En el primero de mayo de 2017

Acabo de escuchar declaraciones de representantes sindicales explicando las razones por las que se convocan los actos para hoy, 1 de mayo de 2017.

Debo indicar, en primer lugar, que desde que se empeñaron en realizar apariciones conjuntas los secretarios generales de UGT y CCOO, en una representación que parecía la versión seria de los episodios cómicos de Tip y Coll, ando perdido en valorar las diferencias entre ambos sindicatos. Se que no servirá de nada, pero mi sugerencia es que unan las fuerzas que les queden, de una vez, y dejen de hacer pantomimas de resistencia obrera.

En este primero de mayo de 2017, tanto los que tienen la suerte de mantener su puesto de trabajo, como los que no lo tienen; lo mismo los estudiantes que andan preparándose para torear en un futuro de lo más incierto con enseñanzas dirigidas, en su gran mayoría, por indolentes o desorientados profesores; igual que los autónomos y pequeños empresarios que no tienen idea de cómo llegarán a final de mes y que trampean para pagar las cuotas de la seguridad social o los impuestos de actividad; tanto los que limpian culos y hacen camas en sus casas o en las ajenas, e incluso los que creen que están trabajando en una empresa solvente que resistirá a cualquier crisis, y hasta, si me pongo a elucubrar, y hay alguno (que pido a los dioses que los haya), los empresarios que se juegan su patrimonio e hincan a diario los codos y el magín para sostener una empresa que los demás juzgan sólida pero que ellos saben bien cómo tiene los pies,

a todos ellos, les digo:

Basta ya de preocuparse por la corrupción del tres por ciento y de esos centenares de chorizos que se han enriquecido mintiendo tan burdamente y que no supieron ocultar sus miserables trapisondas. Basta ya de llevarse las manos a la cabeza por el deterioro de la calidad de la sanidad, de la enseñanza y, por ser más claro, de todos los servicios, públicos y privados. Basta ya de pretender que no sabíamos lo que bien sabemos y supimos, y esperar, mirando estúpidamente la pantalla, que un delator, despechado que no arrepentido, combinado con un juez normal que no brillante, levante pruebas indiciarias para movilizar a la policía judicial o a la guardia civil hasta la casa de un politicastro o un falso gerente para romperle en pedazos la calma de su madrugada; basta ya…

Tenemos un gravísimo problema colectivo. Y es que no sabemos qué hacer que sea eficaz y no falaz o fantasioso, ni a dónde dirigir nuestras fuerzas ni nuestra economía más allá del próximo rellano. Claro que “el desarrollo de la economía pasa por el talento y una estrategia a largo plazo” (titular de El País del viernes, 28 de abril de 2017, para dar las claves de una conferencia internacional de economía humanística, “de vuelta a lo básico”). Para lanzar tales propuestas no hace falta reunir a cabezas supuestamente laureadas con las virtudes de las mejores ideas y experiencias.

Ni siquiera me parece tan importante aumentar los impuestos a las pocas empresas que obtienen beneficios, y  estoy en desacuerdo con tocar los gravámenes o tasas de cualquier tipo, con solo la intención recaudatoria. No. Lo importante es saber en qué se van a dedicar los dineros, y si servirán solo para tapar agujeros provisionalmente o actuarán de acicate para renovar la actividad en sectores con futuro.

Pero esos temas serios y profundos no se resuelven en debates abiertos, ni en manifestaciones de descontentos, ni en parlamentos en donde los teóricos representantes de un pueblo desinformado y colectivamente indolente se tiran piedras a las cabezas y están más preocupados de su imagen y de lo que tienen entre las piernas que de los millones de familias que no tienen trabajo, o lo van a perder, o no deben creerse (y no porque lo diga yo, sino porque cualquiera ha de saber que no estamos solos en el mundo) que en el turismo y en la exportación de productos agrícolas y bienes intermedios está la salvación y el futuro que nos sostenga,  oxímoron de una panacea que está, obviamente, en la agenda teórica de todos los países y regiones que no tienen más cosas que ofrecer.

Venga, pónganse a trabajar. Lo siento, en esta invitación no caben todos. Solo muy pocos, porque hay que evitar cualquier tipo de ruido, opiniones que ensordezcan en lugar de aportar. Se necesitan personas con experiencia, conocimiento, libertad de pensamiento, ayunos  de rémoras y limpios de ideología reaccionaria.

Hay mucho que hacer. Es una tarea no remunerada, y las propuestas que resulten no serán todas satisfactorias ni aceptables. Pero saldremos de este tremendo vacío de ilusiones, de esta caspa de obsesión por cazar corruptos de medio pelo (los peces gordos se escaparán siempre) y ahuyentar fantasmas del pasado, de muertos ya bien muertos.

Jóvenes, os va en ello ni más ni menos que la felicidad futura.


Los mirlos o tordos, como casi todas las aves, son territoriales, aunque normalmente bastan los sonidos y cantos que emiten para hacer desistir a sus congéneres de adentrarse en el territorio dominado por una pareja o ya preparado por un macho para asentarse en él con la elegida al ritmo de su reloj natural.

A veces, la densidad de población ofrece vistosas batallas entre machos, incluso entre aves tenidas por pacíficas. Estos dos representantes encelados del sexo masculino se enzarzaron en una disputa -nada reglada- por el ánimo de una hembra que, en esta foto, está fuera de encuadre.

 

Habérmelo dicho antes

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La dama, más bien obesa, que obstaculizaba la cola para pagar en el supermercado, mientras introducía con parsimonia sus compras en en el carrito, respondió a la educada indirecta del pobre diablo (yo) que esperaba pacientemente a que dejara el paso libre, y que expresé así: “¿Me permite que le ayude a meter las cosas?”  con un “No hace falta. Puedo yo”.

“Es que…-indiqué con mi mejor tono de sutil condescencia- Quizá no se está dando cuenta de que ha paralizado la cola…”

“¡Habérmelo dicho antes!”-me espetó, mientras estiraba ligeramente su voluminoso abdomen, por lo cual pude, sin apenas rozar sus carnes, pasar a recoger mi compra.

No pensar en el otro, ni atender a las consecuencias -mínimas o letales- de nuestras actuaciones, se ha convertido en una socorrida manifestación de pobreza intelectual. Podría haber escrito que lo que evidencia este desapego por la molestia, o el daño, que podemos estar provocando con nuestra actitud de pensar únicamente en lo que nos interesa, es producto del egoísmo dominante.

Pero quiero ir más allá. Nuestra sociedad es pobre intelectualmente. No sé si nos hemos hecho así, o siempre hemos sido colectivamente de esa manera. Solo que esa percepción se me ha hecho casi insoportable.

La señora del supermercado es un ejemplo trivial, inocente y simple. Me sirve únicamente como referencia para revolotear en torno a un asunto más grave: individualmente estamos corriendo un grave riesgo. No tenemos el menor valor para esa mayoría que se guía por la intuición de lo que les conviene exclusivamente a ellos. Somos su molestia, su incordio, su pesadilla.

Si “se lo hubiésemos dicho antes”, no nos hubieran prestado por ello más atención. Tendrían otros argumentos, nos darían otras contestaciones. “Actuamos así por tradición”, o “por mandato de la mayoría”, o “por designios de nuestro Dios”, o…”porque sí”.

Me sobran los ejemplos. En nuestra polis, hemos perdido los españoles una oportunidad excelente de tener un gobierno mejor que el que teníamos: la coalición PSOE -Ciudadanos, que solo precisaba de la abstención del PP o de Podemos. No pudo ser. “Si nos lo hubieran dicho antes”…

No creo que el PP de Rajoy consiga la investidura para su líder, en esta segunda vuelta de pirinola electoral -no le conviene a Ciudadanos apoyarlo a las claras, ni al PSOE abstenerse a la primera, ni mucho menos dejar manos libres a unos diputados para que apoyen al impertérrito presidente en sus eternas disfunciones… Será incluso peor si por los pelos, sin fuerza, con un traje de circunstancias y el jaretón mal hilvanado, se mantiene agarrado al clavo ardiendo de la falta de coordinación de sus oponentes. No debiera ser. Volveremos a recurrir al “Quélástima. Si nos lo hubieran dicho antes”.

Tengo amigos que aún creen que hay una oportunidad de gobernar desde la izquierda plural. No va a ser. Fue un error de Izquierda Unida asociarse con el patafísico partido oportunista, Podemos, disfrazado de izquierda trasversal y sometido a la labia verborreica de su líder actual, Pablo Iglesias (jr.). Ay, si Errejón hubiera capitaneado las negociaciones, otro gallo habría cantado, dicen.  “Habérnoslo dicho antes”.

El Reino Unido se va de la UE, aunque, como ha afirmado perogullescamente su nueva Premier, “no de Europa”. Si en lugar de haber catapultado a la dirección de ese organismo que prometía a personas sin carisma, y con demasiado apego a defender sus intereses nacionales, se hubiera avanzado en aquel proyecto frustrado de Constitución Europea…Si hubiera más capacidad para adoptar una posición coherente hacia el exterior, si se fuera capaz de analizar con visión de futuro los temas clave (cooperación internacional, sistema financiero, evolución de la empleabilidad, enrgía y ambiente, igualación salarial, etc.)…Si el Parlamento de la UE fuera menos partidista y más eficiente…Si…No pudo ser. “Si lo hubiéramos sabido. Haberlo dicho antes”.

Ponga, ponga el lector ejemplos. Puede enfocar su interés hacia los temas del terrorismo islámico (y a los de los otros), de la desigualdad social, de la quiebra probable de los estados de bienestar allí donde se encuentren, a la involución turca de Erdogan y cía, al riesgo de implosión siria, al llamado problema palestino (o, mejor, ¿será solo problema israelí?), a los desastres afgano e irakí, a la financiación irregular de los partidos (de aquí y de allá), a la corrupción generalizada (¡pues!), a la deficiencia de la enseñanza, al ascenso de un candidato impresentable del partido republicano en el país más rico del mundo, al cambio climático que tiene un final previsible, etc. etc.

“Haberlo dicho antes”, ¿verdad?. Pero,  ¿a quién? ¿de qué modo mejor? ¿con qué capacidad de persuasión?


Nota sobre la fotografía que acompaña este comentario: Me trato de especializar, gracias a un magnífico objetivo 200-800 que me han regalado mis hijos y nueras, en fotografiar aves volando. Es divertido (y algo difícil, por su gran movilidad: se necesita buena luz, y disparar a velocidades altas y sensibilidades bajas para que la apertura del diafragma sea la adecuada). Alguien dijo que si los mamíferos han sido puestos por Dios en la Tierra por su utilidad al hombre, las aves están entre nosotros para alegrarnos la vista y servir a nuestra evasión. Puede. ¡Habérmelo dicho antes!.

El texto perdido del Discurso de Navidad del Rey Juan Carlos

La Casa Real acaba de informar que se ha encontrado el discurso que se había preparado para que el Rey Juan Carlos lo pronunciara con motivo de la Navidad de 2013. Al darle ahora difusión, pide disculpas por haberse tenido que improvisar apuradamente un texto alternativo, en el que se han tenido que utilizar recortes de los mensajes de años anteriores.

A continuación, se recoge el texto perdido (y que, según parece, se había traspapelado entre los envoltorios de los regalos de Papá Noel, fiesta que la Familia Real viene celebrando en lugar de la de los Reyes, desde que el príncipe Felipe descubrió que los Reyes eran, en efecto, los Reyes).

“Queridos compatriotas:

Seré especialmente breve este año. Se bien que pocos estaréis viéndome ante la Televisión, porque, con razón, después de haberme oído repetir las mismas ideas, preferiréis dedicar vuestro tiempo a otra cosa. Tendréis ocasión mañana de conocer lo fundamental de lo que voy a decir, y comentarlo entre vosotros, porque el día 25 de diciembre no hay fútbol.

Los tres temas de que quiero hablaros son éstos: la imputación de mi yerno Ignacio Urdangarín (yo nunca lo llamé Iñaky) y, por lo que me han filtrado, la de mi hija Cristina; la intención separatista de bastantes catalanes, que quieren formar un estado independiente, y, por supuesto, republicano; y la incapacidad de la economía española para recuperarse.

Se que la mayoría de los españoles sois republicanos, así que me he preguntado muchas veces porqué se soporta un Rey, que es una figura anacrónica, como lo prueba el que solo se mantiene en algunos países subdesarrollados -económica o mentalmente-, como Inglaterra, Suecia, Holanda, Bélgica y ciertas antiguas colonias africanas europeas. No lo sé, la verdad. Tal vez la razón principal es que las alternativas no os convenzan, o que, sencillamente, os guste creer que tengo sangre azul y que poseo poderes especiales. Como los españoles, en general, son gente muy crédula o muy confiada, no me extrañaría cualquier cosa.

He puesto en la página web de la Casa Real la comparación entre lo que cuesta un Rey y un Presidente de la República, y, como veréis, los costes están más o menos equilibradas. Lo comido por lo servido, vamos. Lo que no me negaréis es que un Rey farda más. Y aunque, en mi caso, he tenido que ayudar a varios miembros de la familia, tanto de la mía como de la mi mujer, tampoco en eso veo el asunto diferente a lo que han hecho cientos de presidentes republicanos. Pero que nadie crea que me estoy defendiendo, las cuentas están claras y guardo los justificantes. Con todo, mi puesto está permanentemente a disposición, y hasta, cuando lo comento con Spottorno, me maravilla el tiempo que este reinado está durando, para lo que se acostumbra aquí-

No quiero que nadie se haga la ilusión de que Cristina va a ir a la cárcel. Hasta ahí podíamos llegar. Ni siquiera voy a consentir que enchironen a mi yerno. Ya está bien de tonterías. Se que está trabajando mucha gente importante para que esto no suceda, y tengo confianza en Roca para que movilice sus contactos, y, allí donde haga falta, ponga el énfasis jurídico adecuado.

No juzguéis y no seréis juzgados. Lo que hicieron puede sonar mal a algunos, pero es lo que hace todo el mundo que tiene alguna influencia. Si este país ha querido tener una familia real, tiene que asumir que, con discreción, que es lo que se estaba haciendo, íbamos a aprovecharnos del puesto. El fallo no ha sido nuestro, sino del sistema. Pero ojo, que nunca se sabe cómo pueden acabar las cosas. Se que hay grupos de fieles que están dispuestos a acudir a utilizar la fuerza, lo que a mí, como comandante supremo del Ejército no voy, en este caso, a intentar controlar. No me va a temblar la mano en defender la inocencia y honor de mi familia hasta el final y, ya sabéis, que soy un buen tirador.

Respecto a los catalanes separatistas, encuentro que, en este tema también, ya son ganas de tocar las narices. ¿Qué se cree ese grupo de funcionarios, que pueden pasarse por alto la Constitución, que todos hemos jurado? Aquí no se va a hacer ningún referéndum, porque ya tenemos las encuestas periódicas que hacen el CIES y las agencias de opinión.

Hay viajes para los que no se necesitan alforjas. Todos tenemos claro que los españoles quieren ser independientes, trabajar poco y ganar campeonatos mundiales, preferiblemente de fútbol. Los dos últimos objetivos están prácticamente cumplidos (aunque debo reconocer que no trabajan, pero tampoco cobran). En cuanto al primero, IKEA ha hecho un gran avance para que todos se sientan cómodos en su casa, incluso los catalanes. Pues que se atengan a las consecuencias, porque va a haber felpudos para todos.

Me queda el tema de la economía. Lo tengo clarísimo. En eso, pienso que es hora ya de que os caigáis del pino: no hay trabajo para todos, máxime desde que las mujeres se empeñan en trabajar. El trabajo que hay, es lógico que esté mal remunerado, porque donde había un puesto de trabajo, ahora, con suerte, hay dos, y se ha reducido lo que se paga por cada uno a bastante menos de la mitad. No se tanto de economía como De Guindos o Montoro, pero hasta el más tonto sabe que los puestos importantes están cubiertos y no es posible acceder a ellos para la mayoría. El mundo globalizado ha permitido que casi cualquier producto se pueda hacer en países en donde la mano de obra es baratísima y se pueda transportar casi en el día hasta donde se desee.

Así que lo único que puedo deciros es que tenéis que apretaros el cinturón, y no se hasta cuándo, porque no veo que el panorama va a cambiar. Eso sí, como España es un país católico, mayoritariamente la gente irá al cielo.

En fin, feliz Navidad a todos, tanto escépticos como creyentes. Y si queréis encontrarme, ya sabéis dónde estoy.

(El discurso se acompaña con la canción “Resistiré”, del Dúo Dinámico, con intérpretes reales)

Cuento de otoño: La sugerencia que no llegó a ser analizada

En Valgamediós estaban preocupados. No todos, desde luego. Pero sí la mayoría, y, en especial, la mayoría silenciosa.

Pasaba el tiempo, y la situación empezaba a ser insoportable.

Para algunos, resultaba muy molesto, pero por razones poco relevantes, aunque expresaban su disgusto torciendo la cabeza, y mirando hacia otros lados. Había pobres por todas partes. Les resultaba muy difícil caminar tranquilamente por la calle sin encontrar algún pedigüeño, lo que afeaba el lugar. A las puertas de los supermercados, de las iglesias, de los Bancos, de los restaurantes, había siempre alguien con la mano extendida.

El número de necesitados crecía, ya que, por algo que conocían como efecto llamada, venían incluso de otras poblaciones en las que, al parecer, aún estaban peor.

Eran numerosos los valgamediosanos a los que resultaba bastante duro resistir, pero confiaban en que las cosas volvieran a ser como antes. Añoraban los tiempos recién pasados, aunque ignoraban cómo la situación podría enderezarse, porque les resultaba muy complicado entender lo que había pasado.

-Nosotros, que conocemos cómo funciona el sistema, os prometemos que todo cambiará cuando las economías de los pueblos vecinos de Immererfolgreich y Nousavanttout, salgan adelante. También hay que esperar que al Presidente de Wetheworldleaders se le ocurra algo brillante. Su éxito nos arrastrará, y, hasta que esto suceda, invitamos a los jóvenes más capacitados a que busquen empleo en esos lugares, triunfen, y vuelvan a casa con nuevos ímpetus -era el mensaje que difundían, acompañado de música celestial, los altavoces instalados en los lugares oficiales pertinentes.

En realidad, hacía años que en Valgamediós no se creaban puestos de trabajo y, por tanto, no era posible cambiar, como antes, el tiempo, las habilidades y los conocimientos por dinero, en los mercados locales. Al contrario: las empresas de Valgamediós, despedían todos los días a miles de empleados, que pasaban a engrosar las cifras de los que ya estaban parados, que es la manera de expresar que se habían vuelto estupefactos.

Especialmente afectadas estaban las empresas que eran propiedad de pequeños comerciantes, gentes cuyos nombres eran conocidos, si bien lo que recogían los periódicos locales eran las protestas de los despedidos de las empresas más grandes, que armaban mucho alboroto.

-Ha cerrado la tienda de ultramarinos de la esquina, que llevaba en el barrio desde 1903 -comentaba la tía María a su vecino, jubilado.

-En esta calle, solo queda en pie la Expendeduría de Lotería -apostillaba otro, que se encontraba trabajando de extranjis en una mueblería.

La economía se había sumergido bastante, desde luego, y quien más quien menos, se había estado arreglando con alguna chapucilla, al menos, mientras cobraba el subsidio de desempleo. Pero incluso bajo el nivel del dinero que circulaba al aire libre, es decir, en las alcantarillas del sistema, escaseaban las oportunidades. Los salarios bajaban y bajaban.

Un buen día, el Controlador de Cuentas expuso la situación con crudeza:

-No hay dinero para mantener el Estado del bienestar. Los ingresos son muy inferiores a los gastos. A partir de ahora, viviremos en el estado del estar. Simplemente.

Pronto se supo que ese estado de estar era el equivalente a sálvese quien pueda. Y, para algunos, resultó incluso entretenido. Tenían liquidez, y surgieron nuevas oportunidades, porque a ellos, les bastaba solamente aprovecharse del estado de necesidad de otros, lo que proporcionaba beneficios interesantes. Compraban, a precio de saldo, lo que otros se veían obligados a vender.

Desde los Centros de Propuestas y Elucubraciones Imaginables, no faltaron ideas, pero el problema estaba en la dificultad de ponerlas en práctica. Para todas, se necesitaba dinero; para muchas de entre ellas, experiencia; para la mayoría, conocimientos de los que no se disponía.

-Tenemos que cambiar las reglas del mercado, porque solo sirven para que unos se enriquezcan a costa de los que carecen de información -escribió un experto en Historia de la Humanidad, en un artículo publicado en un periódico de tan escasa difusión, que apenas si vendía los ejemplares que compraban los que expresaban sus ideas en él.

-El mal está en el exceso de corrupción de los que dirigen y controlan, no en el sistema. Un poco de corrupción es tolerable, pero por encima del diez por ciento, es insoportable -explicó, con varios ejemplos imaginativos, un profesor de Ética Universal, que disponía de un importante patrimonio conseguido gracias a inversiones realizadas en productos altamente contaminantes y que vivía en un chalet adosado a su complacencia.

-Debemos fomentar la explotación de los recursos naturales, y puesto que nosotros sabemos disfrutar de la naturaleza, debemos desplazar las fábricas contaminantes a aquellos lugares en donde sus habitantes no tienen nuestra educación ecológica y no están acostumbrados a nuestros altos niveles de calidad de vida -apuntó un miembro distinguido de la Fundación para Proyectos Nimby, que contaba con muchos seguidores dispuestos a movilizarse a las primeras de cambio, reclamando la defensa del medio ambiente.

Incluso apareció un grupo la mar de interesante que defendía el uso de la imaginación para crear el propio puesto de trabajo, como fórmula que se aplicaba en los países más avanzados del orbe. El problema estaba en que la imaginación de los que solo tienen buena voluntad queda limitada por fronteras que se alcanzan muy pronto, y se encuentra con muros insalvables: la insuficiente formación, la escasa financiación, el largo tiempo de maduración de los proyectos, el miedo a fracasar porque el que cae una vez es estigmatizado para siempre y, sobre todo, se topa con un cúmulo de dificultades inextricables, que se fabricaban y perfeccionan por las noches, como hilos de Ariadna, en múltiples centros de mantenimiento del orden establecido, que colaboran con la indolencia y la apatía, hierbas que crecen libremente en los lugares donde nadie vigila.

Así estaban las cosas, cuando alguien anónimo escribió con spray rojo, en la misma Vía del Desánimo, por la que los valgamediosinos acostumbraban a pasear a diario, una sugerencia de apariencia muy elemental.

-Si queremos disfrutar del mayor bienestar posible, ¿por qué desperdiciamos las capacidades que tenemos? Dejemos de lamentarnos por lo que hemos perdido, y dediquémonos todos a trabajar en lo que sí podemos conseguir.

Seguramente al autor le pareció larga la parrafada y como debía tener tiempo para escribir un estrambote, antes de que lo descubrieran los vigilantes del lugar, había terminado con este lacónico mensaje:

“No necesitamos que nos enseñen a vivir y no nos dejaremos morir.”

Era otoño, y las hojas caídas de los árboles cubrieron casi de inmediato la propuesta. Por la tarde, un camión de la limpieza, provisto de mangueras que lanzaban chorros de agua a presión junto a un poderoso detergente, borró la propuesta en un santiamén.

-No era una mala idea -murmuró para sí el conductor del vehículo, mientras se dirigía a otros lugares que también le habían señalado como necesitados de un buen fregado.

Las luces de Valgamediós seguían apagándose sucesivamente.

FIN

Mi diccionario desvergonzado (4): trabajo, paro, género, ingeniero, banquero

Trabajo. Según la tradición judaica, castigo bíblico por el que se condenaba a los sucesores del padre de la Humanidad a generar plusvalías, en lo que se considera la fundación del capitalismo. Véase: paro, Biblia.

Paro. Consecuencia natural de la economía de mercado, en un mundo globalizado en el que cada palo tiene que aguantar su vela, y no hay velas para todos porque algunos han organizado una verbena. Véase: mercado, mundo globalizado.

Género. 1. Producto puesto a la venta por un comerciante; hasta mediados del siglo XX, trozo de tela que se escogía en la propia sastrería, o se llevaba al sastre, para hacerse un traje; de ahí la expresión: “En esta discoteca hay buen género”. 2. Usase, entre pedantes y politicuelos, como sinónimo del sexo, aplicable solo a personas; por ejemplo: “Lolita es del género masculino”, aunque no sería correcto decir: ·Creo que Fulanito es bigeneral” Véase: sexo, compañeros y compañeras.

Ingeniero. Término que se asociaba a alto prestigio profesional, por lo que se adulteró con el uso, siendo en este momento un título sin valor práctico. Subsisten algunas asociaciones, colegios y cofradías, que pretenden distinguir nostálgicamente entre ingenieros superiores, ingenieros de grado medio y diplomados en formación profesional, pero quienes pertenecen a las dos últimas categorías defienden que pueden hacer lo mismo que los de la primera, argumentando, en esencia, que cuanto más años se hayan dedicado al estudio, menos conocimientos se tendrán acercade cómo cambiar la rueda a un coche. Véase Escuela Técnica Superior, Universidad, master, grado, formación profesional, peón caminero.

Banquero. 1. Tipo que hace bancos y piezas de asiento. 2. Perteneciente a una categoría de seres privilegiados que se dedican a captar el dinero de los demás, sirviéndose de diversas añagazas -en particular, empleando términos técnicos ininteligibles-, para prestárselo con rendimiento a quienes lo necesiten o les hayan convencido de necesitarlo. Un atractivo adicional de su actividad consiste en que pueden conceder préstamos sin garantías a sus amigos o para desarrollar sus propios negocios no bancarios, sabiendo que, en caso de que salgan mal, podrán contar con el respaldo de las Administraciones Públicas para recuperarlo, ya que su función está considerada de primera necesidad, pues la sociedad actual confunde predicar con el dar trigo. Véase: No es lo mismo predicar que dar trigo.

(continuará)

La vicepresidenta coordinadora

Se llama María Soraya Saenz de Santamaría Antón, y es la presidenta de facto del gobierno de España. Lo era ya, pero desde el último día de mayo de 2013, lo es, si cabe, aún más. A la vicepresidencia, el ministerio de Presidencia, la portavocía del Gobierno, acumula ahora la vicepresidencia para los asuntos económico-financieros de nuestro pequeño país.

No hace falta tener mucha imaginación para inducir las razones de esa concentración de responsabilidades. Son dos: 1) el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy no se fía de nadie salvo de ella, y 2) los que mandan en el mundo de las finanzas le han pedido a nuestro parco director de funciones en el carrusel circense, que mejore la coordinación entre Montoro y Guindos.

Así que tenemos servida una crisis en el Gobierno que, si se interpretara en chino (como suelen hacer, mal, los que no tienen ni idea de este idioma) sería equivalente a oportunidad. La oportunidad de mandar a Cristóbal Montoro para casa y dejar que Luis de Guindos demostrara, de una vez, si sabe algo de competitividad y si sus amistades con los tipos de la troika sirven para algo.

No ha se ha dado curso a esa opción. Montoro está en la cuerda floja, desde luego. No por hacerlo mal (que, como está en posesión sublime de la verdad, eso solo lo sabe él, que es quien tiene los datos), sino por haberse atrevido a puntualizar a José María Aznar, -el ex-presidente más activo en el propósito incomprensible de acabar de hundir este país-, de que no era lo mismo navegar en sus tiempos, en que bastaba ser políticamente solo capitán de yate y la navegación se hacía siguiendo la costera, con éstos, en los que el mar se ha embravecido, tiran con cañones desde los destructores alemanes y, además, hemos salido a zona abierta diciendo antes que éramos campeones mundiales de la navegación a vela, y que teníamos un sistema bancario ejemplar.

A Rajoy (con el que, aclaro, nunca crucé ni una palabra) le hubiera gustado seguramente poner a Montoro de coordinador, y cumplir de ee modo lo que le pidieron las troikas. Pero el grupo de aznaristas le ha debido poner una muralla de disentimiento. Nanay, por ahí no pasamos. Montoro no da el tipo. Pon a Guindos.

Por eso el presidente del Gobierno más sufrido de España ha puesto aún más sombreros en la cabeza de Soraya. La abogada del Estado en excedencia, casada con otro lumbrera del derecho administrativo (hoy asesor en Telefónica) sabe hablar en público, no se trabuca ni se le va la olla ante preguntas de los capciosos periodistas, manda y templa como si dirigiera un parbulario. No tiene mucha idea de economía ni de finanzas -dicen- ( desde luego, en las Facultades de Derecho, algo se estudia, aunque no de subprimes y política monetaria) peroe xpongo duramente: ¿alguien la tiene?
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No quiero que se me olvide nada. La decisión tomada por Rajoy y aconsejada por las troikas tiene un objetivo superior: convencer al pueblo llano de que, hágase lo que se haga, y como se haga, es lo que hay que hacer, e, incluso, lo único que se puede hacer. Y eso, no es economía ni finanzas. Es política, vaya; de la mala.

Montemos Comisiones (o, mejor, Hagamos Revoluciones)

Hace décadas, circulaba una “teoría del sobre” entre los recién licenciados que pretendía ilustrar la trayectoria profesional que nos esperaba: en una hoja de papel rectangular (el supuesto sobre) se dibujaban las dos diagonales y se escribía, en el hueco inferior que formaban las líneas “trabajo”; en las dos laterales, “reuniones y comisiones” y en la de más arriba, “comidas y copas”.

El avance de una hipotética línea paralela a la base de ese sobre-rectángulo representaba la combinación de las actividades que nos tocaría desarrollar a los de cuello blanco a medida que fuéramos madurando en conocimientos: desde el solo trabajo al solo comidas y copas. Por supuesto, había oportunidad de destacar, cuando se explicaba el cuento, que en un momento preciso de la vida laboral estaríamos solo ocupados en reuniones y comisiones (1).

No veo razones esenciales para eliminar lo esencial de la teoría del sobre, como reflejo de un momento de la pequeña historia de este país y de otros parecidos a los que procura imitar, pero quiero destacar que en mi generación no se ha cumplido. La reducción de la vida laboral, con prejubilaciones y despidos definitivos adelantados con una indemnización engañosa, ha llenado el escenario de profesionales que no tienen oficialmente nada que hacer, y que, como no van a tirarse por un acantilado, ocupan como pueden el tiempo que les queda.

De entre ellos, analizo hoy con especial atención los que concentran su inactividad profesional real en los Comités. Hay, sobre todo en las grandes ciudades, cientos de oportunidades de pertenecer a miles de Comités. Eso sí, no reportan ni dineros, ni comidas, ni hay por qué asociarlos a ningún trabajo adicional al del simple hecho de asistir. Basta anotar en la agenda el día, y el sitio en donde se celebrará y aparecer allí con el careto y, si se quiere dar aún mejor impresión, una libreta.

Los Comités, salvo en aquellas corporaciones más vetustas que aún guardan algo de tesorería, no llevan aparejada tampoco ahora la comida con la que se concluían antes los debates, proporcionando la alegría asociada a las libaciones. Incluso en los que mantienen el ágape postrero, la preocupación por la dieta, el colesterol y la racanería de los paganines formales, han hecho decaer mucho el interés gastronómico de estas francachelas de veteranos, que antes tenían mucho más salero.

Todas estas reuniones, no haría falta decirlo para no extremar la crueldad del análisis, coinciden masivamente en ser preciosamente inútiles, ineficaces, estériles para mejorar el mundo; pero son, sin embargo, en mi irrespetuosa opinión, utilísimas como medicina para los asistentes a ellas: resultan una manera entretenida de pasar el tiempo, de llegar a conocerse mejor, e incluso de hacerse muy amigos, y de refilón,  sirven de justificación para creerse y tal vez hacer creer a los más próximos, que se es aún necesario para algo.

Cuando en mis diarios encuentros fugaces con miles de desconocidos a los que veo ocupados en ir de un lado para otro, llevando como una cruz sus rostros generalmente tristes, huidizas las miradas, absortos los cerebros en pensamientos misteriosos y acaso turbios, o resolviendo inútiles sudokus  y  crucigramas o increíblemente embebidos en la misma página del bodrio literario que llevan  envuelto en papel de periódico, me pregunto si no les merecería la pena pertenecer a alguna Comisión.

Un encuentro mensual con otras decenas de seres similares, por el que, con cualquier propósito u objetivo formal, recibieran un empujoncito para salir de su ensimismamiento, haciéndoles levantar la vista para reconocer al de enfrente, y creerse necesarios para algo más que para arañar en la base de su sobre vital: trabajo, trabajo, trabajo, … que, maldita sea, les está siendo comido a gran velocidad por un gusano incontrolado, que se llama paro y se alimenta, entre otras lindezas, de silencios.

Aunque, pensándolo mejor,  y como estamos en el aniversario de la Revolución de los Claveles, ¿no sería más adecuado y eficaz montar unas cuantas Revoluciones? Tengo muchas propuestas. Sería una forma acelerada de encontrar soluciones en lugar de pasarnos el rato dándole vueltas al sobre, sin que nos atrevamos a abrirlo, para saber qué contiene.

(1) Existe una versión de la “Teoría del sobre” que en lugar de “Comisiones” indica  Viajes”. No me servía para este Comentario, y la desestimé a sabiendas.

Escaparates de Ideas (1)

Desde niño he tenido un sueño. Que todas las buenas ideas que pasen por la cabeza de los seres humanos se pongan en práctica.

Ahora tengo otro sueño más profundo, más intenso: que en ese pequeño país, llamado España, -mi patria-, se dedique total atención a cualquier idea que sirva para superar la preocupación mayor de, al menos, 6 millones de personas y de sus familias. Salir del paro. Escrito en positivo: crear empleo.

Conseguir que la estructura socioempresarial genere actividad para que todos quienes dependan de ella vean con tranquilidad su futuro inmediato o el de sus hijos y nietos, parecería un objetivo común, propio de la sociedad global, de un mundo repleto de interconexiones.

Pero como no lo es, y seguramente no lo será nunca, hay que pensar de manera serena, objetiva, fría, en cuáles son las fortalezas -y las debilidades- de la estructura que podemos controlar: desde la Administración del Estado; a partir de las iniciativas de los habitantes de ese Estado, que sean susceptibles de generar actividad en su territorio ;y, por supuesto, mediante la activación del compromiso de las empresas -multinacionales o no- con los ocupantes de ese espacio.

Los tres ejes de actuación -Administración, empresas e individuos- deben coordinarse e impulsarse para que el sistema funcione de manera óptima, aprovechando las oportundidades.

En esta serie de comentarios, a nivel exclusivamente personal, me propongo ofrecer algunas ideas de estímulo, un escaparate de ideas (showcase for ideas), dirigidas específicamente a la iniciativa privada.

Son, como se verá, preguntas surgidas de la reflexión encadenada siguiente:

1. ¿Necesitamos mejorar algo? ¿Podemos hacer mejor algo? ¿Tenemos algún recurso sin explotar?

2. ¿Sabemos cómo hacerlo? ¿Por qué no lo hacemos? ¿Qué barreras nos impiden ponerlo en práctica? ¿Cómo podríamos estimular su realización?

3. ¿Qué habría que hacer para ponerlo en práctica lo antes posible? ¿Qué recursos -técnicos, económicos, laborales y funcionales precisamos? ¿Los tenemos ya? ¿Dónde están, si no los tenemos aquí, y cómo podríamos conseguirlos?

(Continuará)