Estado social en deterioro (1)

La plataforma “Salvemos el Hospital Ramón y Cajal” ha convocado un encierro para el día de hoy, 22 de marzo de 2017, en el que están participando sanitarios, pacientes, vecinos y políticos de las formaciones que conforman la oposición al partido que gobierna en la Comunidad de Madrid, y que preside Cristina Cifuentes.

Soy uno de los pacientes en lista de espera para ser operados (somos más de 7.000) y tengo, además, información de primera mano -personal y directa- desde hace por lo menos dos años, sobre el deterioro de la gestión hospitalaria de Madrid. Una deriva acelerada hacia el caos y la amenaza de catástrofe que, como también he expresado en otras ocasiones públicamente, no tiene relación -al contrario- con el esfuerzo y dedicación del personal facultativo, sobre-solicitado por el déficit de plantillas, la reducción de medios, el deterioro del equipamiento y la deficiencia organizativa.

Las prestaciones sanitarias públicas son, sin duda, uno de los ejes principales del estado social que tenemos en España. Aunque impulsado desde “aquel” PSOE , fue asumido en continuidad por el PP, convertido así, también, en apoyo decidido del bienestar que es el verdadero logro de nuestra democracia.

Era. Porque todo se está resquebrajando, hasta límites insoportables.

Por supuesto, el ejemplo del Ramón y Cajal no es más que un síntoma del estado general de confusión y deterioro de la sanidad en España. Se achaca en las comunidades en las que gobierna el PP, a la cesión de privilegios y apoyo por subvenciones y componendas a las clínicas privadas. Puede. Lamentablemente, en las comunidades en las que no gobierna el PP, el deterioro es también real e importante.

Si nos referimos al sistema educativo, tanto a nivel universitario como en la formación profesional y a todos los otros niveles, la caída de calidad es también estrepitosa, y solo hace falta consultar para confirmar el panorama a los docentes más sinceros. Pero si se quiere contrastar la opinión con empresarios, profesionales antiguos y otros analistas y sufridores de la situación, están los lectores invitados a hacer pesquisas por su cuenta, sino tienen ya la información concreta.

El panorama político no permite mejorar las expectativas. Los representantes de los partidos están enzarzados en discutir cuestiones de detalle y no de concepto. Por ejemplo, comprendo bien que la cuestión de la corrupción y sus secuelas es un elemento de alcance mediático excepcional, y es lamentable lo que ha salido a la luz, y muy asqueroso lo que no saldrá nunca, pero tanto celo en poner la mierda sobre el tapete común no crea empleo ni actividad económica. Al contrario.

Tampoco la tremenda judicialización de la sociedad, en la que un poder de naturaleza excepcional, como son los jueces, ha tenido que asumir la primera línea de la revisión de los pecados y desviaciones de los demás poderes, debe ser visto con tranquilidad.

Puede que nuestro sistema judicial esté hecho para perseguir a ladrones de gallinas y no a tipos de cuello blanco que manejan las grandes cuentas de la economía, pero puedo asegurar que tener a algunos empresarios en la cárcel y amenazar a muchos otros con pasar por el banquillo no aumenta las perspectivas de inversión ni crea seguridad jurídica de la que importa al capital.

Si se me preguntara adónde vamos, tengo la respuesta preparada. No sabría decir hacia qué punto concreto, pero estoy convencido de que vamos a peor. Nuestra tremenda convulsión social y económica, faltos de ilusión y directrices compartidas, nos conduce a un deterioro mayor de nuestro estado social y de derecho.

Lamento ser tan pesimista, pero cada vez que oigo las opiniones expresadas por quienes estarían destinados a salvarnos del pozo en el que estamos sumidos, me pregunto de qué información disponen y qué ideas tienen para corregir el deterioro. Yo, que me muevo por el mundo real, veo que nuestra sociedad tiene, por momentos, cada vez más pepenadores.

Esta es la denominación que reciben quienes se dedican a rebuscar entre los desechos y la basura en muchos países de Latinoamérica. Y, en efecto,  también observo que ha crecido la exhibición de quienes se encuentran en la posición de despilfarrar. Son menos, pero ostentosos.

(continuará)

Comments

  1. says

    Más acertado imposible, Angel.
    Me considero una de las personas que actualmente deberían ser de los que “empujan” y cambian las cosas… y sin embargo, como bien dices, se te quitan las ganas al comprobar que la honradez, el buen trabajo o el crear buenos cimientos está de retirada, y sin embargo se premian la mediocridad, el lameculismo, el tramposeo o el cortoplacismo extremo.
    La pequeña experiencia que he tenido hasta ahora como emprendedor, es que si quieres hacer las cosas legalmente y bien, llevas todas las de perder, porque además las administraciones te van a perseguir con avaricia. En cambio si eres un chorizo o un tramposo, con declararte cada pocos años en quiebra e ir dejando pufos tras de ti, te irá seguramente mejor. Sólo hay que tener estómago suficiente para conducirte por la vida como un cabrón, sin importarte a quién vas jodiendo.
    A pesar de esto, creo que aún somos mayoría quienes todavía deseamos y luchamos por que la honradez y el buen desempeño se acabe imponiendo, aunque estas ideas cada vez van pareciendo más románticas que realistas. Tristemente veo mi país acercándose a Brasil o Argentina, antes que a Dinamarca o Suecia, donde todavía la transparencia y la conciencia social sobreviven.
    Algo hay que hacer, empezando por purgar a nuestra clase política, preñada de parásitos, mediocres, pelotas, arribistas y escoria en general, diría que en un 80% sin exagerar.

  2. Georgina says

    Tienes mucha razón en lo que dices, querido Angel, pero no podemos dejarnos abatir por el pesimismo. Llevo años diciendo que la sociedad española, no solo el Gobierno, la judicatura, los políticos o los periodistas, sino toda la sociedad necesita una regeneración, pero lamentablemente no sé por donde hay que empezar más allá de por uno mismo. Hay que recurrir a la base, empezar por nosotros, hacer lo que debemos, dar coherencia y cohesión a nuestro entorno hasta sentirnos bien, transmitirlo y conseguir que como una onda expansiva llegue a toda la sociedad y juntos salir del pozo. Es bastante utópico pero por algún sitio hay que empezar antes de hundirse irremediablemente

  3. Luis T. says

    buenas noches,

    de acuerdo contigo.
    destaco lo que dices de “Lamentablemente, en las comunidades en las que no gobierna el PP, el deterioro es también real e importante”, es decir, que da lo mismo uno que otro.
    por mi reciente caso personal, es una Comunidad Autónoma no gobernada por PP, no había ambulancia-UVI disponible, creo que comenzaron a movilizar el helicóptero pero no despegó porque quedó libre la otra ambulancia-UVI.
    Tuve la impresión de falta de coordinación y de falta de medios.
    saludos

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