Otras gentes:(4) Gentes del libro

Según la versión clásica del Islamismo y su relación con el derecho, “gentes del libro” son aquellos que practican una de las tres religiones monoteístas que tienen su base en el Antiguo Testamento: cristianismo, judaísmo e islamismo, considerado por todas ellas un libro sagrado.

Cuando  la península ibérica estuvo casi totalmente bajo dominio musulmán, estas gentes o pueblos Libro (gente de la dhimmah) vivían bajo la protección del sultán, siendo sus derechos y deberes diferentes, pudiendo practicar su fe y mantener determinadas prerrogativas a cambio de impuestos, que eran muy superiores para los no islamistas.

La reaparición de la yihad, guerra santa por causa de Dios, -invocada por fanáticos del Islam que, en versiones bastante incoherentes entre sí e ininteligibles desde una posición moderna y deontológica, pretenden implantar una interpretación rígida de los preceptos supuestamente transmitidos por un arcángel al profeta, y no dudan en inmolarse o cometer atentados indiscriminados contra poblaciones que disfrutan de la libertad que han traído la implantación de sistemas democráticos y, en general, oficialmente no confesionales-, ha conmovido la sensación de seguridad de las democracias occidentales.

El vertiginoso envenenamiento de las pacíficas concepciones del Islam, en que, como se esfuerzan en repetir creyentes, admiradores o antiguos educandos en esa religión, se basan sus preceptos, ha aportado incomprensión y recelo hacia todos los practicantes de la doctrina de Mahoma.

Nos sentimos directamente amenazados por estos fanáticos, y, en la confusión entre creyentes y radicalizados, muchos ven en cualquier musulmán -incluso en quienes tienen aspecto árabe, cobrizo o negroide- un potencial sospechoso, un enemigo de nuestra libertad.

Contagioso, el mal está extendido por doquier y no resulta posible identificar una sola causa de la difusión de adeptos a esa doctrina herética. Se propaga utilizando promesas de placeres terrenales y futuros, concentrando extorsiones que implican manejos de dinero y poder, adobando mentiras, lanzando amenazas y provocando terror; es alimentado por drogas, robos y saqueos, no desdeña el ejercicio de autoridad malsana, se cuela como presión de grupo contra crédulos, necesitados, iluminados o sicópatas, supone la falsificación de la historia y el desprecio a la interpretación humanista del Corán, se apoya en la marginación y pobreza reales, crea y mantiene guetos, ritos y vestimentas que separan y se retroalimentan.

Cierto que quienes invocan el nombre de Alá, para embarcarse en acciones terroristas que han causado ya decenas de miles de víctimas civiles (en el sentido o acepción de “no militares”) proliferan con mayor intensidad en países en los que la religión islámica es oficial o de seguimiento mayoritario, pero desde el atentado de las Torres Gemelas en Nueva York, son muchos, harto frecuentes, y con efecto mediático muy alto por sus características de actuación indiscriminada, los individuos radicalizados que actúan en Occidente y,  especialmente, en Europa.

El atentado sufrido por pacíficos transeúntes de las Ramblas de Barcelona, el 17 de agosto de 2017, perpetrado por un grupo de individuos, al parecer dirigidos por un imán de Ripoll, y cuya extensión y número aún no está completamente clarificado, ha puesto de manifiesto demasiadas cosas para dejarlas en la nube de la ignorancia. He aquí algunas:

  1. Los terroristas yihadistas, son la mayor amenaza actual contra la seguridad ciudadana. Puede que no consigan amedrentar ni afectar a la libertad ambulatoria de la inmensa mayoría, pero la diversidad de sus métodos y su misma existencia, con células que se han formado y crecido en el territorio europeo (y, en lo que más nos afecta, español), y, por tanto, camufladas como “ciudadanos normales”, exige una actuación policial y de las fuerzas de seguridad, coordinada, seria, inteligente, completa. Esta actuación ha de desarrollarse también, contando con la colaboración ciudadana: hay riesgo también de radicalización de fanáticos en la permisividad y la excesiva  tolerancia cuando está en peligro nuestra vida y la de ciudadanos pacíficos, que nada quieren entender ni saber de esa antihistórica, antiética y criminal iniciativa religiosa. Se nos pide que no nos amedrentemos, y puede que, en general, se consiga -aunque las limitaciones ya existen, y los gastos extras por la seguridad, aumentan-, pero debemos también ser vigilantes y actuar defensivamente ante el riesgo. Ignorar al otro, al semejante, genera un espacio de ocultación para el diferente, el potencial asesino, el fanático que usa la religión como justificación mortífera.
  2. La falta de coordinación policial, los errores y omisiones en la transmisión de información sobre individuos peligrosos o en vías de radicalización, es inadmisible. Da lo mismo que sean treinta mil o cien mil los radicalizados con perfil criminal. Las redes de información, en una época digital y de comunicaciones, han de funcionar a la perfección y no hay excusa para que no haya sido así, para que no sea así. Cierto que la policía no puede vigilar a todo sospechoso (no sería admisible legalmente), pero los atentados han demostrado que no existen “lobos solitarios”, sino grupos coordinados, dirigidos por cabecillas extremistas, educados en la interpretación elucubrante de la doctrina de Mahoma, amparados en su libertad -la nuestra, la que deseamos para nuestra sociedad- para urdir actos terroristas.
  3. Nuestra sociedad, devenida fundamental agnóstica, e incluso crítica de valores históricos vinculados a la religión cristiana, ha caído en la trampa de una excesiva tolerancia. Nuestros representantes públicos se abrazan sonrientes con sátrapas y tiranos nuestras ministras y empresarias se ponen la mantilla o visten “con recato” para no contrariar o escandalizar con la exhibición de su cabellera, sus brazos o piernas al descubierto…y aquí nos hemos acostumbrado a la visión de una pobre mujer cubierta con velo hasta las cejas y con un paño que tapa hasta la menor curva de su sobrepeso, acompañada por un tipo en camiseta que mira sin ocultar su apetencia rijosa ante cualquiera fémina infiel en pantalón corto.
    En fin, si queremos abortar definitivamente esta lacra que nos ha surgido, abandonemos -al menos, de momento- la idea de llevar a la democracia a países islámicos, aplaudiendo primaveras árabes conducidas por un par de centenares de jóvenes voluntariosos concentrados en una plaza pública.  Controlemos el comercio de armas  (también, al detalle), preocupémonos de la verdad de la integración de los inmigrantes y mejoremos hasta el límite la bondad de nuestra policía contra esa delincuencia organizada, que no dude en utilizar cualquier medio para atentar. Y alertemos a los pacíficos contra los excesos de confianza.
  4. Y, como cristianos, judíos, agnósticos o practicantes de cualquiera de los múltiples
    caminos para solucionar nuestra necesidad de explicar nuestra existencia, podemos recordar lo que ya Gilles Kepel en 2000 escribía en su libro “La Yihad” -aparte de algunas equivocaciones de perspectiva que se detectan desde la evolución posterior del terrorismo islámico, al que daba por prácticamente finiquitado-: “El declive de la ideología abre a los musulmanes un vasto espectro para determinar su futuro y emanciparse del corsé dogmático (…)” enlazando con la tradición de sus sociedades que “se caracteriza  por una extrema plasticidad en cuanto a las mutaciones del universo”.
    Esta plasticidad es la que debería unir, hoy más que nunca, a las gentes del libro, con los agnósticos, y los demás creyentes, en la ética universal que, para muchos -entre los que me cuento- es la doctrina suprema del ser humano.
    —-
    Mientras estaba a la caza de una buena fotografía de avutardas, en Villafáfila, esta  avecilla vino a posarse sobre un murete cercano, con graciosos revoloteos. Es un macho de lavandera boyera (motacilla flava), con su plumaje de verano, que gusta de los campos de alfalfa, para criar, y que abandonara en el invierno.

La hembra y el ave joven  pueden confundirse con la bisbita campestre, que tiene el mismo porte, mismos hábitats (en tierras pan llevar ibéricas).

 

Seguridad frente amenazas (y 3)

agateadorcomun

Según apreciación certera de Zygmunt Bauman, “parece que miedo y modernidad sean hermanos gemelos. o incluso gemelos siameses, y de una especie que ningún cirujano (…) podrá separar sin poner en riesgo la supervivencia de ambos hermanos” (1).

En otro momento de la interesante conversación-entrevista a la que le somete Leonidas Donskis, expresa que “vivimos en un estado de alerta permanente derivado de múltiples peligros”. Esta multiplicidad de amenazas y su puesta en evidencia, de forma que todos seamos conscientes de su presencia entre nosotros, es alimentada por intereses muy diversos y aparentemente inconexos. El punto de unión entre todas ellas es nuestra debilidad, la confirmación de la vulnerabilidad de nuestra precaria satisfacción, y, como consecuencia, la generación de la angustia especial que mezcla sentimientos de desconfianza y necesidad de protección.

He empezado esta serie de reflexiones apuntando a la importancia tradicional de los Ejércitos en relación con la protección frente a las amenazas de otros Estados. Estado implica reconocimiento de un orden internacional, asumido como base para la convivencia, pacífica o beligerante, y con órganos reglados que toman decisiones respecto a él y a los ciudadanos de su territorio.

Este orden se ha visto deshecho en múltiples pedazos, desde el mismo momento en que una parte creciente de la ciudadanía desconfía de sus dirigentes, duda del valor de la democracia, los valores tradicionales, la religión, el honor, la Patria. Todo parece haberse vuelto hacia la individualidad, a la necesidad de proteger, no lo que es ajeno a nosotros, sino el círculo más personal, más íntimo: lo mío, mi familia, mi propiedad, mi entorno más cercano.

No solo eso: la información con la que se nos bombardea a diario nos ayuda a creer, confirmando la validez de la creencia, que lo demás no importa, y cuando más alejado, menos aún. Manejamos la información con despego singular; cierto que tenemos mucha, pero la consumimos de inmediato -buena o mala, especialmente si tiene esta última categoría-. Solo cuando la amenaza se ha hecho realidad en nuestro círculo, la afrontamos por unos instantes, incluso magnificándola, hasta que la “autoridad oficial” nos tranquiliza con medidas desproporcionadas, costosísimas, y, con seguridad, inútiles, porque no han sido meditadas, ni tienen otro objetivo que hacernos pasar rápidamente la página de nuestro miedo concreto, para que vuelva a ser difuso.

Tengo que volver a alguna de las ideas expresadas al comienzo de mis reflexiones, para expresar que nuestro sistema de actuaciones no aborda la solución a las amenazas más importantes. Si se tratara de realizar una aproximación sistemática de los riesgos con los que se ve confrontado el habitante de clase media de los países más ricos del Planeta, habría que enumerar, no ya entre los principales,  sino como sustanciales, la amenaza del inminente cambio climático, y la inestabilidad derivada de una economía en crisis que no es cíclica, sino estructural, con generación de desempleos y desajustes laborales de magnitudes tremendas.

No hay debate real ante estas amenazas, ni existe verdadera intención de paliarlas ni atender a sus consecuencias. El incremento de temperaturas del Planeta se estima, por algunos serios científicos, ya imparable -porque no se tomaron medidas a tiempo- y se especula, con fundamento, que el nivel del mar superará un metro respecto al actual antes de final de siglo.

Los desequilibrios frente a la producción y el empleo, alimentados por la fiebre obsesiva del consumo, no han servido para analizar las consecuencias de la globalización de los mercados, la mano de obra barata en algunos países y la visión cortoplacista de la creación de empleos con única base en el sostenimiento ficticio de la sociedad de bienestar, cuya quiebra es inminente.

Lejos de abordar de inmediato medidas correctoras, se sigue dando pábulo a argumentos simplemente negacionistas o recalcitrantemente optimistas, situándolos al mismo nivel que los críticos, a los que se califica de pesimistas -“la Tierra atravesó períodos de glaciación en el pasado en los que el hombre no tuvo influencia alguna” o “la economía está mejorando y se crearán millones de empleos”-. No importa que la realidad se concrete en cambios estacionales insólitos y  que la generación de empleos no alcance, ni de lejos, a igualar ni en cantidad ni en calidad a los perdidos por la tecnificación y la globalización.

En todo caso, afrontar éstas y otras amenazas implica adoptar medidas y organización de medios y recursos que, además de cuantiosos, tienen que ver con nuevos centros de decisión: ya sean económicos, industriales, sociales,…Ni siquiera hace falta que tengan cara y ojos ni posean el refrende de la autoridad ética, técnica o humanística. Internet lo iguala todo, y ayuda a difundir un miedo nuevo, que afecta a nuestra propia identidad, aunque, al mismo tiempo, ofrece el caramelo de compartirla, exhibiéndola, con desconocidos. Las redes terroristas, los círculos infractores, la delincuencia internacional, saben utilizar esta herramienta, tan bien o mejor que quienes la utilizan para “fines legítimos”…alimentar nuestra ansia de consumo.

La seguridad ciudadana está afectada en múltiples frentes y su protección sugiere la necesidad de nuevos mecanismos. Poco que ver con el pasado. Las fuerzas denominadas del orden -uno aquí, por conveniencia de mi relato, Ejército, policía, inteligencia, en cierta medida, la diplomacia…- son llamadas, con frecuencia alarmante, no a resolver los conflictos (que no sería en ningún caso su función), sino a sofocar las manifestaciones del descontento, mejor dicho, de las consecuencias de las amenazas no cubiertas: paros masivos, cierres de empresas, ausencia de protección de desfavorecidos, etc., exacerbados, legítimamente, porque el individuo, ahora, ya no tiene confianza en resolver la situación de precariedad de forma aislada. Tiene miedo, y su miedo convierte a sus manifestaciones en amenaza para otros sectores de la población que, mientras tengan el poder, pretenden ejercerlo ordenando actuaciones de las “fuerzas del orden”.

Hay amenazas que parecen más fáciles de cubrir, porque se presentan de forma externa al territorio. La creciente presión de la migración provocada por el hambre, guerras y conflictos ha provocado medidas muy elementales: erección de barreras (comerciales y físicas), muros con o sin cuchillas, sirgas, y la concentración en las fronteras de agentes represores.

No se resuelve así el problema de fondo, quiá -la terrible desigualdad de información, medios y tecnologías, que ha puesto de manifiesto la globalización y la difusión de la información que presenta el bienestar del que disfrutan otras sociedades- . Solo se pretende abortar las manifestaciones, antes de que afecten al propio territorio, intentando salvaguardarlo. Inútil actuación, puesto que el problema de fondo permanece inatacado y, por tanto, crece. Por una parte, se generan nuevas formas de violencia y de sofisticado rechazo a esas invasiones “pacíficas”. Por otra, la debilidad y la explotación de la misma por nuevos agentes en el territorio de los migrantes, se exacerba. La “ayuda al desarrollo” se dedica a levantar muros más altos, o a enviar fuerzas de pacificación entre tribus enemigas en Estados sin ley, sin orden.

Hénos aquí en la base de la cuestión. Cualquier riesgo, precisa medidas para eliminarlo o reducirlo, pero esas medidas han de ser adecuadas. En la esfera de las decisiones individuales, el ámbito se ha visto muy restringido; no vale como garantía educarse bien, aplicarse mucho, ser disciplinado con el sistema.  ¿Quién sabe a qué situación se enfrentarán nuestros hijos, no digamos ya nuestros nietos? ¿Cómo orientarlos? ¡Los grandes centros de decisión se han hecho herméticos, la inteligencia colectiva, más torpe! ¡La Universidad no sabe qué enseñar, en realidad, y repite viejos esquemas inútiles, pero emponzoñados de nepotismo y autofagocitación!

Podemos, en principio, reducir mucho el riesgo de que alguien no deseado penetre en nuestro domicilio: alarmas, puertas blindadas, cámaras de vídeo, vigilantes armados. Podemos creer que las tediosas revisiones de equipaje garantizarán que nuestro avión no saldrá disparado por los aires por una bomba que algún descerebrado colocó en su maleta. Tal vez, si suprimimos el tránsito de todo vehículo pesado y amontonamos bloques de hormigón frente a los paseos, eliminaremos la cruel posibilidad de que un fanático enajenado al que prometieron un cielo con huríes no lance un camión contra la multitud en fiestas.

Lamentablemente, acabaremos descubriendo que eliminar totalmente la manifestación de una amenaza es imposible. Nuestra única opción es acotar significativamente las que detectemos y tratar de enfocar las acciones al fondo, al núcleo donde se generan.

La antes enunciada, y bien detectada, amenaza de un cambio climático global, implica decisiones que trascienden de los Estados y, para que resulten efectivas, deberían ser asumidas y satisfechas por la colectividad internacional en su conjunto. Difícil situación, sin antecedentes históricos. La necesidad de modificar de forma drástica y urgente el empleo de hidrocarburos, tanto para la producción de energía eléctrica como combustible preferente para los vehículos, es un reto inmenso. Solo que no caben medidas parciales: serían ineficientes y, en el mejor de los casos, genuinamente egoístas: salve quien pueda.

La normalidad aparente no puede servir de placebo para la tranquilidad. Hay amenazas que están creciendo y estallarán. La desigual distribución de los recursos hídricos, en relación con la población demandante, es ya fuente de conflictos, puesto que el agua es elemento sustancial para la vida y el desarrollo de casi la totalidad de las actividades productivas. Solo que, aún con mayor virulencia que en el pasado, los conflictos por el agua trascenderán de la escala local para alcanzar dimensiones muy graves en ciertas zonas. La disponibilidad del agua ocasiona ya, incluso en países avanzados (véase, España), conflictos serios entre consumidores, y la fijación de un precio justo al recurso está permanentemente sujeto a polémica.

¿Cuál es, en fin, el papel que cabe reservar a los Ejércitos ante nuevas amenazas, en las que no se puede hablar genuinamente ni de la necesidad de defender el propio territorio ante una fuerza organizada, ni aún menos, atacar el de un Estado para sojuzgarlo?

La respuesta es compleja y delicada, y solo puedo apuntar aquí -para no extralimitarme en mi conocimiento de la cuestión- que exige un cambio sustancial de posiciones. Se están empleando recursos militares como fuerzas de paz o como refuerzo (más o menos solapado) a una de las facciones en litigio en países terceros.

No veo futuro a estas actuaciones (en medio-largo plazo). Las decisiones eficientes han de pasar por la ayuda económica y tecnológica y por la implantación (no forzada, asumida por la población residente) de la democracia, que suponga eliminar los focos dictatoriales, reducir desigualdades, favorecer la explotación de recursos propios, elevar fuertemente los niveles educativos y técnicos. Tendrá que eliminarse, por supuesto, cualquier sospecha de injerencia espuria por parte de potencias militares que se sientan autorizadas para participar en conflictos ajenos. Habrá que ser contundente con el control de venta de armas a países terceros. Y, en fin, tendremos que asumir colectivamente que, ya que no se ha sabido actuar de otra manera, vivimos bajo la amenaza constante de una Destrucción Mutua Asegurada.

Termino, pues, con la apelación a la recuperación de los ámbitos de libertad que garanticen el desarrollo de la sociedad y del individuo. La necesidad de seguridad no debe coartar nuestro deseo de libertad consciente, plena. Debemos poner en orden las amenazas y confrontarlas con los medios puestos a disposición para sofocarlas.

El papel de los Ejércitos, de la industria de Defensa, de la diplomacia, de la inteligencia, de las telecomunicaciones, y las múltiples interrelaciones entre los estamentos que tienen que ver con la seguridad, debe ser revisado. No es cuestión de escuchar una sola opinión (y, menos, tan poco cualificada en el tema como la mía), pero el abordaje del tema es urgente, e imprescindible.

Los nanodrones están ya en avanzada gestación y nosotros no podemos seguir con estos pelos.

(1)”Ceguera moral. La pérdida de sensibilidad de la sociedad líquida”, Zygmunt Bauman y Lenidas Dnskis, Wd. Paídos, 2015

FIN

El ave que hoy utilizo como complemento ornitológico (excéntrico) a mi Comentario principal es un agateador común (Certhia brachydactyla). Es una suerte encontrarlo, tanto por u relativa escasez en nuestros predios como por su capacidad mimética, a la que añade su pequeñez. Pesa alrededor de 10 g y mide poco más de 12 cm. Por el plumaje moteado diría que es un joven, a la busca de insectos xilófagos en el jardín comunitario. Su pico, fuertemente curvado hacia abajo, pone de manifiesto su especialización en hurgar bajo la corteza suelta.

Si se tiene ocasión de oir al macho de estas aves singulares en momento de flirteo, sorprenderá por sus floreos argumentales, que pretenden resultar, como propio de todo seductor, irresistibles para el objeto de su adoración.

Cuando me encontraba haciendo las prácticas de alférez en Mallorca, estando de jefe del retén de incendios, fuimos advertidos de un incendio que se había presentado en una zona montañosa de la isla, y a la que se nos ordenó acudir a sofocarlo. Me dirigí hacia allá, con la rapidez que nos concedieron los vehículos todo terreno que tenía a mi disposición, con el equipo de soldados de reemplazo que se encontraban en el cuartel. Pronto me convencí que la principal función que me correspondía era la de conseguir que ninguno de aquellos jóvenes resultara lesionado. Así que, manteniendo una prudente distancia respecto al frente de fuego, ordené que se talaran algunos árboles, para improvisar un cortafuego.

Lo hicimos con ardor, disciplina y dedicación insuperables.

Sofocado el fuego, por la intervención experta del cuerpo de bomberos y varios vecinos voluntarios, me sentí profundamente afectado cuando el propietario del terreno, reclamó mi presencia. Me dio un abrazo y me felicitó efusivamente: “Mi sincero agradecimiento a Vd. y a su compañía, alférez. Me han librado de esos árboles que me impedían la vista del mar desde mi chalet y que el alcalde se empeñaba en prohibirme cortar”.

 

Me gusta oirte hablar de libertad

comiendo el fruto de la castaña

Me gusta oirte hablar de libertad,
aunque luego vas me dices
que no ocultas por principio
nada a nadie
porque tú, diáfana, pretendes ser un ánfora
de hechura cristalina, alondra sabia
sin nada que aprender, calma marina
con toda su carga al aire, joya expuesta,
desnuda de matices, comas y corchetes.

Te da la sensación, me cuentas luego,
de que los hombres de mi generación
somos muy torpes para coger al vuelo
sentidos a las cosas, perdemos como poco los papeles
en explicaciones y cantos de oropel, almas mimosas
con turbia imaginación que presumimos
de volver  mientras buscamos.

Tu verdad y la mía son falsas. Ambos aprendemos.

Pero tu situación es mejor,
más joven tu pereza, más pureza tu mente,
aprendes de mis fallos.

Alumna aventajada,
para este maestro de pueblo eres la número uno,
acerca hermoso tu triunfo al calor de mi cuerpo,
educa tu gozo pálido en mis curtidos sentidos
y obedece la experiencia vieja de un amigo:
abandona entender, deja a otras piernas
la carga fugaz del pensamiento.

(Poema 9 de “Sin herencia precisa”, @angelmanuelarias, sin fecha)

Cuento de primavera: Jaulas para pájaros y otros animales

El conferenciante, un hombre de unos cincuenta años, con camisa a cuadros, talante deportivo, pantalón con color haciendo juego con los zapatos, tomó un sorbo del vaso de agua mineral que se había servido de una botella, y continuó su plática ante un auditorio variopinto, en el que algunos incluso tomaban notas en carpetas escolares:

– Un gran avance en el maltrato animal ha sido la prohibición de que algunas especies no puedan comercializarse si no han nacido en cautividad.

-Perdone -le interrumpió una joven, que había acudido a la sesión, porque le encantaban los animales (tenía dos gatos sin pedigree y un galgo recogido en la calle con una pata rota-. No estoy segura de haberme aclarado bien, ¿qué quiere decir con eso?

El ponente no pareció disgustarse por la pregunta.

-Es muy sencillo: si el animal ha nacido en una jaula o procedente de padres que ya estaban privados de la libertad, no tendrá conocimiento previo de lo que es estar libre, por lo que no sufrirá si el resto de su vida permanece enjaulado.

En realidad, se lamentaba internamente de no haber utilizado palabras más cuidadas; pero se trata de ser didáctico, pensó.

-Perdone otra vez -la joven se había levantado de su asiento, y se apoyaba, ligera, sobre el respaldo-. ¿Significa eso que un animal que no sabe lo que es ser libre no tiene derecho a serlo nunca, salvo que pueda escaparse? ¿Y qué le pasaría, si logra huir?

El conferenciante pareció entender, de pronto, que aquella mujer debía ser una activista infiltrada de los defensores de los derechos de los animales. Tragó saliva, y preparó mejor su respuesta, después de meditarla un instante.

-En absoluto -replicó, sin estar aún plenamente convencido de lo que iba a decir exactamente-. Piense que no podemos hablar, sensu stricto,  de derechos de los animales, como algo que ellos estén en situación de exigirnos. Somos nosotros, los humanos, en cuanto a seres superiores, como poseedores de reglas jurídicas y éticas, los que se los otorgamos, asumiendo sobre nuestras propias espaldas el deber adicional de que se cumplan estas precisas normas.

Casi no había terminado de hablar, y se encontró con otra pregunta; mejor dicho, con la repetición de parte de la anterior:

-No me contestó a la cuestión de qué sucedería si un animal, que ha nacido y vivido hasta entonces en una jaula, se escapa: ¿es cierto, como dicen, que se moriría, porque no sabría dónde encontrar comida o cobijo?

La joven se había puesto algo colorada. El rubor, que se expandía por sus mejillas, la hacía parecer más hermosa. No estaba dispuesta, según entendieron todos los presentes, a dejarse convencer con facilidad. Algunos de los que habían torcido el cuello para mirar hacia dónde ella se encontraba, curiosos por conocer quién había intervenido,  empezaban a murmurar.

-Los estudios conocidos hasta ahora sobre animales que han obtenido su libertad, demuestran que, por falta de práctica de cómo conseguir alimento, mueren rápido, caen fácilmente en trampas, o son devorados por depredadores salvajes -explicó el orador, ya más molesto. Y, sin solución de continuidad, preguntó en tono burlón:

-¿Me deja continuar, señorita?…He venido a dar una conferencia, no a un debate. Pero le contesto. Los animales no son solidarios como lo somos los seres humanos. Por eso corren peligro, estas especies que nacieron cautivas, cuando alcanzan la libertad. Son los más débiles del ecosistema, y perecen, porque el sistema las expulsa, sin miramientos.

La sala respiró, aliviada. No así la joven, quien salió de su fila y ocupó el centro del pasillo.

-Le voy a decir algo -expresó la muchacha, con voz alta y clara-. El mundo de los animales no racionales me interesa bastante, pero me interesa mucho más el de los seres humanos. En lo que ahora estamos viviendo, por lo menos, no comparto su idea de que los seres humanos seamos solidarios. En absoluto. Y, en cualquier caso, no lo somos más que lo puedan ser los animales irracionales, me parece. De acuerdo con su razonamiento, por tanto, si una persona ha vivido ignorante, pobre, o marginado toda su vida, sería mejor que siga así hasta que muera.

La muchacha se tomó un respiro, para continuar en tono aún más enfático:

-¿Cree entonces que a los pueblos subdesarrollados, a los que faltan medicinas, trabajo, alimentos, cultura, …sería mejor mantenerlos en sus jaulas, en sus guetos, en sus fronteras, impidiéndoles salir, para evitar que conozcan otros Estados que viven en mucho mejores condiciones, en situación de riqueza y bienestar mucho mejor, o… sería partidario de ofrecerles la libertad para que puedan volar? ¿Les prohibimos ver la televisión, tener móviles, estudiar en el extranjero, viajar…?

La sala guardó, por unos momentos, un silencio respetuoso. Alguna voz clamó, sin embargo: “¡Seguridad!” Otros pidieron: “¡Calma!”. “Esto no es un debate político, ¿qué se habrá creído?” -comentó, en un susurro, una mujer de edad, sentada en las primeras filas, a su vecina de asiento, pareciendo muy contrariada.

-No se qué contestarle -expresó el conferenciante-. No es mi especialidad, el ser humano. Yo he venido aquí solo a hablar de los animales y, en especial, de los pájaros. De los pájaros cantores, para ser exactos.

La sesión prosiguió, aunque el conferenciante no dejó de advertir que varios asistentes de las últimas filas, entre ellos, la joven interesada, la que había hecho las preguntas incómodas, habían abandonado la sala.

FIN

 

Caos silente

La libertad es una cualidad muy atractiva, y satisfactoria, cuando su ejercicio se limita a los campos del intelecto individual, pero puede convertirse en una máquina eficaz para generar monstruos que se instalarán, gozosos, en parcelas del territorio común, si no se controla el manejo que hacen de ella los que se encuentran aupados a la plataforma de mandos.

Por supuesto, la única forma admisible en democracia de ejercer ese control es desde las instituciones y plataformas representativas de las mayorías e, incluso, desde las minorías cualificadas. Y lo que se necesita para poder llevar a cabo esa labor de tutela colectiva de que las decisiones que se adopten por los que mandan, es la información de que se disponga. Información sobre los propósitos, objetivos y resultados.

Sirva esta introducción general para pasar a comentar algo concreto. En la reforma de las carreras universitarias de ingeniería se ha instalado el caos. No un caos calmo, sino un caos silente, producto de la ignorancia, fuera de concretos (e interesados) círculos, de lo que se está fabricando.

La autonomía universitaria, entremezclada con la cesión de competencias educativas a las Comunidades e inspirada por los dobles principios nefandos de 1) difundir sin criterio de calidad la posibilidad de adquisión de títulos, 2) dejar que sean los propios funcionarios responsables de la educación quienes decidan sobre las enseñanzas y la forma de impartirlas, ha provocado una marea de desarraigo respecto a lo que sería preciso, sepultada por lo que se ve, a corto plazo, como conveniente.

España necesita ingenieros. Dos tipos de ingenieros. Los de grado medio, capaces de acometer, con conocimientos adecuados, las tareas generales de una sociedad tecnológica media. Y -esto es muy importante- ingenieros con conocimientos superiores, con una base amplia de formación troncal, imprescindibles para garantizar que no se está perdiendo la opción de mantener a nuestro país al nivel de los países más avanzados tecnológicamente.

La primera de las necesidades es más sencilla de satisfacer. Hay muchas opciones de conseguir una formación técnica intermedia y nada impide, al contrario, que las enseñanzas se enfoquen a dar una capacitación generalista en lo básico, tendiendo a una especialización rápida hacia lo que se precisa para resolver la mayor parte de los problemas de aplicación tecnológica: la inmensa mayoría de las actividades transversales de la ingeniería admiten ese enfoque pragmático. No hace falta prolongar los estudios del futuro ingeniero para resolver problemas de mejora energética, ambiental, gestión de recursos, control de instalaciones, etc. La realidad demuestra que una sobrecualificacón es inútil, y frustrante para el egresado de una carrera larga que no encuentra justificación al esfuerzo por el que se le ha hecho pasar.

Pero es muy distinto no acertar a ver que necesitamos mantener, y potenciar, un tipo de ingenieros de alta cualificación, formado en Escuelas o Universidades de élite, que entienda, por tener una formación académica adecuada, de la resolución de los problemas más complejos, y esté capacitado para entender, y estimular, y crear, los avances mayores de la sociedad tecnológica.

No es cuestión de analizar, en toda su complejidad, y en este Comentario, toda la problemática. Dejo solo expuesto que no se está cumpliendo con esta premisa. Tendremos muchos ingenieros de grado, con títulos muy pomposos quizá, contradictorios o confusos en sus denominaciones y en la formación adquirida, y se está corriendo el grave riesgo de prescindir de los ingenieros “superiores”, sin encaje en una sociedad a la que no se le está dando la oportunidad de discutir y decidir lo que necesita para no perder, definitivamente, la opción de encontrarse entre las comunidades tecnológicas de referencia mundial.

Caos, silente. La peor combinación, vía segura para que el libertinaje se adueñe del espacio.

Entradas en el Blog Alsocaire durante 2011

Estas son las Entradas, o Comentarios, que publiqué en el Blog Alsocaire, que dejé inactivo (en cuanto a mis publicaciones, no, por lo que veo, en cuanto a seguimiento) a principios de 2013.

Los diferentes artículos reflejan, desde luego, la mayor parte de mis preocupaciones sobre la actualidad en ese año y me agrada pensar que pueden ser de interés a algún lector. Si alguien desea el Libro con todos ellos, en formato pdf, (al igual que para cualquiera de los años en que mantengo actividad en este medio, de 2005 a 2012), se lo enviaré, con mucho gusto, a la dirección electrónica que me indique.

 

  1. 1.            Sobre Alsocaire en 2010
  2. 2.            Por fas o por nefas

3. Entre pocos anda el juego

4. Entre Cascos y cascotes

5.Desde la ingenuidad

6. En exaltación del espíritu militar

7. Sobre el afán de prohibir

8. Según se mire, formación, cultura, modus vivendi o despilfarros

9. Sobre intangibles e invisibles

10. Hasta donde la vista alcanza, Cuba (1)

11. Hasta donde la vista alcanza, Cuba (2)

13. Hasta donde la vista alcanza, Cuba (3)

 

13bis. Sobre genes y política

14.. Hasta donde la vista alcanza, Cuba (4)

15. Sobre la indefensión ante la desfachatez

16. Desde Wikileaks a la ley Sinde

17. Tras la huella del pacto de las pensiones y del precio de los billetes

18. Sobre el pacto comisorio y la conmiseración de un juez

19. Ante el cambio del panorama político en el Makreb

20. Ante la propuesta de Merkel para ayudar a disminuir el paro en España

21. Hacia la igualdad de la mujer árabe

22. Sobre la reforma profunda de las ingenierías

23. Sobre ética y responsabilidad social

24. A mayores: La valoración por el mercado de los compromisos sociales corporativos

25. A favor de la síntesis

26. Sobre los beneficios empresariales

27. Bajo sospecha: la justicia

28. Contra la huella de carbono, castidad

29. ¡A las armas, ingenieros!

30. A falta de pan, buenas son tortas

31. Sobre la irrupción de la Edad Moderna en el mundo árabe

33. Por la defensa ética de nuestro estado de derecho

33. A la búsqueda de los océanos azules

34. Sobre huellas, sonidos y colores del agua.

35. En el nombre de la Enel-gía, ¿Business as unusual?

36. Sobre ingeniería y paisajes percibidos

37. Sobre la sana envidia y los sabios consejos de almanaque

38. Hacia un nuevo modelo económico, pero ¿cuál? (1)

39. Hacia un nuevo modelo económico, pero ¿cuál? (2)

40. Hacia un nuevo modelo económico, pero ¿cuál? (y 3)

41. Sobre los adultos conflictivos y su tratamiento

43. Desde los juicios sumarísimos hasta los lentísimos

43. Sobre el lascivo encanto de las dictaduras

44. Sobre la celebración del 24-F

45. Sobre la burbuja inmobiliaria y otras razones del mercado

46. Sobre ornitología para estudiantes de español

47. De ruidos

48. Sobre el estertor final de los colegios profesionales

49. En los terrenos del dragón: las profesiones en la UE

50. Sobre los efectos de la tecnología backcasting sobre el calentamiento global de los cerebros

51. Con fabes y con sidrina, non fai falta gasolina

52. Sobre la mujer árabe

53. A medida que se nos van ocurriendo

54. A mala crisis, buena cara

55. Sobre el homo pedisequus

56. En el día de la mujer trabajadora, haciendo un repaso

57. Desde la acribia: condiciones para triunfar

58. Sobre la implantación de un mercado gasista en España

59. A la inmensa mayoría, desde la exigua minoría

60. Sobre lo importante

61. Entre aficionados al reportaje, testigos y protagonistas

62. Con Japón

63. Sobre comportamientos orientales y occidentales

64. Cabe Fukushima

65. Sobre el estado actual y la perspectiva inmediata de la energía nuclear

66. Sobre sobrinos

67. Sobre seguridad global y gambarimasu

68. En pie de guerra

69. De la teoría de bloques a los bloques de teorías

70. Sobre las agencias de medición de riesgos

71. Sobre el peligro de los viernes

72. Por los pelos

73. Entretenidos

74. De sátrapas, revolucionarios y otros intereses en los países árabes

75. Sobre Interights y el caso Garzón v. Spain

76. En el país de los brotes verdes: incapacidades, complacencias y parados

77. En defensa de la pirámide del saber

78. Entre lo esotérico y exotérico, ¿qué hay?

79. Hasta en la sopa

80. Sobre la disputa del voto por el Sr. Cayo

81. Sobre la pareja de hecho entre neoliberalismo e izquierda nostálgica

82. A vueltas con los pecados capitales

83. Parafraseando

84. Desdeñando a Desdémona

85. Sobre las noticias: entidad, durabilidad y alcance

86. Sobre plazos perentorios y dilaciones injustificadas

87. Sobre el concepto de rentabilidad y los intermediarios

88. Sobre grandeur y sentiment d´inferiorité en la península francoibérica

89. Sobre los grados de libertad y su uso individual

90. ¿A favor de una República con D. Juan Carlos como Jefe de Estado?

91. So pretexto de semántica, aporías

92. En la escala 2,5 del índice de estupidez, y subiendo

93. Para los chinos, Zapatero tiene un pañuelo especial

94. En contra de la movilidad de la Semana Santa

95. Tras los cristales

96. Sobre los ciclos en la economía, ingeniería financiera y burbujas

97. Siniestras intenciones

98. ¿Desde el Orgullo ignóstico?

99. La generación vivetú lo queyono

100. De Pascuas a Ramos

101. ¿De veras sabe alguien lo que está sucediendo en el mundo árabe?

102. Sobre el poder de las religiones y de los clanes en los países árabes

103. Sobre el ambiente para políticos y profesionales

104. Con políticos en las ondas

105. Hacia una gestión sanitaria más responsable por un camino tortuoso

106. Sobre espectáculos, espectadores y reconocimientos

107. En memoria de otros primeros de mayo y de la madre muerta

108. En el día del terrorista muerto

109. Sobre el prestigio individual y la calidad universitaria

110. Sobre la incapacidad para generar empleo en España

111. Sobre los Prados Asfódelos

112. ¿Democracia a la carta y decisión judicial por porcentajes?

113. En las miradas

114. Sobre eficiencia, educación cívica y empleo

115. En estas elecciones

116. ¿Por culpa de los griegos?

117. Sobre preparación y competitividad española

118. Por colisión de las placas europea y africana, Lorca sufre un grave terremoto

119. Sobre los derechos fundamentales en internet

120.Sobre el lifting de los políticos

121. Sobre educación cívica y respeto ciudadano

122. Desde el voto al chápiro verde al mecachis en tal

123. Sobre el privilegio de ser norteamericano y la presunción de inocencia

124. En turno de réplica: así vemos los españoles a los suecos

125. Sobre lo que hay detrás de Democracia real, ya

126. Ante la Semana Verde europea, negros auspicios

127. Entre Indignados y Estamos disponibles

128. A DSK le han hecho una pirula

129. Desde Guatepeor a Guatemala, con vistas a Guatemejor

130. Sobre estrategias animales y humanas improvisaciones

131. Sobre el deterioro insostenible de nuestra convivencia

132. Sobre las inconveniencias ambientales

133. Sobre las inconveniencias ambientales (2)

134. Sobre las inconveniencias ambientales (y 3)

135. En favor de los ingenieros españoles

136 ¿Hasta cuándo?

137. Contra pepinos, pepinazos

138. En ayuda de Rajoy y Rubalcaba

139. Sobre el periodismo militante y el filtro de objetividad

140. En ayuda de Rajoy y Rubalcaba (2)

141. Sobre la pista de la Escherichia Coli

142. De ilusión también se vive

143. Entre dimes y diretes

144. Sobre el despilfarro de energías

145. Sobre tics, oportunidades de negocio y empleo

146. Contra vientos y mareas

147. Entre carbayones, magdalenas

148. De méritos a meritorios

149. Por si las moscas, palmetazos

150. Sobre tormentas y aerogeneradores

151. Sobre tormentas y aerogeneradores: rayos, dudas y certezas

152. En teoría de juegos, no siempre ganan los que manejan la banca

153. En teoría de juegos, no siempre ganan los que manejan la banca (y 2)

154. Con perdón por la insolencia: tengo una pregunta para Vd., Mr. Myerson

 

 

155. Para los españoles, se enfría el cambio climático

156. Sobre la conexión entre los mercados energéticos y los financieros

157. Sobre la conexión entre los mercados energéticos y los financieros (2)

158. Hacia la generación distribuída, ¿caiga quien caiga?

159. Sobre la conexión entre los mercados energéticos y los financieros (y 3)

160. Sobre la imaginación y el poder

161. Sobre el agotamiento de la noosfera

162. Sobre la perfección

163. Sobre proles y responsabilidades

164. Sobre las relaciones entre sujetos y el papel de los terceros (1)

165. Sobre las relaciones entre sujetos y el papel de los terceros (2)

166. Sobre las relaciones entre sujetos y el papel de los terceros (y 3)

167. Hacia la ignorosfera por la tecnosfera

168. Sobre exhibicionistas, pudorosos y perversos en la red

169. Sobre sociedad civil y liderazgo

170. Sobre homenajes póstumos

171. Sobre la forma de crear empleo del hijo del cristalero

172. Para entender el mundo algo mejor

173. Sobre antideslizantes, riesgos y espectáculo

174. Sobre la relación entre el Club de la Comedia y Telefónica

175. Por la cocina hacia la solución global

176. Con algo más que dos pelotas

177. En Sudán del Sur no saben qué hacer con el petróleo

178. Sobre el perfil de los emprendedores

179. Sobre el perfil de los emprendedores (y 2)

180. Ante la duda sobre si fue violación o sexo consentido

181. Sobre lo fácil que es ser un (mal) economista o periodista

182. Sobre lo que no hay que hacer

183. A los que el mercado les da, las agencias se lo bendicen

184. En el aniversario del comienzo de una guerra civil

185. Sobre el desprecio como argumento

186. Sobre imprescindibles y cretinos

187. Sobre la gestión comercial de las empresas de servicios

188. Sobre cómo rentabilizar la incertidumbre

189. En el verano, disminuye la inteligencia del ser humano

190. En relación con Cajastur, ¿cui proderit?

191. Sobre la destrucción de la arquitectura popular

192. En pleno declive: la huerta asturiana

193. Contra el futuro no se puede luchar

194. A mayor gloria

195. De todo un poco

196. Sobre agnósticos y fanáticos

197. Sobre las vacaciones y la felicidad

198. Desde Libia a Somalia, pasando por Siria

199. Sobre el tratamiento de la ancianidad

200. Sobre la Universidad y la formación espiritual

201. Sobre las redes sociales y el negocio de la prostitución

202. Sobre el pudor de las élites

203. In artículo mortis: la Constitución como garantía

204. Para evitar discrepancias, referendos

205. Sobre los pazguatos

206. Sobre perendengues e intríngulis

207. ¿A las barricadas?

208. Sobre socialdemocracia y partidos políticos

209. En la Sierra de Madrid, habitan devoradores de paisajes

210. A disfrutar de los ochenta

211. Sin pruebas

212. En serio: ¿Algo va bien?

213. Sobre regalos y otras dádivas

214. Entre ojos que no ven y corazones que no sienten

215. Sobre la verdad original, místicos, científicos y orden implicado

216. Sobre las consecuencias de la rebaja en la calificación crediticia internacional

217. Sobre fogones, religión y cocineros

218. Sobre la ficticia dramàtica claredat de dos visiones

219.  Al borde del abismo

220. En fiestas

221. En confianza, ¿creen los Brics en el futuro de los países desarrollados?

222. En torno al reto del cambio

223. Por todos los diablos, que alguien ponga coto

224. Por goleada

225. De qué hablar si no es de economía

226. Sobre el aburrimiento como terapia

227. Entre ser y estar

228. Por qué suena el río y doblan las campanas

229. Sobre la estructura de la clase media

230. Sobre la legitimidad para matar

231. Desde ir aviado a ir tirando

232. Sobre la reforma de la enseñanza universitaria

233. A los jóvenes que tienen lo que hay que tener

234. Sobre algunos dilemas de RSC en las empresas multinacionales

235. Sobre el papel de las empresas multinacionales en el desarrollo humano

236. Sobre posibles ministros del futuro gobierno de España

237. Para los que están convencidos de que la botella es demasiado grande

238. Contra arredrados, arrostrados

239. A un lado y a otro de las rejas, culpables

240. Sobre mujeres, programas e improvisación

241. Hacia la tercera vía, por los caminos de lo virtual

242. Sobre la curva de generación de empleo en el sector de energías renovables

243. Para qué sirven los ingenieros

244. Sobre mellizos, fertilidad y negocio

245. Sobre el uso de tropos y floripondios en política

246. Con el sexo como apaciguador

247. Conviviendo con sistemas de desequilibrio generalizado

248. Sobre gurullos, borras y pebusillas de la Fiesta Nacional

 

249. Por qué no es noticia que un hombre muerda un perro

250. En Chile, los españoles podemos poner más energía

251. Tras las privatizaciones, ¿qué?

252.Sobre la necesidad de encontrar un culpable cuanto antes

253. Entre tanto

254. Sobre lo que cobran ciertos ejecutivos y porqué

255. Sobre indignados, expectativas y opciones

256. Sobre la sociedad emprendedora, sus claves y sus hándicaps

257. Sobre la sociedad emprendedora, sus claves y sus hándicaps (y 2)

258. Sobre la instauración de la democracia en Libia

259. Sobre la ingeniería en la sociedad

260. Bajo la lupa: empresarios y sindicatos

261. Emprende, España: El Manifiesto

262. Ante el predominio de la mediocridad

263. Sobre lo que ven los Príncipes de Asturias

264. Sobre quienes ven los toros desde la barrera

265. Ante la percepción de la muerte

266. Sobre la amnistía de los que apoyaron (y apoyan) a los terroristas

267. Sobre los despilfarros colosales

268. Sobre la necesidad de renovar el banquillo

269. Sobre lo que se echa en falta en la Unión Europea

270. Sobre las formas de salir de un atolladero

271. Ante la necesidad imperiosa de crear empleo

272. Entre las cuentas de la lechera y las del tendero

273. Por razones distintas a las que expone Vargas Llosa

274. Hacia el pluripartidismo parlamentario

275. Por la cara

276. Entre crear empleo o subvencionar al parado

277. Desde lo que creemos saber hacia lo que no podemos ignorar

278. Según sea nuestro margen de albedrío en caso de que el diseño sea inteligente

279. Según sea nuestro margen de albedrío en caso de que el diseño sea inteligente (y 2)

280. Sobre la innovación para crecer: lo sustancial y las zarandajas.

281. Sobre la innovación para crecer: lo sustancial y las zarandajas (y 2)

282. Ante una imprescindible reforma educativa

283. Ante una imprescindible reforma educativa (2)

284. Ante una imprescindible reforma educativa (3)

285. En la jornada de reflexión

286. Sobre los límites a la autonomía universitaria

287. Sobre la victoria del Partido Popular y la paz social

288. Sobre los límites a la autonomía universitaria (y 2)

289. Sobre mercados, márgenes y opciones del Gobierno de Rajoy

290. Sobre personajes imaginarios que pueden venir a cuento

291. Sin culpables, de momento

292. Sobre lo que sabemos del futuro

293. En un universo multidimensional

294. Para ayudar a la comprensión general de los complejos temas políticos

295. En relación con el periodismo ciudadano

296. Entre cobrar por la bolsa o reciclar por la cara

297. Sobre la ordenación del territorio, una experiencia en constante revisión

298. Sobre la Europa de dos aceleraciones, parada y marcha atrás

299. Sobre la importancia de llamarse Ernesto

300. Entre pamemas

301. Sobre el desarrollo compatible contra la avidez de los que más tienen

302. Entre modas, vestidos y desnudos

303. Con algunas ideas para el discurso de Navidad de El Rey

304. Sobre el control de la natalidad

305. Sobre la originalidad

306. Para fieles a la cocina recreativa

307. En la hora de la revisión de los postulados

308. Sobre la responsabilidad penal de las Fundaciones, los Colegios Profesionales y los Partidos políticos

309. Sobre la responsabilidad penal de las Fundaciones, los Colegios Profesionales y los Partidos políticos (y 2)

310. ¿Hacia dónde han ido los optimistas?

311. Sobre los mini-jobs

312. Sobre desarrollo, ejército y ambiente en la Unión Europea

313. Sobre el significado de felicitar la Navidad

314. Por detrás del B20

315. Sin mucha chicha

316. De ahora en adelante: arranca despacio, no cambies bruscamente de marcha y arrímate a la derecha

317. Entre economistas y licenciados en derecho

318. Sobre sentimientos y talantes

319. Sobre lo mucho que necesitamos la poesía

320. Sobre las cosas de familia

321. A espaldas de Doña Manolita

322. Sobre las oportunidades de la vida

323. Sobre las oportunidades de la vida (y 2)

324. Entre inocentes

325. De recortes y sin medidas de estímulo

326. En el inicio del inicio del cambio de paradigma

FIN DE LAS ENTRADAS EN EL BLOG ALSOCAIRE DEL BLOG DE ANGEL ARIAS EN 2011