derivados, que no exigían cualificación previa. Diez años más tarde, la mayoría siguen indecisos ante la necesidad de adquirir una formación útil, inmersos en la frustración del desempleo e incapaces de entender las claves de una sociedad que creen les ha traicionado.

Tampoco la Universidad ha sabido adaptarse. Aunque las estructuras universitarias se vanaglorian de que los egresados han aguantado mejor  la crisis, la realidad descubre que una mayoría están subempleados, y que no pocos han debido emigrar. El modelo no ha funcionado, ni por arriba, ni por abajo; no ha generado alternativas a la amenaza de crisis, y sigue sin encontrarlas.

La falta de crítica objetiva en la jaula es manifiesta, y los que critican, son menospreciados. La versión oficial apoya el optimismo convulsivo y los planteamientos desde la oposición son maximalistas, destructivos, rancios. La cruel realidad es que el sistema se ha deteriorado con fuerza, desde hace, al menos, una década, y no debe atribuirse el problema a la política, al menos, no en exclusiva y ni siquiera de forma prioritaria.

Todos los sectores económicos y sociales tienen parte de culpa. Unos más, otros menos: no será igual la culpa de los que retiraron las ganancias a paraísos fiscales, en lugar de reinvertirlas en nuevos emprendimientos, que la de quienes alimentan la economía sumergida mientras cobran el subsidio de desempleo; pero ambos, son culpables de deteriorar el sistema legal.

Ni la Universidad ha sabido adaptarse o prever los cambios, enfrascada en un nepotismo y amiguismo lamentable; ni las organizaciones del Estado, empeñadas en una ineficaz carrera de emulación que condujo a un despilfarro mayúsculo; tampoco las grandes empresas han sabido diversificarse ni apoyar las líneas de desarrollo más prometedoras, obsesionadas con ofrecer valor para el accionista, lo que, aunque no se conseguía, no excluía la obtención de beneficios para los consejos de administración, en donde se sientan consejeros independientes muy bien adoctrinados.

No hay por qué ocultar que ni la Administración pública -jueces, secretarios, interventores, funcionarios de toda condición- ni los, ministros, alcaldes, concejales, representantes político tampoco han estado a la altura.

La jaula hispánica, después de un momento de intenso fulgor (con combustible en gran parte, ajeno), ha perdido peso en el contexto internacional, consumido su credibilidad, falta de empuje. Los culpables de ese descalabro no son tanto las personas (al fin y al cabo, las personas son fáciles de sustituir), sino el deterioro de las infraestructuras, que hay que revisar, apuntalar y corregir de inmediato si se quiere conseguir su funcionamiento eficiente. Es divertido, sin duda, criticar a las personas, sacar de sus cuevas a corruptos e ineptos (qué difícil será llegar a lo más profundo, a los más contaminados), apuntar con la más genuina mala baba a objetivos seleccionados -sospecho que abandonados primero por sus propios comilitones-, aunque esto no soluciona el fondo del asunto.

No funciona correctamente la justicia, no los jueces; no actúan bien las empresas, no los empleados; no consigue sus objetivos la política, no los políticos. No culpemos a los sanitarios, sino a la estructura sanitaria; no nos preocupemos tanto de los docentes (y menos aún de los discentes), y sí de la formación que se imparte por decisión de programas confeccionados sin visión.

El deterioro de la jaula se manifiesta, desde luego, en los comportamientos individuales. Todo el mundo parece feliz de no respetar el espacio común, de contribuir a la suciedad de la jaula, como si el asunto no fuera con él.

Sin acudir a la metáfora, vayan ejemplos: el propietario de perros, dejará que las necesidades de sus chuchos queden abandonadas en la calle cuando nadie le observe; cigarrillos, papeles, plásticos, aceites, se arrojan en cualquier sitio; los contenedores separativos no cumplen  su función, porque son utilizados sin miramientos respecto a su destino previsto; los coches son aparcados en doble fila, o en lugares expresamente prohibidos, y no hay más que ver la cara de satisfacción del infractor, que toma aires de que la norma no va con él; los productores de ruido no se controlan, se enmascaran; hay vertederos en cada esquina de la jaula, en los montes protegidos, en las tierras de labor y algunos, que han crecido a la vista de todos, arden espontáneos.

Los inspectores, los policías, los designados para efectuar la vigilancia y proponer la sanción a los infractores, tienen una escusa: son pocos, cobran poco, están superados, no tienen motivación.

En general, la calidad de la oferta ha disminuido, favoreciendo la sustitución en los mercados de la competencia en precios por la brusca caída de la calidad de los productos. Se nos han colado los chinos, en las tiendas de cercanía y en sustitución de los productos artesanos propios: así lo hemos querido.

Entre los pocos libros interesantes que tratan de las posibles soluciones, selecciono el de alguien que tuvo responsabilidades en el Estado y que, vuelto a su posición académica de docente de Derecho constitucional, se ha decidido a contar ciertas verdades y propone medidas que, al menos, convendría discutir.

Me refiero a Diego López Garrido, quien publicó en 2014  un análisis sobre los problemas de fondo que  han conducido a la “Edad de Hielo” (1). Concreta tres posibles actuaciones de alcance:

  1. Abandono del ajuste presupuestario rígido, recomendando un giro en la política del Banco Central Europeo hacia la expansión inflacionista. Es decir, más inversiones desde el Estado, más gasto público. Postkeynessiano en ésto, yo estoy básicamente de acuerdo, aunque con la premisa de un férreo control y la selección consensuada e inteligente de los proyectos y sectores que conviene activar.
  2.  Detener la tendencia, que califica de suicida, que ha venido sustituyendo los impuestos directos por el incremento sin fin de la deuda, volviendo a los impopulares impuestos progresivos. Paralelamente, propone atajar el mal endémico del Estado contemporáneo: la “industria de la evasión fiscal”, y perseguir sin miramientos la evasión fiscal de las multinacionales. Aquí caben matices, puesto que una cosa es la inspección fiscal de quienes evaden, su detección y sanción, y otra, reordenar el sistema impositivo. Hay que saber bien para qué, puesto que la simple recaudación para mantener el estado de bienestar no solucionará los desequilibrios estructurales, sino que los agudizará.
  3. Implantar el control político del sistema financiero, que es quien creó la crisis y que se protege de ella con medidas destinadas a su propio beneficio. Entiendo que no será fácil, porque la Banca es especialmente escurridiza y los altos salarios con los que compensa a sus altos ejecutivos permite seleccionar a profesionales muy eficientes en los tinglados financieros, bastante opacos o misteriosos para quienes no provienen del sector y no pueden analizar las cifras desde dentro. Las auditorías de las grandes entidades financieras, como la Historia ha demostrado, son demasiadas veces, apaños de estómagos agradecidos.

En consecuencia con su argumentación (que yo dejé algo mancillada con mis puntualizaciones) López Garrido defiende el que tanto en la jaula hispana como en la Unión Europea, se de un giro progresista al timón político, abandonado el rumbo seguido en tres décadas de (r)evolución conservadora, que considera la culpable de haber establecido los pilares para la Edad de Hielo,” de la cual vemos solo la punta del iceberg”.

Al contraponer ideológicamente las posiciones de la derecha y la izquierda, con una visión más bien reduccionista, atribuye a la primera el argumento de que el Estado de bienestar es ya insostenible, porque no hay medios económicos suficientes para la sanidad y la educación universales y gratuitas, la dependencia, las pensiones, el seguro de desempleo, etcétera.

Según L. Garrido, la izquierda defiende justamente lo contrario: el modelo social europeo forma parte de nuestra identidad y hemos de proponernos luchar por la desaparición del desempleo y del subempleo, la pobreza y la exclusión social, que afecta particularmente a la infancia, y la desigualdad, el gran desafío de nuestro tiempo. En España, la crisis habría provocado el aumento de los  hipermillonarios.

La reforma fiscal progresiva es la solución propuesta, con aumento de impuesto a las grandes fortunas y salarios, y la subida de otros impuestos directos como el impuesto de sociedades, con descenso de impuestos indirectos y de los que recaen sobre las clases medias y la clase trabajadora.

Por atractiva que parezca la propuesta desde las posiciones de izquierda, no puedo sino manifestar la insuficiencia del planteamiento, desde mi conocimiento de la realidad. Porque, además de recaudar, el Estado debe fomentar y apoyar las iniciativas generadoras de actividad y empleo.

Demonizar a los empresarios -especialmente, a los propietarios de las grandes empresas- es un (grave) error, porque no existen alternativas que puedan propiciarse, ni desde el Estado ni desde la iniciativa privada emergente, no ya en el corto, ni siquiera en el medio plazo. La colaboración con el capital es imprescindible, apretando lo justo, sin ahogar.

La puerta de la jaula está abierta -se abre por dentro- y el dinero, como siempre se dijo, no tiene más amigos que los que lo hacen crecer y multiplicarse, y los candidatos a acoger a un gallo despechado, salido de una quintana, son numerosos.

(continuará)

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(*) Ofrezco aquí la traducción de este diálogo entre Hamlet (ya fingiéndose loco) y Polonius (Lord Chamberlain, consejero real) :(Hamlet: ¿Ves aquella nube que tiene casi la forma de un camello?; Polonius: Por supuesto, y es, en verdad, como un camello; Hamlet: Aunque, si lo pienso mejor, quizá se parezca más a una comadreja;Polonius: Sí, tiene el lomo como una comadreja;Hamlet: ¿O…tal vez como una ballena?; Polonius: En efecto, se parece mucho a una ballena. (Hamlet, William Shakespeare)

(1) “La edad de hielo. Europa y Estados Unidos ante la Gran crisis: el rescate del Estado de bienestar” (RBA, 2014). En su blog, López Garrido ha puesto de manifiesto que “la crisis —la impotencia de la política ante ella y sus efectos— ha traído una bipolarización nueva (…). Es la oposición entre la “gente” (sin distinciones) y la “casta”, que estaría constituida por todo aquel dirigente que forme parte de los partidos políticos tradicionales. Este enfoque es, por ejemplo, el sustento ideológico de Podemos, cuyo éxito electoral se basa en plantear ese binomio como un mantra. Así ha logrado captar votos de todos los partidos. En ciencia política se le ha llamado a un grupo de esa naturaleza catch-all party (“partido atrapatodo”)”.

Patologías destructivas en la jaula hispánica

Permítanme que me presente. Soy solo un ave de corral en esta Granja humana, una más entre los 7.000 millones de aves de toda clase, especie y condición que en este preciso instante están ocupando los cercados, perchas, jaulas, naves y criaderos que la llenan casi por completo. Somos aves peculiares, con capacidad propia para volar, incluso lejos, pero solo con los recursos de la imaginación.

Vivo en una jaula con otros cuarenta y cuatro millones de aves (más o menos), llamada España. La mayor parte, somos gallos, gallinas, y patos (algunos, algo despistados); pero nos visitan también milanos, águilas y buitres, que algunos confunden con seres meríficos.

Si algo llama la atención a quien se aventure, de buena fe, a visitar nuestro espacio, posiblemente sea nuestra heterogeneidad física: los hay rubios, morenos y pelirrojos y, tanto entre jóvenes como ancianos, si varones, muchos calvos; alternan gentes de estatura más bien pequeña con estándares europeos -y más, sobre todo, entre mujeres, casi todas bellas-, con algunos muchachos que sacan a todos más que la cabeza; por supuesto, que los hay gordos y delgados (los menos;  y pocas mujeres a partir de ciertas edades, que han resistido a la tentación de lo dulce); blancos, mulatos, negros, cobrizos; no nos importan géneros ni orientaciones a los más. La tolerancia prima.

Hay, en proporción a lo que se veía por aquí hace solo unos años, muchas aves venidas de otros sitios   que están para quedarse -Marruecos, Latinoamérica, El Sahel, Rumanía, Ucrania, China,…-, de los que no de todos sabríamos decir en qué trabajan, y otros que vienen de vacaciones, disfrutar del sol y el mar, blanquear dinero u operarse de cataratas o un tumor benigno.

Somos un buen país de acogida, aunque lo estamos pasando muy mal. “La vida en España es dura”, escribió Luis Garicano (en el libro colectivo “La España posible”, Península, 2015), como prólogo para sus ideas de cómo cambiar España. A pesar de todo, y de los casi 5 millones de habitantes que quieren trabajar y no encuentran un modo oficial de hacerlo (¡y la mitad, jóvenes!), disimulamos bien.

Tenemos muchos problemas en nuestra jaula en este momento, y el más grave, es que no somos capaces de entendernos para salir de él. Preciso: no saben cómo sacarnos del agujero momentáneo los que tienen, sino la capacidad completa, sí la obligación de hacerlo. Como no voy a hablar de personas concretas, solo citaré los grupos en donde se les encontrará: políticos, empresarios (en particular, propietarios de las grandes empresas), universitarios, funcionarios, jueces, sindicatos, periodistas. Y algunos otros, que iré señalando, según sea.

Un problema que distorsiona mucho la solución más global de las preocupaciones de nuestra jaula es el de las nacionalidades. Es evidente el empeño que algunos ponen en exagerar la condición de diferentes, atribuyendo virtudes o defectos según en qué espacios o rincones; me resulta, como supongo a muchos, patético y desleal, pero se bien que no es trasladando esa apreciación directamente al que defiende la postura, como se le hará desistir de ella. Porque son duras de pelar las razones de los que, creyendo ser superiores, más ricos, o más capaces, quieren dejan de estar apoyando a los que consideran inferiores, más ineficaces, menos solventes.

Si manejan falsedades, hay que confrontarlos a ellas -también a los que los apoyan- con recios argumentos, no con ocurrencias.

Si en algún punto manejan verdades, habrá que reconocerlas, y negociar el darles algunas contraprestaciones, a cambio de que no abandonen -por un tiempo, al menos- la necesidad de avanzar hacia lo que es ventaja común, sin detenerse más que lo justo en la pretensión de separarnos de golpe, haciendo sangre.

J. Alvarez Junco, en su libro “Dioses útiles”, destroza con repaso a la Historia de esta jaula, las presuntas diferencias de las que han surgido en España nacionalismos de ocasión. España es una nación consolidada. Producto de mezclas y mosaico de culturas, seguro que más que otros pueblos de Europa, nuestros ancestros han sabido integrar. Si hubo expulsiones de judíos, jesuitas o moriscos, no fue porque el pueblo llano lo pidiera; lo desearon los de arriba.

Que no haya pureza en las estirpes, que casi todos seamos López, González o Fernández, debería sera punto de orgullo y no vergüenza ni desdoro. ¡Hay tantos apellidos y lustres inventados, robados a otros, pervertidos!. La inmensa mayoría somos bastardos, hijos de la pobreza histórica, plebeyos. Un orgullo.

Por eso es de lamentar que los nacionalismos surgidos de la vieja chistera de los intereses particulares se pretendan llevar al terreno de los razonamientos puros, inventando diferencias y clases: no han surgido limpios de condición, llevan la mierda pegada al cascarón de lo que fueron las intenciones previas de quienes los pusieron en circulación como bandera.

Se nos atribuye un carácter vehemente, una tendencia disidente y pendenciera y se nos escatiman desde otras jaulas los méritos, de los que no solemos, además, hacer alarde. No lo veo así, tenemos mucho trasfondo de valor colectivo. Somos, por lo normal, sumisos, obedientes: no cobardes, pero preferimos no discutir, y si llegamos a ese punto, con frecuencia nos acaloramos, perdiendo por el ardor buenas razones.

Quizá no ha sido siempre así. Pesa en nuestro déficit, que hemos tenido hace poco una guerra civil, excepción en la Europa que se cree más civilizada -ni Alemania ni Francia han vivido nada parecido (tuvieron siempre claro sus dirigentes dónde estaba el enemigo, siempre fuera)-. De los entresijos de la jaula, surgen, a poco de rascar, los rencores de las dos Españas que han contribuido a nuestro retraso colectivo.  La guerra civil causó una tremenda destrucción de España, que no está ni físicamente -en el territorio- ni sicológicamente -en los espíritus- superada.

Las heridas no se cubrieron con una postguerra en la que los vencedores fueron, precisamente, los que se levantaron contra el orden, y se aprovecharon de la victoria redistribuyendo ventajas. Los perdedores siguieron sufriendo en la paz, y tuvieron que callar, acomodarse; ellos sí, olvidar para salir adelante. No quiero, por mi parte, reabrir ningún capítulo de rencor. Soy hijo de la postguerra, y he podido, como muchos de mis actuales coetáneos mayores, disfrutar de la apertura y tolerancia del tardofranquismo: no fue gratis. Había becas y oportunidades para algunos más, y, en especial, para los mejores si venían de atrás recomendados.

No fueron pocos los estudiantes brillantes que se aprovecharon de esa ventana abierta y, con trabajo, hicieron algo de dinero con el que comprar lo que más apetecía: un coche, un piso, unos estudios mejores para los hijos, a los que no se les negó nada. Todos, los de arriba como los de más abajo, buscaron acomodo: es cierto que la vida sigue, que sobrevivir es la necesidad que está en la sangre.

No merece la pena escarbar en las razones de la guerra civil, pero tampoco parece preciso elucubrar más sobre ella queriendo hacer con ello mala sangre, porque debiera quedar reducto intelectual de la Academia, si en ello encuentra placer que no enseñanza. Ilustres historiadores han detectado opciones por las que ambos bandos lucharon, pero me atrevo a dudar que la mayoría de los que combatieron a sangre y maza, y se mataron a cientos de miles, tuvieran muy claro qué defendían. A los nacidos en la postguerra, y en especial, a los menores de cuarenta y cinco años, no interesa saber qué pasó, sino lo que está pasando. Que no es lo mejor, y, aún peor, que no es lo que podemos hacer que pase.

Pero si alguien quiere sonreir tristemente con lo que algunos, desde su pretendida autoridad moral, pensaban y escribieron, para adoctrinar a otros, valga como desgraciada muestra lo que Enrique Herrea Oria, (hermano del primado), Licenciado en Ciencias Históricas, S.J. con el título meloso de “España es mi madre”, decía en el “III Año Triunfal, 1939”: (pág, 283) “Lo malo es que los mismos gobiernos de España se han vendido a los comunistas rusos, porque los gobernantes son malos, muy malos, son masones. ¿Qué es esto de masones? Son unos hombres que reniegan de Dios. No quieren ni curas, ni frailes, ni religiosas, ni iglesias. Dicen que ellos son amigos de hacer el bien. Pero se reúnen ocultamente a media noche, en unas casas que llaman logias. Allí reciben instrucciones secretas de lo que hay que hacer, de sus Jefes, gente malvada que también reciben instrucciones de otros jefes que están en Francia. (…)”

Estoy convencido de que, en tiempo de grave crisis colectiva, ahondar en el pasado tiene escaso interés, salvo para detener a quienes pretenden repetirlo, sin haberlo conocido ni estudiado bien.

No escribo así por petulancia ni por sabiduría. Mi visión de conjunto de esta jaula es propia y, por tanto, la responsabilidad es mía, y no pretendo imponerla, ni tampoco tengo un foro para expresarla ni difundirla, salvo estas páginas. No es fruto de una improvisación ni de una calentura. Proviene de los muchos libros leídos, de no pocos viajes, y, sobre todo, de haber vivido casi hasta el final el período de mi estancia en esta jaula: la experiencia, que comparto con otros que peinamos canas y hemos aprendido a amortiguar vehemencias y a detectar falsas plumas y turbios intereses.

Como sujeto, normalmente paciente y pocas agente (quiero creer que no por mi culpa, zancadillas no faltaron), tuve ocasión de conocer muchas gradaciones de lo que se llama libertad, y, de resultas de haber buscado siempre el acomodo, procurando no herir, aunque sin renunciar a avanzar en la conquista de derechos de los más, he aprendido a amar lo que poseo y a desconfiar de los que ofrecen mejoras como quien vende acémilas de desecho en los mercados.

No acostumbro a citar a otros cuando escribo, porque siempre me pareció que era auparse con ello en la autoridad de otros, pretendiendo parecer igual, pero la ocasión merece aquí algunas ajenas referencias.

Empiezo con una que parecería traída a contrapelo. La tomo de “La selección natural y el apoyo mutuo”, de Piotr Kropotkin, un teórico del anarquismo polifacético: “Para dar una idea completa de la respuesta de los animales a su entorno, deberían también analizarse las (…) modificaciones que se producen en el color y las marcas de los animales cuando se transforma su entorno” y más adelante (citando a De Vries): “no nos asombra conocer (…) que cada mutación debe tener no solo una causa interna, sino también una causa externa”.

Como postdarwinista, Kropotkin cree que la evolución no viene determinada solo por la genética, sino por lo que sucede alrededor. A veces, nos acomodamos al entorno, para sacar beneficio de él o subsistir, pero también sucede que lo externo nos constriñe, nos limite y entorpezca. En nuestra jaula hispana, siempre ha habido una gran densidad de aves que, sin haber tomado tiempo en analizar qué problema hay que resolver primero, nos hablan de soluciones y prometen glorias.

Por aquí y por allá se han organizado, en todo tiempo, en casi cada lugar, en torno a esos visionarios, verduleros de afición, cantamañanas de oficio, grupos de devotos en los que alternan polluelos, gañanes, gallos, pollastras y tipos de la uña, que se atontan con lo que escuchan, tomando por verdades sacras cualquier cosa que escuchen desde lo alto, con tal de que les suene a beneficio propio, y, en particular, si lo ven factible en corto plazo.

El caso es que nuestra jaula está, de natural, bien orientada: da al sol, tiene buenas vistas, no falta la comida. Pero somos un país pobre, sin recursos naturales salvo los que se pueden enfocar hacia el turismo, que es y será pan para hoy y hambre para mañana.

Tenemos otro valor muy mal aprovechado. Si nos olvidamos de la paja, descubrimos buen percal entre algunos de los que se arriesgan a pensar con independencia -y que no mandan, aunque, para analizar con otra calma, no falta quienes mandaron y vienen ahora con consejas-. Hay tela de valor, en los estantes, de quienes podrían actuar con mérito y valor si estuvieran mejor orientados, se les instruyera mejor, y, en tantos casos, no se les calentara de fantasías la cabeza.

Un problema que no es fácil de resolver mientras estemos dirigidos por gentes incompetentes o con poca experiencia, es el de tomar las decisiones correctas -también lo apuntan César Molinas, Luis Garicano y otros en el libro citado, pero no se me interprete con ello que estoy con pleno acuerdo en sus propuestas, sino que solo escribo ahora desde el análisis-. Ese análisis, convertido en pieza fundamental, de nuestro comportamiento colectivo, podría ser tomado por cierto por aclamación y es el verdadero deporte nacional.

Seguros de la incapacidad del que dirige, de forma intuitiva, si algo apreciamos, en grupo, es ver derrotado al que está encumbrado, aunque lo haya sido por nuestro impulso. Estamos cómodos es no respetar ninguna regla, educados para transgredirlo todo, con permiso que nos autootorgamos con total beneplácito.

¿Para qué una Constitución? ¿Una norma de acción? ¿Unos principios, unas reglas? Como mejor nos sirven es para obviarlas, olvidarnos de ellas cuando se trata del beneficio propio. La tendencia innata nos anima a desear como espacio mejor, el de anarquía. No la de todos, la que consolida nuestra independencia para mirarnos a gusto el propio ombligo.

Esto trae consecuencias funestas. J. K. Galbraith, en su libro “La anatomía del poder”, después de analizar las distintas formas de ejercer el poder, expresa: “En una democracia nadie puede dudar de la eficacia real de la oposición organizada al poder concentrado.” Antes había indicado: “(…) la vida se caracteriza por el número de organizaciones que compiten por dominar la mente pública y política…, grupos de presión, comités de acción política, organizaciones de interés público, asociaciones comerciales, sindicatos, empresas de relaciones públicas, asesores políticos y de otro tipo, evangelistas por Radio y Televisión y muchas más”…”si tienen alguna función que cumplir es porque son capaces de influir en el Gobierno y apropiarse de alguna parte de su poder”.

Precisamente por no conseguir estar bien organizados, la ventaja la tienen los que lo están para sacar tajada.

Dudo que quienes ejercen el control político más directo de la jaula hispana hayan leído a Galbraith, lo que tampoco sería importante, si tuvieran presente que la mayor parte del poder que ostentan es “poder condicionado”, y que la libertad de palabra y expresión es solo una parte de otras libertades cuyo correcto ejercicio debe controlarse desde el Estado, como elemento de “poder compensatorio”, protegido por la Ley.

Una sociedad capitalista no puede subordinarse a las grandes empresas o a los intereses del mayor capital, porque no debe abandonar la responsabilidad de garantizar el bienestar a sus ciudadanos, ordenando la redistribución de las plusvalías colectivas.

Hace falta, en esta jaula, un Estado fuerte, convincente, serio. Y con voluntad de actuar para todos. Sí, estoy defendiendo, hoy, un gobierno de concertación, o, al menos, el de más amplio espectro. Ningún partido tiene la verdad completa, y, como idea más fuerte, hay gentes valiosas en todas las grandes opciones. No es momento para ideologías, sino para acciones concretas. Y, si nos quitamos las gafas de no ver al otro, entenderemos que, al margen de partidos, de posiciones de clase, de intereses manifiestos, semienterrados u ocultos, hay personas que saben que pueden, que quieren.

Es la obligación de este instante, ponerlas en valor, sacarlas de donde están, escucharlas y atender a sus propuestas. Ponerlas en marcha es más sencillo.

(continuará)

 

 

Cuarenta años de El País

Hace 40 años que se publicó, por primera vez, El País. Este comentarista era entonces un joven ingeniero, bastante escorado hacia la izquierda, que, prácticamente cada día, al iniciar su jornada laboral, dibujaba un chiste en la hoja del día de su calendario de sobremesa, Myrga. Muchos de aquellos dibujos se han perdido. Traigo aquí algunos, elegidos al azar, del aproximadamente el centenar que yo conservo. Están realizados entre 1975 y 1977.

chistes 1976

Experimentos en La Granja

La Granja Humana tiene una evolución natural, intrínseca. Aunque el proceso es dual -esto es, por una parte avanza hacia el mayor desarrollo tecnológico. por otra, se sumerge en la ignorancia y el caos-, los humanos con mayores disponibilidades económicas, ponen de manifiesto, con satisfacción, la tendencia positiva. En los foros políticos, académicos y mercantiles, la expresión que mejor recoge ese contento es “La ciencia siempre acude”. Su sencilla formulación facilita que sea utilizada tanto por los sabios oficiales como por los lerdos consagrados.

No hace falta ser un lince para constatar que ese avance tecnológico, que está vinculado a la sensación de bienestar y al concepto de utilidad, no tiene una distribución homogénea. Para grandes colectividades de La Granja, la distancia respecto al grupo de cabeza se percibe como creciente, un ave que se escapa. Su situación, llena de precariedades -falta de agua, de electricidad, de saneamiento, de viviendas (no “dignas”: mínimas), de medios para explotar los recursos, de centros sanitarios, educativos, infraestructuras, de legislación, etc.- resulta, además, indecentemente afectada por la tolerancia de situaciones de corrupción, explotación humana, crímenes, marginación de género y de etnias, por parte de otros sectores aventajados de la Granja.

No hay explicación coherente ni aceptable para el mantenimiento de esas trabas, cortapisas, rémoras, promesas de ayudas incumplidas, cuando no exigencias desmesuradas, etc., que impiden que las regiones más deprimidas de La Granja levanten la cabeza. Pero, menos aún, para la introducción de elementos ajenos, que actúan a modo de experimentos. Hay muchos ejemplos: venta de armas y explosivos a tiranos o grupos incontrolables, envío de chatarras informáticas y residuos, incluso nucleares, explotación infantil y cargas de trabajo inadmisibles en horarios inaceptables.

La historia reciente de La Granja levanta la sospecha de que se han ensayado acciones de desestabilización, previstas inicialmente a pequeña escala, que se han descorregido de manera incontrolada, al fallar los puntos de contención. No de otra forma se pueden calificar los sucesos de la guerra en Afganistán, el derrocamiento y homicidio de Sadam Hussein en Irak, el apoyo al ayatolah Jomeini en Irán, la guerra en Siria, el asalto a Libia con la muerte de Gadafi, el consentimiento de la presión israelí sobre el pueblo palestino, etc.

Este relato solo pretende referirse tangencialmente a las cuestiones históricas. Sin embargo, no puedo dejar de comentar que en todos los puntos actualmente en conflicto, se detectan, aunque no sin esfuerzo, como si se tratara de un incendio provocado en un bosque, dónde empezó la desestabilización, y qué vientos la impulsaron. No siempre será fácil identificar a los culpables; los actores materiales son escurridizos y los instigadores espirituales se ocultan en laboratorios recónditos de la Granja, incluso puede que camuflados tras Oficinas de Ayuda al Desarrollo, Centros de Inteligencia, o Cooperación Humanitaria.

Hay un Olimpo para los verdaderos Poderes fácticos de la Granja. Allí están, quienes controlan los grandes factores macroeconómicos, las hambrunas, las guerras. Reparten los premios y los castigos. También se encuentran con ellos los poderes más oscuros, las injerencias metafísicas. Son los dioses no terrenales, deidades flexibles a las que se rinde devoción. En La Granja total, entre los humanos, pululan entes invisibles. (1)

Como la imaginación del Poder es inmensa, y muchas de sus creaciones y recreaciones, son efímeras, ha quedado huella solo de algunas de sus actuaciones. En este momento histórico de la Granja, la expresión más potente de esa fuerza bien pudiera ser el “mundo árabe” y su reciente evolución.

El mundo árabe comprende alrededor de una veintena de países y es un sentimiento nacido de la combinación fructífera de una lengua: el árabe y una religión: la musulmana, (con algunas variantes). Desde la perspectiva europea de La Granja, este espacio comprende el Oriente Próximo (Arabia Saudí, Chipre, Egipto, Emitatos Arabes Unidos, Irak, Irán, Israel, Jordania, Bahrein, Kuwait, Líbano, Libia, Omán, Qatar, Siria, Sudán y Yemen) y el Oriente Medio (Afganistán, Pakistán e India). Habitan en él 450 Millones de humanos, muy jóvenes en relación con la envejecida población europea: más de la mitad tiene menos de 25 años. Su potencial es tremendo, pues, además de esa fuerza juvenil, laboral e intelectual, disponen de recursos energéticos y minerales muy importantes.

Para los propios Estados de la zona, el mundo árabe incluye tanto los Estados situados al Oriente de Africa, que integrarían el Magreb ( Marruecos, Túnez, Argelia, Mauritania, República Árabe Saharaui Democrática y Libia) y el Mashrek (Egipto, Palestina, Jordania, Líbano, Siria, Arabia Saudí, Sudán, Yemen, Irak, Qatar, Bahrein, Omán, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos), excluyendo, algunos de la relación anterior.

En esa zona de la Granja, con diferencias económicas terrribles -el PIB/cápita de Arabia Saudí es 19.100 dólares; el de Yemen, 2.500; Afganistán, 1.100), a los graves problemas de subsistencia para grandes sectores de población, se ha añadido, de forma artificial, el efecto de las creencias musulmanas concretas como elemento reactivador de un conflicto olvidado.

Es una vuelta a la Baja Edad media. Pocos árabes musulmanes, hasta hace muy pocos años, tenían preocupación alguna por conocer los límites o diferencias entre la doctrina chií o suní, – la batalla de Kerbala, en el 680, señaló la separación entre ambas y la forma de seguir las enseñanzas de su Libro sagrado y de atender a los exégetas-; sucedía igual que entre protestantes y católicos, por ejemplo.

Cada uno seguía individualmente sus inclinaciones, tanto dentro de Estados laicos, como teocráticos; así era en Irán bajo el Shah Reza Palehvi; o en Egipto, con Nasser o Sadat. Pacífico estaba Túnez, hasta encabezar la ilusión de una primavera árabe, animada por “expertos occidentales” y convertido en un Estado sin rumbo desde la huída de Ben Alí -que había sido apoyado anteriormente como “democráta”- y que cuenta en su haber luctuoso el asesinato a balazos del líder marxista panárabe Chokri Belaid en 2013.

Qué decir de Siria, en guerra civil desde la revolución de los jazmines (enero 2011), copiada de Túnez, donde se intentó de derrocar a Al-Asad sin contar con el avance del DAESH, lo que cambió las tornas. No se puede dejar de mentar a Libia, donde Gadafi, apoyados los rebeldes por la OTAN, capturado herido, fue ajusticiado de forma ignominiosa, dejando al país en manos de caciques de decenas de taifas.

En 2011, por los múltiples flancos abiertos en la Granja árabe, entró un grupo depredador, llamado Estado Islámico de Iraq y Siria (ISIS, DAESH para quienes niegan al monstruo al que ayudaron a engendrar). Es, sobre todo, un ejército de asalariados, bien entrenados en las guerras de Afganistán e Irak, que siguen la herejía salafista. Los conflictos armados se extienden por la región, en donde los contendientes usan sus armamentos europeos, rusos, israelíes, canadienses y norteamericanos. Hay un efecto colateral muy importante: el miedo se ha apoderado de La Granja.

Tengo la penosa impresión de que ha sido saludado con vítores de Bienvenida desde algunos lugares.

(continuará)

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(1) Esa base tiene varios sustentos: 1) la flecha del tiempo no parece que tenga un blanco definido con el que chocar, por lo que el tiempo para evolución de la mutación de energía en materia es infinito/indeterminado; 2) resulta irrefutable la idea de que, si el tiempo no tiene límite, todo lo imaginable como posible acabará siendo verdadero; Tomás de Aquino y otros sabios han puesto de manifiesto que la concentración de todas las excelencias y bondades imaginarias tiene forzosa representación ontológica; sensu contrario, la de todas las maldades y miserias, apunta a un maligno igualmente poderoso; 3) en fin: más de 3.000 millones de seres (digamos, la mitad de la Humanidad) están seguros o han sido convencidos de que Dios existe, de que se ha manifestado en varios lugares de La Granja, y en los libros que recogen las bases de la teoría teocosmogónica, figura hasta el árbol genealógico de la deidad.