Salvar al soldado Rodríguez

La indefinible guerra entre “machos alfa” por el control de Podemos que protagonizan Errejón e Iglesias, y los miembros de sus respectivas manadas conceptuales, me hace recordar (como a muchos otros universitarios de mi generación, sin duda), las interminables disputas entre estudiantes “comprometidos” con la necesidad de una revolución antifranquista que formaban parte del espectáculo regular de las Facultades de  finales de los sesenta y principios de los setenta del siglo XX.

Aquellas reuniones, protagonizadas casi siempre por los mismos personajes, se denominaban Asambleas, y eran convocadas casi siempre con premura apelando a muy variadas causas, desde lo concreto (por ejemplo, actuaciones violentas de la Brigada social, solidaridad contra represaliados, etc, ) hasta lo ideológico (diferencias entre comunismo y marxismo, discrepancias entre el MC y la LCR, etc.).

En Oviedo, donde yo estudié ingeniería, la Facultad de Filosofía y Letras -de la que también fui alumno poco después-, se llevaba la palma de todo el distrito en convocar asambleas, y organizar manifestaciones y revueltas, en un círculo vicioso que, en gran  medida, se autoalimentaba, con la ayuda de las fuerzas del orden y de la represión política imperante. Se perdieron muchos días de clase, pero algunos aprendieron a hablar en público, e incluso a hacerlo a voces, sin  perjuicio de envolver el lanzamiento de contenidos con los tonos más acres.

La actual controversia podemista, llevada a la plaza pública, se parece como una gota de agua a otra aa aquellas batallas del tardofranquismo que se convirtieron en parte -sustancial- del paisaje universitario. No se calibrar, al día de hoy, si consiguieron algo (aparte de golpes, magulladuras, algún destierro y la inmolación lamentable de mártires que acaban dando valor a la Historia de todo proceso revolucionario), aunque no habrá ninguno de sus protagonistas que no defienda que la democracia vino de aquellas manos. Para la mayoría, fueron, simplemente, parte del paisaje.

Volviendo al presente, la preparación física e intelectual de los partidarios de expresarse más en la calle que en el Congreso de Diputados (apoyando, por tanto, el cambio revolucionario) o de caminar por la vereda de los cauces previstos por la actual Constitución, dejando las manifestaciones callejeras como acción excepcional (esto es, tratar de alcanzar el poder político mediante una reforma progresista), no vaticina nada bueno para el pacífico desarrollo del Congreso de Vistalegre que está convocado para el segundo fin de semana de febrero de 2017.

En consecuencia, este rifirrafe tampoco es una buena noticia para los partidarios y simpatizantes del mensaje de cambio que aupó a Unidos Podemos por encima de la opción socialdemócrata del ya maltrecho Partido Socialista Obrero Español.  a la que debilitó aún más con un abrazo de oso en un momento crucial. Hoy, ese antiguo portador de la esencia de la izquierda civilizada, en manos de una gestora, nombre que a muchos suena parecido a la administración concursal de una empresa en liquidación, acumula problemas tanto de identidad como de liderazgo.

Qué momento más importante, pues, para la izquierda española. Restringiéndome al ámbito de Podemos, y al margen de mis concretas posiciones ideológicas (aunque ya las tengo suficientemente expresadas en estas crónicas), me caen mucho más simpáticos el tono, la actitud y el contenido de los mensajes de Iñigo Errejón y sus compis de batalla, que la prepotencia y recursos vocingleros de los Pablos (Iglesias y Echenique) y sus principales valedores.

Acababa de escribir este comentario, cuando, al revisar mi posición personal -de espectador interesado en el desenlace, si bien al margen de facciones polìticas concretas- me acordé del general Julio Rodríguez. Sí, el soldado Rodríguez, que fue nombrado in pectore Ministro de Defensa por el macho alfa Pablo Iglesias cuando fue presentado en público antes de incorporarlo a primera línea de fuego con el solo pertrecho de su prestigio personal.

Tengo expresado ya mi afecto y mi respeto por la decisión adoptada en su día por el ex jefe de Estado Mayor. Pero, ahora que el campo de batalla se ha desplazado a las propias líneas del campamento de Podemos ¿habrá llegado la hora de Salvar al soldado Rodríguez ? (*)

No me puedo imaginar al prudente y experimentado general templando gaitas entre jóvenes universitarios que se creen poder  ventilar sus diferencias con el mismo ardor que si estuvieran en una Asamblea de la Facultad de Políticas, y, en realidad, están protagonizando un docu-drama. La sociedad quiere que se ponga el énfasis sobre las soluciones  y no asistir a un concierto de dentelladas y poses de agresividad. Por lo menos, yo así lo veo.


(*) Saving private Ryan es el título original de la película épica estadounidense ambientada en la invasión de Normandía durante la Segunda Guerra Munidal, y que dirigió Steven Spielber. Narra la increíble aventura imaginaria de un tal capitán Miller que, junto a un reducido grupo de siete hombres, recibe el encargo de rescatar al soldado Ryan y devolverlo a casa, lo que hacen atravesando el cruento campo de batalla.

La fotografía que adjunto es parte de otra, de mejor calidad, representando una disputa por el alimento entre un pico picapinos y un gorrión. Me resultó increíble el ardor con el que el ave menor se lanzaba, hasta amedrentarlo, contra el picatuero que le estaba arrebatando la comida. Tengo otras instantáneas en las que aves de diferentes especies pugnan por un alimento apetecible.

No es una situación habitual, ni mucho menos: bien se trata de arrebatar la posición relevante en un comedero artificial o de defender el territorio de cría ante la proximidad de un invasor del espacio propio.

Momentos estelares de la misérrima política española reciente

pato-cuchara

Diversos acontecimientos han contribuido a que al conjunto de los españoles vivos se nos hayan abierto los ojos -como se dice coloquialmente- para contemplar la realidad con mejores perspectivas de entenderla. Ha sucedido todo tan rápido que quizá no todos hayamos tenido tiempo, voluntad o cinrcunstancias para asimilar tanta información como ha quedado expuesta sobre el tapete.

Desde luego, hay que indicar, ante todo, que la disección del cuerpo político-económico ha sido realizada al hilo de la oportunidad, por manos faltas de método e incluso inexpertas y, no guardemos dudas, con una intencionalidad, un sesgo. Con todo, ha servido para dejar tantas vísceras de los tejemanejes al descubierto que, además de llevarnos las manos a la cabeza, haríamos bien en llevárnoslas a los bolsillos.

La política aparece hoy como una parte espuria de la microeconomía, en la que la inmensa mayoría -esa a la que tanto se refieren quienes alardean de conocer cómo pensamos- somos simples votantes y pacientes. Aportados a la luz de la justicia (que también tiene sus claroscuros) decenas de casos de malversación, apropiación indebida, negociaciones fraudulentas, uso de información privilegiada, asociaciones para delinquir, etc., resulta, como efecto colateral, el que tanto los ciudadanos orientados a derecha como a izquierda hayan encontrado un punto de acuerdo, una frase recurrente en el argumentario común: “todos los políticos son corruptos”.

Naturalmente, es una afirmación maximalista, errónea, equivocada, válida solo para saludarse entre posibles contrarios, y poner de manifiesto que no se desea hacer sangre en la conversación y concentrarse en lo que no hace daño -o poco- hablar de fútbol o del tiempo atmosférico.

Quién lo habrá de dudar: Hay muchos políticos muy sanos, honestos, confiables. Tenemos que admitir, por lo que se nos va en ello, que son muy pocos los que no lo son, y que se han descubierto ya prácticamente todos los que ocultaban con su palabrería los movimientos de sus manos asaltando, con diversos modos, la tesorería pública. Muchos serían, sin embargo, los que, sentados en las bancadas de parlamentos,  ayuntamientos, congresos, empresas públicas, etc., concentrados en no se sabe muy bien qué otras cosas, miraron hacia otro lado en lugar de fijarse en lo que hacían sus compañeros de asientos (aún peor lo pongo: incluso de sus contrarios teóricos), culpables in eligendo o in vigilando.

No voy a presumir de perspicaz si apunto que la desconfianza alcanzada por la política tiene un punto gordo (teorema que se estudia en las carreras de Ciencias al tratar de los límites de las sucesiones aritméticas) en el Partido Popular, con una concentración de corruptos, falsificaciones, cajas negras, facturas falsas, mentiras y corruptelas -presumibles, presuntas o confesas- espantosa. Poco demérito quita a ese baldón el decir a posteriori que se ha expulsado de la cofradía a los culpables o que no hay responsabilidad frente aquellos a los que, por faltarles carné, se objeta en defensa que no se les conoce o que iban por libres.

Sería sospecho de parcialidad el no recordar los casos que afectan o afectaron a militantes del PSOE, desde Xuan Cornide hasta Xicu Torres, desde Antonio Fernández a Juan Griñán o  a Manuel Chaves, Guerrero y su chófer, etc. ¿Pasar página por la inmensa corrupción del honorable Pujol y su esposa e hijos, y los que le rodearon, para deshonra y desprestigio de la nación catalana, que tanto les debe en tiempos modernos?  ¿Habría que olvidar para siempre el caso Filesa, con José María Sala, Aida Alvarez, Alberto Fraile, Carlos Navarro, etc. condenados y a aquellos varios empresarios de indudable postín desfilando cabizbajos por los Juzgados, antes de ser indultados por el artículo trece? ¿Retomaríamos para el acervo cultural al difunto Vilá-Reyes, paganini por defunción del llamado escándalo Matesa, que alfombró con inmundicia inocultable las glorias hipotéticas del franquismo, estando éste aún viviente y coleante?

El último caso de malhacer que ha trascendido lo protagoniza el diputado de Podemos en la Asamblea de Madrid, Ramón Espinar. Es pecata minuta, comparado con otros más sonoros. Que se aproveche de la adjudicación de un piso de protección oficial para venderlo con plusvalía, después de haber defendido que esas viviendas están destinadas a gentes necesitadas y no a especuladores, no es delito, por supuesto, pero suena a doble moral y, como se vio obligado a decir el portavoz en la Asamblea del equipo podemista, José Manuel López, “perjudica (resta credibilidad) a su proyecto”.

La historia política reciente de la misérrima España se llena de momentos estelares, unos de mayor intensidad que otros, pero todos con idéntico olor a chamusquina. Desde las pequeñas irregularidades de Juan Carlos Monedero, Iñigo Errejón, Tania Sánchez, Ramón Espinar, etc., a los graves asuntos manejados por Luis Bárcenas, Rodrigo Rato, Alvaro Pérez Alonso, Francisco Granados, Arturo Fernández (el gran actor/seudo-empresario), Gerardo Díez Ferrán, Carlos Fabra, etc., hay mucho trecho, pero todo pertenece a la misma cuenca hídrica, ya se trate de ríos caudalosos como de pequeños afluentes.

Permítame el lector una maldad irónica. Imagino a Pedro Sánchez, quien fue paladín del PSOE en una batalla campal contra las resistencias al cambio que le surgieron a izquierda y derecha, paleando en su chalupa sobre esas aguas tenebrosas de los momentos estelares de la historia reciente española. Se ha pintado, como los guerreros indios, las marcas de la guerra, y ha retado en campo abierto, ni más ni menos, que a Juan Luis Cebrián y a César Alierta. Supongo que para presentarse ante los suyos (si es que le quedan fieles dispuestos a seguirle para reconquistar el espacio perdido) como un musculoso guerrero, capaz de vencer incluso a Susana Díez y a Josep Borrel.

Apostaría que no tardarán en imputarle que no terminó la carrera, que Santiago Carrillo junior le regaló los créditos cuando era decano de la Complutense. ¿Lo están haciendo ya? ¡No damos abasto para tanta luminosidad sobre la inmundicia!


P.S. Ilustro este Comentario con la fotografía de un pato cuchara, llamado así porque tiene el pico muy largo, lo que le permite, sobre todo, abarcar más área de líquenes y pequeños crustáceos en las lagunas donde cría o se detiene para repostar en sus trayectos emigratorios.

Estos patos reposan sobre una sola pata (aunque son, respecto al sexo, más bien promiscuos). Esto no les resta algo de movilidad a la hora de emprender el vuelo, cuando se encuentran en descanso, pues se impulsan con la que les sirve de apoyo con gran fuerza.

Por cierto, “Momentos estelares de la Humanidad” es el logrado título de uno de los libros del prolífico Stefan Zweig que, para mí, tiene el especial recuerdo de haber sido el primero de este autor que leí. El argumento es magnífico: los doce casos que presenta corresponden a héroes de la Historia a los que el futuro hizo jugar con otras cartas que ellos no hubieran imaginado. Las de Núñez de Balboa, mandado decapitar por Francisco Pizarro, que andaba a la búsqueda de su gloria, es una de las más ejemplares. La de Goethe, enamorado de una jovencita, hija de uno de sus amigos, cuando él andaba ya por los setenta, resulta especialmente estimulante para los que nos acercamos a la frontera.