Modelos regionales de generación de actividad económica y empleo en la Revolución de la Inteligencia.

El 4 de mayo pronuncié, invitado por el Colegio de Ingenieros de Minas del Noroeste, en Oviedo, una conferencia con algunas reflexiones sobre la posición de Asturias frente a la llamada Revolución de la Inteligencia. Como no leí ningún papel, me acomodé a lo que me pareció podría ser más relevante y puse énfasis dramático en la idea de no cansar al público asistente, por lo que la versión oral fue, no solo más reducida, sino más entretenida (quiero creer).

Después de 45 minutos de exposición, se dedicó tiempo al coloquio, que resultó, como suele decirse, animado e interesante. En este caso, con singular razón. De él no tengo más constancia que la de mi memoria y la de los asistentes que casi llenaron la sala, aunque ese jueves en Oviedo parecían haberse concitado todos los organizadores de actos de la región para ofrecer opciones donde pasar el rato.

Agradecería que todos aquellos que encuentren el texto interesante, lo difundan. ¡Por Asturias!

Modelos regionales de generación de actividad económica y empleo en la Revolución de la Inteligencia. (Reflexiones sobre las actuaciones con mejores perspectivas y su posible aplicación para Asturias)

Ponencia de: Angel Manuel Arias, Dr. Ingeniero de Minas y Abogado

Introducción

Desde distintos ámbitos, se ha difundido que nos encontramos en la tercera revolución industrial. Incluso, como las cosas van rápidas, piensan otros que estamos ya en la cuarta. Qué más da. En todo caso, se está de acuerdo en que la inteligencia artificial y las tecnologías de relación de datos y difusión de la información, están introduciendo y, lo han hecho ya en muchos ámbitos, nuevas variables desconocidas hace muy pocos años.

Me parece imprescindible analizar las consecuencias prácticas de esta avalancha tecnológica, que ha convertido a una mayoría de la población mundial en usuarios encantados o, al menos, en espectadores maravillados de las excelencias que ofrecen aparatos, materiales y programas, sobre todo, en el área de las comunicaciones. El verdadero elemento de unión entre esas multitudes es que no tienen la menor idea de cómo se fabrican y una ligera intuición de dónde.

Es una situación con un potencial ambivalente, y una deriva hacia consecuencias que pocos se han detenido a valorar, obsesionados con el disfrute momentáneo, ya que la sensación de satisfacción amenaza con no ser duradera, o, al menos, no lo será para todos. Mi punto de partida no es poner el énfasis en la calidad y carácter de esas tecnologías, de la que existen algunos productos de empleo muy difundido. No. Mi observatorio va a focalizarse en la realidad de que estas creaciones de prestaciones en crecimiento exponencial, están dividiendo a la sociedad en dos grupos: los usuarios finales, legos tecnológicos, y la élite de creativos, usuarios primarios y secundarios, que, bien como empleados pero también como autónomos, son los creadores, fabricantes y transformadores de las tecnologías.

Los flujos económicos relacionados con las tecnologías de esta Sociedad de la Inteligencia están trastocando brutalmente los que se consideraban habituales y a los que se creía conocer. Nuevas grandes empresas y protagonistas de todo nivel se están situando para controlar desde posiciones dominantes, o, cuanto menos cómodas, la masa dineraria que se mueve, en cantidades ingentes, desde el consumo hasta la generación. Claro está que los consumidores no siempre podrán pagar lo que desean, si no tienen forma de generar recursos, por lo que el grupo de usuarios finales, potencialmente inmenso, también se acabará reestructurando en subgrupos, de acuerdo con su disponibilidad de acceso -no técnico, sino económico- a esas maravillas de la tecnología.

En medio de este escenario me gustaría detectar una clase media socio-tecnológica, que estaría formado por quienes producimos y consumimos mayoritariamente bienes y servicios en los que las tecnologías consolidadas siguen jugando un papel central. En ese grupo, que es, por su esencia, el único en que militamos todos, solo unos pocos parecen haber detectado que la Sociedad de la Inteligencia, también amenaza las esencias de la vida en comunidad y genera una continua tensión emocional, social y, en lo que más debe interesar a las regiones, de empleabilidad.

Con este trabajo pretendo contribuir a la reflexión sobre la manera en que las tecnologías de la Revolución de la Inteligencia están afectando, y, en mi opinión afectarán aún más, al sostenimiento de la sociedad del bienestar.

Como idea general, si no se actúa con fórmulas de resistencia, lo harán a peor, deteriorándolo; y el deterioro se hará desastroso, por lo que deberá ser imprescindible poner pantallas de contención a las corrientes desordenadas de producción y consumo derivadas de las tecnologías en las que una región o país sean usuarios y no contribuyan a su creación, Paralelamente, se deben generar y apoyar puntos de actividad cercanos y asequibles a la gran masa de población, ya que la tecnología -en sentido amplio- y la globalización, suponen una interferencia constante sobre la contribución de capital y trabajo en la producción de bienes y servicios.

Primero. La tecnología como factor determinante de la rentabilidad

En los manuales clásicos de economía, al referirse a la función de producción, se estudiaban las interacciones entre capital y trabajo, considerando las influencias de los tipos de interés del dinero, la forma de financiación de equipamientos, instalaciones y circulante, o la selección y mejora de cualificación de los empleados, con el objetivo general de aumentar la eficiencia.

El propósito de hacer la producción más rentable (optimización del beneficio, mejor calidad, más cantidad, para entendernos) pasaba también por introducir automatismos en las máquinas, reducir residuos y desechos, y, en suma, disminuir los costes de producción, aunque no se analizaba con carácter global que la tecnología, en sentido amplio, llegaría a interferir de manera sustancial sobre la función de producción. Hoy día no se duda que, en muchos procesos, y en número creciente, se ha convertido en el factor determinante de la rentabilidad y que su efecto más claro para la masa social es que presiona continuamente sobre la empleabilidad.

Hablamos de desarrollo, pero en realidad, cuando nos planteamos el desarrollo regional, lo que pretendemos es contener la corriente impetuosa de pérdida de actividad y empleo que, en un entorno de competencia global y casi continua modificación de las mejores tecnologías disponibles, amenaza con llevarlo todo por delante.

La generación de empleo se vincula tradicionalmente a la creación de actividad económica, admitiendo que la movilización de recursos económicos creará puestos de trabajo. La automatización de los procesos ha llevado al empleado a una situación de riesgo permanente de ser sustituido por la máquina. Para el trabajador desplazado en una “reconversión”, y conducido al paro, ese estado de mercancía puesta en un mercado en el que desconoce (no solo él) las claves de la competitividad, no solo genera grave insatisfacción, sino que, al perder seguramente para siempre, el medio de sustento para él y su familia, pasa a depender de la asistencia social y de la solvencia y carácter de las prestaciones públicas.

Los responsables de las regiones son especialmente conscientes de la situación de deterioro y, muy concretamente, las que tienen estructuras heredadas de la actividad industrial de los sectores que entraron en crisis irrecuperable, por efecto de los avances tecnológicos. Asturias, con una cabecera industrial desproporcionada, creada y fomentada para servicio del resto del país, fue tempranamente sufridora de ese corte tecnológico. Ni el esfuerzo de los agentes socioeconómicos, ni las subvenciones, ni los programas de reconversión, reactivación industrial o desarrollo tecnológico, han permitido recuperar aquella posición de los años sesenta y setenta del pasado siglo.

La economía de la región asturiana se sostiene, en buena medida, que no me atrevo a cuantificar con exactitud, por la existencia de rentas del capital privado acumulado en años de bonanza y, sobre todo, por los ingresos por pensiones de jubilación y prejubilación.

Que una región castigada en su geografía por industrias potencialmente contaminantes o deterioradoras del ambiente como la siderurgia, la producción térmica de energía eléctrica, o la extracción minera, haya apostado, con éxito, por la promoción de sus valores turísticos, no dejaría de parecer una paradoja. Pero el turismo también puede ser pan para hoy y riesgo para mañana, pues los atractivos -precio, novedad, naturaleza, calidad de servicios, etc.- también entra en la bolsa de la competencia desaforada y, por sólido que nos parezca el escaparate, el mantenimiento del negocio depende de las decisiones de los clientes, en menor medida que la calidad o buenos propósitos de los oferentes.

Segundo. Mantener la actividad económica regional

No deseo abrir demasiado el espectro de las reflexiones que pondré sobre la mesa de discusión, para no sucumbir en el empeño de querer abarcarlo todo. Por ello, y volviendo a la teoría, someto a consideración que el mantenimiento de la actividad económica de un área o región, puede intentarse desde dos grandes opciones, que actúen sobre el tejido industrial y de servicios:

1) bien potenciando al máximo el crecimiento endógeno, analizando y utilizando todos los recursos disponibles (de naturaleza, minerales, profesionales, formativos, económicos, etc.)

2) o introduciendo elementos especialmente elegidos, que se incorporen al tejido ya generado, y creen nuevas interacciones con él.

Ambas propuestas no son incompatibles, pero en el desarrollo regional se ha de decidir mayoritariamente por una u otra.

Podemos asimilar estas propuestas con lo que se aplica en fruticultura o jardinería. Si queremos un efecto rápido y vistoso, podemos intentar trasplantar árboles ya bien formados. El riesgo es alto, y la posibilidad de éxito, escasa. Hay que extremar los cuidados profesionales, escoger vegetales con excelente cepellón y que sean, por sí mismos, resistentes. En terminología empresarial, una gran empresa que sea atraída para reimplantarse en otra zona diferente a la que creció, habrá impuesto altas exigencias para el traslado, y la difusión de sus deseados efectos activadores en la nueva será siempre problemática. Su posición dominante la hará exigente y la región dedicará a su mantenimiento recursos (económicos y laborales) de los que privará a otros agentes económicos.

También se puede optar por injertar en un árbol nodriza existente, con buen vigor y ya bien arraigado, una rama de aquella estructura que nos parezca más interesante, por sus frutos o por su calidad. Esta opción tiene, en fruticultura como en la economía empresarial, muchas más probabilidades de éxito y, además, puede intentarse con muchos vegetales; esto es, con muchas empresas del tejido propio anterior. Hablo de acuerdos de cooperación, join venture, sociedades mixtas, etc.

Tercero. Captación de sedes de multinacionales, con o sin Brexit.

Hay una situación novedosa que algunos creen ofrece opciones de captar sedes empresariales importantes. Como se ha ya difundido, la posibilidad de que el Brexit (salida de Gran Bretaña de la Unión Europea) se haga efectivo, y en paralelo a las negociaciones de salida, ha abierto una carrera diabólica entre las grandes ciudades europeas, tratando de convencer a los grandes grupos empresariales implantados en Gran Bretaña y que sostienen una parte sustancial de su mercado en la Unión Europea, para que muevan sus sedes para quedarse en ella.

Casi todas las capitales europeas están concentradas en negociar ese apetitoso botín, siendo París la mejor situada para obtener el mayor beneficio de los desplazamientos que tengan lugar. En España, Barcelona es candidata para la implantación de la Agencia del Medicamento, que cuenta con 900 empleados y un presupuesto de más de 300 millones de euros. Madrid ha anunciado recientemente la creación de un Think Madrid para atraer empresas británicas. Decenas de ciudades europeas se plantean los mismos objetivos.

En este asunto, como en cualquier pretensión de activar un desplazamiento de un grupo empresarial o convencer a un gran inversor de las ventajas de un área -negociaciones en las que los agentes asturianos tienen amplia experiencia, más bien de fracasos que de éxitos-, no hay que obsesionarse en presentar los méritos propios, sino situarse en la posición de quienes deben tomar la decisión por parte de aquellos a los que se pretende atraer. Se deben vencer dos resistencias: la propia del país en el que el complejo está implantado, y que estará atento a revisar su oferta -disminución de impuestos, fundamentalmente- y la oposición natural a cambiar, por los riesgos que comporta y la aversión de los ejecutivos y personal empleado a cambiar su residencia. A ello debe añadirse, la presión y desórdenes sociales que reflejará la inquietud de los trabajadores que teman ser despedidos y de las empresas que formen el cluster en el área de prestaciones de servicios, equipos y material, relacionadas con la principal.

No tengo dudas de que conseguir captar un grupo empresarial británico que haya decidido reimplantarse en la Unión Europea restringida, tendrá relación con el apoyo a las nuevas tecnologías y sería una buena noticia para la ciudad y la región que lo acoja. Por el contrario, me parece que el Brexit puede significar una pérdida significativa de ingresos a algunas regiones españolas que hayan contado con el turismo inglés o con las exportaciones al Reino Unido.

Por lo demás, la oportunidad de captar algún grupo de empresarial británico movilizado hacia territorios de la Unión, equivale a adentrarse en una segunda vuelta de un proceso en el que existe un candidato ya elegido, próspero, conveniente, que no ha perdido ninguna de las cualidades propias, sino al que se han modificado algunas condiciones externas. Salvo que la sede venga obligada por disposiciones de la Unión y, en todo caso, en dura competencia, pocas opciones veo para las ciudades españolas y, lamentablemente, ninguna para Asturias.

No está de más poner de manifiesto que el mayor hándicap que tiene España y, por ello, sus ciudades, para atraer multinacionales, es la escasa internacionalización de sus cuadros. Las pocas grandes empresas españolas disponen de muy pocos directivos extranjeros. Coincidimos en esta rémora con Francia, cuyas multinacionales raramente emplean extranjeros en puestos clave. Por el contrario, en los países anglosajones la discriminación no es tan aparente, y en los Estados Unidos, especialmente, los staff tienen un carácter manifiestamente plurinacional.

Cuarto. Rivalidades intrarregionales

El afán, consciente o inconsciente, del magma colectivo asturiano para constituirse permanente en un campo de pruebas y en la repetición de los esquemas suprarregionales, que han hecho más daño que bien a la economía española, mantiene una pugna estéril, incluso negativa, entre Oviedo y Gijón; Avilés, Mieres o Langreo permanecen en lo opaco de esta rivalidad intrarregional, que se asemeja a la permanente tensión entre Barcelona y Madrid.

Nada bueno me parece que provenga de alimentar esa bipolaridad, que ha producido demasiadas repeticiones de los mismos modelos culturales, de desarrollo industrial, etc., formando barreras ficticias entre ciudades que están distantes menos de 30 km. No necesitaba Asturias ni dos Escuelas Técnicas Superiores (con el mismo objetivo formativo, ya que Minas e Industriales compiten por la misma oferta de empleo), ni duplicar centros de promoción industrial, de investigación, de cultura y formación a todos los niveles (pero particularmente en aquellos que exigirían disponer de un personal docente muy cualificado), ni distanciarse cultural ni en ofertas de creación y de ocio, como si hubiera algo positivo que obtener para la región de potenciar municipios de pequeño tamaño como si se tratara de ciudades estado -¡estamos hablando de una región que tiene 1 millón de habitantes, y que concentra en el núcleo central, en un radio de quince a veinte kilómetros, casi las dos terceras partes de esa población.

Asturias debe ceder su voluntad de forzar localismos desde los Ayuntamientos, en particular en los núcleos urbanos relativamente más importantes, y ceder el poder de coordinación e impulso al gobierno regional. La sociedad civil, en ese concreto aspecto, como en otros, precisa de unir todas sus fuerzas en el objetivo común de gestionar la actividad, la promoción científica, la formación universitaria, y, por ende, las perspectivas de creación de empleo.

Quinto La orientación al mercado mundial como riesgo

Hemos pasado por un período de máximo énfasis hacia la globalización de los mercados, y la orientación hacia la exportación ha salvado y está salvando, sin duda, las cifras de resultados de algunas empresas que pudieron encontrar un mercado alternativo a la pérdida de los mercados interiores, o desarrollaron un producto de calidad internacional o encontraron, a tiempo, un mercado local exterior aceptable. Tampoco debemos confundir los términos. Exportar no es sinónimo de ofrecer calidad, ya que, normalmente, dentro de unos márgenes, el factor determinante para la competitividad es el precio.

Sin embargo, el mayor peligro de las regiones que orientan obsesivamente sus sistemas económicos al mercado mundial reside en que se pierdan las referencias hacia las necesidades de la propia ciudadanía. De ser así, con un enfoque con sesgo exportador, la situación puede convertirse en muy grave, dando lugar al deterioro de las prestaciones, calidad y servicios locales y a que las empresas, alcanzando facturaciones en la exportación interesantes, vayan derivando, allí donde sea posible, la producción hacia los países de destino.

En concreto, en las empresas de servicios, el aumento de facturación en el extranjero, y las cifras de incremento del empleo global, atrae pocos beneficios reales a las regiones en donde se asientan sus sedes centrales: los empleados que prestan los servicios deberán ser locales en su inmensa mayoría y el personal desplazado se restringe a técnicos y profesionales con alta cualificación, siendo la repatriación de beneficios, si los hay, raramente posible, obligando a su reinversión en el país de la filial.

Tanto a escala general como, en especial, a nivel regional, el desarrollo debe ser visto una opción colectiva, asumida por todos, que no se puede confiar a la actuación descoordinada de los agentes socioeconómicos y no tiene mucho que ver con las directrices de las empresas con más peso en la región que, por una especie de efecto mágico, consiguieran encontrar un camino idóneo para la mayoría que coincidiera con sus intereses.

Nuevamente en este apartado quiero referirme al impulso de la sociedad civil, cuya falta de organización y debate es patente en Asturias (no se ha plasmado, en todo caso, en un objetivo regional) y la necesidad de que las actuaciones, también las propuestas que sean negociadas con la Administración Central y con otras Administraciones Regionales, se realicen a nivel exclusivo de la Administración autonómica, con el apoyo, eso sí, de los municipios o comarcas supramunicipales. Especialmente, de Gijón y Oviedo.

Sexto. Los individuos no somos globales

La cuestión clave, desde la perspectiva sociológica, es decidir, ¿dónde deseamos situar en el desarrollo regional al ser humano? ¿Qué esperamos de las empresas, de los promotores, de los inversores y de las actividades ya implantadas o desarrolladas, y qué buscamos de las futuras, en relación con esa premisa?

Porque, por muy global que sea el mundo, los individuos no somos globales. Nuestra vida, aunque la normativa de los comportamientos se haya ido uniformizando, al menos en cuanto a las aspiraciones de bienestar, sigue siendo muy local. Pasamos toda nuestra vida en el mismo lugar,  y en ese lugar en el que ahora vivimos, deseamos estudiar, trabajar, desarrollarnos, interactuar, y, por supuesto, disfrutar de un entorno agradable. La calidad de vida que deseamos para nosotros y nuestros hijos no mejora porque sepamos que otros ciudadanos de países más o menos alejados viven estupendamente. Al contrario, ese conocimiento, y, en su caso, no poder alcanzar esos niveles, se traduce en frustración, en exigencias de equiparación, en tensiones.

Con esa orientación, la economía regional debe poner la atención en la organización de la calidad de vida en áreas reducidas, tomando como medida esencial de su éxito, la valoración del paisanaje. En un mundo global, la orientación de la economía no puede perder el énfasis local, que, incluso, debiera ser lo más importante. Los agentes deben comprender la complejidad de los modos de comportamiento globales (técnicos y económicos), activando y consolidando sus puntos fuertes, pero mirando su aplicación y efectos hacia lo regional.

Analizado de este modo, la base sustancial de una economía regional no debiera ser alcanzar la excelencia como competidor en la economía global (por ejemplo, con un tejido industrial basado esencialmente en mercancías destinadas a la exporación). La satisfacción a la generalidad de su ciudadanía y la estabilidad de sus estructuras descansan en otro baremo.

El objetivo de la economía regional debe ser alcanzar el abastecimiento y prestaciones óptimas de su población, y posibilitar el sostenimiento de su nivel de vida y subsistencia de forma autónoma.

Séptimo. La economía regional es subsidiaria de la economía nacional

Una economía regional debe interpretarse, en mi opinión, como un complemento, una derivada segunda de la economía global, y no ha de tratar de reproducirla. La orientación simplista a la economía global, se traduce en dependencia de la deriva de esa economía que no se controla, y aumenta el peligro de que cualquier inestabilidad de los mercados exteriores, por efecto multiplicador o tsunami económico, se traduzca en un desastre local. Por el contrario, una economía regional que se oriente económicamente, de manera sólida y en alto porcentaje, hacia la producción independiente y la autonomía de las prestaciones, podrá aprovechar las ventajas de la mayor desvinculación del exterior de su tejido de producción y servicios, que se encontrará orientado hacia las necesidades de la población local.

En el fondo, la idea no hace sino responder a la reflexión de que la solidez de lo grande se compone de la solidez de lo pequeño, y, apelando a la estrucutura fractal, también este caso, la economía global puede servir de ejemplo consciente para la construcción de muchas economías regionales, repitiendo a escala reducida el mismo modelo.

Octavo. Orientación de la economía regional

La orientación regional de la economía ofrece las siguientes características ventajosas:

1)      La producción se focaliza hacia el consumidor final, al que se conoce, y esa proximidad,  hace los procesos más trasparentes para el cliente y es garantía del cumplimiento de la legalidad, de la satisfacción de los deberes éticos y, por supuesto, de la legislación ambiental.

2)      Para los empleados y clientes, la proximidad recíproca entre los lugares de habitación, trabajo y formación o disfrute (centros educativos, culturales, de diversión, etc.) aumenta la sensación de felicidad, disminuye los tiempos de transporte y de ausencia de la vivienda familiar, reduce las emisiones contaminantes, incrementa el tiempo de ocio, etc.

3)      En la cuestión meramente técnica, la focalización hacia la clientela regional, disminuye la dependencia de lo local respecto a los avances de los desarrollos supraregionales y global, por lo que se rebaja el efecto nocivo de la competencia global, construyendo barreras naturales (es lo que en lo que en lenguaje coloquial se suele interpretar con frases como „mi proveedor conoce mis gustos, y me atiende mejor“)

4)      Cuando se prefiere y activa el empleo de los recursos locales, su utilización intensiva arrastra capacidades derivadas, aumentando la carga de las empresas locales, y, por ello, se vincula la formación y capacitación con las estructuras productivas, aumentando la capacidad de generación de empleo local. Se aprovechan, en suma, mejor las potencialidades de los recursos humanos y se aumenta su satisfacción.

No quisiera que estas consideraciones se vieran como crítica a lo que se está haciendo en Asturias. Al contrario. Mi pretensión es, si así se estima conveniente, ayudar a repensar las formas de activar la vinculación de la economía con los recursos regionales y el consumo. Al fin y al cabo, esta idea no puede ser más simple.

Noveno. Ideal de la economía regional

A este nivel genérico, lo expuesto conduciría a definir el ideal de una economía regional:

Será aquella que pueda proporcionar esta combinación:

  • El abastecimiento y satisfacción de las necesidades básicas de su población con sus propias capacidades y recursos. Estas necesidades vitales fundamentales suponen disponer de producción de alimentos variados, vivienda digna (concepto difuso, aunque admitido por la generalidad sin discusión), centros para impartir la formación adecuada, oferta de actividad cultural, servicios de sanidad satisfactorios, transporte interior y red de comunicaciones (tic) proporcionadas todas ellas por medios propios.
  • La oferta de mercancías, servicios o capacidades especiales al mercado global, que compensen la necesidad de efectivo para la compra de mercancías y prestaciones ajenas.

No trato de defender una autarquía inconsciente, sino saber actuar de manera inteligente. La posición, tamaño e intereses de las regiones no se pueden identificar con las de un país. Que un país como Estados Unidos cierre fronteras a la globalización es una amenaza global. Que una región del tamaño de la asturiana decida concentrarse en el apoyo a lo local, es obligación de supervivencia.

La combinación de ambos elementos debe facilitar una existencia regional autárquica en lo fundamental para la existencia y bienestar de sus habitantes, combinado con un aprovisionamiento complementario de bienes especiales, innecesarios o de lujo.  Hay que apelar a la solidaridad regional como concepto de mantenimiento del bienestar social. Esto es, hay que dar voz predominante a la sociedad civil.

Por supuesto, el analizar de este modo la cuestión no es exclusivo. La problemática es común absolutamente a todas las regiones del mundo, con independencia de si se trate de un país en desarrollo o de los que se consideran ya desarrollados y a la cabeza tecnológica. Los asesores de Trump no son imbéciles cuando apuestan por el impulso a la producción y consumo propios, a apoyar el sector de defensa o a despreciar las consecuencias del cambio climático. Son insolidarios, pragmáticos, fieles al principio de „sálvese quién pueda“

Décimo. Algunas ventajas del pasado

En España, la división territorial plantea problemas de dimensión insuficiente. En mi opinión, hay que revisar el mapa autonómico, simplificándolo. Tengo hechas propuestas en este sentido y desde hace tiempo. La unión natural de la región asturiana es con el arco cantábrico (Galicia, Cantabria, País Vasco) y, si las comunicaciones fueran mejores, con León (incorporando, en especial, la comarca del Bierzo). Cuando la ausencia de comunicaciones, o su deficiencia, obligaba a extremar la capacidad de producción propia, algunas regiones se concentraron en extraer la máxima producción de sus recursos naturales.

La posición de Asturias, inducida por su histórico aislamiento, supuso la orientación hacia el mayor aprovechamiento del terreno -vegas regadas por las corrientes naturales en donde se cultivaban todo tipo de hortalizas, cereales ylegumbres; terrenos que se procuraban dedicar a pastos para el ganado y se cuidadaban con esmero y, en fin, la explotación razonable de bosques y arbolado, con interés en la producción de frutos comestibles-. Se formaron cabañas pecuarias adaptadas a la producción de esos campos, la naturaleza se protegía porque era parte sustancial del sustento. Las familias vivían razonablemente felices en la optimización de su aislamiento.

Ni siquiera el descubrimiento de los yacimientos de carbón o de hierro, aunque abundantes, provocó demasiado convulsión sobre la estructura, al menos hasta mediados del siglo XX. Fue la creación de Ensidesa, la unificación de las explotaciones deficitarias en Hunosa, y la concentración de inversiones públicas fabriles en Asturias y la formación de una industria exclusivamente orientada al servicio de los mastodontes públicos, la que generó un grave desequilibrio regional, convirtiendo a la región en un monstruo de gran cabeza sin cuerpo suficiente que lo sostuviera.

Aunque la situación ha merecido diversos análisis -a ello dediqué mis esfuerzos profesionales cuando retorné de Alemania, y expuse mis propuestas en 1988 en mi tesis doctoral, que completé con varios trabajos posteriores- existiendo informes de gran calidad, mi opinión es que se ha puesto perfectamente el dedo en la llaga pero no se han activado las soluciones correctoras suficientes. Existen sí, medidas muy cualificadas, pero de escasa entidad para producir efectos relevantes, aunque nadie puede cuestionar su mérito.

Cuando sucedió, de manera brutal, el hecho terrible que varios de los sectores básicos en los que se había apoyado la economía del país -siderurgia, hullero, agropecuario, lácteo, naval, defensa, etc.- fueron reducidos a su quintaesencia, por acuerdos de reducción de cuotas en la Unión Europea, la eliminación de subvenciones, la competencia intraeuropea o las rebajas arancelarias, Asturias se quedó, como suele decirse vulgarmente, con la mano en la brocha y sin escalera.  Faltó, y no hay que culpar a nadie, porque era imposible conseguirlo, ni contando con todo el tiempo del mundo, la sustitución de las producciones fallidas por las de otros sectores equivalentes. No era posible reconstruir una economía regional que se había orientado hacia el abastecimiento nacional, y lo había hecho desde una posición de autoarquía, para conseguir hacerla competitiva y rentable, y con la misma capacidad de empleo, introduciendo nuevas empresas que sustituyeran a las eliminadas, o exprimiende la creatividad y el emprendimiento regional hasta agotar su jugo.

Undécimo. Capacidad para recuperación autónoma

He defendido, y sigo defendiendo, la posición pragmática de que la región asturiana carecía y carece de capacidad para su recuperación autónoma a los niveles que tenía. Y no es cuestión de tamaño, solamente. Otras regiones con parecida densidad de población han podido construir una estructura económica y de producción mucho más enraizada, más acorde y desagregada, de conformidad con los recursos, disponibilidades y capacidades propias. Pero no tenían iguales servidumbres de partida.

En mi opinión, como también expuse en reiterados documentos a los que di publicidad, la incorporación de alguna filial o sucursal de multinacional, con la idea utópica de que serviría para reactivar la economía, no sirvió más que como adorno. Lo que la región necesitaba, y necesita, para mantener el nivel de empleo y de actividad de consumo que se creó entre 1950 y la crisis de la siderurgia y del carbón, es un entronque sustitutivo con las líneas estratégicas de desarrollo imprescindibles para el conjunto del país y activar al máximo sus capacidades propias, sin despreciar ninguna.

Hay aquí un dilema que en la región asturiana no está, en opinión de mi exclusiva responsabilidad, resuelto. Tiene la limitación,en primer lugar, de su insuficiente masa crítica, de carecer de un tamaño mínimo, pero, también está falta de encaje, en distintos escalones, con la estructura global del país y, en ulterior grado, dentro de la Unión Europea. No dispone de las relaciones de interactividad suficientes con los centros de producción y formación de los restantes países europeos.

La contención del deterioro de la capacidad de empleo en un marco de competencia global, no está ligado, como ya dije, al mantenimiento de las cifras económicas, ni siquiera el pib. Carece de todo sentido que las regiones se planteen de forma autónoma el reto de sostenimiento de la riqueza productiva y, simultáneamente, de su capacidad de empleo. La continua racionalización de los procesos productivos se traduce en la imparable pérdida de competitividad de muchos emprendimientos anteriores, que no por ello han de ser tildados de ineficaces, ni achacable la pérdida de productividad a empleadores o empleados.

Menos aún sirve trasladar a la economía, la ingenua idea con la que se pretende animar a un enfermo grave, “animo, tú puedes, que de esto se sale”. La capacidad y voluntad individual es, no solo insuficiente, sino, en general, innecesaria; incluso se puede convertir en un estorbo.

En la gravedad de la situación de la región asturiana, el potencial de generación endógena incontrolado es mínimo para cumplir con el objetivo de saneamiento. No necesitamos más bares, mercerías, peluquerías, ni tiendas de la esquina. La adaptación de las estructuras tecnológica y terciaria de las regiones a las nuevas condiciones -que son variables de continuo, y que están afectando y afectarán sustancialmente a la cantidad y calidad de las aportaciones de los seres humanos para la generación de actividad y riqueza, no puede confiarse al azar, ni a la complementariedad de las actuaciones individuales.

Aquí no sirven ni Smith, ni Samuelson, ni Keynes ni Hayek. En realidad, ya no sirve la economía. Hay que dejar el paso de la iniciativa a la técnica -no solo a las técnicas más avanzadas, también a las básicas, perfeccionándolas- y volver, simultáneamente, la vista a la sociología, a la conciencia social, a la reestructuración territorial, considerando las comarcas periféricas de la almendra central (Oviedo-Gijón-Avilés-Mieres-Langreo) como entidades a las que dotar de capacidad de sostenimiento autónomo suficiente; no solo en servicios, también en producción.

La falta de conocimiento y la escasez de ideas eficaces para impulsar el desarrollo, han llevado a algunas opciones políticas a colocar el énfasis sobre el aumento de los impuestos sobre los beneficios de las sociedades o aumentar la presión fiscal sobre las rentas de capital o trabajo. Lo que hay que conseguir es que los beneficios empresariales y el consumo y los ahorros de particulares se reinviertan en crear más actividades productivas.

Duodécimo. Coordinación a nivel de Estado

Por fuertes e ilusionados que sean los impulsos regionales, no se puede ignorar que el sostenimiento de la sociedad del bienestar y, en particular, el nivel de las prestaciones sociales alcanzadas, depende sustancialmente de la economía del país. En la Unión Europea, también está vinculada a la solidaridad entre Estados y a las medidas de apoyo conjuntas.

Los poderes regionales tienen poca relevancia en este aspecto y carece de sentido sobretensar la cuerda de las responsabilidades de los gobiernos regionales o de las capacidades propias. Las medidas que se adopten solo pueden considerarse coadyuvantes, subsidiarias. La posición en el conjunto del Estado debe ser coordinada y apoyada desde la visión de conjunto. La repetición obsesiva de los mismos esquemas en las regiones de un país -en educación, en investigación, en promoción de las mismas actividades y sectores, etc.- es, sencillamente, un intolerable despilfarro de recursos y conduce, sin duda, a una posición conjunta inferior a la que se obtendría de haber actuado coordinadamente.

Décimo tercero. Aumento de resistencias en la Economía de la Inteligencia

La objetividad de esta reflexión no impide apoyar que el cambio o modificación de la orientación económica de la región asturiana, como de cualquier otra que se plantea seriamente aumentar su capacidad de resistencia en la Economía de la Inteligencia, pasa por ahondar en estos factores de estabilidad:

1)      Revisar los flujos de producción y consumo en la estructura regional. Hay que volver a las tablas de Leontieff, aunque de una manera totalmente pragmática. No nos compliquemos la cabeza. Se trata de analizar de dónde vienen los insumos y quién adquiere y cómo se emplean los productos y servicios fabricados en la región. El objetivo del análisis es plantearse, y garantizar, hasta donde sea posible, que la mayor parte de los flujos económicos se encuadren en el marco de la economía regional. De forma simple: que la parte del león del dinero con que pagamos al panadero, al lechero, a la agencia de viajes, al comercio en el que adquirimos la lavadora, el televisor, el ipad o ese aparato que nos mola de última generación, se quede en la región y se consiga así, con él, un factor multiplicador.

 

¿Se está haciendo así? ¿Damos prioridad a lo producido por la empresa, el comercio o el equipo profesional cercano, o no nos importa? ¿Sabemos apreciar, de verdad, el origen, la calidad de los productos, o solo nos guiamos por la prisa, la ignorancia o un precio aparentemente ventajoso?

 

Deberíamos pensar en que el dinero no fluye de forma inocente, y deja huella. Más en la  sociología, en la demografía y en el bienestar general, que en la economía Hace décadas, cuando se adquiría, por ejemplo, el pan al panadero de nuestro pueblo, que lo elaboraba con harina del maiz que compraba a otro paisano del mismo lugar o del de al lado, que había molido gracias al accionamiento del agua sobre la rueda de su industria familiar, las cosas discurrían de forma muy transparente.

 

Con ese dinero -si es que no había trocado directamente el pan, digamos, por verduras producidas en el huerto del receptor- compraba la carne o las verduras que se criaban o cultivaban en la comarca, y así siguiendo, activando toda una cadena previsible de compensaciones próximas. Esos intercambios se basaban en producciones reales, creando riqueza que circulaba.

 

No era lo mismo que el brillante ejemplo propuesto por Frederic Bastiat,  en el siglo XIX, en las primeras lecciones de economía para dummies que se conocen, en el que ilustraba sobre las consecuencias funestas de que el hijo del cristalero, pretendiendo aumentar el negocio de su padre, se dedicara con ahínco a romper los cristales de los vecinos, pues todos se arruinaban, también el cristalero.

 

No es lo mismo, pero se parece mucho en esencia. En este momento de globalización desigual, en el que los individuos tratan de satisfacer sus necesidades básicas o ficticias, en una sociedad líquida, movida por la publicidad, el egoismo y la estupidez, el comprar obsesivamente los productos más vistosos, presentados como apetecibles por otros interes, sin importar dónde están fabricados, ni su calidad, sustituyendo continuamente a productos que no han sido amortizados ni alcanzaron su obsolescencia, conduce, con otras palabras pero el mismo efecto, a la situación provocada por el hijo del cristalero. Todos pierden.

 

Podemos medirlo en indices, auque en Asturias, una región tan pequeña, para detectar las consecuencias de lo que está sucudiendo, basta salir a la calle con la mente abierta, darse un paseo por la región sin utilizar las vías rápidas.

 

Décimo Cuarto. Flujos monetarios en la economía regional

Siguiendo con la exposición de sugerencias, y conservando la numeración, aunque la haya titulado de forma independiente, indico uno de los elementos que considero centrales para la activación de una base de resistencia regional, en la intención de que sea interpretado como un mensaje para Asturias.

 

2)      Tiene inmenso atractivo, analizar de forma suficiente cómo fluyen los dineros en la economía regional, y quiénes son los beneficiados, en última instancia, de las corrientes económicas de consumo.

 

Porque en una economía global, aunque lo sea parcialmente, habrá regiones fuertes y regiones débiles; es decir, las que resulten ganadoras o perdedoras. Para las primeras, el círculo de insumos y consumos es virtuoso; para las segundas, el círculo es diabólico. Para estas últimas, se va perdiendo sustancia, poder adquisitivo, actividad creadora, sucumbida ante la fiebre consumista. No quisiera tener que escribirlo, pero tengo la desagrable sensación de que Asturias está en el camino de pertenecer al núcleo enquistado de regiones perdedoras.

Estos son los síntomas:

1)      se forma personal, incluso con alta cualificación, pero no hay trabajo para la mayoría en la región, y, sobre todo, los mejores, se ven obligados a emigrar a regiones o países en donde cubren sus expectativas y son remunerados de acuerdo con sus conocimientos; quedarse supondría alimentar los riesgos de depresión e insatisfacción, contentarse con míseros salarios que…obviamente, disminuyen los poderes adquisitivos.

En una región perdedora,

2)      los emprendimientos que se generan son de escaso tamaño, tienen una tasa de mortalidad es elevada, por falta de clientela que las sostenga, financiación o capacidad gerencial. Faltas de perspectiva, esas iniciativas, son típicamente, formas de autoempleo o empleo familiar y actúan en sectores de servicios muy básicos, dirigidos a una clientela muy reducida (bares, pequeños restaurantes, peluquerías, tiendas de la esquina, mercerías, etc.); son negocios de subsistencia, si capacidad ni voluntad de crecer, por su propia característica; si están ubicados en una zona de éxito, y si la suerte les acompaña, rápidamente son absorbidos por cadenas de distribución y abastecimiento pluriregionales o multinacionales.

No deberíamos observar con tranquilidad la sustitución de los modelos empresariales para: a) abastecimiento de productos de primera necesidad por otro esquema en el que los centros de decisión nos son ajenos: a nivel de proximidad, tiendas regentadas por ciudadanos chinos copiadas todas de un patrón bien estudiado y financiadas de manera misteriosa (también se pueden encontrar algunos ejemplos, por zonas, de comercios alimentarios regidos por nativos marroquíes con productos de su país, y segundas calidades nacionales); b) a nivel de gran superficie, en macrocomercios en que se puede comprar de todo, muy poco realmente producido en la región y con empleados de bajos salarios. En consecuencia, se produce una descapitalización acelerada en potencial humano y económico, convirtiéndose la región en drogodependiente de la producción de otras regiones o países, y el único dinero que fluye hacia dentro es el de salarios típicamente reducidos.

Décimo quinto. Futuro crítico cuando se pierdan subsidios y pensiones

No nos engañemos. En Asturias, la persistencia de rentas, procedentes de pensiones y, en menor medida relativa, pero aún significativa, de subvenciones y de una actividad residual de restos de empresas públicas, privatizadas, o aquellas empresas que han reorientado su polo hacia la exportación, alimenta aún flujos económicos dedicados al consumo, que permanece intenso. Pero esa situación idílica se romperá en la medida en que la evolución natural de la pirámide vegetativa modifique los ingresos regionales y la exportación no sea factible o se dificulte por nuevos competidores. Porque esos flujos de consumo no están sirviendo para generar empresas de futuro, sino que, en los casos en que los captadores de ingresos no reinvierten en Asturias (solo se dispone en la región del efecto de los salarios, cada vez más disminuido), conforman escapes monetarios que favorecen otras áreas.

La preocupación aquí expuesta ha dado lugar a propuestas, convertidas en alguna ocasión en experiencias dignas de análisis, aunque se encuentran en fase de desarrollo, en las que se pone en valor estos intercambios en „dinero regional“, distinguiéndolos así de la moneda oficialmente vigente. La contabilidad de estos flujos económicos es clave para entrender la urdimbre regional y su interdependecia de otras áreas y regiones.

Las regiones con mayor capacidad de resistencia a la crisis continua de la revolución de la inteligencia son aquellas en las que los reflujos de capital son empleados en alta proporción para adquirir productos fabricados por otras empresas regionales, conformando una red de insumos y pagos o contraprestaciones que, analizada como entramado, permite detectar si se pueden aumentar las conexiones entre empresas para hacer más densa la red de producción y consumos. Y, para no tener que complicar la contabilidad, puesta la región de acuerdo, las empresas funcionan con una moneda regional, amparada por la Administración y el compromiso efectivo de los intervinientes en el esquema transaccional. Serían los nuevos „belarminos“, a los que cabría desear mejor final. Equivale a pintar la esquina de los billetes de curso legal, o marcarlos como hacíamos de niños con la ingenia frase: „vuelve“.

Asturias tiene un bajo índice de resistencia, medido en „dinero regional“. Las entradas de dinero a la región se producen, en una medida nada despreciable por pensiones derivadas de la inactividad laboral.

El número de cotizantes a la Seguridad Social (parece ser, según algunas cifras publicadas, del orden de 390.000) está muy próximo al de pensionistas (unos 310.000). Con una pensión media de 1.250 euros mensuales, por esta vía se insuflan a la región (aceptando que todos ellos vivan y consuman aquí) 4.650 millones de euros/año, que se dedican, fundamentalmente, en mera suposición admisible, a consumos de necesidades básicas, muchas veces, al sostenimiento familiar, al ser la única renta que entra en la familia.  Esta cantidad sería superior a la facturación del sector industrial, que según el IDEPA, alcanzaba en la región poco más de 3.500 Mill. de euros anuales.

Sería interesante conocer la distribución de las cantidades aportadas por las empresas a la SS, para deducir las magnitud de los salarios: en las empresas de servicios, como se sabe, cercano al salario mínimo.

Las empresas industriales de la región, en su mayoría pymes  -y de las de mayor tamaño relativo, solo un centenar escaso tendrían más de 50 trabajadores, lejos de los 250 mínimo, que las caracterizaría como „gran empresa“- adquieren preferentemente sus materias primas en el exterior y la reversión monetaria que, por su vía, se reintroduce aquí es la derivada de los salarios y derivada hacia la atención de necesidades básicas, no contribuye a la cadena productiva industrial.

Décimo sexto. Orientación hacia tecnologías de pequeña escala y a la producción de software

3)      En el marco específico de la revolución de la inteligencia, quiero llamar la atrención acerca del interés en dedicar esfuerzos a la implantación de empresas e iniciativas orientadas hacia las llamadas tecnologías de pequeña escala, es decir, tecnologías medias o „más adecuadas“ a las necesidades del tejido empresarial existente.

 

Nacidas para ser empleadas en países en vías de desarrollo, han encontrado, como los microcréditos, uso eficiente en los países desarrollados. Estas tecnologías se llaman, en alemán, „angepasste Technologien (AT)“ y, en inglés, „appropriate technology“. Existen movimientos sólidos a favor, desde hace décadas, con asociaciones que promueven la práctica tecnológica enfocada a procesos y tecnologías de las denominadas „socialmente atractivas“ (o de sensibilidad enfocada hacia las necesidades concretas del ser humano) y que, por supuesto, sean responsables con el medio ambiente. En Alemania, por ejemplo, la AT-Verband fue fundada como una Organización sin beneficios en 1988 y cuenta actualmente con 30 miembros que son consultores independientes, investigadores, institutos, expertos y compañías asesoras. Su objetivo central es concienciar a los usuarios y capacitarlos para desarrollar y aplicar soluciones técnicas en su propio interés.

 

4)      Debemos ser conscientes del poder y nivel de nuestros competidores, y buscar alianzas con ellos. Alemania tiene 415 institutos reconocidos oficialmente para educación de alto nivel: 106 universidades,  6 centros para formación de docentes, 16 centros para masteres tecnológicos, 51 para grados relacionados con las artes, 207 universidades de ciencias aplicadas, y 29 centros de formacion de administración pública. Las Universidades y centros educativos alemanes proporcionan 13.500 programas de grado a más de 2 millones de estudiantes, de los que aproximadamente 250.000 son extranjeros. Las investigaciones de alto nivel mundial se realizan en cientos de institutuciones científicas, de las que los más relevantes son el Fraunhofer-Gesellschaft, la Helmholtz Association, la Leibniz Association, y la Max-Planck-Gesellschaft. Estos centros actúan con independencia de las Universidades, con las que mantienen acuerdos de colaboración.

Décimo séptimo. Realidad de la investigación tecnológica en Asturias

He consultado la web del Ministerio de Economía y Competitividad, en el apartado dedicada a la Dirección General de Transferencia de Tecnología y Desarrollo empresarial. El Plan Estatal de investigación científica, técnica y de innovación, que cubrió el período 2013 -2016, registra 63 Centros tecnológicos (la enumeración llega a 127, con múltiples saltos) y solo 10 Centros de apoyo (la enumeración, igualmente con huecos, alcanza a la cifra de 16). Asturias tiene  en esa lista dos centros, el Centro tecnológico de la Fundación ITMA, antes Instituto Tecnológico de Materiales, hoy apodado Materials Technology (http://www.itma.es) y la Fundación de CTIC, Centro tecnológico para el desarrollo de en Asturias de tecnologías de información y comunicación (http://www.fundacionctic.org).

 

A estos Centros se suman, según la información de la web del propio Principado de Asturias, la Ficyt, (la muy resistente Fundación para el Fomento de la Investigación Científica, ver su última memoria, http://www.ficyt.es/memoria2015), el Repositorio Institucional de Asturias (RIA) enmarcado en la Open Acces Initiative (http://ria.asturias.es/RIA), el Centro de Investigación en Nanomateriales y Tecnología (CINN, creado junto al CSIC), el “viejo” y querido INCAR, Instituto Nacional del Carbón

(http://www.incar.csic.es/), con tres departamentos de investigación, dedicados a química de materiales, al medio ambiente y al carbón, dispone de una web no actualizada, y en su directorio figuran 130 empleados), la Fundación Barredo, el SERIDA, para Investigación y Desarrollo agroalimentario, http://www.serida.org/index.php), el IPLA, para Investigación de productos lácteos, también del CSIC (http://www.ipla.csic.es/)

 

El esfuerzo es evidente. La escasez de medios, también. El primero de los citados (ITMA) se dedica a la investigación de materiales y cuenta, según la última Memoria, con 112 empleados, de los que 55 son titulados superiores. Tiene convocadas 4 becas de 700 euros/mes para titulados superiores (una miseria). El CTIC fue fundado en 2015 y tiene publicada la convocatoria para contratar por un año, prorrogable, a un titulado sin experiencia, que, después de un período de formación, contaría con un salario de 13.200 euros anuales (no parece mucho).

 

No faltan, al contrario, en mi opinión, sobran, iniciativas de apoyo tecnológico en Asturias. Existe un núcleo de creatividad que promueve multitud de proyectos, reuniones de trabajo, propuestas, pone en circulación capacidades y posibilidades de subvención que exceden, con mucho la posibilidad de asimilación de las empresas regionales, que están siempre en todos los foros, a la espera de conseguir algún beneficio, pero no aparecen, o son muy pocas, nuevas iniciativas. La región, que se mantiene como rehén de su historia anterior, dedica la mayor parte de los efectivos al sostenimiento y desarrollo de tecnologías y proyectos que sirven de apoyo a las empresas existentes, no a la diversificación del empleo regional. Siento tener que decirlo tan claro, porque sé que no va a gustar, pero una Fundación que es dirigida por una gran multinacional, servirá a los intereses de esa empresa, fundamentalmente.

Vuelvo, pues, a la idea que considero central en estas reflexiones: hay que aumentar el número de productores regionales, extremar el conocimiento de los productos que fabrican y ayudarles a generar una red interactiva de mercado, en la que utilicen al máximo las estructuras de producción y distribución. Las particularidades regionales deben, por supuesto, ser difundidas y asimiladas por la población asturiana y ser convertidas en una fortaleza regional, en un propósito compartido.

Esa estrategia regional debe ayudar a comprender y difundir la respuesta a preguntas como ésta: ¿de dónde procede, en verdad, la carne, la leche, las hortalizas, que compro en el mercado? ¿son de producción ecológica? ¿dónde se fabrican los muebles, los equipos de música, los aparatos de comunicación que utilizo? ¿qué tipo de energía utilizan? ¿cuánta gente emplea en mi región? ¿cómo cuidan y protegen el medio ambiente? ¿qué proveedores tienen las empresas que están ubicadas en Asturias?¿quiénes son sus propietarios y accionistas y qué vinculación tienen con Asturias?

Décimo octavo. La cooperación y la unión de efectivos, en especial, para la satisfacción de necesidades de primer orden

Un aspecto que no ha tenido mucho éxito en Asturias, por falta de formación de sus integrantes y apoyo y seguimiento institucional, en general, es la constitución y apoyo de cooperativas. La Ley, en realidad, no puede ser más permisiva: para la constitución de las llamadas de primer grado bastan solo tres socios y para las de segundo grado, dos cooperativas. En el caso de inscripción de la constitución:

Las cooperativas de primer grado deben estar integradas por al menos, tres socios y las de segundo grado por dos cooperativas, (Ley 27/1999, BOPA de julio de 1999). Mucho más restrictiva es la reglamentación, por ejemplo, en Alemania, donde la Ley de estructura de mercado exige, al menos 7 socios, de entre los cuales una entidad con personalidad jurídica, que asume la gestión conjunta. La ventaja del esquema es que los pequeños productores pueden concentrarse en la producción y confiar la comercialización a la empresa que forma parte de la cooperativa, con efectos de sinergia y compensación crecientes.

La promoción de actividades por parte de empresarios individuales debe contar con apoyo financiero específico. Los microcréditos son instrumentos interesantes y, en muchos casos, imprescindibles. La creencia común los vincula a países en desarrollo, pero los países desarrollados pueden aprovechar también sus efectos, incluso de particular a particular. Opino que, en el sector agropecuario, estos instrumentos son esenciales para animar a la movilización de productores, además de referirme, de paso, a que la reconversión agropecuaria (al abrigo de un mandato de la UE que no se negoció pensando en las consecuencias a medio plazo) ha significado un tremendo error para Asturias.

La recuperación de espacios abandonados agrarios y forestales, y de edificaciones abandonadas debe contar con un programa especial de ayudas. Puede ser, con las ayudas y estímulos adecuados, una forma de rehabilitar zonas y pueblos con riesgo de convertirse en fantasmas, rehabilitar casas que ya no se estaban utilizando como vivienda y, al mismo tiempo que se favorece el asentamiento de jóvenes en ellas, se crea empleo. La sociedad del conocimiento o de la inteligencia no precisa de espacios industriales, ni parques tecnológicos vacíos, y la conectividad se consigue por las comunicaciones inalámbricas, con cualquier lugar del mundo. Estén en Estados Unidos, en Francia, o en la India.

Décimo nono. La minería es un recurso más

En un escenario como éste, con público formado mayoritariamente por ingenieros de minas, no puedo menos que indicar algunas ideas sobre la necesidad de explotar los recursos minerales de Asturias, y, en general,  de España, venciendo incomprensibles resistencias de algunos colectivos, que, en ceremonias de confusión, creen anteponer la defensa del medio ambiente a la generación de actividad y medio empleo.

Ayer, 3 de mayo de 2017, en Zaragoza, mi colega de la ingenería de Minas, compañero del Consejo Superior, Pascual León Marco, pronunció una conferencia „La mineria como actividad basica para el desarrollo economico y tecnico de la Humanidad“, cuyo texto tuvo la amabilidad de enviarme. Recoge en él que, desde mediados del mes de Junio de 2006, la Comisión Europea identificó 14 materias primas minerales consideradas “fundamentales” para la industria,  porque el riesgo de escasez de abastecimiento y el impacto de la misma en la economía es mayor que si escasearan otras materias primas. Son el antimonio, berilio, cobalto, flúor, galio, germanio, grafito, indio, magnesio, niobio, platino, tierras raras, wolframio y tantalio. La Comisión preve que la demanda de algunas de esas materias primas podría más que triplicarse entre 2006 y 2030.

En cualquier escenario económico, no podemos escapar de la necesidad de utilizar minerales y rocas. La economía verde también necesitará de minerales: por ejemplo, 1 tonelada de teléfonos móviles contiene 1 kg de plata y 300  de oro. 1 parque eólico convencional precisa de 2,7 t de Cu por MW y, si es marino, de 3 a 5 veces más. El grafito es indispensable en todas las industrias emergentes, y su empleo equipará, solo en ellas, al consumo actual, siendo el elemento central para la fabricación del grafeno. Los nanominerales (desarrollados en procesos de fabricación utilizando materias primas molidas a tamaños inferiores a 0,001 micras) utilizan arcillas especiales (montmorillonita, sepiolita, atapulgita), talco, óxidos de titanio, caliza, y su gama de aplicaciones crece exponencialmente, por lo que su precio se incrementa, al mismo tiempo que aumentan los costes de transporte.

¿Qué consecuencias cabe extraer de un contexto en el que lo material seguirá siendo imprescindible, frente a la avalancha aparente de lo virtual? Que habrá que revisar las políticas restrictivas al empleo de los recursos minerales, con legislaciones que hoy obligan a desproporcionados desembolsos, no justificados ambientalmente, y poner el énfasis, no en la negativa cerril, sino en la recuperación de los espacios afectados y en la respetuosa explotación con el medio ambiente y el derecho. Si existen recursos minerales en la región, y su explotación es rentable y general empleo local, ¿qué sentido tiene negarse? ¿a quién beneficia la oposición? Por lo demás, conviene recordar que muchas explotaciones del pasado (también del inmediato) constituyen focos de atracción turística y, en algunos casos, la restitución al medio se ha convertido en un activo ambiental de la comarca.

Conclusiones-

Todas las iniciativas de activación regional son bienvenidas, pero es imprescindible priorizar la movilización de la producción y consumo regional de bienes de primera necesidad. Propongo la revisión cuidadosa de todos los flujos de insumos y de circulación del dinero que se mueve en Asturias, preparándose para la próxima pérdida de los recursos que provienen de las pensiones.

Hay que animar a la cooperación y, no solo al debate, a la acción, a la sociedad civil. También, se precisa educarla, difundiendo con sinceridad los problemas, las posibles soluciones, los dilemas.

La región debe fortalecer su capacidad de resistencia, concentrando y unificando recursos. En la formación, los programas de las Escuelas Superiores, de las Universidades y de los centros de formación a todos los niveles deben priorizar la orientación a la resolución de las necesidades locales y, por tanto, la empleabilidad en la región. Los egresados que deben marcharse de Asturias porque no encuentran empleo aquí son una pérdida de recursos, de ilusión, y de posibilidades de futuro.

Existen excesivos centros y fundaciones de investigación para los medios disponibles. No se vence a la crisis por tener una desmedida ambición, sino por ajustar las actuaciones a la realidad y a objetivos alcanzables.

La sociedad asturiana debe dejar de inmediato de competir consigo misma. Las directrices de formación, de desarrollo, de actividad industrial, de impulso económico, han de coordinarse desde lo central de la Administración regional, no desde los municipios. Alimentar el eje de rivalidad Gijón-Oviedo, en concreto, es destructivo, porque resta recursos.

Se debería revisar el impulso a las organizaciones y formas de trabajo y actividad cooperativas, tanto desde el punto de vista de la producción como del consumo.

La recuperación de espacios abandonados agrarios y forestales, y de edificaciones abandonadas debe contar con un programa especial de ayudas.

La sociedad de la inteligencia ha de activar conceptos como la libre circulación de la información, la confianza en que unir esfuerzos mejora la capacidad individual, la difusión de los programas fuente abiertos (Open Source), de la información veraz y obtenida por contraste de múltiples puntos de información no mediatizados (Open Media), de la circulación de patentes abiertas a uso general, particularmente en farmacología, medicina, biología, tecnologías de ahorro energético, etc-

En fin, concentro el mensaje en pocas palabras: Hay que reducir la dependencia de la región asturiana (y sirve como máxima de general aplicación) de la economía global, siendo conscientes de los peligros aque entraña.

Aquellas regiones que se concentran en producir bienes para la exportación, es cierto que en situaciones de bonanza global, pueden conseguir altos ingresos, pero pierden, en situaciones de crisis económicas, la posibilidad de comprar con urgencia las mercaderías que necesitan para su producción propia.

Por ello, además de tratar de especializarse en sectores muy específicos -jamás deben tratar de emular un planteamiento global que solo corresponde al Estado, o si la Unión Europea funcionase como una verdadera federación, a esa instancia superior-, el fortalecimiento de la economía regional es fundamental para proporcionar los bienes y servicios vitales para la ciudadanía y garantizar el autoabastecimiento básico en cualquier circunstancia.

La versatilidad de la economía regional, se fortalece tecnologías de tamaño medio, y una contabilidad regional que clarifique el flujo monetario y proporcione argumentos a los enfoques centralizados, para la toma de decisiones que beneficienn al conjunto asturiano, eliminando competencias internas cuando suponen despilfarro o infraempleo de recursos.

Oviedo, 4 de mayo de 2017

 

 

Anexo.

Extraigo del texto de la conferencia que tuve ocasión de pronunciar en Oviedo, algunas ideas expuestas allí. (Acto de Homenaje a dos ingenieros de minas ilustres, Jerónimo Ibrahim y Luis Adaro, 27 de septiembre de 2016, organizado por la Real Academia de Ingeniería de España)

Aparición de un nuevo elemento a considerar: La Tercera revolución industrial

La situación de declive industrial de Asturias parece haber alcanzado fondo, pero eso no deja de ser un espejismo, porque la Tercera revolución industrial no ha hecho más que empezar. La generalización de la aplicación de tecnologías aún poco implementadas o en desarrollo –sobre todo, robótica, telecomunicaciones, informática, con nuevas creaciones continuas en el contexto del llamado Internet de las Cosas – elimina continuamente mano de obra que difícilmente será compensada, y en ningún caso de forma inmediata, por el nacimiento de nuevas empresas.

En los países y regiones más avanzados tecnológicamente y con fuerte capacidad exportadora debería ser posible, teóricamente al menos, combinar la cantidad de empleo sostenible suficiente para que la presión fiscal sobre empresas y empleados permita soportar las necesidades de la población inactiva, muy probablemente creciente (estudiantes, jubilados, desempleados, etc.). No será sencillo, pero debería ser factible. En todo caso, no aparece como una medida que se pueda adoptar a nivel de región.

Desde las regiones como desde los países hay que estar atentos, y con especial sensibilidad de los agentes socioeconómicos, para prepararse para un cambio sociológico que se adivina brutal, y que aparecerá en pleno desarrollo en solo un par de décadas.

Se estima que en menos diez años (2022) el 25% de los trabajadores industriales -unos 18.000-, alcanzarán en Asturias la edad de jubilación, por lo que, en teoría, deberán ser sustituidos con anterioridad. Es imposible ignorar que, por lógico final vegetativo, desaparecerán la mayoría de las rentas obtenidas por jubilados y prejubilados (y, por tanto, el consumo que propician). La mitad de la población asturiana tiene más de 45 años al comenzar la segunda década de este siglo.

La revolución industrial provocada por las Tics presenta, sin embargo, algunas ventajas. La creación de empresas industriales demanda fuertes inversiones y, por tanto, reclama una estabilidad a medio plazo. Las empresas de servicios, los emprendimientos nacidos de la imaginación, en particular, no suponen apenas inversión: tiempo del creador, ideas a desarrollar, apoyo inicial para que la iniciativa prenda y alcance un tamaño mínimo que permita vender el producto.

Referencia al papel de la Universidad en el impulso a las iniciativas privadas, junto a otras cuestiones relacionadas

Desde una región como Asturias no cabe plantearse un cambio de modelo general. Es una ilusión creer que se puede influir en el paradigma (o como quiera llamarse) dominante. Hay que acomodarse a él, saber aprovecharlo. La oferta de empleo global disminuirá, en tendencia natural, y una parte de él se hará más exigente en calidad. En los sectores de servicios, también, porque las máquinas y los recursos de comunicaciones y programas informáticos permitirán reducir personal, especialmente del menos cualificado, disminuyendo la duración de las jornadas y, seguramente, por tanto, su la remuneración.

No puedo menos que reconocer que mantengo una querencia positiva al impulso que debe sostenerse y potenciarse desde la Universidad.

Por supuesto, la creatividad no es precisamente monopolio en la Universidad, y ni siquiera está muy presente en las Facultades o Escuelas tecnológicas. Tradicionalmente, los doctores obtienen su grado exclusivamente en caso de que deseen dedicarse a la docencia y hacer carrera universitaria y la polarizan hacia materias y temas que son elegidos en relación con líneas de investigación del interés de las cátedras, o por la facilidad de enlazar la investigación con anteriores trabajos de otros miembros del departamento al que se adscriben. Las empresas no incorporan doctores a sus plantillas, porque no consideran que les aporten valor añadido. Un doctor, directivo de una empresa española, confesaba que había quitado de sus tarjetas, la referencia al título: “Es equivalente a ofrecer a tu interlocutor un bolígrafo Bic”, se justificaba.

Para mayor reconocimiento de la dificultad de la situación, España no está bien situada en el reconocimiento oficial del nivel de su formación universitaria. No se corresponde con la valoración de los egresados que se deciden a trabajar en el extranjero, muy apreciados. Me parece, por tanto, que esa minusvaloración tiene una base injusta, aunque el desbarajuste provocado por la peculiar implantación de los acuerdos de Bolonia a la enseñanza superior y media, no creo que haya venido a mejorar la perspectiva. Cualquiera que sea la crítica que quiera hacerse a la fórmula de posicionamiento, la tradicional clasificación de Shanghái, que evalúa varios parámetros para definir la calidad de los establecimientos académicos, solo hay 12 Universidades españoles en 2015 entre los 500 mejores, y la más alta, en el ranking 151-200, es la de Barcelona.

La contención de la tendencia negativa implica incorporar sectores preferentes acomodados a los nuevos desarrollos y necesidades. Alguna referencia he hecho ya a la selección de las líneas de desarrollo preferentes que pudieran servir para Asturias, Creo que hay que reclamar un apoyo en este sentido desde el Gobierno central, para que se concentren en la región los recursos y estímulos sobre uno o varios sectores estratégicos. El impulso a un Centro específico de desarrollo de nuevos materiales (en especial, en torno al grafeno) sería esencial.

Y la Universidad tiene que estar en primera línea en ese apoyo a la generación de iniciativas empresariales, motivando a los egresados e involucrando al profesorado y a los demás agentes sociales en la presentación de oportunidades.

Otra cuestión a analizar y corregir, es el escaso interés por las actuaciones colectivas

En España y, no hay que dudarlo, en Asturias, se constata un bajo nivel asociativo. Es imprescindible vencer esa inercia que propende al individualismo, y ha de conseguirse, ante todo, mediante la introducción en la educación, incluso en fase muy cercana, de principios de solidaridad, respeto a la autoridad y a la norma, potenciación de la imaginación, y apoyo a la generación de foros en donde se discutan las propuestas con seriedad y serenidad, acostumbrando a los colectivos a saber elegir los mejores, y a los que propongan soluciones, a defenderlas con coherencia y claridad, y no solo con vehemencia.

Es necesario apoyar todo tipo de tareas en colaboración, y, con carácter especial, a los clusters tecnológicos, es decir, agrupaciones complementarias de empresas, Universidad y grupos empresariales grandes, -reales o virtuales, con presencia física en una zona o inter relación por la vía de las comunicaciones- que desarrollen nuevos proyectos. El apoyo no ha de ser únicamente económico, también organizativo y los medios no deben ser solamente los que se controlan desde el propio clúster, sino que debe estimularse el intercambio de capacidades, tanto de personal como de medios físicos, avanzando en la mejora colectiva sin reservas de dominio egoístas.

Me parece también detectar que, en la incorporación de mejoras al diseño de piezas, elementos, aparatos, mecanismos (no solo estéticas, sino fundamentalmente, al amparo de la revisión técnica o tecnológica) hay un campo de trabajo importante para Asturias, tanto a nivel de particulares especializados en ese campo, como de las empresas.

Y, finalmente, teniendo en cuenta el aumento de la edad de las poblaciones, hay que considerar la aparición de nuevas necesidades y posibilidades vinculadas a la gerontología, al disfrute del ocio en las edades pos jubilación, la movilización de recursos creativos, formativos y de inversión o financiación ahora ociosos de ese sector de la población. Su análisis profundo debe servir para promover iniciativas y soluciones que, dada la generalidad de los problemas, son exportables por su misma esencia.

Relación del crecimiento endógeno con los mercados exteriores y su aprovechamiento

Hago aquí una primera referencia a la forma de evaluar la eficacia de las medidas e incluso para diagnosticar la situación. Porque no me parece correcto fijar en el aumento del pib o en indicadores económicos globales la valoración de que se está ante un “aumento colectivo del bienestar”. Los riesgos de estabilidad parecen claros y hay que prepararse para analizar la manera de sostener el actual bienestar con otros índices (reconociendo que el bienestar tiene una base tecnológica ineludible y que está en crecimiento de sus potencialidades).

Mirando hacia fuera, puesto que la población potencialmente activa mundial es de 3.150 millones de los que solo 650 millones se encuentran en los países desarrollados, se deduce de inmediato que la capacidad potencial laboral (medida exclusivamente en horas de actividad disponibles) es de 4:1 a favor de los que, en este momento, tienen menor capacidad tecnológica. Considerando que las horas de trabajo potenciales por persona son de 2.000/año, llegamos a la cifra abrumadora de 5 billones (millones de millones) de horas/año disponibles en los países menos desarrollados en tecnología, de los que, desde luego, China, India y Brasil concentran la mayor parte.

Un gran potencial que puede y debe ser también aprovechado por las regiones más eficaces. Existen modelos de éxito que evidencian ventajas respecto a nuestro modelo actual de producción y consumo. Son nuestros competidores de alto nivel (Alemania, Francia, en especial, a los que cabe añadir, a su escala, Suecia, Noruega, Holanda o Dinamarca, por no hablar de Estados Unidos o Canadá). Como es bien conocido, Alemania y Francia compiten con éxito tecnológico respecto a nuestras empresas, pues son nuestros principales proveedores extranjeros de mercancía con mayor valor añadido.

Pero existe otro grupo de países, conformado por quienes tienen necesidades tecnológicas, de infraestructuras, de fabricación, de mejora e implantación, aún importantes en relación con sus expectativas de crecimiento, y que se podrían cubrir desde nuestro nivel tecnológico, y que constituyen y constituirían el principal destino exportador de nuestras mercancías (China, India, Corea del Sur, Indonesia, Brasil, Chile, Colombia, México, entre otros ejemplos).

Es una situación boomerang, sin duda. China, por ejemplo, país-continente que aparece como interesante destino para nuestros productos tecnológicos (por supuesto, en competencia con los demás productores, incluidas las propias empresas chinas), se está convirtiendo en principal productor de mercancía de baja y media tecnología, que desplazan, por falta de competitividad, a las empresas españolas.

Finalmente, existe un tercer grupo de países que, por proximidad, relaciones históricas u otras razones –incluso humanitarias- puede ser la base para cimentar una tercera línea de crecimiento exportador, con beneficios a medio o largo plazo (Marruecos, países centroamericanos, la región del Sahel, Etiopía, Bangla Desh, Pakistán, etc.)

Esquema colectivo de desarrollo

No se puede alimentar un sistema de actuación tan complejo confiando únicamente en las iniciativas individuales. Por una parte, el apoyo con información y conocimiento es imprescindible para los pequeños inversores: la sociedad debe avanzar en conjunto en su modelo productivo. El individuo está desvalido frente a la vorágine tecnológica. No se puede confiar, como durante el siglo XX y anteriores, en que las iniciativas individuales servirán, actuando independientemente, para generar un modelo estable y auto sostenido.

Es una cuestión ligada a la supervivencia colectiva. Se trata de implantar un modelo mucho más solidario, en el que el reconocimiento a las medidas sociales o altruistas sea visto como algo natural y prestigioso.

Hace algunos años que el doctrinario para alimentación cultural colectiva y, en especial, el catecismo empresarial, incorporó la “creación de valor” como objetivo.  La creación de valor no está vinculada a la especulación, ni a las burbujas económicas, ni siquiera a la explotación de los recursos naturales de aquellos países o zonas más atrasadas tecnológicamente, con legislaciones más permisivas o administraciones más complacientes.  Esa forma de creación de valor falsaria tiene un desplazamiento continuo por el planeta, como una plaga de langostas, que cuando agotan o creen haber agotado una zona, se desplazan a otra de inmediato.

En la verdadera creación de valor están los empresarios solidarios, los centros de investigación, los laboratorios y fundaciones públicos y privados, los departamentos universitarios y de Escuelas Técnicas, etc. Esa creación de valor está vinculada a la generación de mejoras tecnológicas, no a especulaciones financieras.  Por eso, hay que convencer a los responsables universitarios, a los profesores y a los propios alumnos, de que son parte sustancial de la necesidad de cubrir el espacio de la creación de valor.

Vuelvo pues, a una idea ya esbozada con anterioridad. Para Asturias, me parece muy necesaria la coordinación entre las Escuelas de Ingeniería y las facultades técnicas. A todos los niveles.

La diferenciación entre las carreras no puede ser ficticia, la competencia de los egresados se desarrolla con gran frecuencia en campos trasversales o ajenos a la formación académica. Hay que crear, además, una Plataforma de Investigación regional, definir líneas de investigación y desarrollo práctica, en relación con las empresas, y, sobre todo, tuteladas por expertos independientes.

Me parece, también, esencial, incorporar a expertos a la Universidad. Siento decirlo, pero las enseñanzas técnicas se han ido desconectando de la realidad práctica, convirtiéndose en nichos altamente endogámicos. He dado una fugaz revista a los títulos de las tesis recientes (en la Universidad asturiana, pero también en el conjunto de las Universidades españolas) y me atrae cada vez más el modelo de la Politécnica de Catalunya: los temas de tesis se proponen contando con la opinión y necesidades empresariales y del contexto socioeconómico.

No hago el menor menosprecio, muy al contrario, los sitúo en el foco de especial atención, a esos miles de personas, básicamente jóvenes, no pocos sin formación universitaria, que se afanan en sus espacios en generar soluciones informáticas, basadas en las tics, en la esperanza de que tengan una idea y un desarrollo genial que les proporcione éxito y, tal vez, la recompensa económica a su esfuerzo.

Hay que proteger y estimular a estos creativos, en la confianza de que surgirán de sus trabajos, cientos de start-ups de las que, convenientemente apoyadas y dirigidas, decenas de entre ellas tendrán éxito, sobrevivirán, crecerán y formarán parte del nuevo tejido empresarial.

Consideración especial a dos sectores de interés

Incorporo a mi desordenado análisis una valoración personal respecto a dos sectores de gran interés y su importancia para el desarrollo de Asturias.

El medio ambiente es, sin duda, uno de los sectores de dedicación preferente: el control general y la presión normativa para proteger mejor el ambiente generan, sin duda, empleo. Para las empresas existentes, el camino hacia la sostenibilidad ambiental, generará extra costes, por la incorporación de las externalidades, que antes eran desconocidos o, simplemente, asumidos por toda la sociedad y que también presionará sobre el empleo, pero negativamente.

El mejor cuidado del medio ambiente generará cantidad de puestos de trabajo, aunque se debe analizar el efecto neto. A nivel global, y para una región eficiente como Asturias, la implantación de las nuevas tecnologías no solo en España, sino, sobre todo, en los países menos desarrollados –en particular, la producción de energía con métodos renovables-  ayudará a la generación de empleo y actividad local. El estudio de todas las posibilidades de cooperación con los países en desarrollo o menos desarrollados exige, por sí mismo, un Libro blanco de las actuaciones: en producción y distribución de energía, mejora de gestión de recursos –hídricos, mineros, agrarios, forestales, etc.-, acceso general a la electricidad y las comunicaciones, incorporación de mejores prácticas disponibles en procesos, etc.

El cambio climático es una amenaza grave y, a tenor de los principios de acuerdo de la COP 21 de Paris una oportunidad para poner en práctica soluciones eficientes, que es imprescindible desarrollar o perfeccionar. Está vinculada la corrección de la tendencia al calentamiento global irreversible a muchas tecnologías en las que Asturias, y sus agentes creativos, deberían posicionarse: el desarrollo de coches híbridos, el impulso al transporte colectivo, la mejora de la eficiencia energética, la implementación de energías verdes, las técnicas de ahorro y reutilización del agua, aprovechamiento de residuos, etc.  Incluso el análisis y propuestas de corrección o amortiguación de los previsibles impactos del calentamiento global para España, deberían ser materia de generación de actividades para Asturias. Existe un Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático –nacido en 2006- del que se han derivado, hasta el momento, tres Programas de Trabajo (el vigente, con validez 2014-2020), y se ha creado un Grupo de Trabajo de Impactos y Adaptación al Cambio Climático coordinado por la OECC, con participación de las Comunidades Autónomas.

Consideración particular en este contexto que pretende analizar posibles medidas de aplicación general relacionadas con la actividad económica y el empleo, ha de concederse a la energía. La energía es un input básico para una gran parte de los procesos productivos y es un elemento coadyuvante principal hacia el objetivo de bienestar. Las directrices de la Unión Europea imponen el uso masivo de energías limpias en la generación, y se inclinan por un énfasis mayor, y progresivo, en mejora la eficiencia energética.

En lo que respecta a la generación eléctrica, las energías denominadas renovables han conseguido, especialmente en el caso de las eólicas, una creciente competitividad que las hace, a corto plazo incluso, preferibles a la producción con centrales convencionales de gas o carbón.  La producción discontinua de la energía producida con ellas, sin embargo, obliga a mantener generaciones de apoyo y la localización de su producción en determinadas zonas (crestas montañosas, áreas de mayor insolación, por ejemplo), dirige la atención hacia los métodos de almacenamiento de la no consumible y su distribución.

La generación renovable distribuida, -ya sea como paneles fotovoltaicos, generadores eólicos, centrales de biomasa, fuentes geotérmicas, etc.- pone el acento sobre la funcionalidad actual de las redes de distribución y abre líneas de investigación y actividad que podrían ser abordadas desde Asturias.

También se avanzará, con seguridad, en la necesidad de aumentar la seguridad de suministro energético, la implantación de generadores destinados al autoconsumo, de origen en la energía renovable, combinados con redes inteligentes que optimicen la distribución de las necesidades y los sobrantes. La aplicación de nuevas tecnologías en este sector repercutirá en la creación de empleo.

Mejora de la empleabilidad como objetivo social

Para cumplir estos objetivos generales, se ha puesto énfasis en muchos foros en la importancia de la enseñanza dual, y la necesidad de impulsar la formación profesional con Programas específicos, que revisen su adecuación con la demanda actual y previsible, para aquellos trabajos que impliquen aprendizaje práctico o habilidades manuales o físicas que hay que detectar y fomentar.

El Programa ha de hacerse en coordinación con los sectores profesionales, puesto que la formación ha de cubrir previsiones globales de necesidad de técnicos especializados en resolver problemas concretos, ya sean de montaje de mecanismos, mantenimiento de equipos, manejo de maquinaria, instalación de sistemas de producción energética, control de aparatos de telecomunicaciones, etc. Su capacidad generadora de empleo, medida correctora de la crisis y estímulo a la actividad emprendedora de la población más joven aparece como muy positiva.

No es posible tampoco ignorar que, siendo grave la situación de desempleo a todos los niveles formativos, cuantitativamente, el problema mayor se encuentra en los estratos con menor formación, escasos medios económicos y deficiente base cultural, a los que habría que dedicar atención especial, si el objetivo es la reducción directa y masiva, del paro existente. No nos parece, por ello, que la eliminación de los empleos que subyacen en la economía sumergida, haciéndolos aflorar, mediante incremento de la presión inspectora, a la economía contabilizada, sea, por sí mismo, una medida concluyente. Se trataría de cambiar empleo real (aunque irregular) por empleo regular (aunque más reducido).

Por su parte, la búsqueda del incremento de la empleabilidad de quienes tienen una formación universitaria (ingenieros egresados de las Escuelas técnicas, en particular) no tiene las mismas dificultades, ni puede resolverse con el mismo enfoque, que la de quienes no tienen ninguna formación académica o muy escasa. Aumentar la empleabilidad de esos titulados superiores, es especialmente urgente y exige programas específicos. Las razones son prácticas: por una parte, el desembolso realizado en ellos es alto, y debe hacerse recuperable; hay que evitar que se rentabilice esa formación solo en el extranjero, aumentando la competitividad ajena a nuestro modelo de desarrollo.

Se debería también incentivar el retorno de los expatriados, estimular su retorno, al cabo de corto tiempo, con nuevos conocimientos y experiencias, y no solo esperar pasivamente en que lo hagan, por su propia voluntad, al cabo de los años.

Las medidas a adoptar no pueden ser promovidas desde las instancias públicas, en mi opinión. Es necesario crear un clima de cooperación y solidaridad regional, que premie, por la vía del reconocimiento y el apoyo al consumo y a la difusión de sus logros, a las empresas comprometidas y a los particulares eficaces. Prejubilados y jubilados, dispuestos a convertirse en business angel o en monitores y coucher eficientes tienen ahí también su lugar preminente.

La crisis ha provocado, entre otros efectos perversos, uno muy significativo. La tendencia observable en este momento es que se han generado “maxijobs”. El maxijob es, como se sabe, un empleo, remunerado como trabajo normal (e incluso menos), que exige al empleado cumplir un horario de trabajo excesivo, ante el riesgo de perderlo. La extensión del problema del maxi-job afecta especialmente a los trabajadores más cualificados, y tiene como beneficiario exclusivo, al empresario.

Hay que recuperar en esto como en todo, la senda de la trasparencia, allí donde se hubiera perdido. Y admitir que la puesta en pie de un modelo de desarrollo regional consistente, en este nuevo escenario de la Tercera revolución industrial y la apreciación de un mundo global y con nuevos parámetros de competitividad y bajo un marco irrenunciable, y exigente, de responsabilidad social, supone la incorporación de la solidaridad como premisa esencial al que debe acomodarse, pero desde la independencia creativa, la iniciativa privada.“

 

Oviedo, 4 de mayo de 2017

 

Mi conferencia en el Colegio de Ingenieros de Minas del Noroeste, en Oviedo

  • El 4 de mayo próximo, a las siete y media de la tarde, pronunciaré una Conferencia sobre el tema “Modelos regionales de generación de actividad económica y empleo en la Revolución de la Inteligencia”. Será en la sede del Colegio de Ingenieros de Minas del Noroeste, en Oviedo, calle Asturias 2. La entrada es libre y, finalizado el coloquio, se servirá un vino español.
    El título puede parecer a primera vista, complejo, teórico, o ambiguo. El contenido de mi charla, puedo adelantar, será conciso, fundamentado y… provocador.
     
    Analizaré las actuaciones que, en mi opinión, debe abordar Asturias para crear puestos de trabajo y contribuir al mantenimiento del nivel de bienestar. O, al menos, para que no se deteriore más.
    Estáis todos invitados. Y si difundís la conferencia a vuestros amigos que puedan están estar interesados, os lo agradezco aún más. Necesitamos, entre todos, abrir la manzana de la ignorancia, la rigidez conceptual y el miedo a decir la verdad, confiando en que las soluciones vendrán por sí solas.

http://www.coimne.es/cgi-vel/ctrlweb/VINCULO-W-COMUNIC.BUS?COMCOD=718

 

 

Cómico o ridículo (20)

Todos lo hemos vivido así, o lo vivirán de ese modo. Se pasa de ser los más jóvenes, sin transición, a ser de los mayores del grupo.

Pertenezco a la promoción cultural de los que nos casamos poco después de terminar la carrera. No pretendo, al indicar este detalle, aprovechar para hacer un relato de las razones que nos movían, a poco de encontrar un trabajo remunerado, para organizar el proyecto vital. Pretendo solo presentar el marco personal con el que contar un par de anécdotas de mi época como profesor de la Escuela de Minas de Oviedo.

Desde 1972, y durante tres años, simultanée mi trabajo en Ensidesa con el de profesor encargado de dos cursos de la asignatura de Algebra Lineal. Eran tiempos de pluriempleo, y hoy no me duelen prendas en reconocer que ambas tareas lo eran a tiempo completo. Sumados ambos sueldos, ganaba una miseria, pero no era el dinero lo que me guiaba, -no lo apunto como mérito, sino como realidad compartida con otros muchos- sino catapultar la economía de la recién formada familia a zonas de confort.

Todos los días de la semana, de lunes a viernes, después de la jornada de Ensidesa (factoría de Avilés), que por fortuna para la compatibilización horaria, era continua, almorzaba apuradamente en en el comedor de la empresa, y, sin mucho tiempo para preparar las clases, me lanzaba a cuatro horas seguidas (dos por grupo) de permanencia en las aulas, ante un centenar de alumnos a los que seguramente no sacaba más de tres o cuatro años de media de edad.

Cuando me casé, en marzo de 1974, en pleno curso, no me atreví a pedir permiso por el feliz acontecimiento, y llevé a la que empezaba a ser mi paciente esposa, de viaje de novios de fin de semana, a Santillana del Mar, volviendo a tiempo para dar las clases del lunes.

No sería ese mismo lunes, pero, pongamos, el martes siguiente, María Jesús empezó a mostrarme sus habilidades culinarias con unos estupendos escalopines a la cayena. Estaban muy sabrosos, aunque los encontré algo picantes.

Llevaba apenas media hora de clase cuando me acometió un ardor indescriptible. Debo indicar, además, que las clases, en aquellas aulas inmensas, se desarrollaban con mucho apoyo escrito con tiza sobre encerados de pizarra, que era necesario borrar cada poco. Toqué el timbre, y apareció un conserje -supongo que sería Jesús, ya una institución por entonces, pues Mario aún no se había incorporado-.

-Por favor, tráigame un vaso de agua -pedí con un hilo de voz-

Al poco, aunque los minutos me parecieron siglos, llegó el deseado líquido, que ingerí de un trago.

Pero no se amortiguaba mi ardor, así que volví a tocar el timbre, y pedí otro vaso. Así terminé la primera clase.

Cuando al comienzo de la segunda clase del día, y a pesar de haber aprovechado el descanso de cinco minutos para abrevar como si me hubiera convertido en un camello a punto de cruzar el desierto, volví a pedir otro vaso de agua, Jesús vino con una jarra:

-No se qué te pasa hoy, pero tienes un incendio en el estómago.

Lo tenía. Cuando, por fin, terminé la jornada y María Jesús me ofreció cenar de los mismos escalopines a la cayena que tanto me habían gustado al almuerzo, me interesé por saber la cantidad de especie que había utilizado.

-Solo cuatro o cinco de los pimientitos -me reconoció-. Para que estuvieran más sabrosos.

Los grupos de Algebra de aquel año resultaron muy especiales. Había estudiantes excepcionales, en lo académico y en lo personal. Unas semanas antes de lo que acabo de recordar, comuniqué a mis alumnos que me casaba, y que seguramente me tomaría uno o dos días libres.

Al día siguiente, el delegado de uno de los cursos me entregó,  solemnemente, con el aplauso de la clase que, seguramente, habría participado en el regalo, junto a un aparatoso ramo de flores, un par de gallos de pelea de alpaca, que conservé hasta que, en una de las muchas mudanzas (ya se sabe que tres mudanzas equivalen a un naufragio) se me perdieron.

El grado de confianza o de cordial desvergüenza con aquellos (falsos) discípulos, quedó reflejado en la frase que grabaron en una de las figurillas. Era algo así: “Al profesor Arias, con el deseo de que nunca se pelee con su esposa”.

Pues, sí, fue premonitorio, jóvenes colegas de antaño. Cuarenta y tres años después, aquí estamos. Sin apenas rasguños. ¡Y mira que soy un tipo difícil…!


Esta pareja de carboneros garrapinos comparte lugar en el comedero del jardín comunitario. No lo tienen fácil, porque la competencia es mucha, y estas aves -de las más pequeñas del plantel de comensales- deben aprovechar momentos en que el lugar queda momentáneamente libre. Con preferencia, a primera hora del amanecer, 0 cuando el sol ya se ha ido bajo el horizonte de la manzana de casas. Con eso no quiero justificar la baja calidad de la foto, sino poner de manifiesto la complicidad y sagacidad de estos pequeños páridos.

Cómico o ridículo (17)

Como todo lo que guarda relación con el subconsciente, las diferencias entre lo cómico y lo ridículo no pueden llevarse a una teoría general. Los payasos profesionales consiguen aparecer normalmente como cómicos porque no tienen temor a ser ridículos.

Los personajes secundarios con pretensiones de protagonismo -especialmente, en lo sobreactuado- que deambulamos haciendo aspavientos por nuestra propia vida y la de los demás, nos quitamos raras veces la coraza. Con ella, por un lado intentamos protegernos del daño potencial que pueden causarnos los otros; por otro, nos sirve de careta para tratar de ocultar aquello de lo que somos que reservamos para los íntimos o, incluso, para solo nosotros.

Estos relatos, entresacados de mis propias vivencias, no pretenden llegar a conclusión alguna. Tampoco me apetecería se vieran como un ejercicio de exhibicionismo. Si algo me propongo con ellos, es poner de manifiesto que la vida de todos está repleta de momentos cuyo recuerdo elaborado conviene tener a la mano. Para poder sacarlos a la conversación cuando nos parezca oportuno o…justamente lo contrario, en la inoportunidad.

Cuando fui destinado a las galeras del flamante Centro de Diseño de Asturias, la recién rehabilitada Casita del Príncipe de los Guisasola -cuyo pago significó una carga adicional al precario invento-, se encontraba en medio de un complejo industrial ruinoso. En el inmediato futuro del ilusionismo oficial se pensaba instalar, recuperando las ruinas, una Factoría Cultural. Corría el año 1986 y, si el lector quiere saber más sin que yo pierda el hilo de lo que quiero contar ahora, puede investigar -entre otros sitios- en lo que escribí en 2009 sobre el tema (http://alsocaire.blogia.com/2009/012501-sobre-factorias-culturales.php)

Una vez tomada posesión de mis grilletes en la nave, y no existiendo un cuaderno de bitácora, mi primera actuación de emergencia fue encargar un portón de cierre, instalar un sistema de detección de intrusiones conectado a una central de alarmas, e incorporar un perro guardián, al que confiaría la responsabilidad de actuar como disuasor principal de cacos y merodeadores.

La delicada función se la encomendé a Cadine (la bauticé con este nombre, derivado de CAD, y que significaba, por tanto “Guardiana del Diseño Asistido por Ordenador”), una cachorro de pastor alemán. Como estaba recién destetada cuando me la regaló mi amigo Juan R. Quirós, la tuvimos en casa unas semanas. Todos nos encariñamos con ella, y el disgusto familiar cuando la llevé a su lugar de trabajo, que era también el mío, fue profundo. Creo que ella nunca olvidó las carreras por el salón y, aunque nos dejó huella, mandamos a la lavandería la tapicería del sofá y un par de colchas para eliminar las más visibles .

Cadine se reveló pronto como una celosa cuidadora del territorio que le asigné. Por las noches, andaba suelta por el recinto. El primero de los empleados del Centro en llegar a la mañana siguiente, la ataba a una larga cadena que apenas le restaba movimientos y así permanecía todo el día, salvo que no tuviéramos visitas ajenas programadas, en cuyo caso, como el equipo era muy sensible a las menores formas de maltrato animal, la soltábamos.

No se me puede borrar la cara de pavor de Fernando Izquierdo, que había sido también colega sufridor en la SRP, y que, de paso por Oviedo, había decidido venir a visitarme para darme una sorpresa. Se la llevó el.

Cuando me avisaron que “un señor había sido atacado por Cadine”, Fernando tenía el pantalón desgarrado por ambas perneras, en una de las cuales Cadine había hecho presa permanente. La defensora del CADCAM no le había mordido, pero las huellas del celo de Cadine eran evidentes y su mirada orgullosa nunca me pareció más impertinente.

Fernando tardó unos cuantos minutos en recuperarse, minimizó con su exquisita educación el incidente, y tras algo de porfía, admitió que le pagáramos (le juré que el importe correría a cargo del seguro, que no teníamos) un traje nuevo. Aunque me esfuerzo, no recuerdo nada del resto de la conversación que mantuvimos.

Cadine fue también una madre prolífica. Cada poco -a impulsos de su naturaleza y como consecuencia de que no nos decidíamos a castrarla para no coartar su libertad- nos obsequiaba con una decena de cachorros, de raza mezclada, que nacían débiles, muchos no aguantaban los primeros días y los supervivientes eran conducidos por Violeta, la diligente limpiadora del Centro, que vivía a dos pasos, a mejor vida.

Siempre sospeché quiénes eran los padres. En la llamada Casa del Reloj, que iba a ser el edificio principal de la Ciudad de la Cultura, vivía de forma permanente, acompañado de toda una jauría, un enigmático individuo que pasaba por ser el celador de los restos arqueológicos de Cerámicas Guisasola. Imagino que, aprovechando la ausencia de sus vecinos intelectuales, el buen hombre organizaba para sus animales fiestas nocturnas con nuestra celosa y encelada guardiana canina.

Cadine fue atropellada aún joven, mientras se dedicaba a la persecución obstinada de alguna motocicleta con escape abierto y aprovechando que el portillo estaba abierto para que saliera algún empleado con su coche. La vigilancia del Centro quedó entonces a expensas solo de la central de alarmas.

Funcionaba bien, al parecer. La alarma se activaba por ratas que interferían con los detectores, con caídas de hojas y ramas, con el viento fuerte o el paso de ñus por la pradera. Me llamaban cada poco para avisarme de una posible intrusión, y pensé incluso en acostarme vestido. Me acerqué muchas veces de madrugada a la Casita del Príncipe, y siempre hallé todo en orden. Cansado de ver mi descanso interferido con falsos avisos, di de baja al servicio. ¿A quién podría interesarle un hiperordenador?

Cuando por fin nos entraron a robar, lo que único que echamos de menos fue un portátil. Si buscaban algo más, no lo encontraron: el único despacho en el que revolvieron los intrusos, fue en el mío. La mesa que diseñara Chus Quirós estaba despanzurrada, mis libros de Cálculo de tuberías y diseño de chimeneas, por el suelo. Pobres cacos. No teníamos ni caja fuerte, ni un duro en los cajones.

¡Si hasta llegué a pagar las nóminas del personal del Centro, adelantando varios meses con mis propios ahorros!


En las montañas de Covadonga, allá donde los lagos Enol y Ercina, existe una colonia de chovas piquigualdas (Pyrrhocoras graculus). Aunque los manuales de avifauna las definen como habitantes agrestes, la habitual presencia de montañeros y turistas las ha hecho atrevidas, por lo que suelen acercarse a disfrutar de los despojos de comida.

Mi abuela materna pontificaba, cuando en el cielo de final de otoño veíamos surcar a bandadas de córvidos, “vai chovere vai nevare, van as chovas a la mare”.  Supongo que recordaba el dicho de los tiempos de estancia en Galicia, allá cuando la guerra incivil que la llevó a escapar de Asturias.

En la foto se distinguen bien, tanto el pico amarillo (característico de la especie), como las patas rojas (indicativas de que se trata de un adulto), ya que en las piquigualdas, a diferencia de en las piquirrojas, los jóvenes las tienen negras. Parece un trabalenguas, pero así son las cosas a veces en ornitología.

La influencia de la iniciativa privada en el desarrollo de Asturias

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Organizado por la Real Academia de Ingeniería de España, el día 27 de septiembre de 2016 tuvo lugar en Oviedo, en el Salón Covadonga del Hotel de la Reconquista, un HOMENAJE A LOS INGENIEROS DE MINAS LUIS ADARO Y MAGRO Y JERONIMO IBRAN Y MULA, que desarrollaron su actividad profesional en la región en la segunda mitad del siglo XIX y primera década del XX.

Fui invitado a intervenir en el segundo de los Paneles, que respondía al propósito de analizar la: “Situación actual y posibilidades de futuro: qué pueden hacer la ingeniería, la minería y la industria para el crecimiento económico”.

Titulé a mi ponencia: “La influencia de la iniciativa privada en el desarrollo de Asturias”, y este fue el texto que preparé para la ocasión.

A la entrada de la catedral de Oviedo, según cuenta en su libro Northern Spain -publicado en 1897-, el etnógrafo y taxónomo alemán Hans Gadow, que había realizado un detallado viaje por el norte de España durante los dos años anteriores, figuraba el letrero: “Se prohíbe entrar con madreñas”.

Las fotografías de la época no muestran, desde luego, a los pragmáticos ovetenses utilizando zuecos para andar cómodamente por las embarradas calles, por lo que la advertencia a los visitantes del lugar de culto iría destinada a aquellos pocos que, posiblemente, irían directamente del trabajo del campo a la devoción.

Pero la imagen me sirve como metáfora para ilustrar la dicotomía entre progreso y resistencia, entre crecimiento industrial frente a los principios de tradición, costumbre, comodidad e independencia que siguen siendo, en mi opinión, una característica de la ciudadanía de Asturias, y que la entiendo vinculada a la tierra más que a la persona, porque actúa como un elemento de contagio tanto para los nacidos aquí como para los venidos de fuera.

Esta combinación hace a Asturias especialmente atractiva al tiempo que, actuando como una tenaza, la dificulta para lanzarse hacia el riesgo y la aventura de incorporar lo ajeno en beneficio de lo propio.

La iniciativa privada en Asturias se ha movido históricamente, salvo escasas excepciones, en un marco de subsidiaridad respecto a los emprendimientos de Gobierno, ya fueran promovidos directamente desde la Jefatura del Estado y su entorno, como desde las empresas públicas.

Desde la llamada primera revolución industrial esta situación consolidada ha generado una macrocefalia de la que le es imposible desprenderse ni curarse, pues también le ha reportado importantes beneficios colectivos y está en la esencia de su actual fisonomía como región única en el contexto industrial y sociológico español.

Dos momentos industriales diferentes. Dos personalidades irrepetibles

Es interesante comparar la situación industrial en Asturias en la segunda mitad del siglo XIX con el esquema de producción y perspectivas actuales de crecimiento que tiene la región. Servirá, por una parte, como contribución al homenaje a dos ilustres ingenieros de minas que ejercieron su actividad profesional en Asturias  en prometedoras, aunque difíciles circunstancias. Por otra, me resulta de imprescindible apoyo para destacar las sustanciales diferencias en las estructuras económica y social del Principado entre dos épocas separadas siglo y medio y, sobre todo, para poner de relieve las especiales características de las tecnologías dominantes en la actualidad, atendiendo a su naturaleza, y a sus formas de origen, control y difusión del momento presente.

Ibrán y Adaro fueron dos personajes excepcionales que actuaron de catalizadores de una oportunidad que estaba latente, desperdiciada. Como algunos otros pocos elegidos tenían una capacidad especial para poner en práctica lo que sabían, aprender rápidamente la utilidad de lo que aún ignoraban para poder aplicarlo, y tenían el empeño necesario para sacar adelante sus propósitos contra toda dificultad.

No eran genios, eran ingenieros. Modelo, por tanto, de lo que debe ser, hoy también, como siempre, un ingenioso, un creativo con los pies en el suelo. La combinación idónea de emprendedor y gestor.

Nacidos ambos fuera de Asturias, en gran medida autodidactas, imaginativos y tenaces, poseían también una sensibilidad social que contrastaba con la tendencia dominante de los poseedores del capital a menospreciar al obrero, al que consideran un mero instrumento de la producción. Esto no les impedía, desde luego ser conscientes de la necesidad de apoyar con inteligencia y tacto a quienes detentaban el poder económico y político, de los que fueron empleados eficaces.

Resalto en ambos su carácter estudioso y su curiosidad. Como empresarios, estaban atentos a los desarrollos ajenos para incorporarlos a las empresas de las que fueron responsables. No es que, realmente, les interesara todo: su curiosidad no era universal, aunque sí muy amplia. Se focalizaban a lo que tenía aplicación práctica, no solo inmediata, sino en el medio plazo, a la mejora del rendimiento de las empresas de las que eran responsables. Tomaban decisiones arriesgadas, aunque técnicamente solventes, para mejorar los márgenes económicos.

Volvamos a la realidad actual. Por las circunstancias esencialmente distintas de la región, en un mundo globalizado y con otras exigencias y sensibilidades, me expongo hoy a afirmar que, fuera de admirar ese talante en nuestros homenajeados, la copia ciega del modelo resultaría, sino imposible, inútil. Otras son las necesidades de la población, la cultura; distinta la forma de valorar la rentabilidad e interés de los recursos, más dura y general la competencia.

Pero, sobre toda consideración, lo que me parece fundamental es que sectores crecientes de la sociedad están reconociendo que el mejor recurso del que puede disponer es la formación y creatividad individual y que es imprescindible para dinamizar ese recurso, llevar la ilusión, la competencia, el estímulo a todos los agentes.

Reconozcamos que la época en que vivieron Ibrán y Adaro, fue muy interesante, pero tampoco resultaba fácil. A ambos, su intensa dedicación, su compromiso personal, su visión adelantada, acabó pasándoles factura física y no dejó de proporcionarles algunos serios desengaños.

La semilla, sin embargo, quedó sembrada. Los hijos -al menos, una parte de ellos- continuarían en el empeño de explotar nuevas actividades, en beneficio tanto de la familia como, sobre todo, de la región. Porque quiero enfatizar algo que se ha puesto aparentemente de moda: eran verdaderos emprendedores sociales, enfocaban sus emprendimientos, por encima del enriquecimiento personal, hacia el beneficio colectivo. Las vicisitudes de los distintos miembros de la saga merecerían también un análisis especifico.

Recordemos, con unos breves apuntes biográficos, que la presencia física en Asturias de Ibrán y Adaro aparece y se extingue prácticamente de forma simultánea. Es su huella la que perdura y se engrandece con el tiempo.

Luis Adaro y Magro, nacido en 1849, mantuvo su actividad profesional en Asturias hasta 1909, en que, después de la quiebra de su proyecto más singular, la entidad de Promoción Crédito Industrial Gijonés, dimite de la dirección de Duro Felguera y se reintegra a Madrid como funcionario, siendo nombrado para el importante cargo de Presidente de la Comisión Nacional que se encargaría de completar el mapa geológico de España.

La trayectoria profesional de Ibrán es más opaca, aunque aparece vinculada a las actividades económicas del duque de Riánsares (1) y al banquero Numa Guilhou (2) y principalmente circunscrita al desarrollo de la comarca del Nalón (Langreo).

Los ingenieros de la época eran funcionarios, servidores del Estado. Solo unos pocos pedían la excedencia, pasando a la categoría de supernumerarios, para dedicarse a actividades privadas. En ese caso, las características del trabajo del ingeniero del siglo XIX, que había decidido suspender la posición que le correspondía por escalafón, para convertirse en ordenado y fiel gestor al servicio del capital, o entregarse a sacar adelante sus propios emprendimientos, manteniendo en ambos casos la independencia de actuación que surgía de sus especiales conocimientos técnicos, están manifiestas en la vida de Ibrán en momentos cruciales.

En 1897, Ibrán tenía 55 años. Había superado ampliamente la media de vida de los españoles, que era de sólo 38 años. Ese año, dejó la Fábrica de Mieres, empresa cuya escritura de constitución ante Notario había revalidado con su firma el 23 de marzo de 1879, junto a los propietarios Numa Guilhou (hijo) y Protasio García Bernardo (3), en calidad de director de la misma. Llevaba trabajando desde 1.873 con Numa Guilhou padre, que le había encomendado la renovación de las instalaciones y la organización de nuevos talleres. Jerónimo Ibrán había cumplido el encargo con dedicación, pero, además, puso especial interés en mejorar la formación de los trabajadores y sus condiciones laborales, mecanizando los procesos allí donde era factible.

España era un pueblo en crisis política e institucional, a punto de perder Cuba y Filipinas.  Tenía una población de 19 millones de personas de las que casi el 40% no sabían leer ni escribir. Los ingenieros eran una clase profesional y social muy especial. En 1913, por la Memoria que presenta Gámir en el homenaje póstumo a Ibrán, nos enteramos que en España había solo 254 ingenieros de minas. Las promociones en la escuela de Madrid, eran de 10 a 20 miembros, e incluso algún año no había egresado ningún alumno. No pensemos solo en la dificultad de las enseñanzas (cuyos contenidos nos harían sonreír hoy día), sino en las exigencias para el acceso al cuerpo, porque se trataba, ante todo, de proveer funcionarios para el Estado y ajustarse a los presupuestos y a otros intereses menos claros.

En ese año de 1897 Ibrán pareció desprenderse de previas ataduras. Incorporado a Duro Felguera, como consejero con Luis Adaro, manifestó una gran actividad diversificadora, tratando de aprovechar oportunidades de mercado ajenas a la minería. Creó azucarera de Lieres, en 1898, cuando el azúcar proveniente de Cuba dejó de llegar a España, e intensificó relaciones con otras familias foráneas inversoras, como los Tartiere y los Masaveu. Fallecería el 21 de marzo de 1910 en Oviedo.

Una visión retrospectiva: el precedente

Nuestros homenajeados tienen un predecesor también eminente en la figura de Guillermo Schultz. Este geólogo y minero alemán no estará ya en Asturias cuando aparecen ambos en la escena regional, pues se había ido en 1854, iniciada la puesta en marcha la Escuela de capataces de Mieres, que había identificado como clave para el desarrollo de la región. Se había retirado a Aranjuez, en donde fallecería el 1 de agosto de 1877, a los 72 años. Fuertes intereses políticos inconciliables y la tensión entre las burguesías de Gijón y Oviedo, habrían provocado la decepción de Schultz, que había visto que sus propósitos se convirtieron en irrealizables.

Cito el antecedente de Schultz, porque opino que sirve para resaltar la idea de continuidad en los propósitos, aunque hayan aparecido como fallidos. El desarrollo industrial no se improvisa, porque es, sobre todo, obra de persistencia, de objetivos a medio y largo plazo, y hacen falta actores para ese camino, que pueden convertirse, también, en sus víctimas. En la tumba de Shultz, siguiendo sus indicaciones, se puso un epitafio que refleja bien a qué conduce tanto esfuerzo en ocasiones: “Murió pobre, pero sin deudas”. En su testamento, en donde declaraba carecer de antecedentes y descendentes, manifestaba haber fijado su objetivo vital en “buscar el bien público, servir a los amigos y conocidos y socorrer a los necesitados”. Un ideal propio para un monje.

Schultz se había incorporado de forma natural a la línea argumental de Jovellanos y otros ilustrados, asumiendo una concepción pragmática respecto a lo que correspondía hacer en Asturias. Porque la región aparecía, al iniciarse la segunda mitad del siglo XIX, con un importante porvenir industrial. Tenía carbón y hierro, con numerosos afloramientos detectados, aunque carecía de infraestructuras para dar salida al material. Los mimbres estaban allí, para quien tuviera la capacidad de verlos.

A Schultz le parecía que lo más urgente era crear una estructura ferroviaria que conectara Mieres con el puerto de Avilés, para reducir costes de transporte (se hacía a hombros de porteadores y en carros tirados por acémilas) y favorecer la exportación del carbón hacia Inglaterra, que era el mercado predominante. Habría que estar preparados para la salida de los materiales hacia el interior de España, si se producía la previsible activación propia. Un ramal secundario enlazaría, además, las cuencas carboníferas centrales (Riosa, Llanera -Santo Firme, Ferroñes-, etc.) para conducir el material a Avilés o Luanco (puerto éste que se estimaba más conveniente, por estar más protegido que el primero). En fin, según las ubicaciones de las minas, la infraestructura ferroviaria enlazaría con el ferrocarril de Langreo-Gijón.

Esta visión integradora de los focos de producción asturianos, tropezó con las rivalidades de la burguesía regional y, sobre todo, con la visión egoísta de los capitales que habrían de involucrarse en las explotaciones mineras, que sería la base por la que se apoyó con subvenciones el ramal Langreo-Gijón, que era lo que beneficiaba a Riansares y a sus socios, aislando a Mieres y, por elevación, a Asturias.

Asturias estaba, ignorantes de ello sus habitantes, en venta. Sus factores naturales permitían prever que, si se movilizaban los capitales necesarios, los emprendimientos tendrían éxito asegurado. Había financieros e inversores extranjeros que estaban dispuestos a explotar las cesiones de los recursos mineros, que se concedían arbitrariamente desde el Estado, para el que primaba, no precisamente el interés público, sino los de las personas próximas al gobierno y a la misma familia real.

La movilización de capitales en torno a los recursos de Asturias fue relativamente importante. A mediados de 1830 se creó en Arnao la Real Compañía Española de Minas de Carbón, la primera gran empresa con apariencia asturiana, aunque, en realidad, estaba impulsada por empresarios belgas y capitalistas  vinculados al Gobierno, (Joaquín María Ferrer, Presidente de las Cortes y senador vitalicio y Felipe Riera Rosés, marqués de Casa Riera desde 1834). Se esperaba explotar el carbón de Arnao para fabricar armamento con destino a la Marina pero la materia prima resultó inadecuada. La compañía no consiguió la esperada rentabilidad hasta que Jules Hauzeur, ingeniero belga sobrino del propietario principal, la transformó en un establecimiento metalúrgico para fabricar zinc, explotando la calamina de Santander y la blenda guipuzcoana. El puerto de Avilés quedó al servicio de esta compañía. (Para obtener detalles de esta historia, imprescindible el libro de Germán Ojeda, que investigó, entre otras fuentes, en los archivos de Duro Felguera)

La rivalidad empresarial de Adaro e Ibrán converge en su visión social y la voluntad de entregarse a la mejora del saber hacer

Jerónimo Ibrán y Luis Adaro llegaron a Asturias poco después de terminar su carrera, y sus trayectorias tendrían, muy pronto, el trasfondo de una estimulante rivalidad profesional. Se llevaban solo siete años y el primero había sido profesor de Metalurgia del segundo, en la Escuela de Minas de Madrid, que, como las enseñanzas entonces, tenían un enfoque modesto, pero práctico. Suficiente para estimular las mentes más audaces al conocimiento tecnológico de los avances que se estaban produciendo -en su mayoría, fuera de España- con gran rapidez.

Del conocimiento que tengo de sus biografías -imprescindible la lectura reposada de los libros de Ramón Mañana, cuidadoso y serio historiador de sus vidas-, no me atrevería a caracterizarlos como empresarios, al menos, en la mayor parte de su actividad profesional. Fueron excelentes dirigentes de empresa.

Adaro, calificado por Germán Ojeda en su libro Asturias en la industrialización española, 1833-1907. (Edit. siglo XXI, 1985) como ”la combinación del ingeniero más inteligente y el empresario con más iniciativas que tuvo la historia industrial asturiana”) llegó a la región con 24 años, en 1873, para hacerse cargo de la jefatura del distrito minero. Pronto pasaría a la dirección de la empresa D´Eichtal y Cía., empresa de capital francés que tenía minas en Asturias.

Entregado a una visión de conjunto, apoyaba Adaro la fusión de los dispersos emprendimientos mineros y un enfoque derivado hacia la producción de acero en hornos y con procedimientos nuevos, utilizando el mineral de hierro vasco y aprovechando el flete de retorno para enviar a Bilbao el carbón excedentario. En 1895, la empresa de Pedro Duro entra en grave crisis (Duro falleció en 1886), incapaz de competir con la siderurgia vasca, y la necesidad de un drástico reajuste se hacía evidente. Como está documentado, Ibrán estaba en el consejo con Luis Adaro desde 1897, aunque dedicado con intensidad a sus actividades particulares. En 1906, con 57 años, Adaro sería nombrado el primer director general de Duro Felguera, constituida en 1900, y que se acababa de fusionar con la Unión Hullera y Metalúrgica, propiedad de los Urquijo.

El futuro de las cuencas del Nalón y del Caudal estaba trazado en sus líneas gruesas.

Algo de teoría sobre la iniciativa privada y su aplicación práctica a la realidad asturiana

El concepto de iniciativa privada ha evolucionado hasta el punto de que no es admisible identificarlo con la idea primigenia del extremismo liberal, de que hay que dejar en entera libertad a los individuos particulares para generar actividad económica. Existen importantes limitaciones a la iniciativa privada que, al menos en la teoría de las economías socialmente avanzadas, se reconocen como esenciales: el respeto a los principios éticos y a la ley, pero, sobre todo, la necesidad de contribuir al soporte de la carga social a las actuaciones del Estado, no ya solamente desde el punto de vista fiscal (impuesto de sociedades, etc.) como, incluso, de compromiso social, en lo que se ha dado en llamar responsabilidad social corporativa, que incorpora elementos intangibles y externalidades económicas. Se reconoce, pues, en ese contexto, que desde la libertad individual no es posible optimizar el bienestar para toda la población, y que debe existir una cierta orientación y, desde luego, un control sobre las actuaciones y beneficios, que no solo corresponde al Estado, sino al conjunto de la sociedad y que puede y debe ser ejercido por los particulares, las organizaciones no gubernamentales, etc. Se trata de valorar desde el mercado incluso el cumplimiento de normas voluntarias de calidad, seguridad, ambientales, de vinculación al territorio en la generación de empleo y actividad, o a su desarrollo, etc.

Se puede, sobre el papel, detectar el interés en orientar las iniciativas privadas en sectores que pueden aparecer, a priori, como preferentes para el desarrollo regional o nacional.  Existen múltiples estudios, algunos dirigidos especialmente hacia la región asturiana, con teorías brillantes acerca de lo que debería hacerse. Mi opinión personal es que, fuera de los círculos académicos y políticos, han tenido poco efecto. La iniciativa privada no se deja motivar ni conducir por estudios académicos.

En 1994, bajo la dirección de Manuel Castells, y la coordinación de Juan Vázquez, -catedrático de la Facultad de Economía aplicada de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de Oviedo, se publicó el Libro Estrategias para la reindustrialización de Asturias (Biblioteca Civitas, Economía y Empresa, Serie Especial) , con  consejos generales que, por su amplitud y su propio carácter, pueden estimarse parte del fondo de comercio intelectual para  iniciativas de desarrollo, en cualquier región del mundo: necesidad de modernización empresarial, impulso a la promoción de nuevas actividades, recurso complementario a la atracción de inversión extranjera, y potenciación del papel de la gran empresa y, paralelamente, mejora del entramado propio formado por las pymes regionales.

Se concedía en aquel análisis, énfasis especial a la necesidad de impulsar el turismo regional como una de las actividades con mayor futuro para Asturias, propugnando el esfuerzo inmediato de comercialización de lo que se valoraba como principal producto turístico de la región: Picos de Europa y costa oriental.

Algunos años antes, en julio de 1989, yo había leído mi tesis para obtener el título de Doctor, dedicada al desarrollo industrial, “Planteamiento de una estrategia de futuro industrial para Asturias a partir de la experiencia reciente (1983-1988)”. Aunque, por su índole, no era estrictamente un trabajo de investigación, sino que recogía mi experiencia práctica como Director de la Sociedad Regional de Promoción de Asturias, combinaba la apreciación de lo que habían sido factores de éxito en las regiones alemanas afectadas por la crisis del carbón y la siderurgia que conocía bastante bien, porque hacía poco tiempo había retornado de una estancia de más de cinco años en Alemania.

Mi tesis era crítica respecto al interés de la empresa privada asturiana por el desarrollo tecnológico, y, como resultado de mi experiencia acerca de la actividad regional, reflejaba que las empresas asturianas habían surgido y cobrado impulso por el aprovechamiento de mercados cautivos o variables locales con escasas posibilidades de crecimiento, buscando beneficios con bajo riesgo y a corto plazo.

Hoy, en apreciación que admito puede estar equivocada, el panorama industrial ha cambiado, pero para peor. Los datos son incontestables. En 1988 existían 7.600 industrias en Asturias (concentradas en los sectores de transformados metálicos, edificación y obras públicas y sector maderero, que suponían más del 70 % de los establecimientos).

Pues bien, según datos que tomo de un reciente estudio de Joaquín Lorences (Catedrático de Fundamentos de Análisis Económico de la Universidad de Oviedo), sobre la estructura empresarial asturiana, la industria estaría hoy formada por 3.186 empresas, en la que un 84% tiene menos de 10 trabajadores, y solo el 3% (94 empresas), superarían los 50 empleados.

En 1988, Ensidesa tenía 17.600 empleados y Hunosa casi 26.000. El tamaño medio de las 277 empresas que Asturias veían situadas en ese momento entre las 5.000 mayores de España (según el Anuario de Duns 15.000, consultado como uno de las fuentes de datos para mi tesis) era de 263 empleos/empresa, empleando a 73.000 personas en empleo directo y con una facturación de 642.200 Mill. Ptas. (9.132 Mill. euros, a valor actual, según índices del INE), que se reducía a solo 99 empleos/empresa si se eliminaba el efecto de los dos gigantes públicos. Es decir, se trataba, estrictamente, de pymes, según la definición comunitaria.

La industria manufacturera estaría generando actualmente, siguiendo a Lorences, poco más de 1.800 Mill. euros/año y emplearía a 42.000 personas (valor aportado por persona: 42.857 euros). Una situación minifundista que sería deseable, pero en absoluto sencillo, corregir. (4)

No quiero entrar en un baile de cifras. Según el INE, Asturias tenía, a principios de 2016, y según 67.675 empresas, de las 37.139 carecían de empleados y 28.132 tenían menos de 9 trabajadores. La estadística del INE eleva a 3.421 empresas las dedicadas al sector industrial, apuntando que son 15.117 las dedicadas al comercio y que el peso fuerte de la actividad económica asturiana la detenta en la actualidad el sector servicios, con 40.687 empresas.

La cuestión de generación de empleo, entendido como objetivo social más acuciante en la región, como fórmula que permitiera la incorporación de los jóvenes, no pocos de ellos, sobre cualificados, es, sin embargo, más importante que los análisis de la estructura empresarial actual.

El declive en la cuantía y calidad del empleo es innegable. Con una población empleada de 520.000 personas, en 2015 el Ministerio de Hacienda destacaba que en Asturias había 57.692 empleados públicos, de los que 36.422 trabajaban en las dependencias autonómicas y que la tasa de funcionarios y personal contratado por la Administración respecto a la población activa era del 16%.

No parece que pueda esperarse, por su propia situación, que el crecimiento en el empleo de Asturias provenga de las mayores empresas existentes, al menos, en cifras significativas.

 

Mayores Empresas asturianas Empleos en Asturias Observaciones
ArcelorMittal España 5.800 (3.800 fijos, 2.000 temporales y 1.750 en subcontratas) El residuo de la antigua Ensidesa
Alimerka 4.460 (y 1.150 fuera de la región) Sector de distribución
Lacera servicios y mantenimiento 2.000 Dedicada a trabajos de limpieza
Duro Felguera 1.900
Hulleras del Norte 1.750 El residuo de Hunosa
Daorje 1.500
Corporación Alimentaria Peñasanta 1.400
Hijos de Luis Rodriguez 1.100 Alimentación minorista
Imasa Ingeniería y Proyectos 1.080
Merkarecio 900
Azvasa (Asturiana de Zinc) 900
TSK electrónica y electricidad 800
EDP 800 Antigua HEC

 

En lo relativo a las pequeñas empresas, tanto la FADE (Federación Asturiana de Empresarios) como el Gobierno Regional y el Consejo Asesor de Estudios Económicos han puesto de manifiesto la necesidad de aumentar el tamaño de las empresas, favoreciendo procesos de fusión y adquisición.

La propuesta es interesante, pero, como ante cualquier opción voluntarista, cabe preguntarse cómo conseguir plasmarla en cifras concretas. En un ejercicio de interés académico, el citado catedrático Lorences elucubra, incluso, qué sucedería en Asturias, en relación con el empleo, si se aplicase a la media por empresa el patrón alemán, indicando que se podrían  alcanzar los 112.405 empleos. Lamentablemente, conseguir propiciar el crecimiento de las iniciativas presentes en una región periférica, y en declive, reviste innegables dificultades.

Iniciativas con perspectiva de acudir en ayuda del desarrollo regional

Porque ahora no se trata de explotar los recursos naturales o mejorar su aprovechamiento. Demostrada fehacientemente la falta de competitividad del carbón asturiano, admitido que las decisiones en el sector siderúrgico adoptadas desde un objetivo de rentabilidad y desde una sede distante de la problemática regional, las iniciativas con perspectiva se concentran en muy pocos sectores:

– el sector turístico, para el que la región, especialmente para el turismo interior, que es un mercado con base coyuntural, favorecido por la circunstancia de la peligrosidad de los más apetecidos destinos extranjeros y la disminución de la capacidad media adquisitiva del viajero español. Los empleos que crea, sin embargo, tienen una fuerte componente temporal y siendo la cualificación precisa para desarrollarlos, en general, baja, las remuneraciones son acordes a la formación y la competencia desde la base de la pirámide laboral, muy alta.

-la potenciación en los mercados exteriores a partir de la resistente estructura de producción metalmecánica, que está consistiendo ya en la entrega de piezas de calderería sofisticadas o en instalaciones llave en mano, como complemento cada vez más determinando del mercado interior, que no despega. Las obras en el extranjero están, en general, dirigidas por técnicos cualificados de las empresas asturianas, y, desde luego, hay un mercado creciente que, forzoso es decirlo, no generará puestos de trabajo regionales, aunque favorecerá el sostenimiento de las cifras de negocio. La competencia, además, es fuerte y aumentará en la medida en que, en los países en desarrollo, se incrementen las capacidades técnicas locales. Hay que seguir en la senda de la alta cualificación y asumir riesgos de ejecución y precios crecientes.

– aparece, en este contexto, como objetivo que demanda un interés y apoyo especiales, el impulso decidido a la mejora de la capacitación del recurso humano. Hay que extremar la calidad de la formación académica, haciéndola alcanzar, no ya niveles de máxima eficiencia, sino involucrándola en la generación de la actividad empresarial. Con nuevos emprendimientos, en nuevas tecnologías y asumiendo el riesgo de que no pocas de esas empresas quizás fracasen a los pocos meses o años de vida, pero supondrán la elevación de los niveles de cultura empresarial adaptada al nuevo entorno global.

Motores teóricamente potenciales de la creación de empleo

En mi tesis de 1989, al analizar el acceso a las tecnologías, ponía de manifiesto la especial dificultad que se presentaba en las regiones en declive industrial, como era, desde luego, el caso de Asturias, por la resistencia al desmoronamiento que provenía de los sectores tradicionales (especialmente desde la fuerza laboral, pero también desde el factor capital), y las dificultades intrínsecas para erigir nuevos modelos de desarrollo de forma autónoma. Apoyaba, por ello, que Asturias debería preocuparse por la implementación vertical de las nuevas tecnologías, es decir, en su aplicación y no en su implementación horizontal, es decir, en su fabricación, porque entendía que ello correspondía a una estrategia suprarregional, que debería descansar en una decisión de Estado.

Pasó bastante tiempo, pero mantengo mi simpatía hacia la propuesta de apoyar la industria de bienes de equipo y la fabricación de piezas con nuevos materiales, creando una estructura micelar, que vinculase industria y Academia, en torno a ese sector motriz. Todos los medios regionales, y en especial -escribía- los técnicos y los informativos, escribía, deberían apoyar este lanzamiento, modificando los planes de estudio para que incluyeran nuevas especialidades y facilitase el conocimiento en áreas mixtas. Porque la política industrial de Asturias habría de concentrarse en el desarrollo de productos comercializables que pudieran ser rápidamente rentabilizables por empresas de pequeño y medio tamaño.

Las iniciativas público-privadas se han ido clarificando con el tiempo, y de la panoplia de elementos de ayuda a la reindustrialización (PAUR, ZUR, SRP, SRR, etc.), las propuestas aparecen hoy concentradas en el IDEPA (Instituto de Desarrollo Empresarial para Asturias, antiguo IFR) y en el Parque Tecnológico de Llanera, puesto en funcionamiento en 1991, socio fundador de la APTE (Asociación Nacional de Parques Científicos y Tecnológicos).

La información pública lo define como un Parque consolidado, con 130 empresas instaladas en él, 2.500 empleados y una ampliación en perspectiva. Algunas de los componentes del Parque presentan un indudable interés como empresas innovadoras e incluso, en algún caso, como ejemplo de spin-off desde la Universidad.

Sigue hablándose en Asturias de una Estrategia de Planificación Inteligente, y, en efecto, el RIS3 realizado por la Administración del Principado, pretende recuperar el liderazgo industrial a través de la tecnología y la generación de un nuevo modelo de gestión del territorio articulado en torno a seis prioridades: 1) materiales avanzados; 2) nuevos modelos de predicción; 3) tecnología para redes, 4) polo industrial del acero; 5) mercado agroalimentario y 6) envejecimiento y calidad de vida.

Hay que admitir que el modelo tiene hondas raíces teóricas e históricas. Ya a finales de la década de los ochenta del siglo XX. Florencio Ornia, entonces Director General de Innovación Industrial y Tecnología, al definir el modelo industrial que se propugnaba desde el Ministerio, definía tres direcciones para España: desarrollar sectores polivalentes con alto valor estratégico; incorporar nuevas tecnologías a los sectores tradicionales y permitir la entrada selectiva de multinacionales.

La tercera de las propuestas de Ornia se topó con dificultades prácticas importantes, además de con la explosión de la globalidad, que trazó una tendencia a la ubicación de las multinacionales allí donde existieran recursos y mano de obra barata cuando se trataba de producir y focos importantes de consumo cuando se trataba de vender. La implantación de empresas multinacionales en Asturias y otras regiones sin mercado propio de importancia se reveló, por tanto, con escasas posibilidades y en lo tecnológico, el pretendido estímulo a la Universidad tradicional y a la industria local, apareció como limitado.

Aparición de un nuevo elemento a considerar: La Tercera revolución industrial

La situación de declive industrial de Asturias parece haber alcanzado fondo, pero eso no deja de ser un espejismo, porque la Tercera revolución industrial no ha hecho más que empezar. La generalización de la aplicación de tecnologías aún poco implementadas o en desarrollo –sobre todo, robótica, telecomunicaciones, informática, con nuevas creaciones continuas en el contexto del llamado Internet de las Cosas – elimina continuamente mano de obra que difícilmente será compensada, y en ningún caso de forma inmediata, por el nacimiento de nuevas empresas.

En los países y regiones más avanzados tecnológicamente y con fuerte capacidad exportadora debería ser posible, teóricamente al menos, combinar la cantidad de empleo sostenible suficiente para que la presión fiscal sobre empresas y empleados permita soportar las necesidades de la población inactiva, muy probablemente creciente (estudiantes, jubilados, desempleados, etc.). No será sencillo, pero debería ser factible. En todo caso, no aparece como una medida que se pueda adoptar a nivel de región.

Desde las regiones como desde los países hay que estar atentos, y con especial sensibilidad de los agentes socioeconómicos, para prepararse para un cambio sociológico que se adivina brutal, y que aparecerá en pleno desarrollo en solo un par de décadas.

Se estima que en menos diez años 2022 el 25% de los trabajadores industriales -unos 18.000-, alcanzarán en Asturias la edad de jubilación, por lo que, en teoría, deberán ser sustituidos con anterioridad. Es imposible ignorar que, por lógico final vegetativo, desaparecerán la mayoría de las rentas obtenidas por jubilados y prejubilados (y, por tanto, el consumo que propician). La mitad de la población asturiana tendrá más de 45 años al comenzar la segunda década de este siglo.

La revolución industrial provocada por las Tics presenta, sin embargo, algunas ventajas. La creación de empresas industriales demanda fuertes inversiones y, por tanto, reclama una estabilidad a medio plazo. Las empresas de servicios, los emprendimientos nacidos de la imaginación, en particular, no suponen apenas inversión: tiempo del creador, ideas a desarrollar, apoyo inicial para que la iniciativa prenda y alcance un tamaño mínimo que permita vender el producto.

Referencia al papel de la Universidad en el impulso a las iniciativas privadas, junto a otras cuestiones relacionadas

Desde una región como Asturias no cabe plantearse un cambio de modelo general. Es una ilusión creer que se puede influir en el paradigma (o como quiera llamarse) dominante. Hay que acomodarse a él, saber aprovecharlo. La oferta de empleo global disminuirá, en tendencia natural, y una parte de él se hará más exigente en calidad. En los sectores de servicios, también, porque las máquinas y los recursos de comunicaciones y programas informáticos permitirán reducir personal, especialmente del menos cualificado, disminuyendo la duración de las jornadas y, seguramente, por tanto, su la remuneración.

No puedo menos que reconocer que mantengo una querencia positiva al impulso que debe sostenerse y potenciarse desde la Universidad.

Por supuesto, la creatividad no es precisamente monopolio en la Universidad, y ni siquiera está muy presente en las Facultades o Escuelas tecnológicas. Tradicionalmente, los doctores obtienen su grado exclusivamente en caso de que deseen dedicarse a la docencia y hacer carrera universitaria y la polarizan hacia materias y temas que son elegidos en relación con líneas de investigación del interés de las cátedras, o por la facilidad de enlazar la investigación con anteriores trabajos de otros miembros del departamento al que se adscriben. Las empresas no incorporan doctores a sus plantillas, porque no consideran que les aporten valor añadido. Un doctor, directivo de una empresa española, confesaba que había quitado de sus tarjetas, la referencia al título: “Es equivalente a ofrecer a tu interlocutor un bolígrafo Bic”, se justificaba.

Para mayor reconocimiento de la dificultad de la situación, España no está bien situada en el reconocimiento oficial del nivel de su formación universitaria. No se corresponde con la valoración de los egresados que se deciden a trabajar en el extranjero, muy apreciados. Me parece, por tanto, que esa minusvaloración tiene una base injusta, aunque el desbarajuste provocado por la peculiar implantación de los acuerdos de Bolonia a la enseñanza superior y media, no creo que haya venido a mejorar la perspectiva. Cualquiera que sea la crítica que quiera hacerse a la fórmula de posicionamiento, la tradicional clasificación de Shanghái, que evalúa varios parámetros para definir la calidad de los establecimientos académicos, solo hay 12 Universidades españoles en 2015 entre los 500 mejores, y la más alta, en el ranking 151-200, es la de Barcelona.

La contención de la tendencia negativa implica incorporar sectores preferentes acomodados a los nuevos desarrollos y necesidades. Alguna referencia he hecho ya a la selección de las líneas de desarrollo preferentes que pudieran servir para Asturias, Creo que hay que reclamar un apoyo en este sentido desde el Gobierno central, para que se concentren en la región los recursos y estímulos sobre uno o varios sectores estratégicos. El impulso a un Centro específico de desarrollo de nuevos materiales (en especial, en torno al grafeno) sería esencial.

Y la Universidad tiene que estar en primera línea en ese apoyo a la generación de iniciativas empresariales, motivando a los egresados e involucrando al profesorado y a los demás agentes sociales en la presentación de oportunidades.

Otra cuestión a analizar y corregir, es el escaso interés por las actuaciones colectivas

En España y, no hay que dudarlo, en Asturias, se constata un bajo nivel asociativo. Es imprescindible vencer esa inercia que propende al individualismo, y ha de conseguirse, ante todo, mediante la introducción en la educación, incluso en fase muy cercana, de principios de solidaridad, respeto a la autoridad y a la norma, potenciación de la imaginación, y apoyo a la generación de foros en donde se discutan las propuestas con seriedad y serenidad, acostumbrando a los colectivos a saber elegir los mejores, y a los que propongan soluciones, a defenderlas con coherencia y claridad, y no solo con vehemencia.

Es necesario apoyar todo tipo de tareas en colaboración, y, con carácter especial, a los clusters tecnológicos, es decir, agrupaciones complementarias de empresas, Universidad y grupos empresariales grandes, -reales o virtuales, con presencia física en una zona o inter relación por la vía de las comunicaciones- que desarrollen nuevos proyectos. El apoyo no ha de ser únicamente económico, también organizativo y los medios no deben ser solamente los que se controlan desde el propio clúster, sino que debe estimularse el intercambio de capacidades, tanto de personal como de medios físicos, avanzando en la mejora colectiva sin reservas de dominio egoístas.

Me parece también detectar que, en la incorporación de mejoras al diseño de piezas, elementos, aparatos, mecanismos (no solo estéticas, sino fundamentalmente, al amparo de la revisión técnica o tecnológica) hay un campo de trabajo importante para Asturias, tanto a nivel de particulares especializados en ese campo, como de las empresas.

Y, finalmente, teniendo en cuenta el aumento de la edad de las poblaciones, hay que considerar la aparición de nuevas necesidades y posibilidades vinculadas a la gerontología, al disfrute del ocio en las edades pos jubilación, la movilización de recursos creativos, formativos y de inversión o financiación ahora ociosos de ese sector de la población. Su análisis profundo debe servir para promover iniciativas y soluciones que, dada la generalidad de los problemas, son exportables por su misma esencia.

Relación del crecimiento endógeno con los mercados exteriores y su aprovechamiento

Hago aquí una primera referencia a la forma de evaluar la eficacia de las medidas e incluso para diagnosticar la situación. Porque no me parece correcto fijar en el aumento del pib o en indicadores económicos globales la valoración de que se está ante un “aumento colectivo del bienestar”. Los riesgos de estabilidad parecen claros y hay que prepararse para analizar la manera de sostener el actual bienestar con otros índices (reconociendo que el bienestar tiene una base tecnológica ineludible y que está en crecimiento de sus potencialidades).

Mirando hacia fuera, puesto que la población potencialmente activa mundial es de 3.150 millones de los que solo 650 millones se encuentran en los países desarrollados, se deduce de inmediato que la capacidad potencial laboral (medida exclusivamente en horas de actividad disponibles) es de 4:1 a favor de los que, en este momento, tienen menor capacidad tecnológica. Considerando que las horas de trabajo potenciales por persona son de 2.000/año, llegamos a la cifra abrumadora de 5 billones (millones de millones) de horas/año disponibles en los países menos desarrollados en tecnología, de los que, desde luego, China, India y Brasil concentran la mayor parte.

Un gran potencial que puede y debe ser también aprovechado por las regiones más eficaces. Existen modelos de éxito que evidencian ventajas respecto a nuestro modelo actual de producción y consumo. Son nuestros competidores de alto nivel (Alemania, Francia, en especial, a los que cabe añadir, a su escala, Suecia, Noruega, Holanda o Dinamarca, por no hablar de Estados Unidos o Canadá). Como es bien conocido, Alemania y Francia compiten con éxito tecnológico respecto a nuestras empresas, pues son nuestros principales proveedores extranjeros de mercancía con mayor valor añadido.

Pero existe otro grupo de países, conformado por quienes tienen necesidades tecnológicas, de infraestructuras, de fabricación, de mejora e implantación, aún importantes en relación con sus expectativas de crecimiento, y que se podrían cubrir desde nuestro nivel tecnológico, y que constituyen y constituirían el principal destino exportador de nuestras mercancías (China, India, Corea del Sur, Indonesia, Brasil, Chile, Colombia, México, entre otros ejemplos).

Es una situación boomerang, sin duda. China, por ejemplo, país-continente que aparece como interesante destino para nuestros productos tecnológicos (por supuesto, en competencia con los demás productores, incluidas las propias empresas chinas), se está convirtiendo en principal productor de mercancía de baja y media tecnología, que desplazan, por falta de competitividad, a las empresas españolas.

Finalmente, existe un tercer grupo de países que, por proximidad, relaciones históricas u otras razones –incluso humanitarias- puede ser la base para cimentar una tercera línea de crecimiento exportador, con beneficios a medio o largo plazo (Marruecos, países centroamericanos, la región del Sahel, Etiopía, Bangla Desh, Pakistán, etc.)

Esquema colectivo de desarrollo

No se puede alimentar un sistema de actuación tan complejo confiando únicamente en las iniciativas individuales. Por una parte, el apoyo con información y conocimiento es imprescindible para los pequeños inversores: la sociedad debe avanzar en conjunto en su modelo productivo. El individuo está desvalido frente a la vorágine tecnológica. No se puede confiar, como durante el siglo XX y anteriores, en que las iniciativas individuales servirán, actuando independientemente, para generar un modelo estable y auto sostenido.

Es una cuestión ligada a la supervivencia colectiva. Se trata de implantar un modelo mucho más solidario, en el que el reconocimiento a las medidas sociales o altruistas sea visto como algo natural y prestigioso.

Hace algunos años que el doctrinario para alimentación cultural colectiva y, en especial, el catecismo empresarial, incorporó la “creación de valor” como objetivo.  La creación de valor no está vinculada a la especulación, ni a las burbujas económicas, ni siquiera a la explotación de los recursos naturales de aquellos países o zonas más atrasadas tecnológicamente, con legislaciones más permisivas o administraciones más complacientes.  Esa forma de creación de valor falsaria tiene un desplazamiento continuo por el planeta, como una plaga de langostas, que cuando agotan o creen haber agotado una zona, se desplazan a otra de inmediato.

En la verdadera creación de valor están los empresarios solidarios, los centros de investigación, los laboratorios y fundaciones públicos y privados, los departamentos universitarios y de Escuelas Técnicas, etc. Esa creación de valor está vinculada a la generación de mejoras tecnológicas, no a especulaciones financieras.  Por eso, hay que convencer a los responsables universitarios, a los profesores y a los propios alumnos, de que son parte sustancial de la necesidad de cubrir el espacio de la creación de valor.

Vuelvo pues, a una idea ya esbozada con anterioridad. Para Asturias, me parece muy necesaria la coordinación entre las Escuelas de Ingeniería y las facultades técnicas. A todos los niveles.

La diferenciación entre las carreras no puede ser ficticia, la competencia de los egresados se desarrolla con gran frecuencia en campos trasversales o ajenos a la formación académica. Hay que crear, además, una Plataforma de Investigación regional, definir líneas de investigación y desarrollo práctica, en relación con las empresas, y, sobre todo, tuteladas por expertos independientes.

Me parece, también, esencial, incorporar a expertos a la Universidad. Siento decirlo, pero las enseñanzas técnicas se han ido desconectando de la realidad práctica, convirtiéndose en nichos altamente endogámicos. He dado una fugaz revista a los títulos de las tesis recientes (en la Universidad asturiana, pero también en el conjunto de las Universidades españolas) y me atrae cada vez más el modelo de la Politécnica de Catalunya: los temas de tesis se proponen contando con la opinión y necesidades empresariales y del contexto socioeconómico.

No hago el menor menosprecio, muy al contrario, los sitúo en el foco de especial atención, a esos miles de personas, básicamente jóvenes, no pocos sin formación universitaria, que se afanan en sus espacios en generar soluciones informáticas, basadas en las tics, en la esperanza de que tengan una idea y un desarrollo genial que les proporcione éxito y, tal vez, la recompensa económica a su esfuerzo.

Hay que proteger y estimular a estos creativos, en la confianza de que surgirán de sus trabajos, cientos de start-ups de las que, convenientemente apoyadas y dirigidas, decenas de entre ellas tendrán éxito, sobrevivirán, crecerán y formarán parte del nuevo tejido empresarial.

Consideración especial a dos sectores de interés

Incorporo a mi desordenado análisis una valoración personal respecto a dos sectores de gran interés y su importancia para el desarrollo de Asturias.

El medio ambiente es, sin duda, uno de los sectores de dedicación preferente: el control general y la presión normativa para proteger mejor el ambiente generan, sin duda, empleo. Para las empresas existentes, el camino hacia la sostenibilidad ambiental, generará extra costes, por la incorporación de las externalidades, que antes eran desconocidos o, simplemente, asumidos por toda la sociedad y que también presionará sobre el empleo, pero negativamente.

El mejor cuidado del medio ambiente generará cantidad de puestos de trabajo, aunque se debe analizar el efecto neto. A nivel global, y para una región eficiente como Asturias, la implantación de las nuevas tecnologías no solo en España, sino, sobre todo, en los países menos desarrollados –en particular, la producción de energía con métodos renovables-  ayudará a la generación de empleo y actividad local. El estudio de todas las posibilidades de cooperación con los países en desarrollo o menos desarrollados exige, por sí mismo, un Libro blanco de las actuaciones: en producción y distribución de energía, mejora de gestión de recursos –hídricos, mineros, agrarios, forestales, etc.-, acceso general a la electricidad y las comunicaciones, incorporación de mejores prácticas disponibles en procesos, etc.

El cambio climático es una amenaza grave y, a tenor de los principios de acuerdo de la COP 21 de Paris una oportunidad para poner en práctica soluciones eficientes, que es imprescindible desarrollar o perfeccionar. Está vinculada la corrección de la tendencia al calentamiento global irreversible a muchas tecnologías en las que Asturias, y sus agentes creativos, deberían posicionarse: el desarrollo de coches híbridos, el impulso al transporte colectivo, la mejora de la eficiencia energética, la implementación de energías verdes, las técnicas de ahorro y reutilización del agua, aprovechamiento de residuos, etc.  Incluso el análisis y propuestas de corrección o amortiguación de los previsibles impactos del calentamiento global para España, deberían ser materia de generación de actividades para Asturias. Existe un Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático –nacido en 2006- del que se han derivado, hasta el momento, tres Programas de Trabajo (el vigente, con validez 2014-2020), y se ha creado un Grupo de Trabajo de Impactos y Adaptación al Cambio Climático coordinado por la OECC, con participación de las Comunidades Autónomas.

Consideración particular en este contexto que pretende analizar posibles medidas de aplicación general relacionadas con la actividad económica y el empleo, ha de concederse a la energía. La energía es un input básico para una gran parte de los procesos productivos y es un elemento coadyuvante principal hacia el objetivo de bienestar. Las directrices de la Unión Europea imponen el uso masivo de energías limpias en la generación, y se inclinan por un énfasis mayor, y progresivo, en mejora la eficiencia energética.

En lo que respecta a la generación eléctrica, las energías denominadas renovables han conseguido, especialmente en el caso de las eólicas, una creciente competitividad que las hace, a corto plazo incluso, preferibles a la producción con centrales convencionales de gas o carbón.  La producción discontinua de la energía producida con ellas, sin embargo, obliga a mantener generaciones de apoyo y la localización de su producción en determinadas zonas (crestas montañosas, áreas de mayor insolación, por ejemplo), dirige la atención hacia los métodos de almacenamiento de la no consumible y su distribución.

La generación renovable distribuida, -ya sea como paneles fotovoltaicos, generadores eólicos, centrales de biomasa, fuentes geotérmicas, etc.- pone el acento sobre la funcionalidad actual de las redes de distribución y abre líneas de investigación y actividad que podrían ser abordadas desde Asturias.

También se avanzará, con seguridad, en la necesidad de aumentar la seguridad de suministro energético, la implantación de generadores destinados al autoconsumo, de origen en la energía renovable, combinados con redes inteligentes que optimicen la distribución de las necesidades y los sobrantes. La aplicación de nuevas tecnologías en este sector repercutirá en la creación de empleo.

Mejora de la empleabilidad como objetivo social

Para cumplir estos objetivos generales, se ha puesto énfasis en muchos foros en la importancia de la enseñanza dual, y la necesidad de impulsar la formación profesional con Programas específicos, que revisen su adecuación con la demanda actual y previsible, para aquellos trabajos que impliquen aprendizaje práctico o habilidades manuales o físicas que hay que detectar y fomentar.

El Programa ha de hacerse en coordinación con los sectores profesionales, puesto que la formación ha de cubrir previsiones globales de necesidad de técnicos especializados en resolver problemas concretos, ya sean de montaje de mecanismos, mantenimiento de equipos, manejo de maquinaria, instalación de sistemas de producción energética, control de aparatos de telecomunicaciones, etc. Su capacidad generadora de empleo, medida correctora de la crisis y estímulo a la actividad emprendedora de la población más joven aparece como muy positiva.

No es posible tampoco ignorar que, siendo grave la situación de desempleo a todos los niveles formativos, cuantitativamente, el problema mayor se encuentra en los estratos con menor formación, escasos medios económicos y deficiente base cultural, a los que habría que dedicar atención especial, si el objetivo es la reducción directa y masiva, del paro existente. No nos parece, por ello, que la eliminación de los empleos que subyacen en la economía sumergida, haciéndolos aflorar, mediante incremento de la presión inspectora, a la economía contabilizada, sea, por sí mismo, una medida concluyente. Se trataría de cambiar empleo real (aunque irregular) por empleo regular (aunque más reducido).

Por su parte, la búsqueda del incremento de la empleabilidad de quienes tienen una formación universitaria (ingenieros egresados de las Escuelas técnicas, en particular) no tiene las mismas dificultades, ni puede resolverse con el mismo enfoque, que la de quienes no tienen ninguna formación académica o muy escasa. Aumentar la empleabilidad de esos titulados superiores, es especialmente urgente y exige programas específicos. Las razones son prácticas: por una parte, el desembolso realizado en ellos es alto, y debe hacerse recuperable; hay que evitar que se rentabilice esa formación solo en el extranjero, aumentando la competitividad ajena a nuestro modelo de desarrollo.

Se debería también incentivar el retorno de los expatriados, estimular su retorno, al cabo de corto tiempo, con nuevos conocimientos y experiencias, y no solo esperar pasivamente en que lo hagan, por su propia voluntad, al cabo de los años.

Las medidas a adoptar no pueden ser promovidas desde las instancias públicas, en mi opinión. Es necesario crear un clima de cooperación y solidaridad regional, que premie, por la vía del reconocimiento y el apoyo al consumo y a la difusión de sus logros, a las empresas comprometidas y a los particulares eficaces. Prejubilados y jubilados, dispuestos a convertirse en business angel o en monitores y coucher eficientes tienen ahí también su lugar preminente.

La crisis ha provocado, entre otros efectos perversos, uno muy significativo. La tendencia observable en este momento es que se han generado “maxijobs”. El maxijob es, como se sabe, un empleo, remunerado como trabajo normal (e incluso menos), que exige al empleado cumplir un horario de trabajo excesivo, ante el riesgo de perderlo. La extensión del problema del maxi-job afecta especialmente a los trabajadores más cualificados, y tiene como beneficiario exclusivo, al empresario.

Hay que recuperar en esto como en todo, la senda de la trasparencia, allí donde se hubiera perdido. Y admitir que la puesta en pie de un modelo de desarrollo regional consistente, en este nuevo escenario de la Tercera revolución industrial y la apreciación de un mundo global y con nuevos parámetros de competitividad y bajo un marco irrenunciable, y exigente, de responsabilidad social, supone la incorporación de la solidaridad como premisa esencial al que debe acomodarse, pero desde la independencia creativa, la iniciativa privada.

Los tiempos han cambiado, aunque el ejemplo de personalidades como Ibrán y Adaro perdurará en lo esencial como modelo siempre adaptable.

Muchas gracias por su atención, y confío en haber aportado algunas ideas al debate.

Oviedo, 27 de septiembre de 2016

Notas

(1) Agustín Fernández Muñoz y Sánchez, primer duque de Riansares, título creado en 1844 por la reina Regente María Cristina en favor de su segundo marido, con el que se había casado en secreto en 1833 y con el que tuvo ocho hijos, había invertido como accionista en varias empresas de Langreo, lo que favoreció el que se diera la prioridad política -por la vía de créditos, y subvenciones del estado, apoyando la construcción de las vías férreas adecuadas- a la Cuenca del Nalón frente a la del Caudal. Esta línea de apoyo fue seguida por la reina Isabel II, su hijastra.

Fernando María Muñoz y de Borbón (1838-1910), II duque de Riánsares emparentó con la alta burguesía asturiana, Estuvo casado con Eladia Bernaldo de Quirós y González de Cienfuegos, hija del VII marqués de Campo Sagrado y de María Josefa Antonia González de Cienfuegos y Navia Osorio, hija por su parte de los condes de Marcel de Peñalba, señores de Allande.

(2) Aunque habrá sido glosado por otros conferenciantes y, en todo caso, está ampliamente reflejado tanto en la excelente biografía que realizó Ramón Mañana como en la brillante tesis doctoral de Germán Ojeda, de los que tomo referencias, en 1861 se había creado en París la sociedad Houilliere et Metallurgique des Asturies, teniendo por socios al banquero parisino Numa Guilhou y a Charles Louis Bertiere. Estos habían asumido una compañía al borde de la quiebra y adquirido también las minas de hulla del duque de Riansares y la mayoría de las acciones del Ferrocarril de Langreo. Cuando en 1868 la Houilliere entra en crisis -los vaivenes económicos eran constantes, porque variaban las condiciones de contorno de los negocios, por los avances tecnológicos y otros factores, con extraordinaria fluidez- fue subastada en París y, en 1870, la compañía fue adquirida nuevamente por Numa Guilhou, con todas sus concesiones y emprendimientos.

(3) Se ha especulado respecto a la entidad de este firmante con nombre propio tan poco común, asumiéndose que debería ser un hombre de paja del segundo duque de Riánsares, ya que en 1873 había fallecido el primer duque. Un Protasio García Bernardo, Teniente fiscal de la Audiencia de Santander con antigüedad 2 de enero de 1883 aparece citado en la Gaceta de Madrid del 1º de febrero de 1885, en concurso de traslado para la provisión de la misma plaza en la Audiencia de Valladolid, que obtendría Tomás de Zumalacárregui y Arrúe.

(4) Según información del IDEPA, la participación industrial al conjunto regional en estos últimos años sería de 3.300 Mill. euros. Soy incapaz, con la información disponible, de avanzar en valorar la coherencia de las cifras disponibles. Las tomo como órdenes de magnitud. Apunto también que, según datos de 2012, el empleo industrial representaba solo el 15% del empleo total, aunque superaba en poco el 20% de aportación al PIB regional. La caída en el empleo comparado con 1980 es impresionante. Entonces había 117.000 empleos industriales (datos de SADEI), que, en 2012, habrían bajado de 55.000. Según SADEI, en enero de 2013, había en Asturias 66.900 empresas, de las que 3.705 pertenecían al sector industrial y solo 122 tenían una plantilla de más de 50 trabajadores.

 

Cuadro comentado: Reparto de droga en el recreo

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Pinté este Cuadro a partir de un apunte a lápiz realizado en 2005. Una ciudad, un colegio, el momento del recreo. Yo estaba disfrutando de mi imprescindible café de media mañana, único cliente en aquel momento en la terraza de un bar, situado justo enfrente de la puerta principal del centro de estudios.

Deliberadamente, preferí que las imágenes aparecieran confusas, los colores irreales, la escena prácticamente indescifrable. Era la traslación de lo que yo estaba sintiendo, mientras observaba. Cuando conseguí desentrañar lo que provocaba aquella aglomeración de adolescentes a la entrada del lugar en donde recibían las enseñanzas que deberían servirles para forjar su madurez, me invadió la tristeza.

Porque en el centro del grupo, otro joven distribuía paquetitos por los que recibía de los demás cantidades de dinero. Aunque la calle era céntrica y la hora nada intempestiva, no se ocultaban. Tampoco formaban algarabía, ni guardaban cola. No había entusiasmo, más bien métido. Por las evidencias, era algo que se realizaba allí a menudo. Quizá todos los días.

Hice un dibujo rápido y lo titulé: “Reparto de droga a la entrada de un colegio“.

Cuando, meses más tarde, trasladé a una tabla, con colores acrílicos, aquel apunte, respeté las tonalidades del lápiz, la imperfección de las siluetas, el amasijo de tonos. Me resultaba todavía increíble lo que había visto.

No estaba escandalizado. Solo desilusionado. Desde lo que pretendí reflejar en la pareja de cuadros “Adolescentes preparándose para correr” (1) a esta imagen, había una larga distancia, un recorrido que me llevaba por paisajes sinuosos.

En la Exposición que en agosto de 2008. la casualidad me dió oportunidad de celebrar en Oviedo, en lo que era entonces la sala de Exposiciones del BBVA, colgué también el cuadro, que figuró entre los que más gustaron. Las interpretaciones que los visitantes hacían de lo que veían eran múltiples, antes de leer el título del Cuadro. Hoy creo que, haciendo abstracción, está representado en él cualquier tipo de reparto: comisiones, dádivas, prebendas, droga, verdades, mentiras,…

Lo regalé al clausurarla, sin remordimiento ni lástima. Quité, eso sí, la pegatina con el título original, dejando al Cuadro ayuno de intención. Conservo de él esta fotografía, además del apunte original.

Algún día volveré a merodear por el Colegio, a ver qué pasa. Y la persona a la que se lo regalé, ¿qué habrá hecho con el Cuadro? ¿Lo conservará? ¿Le dará valor? ¿Qué explicación se habrá hecho de lo que representa?

(1) Este Comentario enlaza con la serie “Cuadros comentados” que tengo publicados en el Blog de Angel Arias. Bajo la sección “Dibujos”, el que el lector curioso puede encontrar el relato de porqué elegí los motivos de unos cuarenta dibujos y pinturas de mi producción y, en la mayor parte de los casos, la técnica utilizada