Prioridades

Si los postulantes a convertirse en el secretario general del PSOE que perderá las próximas elecciones (Díaz, Sánchez y López) han creído que el tema de debate que interesaba a sus posibles votantes era saber quién tenía mejor carisma entre los actuales militantes del deshecho partido, se equivocaron.

No está la cuestión en dilucidar quién será capaz de arrancar los aplausos más enfebrecidos en los mítines que se celebren hasta el domingo 21 de mayo, fecha que marcará el punto de escisión en, al menos, dos facciones, del partido, hasta ahora, más añejo de nuestro maltrecho país.

Para los que analizamos -más o menos-, desde la independencia y el pragmatismo, qué agrupación política será más capaz que otras -sola o en coalición- para impulsarnos colectivamente hacia delante, no nos importan los nombres del cabeza de lista , sino los programas de actuación en los que nos tenemos que involucrar todos. Esto es, las prioridades.

Puede que los independientes y pragmáticos de España seamos un grupo reducido. No hay forma de contabilizarnos.

No somos los mismos que asistimos a partidos de fútbol para entusiasmarnos, o sufrir una decepción, según el resultado del equipo con cuyos colores hemos dejado crecer una identificación que podría analizarse incluso desde las patologías infantiles.

Tampoco somos quienes están persuadidos, con una obsesión que puede bascular entre lo ignorante y lo enfermizo, de que las decisiones económicas o son blanco o son negro. La experiencia reciente ha puesto de manifiesto las burbujas explosivas que se favorecen con la libre circulación de capitales y dejando que la iniciativa e intereses privados se adueñen de la economía. Pero, sensu contrario, tampoco creo que las continuas protestas reivindicativas, el desprecio hacia todos los emprendimientos, el empecinamiento en exprimir la solvencia de los propietarios o la difusión perniciosa de la idea de que todos somos iguales sin distinguir entre actitudes y capacidades,  tengan detrás a un mago con varita y equipo mágicos que nos vayan a solucionar los problemas de la crisis, del paro, los brotes secesionistas o la ruptura del estado social.

Ser independiente y pragmático tiene sus servidumbres, pero, en compensación, presenta notables ventajas para la tranquilidad del espíritu. No nos mueve del asiento si un candidato es más simpático, o tiene mejor vocabulario, o ha nacido cerca de nuestro pueblo. No nos importa que esté o haya estado dispuesto a asociar su coalición con otro partido del espectro político democrático, siempre que nos lo haya explicado desde la perspectiva de lo que es mejor, en ese momento y circunstancia. Ni siquiera nos importa si le están apoyando o no, personas con una determinada trayectoria anterior.

Nos importa saber cuáles son sus prioridades, y lo que van a hacer y proponer hacer, él y su equipo, para resolver los puntos de conflicto económico y social. Si no  son capaces de presentárnoslas, si les preocupan cuestiones internas de sus partidos o facciones, los independientes y pragmáticos nos quedaremos en casa cuando nos llamen a votar, o lo haremos en blanco.

Porque no debemos olvidar que el país se encuentra en una situación concreta, administrada de una manera determinada. Nos puede parecer muy mejorable, estaremos convencidos de que la corrupción es un desastre ético impresentable en una sociedad democrática, que el paro actual es infumable, que faltan medidas activas para corregirlo, que la enseñanza deficiente, que el proyecto europeo precisa una redefinición y un nuevo empuje, o que el proyecto secesionista del actual gobierno catalán exige claridad, diálogo y convicciones, no amenazas…

Los independientes y pragmáticos tenemos bien detectadas las carencias del actual gobierno. También, sus virtudes, porque no nos guiamos por apriorismos, ciegos axiomas, ni pactismos de oportunidad. Por eso, no vamos a impresionarnos por las exhibiciones de tiros al aire, al pie o a la cabeza de un contrincante, sea desde la izquierda o desde la derecha.

A mi, en particular, no me importa quién gobierne, y si cómo lo hace, siempre que (lo he escrito muchas veces) estemos seguros de avanzar hacia el progreso, disminuyendo las desigualdades y garantizando que a nadie le falte trabajo y medios para cumplir con su objetivo vital personal.

El Partido Popular, con Mariano Rajoy a la cabeza, lo está haciendo, en mi opinión, bastante mal. Oculta información, utiliza recursos del Estado para aumentar su influencia, despilfarra otros, le falta capacidad de convicción y credibilidad.

Pero la oposición, ya sea de Podemos, como del PSOE dividido, les está mejorando la calificación, con sus incongruencias, la emisión de mensajes trapaceros con destino a la galería y una exhibición permanente de sus ignorancias de cómo se cuecen las habas por el mundo. Que algunos somos muy mayores, vaya, para conmovernos con frases de manuales revisionistas o revolucionarios.

Prioridades, y a trabajar en ello, compañeros.


Me gusta traer aquí estas fotos de una bandada de avutardas hembras. Están estas aves majestuosas, de las que en España tenemos una de las mayores colonias de Europa, en celo. Son asustadizas y, cuando levantan el vuelo -pesado como el de las águilas, con un aletear audible en la distancia- ofrecen un espectáculo difícil de olvidar.

En Marche, l´Espagne!

A pocas fechas de consumación del penúltimo acto de la debacle socialista -me refiero a la posición ideológica ocupada, hasta ahora, por el PSOE-, no me parece descabellado mirar hacia la vecina Francia y, sin necesidad de acudir a la repetición de los argumentos ya ampliamente expuestos por quienes defendieron o abominaron del apoyo desde las trincheras de la izquierda al Cid Campeador Emmanuel Macron, poner de manifiesto ciertos aspectos de nuestra circunstancia política.

Primero. No tenemos, benditos sean los dioses de esta aldea, ningún Frente Nacional, ya caídos todos sus representantes más genuinos en la catarsis ideológica post-franquista. Las insinuaciones, por parte de quienes desean construir un catecismo desde el populismo ramplón, de que nos encontramos en una “excepción democrática”, no pueden ser compartidas en absoluto por quienes estamos viajados, conocemos mundo, y sabemos mirar sin anteojos al fondo del argumentario de los que quieren arrebatarnos santos y peanas sin más apoyo que su ardiente palabrería.

Segundo. El gobierno de Mariano Rajoy tendrá muchos defectos, pero no carece de puntos de solidez que, a falta de alternativas, se han convertido en nuestros mejores puntos de apoyo colectivos. Lo están demostrando las preferencias en las encuestas y lo consolidan, pese a quien pese, las discusiones vacías en el Parlamento y las exuberancias verbales y la repercusión, cada vez más débil, de las movilizaciones callejeras a favor de pedir y no comprometerse.

Tercero. Encuentro analogías entre Macron y Rivera (Albert), salvo que el cartucho de Ciudadanos ya está quemado o se mojó. Lo quemaron o mojaron todas las demás fuerzas, vientos y vientecillos políticos. Cuando el hoy postulante a dirigir el PSOE de las facciones, Sánchez (Pedro) firmó un acuerdo de mínimos con Rivera, en la ilusa aspiración de que se abstuviera el PP de Rajoy, lo quemaron los que desconfían de cualquier representación de la derecha en la que no militen las viejas familias. Cuando el veleidoso Iglesias (Pablo junior) se salió por peteneras auto-nombrándose vicepresidente en su propuesta pública, estando el entonces Secretario General del PSOE presentando aún al Jefe de Estado su intención de postularse para Jefe de Gobierno, la antorcha incendiaria la enarboló aquél.

Cuarto. Lo mejor del Partido Socialista Español  (tengo reparos en ponerle la O) en estos tiempos de desorientación opositora, para este modesto observador, ha sido su gestora y, dentro de ella, Javier Fernández. Estuvo serio, firme pero también conciliador, comprometido con una historia común y árbitro impecable con las estridencias y desafueros de sus colegas de partido. Se dice de él que es mejor gestor que parlamentario, aunque esas voces provienen de quienes menos lo conocen, y pretenden, al juzgarlo así, menospreciar su carrera política. Hubiera sido, para recomponer su partido, la mejor opción. Patxi López, a su lado, parece un imitador.

Quinto. En este momento, y lo digo desde el pragmatismo, “No, tiene que adaptarse a ser, según los casos, Sí, Ya Veremos, o Mejor acepta tú mi propuesta”. Aconsejo, a quienes tengan dudas del camino a tomar, que escuchen con atención la grabación de los esperpénticos comentarios que el profesor Verstrynge, ciudadano de doble nacionalidad española y francesa -quien incluso apeló a su pasado fascista para defender su actual conocimiento de la situación-, por los que defendía que habría que abstenerse de votar a Macron.

Sexto. No estamos en situación de emergencia nacional (al menos, no todavía y, para mi tranquilidad, no veo atisbos de que arribemos a tal situación), pero me gusta adoptar el lema del flamante Presidente de la República Francesa, como llamada de agrupamiento a quienes no saben qué camino tomar. “¡Adelante, España!”, “¡Ante todo, España!”. Es un grito patriótico, en efecto, pero se ha vuelto a poner en valor ser patriota. Si las naciones que tienen más peso económico y sociológico que los españoles apelan a las esencias históricas, sin renunciar a manifestarse -en esta parte del escenario- europeos y globales, no necesito más razones para enarbolar la misma bandera, para defender los intereses de mis conciudadanos.

Ya habrá tiempo para reconstruir todo lo demás.

Impulsos migratorios

estorninos-bandada estorninos-cardumen

Será avanzada la tarde cuando el Gobierno en funciones de Mariano Rajoy, que se ha prolongado durante más de 300 días, adquiera carácter de estable naturaleza. Lo será, en principio, para los próximos cuatro años, que es lo que la Constitución prevé que dure una legislatura completa.

No hay indicios de que el renovado en su cargo, pero impávido presidente, sustituya más allá de un par de ministros de quienes aún conservan, si bien vacías de contenidos, sus carteras. Incluso, si me aventuro a leer las primeras líneas del manual que sustenta los principios de quien ha conseguido, contra cualquier pronóstico sensible, mantenerse en el poder político, supongo que su intención real sería no mover a ninguno. Aparentar continuidad, ofrecer resistencia a todo cambio, seguir haciendo lo mismo, aunque sin hacer ascos a afirmar, si se le presiona, que tiene la voluntad de hacer algo distinto.

El potingue de continuismo será explicado cada viernes, con la labia grandilocuente de Sáenz de Santamaría, que seguirá dando clases de liberalismo económico para inocentes, utilizando como forzados intermediarios a los periodistas a quienes su profesión obliga a trasladar al pueblo llano las decisiones de los gobiernos.

Mientras los conservadores y retrasadores lo celebran, se habrá consumado un acto más de la escisión del PSOE. Se romperá, y no tanto por la razonable expulsión de los diputados que no se atendrán -escribo en la mañana del 29 de octubre- al mandato de abstenerse en bloque, emitido por la Comisión Gestora, del Comité General y muchas voces de militantes, todos ellos reclamando la imposible unidad. La escisión tendrá raíces más hondas, sociológicas, pragmáticas, menos visibles y, por ello, más terribles. No es lógico que el partido socialista prescinda de algunos diputados indisciplinados en la votación de investidura, enviándolos con la espada flamígera, al grupo mixto, con el efecto doble de perder las ventajas -económicas y estratégicas- de ser el primer partido de la oposición y consolidar exteriormente la ruptura.

No. El tema no va por ahí, por una decena de diputados más o menos. Es mucho más grave. Se trata de entender primero y transmitir después, cuáles son los objetivos migratorios de un partido descabezado y desnortado.

No será posible mantener a machamartillo la postura de manifestarse contrario a cualquier decisión del Gobierno, y para negociar pactos puntuales hay que tener las ideas claras y saber transmitirlas, no ya a los que tienen ahora nuevamente el mango de la sartén del poder, sino a la ciudadanía, y más en particular, a los antiguos votantes, los desaparecidos en la batalla de la confusión ideológica de las últimas elecciones, en las que todos pudimos ver al partido, en secuencia dramática, abrazarse a Ciudadanos, descolgarse de cuanto olía a PP, enzarzarse a porrazo limpio con Podemos, para disputarse el colmenar de la izquierda clásica, y declararse vencido ante la realidad de no encontrar aliados fiables y suficientes para gobernar solo o en compañía de otros.

No me hagan caso, señores dirigentes socialistas, si no quieren, pero me parece fundamental acercarse a aquellos votantes de Unidos Podemos que, con su repulsa a las posiciones socialdemócratas, han venido a soportar la expresión de un descontento destructivo, o, por lo menos, revolucionario contra las instituciones y el propio Parlamento. Al actual partido de Iglesias le espera una escisión aún mayor que la que se barrunta en el PSOE, y no es de extrañar que se forme una nueva oferta, superando los límites de la socialdemocracia agotada, para encandilar a los votantes en la que, si todo sucede como es de vaticinar, serán las nuevas elecciones dentro de un año, más  o menos.

Mucha labor por delante, para el Gobierno y para los líderes de los partidos. Cruzo mis dedos para que la economía occidental mejore algo, y podamos recoger las migajas caídas de la mesa, para poder vivir el señuelo de una recuperación desde el capitalismo liberal pasado por las aguas de una débil oposición. Y me acuerdo, cómo no, de Keynes, del que siempre se puede encontrar una frase al pelo: “la avaricia es un vicio, la práctica de la usura es un delito, y el amor al dinero es detestable…Debemos una vez más valorar los fines por encima de los medios y preferir lo que es bueno a lo que es útil” (1945-1946). La cita la tomo del libro de Zygmunt Bauman, “¿La riqueza de unos pocos nos beneficia a todos?”.

La respuesta de Bauman, como la de cualquiera que conozca la economía real, es “No.” Ténganlo presente los aspirantes a líderes de conducirnos a alguna parte más tranquila.


P.S. Mi foto para este Comentario corresponde a una migración de estorninos. Miles de aves forman como un cardumen celeste, moviéndose de un lado para otro en sincronía prácticamente perfecta. No puedo entender cómo no chocan algunos entre sí, qué les hace intuir los movimientos de los que vuelan al lado. Cierto, también me sorprende la manera compacta en que ruedan los ciclistas en pelotón, aunque alguna vez les he visto caerse, al atravesarse en la carrera un necio aficionado, o encontrar un obstáculo imprevisto.

Esta bandada de estorninos surcaba, impecable, los cielos de la laguna de Pinillas, en Navarra. De pronto, se posaron en tropel sobre el camino que tenía ante mí, en donde había unos cuantos charcos de agua. Me temblaba la mano, de solo pensar en la fotografía que podía hacer, pero cuando me lancé hacia el coche, en el que acababa de guardar la cámara, levantaron el vuelo y tornaron a dar vueltas sobre mi cabeza, en círculos cada vez más amplios, sin volver a posarse en el buen rato que permanecí observándolos.

Asnos y burras ejemplares

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Las acémilas han sido siempre los animales preferidos a la hora de elegir protagonistas de cuentos con propósitos ejemplificadores. Aunque algunas especies del grupo han perdido población en ciertos países -pienso justamente en asnos y burras-, otras, incluso, han demostrado su adaptabilidad: los caballos, hasta hace poco, utilizados en la guerra -y hasta dieron su nombre a una de las armas de los Ejércitos,  la Caballería- , son muy apreciados como signo de distinción de clase. Saber montar a caballo es algo parecido a tener un máster en Historia del Arte.

Del amplio elenco de opciones de burros consagrados, me detengo hoy en dos. La burra de Balaam y el asno de Buridan. No es la primera vez que recurro a su ejemplo. La burra de Balaam, incorporada a las Sagradas Escrituras, se detuvo al ver a un ángel que les interceptaba el paso. Azotada por su amo, le recriminó, con sabias palabras (la gracia divina le permitió expresarse), el castigo y le advirtió del peligro que suponía seguir adelante.

El asno de Buridan, tuvo una existencia aún más problemática, pues resulta ser un invento del filósofo para ilustrar sobre la necesidad de no perder el tiempo reflexionando sobre la prioridad que debe darse a dos opciones semejantes. El asno de su historieta, encontrándose hambriento y sediento, a pesar de haber sido puestos a su disposición un cubo con agua y un montón de heno, falleció al ser incapaz de decidirse si beber o comer primero.

He encontrado a lo largo de mi vida aplicación para ambos cuentos asnales. Hay momentos en que no somos capaces de ver el peligro de continuar haciendo lo mismo, empecinados en el error, y solo nos salvará de la debacle un hecho fortuito, asimilable a una intervención celestial inexplicable. Otras veces, las opciones previas que se nos presentan son tan similares (aunque incompatibles) que demoramos tomar una decisión más importante, con riesgo de perder la oportunidad de ejecutarla; siendo más claro, nos detenemos obsesivamente en lo que no es sustancial, sin comprender que debemos seguir adelante, pasando por encima del obstáculo, hacia una meta mayor.

No me resulta difícil encajar estas historias de burros con la situación que le ha tocado vivir al PSOE en estos momentos de la Historia de España. Me atrevo incluso a aventurar, con cierto respeto, que el papel de burra de Balaam lo ha representado Pablo Igleasias, junior (líder, por el momento de Podemos), con su oferta para apoyar a Pedro Sánchez, mientras éste se encontraba de cháchara con el Rey Felipe VI, autopostulándose como vicepresidente de Gobierno, haciendo de paso trizas la coalición que el líder del PSOE había pactado con Albert Rivera, de C`s, que debería conducirnos a la Tierra Prometida.

Pero aún mejor aplicación encuentro al asno de Buridan, con éste empeño de Javier Fernández, presidente de la gestora de circunstancias del PSOE a lo que condujo el “no es no” de Sánchez y los suyos (me remito a nueva lectura del ejemplo de la burra de Balaam, con estos mimbres), en que se vaya en bloque de su bancada de diputados a abstenerse en la votadura de Rajoy como Presidente de Gobierno, propósito de cumplimiento imposible. ¿No sería óptimo, beber lo mínimo -once diputados abstenidos- y comer de la coherencia con los demás- oponerse en bloque a la investidura? No encuentro mejor disciplina de voto ni mayor coherencia ideológico-doctrinal que esa propuesta, que, por lo demás, y sin que yo sea un clarividente en cosas de la política, apoyé desde hace meses.


P.S. La foto que hoy incluyo en mi Comentario es la de una pareja de buitres leonados, a punto de aterrizar en su atalaya, en donde les esperan varios congéneres. Los buitres son aves carroñeras y, por nuestras  tierras, en donde no existen grandes carnívoros que abandonen las carcasas casi mondas de sus presas en la sabana después de haber saciado su hambre,  tenían como alimento sustancial los desgraciados ejemplares de ganado que pastaban libres y que, en un mal paso,  se despeñaban, junto a las que habían sido presa de lobos o de su muerte natural y, también, de aquellas nodrizas o sus crías que morían de malparto.

La escasez de piezas en descomposición natural está animando a que, en los lugares en donde están protegidos, se les pongan a disposición vísceras y cadáveres que les sirvan de sustento.

La colonia a la que pertenece la pareja que fotografíé hace un par de días está ubicada en el Parque Natrural de las Bárdenas Reales, en Navarra. en cuya región tienen censados algunos miles. Supongo que, por lo que apunté más arriba, en gran medida, son alimentados por piezas de desecho colocadas a su disposición por el hombre.

El gran depredador humano ha convertido a estos y a otros animales, antes salvajes, al cambiar sus propios hábitos, en sostenidos. Son, por así decirlo, huéspedes supervivientes de nuestro pasado agropecuario, rehenes de nuestra obsesión por ocupar la Tierra, dejando en ella nuestra huella devastadora.

Tiempo entre costuras

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Tomo prestado el atractivo título del magnífico libro de María Dueñas, inspirador de una serie de televisión, para enmarcar mi Comentario sobre el Partido Socialista español. Pero advierto al amable lector que no me refiero de esta forma a la labor de zurcidor que le espera a mi colega en la ingeniería Javier Fernández, sino a los años transcurridos desde que Rodríguez Zapatero y su equipo de circunstancias hicieron lo imposible para ocultar bajo la cama de la complacencia la basura de la crisis que inundaba las estancias del estado social y hasta que Pedro Sánchez derrotó a Eduardo Madina en las primarias para elección de Secretario General del primer partido de la oposición.

Tiempo perdido fue para el PSOE. Desde la dimisión de Rodríguez Zapatero en 2011 hasta julio de 2014 fue secretario general del PSOE, candidato a Presidente y líder de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba, doctor en química orgánica y una de las cabezas más sensatas del panorama político español. Ejerció, en lo que lo tengo analizado, un liderazgo de capacidad, de solvencia académica, con dotes peculiares para explicar lo que estaba pasando en el país y fuera de él. Su música pareció celestial, no ya a los militantes, sino a las mayorías que sirven para elegir presidente de Gobierno, y Mariano Rajoy y su equipo de coordinados guerreros del antifaz se hicieron con el poder y, una vez conseguido, se aferraron a él, sin importarles monsergas.

Tengo que admitir que la socialdemocracia (o lo que sea lo que representa el PSOE) tiene incapacidad congénita para proponer alternativas en momentos de crisis. Le asusta tomar riesgos. No se atreve a profundizar en las propuestas para aumentar los impuestos al gran capital (que en España, país intermedio, no dejan de ser cuatro amigos), por miedo a alborotar de refilón a la clase media (que, en efecto, es la que paga los patos) , y carece de visión económica global (y eso que muy insignes profesores universitarios que se autoproclaman de izquierdas no dejan de publicar estudios académicos con análisis retrospectivos)

En esas circunstancias, y sabiendo que, como señala la Biblia, a períodos de vacas flacas y espigas macilentas seguirán siempre vacas gordas y cosechas henchidas, cualquier líder de un partido conservador de un país de medio pelo, no tiene más que echar la culpa de mala gestión al equipo al que le tocó lidiar con la crisis mundial y esperar tranquilo la rentabilización del éxito de su teórico buen hacer con los frutos que pongan en su feudo las bonanzas externas: más exportación, aumento del empleo menos cualificado, disminución de deuda externa, miedo al cambio.

Ni la corrupción, ni los desgastes personales, ni los escándalos ocasionales, prevalecerán contra un partido conservador aupado a gobernar al tiempo en que empiecen a soplar los aires buenos. De él serán los triunfos y, pretendiendo diferenciarse, los que, desde la oposición pretendan innovar, tropezarán con la dificultad de proponer propuestas que alcancen consenso interno.

Que el PSOE esté hoy dividido entre los que proponen abstenerse en la investidura de Mariano Rajoy y los que ven opciones en embocar unas terceras elecciones que mejore el número de escaños y facilite un gobierno de coalición con los del abrazo del oso podemita, no es más que un síntoma de la desorientación ideológica de la izquierda prudente

Dejen, pues, los diputados de ese partido que ha perdido el contacto con los votantes, que gobierne Rajoy gracias a la abstención del mínimo de la bancada socialista que, con estricta disciplina de voto, le abra el camino para agotar la leche que aún darán las enflaquecidas vacas. Y que, desde el reposo, los militantes de los llamados partidos de izquierda (desde el PSOE hasta Unidos Podemos) piensen bien lo que van a hacer cuando las tornas se hagan claras. Sin cal viva de por medio, sin insultos, sin gritos ni algaradas en las calles. Teniendo presente que les tocarán vacas y espigas flacas.

Porque mientras algunos militantes crean que es tiempo de desgarros, cortes de tijera, exhibición de retales y fuertes desencuentros a cuchillo, no esperen que los que tienen que votar la credibilidad de sus opciones, les vayan a dar apoyo incondicional.

Javier Fernández tiene, ante sí, un reto de los que menos rédito personal producen. Tratar de coser los rotos, mientras dentro y fuera de su partido, muchos andan aún con las tijeras. Rubalcaba no lo consiguió; Javier Fernández tiene la expectativa soplándole a la cara.

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P.S. Incluyo hoy la fotografía en vuelo rasante de una urraca. Gregarias, agresivas, en expansión al parecer imparable. Me contaba un lugareño, aficionado a la caza, que un día en que volvía de vacío, encontró forma de aliviar su frustración disparándole a una de esas aves, y la llevaba al cinto. Al cabo de un rato, notando dolor en un costado, observó que el animal, aunque herido de muerte, le estaba picoteando el flanco con ardor.

Las bazas de Mariano Rajoy

Mariano Rajoy, todavía Presidente en funciones del Gobierno de España, es, sin duda, la persona más cualificada para dirigir el país en este momento. Nadie como él atesora experiencia acerca de cómo funcionan las cosas por aquí.

Es cierto que no “ganó las elecciones”, ni las de diciembre de 2015 ni las de junio de 2016, porque, aunque el Partido Popular fue la opción más votada, lo fue por una minoría del total de votantes. No cabe decir, pues, que “el pueblo ha expresado su voluntad de que gobierne el PP”, ni otras retóricas, y falsarias, expresiones con las que los representantes más conspicuos de la derecha española defienden su presunto derecho a seguir gobernando.

Pero la capacitación de Mariano Rajoy que defiendo en este Comentario proviene de su abrumador currículum. Registrador de la Propiedad al año siguiente de terminar la licenciatura de Derecho, concejal del Ayuntamiento de Pontevedra, Presidente de la Diputación de la Provincia homónima, diputado durante décadas, ministro de Educación y Cultura, de Administraciones Públicas, de Interior, de la Presidencia, vicepresidente Primero y Presidente de Gobierno él mismo…¿Quién podrá alardear de una experiencia similar? Nadie.

Nadie como él ha de conocer las triquiñuelas que se vienen realizando desde tiempo inmemorial para compensar, en los discretos despachos anexos al principal, las diferencias entre el precio declarado en las escrituras públicas y el concertado entre comprador y vendedor de inmuebles; siendo Pontevedra lugar de asentamiento clásico de los grandes traficantes de droga de España y de Europa, en donde suntuosas mansiones, barcos de recreo, lugares de placer y lenocinio, han proclamado, sin rubor, durante decenas, el origen misterioso y con seguridad, ilícito, de los dineros con las que se adquirieron tales bienes, no es ajeno, sin duda, al conocimiento de tales maniobras (de las que, por supuesto, siempre se mantuvo al margen).

Rajoy estuvo en los entresijos del derrocamiento a Sadam Husein, -cuya figura alcanza, por cierto, con el tiempo, dimensiones propias de la veneración santificada-, y estar apoyando a José María Aznar en la difícil decisión adoptada, junto a Bush jr, Barroso y Blair, tuvo que darle amplios conocimientos acerca de cómo se mueven los designios del gran capital norteamericano, que han de estar conservados en algún lugar de su prodigioso cerebro.

Como Ministro de Educación, y Ciencia, que fue, y harto brillante (como se puede comprobar en las hemerotecas, propulsor de los nuevos Planes de Formación Profesional) nadie mejor para saber cómo impulsar, de una vez, la pureza de la Universidad española, la regulación del acceso transparente a las cátedras y títulos, la elevación del decaído prestigio de las carreras y profesiones, o la orientación acerca de los puestos de trabajo que se crearán en las ya no tan nuevas, tecnologías, incluidas, claro, las ambientales.

No admito que nadie se jacte de conocer mejor las administraciones públicas -salvando, quizá, al desaparecido en la batalla Francisco (Paco) Sosa, que propugnó una reforma imposible-, porque él fue quien firmó la LOFAGE en 1997,  y, por supuesto, ningún antecesor ni subordinado ha igualado su prestigio como Ministro de Interior, con sus éxitos para doblegar a ETA al aprisco de la deposición de las armas y su Ley de Extranjería, que tanto ha significado para la cobertura de puestos laborales que los españoles despreciaban.

Como Presidente, su ilusión y empuje por impulsar nuevos proyectos empresariales, en negociación continua con los mejores empresarios de este país, además de ponerle en delicado pero efectivo conocimiento de las relaciones subterráneas entre el gran capital y los partidos políticos (si no lo había adquirido antes), ha significado la generación de millones de puestos infra-mileuristas, y el crecimiento de los negocios de algunos grupos empresariales en el extranjero, lo que ha mejorado sus resultados, por supuesto, aunque, desgraciadamente, ha significado la reducción de su capacidad de empleo en España.

No tiene, pues, necesidad de suscribirlo alguien de tanto prestigio pasado como Felipe González. Mariano Rajoy debe gobernar. Y debe hacerlo en solitario, contra todos. Quizá con apoyos puntuales de Ciudadanos, del PSOE, incluso de Unidos Podemos que, como recordamos bien, en el curso de las negociaciones para estudiar la posibilidad de coaliciones de gobierno más aventureras, negó su apoyo -cuando eran solo la mitad de la denominación, aunque más numerosos en simpatizantes.

Nos esperan, por supuesto, tiempos muy difíciles. Pero entretenidos. Mariano Rajoy, con su visión escénica del Estado español, con su conocimiento profundo de la Administración Pública y de las capacidades de iniciativa privadas, nos lo garantiza.

Ah, y que vaya enseñando a los nuevos -esos “chicos” voluntariosos, pero inexpertos aún, llamados Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Albert Rivera, Alberto Garzón,…cómo se corta el bacalao. Sugiero que los nombre ministros por turnos, y que cuente, en esa hipotética Escuela de Otoño- con la asesoría inapreciable (en el sentido de, gigantesca) de Felipe González, José Luis Rodríguez Zapatero y José María Aznar; para no ampliar más la nómina de expertos en la política real. Sobre la economía real, habría otro curso, más avanzado, para los que aprobaran el primero.

Sangre en la arena, toros al corral, corrida destemplada, tiempos muertos

El resultado era previsible, las duras e irrespetuosas formas empleadas contra el candidato a Presidente de Gobierno por algún contrario que estaba llamado a servir de apoyo expreso o tácito, menos.

Para el conjunto de los españoles, el tiempo de peroratas, en relación con el objetivo constitucional, fue tiempo perdido. Para el candidato, sus replicantes y las respectivas facciones de apoyo, ocupando ya un sitio remunerado en los escaños, no tanto. Si alguien conservaba restos de curiosidad para evaluar la capacidad de improvisación o la finura para desflorar argumentaciones del otro en caliente, vaya para él lo servido por lo comido.

Para el Partido Popular, dirigido por Mariano Rajoy o por su buena fortuna, fue tiempo de milagros. Porque pronto la escenificación dejó claro que lo que se lidiaba allí, en el respetable coso del Congreso de Diputados, no era el debate de investidura del candidato Pedro Sánchez, sino que los equipos se encontraban nuevamente en campaña, y el único programa coherente era no tenerlo o, diciéndolo mejor, seguir empuñando las riendas del gobierno.

Por eso, al advertir que se estaba pedaleando en el vacío, o soplando el viento a favor de lo que todos los demás parecían de acuerdo en combatir, los ánimos se encresparon pronto. Los insultos y las descalificaciones se tornaron frecuentes, pero no para ponerse de acuerdo contra el declarado por todos como objetivo a batir, Mariano Rajoy, sino entre los que querían protagonizar un cambio que se revelaba imposible.

El momento puso entonces a mayor prueba la capacidad de los intervinientes para contener la tendencia natural de la lengua de los que hablan en público, a desconectarse del cerebro; fracasaron muchos. Si alguno sobresalió de tanta quema, fue por aprovechar para largar lo que tenía preparado. Más que muestras de lo agudo de los ingenios, se exhibieron paquetes de vacío.

A efectos de campaña, el marco del que dispusieron los candidatos antes de empezar la campaña a la que el previsible resultado obliga, fue un regalo directo. El auditorio que siguió los juegos florales fue mucho mayor del que puede alcanzarse en la mayor plaza de Toros de España; mejor, incluso, que en un programa televisivo con dos horas por delante y tiempos tasados entre cuatro o seis jefes de partidos.

Cuando, proclamados los resultados que confirmaban que Sánchez y su mini-acuerdo con Ciudadanos no habían conseguido, desde el miércoles 2 de marzo, más que sumar el voto de Coalición Canaria, se apagaron las luces de la ilusión, el vacío se apoderó de la gran sala de experimentos permanentes, para beneficio de terceros, que es España.

Porque si la postulación de Sánchez para aceptar el mandato del Rey Felipe VI -“el ciudadano Felipe”, oí decir a San Alberto Garzón, icono amable de la Genuina Izquierda Testimonial- prometía una excursión pensada para explorar afinidades, al estilo de los programas mediáticos en los que los concursantes son confrontados con un desconocido al que pueden convertir en su media naranja por una temporada, los cuatro partidos en los que los españoles han depositado mayoritariamente su voto, habrían fracasado.

Todos, pero, el que menos, el PP. Si el mensaje -como les gusta decir a todos los políticos- del pueblo votante era que se entendieran para propiciar un cambio, malas antenas captadoras tienen aquellos que no se hartan de proclamar que todo vale menos seguir igual.

Fracaso es que los exploradores enviados por el pueblo para encontrar una tierra mejor -o menos contaminada que la actual- en la que afincarse por, al menos, un par de años,  vuelvan a casa sin noticias. Ni siquiera su comportamiento verbal, ese que significa la representación oficial de sus posturas, ha sido edificante para un pueblo que quiere, y debe, verlos como ejemplo para moverse en la convivencia. ¿Han de enfrentarse a golpes los contrarios en las calles, al estilo de otros países que figuran como menos desarrollados en este equilibrio que llamamos democracia?

Los elegidos para un noble trabajo de prospección de afinidades, han escenificado su voluntad de pelearse, de insultarse y despreciarse. Lo hicieron fieramente y sin necesidad, y, con ello han consolidado el desconcierto.

Sus manos vacías, son una invitación a contemplar la vacuidad de las nuestras.

Al mantenerse en funciones, el gobierno de Mariano Rajoy.  obtiene ventajas que  sabrá aprovechar, especialmente, si la economía mundial se recupera algo y la capacidad española para manejarse en la economía sumergida y apretarse el cinturón dejando a un lado lo superfluo, se perfecciona todavía.

Aunque no se celebren nuevas elecciones, la rotura previsible del pacto entre PSOE y Ciudadanos -el primero estando obligado a negociar con Podemos a cara de perro para no perder la credibilidad del votante de izquierdas, el segundo, por volver a andar por do solía-, permitirá replantear un nuevo acuerdo entre un PP sin Rajoy y sin corruptos al equipo de Albert Ribera, que seguirá prisionero de su programa liberal en lo económico y ponderado hasta lo melifluo en lo social.

A Pedro Sánchez no le quedará más remedio, cuando se le confronte a la propuesta, que ceder el paso y abstenerse, dejando que su partido, con él asumiendo el mismo destino que otras decenas de esforzados que fracasaron en intentos de revitalizar la socialdemocracia, se lama las heridas, se escinda o se convierta.

No fue, a pesar de todo, Sánchez un cándido candidato, ni Rajoy debería presumir de haber sido un visionario. Las cosas fueron así, porque así se conformaron. No había más opciones que mantener, por el primero, la estrategia de no agresión a los votantes de derechas, tratando al mismo tiempo de no pintar con la izquierda el inocuo convenio sellado con la formación de Ciudadanos, y resultar coherente con el objetivo propuesto de lanzar mensajes de tolerancia que condujesen a que se abstuvieran, tanto a su diestra como a siniestra.

Pablo Iglesias, ávido depredador, oliendo la sangre de las heridas del PSOE, como los dragones de Comodo cuando cercan a un búfalo cansado, dio una y otra vez, dentelladas a las patas del partido socialista, menospreciando las carnes del elefante popular, cuya presa le pareció, a lo peor, demasiado grande para dedicarle esfuerzos o considerarlo herbívoro falto de forraje y, por tanto, limitado a subsistir sin lanzarse a la carrera. Sus sátiras, insultos y chascarrillos, con ninguna relación con propuestas concretas de gobierno, dieron materia para risas a los que ven un juego este serio asunto colectivo de encontrar puntos de concordancia entre divergentes con los que abordar el futuro con solvencia.

Vienen tiempos muertos, sí. Pero como la vida no se detiene,  tengo la intuición de que tendremos un gobierno del PP para un rato más, con el sacrificio simbólico de Rajoy. Se abrirá, entonces, un nuevo período de reflexión para la izquierda de este país,  separada entre quienes esgrimen como programa fundamental el catecismo históricamente destrozado de la revolución de las masas, y  la de quienes, pretendiendo respetar el orden legal, no saben desprenderse -o no quieren- del sabor ideológico a vino barato de cosechero.

 

Negociadores a tiempo completo

El tablero político está enmadejado y no parece que haya quien lo desenmadeje, aunque el desenmadejador que lo desenmadeje, buen desenmadejador será.

Tengo en mi escritorio el libro “El arte de negociar”, escrito por Enrique de las Alas-Pumariño Miranda. Me lo regaló hace unos días su autor, y me lo leí de inmediato. Al principio, movido por la voluntad de ser cortés con un amigo; a las pocas páginas, empujado por el interés de su contenido. En sus 204 páginas, este Dr. Ingeniero Industrial, que acaba de cumplir los noventa años y está “como una rosa”, desarrolla, con orden, sabiduría y humor, una teoría teórico-empírica sobre cómo ha de desenvolverse “el negociador a tiempo completo” que es, también, el subtítulo del volumen, y del que tomo el titular para este Comentario.

Es sobre todo en su capítulo dedicado a las “estratagemas”, en donde el lector más ávido encontrará lo que Alas-Pumariño llama las “doce guindas que rematan la obra”, y que relatan historietas que reflejan otros tantos trucos que pueden utilizarse, o pueden ser detectados, en una negociación.

Desde las elecciones de diciembre, quizá sin saberlo, los representantes de los partidos políticos que han obtenido mejores resultados (es un decir), están utilizando unas cuantas de ese elenco. Quien, en mi opinión, lleva la palma con ventaja es el equipo de Podemos, seguido a considerable distancia por los portavoces del Partido Popular, incluido, por supuesto, el Presidente de Gobierno en prolongadas funciones, Rajoy.

Pablo Iglesias jr. ha introducido el señuelo de la cabra maloliente unas cuantas veces y se ha especializado en el uso del enredo de las cerezas; el PP no desprecia la treta de las caperuzas de paño y defiende la metamorfosis de la gallina de los huevos de oro. En las imperfectas negociaciones para decidir en dónde pretenden instalarse, el PSOE -tanto por boca de Pedro Sánchez como de la de Susana Díez, aclamada como la baronesa andaluza por demasiados de sus inspi-conspiradores- parece ensimismado en necesitar una habitación más para la casa, lo que corresponde al ardid del arquitecto.

Por supuesto, la estratagema de la Batalla de Fontenoy es el truco del almendruco preferido por Iñigo Errejón, y los partidos regionales que apoyan, con sus trajes folclóricos más o menos aderezados, a cada coalición ocasional, defienden a la perfección el subterfugio de la tortuga huidiza del denostado Aquiles.

En fin, debería animar al lector a leer el libro, lo que, desde luego, hago convencido. Pero, antes de despedirme por hoy, permítanme que haga una propuesta: me postulo como Presidente independiente del futuro gobierno, y animo a que todos los ciudadanos independientes, que deseamos que se forme de una vez un gobierno que acabe con esta pesadilla de indeterminaciones y juegos posturales, hagan lo mismo. Cuantos más, mejor.

Lo haría gratis y por poco tiempo: el justo para volver a poner en funcionamiento el reloj de la actividad del país. No tengo especiales conocimientos sobre la Administración pública -aunque me se la teoría-, pero no tienen por qué ser peores que los de todos los candidatos (excluido, tal vez, Rajoy); tengo buenas calificaciones académicas; he trabajado tanto para la empresa privada como para la pública y creo saber bien cómo se mueven los hilos, delante y detrás de bambalinas; etc.

Puede que algunos  lo interpreten como la artimaña del Caballo de Troya, y así es. Pero es que, en esta coyuntura de atasco hiper-maquiavélico, o cambiamos las Reglas de juego (sí, otra estratagema) o estaremos ensimismados con la reproducción de la farsa del halcón y la paloma -que escenifica estupendamente Albert Ribera-, maniobrando estúpidamente con el tiempo, mientras la necesidad nos come los pies y los negociadores se acabarían convirtiendo en elefantes en la cacharrería.

Que, obviamente, no es una de las doce estratagemas que relaciona Alas-Pumariño, sino la consecuencia indeseable de negociar sin rumbo ni concierto.

 

Lo que faltaba

Se diría que, a punto de alcanzar el final de 2015, algunos se resisten a abandonar el año sin extremar su protagonismo. Vivimos una época en la que lo mediático supera lo razonable, y lo imaginario excede con creces de lo real. En esta última semana, son tantas las incertidumbres, noticias, especulaciones y comentarios que llenan las páginas de periódicos y revistas, que se me hace difícil seleccionar algunas, por lo relevante o por lo insólito. Pero creo que debo a mis lectores este Comentario, y ruego de antemano disculpas si dejo algo en el tintero.

En primer lugar, me resulta penoso -por lo que significa para la institución- que se haya dejado circular que el propósito inicial del Rey Felipe VI fue el de pronunciar su mensaje de Navidad desde el balcón principal del Palacio Real, y ante una multitud que debiera haber sido convocada en la Plaza de Oriente. Según ha trascendido, se habrían repartido invitaciones a residencias geriátricas de varios pueblos de Extremadura, la Generalitat valenciana, Castilla León y la Comunidad murciana, y se tenía apalabrada la contratación de varios centenares de autobuses. Finalmente, la idea, valorando pros y contras, fue desestimada, al menos, para este año.

No son pocos los media que aseguran que, por fin, se ha llegado a un acuerdo de gobierno entre todos los partidos que se presentaron a las elecciones de diciembre. No ha sido fácil, desde luego (se trataba, al parecer, de más de mil agrupaciones políticas, y algunos de sus líderes resultaron muy difíciles de localizar). Pero acabó triunfando, por lo que se indica, la sensatez y el amor a España, para salvar todos juntos este difícil momento. Únicamente se está a falta de encontrar un jefe de Gobierno para esta gran coalición, aunque el sentir unánime es que sea mujer, de no más de cuarenta años, licenciada en derecho o sociología, e independiente.

De una fuente desconocida de los juzgados de Palma de Mallorca ha sido enviada por fax a la redacción de varios periódicos y semanarios del país una copia de la petición de anulación de la instrucción del caso Noos -acogiéndose al art. 263 bis.4, del Código Penal reformado-, suscrita por el bufete del prestigioso jurista Miguel Roca, alegando que el procedimiento estaba viciado por haber sido conducido por un juez antisistema. Aunque algunos de esos media han tratado de ponerse en contacto con la infanta Cristina, para confirmar si se trata de una actuación consensuada con la Casa Real, no ha sido posible obtener tal declaración.

No sorprende que la nueva novia de Pablo Iglesias (junior), Zenobia Camprubí (que seguramente es un heterónimo con el que oculta su verdadera identidad) haya confesado que acaba de abandonar la militancia del Partido Socialista, en la que ocupaba un cargo de Jefa de Fotocopiadoras, llevándose abundante documentación sobre la ideología -en buena parte, secreta- de este partido. Consultados algunos antiguos dirigentes de la formación de Pablo Iglesias (senior) indican que la pérdida de los papeles sustraídos no es importante, ya que hace tiempo que la ideología no es el elemento que más preocupa en los Comités ejecutivos, sino la venta de pins y gorras, que está creciendo.

Menos credibilidad merece, aunque de ser cierta, demostraría lo tortuoso que ha llegado a ser este país desde el que escribo, la reseña que realiza El Periódico de Cataluña (versión restringida a suscriptores especiales) de una reunión en Baqueira mantenida por Rajoy y Mas con el ex Honorable ex President Pujol, y por la que le habrían pedido consejo acerca del mejor lugar para pasar los próximos años. Según la misma fuente, después de un intercambio intenso de opiniones, los congregados y sus asesores, se han ido cada uno por su lado, si bien los dos primeros advirtieron, al estar ya de vuelta  en su coche oficial en funciones, que les había desaparecido la cartera.

Ha provocado gran conmoción en el mundo de las devociones, conocer que se ha obligado, con presión inconcebible, al papa Francisco a pronunciar un discurso de Navidad distinto al que tenía preparado, en el que reconocía dificultades para entrar en comunicación con el Espíritu Santo, y expresaba sus dudas respecto a la prioridad que debía darse a los mandamientos, proponiendo incluso que se eliminaran un par de ellos.

(Estas noticias, y otras que pueden venir, son, por supuesto, básicamente falsas. No me preocupa que lo parezcan al lector desde el principio, pero es que hoy es el día de los Inocentes, y me apeteció escribir algo gracioso -teóricamente, al menos- en un panorama general tan abrumadoramente serio)

 

Cuento de verano: Rajoy vuelve a ganar en la Moncloa

El calor era sofocante, aunque los árboles daban una sombra agradable y la sangría del botijo estaba fresca. Desde mediados de julio hasta avanzado agosto, Madrid se convierte en un horno; después, las tardes se van enfriando y septiembre tiene ya días en que hasta se puede juzgar desapacible.

El Presidente estaba relajado. Después de la tremenda tensión vivida, las apariciones públicas habían serenado los ánimos. También había contribuido, desde luego, que una parte de los madrileños se habían ido de vacaciones. Pero lo más importante es que ya no había nada por lo que protestar.

Cuando Bárcenas, el antiguo tesorero y gerente del Partido Popular había empezado a filtrar documentos con presuntos cobros de altos cargos de la organización, al parecer, producto de sobornos de empresas constructoras para conseguir contratos públicos, todos miraban hacia Mariano Rajoy, esperando que diera alguna explicación.

Excelente jugador de tute subastado, el Presidente sabía que si uno no tiene buenas cartas, hay que apoyar las del compañero y, si la pareja contraria ha cogido buena mano, lo que procede es forzar a que haga una apuesta tan alta que no podrá cumplirla.

Se había reído con Dolores de Cospedal cuando recordaba los últimos acontecimientos de julio de 2013. Después de presentada la moción de censura por Pérez Rubalcaba, todos esperaban que inmediatamente después de agosto, cuando terminara el parón parlamentario provocado por el descanso veraniego, se produjera una batalla dialéctica que acabara con el prestigio de honesto de Rajoy y permitiera a la oposición, aunque no, desde luego, conseguir la censura, ganar más partidarios que le garantizasen una amplia mayoría en la convocatoria electoral que, más temprano que tarde, acabaría obligando a adelantar la presión de la calle.

Todo había sucedido, sin embargo, de forma muy diferente.

A la vuelta del viaje del Rey a Marruecos, en donde se había hecho acompañar de todos los exministros de exteriores de la democracia (salvo Morán, enfermo) y de cinco ministros del actual gabinete, además de prácticamente todos los empresarios responsables de la Plataforma por la Competitividad, el giro de los acontecimientos había sido drástico.

Fueron días intensos, en los que apenas si se hizo caso a la delegación marroquí, sorprendida por tantos visitantes del envidiado país vecino, diciendo a todo que sí, cuando lo normal habría sido -según la tónica- quejarse por la falta de seguridad jurídica y el incumplimiento de los pagos.

La grabación de la declaración conjunta de todos, a la vuelta, a la manera de un anuncio publicitario sincopado, explicando a la opinión pública cómo funcionaba el país y la estructura de los poderes públicos, y. sobre todo, cómo había funcionado en este concreto caso, sería incorporada a la Historia de España y objeto de estudio obligatorio en las escuelas, incluso de parvularios. “Eso es lo que hay”, había concluido el Rey, en frase coreada por una multitud de personajes, todos nombres muy conocidos, rostros vinculados a la seriedad, la decencia, los valores inmutables, la ética y el respeto al Derecho.

Cuando vio que Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz Gallardón eran incapaces de alcanzar las siete bazas a las que se había comprometido, Rajoy respiró satisfecho. Había vuelto a ganar en la Moncloa.

Soraya Sáenz de Santamaría les trajo un botijo con sangría recién hecha, siempre tan diligente. En la mesa de al lado, completando la pequeña liguilla de verano, Rubalcaba y José Blanco estaban dando una paliza descomunal a dos representantes de la sociedad civil, elegidos por sorteo.

Pero quién era el iluso que les habría aconsejado medirse con campeones. Ni a la altura del betún llegaban los pobrecitos, que, por supuesto, tuvieron que pagar los cafelitos y las copas.