Guía para ingenuos

Ganó Pedro Sánchez las elecciones internas para militantes en el Partido Socialista español. Lo consiguió en una dura pugna contra la candidata andaluza, Susana Díaz, que, al parecer, representaba la recuperación del control por la gerontocracia del partido, y todo se llevó a cabo bajo la observación terciaria de Patxi López, que se esforzó en representar las quintaesencias de una socialdemocracia tan rancia como entrañable.

Hemos estado siendo bombardeados por los exégetas con multitud de cábalas, y extracción de consecuencias según los posibles resultados y análisis fino y grosero de lo que había detrás de cada una de las facciones de lo que otrora fue la alternativa a la gran potencia atractiva de la derecha española.

Creo que Sánchez es, y coincido con los que hablan desde la nostalgia por recuperar la capacidad de convicción de la socialdemocracia, la mejor alternativa de las que se presentaban a la elección. Díaz solo ganó en Andalucía -que mantiene la tercera parte de la militancia-  y López solo en el País Vasco, lo que demuestra el poder de la simpatía territorial para un partido que aspira a seguir representándonos a todos los españoles a los que nos apetece, de vez en cuando, probar un aire fresco desde las ventanas de la izquierda.

Pero la elección de Sánchez por la militancia del PSOE no tiene nada que ver con ganar unas votaciones generales. Sus exigüos 50.000 votos de gentes con carnet no son la proyección de los deseos de los 10 u 11 millones de españoles que deberían elegir PSOE en la casilla, cuando nos llamen a todos a las urnas. En mi opinión, la calamitosa escenificación de esas primarias socialistas ha provocado un mayor espanto en las posibles inclinaciones por votarlos como alternativa.

Por supuesto, el asunto no tiene nada que ver con Sánchez, al contrario. Ese Sánchez resurgido desde sus vaivenes anteriores, y como él mismo confiesa, ha aprendido. Su simpatía personal, el gusto patrio por los que han sido vencidos y vuelven con heridas al tatami, ha sido superior al alcance que podía esperar de su programa que, como no se cansa de decir Josep Borrel -dice éste que lo ha elaborado en lo fundamental- existe y es interesante.

Pues, a trabajar. Que Sánchez y los que le queden como suyos, dejen de mirar a derecha e izquierda (en caso, este último, que el magnífico manejo del martillo por parte de Iglesias pueda asociarse a una ideología) y difundan, con honesta seriedad, lo que van a hacer cuando obtengan el gobierno. Lo que no veo imposible, sino heroico.


Una avefría surca, asustada, el cielo castellano,  dando gritos de advertencia y temor ante el intruso. En el suelo, con su penacho, son inconfundibles. En el aire, sino se las ha visto elevar el vuelo (siempre en tropel) desde la laguna en donde anidan, sus características diferenciadoras son más difíciles de detectar.

 

Prioridades

Si los postulantes a convertirse en el secretario general del PSOE que perderá las próximas elecciones (Díaz, Sánchez y López) han creído que el tema de debate que interesaba a sus posibles votantes era saber quién tenía mejor carisma entre los actuales militantes del deshecho partido, se equivocaron.

No está la cuestión en dilucidar quién será capaz de arrancar los aplausos más enfebrecidos en los mítines que se celebren hasta el domingo 21 de mayo, fecha que marcará el punto de escisión en, al menos, dos facciones, del partido, hasta ahora, más añejo de nuestro maltrecho país.

Para los que analizamos -más o menos-, desde la independencia y el pragmatismo, qué agrupación política será más capaz que otras -sola o en coalición- para impulsarnos colectivamente hacia delante, no nos importan los nombres del cabeza de lista , sino los programas de actuación en los que nos tenemos que involucrar todos. Esto es, las prioridades.

Puede que los independientes y pragmáticos de España seamos un grupo reducido. No hay forma de contabilizarnos.

No somos los mismos que asistimos a partidos de fútbol para entusiasmarnos, o sufrir una decepción, según el resultado del equipo con cuyos colores hemos dejado crecer una identificación que podría analizarse incluso desde las patologías infantiles.

Tampoco somos quienes están persuadidos, con una obsesión que puede bascular entre lo ignorante y lo enfermizo, de que las decisiones económicas o son blanco o son negro. La experiencia reciente ha puesto de manifiesto las burbujas explosivas que se favorecen con la libre circulación de capitales y dejando que la iniciativa e intereses privados se adueñen de la economía. Pero, sensu contrario, tampoco creo que las continuas protestas reivindicativas, el desprecio hacia todos los emprendimientos, el empecinamiento en exprimir la solvencia de los propietarios o la difusión perniciosa de la idea de que todos somos iguales sin distinguir entre actitudes y capacidades,  tengan detrás a un mago con varita y equipo mágicos que nos vayan a solucionar los problemas de la crisis, del paro, los brotes secesionistas o la ruptura del estado social.

Ser independiente y pragmático tiene sus servidumbres, pero, en compensación, presenta notables ventajas para la tranquilidad del espíritu. No nos mueve del asiento si un candidato es más simpático, o tiene mejor vocabulario, o ha nacido cerca de nuestro pueblo. No nos importa que esté o haya estado dispuesto a asociar su coalición con otro partido del espectro político democrático, siempre que nos lo haya explicado desde la perspectiva de lo que es mejor, en ese momento y circunstancia. Ni siquiera nos importa si le están apoyando o no, personas con una determinada trayectoria anterior.

Nos importa saber cuáles son sus prioridades, y lo que van a hacer y proponer hacer, él y su equipo, para resolver los puntos de conflicto económico y social. Si no  son capaces de presentárnoslas, si les preocupan cuestiones internas de sus partidos o facciones, los independientes y pragmáticos nos quedaremos en casa cuando nos llamen a votar, o lo haremos en blanco.

Porque no debemos olvidar que el país se encuentra en una situación concreta, administrada de una manera determinada. Nos puede parecer muy mejorable, estaremos convencidos de que la corrupción es un desastre ético impresentable en una sociedad democrática, que el paro actual es infumable, que faltan medidas activas para corregirlo, que la enseñanza deficiente, que el proyecto europeo precisa una redefinición y un nuevo empuje, o que el proyecto secesionista del actual gobierno catalán exige claridad, diálogo y convicciones, no amenazas…

Los independientes y pragmáticos tenemos bien detectadas las carencias del actual gobierno. También, sus virtudes, porque no nos guiamos por apriorismos, ciegos axiomas, ni pactismos de oportunidad. Por eso, no vamos a impresionarnos por las exhibiciones de tiros al aire, al pie o a la cabeza de un contrincante, sea desde la izquierda o desde la derecha.

A mi, en particular, no me importa quién gobierne, y si cómo lo hace, siempre que (lo he escrito muchas veces) estemos seguros de avanzar hacia el progreso, disminuyendo las desigualdades y garantizando que a nadie le falte trabajo y medios para cumplir con su objetivo vital personal.

El Partido Popular, con Mariano Rajoy a la cabeza, lo está haciendo, en mi opinión, bastante mal. Oculta información, utiliza recursos del Estado para aumentar su influencia, despilfarra otros, le falta capacidad de convicción y credibilidad.

Pero la oposición, ya sea de Podemos, como del PSOE dividido, les está mejorando la calificación, con sus incongruencias, la emisión de mensajes trapaceros con destino a la galería y una exhibición permanente de sus ignorancias de cómo se cuecen las habas por el mundo. Que algunos somos muy mayores, vaya, para conmovernos con frases de manuales revisionistas o revolucionarios.

Prioridades, y a trabajar en ello, compañeros.


Me gusta traer aquí estas fotos de una bandada de avutardas hembras. Están estas aves majestuosas, de las que en España tenemos una de las mayores colonias de Europa, en celo. Son asustadizas y, cuando levantan el vuelo -pesado como el de las águilas, con un aletear audible en la distancia- ofrecen un espectáculo difícil de olvidar.

En Marche, l´Espagne!

A pocas fechas de consumación del penúltimo acto de la debacle socialista -me refiero a la posición ideológica ocupada, hasta ahora, por el PSOE-, no me parece descabellado mirar hacia la vecina Francia y, sin necesidad de acudir a la repetición de los argumentos ya ampliamente expuestos por quienes defendieron o abominaron del apoyo desde las trincheras de la izquierda al Cid Campeador Emmanuel Macron, poner de manifiesto ciertos aspectos de nuestra circunstancia política.

Primero. No tenemos, benditos sean los dioses de esta aldea, ningún Frente Nacional, ya caídos todos sus representantes más genuinos en la catarsis ideológica post-franquista. Las insinuaciones, por parte de quienes desean construir un catecismo desde el populismo ramplón, de que nos encontramos en una “excepción democrática”, no pueden ser compartidas en absoluto por quienes estamos viajados, conocemos mundo, y sabemos mirar sin anteojos al fondo del argumentario de los que quieren arrebatarnos santos y peanas sin más apoyo que su ardiente palabrería.

Segundo. El gobierno de Mariano Rajoy tendrá muchos defectos, pero no carece de puntos de solidez que, a falta de alternativas, se han convertido en nuestros mejores puntos de apoyo colectivos. Lo están demostrando las preferencias en las encuestas y lo consolidan, pese a quien pese, las discusiones vacías en el Parlamento y las exuberancias verbales y la repercusión, cada vez más débil, de las movilizaciones callejeras a favor de pedir y no comprometerse.

Tercero. Encuentro analogías entre Macron y Rivera (Albert), salvo que el cartucho de Ciudadanos ya está quemado o se mojó. Lo quemaron o mojaron todas las demás fuerzas, vientos y vientecillos políticos. Cuando el hoy postulante a dirigir el PSOE de las facciones, Sánchez (Pedro) firmó un acuerdo de mínimos con Rivera, en la ilusa aspiración de que se abstuviera el PP de Rajoy, lo quemaron los que desconfían de cualquier representación de la derecha en la que no militen las viejas familias. Cuando el veleidoso Iglesias (Pablo junior) se salió por peteneras auto-nombrándose vicepresidente en su propuesta pública, estando el entonces Secretario General del PSOE presentando aún al Jefe de Estado su intención de postularse para Jefe de Gobierno, la antorcha incendiaria la enarboló aquél.

Cuarto. Lo mejor del Partido Socialista Español  (tengo reparos en ponerle la O) en estos tiempos de desorientación opositora, para este modesto observador, ha sido su gestora y, dentro de ella, Javier Fernández. Estuvo serio, firme pero también conciliador, comprometido con una historia común y árbitro impecable con las estridencias y desafueros de sus colegas de partido. Se dice de él que es mejor gestor que parlamentario, aunque esas voces provienen de quienes menos lo conocen, y pretenden, al juzgarlo así, menospreciar su carrera política. Hubiera sido, para recomponer su partido, la mejor opción. Patxi López, a su lado, parece un imitador.

Quinto. En este momento, y lo digo desde el pragmatismo, “No, tiene que adaptarse a ser, según los casos, Sí, Ya Veremos, o Mejor acepta tú mi propuesta”. Aconsejo, a quienes tengan dudas del camino a tomar, que escuchen con atención la grabación de los esperpénticos comentarios que el profesor Verstrynge, ciudadano de doble nacionalidad española y francesa -quien incluso apeló a su pasado fascista para defender su actual conocimiento de la situación-, por los que defendía que habría que abstenerse de votar a Macron.

Sexto. No estamos en situación de emergencia nacional (al menos, no todavía y, para mi tranquilidad, no veo atisbos de que arribemos a tal situación), pero me gusta adoptar el lema del flamante Presidente de la República Francesa, como llamada de agrupamiento a quienes no saben qué camino tomar. “¡Adelante, España!”, “¡Ante todo, España!”. Es un grito patriótico, en efecto, pero se ha vuelto a poner en valor ser patriota. Si las naciones que tienen más peso económico y sociológico que los españoles apelan a las esencias históricas, sin renunciar a manifestarse -en esta parte del escenario- europeos y globales, no necesito más razones para enarbolar la misma bandera, para defender los intereses de mis conciudadanos.

Ya habrá tiempo para reconstruir todo lo demás.

El PSOE, Podemos, la izquierda y la socialdemocracia en España

No se cómo lo estará viviendo el lector (no le estoy viendo, solo lo imagino), pero quiero expresar mi inquietud acerca de la deriva que ha tomado la izquierda de este país.

Por una parte, me alarma su falta de liderazgo o, mejor expresado, el exceso de individualidades deseando tomar cualquiera de los guiones o estandartes que se encuentren en la vitrina de las sala de banderas. No hay debate interno, y solo surgen las ansias de capitanear el grupúsculo, atraído por las opciones que presenta la terrible vulgaridad, la falta de cultura, información veraz y perspectiva del pueblo llano.

Así que, a pesar de las manifestaciones de unidad de todos cuantos aspiran, al menor descuido, a convertirse en cabeza de lista de facción, pertrechado tras los salarios con los que nuestra democracia en peligro compensa a los llamados representantes del pueblo, no veo sino ambiciones personales en la gran mayoría de los que han hecho de la política su cómoda profesión.

No me conmueven, salvo para alimentar mi ironía, las más bien ridículas, representaciones de afecto, con abrazos y besos que se prodigan, vengan de la izquierda del mapa como de la derecha, cada vez que se cruzan en público. Y estoy convencido, en lo que me importa algo más, que los caminos de la izquierda, en este momento, se han convertido en múltiples laberintos.

Me resulta imposible entender cuál es el argumentario que dirige la cabeza de los que se expresan como portavoces, tanto de los nominados como de los improvisados, en los partidos de izquierda.

No tengo dificultad en interpretar las señales del actual gobierno, ni tampoco en entender las cuestiones que rigen el catecismo formal de todos cuantos confían que dirigir lo público en un país es cuestión de gestión y no de ideología.

Pero…¿en qué se ha convertido el ideario de la izquierda? ¿Quiere evolución o revolución? ¿Orden o caos? En España, tras la dictadura, algunos hemos vivido con ilusión la posibilidad de una alternancia entre partidos de derecha e izquierda. Parecía una excelente forma para avanzar que los gobiernos progresistas dieran dos pasos hacia adelante y que el paso para atrás (si se produjera) de un gobierno más conservador ayudaría a consolidar lo alcanzado.

El fracaso del ideal socialdemócrata, en España como en Europa, tiene mucho que ver con la obsesión de los dirigentes de los partidos tradicionalmente llamados a la alternancia, por criticar al gobierno, sin proponer alternativa. Ignorando que esa moderación en el gobierno, la preocupación por sostener el estado del bienestar amenazado de grave deterioro por la crisis económica, es hija de la socialdemocracia, esto es, del posibilismo, del pragmatismo.

Porque la “socialdemocracia” se convirtió en la posición práctica de aquellos que, desde la sensibilidad acerca de cuanto debe mejorarse distribuyendo los beneficios del progreso común entre los que menos tienen, están dispuestos a aprovechar todas las ocasiones para tirar de la cuerda desde el lado de los necesitados. Sin romperla.

Puede que si tuvieran menos años y , sobre todo, menos experiencia, de en qué se convierten los vocingleros cuando se les presenta la oportunidad de sacar tajada,  me atraería a participar en un movimiento de revisión de los anquilosamientos que la falta de ideas ha traído a la vida política. Pero no cuenten conmigo para chillar que hay que cambiarlo todo sin aportar la menor idea de cómo respetar las armazón del edificio común. Ni tampoco, para poner mi careto detrás de los que chillan.

Claro que, ni yo me he postulado, ni me han llamado, así que no me amenazan remordimientos de conciencia.

Cuerdas, hilos y ataduras

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Para quienes, conscientes de que no hay tiempo para profundizar en todo, pero curiosos para conocer lo más, nos quedamos con lo que se presenta como esencial de una partitura, la teoría de cuerdas es un modelo de física teórica por el que se admite como principio que las partículas elementales, que aparecen como puntos cuando observados con instrumentos de la máxima precisión conocida, no son sino estados de vibración en el espacio de más de cuatro dimensiones.

Esas vibraciones corresponderían a la actividad de unos entes imaginados, con pura existencia teórica, no comprobada, que, por analogía con lo conocido, se identifican con cuerdas de carácter metafísico.

1.Cuerdas .-No tendría sentido que me pusiera ahora a dar una torpe clase de física cuántica, cuando lo que me propongo es analizar, desproveyéndola de cargas emocionales, el importante suceso (para nuestro pequeño escenario de polichinelas) por el que Mariano Rajoy, en cumplimiento ciego de lo que se había convertido en previsible en las últimas semanas, fue revalidado como Presidente del Gobierno de España.

Cualquiera que se tome la molestia de acercarse a la partícula Rajoy -fácil de observar en su quietismo aparente-, convendrá conmigo en que es la suma de multitud de estados de vibración, unos más fuertes que otros, entre los que predominan quienes, complacidos con lo que tienen y creen poder obtener, defienden que las cosas no cambien lo más mínimo, o que, en caso de que lo hagan, sea para recuperar un estado gravitacional aún más placentero. Esa minoría -digamos, intelectual- está apoyada por un grueso de votantes (no me atrevo a designarlos como simpatizantes), en el que se combinan, -además de la convicción de que el mejor estado es el que se tiene y el deseo intuitivo de que es mejor estar arropados por una mayoría anodina que en encontrarse en un tumulto-, la comodidad, la ignorancia, el miedo y la desconfianza hacia las personas y actitudes que apoyan cualquier cambio.

Nadie crea, en su inocencia, que la derecha no tiene trabajo por hacer. Albert Rivera, que es una partícula inteligente, razonable en sus argumentos y con atractiva proyección mediática, tiene, por su parte, gran recorrido como renovador de la derecha española, hoy también sin rumbo (se verá al poco tiempo de empezada la legislatura de la que, con descaro incomprensible, algunos se han sentido tan satisfechos). Está agotada para ella la opción simple, con la que tan bien le fue, de mimetizarse con ciertos avances y logros de la socialdemocracia, asumiéndolos como suyos, para, entre bambalinas, seguir tejiendo sus hilos de Ariadna.

2. Hilos.- Casi de forma simultánea, los que tuvimos ocasión de ser testigos, gracias a los despliegues mediáticos, de la evolución de otras actitudes particulares, ya de partículas como de sus cuerdas subyacentes, vimos a Pedro Sánchez, hasta hace nada líder del Partido Socialista, presentarse ante la opinión pública como dispuesto a iniciar su peculiar marcha penitencial, recorriendo en su coche la España de chichas y nabos para hacer resurgir -dijo-la verdadera esencia del socialismo en el suelo patrio. Su actitud merece todo el respeto, tanto por el talante y el contenido, como por la sorpresa para quienes ya no tenemos lágrimas, de encontrarlo al borde de deshacerse en sollozos.

La partícula Sánchez no está, ni mucho menos, sola, sino que en su espacio metafísico (y, por supuesto, en el físico), hay miles de cuerdas vibrantes y varios millones de cuerdas calladas, dispuestas a votar potencialmente en las próximas elecciones -que tendrán lugar muy pronto- por un Gobierno que explique con menos petulancia y mucho más calor social, cuál debe ser el mejor destino para las plusvalías colectivas.

Estar de acuerdo con Sánchez no significa, sin embargo, estar dispuestos a seguir a Sánchez. El hipotético Partido Todos Junto a Sánchez (PTJS) no tiene apenas fuelle. La partícula Sánchez hubiera sido de maravillosa contemplación al microscopio demoscópico, sino fuera por la interferencia de otra partícula con mucho mayor peso mediático, Pablo Iglesias (al menos, al principio de la noche oscura de las elecciones). Si ambas fueran estrellas del firmamento visible, diríamos que Pablo tiene potencia lumínica inferior a la unidad negativa (es decir, está pasado de vueltas) y Pedro, también muy brillante, pero menos,  andaría rondando la potencia uno. Sirio frente a Betelgeuse, para entendernos.

La relevancia de las estrellas y de las constelaciones depende del momento. En esta época del año, Sirio destaca como ningún otro astro del firmamento visible. Entrada la noche, sin embargo, desaparecido Sirio bajo el horizonte, Betelgeuse recupera un espacio propio, y ya con nuestra vista acostumbrada a la nocturnidad, las constelaciones de las Pléyades o de las Hiadas -entre otras- atraen poderosamente la atención del curioso noctámbulo, por su singularidad y belleza. Pero el cosmos gira aparentemente sobre la polar, las constelaciones visibles pasan a ser otras, y las noches pueden ser neblinosas, oscuras y hasta tétricas para el espectador temeroso.

3. Ataduras.-Permaneciendo en la metáfora cuántica, si se pone la lupa del análisis sociológico en la partícula Iglesias, se descubre en ella un batiburrillo de cuerdas disonantes. Junto a los seguidores estrictos de la filosofía más detectable de la cúpula de Podemos (ahora, Unidos Podemos), que, en esencia, y sin ánimo de vulgarizarla, sino de poder entenderla mejor, sería la de generar una discontinuidad disruptiva en la Historia de España, encontramos  la amalgama de cientos de miles de partículas y cuerdas de grado inferior, en un totum revolutum, hasta alcanzar la cifra de varios millones.

Muchos son los mimbres, pero fuertes las ataduras, aunque no se distingan a simple vista, entre los votantes de Unidos Podemos. Quienes se manifiestan públicamente -la mayoría visible- son, si me perspicacia no me falla, funcionarios del Estado, -desde profesores universitarios y centros de enseñanza públicos a profesionales de la Sanidad, técnicos de las administraciones-, desempleados y amenazados por las próximas “reconversiones” de la decadente sociedad industrial, jóvenes ni-nis y jóvenes postuni-nis. Está ahí el núcleo duro de los filósofos de la viabilidad del preconizado cambio de paradigma.

Lamento mucho indicar además, porque parece que estoy dando la razón a quienes se encuentran muy distantes de mi forma de pensar, pero advierto que entre las cuerdas y partículas de Podemos son extraordinariamente visibles, junto a los que protestan con sus buenaws razones, los alborotadores profesionales y los psicópatas con tendencias agresivas, que no tienen ninguna. Estas ataduras no son nada sencillas de eliminar, y espantan al más pintado.

4. Partículas.- Repuesto Rajoy y animadas de nuevo sus cuerdas de apoyo en el poder oficial para ordenar las cuentas del Estado, la preocupación -no obsesiva, prudente- de quienes no nos sentimos identificados con el espacio de acción pública del conservadurismo, debiera ser la reconstrucción de un orden finalista con las cuerdas más sólidas del descontento, conformando una mayoría de cambio, pragmática, creíble y realizable, agrupándolas en torno a partículas de gran competencia y experiencia y un guión con empuje social.

No se consiguió en 2016, pero debe conseguirse, y a la primera de cambio. Por eso, el momento tiene un gran atractivo, porque configura una situación novedosa. El camino hacia la mayor igualdad en las prestaciones sociales, en hacer pagar más -de verdad- a los que más tienen, en defender la viabilidad de iniciativas que favorezcan a los más necesitados, desenmascarar las trampas del liberalismo, extremar la vigilancia para que los talentos no se pierdan pero el capital no los absorba y monopolice, etc., tiene largo recorrido.

Me apetecería decir lo contrario, porque Pedro Sánchez ha adquirido en estos meses un bagaje de expresividad y experiencia del que carecía, pero sin escaño y aspecto de escaldado, no tiene opciones reales para reconstruir las fuerzas de la izquierda socialista. Tiene demasiados enemigos y afectos al abrazo del oso dentro del PSOE -y fuera de él- y, después de un período de reflexión, encarado con el duro frío de la estepa ideológica para un solitario, abandonará su periplo y, como otros, escribirá sus memorias. Le han precedido en esa señal de la fe derrotada otros insignes líderes frustrados.

Entre tanto se organizan las huestes derrotadas – que otros analicen si fue por no haber sabido reunir fuerzas, por retirarse a destiempo, por atacar en sitio equivocado y haber desviado la atención hacia las cuerdas sin poner en valor a las partículas-, me siento, cómodamente, a esperar que el tiempo cambie.

Está todo muy seco, y necesitamos como comer que llueva pronto en este campo.


P.S. Los flamencos, como otras aves migratorias (garzas, ánades, etc.) vuelan aparentemente dirigidos por un cabecilla, al que las demás de su grupo, siguen ordenadamente, formando una o varias uves, muy vistosas desde tierra. La observación atenta ha detectado, sin embargo, que los líderes cambian de cuando en cuando, aunque el objetivo conjunto de llegar al destino previsto, permanece. Cuando la que encabeza desfallece, se retira a la cola para descansar, y el instinto de otra la impulsa al lugar vacante, dispuesta a romper el aire de la marcha, que demanda un mayor esfuerzo que hacer de séquito, si bien todas parecen saber o intuir a dónde van.

Hay algunos momentos, en que el grupo parece sufrir la amenaza que lo llevaría a descomponerse en varios. Se incorporan otros migrantes, y se precisa una reconstrucción de fuerzas dirigentes, puede que también de objetivos. ¿A Fuente de Piedra, Santa Pola, Doñana, …?  Se forma en las alturas un aparente guirigay. No tardan los expedicionarios, sin embargo, en volver a encontrar su posición ideal: alguien que dirige, más fuerte o más osado, dispuesto incluso -quién sabe por qué razones misteriosas- hasta inmolarse en el empeño. Y los demás, siguiéndolo. No ciegos, sueltos. Qué cosas, qué aves.

La foto, correspondiente a la migración de flamencos rosas de paso por Navarra, fue tomada en octubre de 2016. Hay más historias, para otros momentos.

 

 

 

 

Impulsos migratorios

estorninos-bandada estorninos-cardumen

Será avanzada la tarde cuando el Gobierno en funciones de Mariano Rajoy, que se ha prolongado durante más de 300 días, adquiera carácter de estable naturaleza. Lo será, en principio, para los próximos cuatro años, que es lo que la Constitución prevé que dure una legislatura completa.

No hay indicios de que el renovado en su cargo, pero impávido presidente, sustituya más allá de un par de ministros de quienes aún conservan, si bien vacías de contenidos, sus carteras. Incluso, si me aventuro a leer las primeras líneas del manual que sustenta los principios de quien ha conseguido, contra cualquier pronóstico sensible, mantenerse en el poder político, supongo que su intención real sería no mover a ninguno. Aparentar continuidad, ofrecer resistencia a todo cambio, seguir haciendo lo mismo, aunque sin hacer ascos a afirmar, si se le presiona, que tiene la voluntad de hacer algo distinto.

El potingue de continuismo será explicado cada viernes, con la labia grandilocuente de Sáenz de Santamaría, que seguirá dando clases de liberalismo económico para inocentes, utilizando como forzados intermediarios a los periodistas a quienes su profesión obliga a trasladar al pueblo llano las decisiones de los gobiernos.

Mientras los conservadores y retrasadores lo celebran, se habrá consumado un acto más de la escisión del PSOE. Se romperá, y no tanto por la razonable expulsión de los diputados que no se atendrán -escribo en la mañana del 29 de octubre- al mandato de abstenerse en bloque, emitido por la Comisión Gestora, del Comité General y muchas voces de militantes, todos ellos reclamando la imposible unidad. La escisión tendrá raíces más hondas, sociológicas, pragmáticas, menos visibles y, por ello, más terribles. No es lógico que el partido socialista prescinda de algunos diputados indisciplinados en la votación de investidura, enviándolos con la espada flamígera, al grupo mixto, con el efecto doble de perder las ventajas -económicas y estratégicas- de ser el primer partido de la oposición y consolidar exteriormente la ruptura.

No. El tema no va por ahí, por una decena de diputados más o menos. Es mucho más grave. Se trata de entender primero y transmitir después, cuáles son los objetivos migratorios de un partido descabezado y desnortado.

No será posible mantener a machamartillo la postura de manifestarse contrario a cualquier decisión del Gobierno, y para negociar pactos puntuales hay que tener las ideas claras y saber transmitirlas, no ya a los que tienen ahora nuevamente el mango de la sartén del poder, sino a la ciudadanía, y más en particular, a los antiguos votantes, los desaparecidos en la batalla de la confusión ideológica de las últimas elecciones, en las que todos pudimos ver al partido, en secuencia dramática, abrazarse a Ciudadanos, descolgarse de cuanto olía a PP, enzarzarse a porrazo limpio con Podemos, para disputarse el colmenar de la izquierda clásica, y declararse vencido ante la realidad de no encontrar aliados fiables y suficientes para gobernar solo o en compañía de otros.

No me hagan caso, señores dirigentes socialistas, si no quieren, pero me parece fundamental acercarse a aquellos votantes de Unidos Podemos que, con su repulsa a las posiciones socialdemócratas, han venido a soportar la expresión de un descontento destructivo, o, por lo menos, revolucionario contra las instituciones y el propio Parlamento. Al actual partido de Iglesias le espera una escisión aún mayor que la que se barrunta en el PSOE, y no es de extrañar que se forme una nueva oferta, superando los límites de la socialdemocracia agotada, para encandilar a los votantes en la que, si todo sucede como es de vaticinar, serán las nuevas elecciones dentro de un año, más  o menos.

Mucha labor por delante, para el Gobierno y para los líderes de los partidos. Cruzo mis dedos para que la economía occidental mejore algo, y podamos recoger las migajas caídas de la mesa, para poder vivir el señuelo de una recuperación desde el capitalismo liberal pasado por las aguas de una débil oposición. Y me acuerdo, cómo no, de Keynes, del que siempre se puede encontrar una frase al pelo: “la avaricia es un vicio, la práctica de la usura es un delito, y el amor al dinero es detestable…Debemos una vez más valorar los fines por encima de los medios y preferir lo que es bueno a lo que es útil” (1945-1946). La cita la tomo del libro de Zygmunt Bauman, “¿La riqueza de unos pocos nos beneficia a todos?”.

La respuesta de Bauman, como la de cualquiera que conozca la economía real, es “No.” Ténganlo presente los aspirantes a líderes de conducirnos a alguna parte más tranquila.


P.S. Mi foto para este Comentario corresponde a una migración de estorninos. Miles de aves forman como un cardumen celeste, moviéndose de un lado para otro en sincronía prácticamente perfecta. No puedo entender cómo no chocan algunos entre sí, qué les hace intuir los movimientos de los que vuelan al lado. Cierto, también me sorprende la manera compacta en que ruedan los ciclistas en pelotón, aunque alguna vez les he visto caerse, al atravesarse en la carrera un necio aficionado, o encontrar un obstáculo imprevisto.

Esta bandada de estorninos surcaba, impecable, los cielos de la laguna de Pinillas, en Navarra. De pronto, se posaron en tropel sobre el camino que tenía ante mí, en donde había unos cuantos charcos de agua. Me temblaba la mano, de solo pensar en la fotografía que podía hacer, pero cuando me lancé hacia el coche, en el que acababa de guardar la cámara, levantaron el vuelo y tornaron a dar vueltas sobre mi cabeza, en círculos cada vez más amplios, sin volver a posarse en el buen rato que permanecí observándolos.

Asnos y burras ejemplares

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Las acémilas han sido siempre los animales preferidos a la hora de elegir protagonistas de cuentos con propósitos ejemplificadores. Aunque algunas especies del grupo han perdido población en ciertos países -pienso justamente en asnos y burras-, otras, incluso, han demostrado su adaptabilidad: los caballos, hasta hace poco, utilizados en la guerra -y hasta dieron su nombre a una de las armas de los Ejércitos,  la Caballería- , son muy apreciados como signo de distinción de clase. Saber montar a caballo es algo parecido a tener un máster en Historia del Arte.

Del amplio elenco de opciones de burros consagrados, me detengo hoy en dos. La burra de Balaam y el asno de Buridan. No es la primera vez que recurro a su ejemplo. La burra de Balaam, incorporada a las Sagradas Escrituras, se detuvo al ver a un ángel que les interceptaba el paso. Azotada por su amo, le recriminó, con sabias palabras (la gracia divina le permitió expresarse), el castigo y le advirtió del peligro que suponía seguir adelante.

El asno de Buridan, tuvo una existencia aún más problemática, pues resulta ser un invento del filósofo para ilustrar sobre la necesidad de no perder el tiempo reflexionando sobre la prioridad que debe darse a dos opciones semejantes. El asno de su historieta, encontrándose hambriento y sediento, a pesar de haber sido puestos a su disposición un cubo con agua y un montón de heno, falleció al ser incapaz de decidirse si beber o comer primero.

He encontrado a lo largo de mi vida aplicación para ambos cuentos asnales. Hay momentos en que no somos capaces de ver el peligro de continuar haciendo lo mismo, empecinados en el error, y solo nos salvará de la debacle un hecho fortuito, asimilable a una intervención celestial inexplicable. Otras veces, las opciones previas que se nos presentan son tan similares (aunque incompatibles) que demoramos tomar una decisión más importante, con riesgo de perder la oportunidad de ejecutarla; siendo más claro, nos detenemos obsesivamente en lo que no es sustancial, sin comprender que debemos seguir adelante, pasando por encima del obstáculo, hacia una meta mayor.

No me resulta difícil encajar estas historias de burros con la situación que le ha tocado vivir al PSOE en estos momentos de la Historia de España. Me atrevo incluso a aventurar, con cierto respeto, que el papel de burra de Balaam lo ha representado Pablo Igleasias, junior (líder, por el momento de Podemos), con su oferta para apoyar a Pedro Sánchez, mientras éste se encontraba de cháchara con el Rey Felipe VI, autopostulándose como vicepresidente de Gobierno, haciendo de paso trizas la coalición que el líder del PSOE había pactado con Albert Rivera, de C`s, que debería conducirnos a la Tierra Prometida.

Pero aún mejor aplicación encuentro al asno de Buridan, con éste empeño de Javier Fernández, presidente de la gestora de circunstancias del PSOE a lo que condujo el “no es no” de Sánchez y los suyos (me remito a nueva lectura del ejemplo de la burra de Balaam, con estos mimbres), en que se vaya en bloque de su bancada de diputados a abstenerse en la votadura de Rajoy como Presidente de Gobierno, propósito de cumplimiento imposible. ¿No sería óptimo, beber lo mínimo -once diputados abstenidos- y comer de la coherencia con los demás- oponerse en bloque a la investidura? No encuentro mejor disciplina de voto ni mayor coherencia ideológico-doctrinal que esa propuesta, que, por lo demás, y sin que yo sea un clarividente en cosas de la política, apoyé desde hace meses.


P.S. La foto que hoy incluyo en mi Comentario es la de una pareja de buitres leonados, a punto de aterrizar en su atalaya, en donde les esperan varios congéneres. Los buitres son aves carroñeras y, por nuestras  tierras, en donde no existen grandes carnívoros que abandonen las carcasas casi mondas de sus presas en la sabana después de haber saciado su hambre,  tenían como alimento sustancial los desgraciados ejemplares de ganado que pastaban libres y que, en un mal paso,  se despeñaban, junto a las que habían sido presa de lobos o de su muerte natural y, también, de aquellas nodrizas o sus crías que morían de malparto.

La escasez de piezas en descomposición natural está animando a que, en los lugares en donde están protegidos, se les pongan a disposición vísceras y cadáveres que les sirvan de sustento.

La colonia a la que pertenece la pareja que fotografíé hace un par de días está ubicada en el Parque Natrural de las Bárdenas Reales, en Navarra. en cuya región tienen censados algunos miles. Supongo que, por lo que apunté más arriba, en gran medida, son alimentados por piezas de desecho colocadas a su disposición por el hombre.

El gran depredador humano ha convertido a estos y a otros animales, antes salvajes, al cambiar sus propios hábitos, en sostenidos. Son, por así decirlo, huéspedes supervivientes de nuestro pasado agropecuario, rehenes de nuestra obsesión por ocupar la Tierra, dejando en ella nuestra huella devastadora.

Javier Fernández y la abstención técnica del PSOE

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Javier Fernández, presidente del Principado de Asturias desde mayo de 2012 y de la gestora del PSOE desde hace un par de días, está acostumbrado a lidiar en plazas difíciles. Como es conocido (al menos, para quienes seguimos con interés la política de la región norteña) fue investido por segunda vez como presidente en 2015 con los votos de su partido y los de los cinco diputados de Izquierda Unida (grupo que también lo apoyara en la anterior legislatura; en esta, tanto Podemos como Ciudadanos se abstuvieron.

Me unen a Javier Fernández bastantes cosas. Las más evidentes son que ambos hemos nacido el mismo año (me dice mi mujer que él “se conserva” mejor que yo), y que somos ingenieros de minas. Tenemos varias vivencias comunes, algunas soterradas por la distancia posterior (la geográfica) y, tal vez, por la prudencia que es atributo de las personas que no desean molestar ni llamar la atención al otro salvo en caso necesario. Cuando hace dos años el Colegio de Ingenieros de Minas quiso nombrarle ingeniero del año, lo que se había acordado por unanimidad de la Junta, declinó, expresando algo así que “otros lo merecían mejor”.

Ideológicamente, me encuentro cómodo con lo esencial de los argumentos que le escuché, en esta ocasión y también en otras. Lo he percibido siempre sensato, serio, coherente y, como rareza en esta polis, con esfuerzo logrado en manifestarse técnicamente solvente, enterado. No hará falta precisar que yo no milito ni milité en el PSOE (ni en ningún otro partido político), aunque esta reluctancia no me ha impedido -al contrario- defender causas socialdemócratas- Libertad de acción que me permitió apoyar, cuando me parecieron sensatas, razones liberales esgrimidas por personas dialogantes. Incluso, pasé algunas semanas mirando con simpatía los debates del 15 M y admirándome con los impulsos iniciales de Podemos, antes de que su líder cayera en el despotismo ilustrado y la grey se convirtiera en un guirigay .

Cuando ayer escuchaba a Javier Fernández en la Sexta, y hoy releo El País sus ideas respecto a lo que debiera ser un partido socialista renovado, capaz de mirar a izquierda y derecha sin dogmatismos, con pragmatismo y vocación de servir a la mayoría, me siento identificado, como estoy seguro que lo hacen o harían muchos españoles, que quieren paz y sensatez donde otros solo ven, a la menor, estupenda ocasión para emprenderlo a bofetadas.

El espectáculo público lamentable ofrecido por los miembros del Comité federal del PSOE debe ser rápidamente sepultado con inmensas dosis de sensatez y cordialidad, que reconstruyan las discrepancias donde deben estar, en la discusión de propuestas programáticas. Cuando advertí la deriva que tomaban las argumentos de Pedro Sánchez, empecinado en marcar territorio frente a Rajoy y el PP, pero sin fuerza para conformar un gobierno del cambio después de la injustificable posición de Podemos que, sin rumbo ideológico, le negó la abstención de su bancada, propuse, desde mi modesta atalaya, que al PSOE solo le quedaba abstenerse (eso sí, solo con el mínimo de diputados que permitieran la investidura del líder del PP) y perfeccionar, desde la calma, su estrategia de control implacable y de captación de votos perdidos.

Tiene toda la razón Javier Fernández al proclamar que la abstención es producto de la táctica, y no una decisión política. Solo queda esperar que la Gestora, el Comité federal, los militantes del PSOE y, sobre todo, los votantes (los que lo fueron y los que abandonaron el apoyo), lo entiendan así.

Y, qué caramba, ya era hora de que un ingeniero alcanzara, en estos tiempos de palabrería y falsificación, el máximo poder en un partido con vocación de Gobierno, aunque sea en sus horas bajas (las del PSOE, obviamente, no las de Javier, que está en alza merecida). Basta leer la entrevista a la que me referí más arriba, para entender que su lenguaje y, sobre todo, su forma de expresión para comentar sus propuestas de acción, prudente pero firme, escueta pero contundente, permite detectar inequívocamente un orden de preferencia central a las ideas respecto al ropaje de las palabras.

Yo, lo he visto así, y así lo comento.

P.S.

Incluyo aquí la fotografía de un arrendajo, volando. Ya en otra ocasión completé un comentario con la instantánea de este ave, aunque en reposo. En Asturias, se les llama glayus, es decir, gallos. Decimos de alguien, para alabarlo, y resaltar que está dando lo mejor de sí, que sobresale, que ye un gallu, oséase, un glayu.

También hay que tener en cuenta que los arrendajos son córvidos, de plumaje vistoso (algunas plumas se utilizaban para adornar los sombreros), pero muy reservados. A finales de verano y comienzo de otoño, se acercan, en las madrugadas o en los atardeceres, a las pomaradas para picotear los frutos maduros. Si atisban peligro, rápidamente se vuelven a emboscar, lanzando un estridente graznido, grito que, cuando se realiza un paseo por el bosque asturiano, suele escucharse, viniendo de la espesura, y que sirve de aviso para otros animales.

Las bazas de Mariano Rajoy

Mariano Rajoy, todavía Presidente en funciones del Gobierno de España, es, sin duda, la persona más cualificada para dirigir el país en este momento. Nadie como él atesora experiencia acerca de cómo funcionan las cosas por aquí.

Es cierto que no “ganó las elecciones”, ni las de diciembre de 2015 ni las de junio de 2016, porque, aunque el Partido Popular fue la opción más votada, lo fue por una minoría del total de votantes. No cabe decir, pues, que “el pueblo ha expresado su voluntad de que gobierne el PP”, ni otras retóricas, y falsarias, expresiones con las que los representantes más conspicuos de la derecha española defienden su presunto derecho a seguir gobernando.

Pero la capacitación de Mariano Rajoy que defiendo en este Comentario proviene de su abrumador currículum. Registrador de la Propiedad al año siguiente de terminar la licenciatura de Derecho, concejal del Ayuntamiento de Pontevedra, Presidente de la Diputación de la Provincia homónima, diputado durante décadas, ministro de Educación y Cultura, de Administraciones Públicas, de Interior, de la Presidencia, vicepresidente Primero y Presidente de Gobierno él mismo…¿Quién podrá alardear de una experiencia similar? Nadie.

Nadie como él ha de conocer las triquiñuelas que se vienen realizando desde tiempo inmemorial para compensar, en los discretos despachos anexos al principal, las diferencias entre el precio declarado en las escrituras públicas y el concertado entre comprador y vendedor de inmuebles; siendo Pontevedra lugar de asentamiento clásico de los grandes traficantes de droga de España y de Europa, en donde suntuosas mansiones, barcos de recreo, lugares de placer y lenocinio, han proclamado, sin rubor, durante decenas, el origen misterioso y con seguridad, ilícito, de los dineros con las que se adquirieron tales bienes, no es ajeno, sin duda, al conocimiento de tales maniobras (de las que, por supuesto, siempre se mantuvo al margen).

Rajoy estuvo en los entresijos del derrocamiento a Sadam Husein, -cuya figura alcanza, por cierto, con el tiempo, dimensiones propias de la veneración santificada-, y estar apoyando a José María Aznar en la difícil decisión adoptada, junto a Bush jr, Barroso y Blair, tuvo que darle amplios conocimientos acerca de cómo se mueven los designios del gran capital norteamericano, que han de estar conservados en algún lugar de su prodigioso cerebro.

Como Ministro de Educación, y Ciencia, que fue, y harto brillante (como se puede comprobar en las hemerotecas, propulsor de los nuevos Planes de Formación Profesional) nadie mejor para saber cómo impulsar, de una vez, la pureza de la Universidad española, la regulación del acceso transparente a las cátedras y títulos, la elevación del decaído prestigio de las carreras y profesiones, o la orientación acerca de los puestos de trabajo que se crearán en las ya no tan nuevas, tecnologías, incluidas, claro, las ambientales.

No admito que nadie se jacte de conocer mejor las administraciones públicas -salvando, quizá, al desaparecido en la batalla Francisco (Paco) Sosa, que propugnó una reforma imposible-, porque él fue quien firmó la LOFAGE en 1997,  y, por supuesto, ningún antecesor ni subordinado ha igualado su prestigio como Ministro de Interior, con sus éxitos para doblegar a ETA al aprisco de la deposición de las armas y su Ley de Extranjería, que tanto ha significado para la cobertura de puestos laborales que los españoles despreciaban.

Como Presidente, su ilusión y empuje por impulsar nuevos proyectos empresariales, en negociación continua con los mejores empresarios de este país, además de ponerle en delicado pero efectivo conocimiento de las relaciones subterráneas entre el gran capital y los partidos políticos (si no lo había adquirido antes), ha significado la generación de millones de puestos infra-mileuristas, y el crecimiento de los negocios de algunos grupos empresariales en el extranjero, lo que ha mejorado sus resultados, por supuesto, aunque, desgraciadamente, ha significado la reducción de su capacidad de empleo en España.

No tiene, pues, necesidad de suscribirlo alguien de tanto prestigio pasado como Felipe González. Mariano Rajoy debe gobernar. Y debe hacerlo en solitario, contra todos. Quizá con apoyos puntuales de Ciudadanos, del PSOE, incluso de Unidos Podemos que, como recordamos bien, en el curso de las negociaciones para estudiar la posibilidad de coaliciones de gobierno más aventureras, negó su apoyo -cuando eran solo la mitad de la denominación, aunque más numerosos en simpatizantes.

Nos esperan, por supuesto, tiempos muy difíciles. Pero entretenidos. Mariano Rajoy, con su visión escénica del Estado español, con su conocimiento profundo de la Administración Pública y de las capacidades de iniciativa privadas, nos lo garantiza.

Ah, y que vaya enseñando a los nuevos -esos “chicos” voluntariosos, pero inexpertos aún, llamados Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Albert Rivera, Alberto Garzón,…cómo se corta el bacalao. Sugiero que los nombre ministros por turnos, y que cuente, en esa hipotética Escuela de Otoño- con la asesoría inapreciable (en el sentido de, gigantesca) de Felipe González, José Luis Rodríguez Zapatero y José María Aznar; para no ampliar más la nómina de expertos en la política real. Sobre la economía real, habría otro curso, más avanzado, para los que aprobaran el primero.

Sin método

Por las encuestas de opinión que se publican con frenética dedicación, mis conciudadanos siguen teniendo claro a quién votar el 26 de junio, en la repetición de las Elecciones Generales a que obligó no haberse conseguido acuerdo para elegir presidente de Gobierno.

Eliminada por confusión con Podemos, el vuelo distorsionador de abejorro ideológico que significaba Izquierda Unida, las cuatro opciones de que dispondrán, en esencia, los votantes, repartirán las preferencias de forma tan equilibrada que ninguna de ellas conseguirá la mayoría suficiente para gobernar en solitario…y puede que la única coalición que permitiría un gobierno estable obligaría a que dos opciones incompatibles – PP y Unidos Podemos- se pusieran de acuerdo contra natura.

El debate televisivo del 13 de junio de 2016, en el que los cuatro cabezas de lista han debatido en faena de aliño sobre cuestiones bastante marginales, no ha venido a aclarar en absoluto el panorama. Más grave aún que los programas de cada partido o coalición permanezcan desdibujados, es que si, después de las elecciones, los partidos alcanzan algún pacto de gobierno o de investidura, éste se hará a espaldas, es decir, sin previo conocimiento de la ciudadanía, porque todos  parecen esgrimir posturas inconciliables, salvo Ciudadanos respecto al PSOE (opción de coalición que, por estrategia que no entiendo muy bien, el PSOE no corresponde con la misma elegancia).

Y el tema es importante, porque, por falta de la necesaria concreción, las posiciones de fondo (en algún caso, intuidas) de las cuatro opciones no son tan diferentes. Asunto curioso, en realidad: al no profundizar en las soluciones, las ideologías alcanzan una dramática transversalidad, tienden a parecerse, y nos fijamos más en el talante y carácter mediático de los líderes, que en lo que nos dicen.

Empiezo por constatar la primera grave ausencia: ninguno de los partidos ha sido capaz de concretar cómo se va a conseguir, de verdad, y no por puro voluntarismo, la consolidación del estado de bienestar.

No es tarea sencilla y, en mi opinión ni siquiera lo veo posible sin un sólido esfuerzo conjunto y, si se me permite la expresión simple, sin que nuestros políticos, refrendados por el poder de las urnas, sean capaces de ponerse el mundo por montera, sacando pecho y argumentos sin que les tiemblen las pestañas. Porque la incorporación de las tecnologías de informática, robótica, comunicaciones, etc., seguirá provocando, en un país con nuestro déficit tecnológico, inmensas bolsas de paro estructural, que necesitarán de crecientes ayudas sociales, para sostener, hasta donde sea posible, el edificio ya muy dañado del estado de bienestar del que hemos venido disfrutando.

El Partido Popular trampea la solución indicando que, de seguirse con el ritmo del crecimiento del pib del último año, se generarán, en cuatro años, dos millones de puestos de trabajo. No indica, claro, qué tipo de ocupaciones y en qué sectores. La reiterada afirmación de que, si se generan estos trabajos, se recuperarán tanto las cuentas de la Seguridad Social como la bonanza económica, resulta ser un puro wishful thinking (pensar como querer), que, me temo, solo pretende adormecer los espíritus sin información de lo que se está cociendo en el mundo, al menos, hasta que la realidad los haga despertar de golpe contra la losa.

La coalición Unidos Podemos no se detiene tanto en la creación de empleo -que también le gusta-como en la mágica redistribución de la riqueza, aumentando la presión fiscal a las clases altas y medias y a las empresas, y, en lo referente a la dinámica económica, creando empleos en no se qué sectores, de donde surgirán consumidores nuevos, confiando en que se produzca algún milagro socioeconómico que no se ha conseguido explicar, o, en mi torpeza agnóstica, yo no alcanzo a detectar.

Así que, el impulso mágico al consumo provocado por nuevos millones de trabajadores, surgidos de la chistera de la reactivación de la economía interna, lo enmarco, por las mismas, en el mismo espacio celestial en el que sus seguidores encontrarán, a los devotos de la economía del mercado que hayan votado al PP.

Más me gusta, desde luego, porque al menos lo percibo como una trabada opción académica en la que adivino la mano docta de los asesores de Rivera (Ciudadanos), la opción de mejorar la educación en todos los niveles, tomando como modelo a seguir los países del norte de Europa. Acompañada de otras medidas de menor alcance, y, por supuesto, asumibles por cualquier política decente -más inspección fiscal, eliminar el despilfarro reduciendo gastos superfluos, implacabilidad con la corrupción. etc.-, la medida, con resultados a medio plazo -si se consiguiera alcanzar esa revolución académica, a la que tanta resistencia vaticino-, es imprescindible.  No hay nada -o muy poco- en el programa sobre la deseable reactivación económica, y no estaría de más, en un partido que quiere ser pragmático, advertir de la extrema dificultad en mantener y aún menos, revitalizar, en un país intermedio y descabezado como el nuestro, la economía productiva.

Y dejo para el final el PSOE, ese resto de la socialdemocracia que produce pesadumbre y lástima, mirado desde la perspectiva de los que le hemos visto tomar cuerpo y quemar sus alas como Icaro, en caída libre, a pesar de la parsimonia dialéctica de Pedro Sánchez. El argumento central de lo que queda ideológicamente de este partido es que ha llegado la hora de cambiar el rumbo del PP o, al menos, de retirar a Rajoy. Los argumentos son una mezcla de alegación al final de ciclo, incompetencia, mayores dosis de corrupción detectada y falsedad en los datos de la recuperación económica. Si no hay más que contar, apaga y vámonos.

En fin, me hubiera gustado que se nos diese a los españoles, por única vez, la opción de votar a dos partidos a la vez. Ya que los partidos no están dispuestos a pactar antes del día de las elecciones, al menos, que se nos dejare a la mayoría sufrida y silenciosa, la posibilidad de indicar qué dos partidos deseamos que nos gobiernen durante la próxima legislatura.

Que deberían ser aquellos que tengan más claro que les esperan, que nos esperan a todos, años extremadamente difíciles, en los que no valdrán cuentos ni buenos deseos. Necesitamos gentes excepcionalmente capaces, muy inteligentes, bien conectadas con el exterior -conocedores de, al menos, tres o cuatro idiomas extranjeros- y creíbles ante los agentes sociales del interior, honestas sin resquicios, versátiles, con capacidad para aguantar y juego de cintura para esquivar.

En figurado: piel de saurio, estómago de dromedario, instinto de elefante, corazón de perro siberiano,  manos de tigre, vista de águila y resistencia de caballo de carreras.

No veo estas cualidades en ninguno de los candidatos. Que se me perdone mi debilidad para no reconocer, en tiempos de crisis, oportunidad para las opciones ideológicas. Por eso, agradecería que se formara una coalición de gobierno cuanto más extensa, mejor. Así aprenderían los políticos, como hacemos, por la cuenta que nos tiene, los empresarios y los profesionales, a sacar el máximo partido de las capacidades disponibles.