Otras gentes: (7) De fiar

No se precisa realizar estadísticas, para afirmar que nunca en la Historia de la Humanidad ha habido tantos individuos analizando, con seriedad y profesionalidad, y en las más variadas materias, la manera de mejorar, aunque fuera solo un poco, el espacio intelectual a su alcance.

Nunca antes en la Historia de la Humanidad hubo tantos mentirosos, tantos crédulos. Jamás se difundieron tantas falsedades y se dio cancha a tantos falsarios, que, actuando en beneficio propio o de terceros, o simplemente, por el placer individual de hacer daño o propagar tonterías o maldades, han convertido el espacio de la información y de las comunicaciones en un campo minado por mentiras, citas espurias y consejos ruinosos.

Por eso, cabe preguntarse porqué, habiendo muchas personas que tienen solvencia técnica, sobriedad argumental, seriedad formal, respaldadas por una trayectoria individual de estudio, investigación o pureza deontológica, se concede por las masas credibilidad mayor a los que vociferan, a los payasos de la idea, a los ignorantes revestidos de toques de farándula.

Coincido con la idea central que expone Arjun Appadurai en su artículo “Fatiga democrática” (incorporado en una colección que recopila pensamientos de una decena de ilustrados, publicada bajo el título de “El gran retroceso”, Seix Barral, 2017): los líderes de los nuevos populismos tienen en común que, como ninguno puede controlar la economía de sus conciudadanos, prometen la purificación de lo que presentan como base cultural, rescatada con falsificaciones y adulteraciones del fondo de saco de la historia, a un grupo, una facción o un pueblo a la que se presenta como víctima, ya sea de colonialismo, centralismo o de la etnia o grupo antes dominantes.

Los ejemplos de este rescate cultural a la carta son muchos, y se encuentran por doquier: han supuesto y suponen graves conflictos en la India, Pakistán, Irán, Irak, Afganistán,…, y muchos Estados frágiles africanos, por deplorable ejemplo. Se presentan en Escocia, brotan ahora en el Reino DesUnido, viven a sus anchas incluso en la paciente Canadá, trepan por los recovecos existenciales, “bouquet garni”  con resonancias étnicas, marginación social y ribetes paranoicos, de Bolivia, Nicaragua, Colombia, Ecuador, etc.

Es, sin duda, y lo escribo con dolor de corazón, el mismo síndrome sociólogico que se está viviendo en Cataluña (esto es, en España), con un equipo de iluminados que, incapaces de ofrecer soluciones al deterioro de la economía regional, se han concentrado en la recuperación de una supuesta raíz cultural propia endógena, catalana of course.

De nada sirve argumentar que estamos en un mundo global o que las bases culturales de la Humanidad son fruto de la consolidación, durante siglos y siglos, de los resultados de intercambios pacíficos o enfrentamientos revolucionarios o bélicos, de ideas felices de afortunados elegidos, de aspiraciones frustradas o consolidadas de grupos muy diversos y, en fin, son el soluto indescifrable de un camino de hipotética perfección y búsqueda de la verdad filosófica y técnica en la que estamos todos embarcados. Nadie, ningún pueblo o facción debería considerarse superior, ni siquiera distinto. Los pueblos elegidos por los dioses no existen. Jamás existieron. (1)

Los profetas de tierras prometidas por ellos son, sencillamente, trileros, falsarios, mentirosos que ocultan su ignorancia, su ignominia o su desfachatez pretendiendo que saben lo que hay que hacer para salvarse del mundo global, de la pérdida de fuerza de las democracias, del control financiero de los grandes grupos, de la eterna lucha entre la ética y el mal…acudiendo al reducto sin futuro de encerrarse a cal y canto en las cuatro paredes del proteccionismo y la insolidaridad.

(1) Puede que para algunos, esa sea solo mi verdad, de la que no participan. No discutiré jamás sobre peticiones de principio.


Este joven busardo ratonero (la edad queda delatada por su pecho rayado, que se torna barrado en la edad adulta) se posó en un poste de la luz, aquel atardecer belmontino asturiano, y pareció ignorarme durante unos minutos. La luz era mala, pero la proximidad del Buteo buteo a mi cámara, idónea. Al cabo de un tiempo de observación recíproca, se elevó, majestuoso, hacia algún lugar en las montañas próximas, en donde tendría su sede principal.

Tenía, sin duda, su lugar principal de caza de topillos, pequeños pájaros o insectos cerca de donde yo residía entonces, pues volví a verlo otras veces, aunque, lamentablemente, ya no tenía la cámara al alcance. Por cierto, si el lector se toma la molestia de aumentar el tamaño de la imagen, verá que el busardo sostiene un insecto en su pico, del que sobresalen las patas, que acabaría de atrapar.

Cómico o ridículo (18)

A los animales, e incluso a las cosas, se los llega a coger cariño. Se de familiares y amigos que han llorado la pérdida de un perro o un gato con tanta intensidad y verosimilitud como si fuera de la familia (no me atrevo a poner el nivel más alto). La devoción a algunos objetos, que mantenemos durante décadas como recuerdo de quién sabe qué situaciones, es también conocida.

Reconozco, arrojándome la primera piedra, que soy incapaz de desprenderme, por ejemplo, de las decenas de libretas en las que, por inveterada costumbre, fui anotando durante años, apuntes de conferencias, conversaciones telefónicas, notas de las reuniones en las que participé.

Federico era un pollo. No recuerdo cuando apareció en nuestra vida familiar, en uno de los veranos que pasábamos en el pueblo. Supongo que habría sido adquirido junto a otras decenas de pollitos destinados a mejorar el sabor del arroz, cuando hubieran adquirido el tamaño suficiente para alcanzar la categoría de pollo tomatero.

La peculiaridad de Federico consistía en que acudía cuando lo llamábamos. No importa lo lejos que estuviéramos de lugar en donde sus compañeros engordaban ciegamente, a base de maíz, harina de trigo y gusanos que recogían del recinto de gallinero, si alguien gritaba: “¡Federico!”, al poco rato acudía presto, moviendo sus alas para impulsarse con aún mayor rapidez.

Para los niños de la casa, aquel pollo era un juguete especial, con el que hacíamos las inevitables pruebas de confirmación del fenómeno. Si estábamos en el jardín, y Federico se encontraba (porque así lo habíamos dispuesto) en la azotea, el animal, al instante de ser invocado, se lanzaba con arrojo propio del capitán Trueno desde lo alto, para venir al lado de quien lo hubiera llamado.

Ni qué decir tiene que el pollo sobrevivió a sus compañeros. Cuando tuvimos que volver a Oviedo, yo, como capitán de la patrulla que formaba junto a mis hermanos, di instrucciones precisas de cómo debería cuidarse, porque no tenía dudas que, al año siguiente, convertido en un gallo hecho y derecho, aquél ave singular estaría en condiciones de generar una estirpe de prodigiosa inteligencia (a nivel avícola, por supuesto).

En las cartas que dirigía puntualmente a mi abuela y tía, que habían quedado hasta comienzo del invierno en la casa de campo, me interesaba por el estado del pollo, y recibía tranquilizadora información de que progresaba adecuadamente. En mi imaginación infantil, hasta creía que, con el aumento del cerebro propio de la edad, Federico sería capaz de otras habilidades, a poco que se le enseñara.

Grande fue mi decepción cuando, a principios de diciembre, tuve ocasión de hacer una breve visita al pueblo. Federico no estaba. Después de una investigación en la que tuve que utilizar mis habilidades policíacas, se me reconoció que, el mismo día de nuestra marcha, Federico había corrido detrás del coche y había sido atropellado por un camión. Se me había ocultado la información, se me dijo, para no disgustarme. “Mejora hubiera sido haberlo echado a un arroz”, dijo el casero, manifestando su insensibilidad.

Así terminó la historia del único ave con inteligencia emocional que conocí. Las demás gallinas con las que me crucé en mi existencia me parecieron, sin excepción, estúpidas.

Por ejemplo, es proverbial la incapacidad que tienen las gallinas para esquivar los automóviles, al contrario, por ejemplo, que las urracas, los cernícalos, los cuervos y hasta los gorriones.

Un día en que volvíamos de Guitiriz, en donde había acompañado a mi padre a visitar una concesión de caolín que prometía hacernos millonarios -jamás se cumplieron, lamentablemente, sus predicciones-, ya al atardecer, avistamos, detenidas en la carretera, picoteando alegres, un grupo de perdices. Mi padre, que conducía -yo tendría doce años-, en un hábil movimiento de volante, consiguió atropellar a dos de ellas.

Cuando nos disponíamos, con emoción, a recoger la caza, apareció una señora con muy malas pulgas que nos afeó el que hubiéramos matado a dos de sus gallinas conduciendo tan temerariamente.

Después de una discusión, en la que venció, sobre todo, la vergüenza de la torpe apreciación que habíamos tenido sobre la naturaleza de los pollos, mi padre consintió en abonar unas pesetas por las fallecidas.

Con fingida dignidad, cuando la campesina le ofreció quedárselas, renunció a tal cosa, con un: “Que le aprovechen a Vd. señora, que a nosotros no nos gusta el pollo, que somos más de pescado”. Y seguimos, tan campantes, sin referirnos al incidente.


Hace unos años, alguien puso una mascarilla a la estatuilla de Arturo Soria, el insigne urbanista, que preside el viaducto sobre la avenida de América. “Menos mal que estoy muerto” rezaba el letrero que acompañaba al acto reivindicativo de una ciudad con atmósfera más limpia.

En Madrid gobierna desde va a hacer dos años la alcaldesa Manuela Carmena, que me da la impresión que ha adoptado un perfil más bajo que al inicio de su mandato. Hace unos días se terminó el plazo para que los madrileños votáramos si queríamos que la Gran Vía se peatonalizara y que el billete de transporte público fuera único, para autobús y para metropolitano.

Bien está mantener al personal entretenido. Hoy mismo, una algarabía de bocinazos colapsó la calle Arturo Soria. A golpe de claxon y griterío, acompañados de varias decenas de coches policiales, motoristas de la nacional y urbana, una respetable (en tamaño) caravana de coches y autobuses de las academias de conductores pedían, por lo que pude deducir, que se hicieran exámenes, ya.

Lo que ya no se es si a Arturo Soria, estatua, le colocaron algún cartel esta vez. Yo no pude sacar el coche del garaje y tampoco fui capaz de concentrarme en mi trabajo, por el ruido. Había quedado a comer con un amigo, y cuando fui a coger el metro, resulta que no había servicio, al menos durante media hora, según anunciaba la megafonía. Las opiniones entre los que esperaban en vano, se repartían entre los que creían que era debido a la huelga de conductores y los que argumentaban que alguien se había arrojado a las vías.

Salí de la estación y fui andando.

 

 

Fondos de armario

Todavía se escucha de vez en cuando la categórica frase de “todo está inventado”, que es una fórmula todo terreno que igual sirve para sacudirse de encima a un petulante que presume de una autoría que no le corresponde, que para acogerse a la falsa modestia, cuando se ha tenido suerte en algún emprendimiento.

Como es imposible saber exactamente lo que nos queda por descubrir para desentrañar lo que calificamos como “misterios del Universo”, en lugar de pretender que ya estamos al cabo de la calle, es decir, que estamos a punto de entrar -como colectivo pensante- en el sacrosanto reducto que nos desvelará lo fundamental, lo más prudente sería admitir que nos queda mucho por avanzar. Que lo que sabemos o creemos saber es apenas un ápice de lo que nos queda por descubrir y que, por supuesto, lo descubrirán otros.

Para quienes estamos sumidos en la consciencia de una ignorancia que podríamos calificar de supina, sino fuera porque tampoco es cosa de fustigarse las meninges en plan masoquista de élite, cuando escuchamos que algún sabio de primer nivel se cree a punto de descubrir lo que sucedió en los primeros nanosegundos de la existencia del cosmos, no podemos menos de abrir tamaños ojos, reconociendo la distancia que nos separa de los privilegiados del conocer “lo más”, cuando estamos aprendiendo a poner palotes .

Conscientes de esta limitación del cerebro común, o simplemente, con-vencidos por la certeza de que nuestro tiempo propio se está acabando y que muy poco tenemos resuelto, y aún menos, entendido, de las grandes incógnitas que vienen preocupando tanto a filósofos como a lerdos desde que el ser humano se empezó a dar cuenta de que algo iba mal en nuestra naturaleza inmortal, no nos queda otra que echar mano del fondo de armario de las creencias colectivas, el poso de lo transmitido por padres (madres, sobre todo), educadores con carisma (profesores de latín y griego, tal vez) y de aquellas lecturas de Salgari y Dickens, que nos hicieron soñar con que nos esperaban aventuras y nosotros tendríamos el papel de los buenos.

En ese fondo de armario se encuentran, cubiertas con el polvo de siglos, transferidas como un testigo con marcas de haber sido utilizado en infinitas carreras de fondo,  ideas bastante simples, aunque revestidas de ropajes imaginativos, que pretenden responder con dogmas y ritos ancestrales para convocar espíritus, a lo qué hacemos aquí, por qué razones, y, por si acaso, qué sentido tiene que seamos capaces de elucubrar, planteando tantas preguntas para tan torpes y escasas respuestas.

Solo los más sagaces en descifrar misterios, parecen disfrutar de la sensación emocionante de intuir dónde está el punto de apoyo de la flecha del tiempo en el arco del que se nos lanzó a vivir escatimándonos tanto espacio, con tanta carga y tan escaso nervio.

A medida que nos hacemos mayores y lo que entendemos queda por hacer pierde sentido para nosotros, no queda otra que volver con mayor frecuencia la vista hacia dentro (es decir, hacia atrás) y rebuscar, en el fondo de armario de nuestras vivencias, lo que nos une todavía a nuestros muertos, a las personas que nos han amado, a los que nos cedieron la antorcha de la vida. Para preguntarnos y responder también por ellos, si hay algo de lo qué les fue que mereció la pena.

Con esos harapos tenemos que cubrirnos cuando nos vengan mal dadas y se nos acaben los trajes de oropeles y cuentos. En cualquier caso, sería desolador encontrar vacíos y silencios en nuestro armario, aunque, también, lo más probable.

 

 

Que se jodan los pobres

La capacidad de ver más allá de lo que se tiene delante de las propias narices, no está entre las virtudes humanas y, por eso, el privilegio o la carga de analizar las cuestiones con visión global pertenece al ámbito de unos pocos.

En este reconocimiento, la advertencia de que no se debe hacer a los otros lo que no desearías que te hicieran ellos a ti, es un principio que figura, con palabras más o menos rebuscadas, en todos los códigos que pretenden regular los comportamientos sociales.

Incluso las religiones -que ya se sabe que son mandatos de los hombres atribuidos a los dioses- recogen esta máxima, renunciando a otras que pudieran ser más complejas o más abstractas. “Ama a tu prójimo como a ti mismo” es el paradigma de la voluntad de incorporar a la esfera de los mandamientos de Dios lo que no es tan sencillo asumir, siendo tan simple: que formamos parte de un todo, y que lo individual -salvo anomalías- no tiene valor fuera de un círculo muy reducido.

¿Por qué es necesario elevar a norma legal, al código penal, a mandato divino castigado con las penas del infierno, lo que, según esa rama de la Filosofía tradicional que se llama Etica, sería un principio universal? Porque, si se estudia un poco la Historia, esa instrucción que llevaríamos impresa en el código genético, como casi todos los mamíferos, el respeto al otro se debilita rápidamente con la distancia. Distancia que puede ser física, desde luego, pero que también se fabrica con desprecios, muros, murallas, cuchillas, armas.

La teoría de la igualdad está muy bien en el papel, pero la práctica discurre por otros lados, y, por eso, existen las diferencias económicas, intelectuales y sociales.

Estamos dispuestos a considerar al otro como nuestro igual, pero no a todos: solo unos pocos. La mayoría de los otros no son merecedores de ser iguales a nosotros, tanto más cuando más ascendemos en la pirámide de la complacencia grupal. El otro tiene defectos: No es tan inteligente, ni tan hermoso (porque el canon de belleza es el nuestro), no proviene de nuestra cultura ni profesa nuestro credo, ni milita en nuestra facción. Valores que deben ser admitido sin rechistar, porque son los únicos verdaderos los de nuestro grupo.

Por eso, en lugar de ese principio general de la identidad con el otro, de comprender que es igual a nosotros y que lo único que cambian son sus circunstancias, aplicamos el filtro de la exclusión: no tengo porque identificarme con su problema, porque su ámbito es diferente al mío y, seguramente no haber sabido -por su culpa- aprovechar las circunstancias que la vida le ha presentado, porque todo el mundo tiene su oportunidad.

Hasta aquí hemos llegado. En resumen: Que se jodan los pobres. Que se jodan los que no han tenido oportunidad de educarse mejor, los que han nacido en una tierra con menos recursos o mayor corrupción, los que no sienten el orgullo de ser ciudadanos de un gran país y pertenecer a su élite o aspirar a pertenecer a ella, los que nos son queridos por las divinidades y la naturaleza.

Satisfechos de todo el mundo, uníos. Porque, en realidad, necesitáis estar más unidos que nunca. La globalización os ha hecho una faena. Por eso debéis tener en cuenta, especialmente, otro principio, que es el de la precaución. Debéis ser muy precavidos. Cuanto más se abren las puertas del conocimiento global, de la comunicación sin fronteras, de la posibilidad de enjuiciar sin límites, sin normas preestablecidas por los que querrían que las conclusiones fueran las suyas, vuestros argumentos, y vuestras protecciones, corren serio peligro.

El principio de precaución, aplicado a las ciencias sociales, significaría que debéis estar atentos a abortar cualquier signo de descontento. Y, como es lógico, eliminar el descontento, cuando no se dispone de otros argumentos, en exterminar a los que protesten. Que se jodan, sí.

Quizá los satisfechos imaginan que llegará un momento, en que solo queden ellos como pobladores del mundo, y entonces se podrá aplicar, al fin, ese principio que se habrá vuelto un tanto raído, por falta de uso, de comportarse con los otros como lo harían consigo mismo.

No llegará, claro, ese final feliz si la forma de aumentar el porcentaje de satisfechos consiste en exterminar o ignorar, como si no existieran, a todos los pobres, a todos los que sufren, a todos los que no tienen trabajo, no disponen de acceso a la educación, a la sanidad. Por encima de la norma individual del respeto al próximo, tiene que prevalecer alguna norma de comportamiento social, que está impresa en la genética de esa estructura en la que se encaja la existencia del hombre.

Como ésta: La voluntad de la mayoría no debe ser interpretada jamás como lo que es óptimo para una comunidad. El óptimo en todo problema es siempre una solución que incorpora alguna forma de consenso. Como en cualquier problema de contorno, en el que los límites dependen de muchas variables, hay un espacio de viabilidad y el mayor valor de la función resultado se encuentra en el equilibrio de múltiples intereses, no en el beneficio de unos pocos.
—-
Nota. El título de este Comentario es una provocación. Iba a ponerlo entre interrogaciones, pero el mensaje no admite dudas. Lo lamentable es que haya gente que estén de acuerdo con un mensaje tan miserable, sin preocuparse por lo que significa.

Comentarios en el Blog Alsocaire en 2010

pEstos son los enlaces a los Comentarios publicados por mí en el Blog Alsocaire durante 2010. Confío en que el lector los encuentre, en su mayoría, aún válidos.

1. Sobre la televisión pública y sus retos

2. Sobre nuevas necesidades en la formación de diplomáticos

3.Sobre la amistad

4. Sobre la optimización de la elección de coche por inexpertos

5. Sobre las responsabilidades en los contratos de arrendamiento de vivienda

6. Sobre los pros y contras de ser un tipo de provincias

7. Sobre la tolerancia, la religión y la cultura

8. Sobre la intimidad

9. Sobre el misterio de la igualdad sexual

10. Sobre cómo hacer un buen currículo

11. Sobre los derechos del autor y las libertades del que no paga

12. Sobre los derechos del autor y las libertades del que no paga (y 2)

13. Sobre el sustituto

14. Sobre las dificultades de Dios para con los pobres

15. Sobre pusilánimes, aprovechados, y tiranos

16. Sobre la muerte

17. Sobre la formación académica y el caos

18. Sobre las réplicas del terremoto de Haití en República Dominicana y en otros países

19. Sobre el principio de vinculación positiva

20. Sobre espectadores y creativos

21. Sobre el tráfico ilícito de materiales nucleares

22. Sobre la política humanitaria de los Estados Unidos

23. Sobre los aprovechados de primera generación

24. Sobre los homenajes póstumos

25. Sobre la ruta Jacobea para invertidos

26. Sobre las previsiones

27. Sobre los confines de la heterosexualidad

28. Sobre la historia de Pepe el Ferreiro

29. Sobre Tomás de Aquino y Alberto Magno

30. Tras la huella del pacto de las pensiones y del precio de los billetes

31. Sobre los amigos en política

32. Sobre la influencia de los blogueros

33. Sobre lo pequeño

34. Sobre las perspectivas de recuperación económica en España

35. Sobre la presidencia semestral española en el Consejo de Europa

36. Sobre la Unión Europea y su cohesión

37. Sobre el Programa de estabilidad de Grecia y las barbas del vecino

38. Sobre el principio Potosí y la apropiación originaria

 39. Sobre para qué serviría un pacto de Estado ahora

40. Sobre las élites en el mundo árabe

 41. Sobre las élites en España

42. Sobre twitter, el DNI digital y otras brechas tecnológicas

43. Sobre amor, erotismo, y porno duro

44. Sobre San Valentín y los enamorados

 45. Sobre las pensiones de jubilación y los pactos

46. Sobre el momento del cine español

47. Sobre la expresión de la voluntad popular

48. Sobre la expresión de la voluntad popular

 49. Sobre cómo reclamar un recibo de agua al Canal de Isabel II

50. Sobre lo nuclear de la energía

51. Sobre el arte como creación o como enredo

52. Sobre las causas de algunas desgracias naturales

53. Sobre los perdedores

54. Sobre los ratios que le gustan al banquero Botín y al empresario Falcones

56. Sobre el papel de los sindicatos como agente social

57. Sobre los encuentros entre técnicos y políticos

58. Sobre Políticas energéticas

59. Sobre los gallegos en sentido natural y peyorativo

60. Sobre pleno empleo, mujeres y jóvenes

61. Sobre la dinámica en la creación y destrucción de empleo

62. Sobre la facultad de olvidar

63. Sobre el ocaso de las Ferias reales

64. Sobre los que nos salvarán de la crisis

 65. Sobre lo que podemos arreglar entre todos y lo que no

66. Sobre la soledad de las integrales de Riemann-Stieltjes

67. Sobre los límites reales de la privacidad

68. Sobre la femineidad

69. Sobre la independencia, incluso la de los jueces

 70. Sobre la energía geotérmica

71. Sobre la utilización del calor de la mina

72. Sobre las palabras inútiles

73. Sobre la enfermedad senil del teatro

74. Sobre los catedráticos de Obstetricia y Ginecología

75. Sobre los abstenidos

76. Sobre la rentabilidad de las redes sociales

77. Sobre las corridas de toros y otros espectáculos soeces

78. Sobre los primeros síntomas de la primavera

79. Sobre la biodiversidad, el desarrollo sostenible y responsabilidad social corporativa

80. Sobre el padre

81. Sobre el cuidado de la propia imagen

82. Sobre la relación entre la formación universitaria y el botellón

83. Sobre el enriquecimiento ilícito

84. Sobre los TICS en la enseñanza

85. Sobre la potestad de anular

86. Sobre apáticos y atípicos

87. Sobre el raitán, el glayu y el cuclieyu

88. Sobre la Semana Santa y el cambio climático

89. Sobre la resurrección de los muertos

90- Sobre la mujer del prójimo

91. Sobre los líderes y lo que representan

92. Sobre los límites de los poderes públicos en las campañas institucionales

93. Sobre la verdad

94. Sobre la recuperación de Toledo

95. Sobre el concepto de amigo y Facebook

96. Sobre la financiación de los partidos políticos en la oposición

97. Sobre el perendengue de la política

98. Sobre la derecha liberal española en el obituario de Guillermo Luca de Tena

99. Sobre la predisposición

100. Sobre las razones para escribir post largos

101. Sobre la perplejidad

102. Sobre la ética y la lógica de la selva

103. Sobre geocosmoísmo y guerras por el agua

104. Sobre Asturias y porqué

105. Sobre la imperiosa necesidad de rescatar credibilidades

106. Sobre el triángulo virtuoso de la energía geotérmica

107. Sobre la trayectoria vital

108. Sobre el futuro de las Cajas de Ahorro

109. Sobre los Protocolos

110. Sobre las mentiras piadosas y las desvergonzadas

111. Sobre la acumulación de cargos

112. Sobre el Defensor de lo Razonable

113. Sobre cenas donde el menú somos todos

 114. Sobre la exhibición excéntrica de la diferencia

115. Sobre la preparación para la vejez

116. Sobre los elementos de una nueva Constitución para España

117. Sobre lo que ensucian el agua los políticos

118. Sobre cargos, poltronas y oportunidades

119. Sobre los índices de papanatismo y su interpretación

120. Sobren, sobramos, sobras

121. Sobre los Sherpas, la fama y el dinero

122. Sobre las madres de los hijos de mala madre

 123. Sobre arreglos, trampas y soluciones

124. Sobre los improductivos

125. Sobre el futuro de la CNE

126. Sobre las energías renovables del Tribunal Supremo

127. Sobre pájaros y graveras

128. Sobre los efectos de Babel en los europeos

129. Sobre las cuestiones candentes del derecho de la energía

130. Sobre más cuestiones candentes del derecho de la energía

132. Sobre visados y penurias

133. Sobre el coste de no estar de acuerdo

134. Sobre quién manda en los funcionarios españoles

135. ¿Sobre guerra civil en España?

136. Sobre la pugna entre la ciudad y la selva en Asturias

137. Sobre injusticias, venganzas y amiguismos

138. Sobre el fútbol como manifestación de la desigualdad

139. Sobre la investigación y el desarrollo económico

140. Sobre la digestión de las energías renovables

141. Sobre la rehabilitación como utility

142. Sobre cuestiones candentes del derecho de la energía (y 3)

143. Sobre los gorriones y la política ambiental europea

144. Sobre la miseria de ser rico

145. Sobre el PIB, la generación de residuos y otros indicadores de prosperidad

146. Sobre la evolución de los focos de atracción sexual

147. Sobre las vulnerabilidades del garantista

148. Sobre la Europa 2020

149. Sobre el fomento del espíritu emprendedor

150. Sobre el diálogo como fuente de progreso

151. Sobre lo que nos enseña Facebook

152. Sobre el testamento digital
153. Sobre el uso de placas solares en edificios
154. Sobre la gestión municipal de las licencias de actividades
155. Sobre la x a favor de la Iglesia católica en la declaración de la renta
156. Sobre el Centro Común de Investigación (JRC) europeo
157bis. Sobre competitividad y defensa del ambiente
158. Sobre la presencia de la Reina Sofía y Rafael Nadal en el Roland Garros
159. Sobre empleo, pacto social y reforma laboral
160. Sobre Chamberi Valley y Bill Puertas
161. Sobre la imaginación en los negocios

162. Sobre el estado de ánimo de los socialistas
163. Sobre las (in)fusiones frías de algunas entidades financieras
164. Sobre los malos usos europeos con Africa
165. Sobre una valoración del riesgo de quedarse sin trabajo, sin dinero o sin ideas
166. Sobre el sofoco que nos produce Alemania a los españoles
167. Sobre el porvenir de la energía eólica
168. Sobre el control del patrimonio en Espana
169. Sobre el lujo
170. Sobre los beneficios de BP
171. Sobre las historias de amor cuestión de Estado
172. Sobre los ejercicios espirituales de Fray Varsavsky en Torrenova de Alaior
173. Sobre las largas vacaciones del 2010

174. Sobre juanes, pilares, conchas, cármenes y pepes
175. Sobre la caldera energética española
176. Sobre la vivienda del futuro
177. Sobre Estatutos de Autonomía y Unión Europea
178. Sobre el Museo Arqueológico y Holográfico de Madrid
179. Sobre el derecho a la huelga y su ejercicio
180. Sobre el prurito de hacerlo bien y lo malo de hacerlo por prurito
181. Sobre la imagen exterior de España
182. Sobre el sentido de la vida

183. Sobre revolucionarios, víctimas y catarsis

184. Sobre nacionalidades, fútbol y banderas
185. Sobre la belleza del cuerpo humano
186. Sobre el futuro del estado de bienestar
187. Sobre la capacidad de la euforia para relanzar la economía
188. Sobre las energías que se pierden en España
189. Sobre las causas del escaso impulso de la investigación en España
190. Sobre la optimización del input social del ser humano
191. Sobre las obligaciones implícitas del comprador de obras de arte
192. Sobre la Roja, el paradigma y la renovación del Ejecutivo
193. Sobre el modelo de estrategia de Vicente del Bosque y Toni Grande
194. Sobre el estado de la nación
195. Sobre los tercios de mejora y libre disposición
196. Sobre los perfiles de Obama, Sarkozy, Merkel y otros políticos en Facebook
197. Sobre los estímulos a la participación
198. Sobre Turner, pintor de paisajes, escenógrafo y fotógrafo
199. Sobre la libre elección del juez
200. Sobre éxitos y objetivos
201. Sobre la energía nuclear: causas y efectos de la procrastinación
202. Sobre el daño injusto y los márgenes de tolerancia
203. Sobre la dificultad de reconocerse humano
204. Sobre el matrimonio de conveniencia entre técnica y política
205. Sobre orientaciones e identidades sexuales
206. Sobre las subvenciones al carbón y el arte de la pesca
207. Sobre las dehesas
208. Sobre las iguanas

209. Sobre los derechos de los animales y la abolición de las corridas de toros
210. Sobre la gradación de los delitos y las penas
211. Sobre parálisis, inversiones e infraestructuras
212. Sobre la obra social de las Cajas de Ahorros
213. Sobre hábitats científicos y rurales
214. Sobre algunos asesinos y sus razones
215. Sobre paisajes, ingenieros y políticas en Asturias
216. Sobre libretas, archivos digitales y hemerotecas
217. Sobre monumentos, ruinas, rehabilitaciones y nuevos edificios emblemáticos
218. Sobre la planificación de la vida que nos queda
219. Sobre frases sensatas de asturianos (1)
220. Sobre frases sensatas de asturianos (2)
221. Sobre las esquelas
222. Sobre teleredes sociales y el diálogo de besugos
223. Sobre teleredes sociales y el diálogo de besugos
224. Sobre la importancia
225. Sobre fuegos intencionados, propiedades públicas y bosques descuidados
227. Sobre controladores, sueldos y mano de obra
228. Sobre el poder de la ignorancia
229. Sobre las relaciones con Marruecos
230. Sobre partidos políticos, propósitos públicos, ideologías coherentes y ambiciones personales
231. Sobre la conservación del patrimonio arquitectónico y las ruinas
232. Sobre la historia de las religiones y la educación para la ciudadanía
233. Sobre la sicopatología de la Feria de Muestras de Asturias
234. Sobre Woody, Bruni y otros chicos del folletón
235. Sobre ayuda al desarrollo, cooperantes y pago de rescates
236. Sobre las vacaciones en agosto
237. Sobre los riesgos de las misiones
238. Sobre el Gran Hermano minero de Chile
239. Sobre el arte comestible de Antoni Miralda
240. Sobre lo que nos importan los afganos
241. Sobre la identidad propia y la responsabilidad social corporativa
242. Sobre las primarias en el PSOE de Madrid: Mucha Esperanza
243. Sobre decorados, Vogue, Obama, simbologías y frivolidades
244. Sobre la contaminación social
245. Sobre la naturaleza del sentimiento trágico de la insoportable levedad del ser
246. Sobre estrategias económicas y el sexo del feto
247. Sobre la actitud y sus réditos
248. Sobre el exceso de medios para vivir y la falta de razones para existir
249. Sobre el peligro que supone China para los mineros chilenos
250. Sobre el modelo cubano y la sucesión de Castro
251. Sobre el temor reverencial a fanáticos y sicópatas
252. Sobre la elección del catalán, el euskera, el serbio, el croata o el bosnio como idiomas universales
253. Sobre las razones y efectos de un cambio de look
254. Sobre la habilidad para escurrir el bulto
255. Sobre las leyes del deterioro progresivo
256. Sobre las fuentes y sindicaciones web y las barbas del vecino
257. Sobre la crisis del sindicato UGT y otras sugerencias
258. Sobre racismo e integración: Matar en Avilés
259. Sobre el mérito de saber pasar desapercibido
260. Sobre la aconsejable contención de los ímpetus atrabiliarios
261. Sobre la responsabilidad de los mineros del carbón españoles
262. Sobre la vida como espectáculo de variedades
263. Sobre las piernas y su valor publicitario
264. Sobre las minas de Rio Tinto en el futuro
265. Sobre los que seleccionan y sus propios méritos
266. Sobre lo que hicieron nuestros coetáneos por mejorar la Historia de Espana
267. Sobre la adjudicación de un concurso público al más barato
268. Sobre la distancia entre inconformismo y acción
269. Sobre la recuperación de la crisis y la creación de empleo
270. Sobre la recuperación de la crisis y la creación de empleo (2)
271. Sobre los interlocutores en una huelga general
272. Sobre lo que es imprescindible reformar en la reglamentación laboral en España
273.
Sobre lo que ha de entenderse por trabajador

274. Sobre cómo elegir el mejor blog en 20 minutos
275. Sobre los factores que disminuyen la eficacia de un grupo
276. Sobre los güebos de Rafael Correa y otras consideraciones ecuatorianas
277. Sobre la intensidad del presente
278. Sobre la sutil diferencia entre ahorro y estalvi
279. Sobre el plan B de MAFO y el manual del optimista
280. Sobre el lugar para el carbón en la economía española
281. Sobre la labor de los inspectores de educación
282. Sobre el premio a Liu Xiaobo como mensaje a Wen Jiabao
283. Sobre lo que piensan los no economistas sobre el mercado
284. Sobre aquellos polvos de los que vienen estos lodos
285. Sobre lo que enseña Rosa Díez
286. Sobre la creciente afición a gritar para ser escuchado
287. Sobre el síndrome del rescate y la gloria del minero
288. Sobre la reparación del daño por accidente de trabajo
289. Sobre la mitificación del trabajador
290. Sobre libertades, tolerancias, respetos y educación
291. Sobre las cuentas de Madrid
292. Sobre la vocación política
293. Sobre la banda de Möbius, la botella de Klein, la conjetura de Poincaré y la cabeza de Perelman
294. Sobre las barbas de Zapatero y el carisma de Rubalcaba
295. Sobre los distintos tipos de ferentes y su interés
296. Sobre los Principes de Asturias y la plebe
297. Sobre morros y morritos
298. Sobre mentirosos y mentiras
299. Sobre la traducción del lenguaje poético
300. Sobre la marginación de la técnica por la política
301. Sobre la innovación en Europa
302. Sobre la regionalidad, el desarrollo y la globalización
303. Sobre la virtualidad realizada

304. Sobre la percepción de la corrupción: medida y desmedida
305. Sobre molinos, catedrales y energías
306. Sobre la propiedad de las setas silvestres y su legislación
307. Sobre el espacio político de la izquierda europea
308. Sobre la frustación de Obama y el enemigo chino
309. Sobre el transporte aéreo y el negocio de la inseguridad
310. Sobre títulos, formación y competencia
311. Sobre laicismo y confesionalidad en la Historia de la ética
312. Sobre la Responsabilidad Social Gubernamental (RSG)
313. Sobre las razones que se niegan a los saharauis
314. Sobre hormonas ocultas en las carnes, ciclistas y gigantes
315. Sobre la probabilidad de que el cambio climático sea una ideología
316. Sobre el centenario del primer tomo de los Principia Mathematica de Russell y Whitehead
317. Sobre lo que nos falta por descubrir en Atapuerca
318. Sobre la forma de correr de los politicos
319. Sobre las consecuencias para la salud del cambio climático
320. Sobre la rebelión de los senior
321. Sobre las posibilidades de que la ética y la racionalidad triunfen
322. Sobre lo que deberían saber los ingenieros
323. Sobre cómo enseñar a amar la música
324. Sobre las principales categorías de supervivencia en la selva laboral
325. Sobre las principales categorías de supervivencia en la selva laboral(y 2)
326. Sobre la cara que tienen los políticos
327. Sobre la necesidad de Dios y la necedad del Hombre
328. Sobre la estrategia energética para 2035
329. Sobre el paseo virtual de las profesiones por el ambiente
330. Sobre lo que no cuentan los periodistas
331. Sobre los plazos de entrega para el vehículo eléctrico
332. Sobre los plazos de entrega para el vehículo eléctrico (y 2)
333. Sobre las renovables, el tren de la economía y las estaciones del via crucis
334. Sobre lo que nos ocultan los economistas y las fricciones en la búsqueda
335. Sobre gestas, fútbol y misiones
336. Sobre los chisguetes de expertos en jeribeques
337. Sobre lecciones de macroeconomía para pobres diablos
338. Sobre el fomento de la cultura empresarial, entre el MIT y la RAE
339. Sobre los privilegios y su maluso
340. Sobre lo que aún no ha divulgado Wikileaks
341. Sobre las fiestas de guardar y las de olvidar
342. Sobre las aplicaciones de las tecnologías sin zanja
343. Sobre los argumentos de quienes pretenden ser imprescindibles
344. Sobre el Ejército como garante del estado de alarma
345. Sobre el ascenso a la fama del ingeniero Sougarret
346. Sobre naturaleza, límites y espectáculo
347. Sobre carreras, objetivos y resultados
348. Sobresalientes
349. Sobre España como instrumento
350. Sobre los desacuerdos sobre el cambio climático
351. Sobre liebres, conejos, galgos, podencos y otros animales con representación parlamentaria
352. Sobre las felicitaciones en esta época (Season’s Greetings)
353. Sobre los índices de enajenación mental de un pais
354. Sobre la identidad digital
355. Sobre la función social del sistema bancario
356. Sobre copago, edad de jubilación, beneficiarios, prestaciones y control
357. Sobre lo que de verdad oculta Estados Unidos
358. Sobre el garum, la reacción de Maillard y las cenas de Navidad
359. Sobre el imparable ascenso de United Technologies Corporation al sol
360. Sobre las distintas formas de amor no relacionadas con el sexo
361. Sobre las acepciones del nosotros en los discursos institucionales
362. Sobre lo que queda del año
363. Sobre derecho a la información, leyes del mercado y cánones digitales
364. Sobre el duopolio del fútbol español, la colusión de intereses y la estrategia de Florentino
365. Sobre cómo despedir el año con un corte