En Marche, l´Espagne!

A pocas fechas de consumación del penúltimo acto de la debacle socialista -me refiero a la posición ideológica ocupada, hasta ahora, por el PSOE-, no me parece descabellado mirar hacia la vecina Francia y, sin necesidad de acudir a la repetición de los argumentos ya ampliamente expuestos por quienes defendieron o abominaron del apoyo desde las trincheras de la izquierda al Cid Campeador Emmanuel Macron, poner de manifiesto ciertos aspectos de nuestra circunstancia política.

Primero. No tenemos, benditos sean los dioses de esta aldea, ningún Frente Nacional, ya caídos todos sus representantes más genuinos en la catarsis ideológica post-franquista. Las insinuaciones, por parte de quienes desean construir un catecismo desde el populismo ramplón, de que nos encontramos en una “excepción democrática”, no pueden ser compartidas en absoluto por quienes estamos viajados, conocemos mundo, y sabemos mirar sin anteojos al fondo del argumentario de los que quieren arrebatarnos santos y peanas sin más apoyo que su ardiente palabrería.

Segundo. El gobierno de Mariano Rajoy tendrá muchos defectos, pero no carece de puntos de solidez que, a falta de alternativas, se han convertido en nuestros mejores puntos de apoyo colectivos. Lo están demostrando las preferencias en las encuestas y lo consolidan, pese a quien pese, las discusiones vacías en el Parlamento y las exuberancias verbales y la repercusión, cada vez más débil, de las movilizaciones callejeras a favor de pedir y no comprometerse.

Tercero. Encuentro analogías entre Macron y Rivera (Albert), salvo que el cartucho de Ciudadanos ya está quemado o se mojó. Lo quemaron o mojaron todas las demás fuerzas, vientos y vientecillos políticos. Cuando el hoy postulante a dirigir el PSOE de las facciones, Sánchez (Pedro) firmó un acuerdo de mínimos con Rivera, en la ilusa aspiración de que se abstuviera el PP de Rajoy, lo quemaron los que desconfían de cualquier representación de la derecha en la que no militen las viejas familias. Cuando el veleidoso Iglesias (Pablo junior) se salió por peteneras auto-nombrándose vicepresidente en su propuesta pública, estando el entonces Secretario General del PSOE presentando aún al Jefe de Estado su intención de postularse para Jefe de Gobierno, la antorcha incendiaria la enarboló aquél.

Cuarto. Lo mejor del Partido Socialista Español  (tengo reparos en ponerle la O) en estos tiempos de desorientación opositora, para este modesto observador, ha sido su gestora y, dentro de ella, Javier Fernández. Estuvo serio, firme pero también conciliador, comprometido con una historia común y árbitro impecable con las estridencias y desafueros de sus colegas de partido. Se dice de él que es mejor gestor que parlamentario, aunque esas voces provienen de quienes menos lo conocen, y pretenden, al juzgarlo así, menospreciar su carrera política. Hubiera sido, para recomponer su partido, la mejor opción. Patxi López, a su lado, parece un imitador.

Quinto. En este momento, y lo digo desde el pragmatismo, “No, tiene que adaptarse a ser, según los casos, Sí, Ya Veremos, o Mejor acepta tú mi propuesta”. Aconsejo, a quienes tengan dudas del camino a tomar, que escuchen con atención la grabación de los esperpénticos comentarios que el profesor Verstrynge, ciudadano de doble nacionalidad española y francesa -quien incluso apeló a su pasado fascista para defender su actual conocimiento de la situación-, por los que defendía que habría que abstenerse de votar a Macron.

Sexto. No estamos en situación de emergencia nacional (al menos, no todavía y, para mi tranquilidad, no veo atisbos de que arribemos a tal situación), pero me gusta adoptar el lema del flamante Presidente de la República Francesa, como llamada de agrupamiento a quienes no saben qué camino tomar. “¡Adelante, España!”, “¡Ante todo, España!”. Es un grito patriótico, en efecto, pero se ha vuelto a poner en valor ser patriota. Si las naciones que tienen más peso económico y sociológico que los españoles apelan a las esencias históricas, sin renunciar a manifestarse -en esta parte del escenario- europeos y globales, no necesito más razones para enarbolar la misma bandera, para defender los intereses de mis conciudadanos.

Ya habrá tiempo para reconstruir todo lo demás.

Las bazas de Mariano Rajoy

Mariano Rajoy, todavía Presidente en funciones del Gobierno de España, es, sin duda, la persona más cualificada para dirigir el país en este momento. Nadie como él atesora experiencia acerca de cómo funcionan las cosas por aquí.

Es cierto que no “ganó las elecciones”, ni las de diciembre de 2015 ni las de junio de 2016, porque, aunque el Partido Popular fue la opción más votada, lo fue por una minoría del total de votantes. No cabe decir, pues, que “el pueblo ha expresado su voluntad de que gobierne el PP”, ni otras retóricas, y falsarias, expresiones con las que los representantes más conspicuos de la derecha española defienden su presunto derecho a seguir gobernando.

Pero la capacitación de Mariano Rajoy que defiendo en este Comentario proviene de su abrumador currículum. Registrador de la Propiedad al año siguiente de terminar la licenciatura de Derecho, concejal del Ayuntamiento de Pontevedra, Presidente de la Diputación de la Provincia homónima, diputado durante décadas, ministro de Educación y Cultura, de Administraciones Públicas, de Interior, de la Presidencia, vicepresidente Primero y Presidente de Gobierno él mismo…¿Quién podrá alardear de una experiencia similar? Nadie.

Nadie como él ha de conocer las triquiñuelas que se vienen realizando desde tiempo inmemorial para compensar, en los discretos despachos anexos al principal, las diferencias entre el precio declarado en las escrituras públicas y el concertado entre comprador y vendedor de inmuebles; siendo Pontevedra lugar de asentamiento clásico de los grandes traficantes de droga de España y de Europa, en donde suntuosas mansiones, barcos de recreo, lugares de placer y lenocinio, han proclamado, sin rubor, durante decenas, el origen misterioso y con seguridad, ilícito, de los dineros con las que se adquirieron tales bienes, no es ajeno, sin duda, al conocimiento de tales maniobras (de las que, por supuesto, siempre se mantuvo al margen).

Rajoy estuvo en los entresijos del derrocamiento a Sadam Husein, -cuya figura alcanza, por cierto, con el tiempo, dimensiones propias de la veneración santificada-, y estar apoyando a José María Aznar en la difícil decisión adoptada, junto a Bush jr, Barroso y Blair, tuvo que darle amplios conocimientos acerca de cómo se mueven los designios del gran capital norteamericano, que han de estar conservados en algún lugar de su prodigioso cerebro.

Como Ministro de Educación, y Ciencia, que fue, y harto brillante (como se puede comprobar en las hemerotecas, propulsor de los nuevos Planes de Formación Profesional) nadie mejor para saber cómo impulsar, de una vez, la pureza de la Universidad española, la regulación del acceso transparente a las cátedras y títulos, la elevación del decaído prestigio de las carreras y profesiones, o la orientación acerca de los puestos de trabajo que se crearán en las ya no tan nuevas, tecnologías, incluidas, claro, las ambientales.

No admito que nadie se jacte de conocer mejor las administraciones públicas -salvando, quizá, al desaparecido en la batalla Francisco (Paco) Sosa, que propugnó una reforma imposible-, porque él fue quien firmó la LOFAGE en 1997,  y, por supuesto, ningún antecesor ni subordinado ha igualado su prestigio como Ministro de Interior, con sus éxitos para doblegar a ETA al aprisco de la deposición de las armas y su Ley de Extranjería, que tanto ha significado para la cobertura de puestos laborales que los españoles despreciaban.

Como Presidente, su ilusión y empuje por impulsar nuevos proyectos empresariales, en negociación continua con los mejores empresarios de este país, además de ponerle en delicado pero efectivo conocimiento de las relaciones subterráneas entre el gran capital y los partidos políticos (si no lo había adquirido antes), ha significado la generación de millones de puestos infra-mileuristas, y el crecimiento de los negocios de algunos grupos empresariales en el extranjero, lo que ha mejorado sus resultados, por supuesto, aunque, desgraciadamente, ha significado la reducción de su capacidad de empleo en España.

No tiene, pues, necesidad de suscribirlo alguien de tanto prestigio pasado como Felipe González. Mariano Rajoy debe gobernar. Y debe hacerlo en solitario, contra todos. Quizá con apoyos puntuales de Ciudadanos, del PSOE, incluso de Unidos Podemos que, como recordamos bien, en el curso de las negociaciones para estudiar la posibilidad de coaliciones de gobierno más aventureras, negó su apoyo -cuando eran solo la mitad de la denominación, aunque más numerosos en simpatizantes.

Nos esperan, por supuesto, tiempos muy difíciles. Pero entretenidos. Mariano Rajoy, con su visión escénica del Estado español, con su conocimiento profundo de la Administración Pública y de las capacidades de iniciativa privadas, nos lo garantiza.

Ah, y que vaya enseñando a los nuevos -esos “chicos” voluntariosos, pero inexpertos aún, llamados Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Albert Rivera, Alberto Garzón,…cómo se corta el bacalao. Sugiero que los nombre ministros por turnos, y que cuente, en esa hipotética Escuela de Otoño- con la asesoría inapreciable (en el sentido de, gigantesca) de Felipe González, José Luis Rodríguez Zapatero y José María Aznar; para no ampliar más la nómina de expertos en la política real. Sobre la economía real, habría otro curso, más avanzado, para los que aprobaran el primero.

Formas de vivir

Si hay dos formas de morir -de repente y tras una larga y dolorosa enfermedad-, existen tantas formas de vivir como maneras de abordar la ignorancia. La frase no es de Tolstoi, ni de Dostoievski, sino mía, por lo que cabe darle un limitado alcance intelectual.

Sin embargo, me permito convocar en defensa de mi tesis a Claude Shannon y su teoría de la información y, apuntando, sino más alto sí a especulaciones más recientes (2010), a la proposición de Vlatko Vedral, según el cual el universo no estaría formado ni por materia ni por energía, sino de información.

La idea me resulta atractiva y reconozco que fue el Diálogo entre Jorge Wagensberg y Juan Ignacio Cirac  (dirigido por el primero) que publica Ahora (núm.19, 15-21 enero 2016) lo que me golpeó la puerta donde cobijo mi ignorancia. Dice Cirac que “La teoría de Shannon está en la raíz de toda comunicación” y, más adelante, que “si no se puede evitar que los errores ocurran, aún queda otra solución: corregirlos”.

El dilema que está en la raíz misma de la naturaleza consciente del ser humano (desconozco si afecta a otros entes, aunque supongo que también) es la forma de resolver  la ausencia de información suficiente para poder corregir los errores que constituirán su existencia.

En la cumbre de todas las incógnitas estaría -en mi personal catalogación- la cuestión de si somos o no trascendentes a la desintegración de la materia y a la desaparición de los síntomas de energía de los que estamos compuestos. Sin que su decisión implique la certeza de haber encontrado la solución, no son pocos de los humanos que se han adherido a la idea de que existe una entidad superior que todo lo controla y, rizando el rizo de la ignorancia voluntarista, algunos entienden que, además, esa metacategoría cósmica nos quiere para sí y consigo si cumplimos determinadas condiciones.

A un nivel más inmediato, que es el de decir cómo aprovechar mejor ese trozo de la eternidad inasible en el que nos podemos catalogar (aunque sea una fantasía) como materia y energía combinadas, el aprendizaje debería ofrecer soluciones para tranquilizar, al menos en parte, la angustia derivada de tener información tan escasa acerca de lo que nos puede llegar a suceder y no saber cómo evitar lo que nos hará daño.

La búsqueda de la mejor información a este respecto tendría que combinar la utilidad individual, pero, sobre todo, la colectiva, y su empleo nos permitiría corregir o intentar corregir lo que tenemos catalogado como errores del pasado.

Recurro, para cerrar este comentario, nuevamente a la idea de Vedral, cuyo atractivo filosófico (metafísico) no niego: en este momento de nuestra historia colectiva, en España, se están confrontando -confío en que solo dialécticamente- propuestas diferentes de disminuir la ignorancia respecto al futuro común.

Tenemos definido, sin grietas, el objetivo básico: queremos generar más riqueza para repartir y ser más justos en el reparto.

No dudo en que quienes las capitanean, están convencidos de la seriedad y solvencia de sus ofertas para conseguirlo.

Pero, a medida que avanza la flecha del tiempo, y aunque juro o prometo que me esfuerzo en sintonizar, me resultan más aparentes las perturbaciones de sus mensajes que su contenido mismo.

Espíritu grupal, objetivos y liderazgos

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Tinta china y acuarela: “Expedición de buscadores de nada” (oct 1987, @angelarias)

La idea no es nueva, y no es el único dibujo con el que la expresé. Un grupo heterogéneo de gentes, con banderas, símbolos y bagajes, avanzando por un terreno desértico. No falta un vigía que parece señalar, como renovado Rodrigo de Triana, un destino invisible; hay musicantes, danzarines, avasallados por la turba, amantes, niños…Alguien mira hacia atrás, tal vez incluso añorando el desperdicio que se abandona.

En estas mismas páginas, en la serie “Cuadros comentados”, glosé el significado de otro dibujo satírico, trasunto en aquel caso del famoso de Lecroix “La libertad guiando al pueblo”, al que no puedo sino remitir al lector curioso.

Me han preocupado siempre los liderazgos sin razones, los seguidores sin crítica, los objetivos sin futuro, los argumentos sin matices. A lo largo de mi vida, he tenido múltiples ocasiones de observar el comportamiento de líderes y guías y, cómo no, de analizar los de sus seguidores, ya sean subordinados, colaboradores, fieles, devotos, y hasta esbirros. De una manifestación grupal, me interesa estudiar el resultado pretendido: para el que promueve el objetivo, para los que lo apoyan convencidos, para quienes esperan conseguir, a cambio de su apoyo, prebendas y dádivas.

Es muy difícil conseguir seguidores; no digamos ya, adeptos. Quienes escribimos, por ejemplo, en un blog, -sin padrinos, desde la independencia de partidos, grupos o sectas, sin nada que ofrecer a cambio más que el eventual producto de nuestro reflexión cultivado en el terreno ignoto del parecer peculiar de cada lector-, sabemos cuánto cuesta que te lean, qué riesgo supone que te malinterpreten los que te lean, que milagro se tiene que producir para que los que te hubieran leído, y te hayan interpretado sin sesgos, intervengan. Qué pocas opciones hay de que los otros se manifiesten contigo, aunque sean en tu contra, en desacuerdos fundados.

Por eso, cuando veo a varios cientos de miles, parece incluso que millones, siguiendo un objetivo que no alcanzo a comprender, en pos de uno o varios líderes que no comprendo lo que dicen (igual me da que se expresen en español que en inglés o en su prístina lengua vernácula), vuelvo la vista a este cuadro que cuelga de una de las paredes de mi casa, y me pregunto: “¿quo vadis?”. Porque, estas huestes a las que me refiero hoy, no huyen de nada ni de nadie, -no las persiguen por sus creencias, no hay guerra en sus predios, no les amenazan de muerte por existir a su manera-.

A esas gentes, no les caracteriza ni su lengua, ni su pasado histórico común, ni la mayor eficacia presunta de sus capacidades y estructuras propias. Si tal creyeran, estarían ahondando únicamente en sus limitaciones: porque hablar un idioma particular, anclarse en la Historia pasada, pretender que se tienen inteligencias superiores, no son más que argumentos de los que no se puede comer ni con ellos disfrutar de una vida mejor.

Así que a esas gentes las guía solamente la promesa de que alguien -atribuyéndose una credibilidad mesiánica, una portavocía sideral-  les ha dicho que tendrán una existencia más feliz si se separan del grupo en el que, juntos, íbamos. Les han hecho incluso creer, trileros del lenguaje y del pasado común, que les hemos estado quitando algo que era suyo.

Dejemos a los aguirres con su cólera de dioses ultrajados, y a los que le siguen, con firmeza, cariño o despecho, según cuadre, vayámosles quitando sin tapujos las vendas que tapan sus ojos, para que, pudiendo mirar en rededor sin anteojeras, abandonen esa expedición de buscadores de nada. Persuadidos de lo que nos es a todos útil, únanse a nosotros, a todos nosotros. Les estaremos esperando allí donde se dejaron seducir por adormecedores cantos de faunos, trasgos,  mendaces sabihondos y mórbidos sirenos.

La culpa es de Ikea

Me lo temía desde hace tiempo. Cuando ví que empezaban a proliferar esas esterillas con la leyenda “Bienvenido a la República independiente de mi casa” en los rellanos de las escaleras, empecé a sospechar que un movimiento contestatario, imparable, estaba asentándose entre nosotros.

Porque el lema nos va como anillo al dedo. Cierto que, dentro del mosaico variopinto de temperamentos españoles, algunos tendemos más al aislamiento que otros. Eso es historia, amigos. Pero, si rascamos un poco en nuestra pretendida solidaridad y bonhomía, por mucho que estemos a la cabeza de donación de órganos o de defender que hay que ayudar al desarrollo y contaminar algo menos, allá en el fondo, lo que nos gusta más es la tranquilidad de no tener que dar explicaciones a nadie, metidos en casa, en ropa interior si no hace frío, y viendo una buena película o esperando que nuestra selección de lo que sea demuestre al mundo lo buenos que somos.

Que vascos, catalanes, asturianos, gallegos, cazurros, murcianos o tordesillanos tengamos el prurito, picazón o molestia de preferir recluirnos en el reducto complaciente de la intimidad, con los nuestros, y cuanto más nuestros, mejor, tiene razones históricas profundas que no es del caso referir, una vez más. Eso está metido en nuestra idiosincrasia. Sabemos que hay que desconfiar de todo lo que no huela al mismo pelaje que nuestra dehesa.

El buey suelto, bien se lame. Pájaros de la misma pluma, vuelan juntos. Quien con infantes pernocta. excrementado alborea. Etc. Por eso, ¡Viva la independencia! ¡Viva Cataluña libre! ¡Viva la ruptura del Estado español, que nos oprime! ¡Viva el País Vasco libre! ¡Viva Asturias independiente!¡Viva que viva la libertad para encerrarnos en nuestra casa, con la esterilla en la puerta, advirtiendo de nuestra feroz defensa de lo íntimo, lo que nos distingue de todos los demás, lo nuestro!

¡Gracias, Ikea! ¿Tenéis algún mensaje más en la recámara?

Mi Diccionario desvergonzado: discurso, sorna, portavoz, muslo, tropa, corte, dato, sádico

Tropa. 1. Manera cariñosa empleada por un progenitor para referirse a su mujer e hijos cuando los lleva de excursión al campo, que él aprovechará para dormir la siesta o practicar la pesca de fondo. 2. Conjunto de soldados en maniobras, planificada para malgastar sus energías, elevando así su moral a la altura estimada adecuada por el mando.

Corte. 1. Tela doblada que se adquiría en una tienda de venta de paños, con la intención, casi nunca realizada, de realizar con ella un traje de los llamados de chaqueta. 2. Expresión afortunada por la que se hace ver a alguien que lo que está diciendo nos desagrada. 3. Tipo de helado que se compraba en los puestos callejeros, y que se colocaba entre dos galletas para poder engullir el bocado más rápidamente, sin causar molestia a las encías.

Dato. 1. Parte de un problema que permite encontrar la solución deseada por quien lo plantea. 2. En lenguaje especializado, atribución numérica que se hace a una variable para expresar que no se tiene la menor intención de ceder un privilegio o compromiso a quien maneja el programa informático de optimización de una función multivariante.

Sádico. 1. Persona que cree que los demás disfrutan con lo que a él le pone, cualquiera que sea el sentido que se quiera dar a la expresión. 2. Deformación frecuente de la mente del que dirige a un equipo de personas, por las que pretende que su obligación es mantenerlas ocupadas llevando a cabo las tonterías que se le ocurren.

España. 1. Para muchos españoles, concepto abstracto que solo se comprende, como sucede con cualquier territorio con abolengo histórico, cuando se hace abstracción de los intereses de los colectivos particulares con lo integran. 2. Para los nacidos en Latinoamérica, madre Patria, elucubración parafísica a la que suelen referirse, tanto para vituperarla como para despertar el orgullo de su procedencia mestiza. 3. Para algunos españoles, resto de España con el que no desean verse identificados.

Toro. 1. Dícese de quien oculta su vulnerabilidad tras una presencia física poco habitual, normalmente debida a anabolizantes. 2. Noble animal, similar a una vaca aunque con imponentes testículos, algunos de cuyos especímenes, con cuernos astillados o pulidos, denominados por esta sinrazón como de lidia, son utilizados en un espectáculo bastante entretenido, apreciado por los extranjeros como parte del folclore nacional, que deviene perversión al concluirse con la muerte del astado acribillado con espadas o lanzas, y con cuyo rabo se confecciona un guiso popular difícil de digerir.

Tributo. 1. Impuesto que se cobra al ciudadano cumplidor de sus obligaciones, para recordarle que no tiene el control sobre el producto de su trabajo. 2. Ofrenda que se hacía a los dioses, que consistía en la inmolación de jóvenes vírgenes o animales domésticos seleccionados, por la que se pensaba que se podía aplacar la ira de esos seres metafísicos, y que dejó de practicarse, en general, al comprender que tenían otras preferencias.

Clavo. 1. Trozo de metal desubicado que, cuando se incrusta en el neumático de un vehículo, obliga a investigar en el manual guardado en la guantera del mismo la manera de cambiar la rueda afectada, operación que, por razones no investigadas,  pocas mujeres consiguen realizar sin la intervención de un voluntario varón. 2. Cada uno de los elementos ferruginosos que se conservan en cualquier caja de herramientas, junto a tornillos y tuercas y que, al no venderse por unidades, sino por cientos, no encontrará jamás utilización.

Destornillador. 1. Herramienta manual, con cabeza plana o estrellada y manija desmontable, de la que se tienen múltiples ejemplares en el domicilio, cuyas concretas dimensiones y diseño no coinciden con aquella que se adecuaría a la pieza de metal sobre la que se pretende aplicarla, perteneciente a un aparato doméstico que el cabeza de familia pretende saber reparar, siendo necesario comprar una nueva de un solo uso en cualquier establecimiento regido por una familia china, lo que no supondrá, sin embargo, la solución al problema principal. 2. Bebida alcohólica con azúcar que, añadida sobre un estómago cuyo propietario tiene la mente embotada por la anterior ingesta alcohólica excesiva, se fabula que permitirá conducir el vehículo hasta, por lo menos, el próximo control de alcoholemia.

Espuela. 1. Adorno metálico que, incorporado a la bota, sirve para azuzar a una res que remolonea, y con la que se provoca una cabriola que da con el caballista ocasional en el suelo, finalizando así la experiencia inolvidable. 2. En las rondas de celebración por cualquier suceso favorable, denominación de las bebidas alcohólicas ofrecidas a costa de cada uno de los asistentes, que los acabará situando en estado lamentable, proceso que solo finalizará cuando el propietario se anime a cerrar el local, llegada la madrugada.

Muslo. 1. Carne  de una de las extremidades inferiores femeninas, que se consideraba comprendida entre la cintura y el liguero; aunque ha variado la zona del cuerpo a la que pretende referirse, ha perdido actualmente interés como atractivo sexual, al ser expuesta toda la pierna sin reservas y encontrarse desplazado el efecto llamada hacia las nalgas,  las orejas y el ombligo. 2. Parte del guiso de un ave que se reservaba para el cabeza de familia, y que actualmente, al disminuir el tamaño con el que llegan al mercado estas carnes, se vende junto al contramuslo o el animal entero.

Discurso. 1. Larga perorata de quien ocupa el estrado en una ceremonia o acto público, que tiene por objeto satisfacer el ego de quien la pronuncia y facilitar, de paso, el desahogo de quienes, sin explicación aparente, aplaudirán frases deslavazadas del mismo, siendo a su final incapaces de recordar ni una frase de lo expresado. 2. Palabras de agradecimiento por la concesión de un premio, galardón o medalla, que pronuncian la viuda o los hijos del difunto que fue, póstumamente, reconocido por sus méritos.

Portavoz. 1. Persona con facilidad de palabra, nombrado por un colectivo para expresar cualquier concepto confuso. 2. Representante de una petición que pretende ser escuchada, aunque no será tenida en cuenta por quien debe adoptar una solución.

Sorna. 1. Pátina que recubre un argumento, con la vana intención de que quien lo oye, atienda al doble sentido de lo que se expresa. 2. Sentido oculto del argumento con el que la mujer casada indica a su esposo que tiene un dolor de cabeza invencible ante sus requerimientos para practicar el acto sexual, cuando éste vuelve a casa después de una jornada agotadora tomando copas con los compañeros de la oficina.

Creo en la competencia más que en la competitividad

(Continúa de los dos Comentarios inmediatamente anteriores, con los que forma una unidad)

3. Urgencia de aumentar la inversión neta en investigación y mejorar el control de su eficacia

Todo el mundo parece estar de acuerdo en la importancia de la investigación, y empeñado en ponerle adjetivos y apéndices, aunque la realidad es que no se le presta atención, confiando más en la aparición del genio aislado que en el resultado de los trabajos en equipo, con orientaciones en sectores o líneas preferentes.

Se acostumbra, además, a reducir la valoración del esfuerzo en investigación a porcentajes referidos al presupuesto público anual o del producto interior bruto del país: un 1,3% del PIB parecería poco y un 2%, suficiente, por ejemplo. No hay necesidad de engañarse. Si se pretende analizar nuestras posibilidades competitivas en el marco internacional, habrá que referirse a cifras absolutas.

Los datos disponibles -manejo las grandes cifras, importando menos al respecto de mi razonamiento, el detalle exacto- indican que el gasto absoluto en i+d en Estados Unidos es 25 veces superior al de España y el de China, por ejemplo, 10 veces más alto. Países próximos, como Alemania o Francia, lo cuadriplican.  Podemos ser escépticos respecto  a la homogeneidad con la que han sido obtenidos los datos (estoy convencido de que en España se han inflado, en tanto que en Estados Unidos se subestiman…y pongo en duda cualquier dato que provenga de China), pero no debemos dejar de captar el mensaje de que las opciones para competir en resultados investigadores con países que dedican medios muy superiores a los nuestros son comparativamente ridículas.

Debemos, en consecuencia,  concentrar los recursos en algunas áreas concretas, siendo, además, conscientes, de nuestra condición genérica de país tecnológicamente dependiente. Es decir, desde la perspectiva de la mercadotecnia de productos que precisen alta tecnología , estamos del lado de los consumidores y no de los productores, de la demanda y no de la oferta. Solo nos falta -ni más ni menos- que tener con qué pagar lo que nos gusta consumir.

Los 13.000 millones de euros anuales que se dedican, según los datos, en España, a actividades de i+d+i son escasos, y,  por si fuera poco, están distribuidos heterogéneamente entre nuestras regiones (tres regiones concentran el 80% del gasto total innovador) y presentan múltiples duplicidades y ocasión de despilfarros y muestras de descoordinación. Con un gasto privado de 150 euros por habitante (nuevamente, se repiten ratios de proporción similares a los que nos separan de los países más avanzados), tampoco cabe esperar que nuestras empresas den la campanada tecnológica. (1)

(c0ntinuará)

—-

(1) Según el Estudio de una Escuela de Negocios, al que concedo un carácter fundamentalmente académico, hay unas 40.000 empresas innovadoras, y que tenemos algo más de 200.000 empleados, en ellas y en los centros públicos, dedicados a idear, todo el tiempo o a ratos: me pregunto dónde están y lo que hacen, si bien el análisis expresa que se concentran en farmacia, electrónica, química y automóvil, espacios tan imprecisos y genéricos que se me antojan equivalentes a música celestial o a aplicaciones de la cultura general.

Si el lector quiere datos para profundizar en lo pesimista del análisis, puede recorrer las páginas del Informe de la COSCE (Confederación de Sociedades Científicas de España).

 

Un país para turistas

La resistencia de ciertos grupos de opinión a la implantación de nuevas actividades industriales o mineras, se ha centrado en el argumento de que, con ello, se perjudicaría gravemente al sector turístico, que se presenta como la actividad con mejor comportamiento ante la grave crisis de la que España no parece aún capaz de recuperarse.

España ha pasado en pocas décadas de ser un país con base económica fundamentalmente agrícola y ganadera, a gozar de un desarrollo industrial notable, lo que motivó el despoblamiento del campo, hoy en una situación lamentable de abandono. El análisis detallado de las razones y consecuencias del cambio de tendencia, no puede ser expuesto en pocas palabras, aunque no admite réplica el hecho de que el crecimiento de los sectores industriales que mayor empleo generaron en la segunda mitad de siglo XX descansó peligrosamente en procesos y tecnologías que resultaron extremadamente vulnerables, pues los países emergentes se convirtieron rápidamente en eficaces competidores.

Los mayores de este pueblo hemos vivido tiempos de vacas flacas y gordas, y la revisión de un pasado próximo en el que la demanda de empleo, relativamente muy bien remunerado, se polarizaba hacia sectores que hoy están en profunda crisis (siderurgia, carbón, construcción naval, edificación, etc.) revela las graves carencias de un modelo que no supo aprovechar la bonanza para robustecerse, avanzando hacia la diversificación y la obtención de mayores valores añadidos y…se agarrotó, en no pocos casos, en la defensa a ultranza de unos objetivos empresariales y, por tanto, de unos puestos de trabajo derivados, que no eran económicamente sostenibles.

No están lejanos los tiempos en los que cada Municipio de este país celebraba la instalación de Parques Industriales -hoy, en su mayoría, simplemente, eriales-. Tenemos demasiadas autopistas y carreteras que no conducen a ninguna parte (o casi), y la geografía se han poblado de muñones de estructuras que serán, sin duda, monumentos permanentes a la pésima adopción de injustificadas decisiones de las Administraciones, adobadas con la avidez de ciertos grupos empresariales por obtener beneficio inmediato de los presupuestos públicos.

Han sido muchos los pecadores, y desde las entidades financieras a unas Universidades endogámicas y poco eficientes, pasando por la cortedad de los planteamientos de decenas de centros de investigación descoordinados, incapaces para abrir y potenciar caminos alternativos, no es posible salvar muchos trastos del naufragio colectivo.

Vueltas las cosas del revés, las Administraciones parecen haber redescubierto que España es un país turístico: tenemos playas, sol, buena gastronomía, precios aceptables, monumentos, buenas carreteras (por ahora), seguridad ciudadana y una tendencia innata a querer caer simpáticos al extranjero.

Pues bien: alerto de que estamos ante una nueva burbuja, que no servirá para crear empleo estable de calidad y que, además, nos distanciará aún más de ese pelotón de cabeza industrial que concentra su empeño en desarrollar aún más su músculo para fabricar productos más y más sofisticados, tecnológicamente más avanzados en cada remesa y que, dirigido desde la practicidad del “sálvese el que pueda”, no tiene empacho en seguir desplazando la fabricación de lo que es intensivo en mano de obra, contaminante o de menor empaque tecnológico, allí donde están lo centros de consumo más importantes, reservándose la recolección de la nata de sus plusvalías.

 

Republicanos con la Corona

Si los reyes fueran corredores de relevos, escribiría que el 19 de junio de 2014, Felipe VI recogió el testigo de Juan Carlos I (o, quizá, a la manera de los Papas, simplemente Juan Carlos, como lo es ese Francisco que está dispuesto a revolucionar la Iglesia Católica, volviéndola del revés).

Las Monarquías europeas se han hecho todas parlamentarias, o constitucionales, en una deriva desde la concepción mística que las colocaba entre la divinidad y sus súbditos, pasando por monarcas absolutistas -pocos han sido despóticos- y algún que otro enajenado circunstancial. Hoy día, ser Rey, Majestad o Monarca, aquí en la tierra como en la antes pérfida Albión, tiene más de símbolo que otra cosa, con poderes tan restringidos por las Constituciones que, en la práctica, cabe decir que reinar no tiene nada que ver con gobernar.

Felipe VI es un rey bien preparado, que, como las abejas reinas de las colmenas, ha sido alimentado para ser el mejor. Reúne una combinación prácticamente insuperable de presencia física, exquisita educación, poliglotismo, conocimiento de personajes y personas, y una amplia cultura general y política.

Si le faltara algo, puede contar con muchos de los mejores en una disciplina para asesorarle, incluso anónimamente. Su rostro es conocido aquí y allá. Y su figura, representación y talante, son respetados y hasta venerados por muchos más de los que puedan pretender cualesquiera de los presidentes y cabezas de lista de nuestras variopintas nacionalidades, partidos o grupúsculos asentados en territorio español.

Como republicano posibilista, y como ciudadano respetuoso con la Constitución y con las leyes, como experimentado analista de lo que pasa en este país y en otros, e incluso de lo que nos pasa a gentes como yo, y mucho mejores que yo, creo que Felipe VI es la mejor opción para España.

Lo demás, son elucubraciones y los que las elaboran, si piensan de veras en hacerlas verosímiles, insensatos.

¡Viva Felipe VI! ¡Viva la República! ¡Viva la Corona! ¡Viva España!

No es un Cuento de invierno: El dilema de Luis Garicano Gabilondo

“El dilema de España” (Edit. Península), es el título del último libro de Luis Garicano Gabilondo, en el que este prestigiado economista expone su visión actualizada respecto a los problemas más acuciantes de nuestro país y algunas de las soluciones que se le antojan pertinentes.

El volumen fue presentado en sociedad en el foro de la Fundación Rafael del Pino (20 de enero de 2014), que se ha consagrado -desde hace ya varios años- como un lugar de privilegio para recibir información cualificada sobre lo que debería interesar a quienes se mueven por los escenarios de la política, la Universidad y la empresa. También es, por supuesto, un centro de enseñanzas prácticas para jóvenes profesionales y un lugar de concentración de algunas de las frustradas cabezas intelectuales de nuestro territorio, cercado coyunturalmente por el desánimo y la mediocridad.

Es Luis Garicano uno de nuestros eminentes exiliados: catedrático de la London School of Economics, analista documentado de la realidad económico-social, bloguero muy apreciado (http://www.nadaesgratis.es), con una doble licenciatura en derecho y en economía por la Universidad de Valladolid, y, entre muchos títulos, posiciones y premios, consejero de ese banco misceláneo que se llama actualmente Liberbank.

La lectura de los libros y artículos de Luis Garicano es entretenida y útil, porque es inteligente, ameno y directo. Me gustó también escucharlo (tiene, en el aspecto físico y el deje un aire a Carlos Sobera, el presentador televisivo): dispone de un verbo fácil, y un talante de los que no rehúyen ninguna pregunta.

En una puesta en escena estupenda, contando con el apoyo de las incisivas observaciones de Javier Díaz Giménez (http://javierdiazgimenez.com), Garicano expuso las ideas centrales de su libro que, dicho sea de paso, lleva ya dos ediciones cuando apenas si ha visto la luz de las librerías y, según anunció el editor, va camino de la tercera.

Cuando, para terminar el acto, Javier Díaz Giménez lanzó la pregunta pertinente, después del análisis, trasladando como dilema lo que inquieta a todo seguidor de un visionario, de un pensador: “Y ahora, ¿qué? ¿Cuál es la posición que vas a adoptar? ¿Vas a organizar un partido político, una plataforma que sirva de canalización a lo que expresas en el libro?”, Garicano respondió, sin titubear:

“No me corresponde. Yo soy solo un intelectual. El trabajo de adoptar o descartar las propuestas que hago pertenece a los que se dedican a la política”. (1)

Aviados estamos.
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(1) Algunas de las ideas expuestas por Luis Garicano en la presentación de su libro:

-Tenemos dos graves problemas: el abandono escolar y el deterioro de las instituciones.

-Las grandes innovaciones están agotadas. Lo que permitió crecer ha sido el capital humano y la protección de la innovación por las instituciones. Hay que regular y proteger, pero para que los que tengan ideas no corran el riesgo de que se las roben.

-Tres conocimientos necesarios para obtener éxito laboral: saber inglés a la perfección, saber construir argumentos de forma razonada; saber matemáticas.

-Los trabajos rutinarios (sean manuales o intelectuales) van desapareciendo, pues pueden ser realizados óptimamente por máquinas. Pero se mantendrán: los que correspondan a actividades interpersonales (profesor, enfermera, camarero,…) y los que exijan una componente abstracta o intelectual muy alta (citó como ejemplo, el abogado).

-La mayoría menos cualificada tendrá que dedicarse a complementar el trabajo de los excelentes.

-Las nuevas ideas no se consiguen por impulso de la Administración, y no hace falta ser inventor, sino detectar una oportunidad y desarrollarla (caso Zara, El Bulli, etc.)

-El ladrillo está en el futuro de España, pero con valor añadido (Residencias geriátricas con todos los servicios, Hospitales para extranjeros, etc). No cree en la idea de modelo de crecimiento: hay que dejar que la gente se busque la vida…

-Es preciso rehacer la sociedad. El cambio es una exigencia social. Queremos tener un país normal.

-El futuro puede ser una Venezuela a la espera de su caballo blanco o convertirnos en la Dinamarca del Sur.

-Me sorprenden que las clases medias españolas, que han tenido una educación de exigencia alta, no la demanden para sus hijos.

-Hay que implantar la meritocracia y la rendición de cuentas. No puede ser que la excelencia de los funcionarios (jueces, profesores, etc) sea una cuestión de voluntad, y sin consecuencias que recompensen a los que lo hacen bien y sancionen al que no cumpla. Los incentivos funcionan.

-Se ha creado un muro entre los empleados temporales y los fijos. El contrato único es necesario para romperlo. En Inglaterra ha caído el pib tanto como en España, pero no ha tenido la drástica caída del empleo, porque no había ese muro, que hace que los empresarios prefieran contratar a alguien nuevo, en lugar de pasar a fijo al temporal.

-Dos elementos deben ser inamovibles de la Constitución: La Monarquía y la unidad de España.

-Cataluña independiente será viable, como lo es Estonia, o San Marino, o lo sería Valladolid. Lo que hay que preguntarse es si esa idea tiene pies y cabeza, y es lo que se debe decir a Cataluña. Juntos, ganamos todos.