Estado social en deterioro (y 3)

El proceso de deterioro del estado social no es específico de España, ya que tiene sus raíces en una maraña de interacciones comunes a todos los Estados occidentales, que el observador no condicionado puede detectar. La situación se puede resumir con pocas palabras: el período de bonanza sirvió para generar posiciones de bienestar que el reajuste de las economías haría imposible mantener, al menos en una o dos décadas. En mi opinión, sin embargo, la incorporación de nuevos elementos de interferencia aumenta el riesgo de que el equilibrio no se recupere nunca, ya que para superar la crisis e impedir que se convierta en sistémica, habría que apelar a una coordinación internacional, lo que resulta pura fantasía especulativa.

Varios son los puntos de preocupación, algunos de los cuales ya he tenido ocasión de exponer en estas notas. A escala local, los modelos de desarrollo que se venían utilizando por las regiones, están provocando graves grietas sociales y económicas. Las han causado ya, pero la situación no se ha estabilizado, y sigue su caída. Como resultado, la clase media, en la que se había hecho descansar el principal logro de las democracias avanzadas, se está rompiendo en decenas de compartimentos. Esta división es dramática, porque se generan nuevos compartimentos estancos de los que no parece posible salir, al menos hacia arriba, ya que solo tienen vía de salida hacia abajo de la escala socioeconómica.

Estos “supervivientes” de la economía, faltos de capacidad de ahorro, condenados a subsistir consumiendo todo cuanto ganan con un trabajo infravalorado, en el que ambos componentes de la pareja -si es el caso- deben contribuir, son zombies de la economía del bienestar. Jamás alcanzarán el nivel de vida de sus progenitores, sus posibilidades de ascenso en la pirámide laboral son prácticamente nulas, y dependen hasta limites de explotación inconcebible, de las decisiones de sus empleadores, temiendo en todo momento perder su puesto de trabajo.

Si recordamos el esquema que las regiones habían adoptado como fórmula salvadora para generar empleo y riqueza en el último cuartil del siglo pasado, los elementos que se habían puesto en valor eran, fundamentalmente, dos:

1) por una parte, se lanzó oficialmente el mensaje de estímulo y, al menos como promesa, de apoyo parcial, a la creación de nuevas empresas, surgidas del autoempleo o de pequeños inversores. Se trataba, se dijo,  de regenerar el tejido industrial desaparecido o gravemente deteriorado por la crisis, y se animó a la generalidad de los ciudadanos, que, en su inmensa mayoría, por supuesto, jamás se hubieran planteado convertirse en empresarios, a que dedicaran su capacidad de ahorro y endeudamiento a iniciar emprendimientos. Se creó así un falso e inestable tejido de empleo y dedicación de recursos con negocios para los que se necesita poca o ninguna capacitación (bares, peluquerías, mercerías, etc.), que, por supuesto, acabaron fracasando en buena parte. Polígonos industriales vacíos, espacios comerciales que “se traspasan” o en permanente “liquidación total” pueblan buena parte de los espacios dedicados a negocios fallidos.

2) Por otra parte, se confió en que la implantación de un par de empresas nuevas, para las que no se regatearon recursos públicos, filiales o participadas de grandes grupos internacionales, sirvieran de germen a una estructura de alto valor añadido y nueva tecnología, como base de activación para el nuevo desarrollo tecnológico que sustituyera a las empresas en crisis. Esos teóricos nuevos gigantes tecnológicos tampoco han cumplido , a su nivel, las expectativas, y se llevaron consigo la parte de león de ls subvenciones y lo mejor de las ilusiones de desarrollo, significando, por otra parte, su fracaso, total o parcial, que subsistieran las necesidades de mantener estructuras obsoletas, allí donde se concentraban sectores afectados por la crisis industrial.

El mimetismo se complementaba con la incorporación de nuevas ofertas de formación técnica, preferiblemente al más alto nivel académico. Todas las regiones quisieron tener sus centros de innovación, sus Universidades tecnológicas, etc. Proliferaron en poco tiempo un maremágnum de centros universitarios que, al haber crecido en proporción inasimilable, lanzaron al mercado laboral a miles de egresados con deficiente calificación y, sobre todo, con exigencias de empleabilidad sin relación con sus capacidades reales y, aún más lamentable, con desconocimiento del papel que un universitario debiera desempeñar en la sociedad bien organizada.

El modelo podría tener atractivo teórico, pero adoleció de los fuertes pilares que hubiera necesitado para sostenerse y crecer. Las empresas multinacionales que se implementaron en las regiones, rara vez consiguieron entroncarse con los centros universitarios, se llevaron, en el mejor de los casos, los mejores egresados a sus plantillas y, por supuesto, crecieron solo lo justo, o acabaron cerrando sin otra explicación que el cambio de coyuntura. Estuvieron y están siempre dispuestas a relocalizarse allí donde la mano de obra más barata, las subvenciones, o un mercado más amplio, ofrezcan ventajas. Los pequeños empresarios ocasionales han perdido, en no poca medida, sus ahorros y están fuertemente endeudados, una vez que han comprobado que su restaurante, cafetería, tienda de regalos, de ropa, etc., no da para vivir. Una gran  mayoría de jóvenes con título universitario muy aparente han debido aceptar trabajo como mileuristas o deambulan sin rumbo entre oposiciones, desánimos o el señuelo de irse al extranjero donde serán mejor valorados.

Y no en último lugar, como restos del momento de bienestar y de la nueva concepción implementada de lo que es la satisfacción, las sociedades han incorporado, como “fuerza laboral” a millones de inmigrantes, que ocupan los puestos aparentemente más bajos de la escala social -atención a ancianos y niños, servicio doméstico, celadores y porteros, dependientes de comercio, etc.-, que se unen, también, a nuevos comerciantes de cercanías igualmente extranjeros, que ofrecen productos de necesidades básicas, y que han desplazado a las antiguas “tiendas de la esquina” (tiendas de todo a cien, fruterías y abacerías, comercios de ropa de muy baja calidad, etc.).

No quiero cerrar estos comentarios sin exponer un mínimo mensaje de esperanza. Es imprescindible revisar el modelo de coordinación regional y atender de manera conjunta a la necesidad de competir en un mundo global, que no quiere decir globalizado. La necesidad de atender, ante todo, a las necesidades propias, ha vuelto la mirada pública hacia la autarquía y la protección de las barreras arancelarias o el apoyo a la industria nacional. Es peligroso, desde luego, y preocupante, advertir cómo el país más rico de la Tierra activa su industria de defensa y vuelca el interés de la ciudadanía hacia la protección de los mercados interiores.

La solución a largo plazo para España no puede venir del turismo, que es incapaz de generar estructuras sólidas a medio plazo, en un país desarrollado. Debemos aprovechar la coyuntura de que los países que pueden ser alternativa real  a las corrientes turísticas estén en guerra o sean incapaces de garantizar la seguridad a los viajeros. Es una situación efímera, que, de considerarse como solución a largo plazo, generará una nueva burbuja explosiva.

Detener el deterioro del estado de bienestar exige una eficaz coordinación de recursos, que evite su despilfarro, aunque lo más importante es promover nuevas vías estables y duraderas de actividad que sustituyan a las que se van cayendo por los avances tecnológicos. El modelo socio económico necesita, no solo disminuir el número de demandantes de prestaciones, controlar los desajustes entre solicitantes y oferentes de fuerza de trabajo para suplir las carencias de servicios (asistenciales, o no), sino, sobre todo, generar la estructura productiva que pueda sostenerlo y, por tanto, permitírselo.


Los machos de patos azulones parecen ser mayoría en relación con la población de hembras y, con frecuencia, se enzarzan en peleas que van más allá de simples demostraciones de fuerza. En los lagos, estanques y estuarios, no es raro ver a grupos de “solteros”, aparentemente pacíficos. Cuando se acerca una hembra, las disensiones se convierten pronto en evidente, y tratan de seducirla con exhibiciones bélicas.

Los azulones que ya tienen pareja la defienden con ardor, no dejando que se acerquen otros machos, manteniendo la cabeza muy alta mientras ella sumerge la suya para alimentarse. Cuando el macho se anima a probar su bocado, y otros andan cerca, y supongo que la hembra aún está en celo, no dudan en probar suerte, situación que, para evitar otros momentos embarazosos, suele romperse con un cambio de aires de la pareja primigenia, volando juntos -el macho siempre a la zaga- a otro lugar más tranquilo.

Tortura y muerte de los Colegios profesionales

Si cabe calificar de alguna forma la actual situación vivida por las Juntas de Gobierno de los Colegios profesionales sería la de desaliento. En especial, para aquellos Colegios que basaban sus ingresos en la obligación de la colegiación y en los visados de proyectos (los de arquitectura e ingeniería, en particular), el momento no puede ser más crítico.

A la situación de incertidumbre se añaden los continuos aplazamientos de la aprobación de la Ley de Servicios Profesionales. Desde hace ya más de un año, se hace circular, provenientes de organismos nunca identificados plenamente, borradores de esa Ley que daría la puntilla a los Colegios, al reducir a carácter testimonial los proyectos que deben ser visados, proclamar la colegiación voluntaria y obligar a que los cobros por los servicios sean ajustados al coste de los mismos. Tanta información contradictoria ha provocado, como es natural, la desorientación y el desánimo, al comprenderse desde los órganos rectores de los Colegios que no se está atendiendo, en absoluto, a sus observaciones.

Porque los Colegios desearían que la situación anterior se mantuviera y, eso sí, estarían dispuestos a hacer la declaración de un firme propósito de enmienda. Más transparencia, más servicios a los colegiados y más conexión con la ciudadanía en general. Por supuesto, también defienden que son un instrumento de la sociedad civil, que cumplen una función de control deontológico y que, en el caso de los proyectos, el visado implica una garantía, que podría mejorarse, desde luego, de la identidad del firmante, la cobertura de sus responsabilidades y, en una medida no bien concretada, de la calidad del proyecto.

Con el hacha del verdugo administrativo bien afilada, la amenaza del problema se ha convertido en real, sin necesidad de que se ejecute ninguna sentencia. La realidad es que las colegiaciones han disminuido en casi todos los Colegios profesionales, las bajas son un goteo incesante y los, en general, vetustos y nobles edificios en los que desarrollaban sus actividades se van cubriendo de un cierto polvo, mezcla de apatía, falta de ideas, y obsolescencia de sus actuales dirigentes.

Claro que hay excepciones. Pero son pocas, y las que hay, no por ello dejan de estar amenazadas. La supervivencia de los Colegios pasa por un profundo análisis de sus objetivos, una revisión de su oferta y la incorporación masiva de jóvenes que enderecen un rumbo que, con Ley o sin ella, está anquilosado por la artrosis de un bienestar que no estaba fundado en el servicio concreto que estaban prestando a los colegiados y a la sociedad, sino en unos ingresos garantizados por la colegiación de profesionales que, en muchos casos, no sabían para qué les servía el Colegio, ni habían pisado su sede jamás.

Escarapate de Ideas (4)

La enumeración de actividades generadoras de empleo que se sean promovidas or iniciativas individuales no puede ser, naturalmente, más que indicativa. Existen interesantes referencias enfocadas a proponer posibles emprendimientos que pueden servir de orientación.

Lo más importante, según mi criterio, es que, antes de decidirse a comenzar una actividad, el futuro emprendedor valore su disponibilidad, su capacitación personal, los recursos de que dispone y realice una primera valoración del mercado potencial y de la competencia, sobre todo, a nivel local. Debe responder con absoluta sinceridad y crudez a esta cuestión principal: ¿Cuál es mi ventaja diferencial?

En fin, estas son algunas de las líneas de orientación en la que quien pretenda generar su autoempleo puede encontrar la idea para su proyecto. No debe desechar, en principio, que exista ya una implantación, incluso intensa, en su posible área de actividad, porque ha de definir si está en condiciones de ofrecer mejoras de calidad o si encuentra que su proyecto a va a significar un elemento añadido respecto a la oferta existente.

Relacionadas con la mejora de la calidad física del ser humano:

-ofertas de proximidad: restaurantes de comida rápida, bares de copas, tiendas de ultramarinos, ferreterías, lugares para reunión y ocio con ofertas de espectáculos variados, guarderías a tiempo parcial (también para animales de compañía), centros geriátricos de día, servicios informáticos a domicilio, oferta de formación específica y de corta duración, arreglos de ropa y reparación de mobiliario, confección de tapicería (también diseño de telas), talabartería, soldadura, tejidos de calidad, reparación de equipos y maquinaria doméstica,  marquetería, fabricación de pequeñas piezas de adorno y uso general, entrega de mercancías a domicilio, cuidado domiciliario de niños y ancianos, gestiones de asistencia relacionadas con vehículos (itv, revisión, etc.), conducción ocasional de automóviles para terceros,  realización de gestiones administrativas de todo tipo, jardinería para comunidades y particulares, etc.

-ofertas de calidad: restauración y recuperación de inmuebles y dependencias (especialmente en zonas rurales), remodelación y decoración de interiores, diseño de mobiliario moderno, mejora de diseño industrial de útiles y maquinaria,  redacción de documentos, traducciones directas e inversas, revisión y corrección cualificada de informes, trabajos de consultoría técnica, económica o jurídica por internet, oferta de equipos cualificados para limpieza de bosques, análisis y control de rentabilidad de empresas (incluso agropecuarias), aprovechamiento de terrenos baldíos, confección de anuncios y catálogos, organización de redes comerciales, mejora de páginas web, gestión óptima de agua y residos (incluída la recuperación o regeneración), reparación de infraestructuras, análisis de mejoras y ahorros de consumo energético, ayudas a la comercialización (orientadas al mercado internacional, en especial), compra-venta por internet de productos y servicios, organización de viajes virtuales, actos culturales, itinerarios históricos o de interés técnico, aprovechamiento de recursos de proximidad (en el caso de la energía: proyectos de placas solares, instalaciones éolicas, prospecciones geotérmicas, etc.)

Relacionados con la mejora de la calidad del espíritu:

– organización de eventos,  iniciativas de coaching, promoción de reuniones para impulsar relaciones y contactos comerciales ( o personales), recopilación ordenada de noticias y oportunidades agrupadas según temas de interés, propuestas a inversionistas (con análisis de rentabilidad y viabilidad técnica) para apoyo a proyectos, búsqueda de referencias técnicas, investigación genealógica y de pasados familiares, apoyo documental, diagnóstico médico a domicilio, consejero espiritual, valoración de obras artísticas, compra-venta de antigüedades, instalación de medidas de seguridad y protección a domicilios y locales (incluso con presencia física), diseño de equipamientos para parques infantiles, diseño de equipos para culturismo y educación física, programas informáticos para optimización de redes de transporte, distribución de mercancías, aprovechamiento del tiempo disponible, revisión de flujos de fabricación, oferta y coordinación en el empleo de recursos de personal senior (en especial, prejubilados y jubilados), gestión de bancos de datos de personal cualificado en diferentes especialidades y ramas de actividad, etc.

(continuará)

El tortuoso cálculo del fí (Φ)

Los angloparlantes lo llaman “fee”, pero entre nosotros, lo representamos por la letra griega Φ (léase fí), que ya tiene múltiples aplicaciones: desde la filosofía, a la ingeniería. Es también utilizada para referirse al conjunto vacío.

Si hubiera una manera universal de cálcular fí (el fí), se eliminarían muchas negociaciones, discusiones y hasta sospechas de corrupción. Porque el fee, la comisión, es lo que se queda (o se le entrega) al intermediario de un negocio por su labor, que consiste, esquemáticamente, en poner en contacto a un proveedor con su cliente.

No está nada claro para las almas cándidas que,  cuando la Administración pública es el cliente, y particularmente, en aquellos países que se rigen o dicen regirse por principios de transparencia, licitación reglada y adjudicación más ventajosa para los intereses generales, tenga sentido hablar de intermediarios.

Y mucho menos, para poner en contacto a los grandes grupos empresariales de un país con su propia Administración. El fí parecería cosa de terceros mundos, de estructuras feudales o mafias desvergonzadas.

Sin embargo, dado que los sueldos de los políticos son insuficientes para recompensar suficientemente el esfuerzo de soportar la carga pública, los partidos que han conseguido alguna responsabilidad de gestión concreta, parece que han adquirido la costumbre de solicitar un fí a los adjudicatarios de trabajos para la comunidad.

Los pliegos de condiciones (call for tender) se prefieren, por ello, abiertos, para que no sea imprescindible adjudicar la obra o el servicio al más barato, permitiendo así que los Comités de revisión de ofertas tengan ciertos márgenes de actuación. Lo que ofrece interesantes opciones ex post (a posteriori) a los intermediarios, para que una concreta oferta pueda adquirir una ventaja que la haga competitiva en la mesa de operaciones, dando por sentado que, técnicamente, será impecable.

El valor concreto del fí para obtener un negocio público es un secreto, y se puede admitir que, en muchos casos será cero, o, por lo menos, de cuantía despreciable, por lo que se suele llamar “detalle”. Por supuesto, no cabe imaginar que un regalo de ese tipo haya doblegado o conducido ninguna voluntad. Son, como suele decirse -incluso por Ministros de Estado- “atenciones que responden a los usos y costumbres” entre amigos y conocidos.  Pueden ser tres tristes trajes , un bolso de marca o una tarjeta por el cumpleaños. También cabría incluir en la relación de mini-fís la llamada cesta de Navidad, si contiene productos de primera necesidad.

A falta de una orientación general para el valor de fí, se suele utilizar la que dió, hace algún tiempo, el president Maragal, en la Generalitat, que indicó que era habitual trabajar con un 3%.

Si la obra pública contratada en España, un año sí y otro no, fluctúa entre los 20.000 Millones de euros y los 8.000 Millones (ahora que estamos en horas bajas), y aceptando que solo la mitad de esa cifra puedan encajarse en el ámbito del fí, y que su valor medio fuera el indicado en Cataluña (que ha de ser un cálculo conservador, por la reconocida tacañería de esos compatriotas), llegamos a la nada despreciable cifra de un movimiento anual, por ese concepto, entre 300 y  120 Mill. de €. Si pensamos en 10 años de fíes, es presumible que hayan circulado entre los partidos políticos del orden de 3.000 a 1.200 Millones de euros.

Cuando me fijo en la extraña contabilidad “LB” (que ahora se empieza a decir que no es de Bárcenas, lo que ya sospechaba, y tampoco del Partido Popular, lo que parece lógico, dado su restringido alcance), me parece ridículo pensar que una persona seria y capaz, tesorero de un partido con vocación de gobernar, una legislatura sí y otra no, lleve la contabilidad de una mínima parte de los ingresos por fí de su formación política.

¿Qué son 10 o 12 millones de euros?. Nada. Esas páginas, de no ser una burda invención, no son ni contabilidad B ni nada que se le parezca. Son simples anotaciones cariñosas de lo que se reparte entre personas muy especiales del partido.

Comparados con los dineros detraídos como gastos comerciales de las contabilidades empresariales, para pagar los trajes, bolsos, zapatos, cinturones, cestas, puros, palos (de golf), etc., los flujos dinerarios opacos son una nadería.

Su movilización corresponde a detalles y atenciones para amigos de las cúpulas políticas, y que nadie osará imaginar que sirvieron para poner de acuerdo voluntades públicas y negocios privados, …porque, si todo funciona bien, ya estarían garantizadas por otras vías menos transparentes…y a niveles más bajos que los de los Bárcenas del ramo.

Ya verá el lector que yo no hago periodismo de investigación. No tengo tiempo. Ni ganas. Solo les pido a Rajoy y a Rubalcaba que nos ayuden a salir de ésta, y no se me ocurre método más simple que el que dejen que las bases de sus partidos tengan la palabra.

Los que no pertenecemos a ninguna formación política -ni siquiera a las, cada vez más atractivas, facciones todavía minoritarias- ya tenemos dicho suficiente: en las urnas y, sobre todo,  fuera de ellas.

Pasiones públicas, negocios privados

El debate sobre la gestión pública o privada de los servicios asistenciales apasiona. Cada vez que una Administración anuncia la intención de “privatizar un servicio público” se organizan manifestaciones sindicales y políticas de protesta, huelgas de los funcionarios y laborales afectados, y expertos interesados ofrecen sus obviedades para pasto intelectual de la concurrencia.

Hace tiempo que, por propia experiencia, me posiciono en la metafísica del debate. La buena gestión de una empresa o de cualquier actividad humana (es decir, también de un servicio público) no depende de que la propiedad sea pública o privada, sino, para una inversión dada, de cómo se ejerza en control.

La madre del cordero de los servicios públicos está, salvo quizá en el caso de la recogida de residuos urbanos, en las muy altas inversiones en infraestructura que son imprescindibles. La amortización de esos desembolsos iniciales hace que los emprendedores particulares renuncien a asumir tal riesgo, salvo que se le ofrezcan especiales garantías de recuperación de la inversión y, obviamente, de rentabilidad.

Realizar un estricto control de la gestión -ingresos, gastos, priorización de las inversiones, estímulos al personal, publicidad del producto, etc.) es especialmente importante en un servicio público. Porque la presión desestabilizadora viene de muchas vías: recomendaciones para aumentar la plantilla muy por encima de la funcional, parásitos laborales, inversiones de exhibición, compras derivadas de amiguismo, malos usos de los equipos, dejación en el cobro de los servicios, mala imagen general. idea de que lo público ha de ser gratuito, etc.).

La privatización de la gestión es distinta de la de enajenar el control. Ahí es donde debe concentrarse el énfasis de los responsables políticos. Y es ahí donde se les notan sus carencias. No saben controlar; y en lo que controlan, la experiencia amarga de lo que se ha descubierto en demasiados casos -una minoría, por supuesto, pero clamorosa-, es que priorizan su enriquecimiento personal o el de sus amigos.

Lo que es clave en la gestión de un servicio público es quién tiene la propiedad de las infraestructuras y de los equipos básicos. Si la tiene el empresario privado, si se le ha enajenado lo existente (y hay que ver a qué precio, porque su valor puede ser incalculable, debido a la imposibilidad de sustitución inmediata), malo. Si la mantiene la administración pública, a mí, la verdad, no me importa quien lleve la gestión, con tal de que lo haga bien.

Y para saber que lo hace bien, tengo que tener muy claro qué deseo que haga, y controlar que lo cumple con toda atención y rigor.