Mi conferencia en el Colegio de Ingenieros de Minas del Noroeste, en Oviedo

  • El 4 de mayo próximo, a las siete y media de la tarde, pronunciaré una Conferencia sobre el tema “Modelos regionales de generación de actividad económica y empleo en la Revolución de la Inteligencia”. Será en la sede del Colegio de Ingenieros de Minas del Noroeste, en Oviedo, calle Asturias 2. La entrada es libre y, finalizado el coloquio, se servirá un vino español.
    El título puede parecer a primera vista, complejo, teórico, o ambiguo. El contenido de mi charla, puedo adelantar, será conciso, fundamentado y… provocador.
     
    Analizaré las actuaciones que, en mi opinión, debe abordar Asturias para crear puestos de trabajo y contribuir al mantenimiento del nivel de bienestar. O, al menos, para que no se deteriore más.
    Estáis todos invitados. Y si difundís la conferencia a vuestros amigos que puedan están estar interesados, os lo agradezco aún más. Necesitamos, entre todos, abrir la manzana de la ignorancia, la rigidez conceptual y el miedo a decir la verdad, confiando en que las soluciones vendrán por sí solas.

http://www.coimne.es/cgi-vel/ctrlweb/VINCULO-W-COMUNIC.BUS?COMCOD=718

 

 

César Pérez de Tudela habla de montaña y metafísica.

La vida de César Pérez de Tudela parece una película. Nacido en 1940, los que éramos aún adolescentes cuando el escalaba montañas, y nos las explicaba, y las transformaba en espectáculo, le hemos convertido en un ídolo sin esfuerzo alguno. Era imposible no admirar a aquel atleta de relativamente corta estatura, que rivalizaba con éxito con gigantes austríacos, franceses o norteamericanos, dominando cumbres de aspecto terrorífico sin aparentar esfuerzo.

Pérez de Tudela es polifacético. Muy polifacético. Doctor en Derecho, periodista, notable dibujante, funcionario por oposición. Conferenciante, comunicador de excepción. Alpinista…

Hace unos dos años, cuando acompañaba a mi amigo Santos Castro a su enésima sesión de tratamiento de un cáncer que le llevaría -lamentablemente- a ser temprano habitante del país de los recuerdos, saludamos a César, que nos informó, con el tono de quien se va de excursión, que él también estaba combatiendo el tumor. “Hay que tomarse las cosas con poesía”, nos dijo. Desapareció casi instantáneamente, por un recodo de un pasillo del hospital, con velocidad de una extra-humana.

El 30 de marzo de 2017, invitado por el Club Español de Medio Ambiente, y presentado por su director, mi colega Guillermo Koerting, César Pérez de Tudela impartió una de las mejores conferencias -interesantes, divertidas- que escuché en mi ya larga vida de asistente a actos de muy diversa factura. No se cuál era su título, aunque creo que eso era lo de menos. Nos expuso, con base en transparencias de escalada, algo de especial valor: los fundamentos de su actitud ante la vida.

Nos obsequió con decenas de frases que glosaban lo que significó y significa para él “ir a la montaña” que: “no era un hecho deportivo, sino más bien…descubrir su trasfondo poético, místico. Entender la soledad. La montaña es lo más simbólico del medio ambiente, y en ella veo la necesidad de afrontar la dificultad con optimismo, admirar la belleza, que está allí, sin duda, pero también, el drama, la tragedia de la vida” (trato de citar textualmente algunos de los párrafos introductorios de su charla)

Me gustaría hacer una completa reseña de lo que dijo y, sobre todo, recoger, cómo lo dijo. El conferenciante tiene 30 libros publicados y multitud de artículos, entrevistas y reseñas de sus actuaciones como alpinista y como polemista, de los que internet da cuenta suficiente para enterarse con detalle de muchas cosas de su vida y de cómo se la toma.

Yo me leí algunos de esos libros, y estaba preparado para no dejarme impresionar por su facilidad de palabra, su memoria para recordar hechos y anécdotas, e, incluso, para disfrutar con su lenguaje irónico, a veces mordaz, siempre inteligente.

Comenzó César citando a LeónFelipe, y a su libro “El ciervo”. “Tengo una gran admiración por los poetas”, se justificó (y citaría luego a varios, entre ellos, a Miguel Hernández y a Antonio Machado, cuyos libros le acompañaron, según confesó, en más de alguna escalada en solitario).

 

El conferenciante nos confesó que estaba escribiendo una “Teoría general del fracaso”, porque es “más amigo de los que fracasan que de los triunfadores”, a los que César eleva a la categoría de campeones: “La campeona es -en una carrera en la que el ganador oficial es el chaval de diecisiete años al que la naturaleza dotó de poder físico- la chica gordita que quedó la última, porque ella es la que tiene más mérito”.

Entre fotografía y fotografía, con impresionantes momentos de escaladas – “no de los ocho mil, que son objetivos para jubilados dirigidos por sherpas- ; más difíciles sob muchos cuatro mil, con torres de 500 verticales, a los que se sube con cuerdas cortas y en cabeza de cordada”- fue desgranando una colección de frases memorables.

He aquí algunas:

“No arrastréis los pies, sino ponedlos en el sitio adecuado”

“No soy racionalista, soy alpinista; y como religioso que soy, soy metafísico”

“Se sube con la mayor elegancia que se pueda”

“En algunos casos, fui valiente. En aquellos tiempos, en la montaña había muerto mucha gente. Se decía que la muerte escala frente a los alpinistas”

“Siempre fui un estudioso de Ortega…” y “La hipocresía es fundamental para salir adelante en la vida”

“Sigo haciendo alpinismo, pero en declive…aunque el otro día subía con dos jóvenes, y el que llevaba las cuerdas era yo”

“Este soy yo” (se refería a una foto en la que la silueta era lejana y algo borrosa, contra una pared vertical), “porque me reconozco”

“Otros quizá hayan conseguido ma´s logros deportivos, pero a mí me gustan los logros humanos”

Después de contar la anécdota en la que ayudó a varias monjitas y a un sacerdote a subir al Angliru, y, en particular, a atravesar, una a una, atada a la cuerda, el llamado “paso de Mahoma”. “Me di cuenta que todas llevaban zapatillas. Les dije: “Hay Dios, hermanas, pero no tanto”.

“En la vida, cuando estás muy cansado, se come menos”

“Hace falta en la sociedad que la gente tenga narices ” (Después de referirse a cómo se escapó de la clínica en la que le habían diagnosticado la amputación de las dos piernas, por gangrena gaseosa, y acudir al Dr. Martorell, “que sabía de congelación lo que no está escrito. Me dijo: “Las piernas se salvan, pero la nariz se pierde…Se equivocó, por suerte”.

“Tengo la misma nariz que cuando era joven, pero hay que tener en cuenta que, con la edad, la nariz y las orejas crecen”

“El rey actual (del que fue monitor) aprendió que en la vida no hay que tener miedo y sí equilibrio·

Y, en fin, “La montaña es un peregrinaje”

Qué personaje, César Pérez de Tudela.

 

 


La foto es la de un verderón (chloris chloris) macho, con su vistoso plumaje de verano. Lleva en el pico algunos restos de lana con los que está completando su nido.

La caricatura de César la hice mientras atendía al conferenciante.

Cuento de primavera: Jaulas para pájaros y otros animales

El conferenciante, un hombre de unos cincuenta años, con camisa a cuadros, talante deportivo, pantalón con color haciendo juego con los zapatos, tomó un sorbo del vaso de agua mineral que se había servido de una botella, y continuó su plática ante un auditorio variopinto, en el que algunos incluso tomaban notas en carpetas escolares:

– Un gran avance en el maltrato animal ha sido la prohibición de que algunas especies no puedan comercializarse si no han nacido en cautividad.

-Perdone -le interrumpió una joven, que había acudido a la sesión, porque le encantaban los animales (tenía dos gatos sin pedigree y un galgo recogido en la calle con una pata rota-. No estoy segura de haberme aclarado bien, ¿qué quiere decir con eso?

El ponente no pareció disgustarse por la pregunta.

-Es muy sencillo: si el animal ha nacido en una jaula o procedente de padres que ya estaban privados de la libertad, no tendrá conocimiento previo de lo que es estar libre, por lo que no sufrirá si el resto de su vida permanece enjaulado.

En realidad, se lamentaba internamente de no haber utilizado palabras más cuidadas; pero se trata de ser didáctico, pensó.

-Perdone otra vez -la joven se había levantado de su asiento, y se apoyaba, ligera, sobre el respaldo-. ¿Significa eso que un animal que no sabe lo que es ser libre no tiene derecho a serlo nunca, salvo que pueda escaparse? ¿Y qué le pasaría, si logra huir?

El conferenciante pareció entender, de pronto, que aquella mujer debía ser una activista infiltrada de los defensores de los derechos de los animales. Tragó saliva, y preparó mejor su respuesta, después de meditarla un instante.

-En absoluto -replicó, sin estar aún plenamente convencido de lo que iba a decir exactamente-. Piense que no podemos hablar, sensu stricto,  de derechos de los animales, como algo que ellos estén en situación de exigirnos. Somos nosotros, los humanos, en cuanto a seres superiores, como poseedores de reglas jurídicas y éticas, los que se los otorgamos, asumiendo sobre nuestras propias espaldas el deber adicional de que se cumplan estas precisas normas.

Casi no había terminado de hablar, y se encontró con otra pregunta; mejor dicho, con la repetición de parte de la anterior:

-No me contestó a la cuestión de qué sucedería si un animal, que ha nacido y vivido hasta entonces en una jaula, se escapa: ¿es cierto, como dicen, que se moriría, porque no sabría dónde encontrar comida o cobijo?

La joven se había puesto algo colorada. El rubor, que se expandía por sus mejillas, la hacía parecer más hermosa. No estaba dispuesta, según entendieron todos los presentes, a dejarse convencer con facilidad. Algunos de los que habían torcido el cuello para mirar hacia dónde ella se encontraba, curiosos por conocer quién había intervenido,  empezaban a murmurar.

-Los estudios conocidos hasta ahora sobre animales que han obtenido su libertad, demuestran que, por falta de práctica de cómo conseguir alimento, mueren rápido, caen fácilmente en trampas, o son devorados por depredadores salvajes -explicó el orador, ya más molesto. Y, sin solución de continuidad, preguntó en tono burlón:

-¿Me deja continuar, señorita?…He venido a dar una conferencia, no a un debate. Pero le contesto. Los animales no son solidarios como lo somos los seres humanos. Por eso corren peligro, estas especies que nacieron cautivas, cuando alcanzan la libertad. Son los más débiles del ecosistema, y perecen, porque el sistema las expulsa, sin miramientos.

La sala respiró, aliviada. No así la joven, quien salió de su fila y ocupó el centro del pasillo.

-Le voy a decir algo -expresó la muchacha, con voz alta y clara-. El mundo de los animales no racionales me interesa bastante, pero me interesa mucho más el de los seres humanos. En lo que ahora estamos viviendo, por lo menos, no comparto su idea de que los seres humanos seamos solidarios. En absoluto. Y, en cualquier caso, no lo somos más que lo puedan ser los animales irracionales, me parece. De acuerdo con su razonamiento, por tanto, si una persona ha vivido ignorante, pobre, o marginado toda su vida, sería mejor que siga así hasta que muera.

La muchacha se tomó un respiro, para continuar en tono aún más enfático:

-¿Cree entonces que a los pueblos subdesarrollados, a los que faltan medicinas, trabajo, alimentos, cultura, …sería mejor mantenerlos en sus jaulas, en sus guetos, en sus fronteras, impidiéndoles salir, para evitar que conozcan otros Estados que viven en mucho mejores condiciones, en situación de riqueza y bienestar mucho mejor, o… sería partidario de ofrecerles la libertad para que puedan volar? ¿Les prohibimos ver la televisión, tener móviles, estudiar en el extranjero, viajar…?

La sala guardó, por unos momentos, un silencio respetuoso. Alguna voz clamó, sin embargo: “¡Seguridad!” Otros pidieron: “¡Calma!”. “Esto no es un debate político, ¿qué se habrá creído?” -comentó, en un susurro, una mujer de edad, sentada en las primeras filas, a su vecina de asiento, pareciendo muy contrariada.

-No se qué contestarle -expresó el conferenciante-. No es mi especialidad, el ser humano. Yo he venido aquí solo a hablar de los animales y, en especial, de los pájaros. De los pájaros cantores, para ser exactos.

La sesión prosiguió, aunque el conferenciante no dejó de advertir que varios asistentes de las últimas filas, entre ellos, la joven interesada, la que había hecho las preguntas incómodas, habían abandonado la sala.

FIN