En Marche, l´Espagne!

A pocas fechas de consumación del penúltimo acto de la debacle socialista -me refiero a la posición ideológica ocupada, hasta ahora, por el PSOE-, no me parece descabellado mirar hacia la vecina Francia y, sin necesidad de acudir a la repetición de los argumentos ya ampliamente expuestos por quienes defendieron o abominaron del apoyo desde las trincheras de la izquierda al Cid Campeador Emmanuel Macron, poner de manifiesto ciertos aspectos de nuestra circunstancia política.

Primero. No tenemos, benditos sean los dioses de esta aldea, ningún Frente Nacional, ya caídos todos sus representantes más genuinos en la catarsis ideológica post-franquista. Las insinuaciones, por parte de quienes desean construir un catecismo desde el populismo ramplón, de que nos encontramos en una “excepción democrática”, no pueden ser compartidas en absoluto por quienes estamos viajados, conocemos mundo, y sabemos mirar sin anteojos al fondo del argumentario de los que quieren arrebatarnos santos y peanas sin más apoyo que su ardiente palabrería.

Segundo. El gobierno de Mariano Rajoy tendrá muchos defectos, pero no carece de puntos de solidez que, a falta de alternativas, se han convertido en nuestros mejores puntos de apoyo colectivos. Lo están demostrando las preferencias en las encuestas y lo consolidan, pese a quien pese, las discusiones vacías en el Parlamento y las exuberancias verbales y la repercusión, cada vez más débil, de las movilizaciones callejeras a favor de pedir y no comprometerse.

Tercero. Encuentro analogías entre Macron y Rivera (Albert), salvo que el cartucho de Ciudadanos ya está quemado o se mojó. Lo quemaron o mojaron todas las demás fuerzas, vientos y vientecillos políticos. Cuando el hoy postulante a dirigir el PSOE de las facciones, Sánchez (Pedro) firmó un acuerdo de mínimos con Rivera, en la ilusa aspiración de que se abstuviera el PP de Rajoy, lo quemaron los que desconfían de cualquier representación de la derecha en la que no militen las viejas familias. Cuando el veleidoso Iglesias (Pablo junior) se salió por peteneras auto-nombrándose vicepresidente en su propuesta pública, estando el entonces Secretario General del PSOE presentando aún al Jefe de Estado su intención de postularse para Jefe de Gobierno, la antorcha incendiaria la enarboló aquél.

Cuarto. Lo mejor del Partido Socialista Español  (tengo reparos en ponerle la O) en estos tiempos de desorientación opositora, para este modesto observador, ha sido su gestora y, dentro de ella, Javier Fernández. Estuvo serio, firme pero también conciliador, comprometido con una historia común y árbitro impecable con las estridencias y desafueros de sus colegas de partido. Se dice de él que es mejor gestor que parlamentario, aunque esas voces provienen de quienes menos lo conocen, y pretenden, al juzgarlo así, menospreciar su carrera política. Hubiera sido, para recomponer su partido, la mejor opción. Patxi López, a su lado, parece un imitador.

Quinto. En este momento, y lo digo desde el pragmatismo, “No, tiene que adaptarse a ser, según los casos, Sí, Ya Veremos, o Mejor acepta tú mi propuesta”. Aconsejo, a quienes tengan dudas del camino a tomar, que escuchen con atención la grabación de los esperpénticos comentarios que el profesor Verstrynge, ciudadano de doble nacionalidad española y francesa -quien incluso apeló a su pasado fascista para defender su actual conocimiento de la situación-, por los que defendía que habría que abstenerse de votar a Macron.

Sexto. No estamos en situación de emergencia nacional (al menos, no todavía y, para mi tranquilidad, no veo atisbos de que arribemos a tal situación), pero me gusta adoptar el lema del flamante Presidente de la República Francesa, como llamada de agrupamiento a quienes no saben qué camino tomar. “¡Adelante, España!”, “¡Ante todo, España!”. Es un grito patriótico, en efecto, pero se ha vuelto a poner en valor ser patriota. Si las naciones que tienen más peso económico y sociológico que los españoles apelan a las esencias históricas, sin renunciar a manifestarse -en esta parte del escenario- europeos y globales, no necesito más razones para enarbolar la misma bandera, para defender los intereses de mis conciudadanos.

Ya habrá tiempo para reconstruir todo lo demás.

El PSOE, Podemos, la izquierda y la socialdemocracia en España

No se cómo lo estará viviendo el lector (no le estoy viendo, solo lo imagino), pero quiero expresar mi inquietud acerca de la deriva que ha tomado la izquierda de este país.

Por una parte, me alarma su falta de liderazgo o, mejor expresado, el exceso de individualidades deseando tomar cualquiera de los guiones o estandartes que se encuentren en la vitrina de las sala de banderas. No hay debate interno, y solo surgen las ansias de capitanear el grupúsculo, atraído por las opciones que presenta la terrible vulgaridad, la falta de cultura, información veraz y perspectiva del pueblo llano.

Así que, a pesar de las manifestaciones de unidad de todos cuantos aspiran, al menor descuido, a convertirse en cabeza de lista de facción, pertrechado tras los salarios con los que nuestra democracia en peligro compensa a los llamados representantes del pueblo, no veo sino ambiciones personales en la gran mayoría de los que han hecho de la política su cómoda profesión.

No me conmueven, salvo para alimentar mi ironía, las más bien ridículas, representaciones de afecto, con abrazos y besos que se prodigan, vengan de la izquierda del mapa como de la derecha, cada vez que se cruzan en público. Y estoy convencido, en lo que me importa algo más, que los caminos de la izquierda, en este momento, se han convertido en múltiples laberintos.

Me resulta imposible entender cuál es el argumentario que dirige la cabeza de los que se expresan como portavoces, tanto de los nominados como de los improvisados, en los partidos de izquierda.

No tengo dificultad en interpretar las señales del actual gobierno, ni tampoco en entender las cuestiones que rigen el catecismo formal de todos cuantos confían que dirigir lo público en un país es cuestión de gestión y no de ideología.

Pero…¿en qué se ha convertido el ideario de la izquierda? ¿Quiere evolución o revolución? ¿Orden o caos? En España, tras la dictadura, algunos hemos vivido con ilusión la posibilidad de una alternancia entre partidos de derecha e izquierda. Parecía una excelente forma para avanzar que los gobiernos progresistas dieran dos pasos hacia adelante y que el paso para atrás (si se produjera) de un gobierno más conservador ayudaría a consolidar lo alcanzado.

El fracaso del ideal socialdemócrata, en España como en Europa, tiene mucho que ver con la obsesión de los dirigentes de los partidos tradicionalmente llamados a la alternancia, por criticar al gobierno, sin proponer alternativa. Ignorando que esa moderación en el gobierno, la preocupación por sostener el estado del bienestar amenazado de grave deterioro por la crisis económica, es hija de la socialdemocracia, esto es, del posibilismo, del pragmatismo.

Porque la “socialdemocracia” se convirtió en la posición práctica de aquellos que, desde la sensibilidad acerca de cuanto debe mejorarse distribuyendo los beneficios del progreso común entre los que menos tienen, están dispuestos a aprovechar todas las ocasiones para tirar de la cuerda desde el lado de los necesitados. Sin romperla.

Puede que si tuvieran menos años y , sobre todo, menos experiencia, de en qué se convierten los vocingleros cuando se les presenta la oportunidad de sacar tajada,  me atraería a participar en un movimiento de revisión de los anquilosamientos que la falta de ideas ha traído a la vida política. Pero no cuenten conmigo para chillar que hay que cambiarlo todo sin aportar la menor idea de cómo respetar las armazón del edificio común. Ni tampoco, para poner mi careto detrás de los que chillan.

Claro que, ni yo me he postulado, ni me han llamado, así que no me amenazan remordimientos de conciencia.

Buscando soluciones lleva Asturias (Soneto)

Buscando soluciones lleva Asturias,
-que, sacándola del pozo en que cayó,
la liberen de penas y penurias-
varias décadas probando y aún no halló.

La terca realidad vence a las furias
que se acaban convenciendo algo falló,
(no por ser las actuaciones​ espurias,
sino solo insuficientes, pienso yo).

A pesar de evidencias, hay confianza
en que el tiempo acalle las injurias
con que algunos critican la tardanza

en cambiar por las nuevas, viejas curias,
(que habiendo contentado nuestra panza
ocuparon espacio por centurias).

Siendo en tal situación la paradoja
que, una región industrial por excelencia,
en lugar de confiar en que la ciencia

venga a salvarla de su pata coja,
crea ciegamente de mayor solvencia
al turismo de “toma pan y moja”

(Con este soneto, y su estrambote, terminé mi última conferencia sobre desarrollo en Asturias)

Modelos regionales de generación de actividad económica y empleo en la Revolución de la Inteligencia.

El 4 de mayo pronuncié, invitado por el Colegio de Ingenieros de Minas del Noroeste, en Oviedo, una conferencia con algunas reflexiones sobre la posición de Asturias frente a la llamada Revolución de la Inteligencia. Como no leí ningún papel, me acomodé a lo que me pareció podría ser más relevante y puse énfasis dramático en la idea de no cansar al público asistente, por lo que la versión oral fue, no solo más reducida, sino más entretenida (quiero creer).

Después de 45 minutos de exposición, se dedicó tiempo al coloquio, que resultó, como suele decirse, animado e interesante. En este caso, con singular razón. De él no tengo más constancia que la de mi memoria y la de los asistentes que casi llenaron la sala, aunque ese jueves en Oviedo parecían haberse concitado todos los organizadores de actos de la región para ofrecer opciones donde pasar el rato.

Agradecería que todos aquellos que encuentren el texto interesante, lo difundan. ¡Por Asturias!

Modelos regionales de generación de actividad económica y empleo en la Revolución de la Inteligencia. (Reflexiones sobre las actuaciones con mejores perspectivas y su posible aplicación para Asturias)

Ponencia de: Angel Manuel Arias, Dr. Ingeniero de Minas y Abogado

Introducción

Desde distintos ámbitos, se ha difundido que nos encontramos en la tercera revolución industrial. Incluso, como las cosas van rápidas, piensan otros que estamos ya en la cuarta. Qué más da. En todo caso, se está de acuerdo en que la inteligencia artificial y las tecnologías de relación de datos y difusión de la información, están introduciendo y, lo han hecho ya en muchos ámbitos, nuevas variables desconocidas hace muy pocos años.

Me parece imprescindible analizar las consecuencias prácticas de esta avalancha tecnológica, que ha convertido a una mayoría de la población mundial en usuarios encantados o, al menos, en espectadores maravillados de las excelencias que ofrecen aparatos, materiales y programas, sobre todo, en el área de las comunicaciones. El verdadero elemento de unión entre esas multitudes es que no tienen la menor idea de cómo se fabrican y una ligera intuición de dónde.

Es una situación con un potencial ambivalente, y una deriva hacia consecuencias que pocos se han detenido a valorar, obsesionados con el disfrute momentáneo, ya que la sensación de satisfacción amenaza con no ser duradera, o, al menos, no lo será para todos. Mi punto de partida no es poner el énfasis en la calidad y carácter de esas tecnologías, de la que existen algunos productos de empleo muy difundido. No. Mi observatorio va a focalizarse en la realidad de que estas creaciones de prestaciones en crecimiento exponencial, están dividiendo a la sociedad en dos grupos: los usuarios finales, legos tecnológicos, y la élite de creativos, usuarios primarios y secundarios, que, bien como empleados pero también como autónomos, son los creadores, fabricantes y transformadores de las tecnologías.

Los flujos económicos relacionados con las tecnologías de esta Sociedad de la Inteligencia están trastocando brutalmente los que se consideraban habituales y a los que se creía conocer. Nuevas grandes empresas y protagonistas de todo nivel se están situando para controlar desde posiciones dominantes, o, cuanto menos cómodas, la masa dineraria que se mueve, en cantidades ingentes, desde el consumo hasta la generación. Claro está que los consumidores no siempre podrán pagar lo que desean, si no tienen forma de generar recursos, por lo que el grupo de usuarios finales, potencialmente inmenso, también se acabará reestructurando en subgrupos, de acuerdo con su disponibilidad de acceso -no técnico, sino económico- a esas maravillas de la tecnología.

En medio de este escenario me gustaría detectar una clase media socio-tecnológica, que estaría formado por quienes producimos y consumimos mayoritariamente bienes y servicios en los que las tecnologías consolidadas siguen jugando un papel central. En ese grupo, que es, por su esencia, el único en que militamos todos, solo unos pocos parecen haber detectado que la Sociedad de la Inteligencia, también amenaza las esencias de la vida en comunidad y genera una continua tensión emocional, social y, en lo que más debe interesar a las regiones, de empleabilidad.

Con este trabajo pretendo contribuir a la reflexión sobre la manera en que las tecnologías de la Revolución de la Inteligencia están afectando, y, en mi opinión afectarán aún más, al sostenimiento de la sociedad del bienestar.

Como idea general, si no se actúa con fórmulas de resistencia, lo harán a peor, deteriorándolo; y el deterioro se hará desastroso, por lo que deberá ser imprescindible poner pantallas de contención a las corrientes desordenadas de producción y consumo derivadas de las tecnologías en las que una región o país sean usuarios y no contribuyan a su creación, Paralelamente, se deben generar y apoyar puntos de actividad cercanos y asequibles a la gran masa de población, ya que la tecnología -en sentido amplio- y la globalización, suponen una interferencia constante sobre la contribución de capital y trabajo en la producción de bienes y servicios.

Primero. La tecnología como factor determinante de la rentabilidad

En los manuales clásicos de economía, al referirse a la función de producción, se estudiaban las interacciones entre capital y trabajo, considerando las influencias de los tipos de interés del dinero, la forma de financiación de equipamientos, instalaciones y circulante, o la selección y mejora de cualificación de los empleados, con el objetivo general de aumentar la eficiencia.

El propósito de hacer la producción más rentable (optimización del beneficio, mejor calidad, más cantidad, para entendernos) pasaba también por introducir automatismos en las máquinas, reducir residuos y desechos, y, en suma, disminuir los costes de producción, aunque no se analizaba con carácter global que la tecnología, en sentido amplio, llegaría a interferir de manera sustancial sobre la función de producción. Hoy día no se duda que, en muchos procesos, y en número creciente, se ha convertido en el factor determinante de la rentabilidad y que su efecto más claro para la masa social es que presiona continuamente sobre la empleabilidad.

Hablamos de desarrollo, pero en realidad, cuando nos planteamos el desarrollo regional, lo que pretendemos es contener la corriente impetuosa de pérdida de actividad y empleo que, en un entorno de competencia global y casi continua modificación de las mejores tecnologías disponibles, amenaza con llevarlo todo por delante.

La generación de empleo se vincula tradicionalmente a la creación de actividad económica, admitiendo que la movilización de recursos económicos creará puestos de trabajo. La automatización de los procesos ha llevado al empleado a una situación de riesgo permanente de ser sustituido por la máquina. Para el trabajador desplazado en una “reconversión”, y conducido al paro, ese estado de mercancía puesta en un mercado en el que desconoce (no solo él) las claves de la competitividad, no solo genera grave insatisfacción, sino que, al perder seguramente para siempre, el medio de sustento para él y su familia, pasa a depender de la asistencia social y de la solvencia y carácter de las prestaciones públicas.

Los responsables de las regiones son especialmente conscientes de la situación de deterioro y, muy concretamente, las que tienen estructuras heredadas de la actividad industrial de los sectores que entraron en crisis irrecuperable, por efecto de los avances tecnológicos. Asturias, con una cabecera industrial desproporcionada, creada y fomentada para servicio del resto del país, fue tempranamente sufridora de ese corte tecnológico. Ni el esfuerzo de los agentes socioeconómicos, ni las subvenciones, ni los programas de reconversión, reactivación industrial o desarrollo tecnológico, han permitido recuperar aquella posición de los años sesenta y setenta del pasado siglo.

La economía de la región asturiana se sostiene, en buena medida, que no me atrevo a cuantificar con exactitud, por la existencia de rentas del capital privado acumulado en años de bonanza y, sobre todo, por los ingresos por pensiones de jubilación y prejubilación.

Que una región castigada en su geografía por industrias potencialmente contaminantes o deterioradoras del ambiente como la siderurgia, la producción térmica de energía eléctrica, o la extracción minera, haya apostado, con éxito, por la promoción de sus valores turísticos, no dejaría de parecer una paradoja. Pero el turismo también puede ser pan para hoy y riesgo para mañana, pues los atractivos -precio, novedad, naturaleza, calidad de servicios, etc.- también entra en la bolsa de la competencia desaforada y, por sólido que nos parezca el escaparate, el mantenimiento del negocio depende de las decisiones de los clientes, en menor medida que la calidad o buenos propósitos de los oferentes.

Segundo. Mantener la actividad económica regional

No deseo abrir demasiado el espectro de las reflexiones que pondré sobre la mesa de discusión, para no sucumbir en el empeño de querer abarcarlo todo. Por ello, y volviendo a la teoría, someto a consideración que el mantenimiento de la actividad económica de un área o región, puede intentarse desde dos grandes opciones, que actúen sobre el tejido industrial y de servicios:

1) bien potenciando al máximo el crecimiento endógeno, analizando y utilizando todos los recursos disponibles (de naturaleza, minerales, profesionales, formativos, económicos, etc.)

2) o introduciendo elementos especialmente elegidos, que se incorporen al tejido ya generado, y creen nuevas interacciones con él.

Ambas propuestas no son incompatibles, pero en el desarrollo regional se ha de decidir mayoritariamente por una u otra.

Podemos asimilar estas propuestas con lo que se aplica en fruticultura o jardinería. Si queremos un efecto rápido y vistoso, podemos intentar trasplantar árboles ya bien formados. El riesgo es alto, y la posibilidad de éxito, escasa. Hay que extremar los cuidados profesionales, escoger vegetales con excelente cepellón y que sean, por sí mismos, resistentes. En terminología empresarial, una gran empresa que sea atraída para reimplantarse en otra zona diferente a la que creció, habrá impuesto altas exigencias para el traslado, y la difusión de sus deseados efectos activadores en la nueva será siempre problemática. Su posición dominante la hará exigente y la región dedicará a su mantenimiento recursos (económicos y laborales) de los que privará a otros agentes económicos.

También se puede optar por injertar en un árbol nodriza existente, con buen vigor y ya bien arraigado, una rama de aquella estructura que nos parezca más interesante, por sus frutos o por su calidad. Esta opción tiene, en fruticultura como en la economía empresarial, muchas más probabilidades de éxito y, además, puede intentarse con muchos vegetales; esto es, con muchas empresas del tejido propio anterior. Hablo de acuerdos de cooperación, join venture, sociedades mixtas, etc.

Tercero. Captación de sedes de multinacionales, con o sin Brexit.

Hay una situación novedosa que algunos creen ofrece opciones de captar sedes empresariales importantes. Como se ha ya difundido, la posibilidad de que el Brexit (salida de Gran Bretaña de la Unión Europea) se haga efectivo, y en paralelo a las negociaciones de salida, ha abierto una carrera diabólica entre las grandes ciudades europeas, tratando de convencer a los grandes grupos empresariales implantados en Gran Bretaña y que sostienen una parte sustancial de su mercado en la Unión Europea, para que muevan sus sedes para quedarse en ella.

Casi todas las capitales europeas están concentradas en negociar ese apetitoso botín, siendo París la mejor situada para obtener el mayor beneficio de los desplazamientos que tengan lugar. En España, Barcelona es candidata para la implantación de la Agencia del Medicamento, que cuenta con 900 empleados y un presupuesto de más de 300 millones de euros. Madrid ha anunciado recientemente la creación de un Think Madrid para atraer empresas británicas. Decenas de ciudades europeas se plantean los mismos objetivos.

En este asunto, como en cualquier pretensión de activar un desplazamiento de un grupo empresarial o convencer a un gran inversor de las ventajas de un área -negociaciones en las que los agentes asturianos tienen amplia experiencia, más bien de fracasos que de éxitos-, no hay que obsesionarse en presentar los méritos propios, sino situarse en la posición de quienes deben tomar la decisión por parte de aquellos a los que se pretende atraer. Se deben vencer dos resistencias: la propia del país en el que el complejo está implantado, y que estará atento a revisar su oferta -disminución de impuestos, fundamentalmente- y la oposición natural a cambiar, por los riesgos que comporta y la aversión de los ejecutivos y personal empleado a cambiar su residencia. A ello debe añadirse, la presión y desórdenes sociales que reflejará la inquietud de los trabajadores que teman ser despedidos y de las empresas que formen el cluster en el área de prestaciones de servicios, equipos y material, relacionadas con la principal.

No tengo dudas de que conseguir captar un grupo empresarial británico que haya decidido reimplantarse en la Unión Europea restringida, tendrá relación con el apoyo a las nuevas tecnologías y sería una buena noticia para la ciudad y la región que lo acoja. Por el contrario, me parece que el Brexit puede significar una pérdida significativa de ingresos a algunas regiones españolas que hayan contado con el turismo inglés o con las exportaciones al Reino Unido.

Por lo demás, la oportunidad de captar algún grupo de empresarial británico movilizado hacia territorios de la Unión, equivale a adentrarse en una segunda vuelta de un proceso en el que existe un candidato ya elegido, próspero, conveniente, que no ha perdido ninguna de las cualidades propias, sino al que se han modificado algunas condiciones externas. Salvo que la sede venga obligada por disposiciones de la Unión y, en todo caso, en dura competencia, pocas opciones veo para las ciudades españolas y, lamentablemente, ninguna para Asturias.

No está de más poner de manifiesto que el mayor hándicap que tiene España y, por ello, sus ciudades, para atraer multinacionales, es la escasa internacionalización de sus cuadros. Las pocas grandes empresas españolas disponen de muy pocos directivos extranjeros. Coincidimos en esta rémora con Francia, cuyas multinacionales raramente emplean extranjeros en puestos clave. Por el contrario, en los países anglosajones la discriminación no es tan aparente, y en los Estados Unidos, especialmente, los staff tienen un carácter manifiestamente plurinacional.

Cuarto. Rivalidades intrarregionales

El afán, consciente o inconsciente, del magma colectivo asturiano para constituirse permanente en un campo de pruebas y en la repetición de los esquemas suprarregionales, que han hecho más daño que bien a la economía española, mantiene una pugna estéril, incluso negativa, entre Oviedo y Gijón; Avilés, Mieres o Langreo permanecen en lo opaco de esta rivalidad intrarregional, que se asemeja a la permanente tensión entre Barcelona y Madrid.

Nada bueno me parece que provenga de alimentar esa bipolaridad, que ha producido demasiadas repeticiones de los mismos modelos culturales, de desarrollo industrial, etc., formando barreras ficticias entre ciudades que están distantes menos de 30 km. No necesitaba Asturias ni dos Escuelas Técnicas Superiores (con el mismo objetivo formativo, ya que Minas e Industriales compiten por la misma oferta de empleo), ni duplicar centros de promoción industrial, de investigación, de cultura y formación a todos los niveles (pero particularmente en aquellos que exigirían disponer de un personal docente muy cualificado), ni distanciarse cultural ni en ofertas de creación y de ocio, como si hubiera algo positivo que obtener para la región de potenciar municipios de pequeño tamaño como si se tratara de ciudades estado -¡estamos hablando de una región que tiene 1 millón de habitantes, y que concentra en el núcleo central, en un radio de quince a veinte kilómetros, casi las dos terceras partes de esa población.

Asturias debe ceder su voluntad de forzar localismos desde los Ayuntamientos, en particular en los núcleos urbanos relativamente más importantes, y ceder el poder de coordinación e impulso al gobierno regional. La sociedad civil, en ese concreto aspecto, como en otros, precisa de unir todas sus fuerzas en el objetivo común de gestionar la actividad, la promoción científica, la formación universitaria, y, por ende, las perspectivas de creación de empleo.

Quinto La orientación al mercado mundial como riesgo

Hemos pasado por un período de máximo énfasis hacia la globalización de los mercados, y la orientación hacia la exportación ha salvado y está salvando, sin duda, las cifras de resultados de algunas empresas que pudieron encontrar un mercado alternativo a la pérdida de los mercados interiores, o desarrollaron un producto de calidad internacional o encontraron, a tiempo, un mercado local exterior aceptable. Tampoco debemos confundir los términos. Exportar no es sinónimo de ofrecer calidad, ya que, normalmente, dentro de unos márgenes, el factor determinante para la competitividad es el precio.

Sin embargo, el mayor peligro de las regiones que orientan obsesivamente sus sistemas económicos al mercado mundial reside en que se pierdan las referencias hacia las necesidades de la propia ciudadanía. De ser así, con un enfoque con sesgo exportador, la situación puede convertirse en muy grave, dando lugar al deterioro de las prestaciones, calidad y servicios locales y a que las empresas, alcanzando facturaciones en la exportación interesantes, vayan derivando, allí donde sea posible, la producción hacia los países de destino.

En concreto, en las empresas de servicios, el aumento de facturación en el extranjero, y las cifras de incremento del empleo global, atrae pocos beneficios reales a las regiones en donde se asientan sus sedes centrales: los empleados que prestan los servicios deberán ser locales en su inmensa mayoría y el personal desplazado se restringe a técnicos y profesionales con alta cualificación, siendo la repatriación de beneficios, si los hay, raramente posible, obligando a su reinversión en el país de la filial.

Tanto a escala general como, en especial, a nivel regional, el desarrollo debe ser visto una opción colectiva, asumida por todos, que no se puede confiar a la actuación descoordinada de los agentes socioeconómicos y no tiene mucho que ver con las directrices de las empresas con más peso en la región que, por una especie de efecto mágico, consiguieran encontrar un camino idóneo para la mayoría que coincidiera con sus intereses.

Nuevamente en este apartado quiero referirme al impulso de la sociedad civil, cuya falta de organización y debate es patente en Asturias (no se ha plasmado, en todo caso, en un objetivo regional) y la necesidad de que las actuaciones, también las propuestas que sean negociadas con la Administración Central y con otras Administraciones Regionales, se realicen a nivel exclusivo de la Administración autonómica, con el apoyo, eso sí, de los municipios o comarcas supramunicipales. Especialmente, de Gijón y Oviedo.

Sexto. Los individuos no somos globales

La cuestión clave, desde la perspectiva sociológica, es decidir, ¿dónde deseamos situar en el desarrollo regional al ser humano? ¿Qué esperamos de las empresas, de los promotores, de los inversores y de las actividades ya implantadas o desarrolladas, y qué buscamos de las futuras, en relación con esa premisa?

Porque, por muy global que sea el mundo, los individuos no somos globales. Nuestra vida, aunque la normativa de los comportamientos se haya ido uniformizando, al menos en cuanto a las aspiraciones de bienestar, sigue siendo muy local. Pasamos toda nuestra vida en el mismo lugar,  y en ese lugar en el que ahora vivimos, deseamos estudiar, trabajar, desarrollarnos, interactuar, y, por supuesto, disfrutar de un entorno agradable. La calidad de vida que deseamos para nosotros y nuestros hijos no mejora porque sepamos que otros ciudadanos de países más o menos alejados viven estupendamente. Al contrario, ese conocimiento, y, en su caso, no poder alcanzar esos niveles, se traduce en frustración, en exigencias de equiparación, en tensiones.

Con esa orientación, la economía regional debe poner la atención en la organización de la calidad de vida en áreas reducidas, tomando como medida esencial de su éxito, la valoración del paisanaje. En un mundo global, la orientación de la economía no puede perder el énfasis local, que, incluso, debiera ser lo más importante. Los agentes deben comprender la complejidad de los modos de comportamiento globales (técnicos y económicos), activando y consolidando sus puntos fuertes, pero mirando su aplicación y efectos hacia lo regional.

Analizado de este modo, la base sustancial de una economía regional no debiera ser alcanzar la excelencia como competidor en la economía global (por ejemplo, con un tejido industrial basado esencialmente en mercancías destinadas a la exporación). La satisfacción a la generalidad de su ciudadanía y la estabilidad de sus estructuras descansan en otro baremo.

El objetivo de la economía regional debe ser alcanzar el abastecimiento y prestaciones óptimas de su población, y posibilitar el sostenimiento de su nivel de vida y subsistencia de forma autónoma.

Séptimo. La economía regional es subsidiaria de la economía nacional

Una economía regional debe interpretarse, en mi opinión, como un complemento, una derivada segunda de la economía global, y no ha de tratar de reproducirla. La orientación simplista a la economía global, se traduce en dependencia de la deriva de esa economía que no se controla, y aumenta el peligro de que cualquier inestabilidad de los mercados exteriores, por efecto multiplicador o tsunami económico, se traduzca en un desastre local. Por el contrario, una economía regional que se oriente económicamente, de manera sólida y en alto porcentaje, hacia la producción independiente y la autonomía de las prestaciones, podrá aprovechar las ventajas de la mayor desvinculación del exterior de su tejido de producción y servicios, que se encontrará orientado hacia las necesidades de la población local.

En el fondo, la idea no hace sino responder a la reflexión de que la solidez de lo grande se compone de la solidez de lo pequeño, y, apelando a la estrucutura fractal, también este caso, la economía global puede servir de ejemplo consciente para la construcción de muchas economías regionales, repitiendo a escala reducida el mismo modelo.

Octavo. Orientación de la economía regional

La orientación regional de la economía ofrece las siguientes características ventajosas:

1)      La producción se focaliza hacia el consumidor final, al que se conoce, y esa proximidad,  hace los procesos más trasparentes para el cliente y es garantía del cumplimiento de la legalidad, de la satisfacción de los deberes éticos y, por supuesto, de la legislación ambiental.

2)      Para los empleados y clientes, la proximidad recíproca entre los lugares de habitación, trabajo y formación o disfrute (centros educativos, culturales, de diversión, etc.) aumenta la sensación de felicidad, disminuye los tiempos de transporte y de ausencia de la vivienda familiar, reduce las emisiones contaminantes, incrementa el tiempo de ocio, etc.

3)      En la cuestión meramente técnica, la focalización hacia la clientela regional, disminuye la dependencia de lo local respecto a los avances de los desarrollos supraregionales y global, por lo que se rebaja el efecto nocivo de la competencia global, construyendo barreras naturales (es lo que en lo que en lenguaje coloquial se suele interpretar con frases como „mi proveedor conoce mis gustos, y me atiende mejor“)

4)      Cuando se prefiere y activa el empleo de los recursos locales, su utilización intensiva arrastra capacidades derivadas, aumentando la carga de las empresas locales, y, por ello, se vincula la formación y capacitación con las estructuras productivas, aumentando la capacidad de generación de empleo local. Se aprovechan, en suma, mejor las potencialidades de los recursos humanos y se aumenta su satisfacción.

No quisiera que estas consideraciones se vieran como crítica a lo que se está haciendo en Asturias. Al contrario. Mi pretensión es, si así se estima conveniente, ayudar a repensar las formas de activar la vinculación de la economía con los recursos regionales y el consumo. Al fin y al cabo, esta idea no puede ser más simple.

Noveno. Ideal de la economía regional

A este nivel genérico, lo expuesto conduciría a definir el ideal de una economía regional:

Será aquella que pueda proporcionar esta combinación:

  • El abastecimiento y satisfacción de las necesidades básicas de su población con sus propias capacidades y recursos. Estas necesidades vitales fundamentales suponen disponer de producción de alimentos variados, vivienda digna (concepto difuso, aunque admitido por la generalidad sin discusión), centros para impartir la formación adecuada, oferta de actividad cultural, servicios de sanidad satisfactorios, transporte interior y red de comunicaciones (tic) proporcionadas todas ellas por medios propios.
  • La oferta de mercancías, servicios o capacidades especiales al mercado global, que compensen la necesidad de efectivo para la compra de mercancías y prestaciones ajenas.

No trato de defender una autarquía inconsciente, sino saber actuar de manera inteligente. La posición, tamaño e intereses de las regiones no se pueden identificar con las de un país. Que un país como Estados Unidos cierre fronteras a la globalización es una amenaza global. Que una región del tamaño de la asturiana decida concentrarse en el apoyo a lo local, es obligación de supervivencia.

La combinación de ambos elementos debe facilitar una existencia regional autárquica en lo fundamental para la existencia y bienestar de sus habitantes, combinado con un aprovisionamiento complementario de bienes especiales, innecesarios o de lujo.  Hay que apelar a la solidaridad regional como concepto de mantenimiento del bienestar social. Esto es, hay que dar voz predominante a la sociedad civil.

Por supuesto, el analizar de este modo la cuestión no es exclusivo. La problemática es común absolutamente a todas las regiones del mundo, con independencia de si se trate de un país en desarrollo o de los que se consideran ya desarrollados y a la cabeza tecnológica. Los asesores de Trump no son imbéciles cuando apuestan por el impulso a la producción y consumo propios, a apoyar el sector de defensa o a despreciar las consecuencias del cambio climático. Son insolidarios, pragmáticos, fieles al principio de „sálvese quién pueda“

Décimo. Algunas ventajas del pasado

En España, la división territorial plantea problemas de dimensión insuficiente. En mi opinión, hay que revisar el mapa autonómico, simplificándolo. Tengo hechas propuestas en este sentido y desde hace tiempo. La unión natural de la región asturiana es con el arco cantábrico (Galicia, Cantabria, País Vasco) y, si las comunicaciones fueran mejores, con León (incorporando, en especial, la comarca del Bierzo). Cuando la ausencia de comunicaciones, o su deficiencia, obligaba a extremar la capacidad de producción propia, algunas regiones se concentraron en extraer la máxima producción de sus recursos naturales.

La posición de Asturias, inducida por su histórico aislamiento, supuso la orientación hacia el mayor aprovechamiento del terreno -vegas regadas por las corrientes naturales en donde se cultivaban todo tipo de hortalizas, cereales ylegumbres; terrenos que se procuraban dedicar a pastos para el ganado y se cuidadaban con esmero y, en fin, la explotación razonable de bosques y arbolado, con interés en la producción de frutos comestibles-. Se formaron cabañas pecuarias adaptadas a la producción de esos campos, la naturaleza se protegía porque era parte sustancial del sustento. Las familias vivían razonablemente felices en la optimización de su aislamiento.

Ni siquiera el descubrimiento de los yacimientos de carbón o de hierro, aunque abundantes, provocó demasiado convulsión sobre la estructura, al menos hasta mediados del siglo XX. Fue la creación de Ensidesa, la unificación de las explotaciones deficitarias en Hunosa, y la concentración de inversiones públicas fabriles en Asturias y la formación de una industria exclusivamente orientada al servicio de los mastodontes públicos, la que generó un grave desequilibrio regional, convirtiendo a la región en un monstruo de gran cabeza sin cuerpo suficiente que lo sostuviera.

Aunque la situación ha merecido diversos análisis -a ello dediqué mis esfuerzos profesionales cuando retorné de Alemania, y expuse mis propuestas en 1988 en mi tesis doctoral, que completé con varios trabajos posteriores- existiendo informes de gran calidad, mi opinión es que se ha puesto perfectamente el dedo en la llaga pero no se han activado las soluciones correctoras suficientes. Existen sí, medidas muy cualificadas, pero de escasa entidad para producir efectos relevantes, aunque nadie puede cuestionar su mérito.

Cuando sucedió, de manera brutal, el hecho terrible que varios de los sectores básicos en los que se había apoyado la economía del país -siderurgia, hullero, agropecuario, lácteo, naval, defensa, etc.- fueron reducidos a su quintaesencia, por acuerdos de reducción de cuotas en la Unión Europea, la eliminación de subvenciones, la competencia intraeuropea o las rebajas arancelarias, Asturias se quedó, como suele decirse vulgarmente, con la mano en la brocha y sin escalera.  Faltó, y no hay que culpar a nadie, porque era imposible conseguirlo, ni contando con todo el tiempo del mundo, la sustitución de las producciones fallidas por las de otros sectores equivalentes. No era posible reconstruir una economía regional que se había orientado hacia el abastecimiento nacional, y lo había hecho desde una posición de autoarquía, para conseguir hacerla competitiva y rentable, y con la misma capacidad de empleo, introduciendo nuevas empresas que sustituyeran a las eliminadas, o exprimiende la creatividad y el emprendimiento regional hasta agotar su jugo.

Undécimo. Capacidad para recuperación autónoma

He defendido, y sigo defendiendo, la posición pragmática de que la región asturiana carecía y carece de capacidad para su recuperación autónoma a los niveles que tenía. Y no es cuestión de tamaño, solamente. Otras regiones con parecida densidad de población han podido construir una estructura económica y de producción mucho más enraizada, más acorde y desagregada, de conformidad con los recursos, disponibilidades y capacidades propias. Pero no tenían iguales servidumbres de partida.

En mi opinión, como también expuse en reiterados documentos a los que di publicidad, la incorporación de alguna filial o sucursal de multinacional, con la idea utópica de que serviría para reactivar la economía, no sirvió más que como adorno. Lo que la región necesitaba, y necesita, para mantener el nivel de empleo y de actividad de consumo que se creó entre 1950 y la crisis de la siderurgia y del carbón, es un entronque sustitutivo con las líneas estratégicas de desarrollo imprescindibles para el conjunto del país y activar al máximo sus capacidades propias, sin despreciar ninguna.

Hay aquí un dilema que en la región asturiana no está, en opinión de mi exclusiva responsabilidad, resuelto. Tiene la limitación,en primer lugar, de su insuficiente masa crítica, de carecer de un tamaño mínimo, pero, también está falta de encaje, en distintos escalones, con la estructura global del país y, en ulterior grado, dentro de la Unión Europea. No dispone de las relaciones de interactividad suficientes con los centros de producción y formación de los restantes países europeos.

La contención del deterioro de la capacidad de empleo en un marco de competencia global, no está ligado, como ya dije, al mantenimiento de las cifras económicas, ni siquiera el pib. Carece de todo sentido que las regiones se planteen de forma autónoma el reto de sostenimiento de la riqueza productiva y, simultáneamente, de su capacidad de empleo. La continua racionalización de los procesos productivos se traduce en la imparable pérdida de competitividad de muchos emprendimientos anteriores, que no por ello han de ser tildados de ineficaces, ni achacable la pérdida de productividad a empleadores o empleados.

Menos aún sirve trasladar a la economía, la ingenua idea con la que se pretende animar a un enfermo grave, “animo, tú puedes, que de esto se sale”. La capacidad y voluntad individual es, no solo insuficiente, sino, en general, innecesaria; incluso se puede convertir en un estorbo.

En la gravedad de la situación de la región asturiana, el potencial de generación endógena incontrolado es mínimo para cumplir con el objetivo de saneamiento. No necesitamos más bares, mercerías, peluquerías, ni tiendas de la esquina. La adaptación de las estructuras tecnológica y terciaria de las regiones a las nuevas condiciones -que son variables de continuo, y que están afectando y afectarán sustancialmente a la cantidad y calidad de las aportaciones de los seres humanos para la generación de actividad y riqueza, no puede confiarse al azar, ni a la complementariedad de las actuaciones individuales.

Aquí no sirven ni Smith, ni Samuelson, ni Keynes ni Hayek. En realidad, ya no sirve la economía. Hay que dejar el paso de la iniciativa a la técnica -no solo a las técnicas más avanzadas, también a las básicas, perfeccionándolas- y volver, simultáneamente, la vista a la sociología, a la conciencia social, a la reestructuración territorial, considerando las comarcas periféricas de la almendra central (Oviedo-Gijón-Avilés-Mieres-Langreo) como entidades a las que dotar de capacidad de sostenimiento autónomo suficiente; no solo en servicios, también en producción.

La falta de conocimiento y la escasez de ideas eficaces para impulsar el desarrollo, han llevado a algunas opciones políticas a colocar el énfasis sobre el aumento de los impuestos sobre los beneficios de las sociedades o aumentar la presión fiscal sobre las rentas de capital o trabajo. Lo que hay que conseguir es que los beneficios empresariales y el consumo y los ahorros de particulares se reinviertan en crear más actividades productivas.

Duodécimo. Coordinación a nivel de Estado

Por fuertes e ilusionados que sean los impulsos regionales, no se puede ignorar que el sostenimiento de la sociedad del bienestar y, en particular, el nivel de las prestaciones sociales alcanzadas, depende sustancialmente de la economía del país. En la Unión Europea, también está vinculada a la solidaridad entre Estados y a las medidas de apoyo conjuntas.

Los poderes regionales tienen poca relevancia en este aspecto y carece de sentido sobretensar la cuerda de las responsabilidades de los gobiernos regionales o de las capacidades propias. Las medidas que se adopten solo pueden considerarse coadyuvantes, subsidiarias. La posición en el conjunto del Estado debe ser coordinada y apoyada desde la visión de conjunto. La repetición obsesiva de los mismos esquemas en las regiones de un país -en educación, en investigación, en promoción de las mismas actividades y sectores, etc.- es, sencillamente, un intolerable despilfarro de recursos y conduce, sin duda, a una posición conjunta inferior a la que se obtendría de haber actuado coordinadamente.

Décimo tercero. Aumento de resistencias en la Economía de la Inteligencia

La objetividad de esta reflexión no impide apoyar que el cambio o modificación de la orientación económica de la región asturiana, como de cualquier otra que se plantea seriamente aumentar su capacidad de resistencia en la Economía de la Inteligencia, pasa por ahondar en estos factores de estabilidad:

1)      Revisar los flujos de producción y consumo en la estructura regional. Hay que volver a las tablas de Leontieff, aunque de una manera totalmente pragmática. No nos compliquemos la cabeza. Se trata de analizar de dónde vienen los insumos y quién adquiere y cómo se emplean los productos y servicios fabricados en la región. El objetivo del análisis es plantearse, y garantizar, hasta donde sea posible, que la mayor parte de los flujos económicos se encuadren en el marco de la economía regional. De forma simple: que la parte del león del dinero con que pagamos al panadero, al lechero, a la agencia de viajes, al comercio en el que adquirimos la lavadora, el televisor, el ipad o ese aparato que nos mola de última generación, se quede en la región y se consiga así, con él, un factor multiplicador.

 

¿Se está haciendo así? ¿Damos prioridad a lo producido por la empresa, el comercio o el equipo profesional cercano, o no nos importa? ¿Sabemos apreciar, de verdad, el origen, la calidad de los productos, o solo nos guiamos por la prisa, la ignorancia o un precio aparentemente ventajoso?

 

Deberíamos pensar en que el dinero no fluye de forma inocente, y deja huella. Más en la  sociología, en la demografía y en el bienestar general, que en la economía Hace décadas, cuando se adquiría, por ejemplo, el pan al panadero de nuestro pueblo, que lo elaboraba con harina del maiz que compraba a otro paisano del mismo lugar o del de al lado, que había molido gracias al accionamiento del agua sobre la rueda de su industria familiar, las cosas discurrían de forma muy transparente.

 

Con ese dinero -si es que no había trocado directamente el pan, digamos, por verduras producidas en el huerto del receptor- compraba la carne o las verduras que se criaban o cultivaban en la comarca, y así siguiendo, activando toda una cadena previsible de compensaciones próximas. Esos intercambios se basaban en producciones reales, creando riqueza que circulaba.

 

No era lo mismo que el brillante ejemplo propuesto por Frederic Bastiat,  en el siglo XIX, en las primeras lecciones de economía para dummies que se conocen, en el que ilustraba sobre las consecuencias funestas de que el hijo del cristalero, pretendiendo aumentar el negocio de su padre, se dedicara con ahínco a romper los cristales de los vecinos, pues todos se arruinaban, también el cristalero.

 

No es lo mismo, pero se parece mucho en esencia. En este momento de globalización desigual, en el que los individuos tratan de satisfacer sus necesidades básicas o ficticias, en una sociedad líquida, movida por la publicidad, el egoismo y la estupidez, el comprar obsesivamente los productos más vistosos, presentados como apetecibles por otros interes, sin importar dónde están fabricados, ni su calidad, sustituyendo continuamente a productos que no han sido amortizados ni alcanzaron su obsolescencia, conduce, con otras palabras pero el mismo efecto, a la situación provocada por el hijo del cristalero. Todos pierden.

 

Podemos medirlo en indices, auque en Asturias, una región tan pequeña, para detectar las consecuencias de lo que está sucudiendo, basta salir a la calle con la mente abierta, darse un paseo por la región sin utilizar las vías rápidas.

 

Décimo Cuarto. Flujos monetarios en la economía regional

Siguiendo con la exposición de sugerencias, y conservando la numeración, aunque la haya titulado de forma independiente, indico uno de los elementos que considero centrales para la activación de una base de resistencia regional, en la intención de que sea interpretado como un mensaje para Asturias.

 

2)      Tiene inmenso atractivo, analizar de forma suficiente cómo fluyen los dineros en la economía regional, y quiénes son los beneficiados, en última instancia, de las corrientes económicas de consumo.

 

Porque en una economía global, aunque lo sea parcialmente, habrá regiones fuertes y regiones débiles; es decir, las que resulten ganadoras o perdedoras. Para las primeras, el círculo de insumos y consumos es virtuoso; para las segundas, el círculo es diabólico. Para estas últimas, se va perdiendo sustancia, poder adquisitivo, actividad creadora, sucumbida ante la fiebre consumista. No quisiera tener que escribirlo, pero tengo la desagrable sensación de que Asturias está en el camino de pertenecer al núcleo enquistado de regiones perdedoras.

Estos son los síntomas:

1)      se forma personal, incluso con alta cualificación, pero no hay trabajo para la mayoría en la región, y, sobre todo, los mejores, se ven obligados a emigrar a regiones o países en donde cubren sus expectativas y son remunerados de acuerdo con sus conocimientos; quedarse supondría alimentar los riesgos de depresión e insatisfacción, contentarse con míseros salarios que…obviamente, disminuyen los poderes adquisitivos.

En una región perdedora,

2)      los emprendimientos que se generan son de escaso tamaño, tienen una tasa de mortalidad es elevada, por falta de clientela que las sostenga, financiación o capacidad gerencial. Faltas de perspectiva, esas iniciativas, son típicamente, formas de autoempleo o empleo familiar y actúan en sectores de servicios muy básicos, dirigidos a una clientela muy reducida (bares, pequeños restaurantes, peluquerías, tiendas de la esquina, mercerías, etc.); son negocios de subsistencia, si capacidad ni voluntad de crecer, por su propia característica; si están ubicados en una zona de éxito, y si la suerte les acompaña, rápidamente son absorbidos por cadenas de distribución y abastecimiento pluriregionales o multinacionales.

No deberíamos observar con tranquilidad la sustitución de los modelos empresariales para: a) abastecimiento de productos de primera necesidad por otro esquema en el que los centros de decisión nos son ajenos: a nivel de proximidad, tiendas regentadas por ciudadanos chinos copiadas todas de un patrón bien estudiado y financiadas de manera misteriosa (también se pueden encontrar algunos ejemplos, por zonas, de comercios alimentarios regidos por nativos marroquíes con productos de su país, y segundas calidades nacionales); b) a nivel de gran superficie, en macrocomercios en que se puede comprar de todo, muy poco realmente producido en la región y con empleados de bajos salarios. En consecuencia, se produce una descapitalización acelerada en potencial humano y económico, convirtiéndose la región en drogodependiente de la producción de otras regiones o países, y el único dinero que fluye hacia dentro es el de salarios típicamente reducidos.

Décimo quinto. Futuro crítico cuando se pierdan subsidios y pensiones

No nos engañemos. En Asturias, la persistencia de rentas, procedentes de pensiones y, en menor medida relativa, pero aún significativa, de subvenciones y de una actividad residual de restos de empresas públicas, privatizadas, o aquellas empresas que han reorientado su polo hacia la exportación, alimenta aún flujos económicos dedicados al consumo, que permanece intenso. Pero esa situación idílica se romperá en la medida en que la evolución natural de la pirámide vegetativa modifique los ingresos regionales y la exportación no sea factible o se dificulte por nuevos competidores. Porque esos flujos de consumo no están sirviendo para generar empresas de futuro, sino que, en los casos en que los captadores de ingresos no reinvierten en Asturias (solo se dispone en la región del efecto de los salarios, cada vez más disminuido), conforman escapes monetarios que favorecen otras áreas.

La preocupación aquí expuesta ha dado lugar a propuestas, convertidas en alguna ocasión en experiencias dignas de análisis, aunque se encuentran en fase de desarrollo, en las que se pone en valor estos intercambios en „dinero regional“, distinguiéndolos así de la moneda oficialmente vigente. La contabilidad de estos flujos económicos es clave para entrender la urdimbre regional y su interdependecia de otras áreas y regiones.

Las regiones con mayor capacidad de resistencia a la crisis continua de la revolución de la inteligencia son aquellas en las que los reflujos de capital son empleados en alta proporción para adquirir productos fabricados por otras empresas regionales, conformando una red de insumos y pagos o contraprestaciones que, analizada como entramado, permite detectar si se pueden aumentar las conexiones entre empresas para hacer más densa la red de producción y consumos. Y, para no tener que complicar la contabilidad, puesta la región de acuerdo, las empresas funcionan con una moneda regional, amparada por la Administración y el compromiso efectivo de los intervinientes en el esquema transaccional. Serían los nuevos „belarminos“, a los que cabría desear mejor final. Equivale a pintar la esquina de los billetes de curso legal, o marcarlos como hacíamos de niños con la ingenia frase: „vuelve“.

Asturias tiene un bajo índice de resistencia, medido en „dinero regional“. Las entradas de dinero a la región se producen, en una medida nada despreciable por pensiones derivadas de la inactividad laboral.

El número de cotizantes a la Seguridad Social (parece ser, según algunas cifras publicadas, del orden de 390.000) está muy próximo al de pensionistas (unos 310.000). Con una pensión media de 1.250 euros mensuales, por esta vía se insuflan a la región (aceptando que todos ellos vivan y consuman aquí) 4.650 millones de euros/año, que se dedican, fundamentalmente, en mera suposición admisible, a consumos de necesidades básicas, muchas veces, al sostenimiento familiar, al ser la única renta que entra en la familia.  Esta cantidad sería superior a la facturación del sector industrial, que según el IDEPA, alcanzaba en la región poco más de 3.500 Mill. de euros anuales.

Sería interesante conocer la distribución de las cantidades aportadas por las empresas a la SS, para deducir las magnitud de los salarios: en las empresas de servicios, como se sabe, cercano al salario mínimo.

Las empresas industriales de la región, en su mayoría pymes  -y de las de mayor tamaño relativo, solo un centenar escaso tendrían más de 50 trabajadores, lejos de los 250 mínimo, que las caracterizaría como „gran empresa“- adquieren preferentemente sus materias primas en el exterior y la reversión monetaria que, por su vía, se reintroduce aquí es la derivada de los salarios y derivada hacia la atención de necesidades básicas, no contribuye a la cadena productiva industrial.

Décimo sexto. Orientación hacia tecnologías de pequeña escala y a la producción de software

3)      En el marco específico de la revolución de la inteligencia, quiero llamar la atrención acerca del interés en dedicar esfuerzos a la implantación de empresas e iniciativas orientadas hacia las llamadas tecnologías de pequeña escala, es decir, tecnologías medias o „más adecuadas“ a las necesidades del tejido empresarial existente.

 

Nacidas para ser empleadas en países en vías de desarrollo, han encontrado, como los microcréditos, uso eficiente en los países desarrollados. Estas tecnologías se llaman, en alemán, „angepasste Technologien (AT)“ y, en inglés, „appropriate technology“. Existen movimientos sólidos a favor, desde hace décadas, con asociaciones que promueven la práctica tecnológica enfocada a procesos y tecnologías de las denominadas „socialmente atractivas“ (o de sensibilidad enfocada hacia las necesidades concretas del ser humano) y que, por supuesto, sean responsables con el medio ambiente. En Alemania, por ejemplo, la AT-Verband fue fundada como una Organización sin beneficios en 1988 y cuenta actualmente con 30 miembros que son consultores independientes, investigadores, institutos, expertos y compañías asesoras. Su objetivo central es concienciar a los usuarios y capacitarlos para desarrollar y aplicar soluciones técnicas en su propio interés.

 

4)      Debemos ser conscientes del poder y nivel de nuestros competidores, y buscar alianzas con ellos. Alemania tiene 415 institutos reconocidos oficialmente para educación de alto nivel: 106 universidades,  6 centros para formación de docentes, 16 centros para masteres tecnológicos, 51 para grados relacionados con las artes, 207 universidades de ciencias aplicadas, y 29 centros de formacion de administración pública. Las Universidades y centros educativos alemanes proporcionan 13.500 programas de grado a más de 2 millones de estudiantes, de los que aproximadamente 250.000 son extranjeros. Las investigaciones de alto nivel mundial se realizan en cientos de institutuciones científicas, de las que los más relevantes son el Fraunhofer-Gesellschaft, la Helmholtz Association, la Leibniz Association, y la Max-Planck-Gesellschaft. Estos centros actúan con independencia de las Universidades, con las que mantienen acuerdos de colaboración.

Décimo séptimo. Realidad de la investigación tecnológica en Asturias

He consultado la web del Ministerio de Economía y Competitividad, en el apartado dedicada a la Dirección General de Transferencia de Tecnología y Desarrollo empresarial. El Plan Estatal de investigación científica, técnica y de innovación, que cubrió el período 2013 -2016, registra 63 Centros tecnológicos (la enumeración llega a 127, con múltiples saltos) y solo 10 Centros de apoyo (la enumeración, igualmente con huecos, alcanza a la cifra de 16). Asturias tiene  en esa lista dos centros, el Centro tecnológico de la Fundación ITMA, antes Instituto Tecnológico de Materiales, hoy apodado Materials Technology (http://www.itma.es) y la Fundación de CTIC, Centro tecnológico para el desarrollo de en Asturias de tecnologías de información y comunicación (http://www.fundacionctic.org).

 

A estos Centros se suman, según la información de la web del propio Principado de Asturias, la Ficyt, (la muy resistente Fundación para el Fomento de la Investigación Científica, ver su última memoria, http://www.ficyt.es/memoria2015), el Repositorio Institucional de Asturias (RIA) enmarcado en la Open Acces Initiative (http://ria.asturias.es/RIA), el Centro de Investigación en Nanomateriales y Tecnología (CINN, creado junto al CSIC), el “viejo” y querido INCAR, Instituto Nacional del Carbón

(http://www.incar.csic.es/), con tres departamentos de investigación, dedicados a química de materiales, al medio ambiente y al carbón, dispone de una web no actualizada, y en su directorio figuran 130 empleados), la Fundación Barredo, el SERIDA, para Investigación y Desarrollo agroalimentario, http://www.serida.org/index.php), el IPLA, para Investigación de productos lácteos, también del CSIC (http://www.ipla.csic.es/)

 

El esfuerzo es evidente. La escasez de medios, también. El primero de los citados (ITMA) se dedica a la investigación de materiales y cuenta, según la última Memoria, con 112 empleados, de los que 55 son titulados superiores. Tiene convocadas 4 becas de 700 euros/mes para titulados superiores (una miseria). El CTIC fue fundado en 2015 y tiene publicada la convocatoria para contratar por un año, prorrogable, a un titulado sin experiencia, que, después de un período de formación, contaría con un salario de 13.200 euros anuales (no parece mucho).

 

No faltan, al contrario, en mi opinión, sobran, iniciativas de apoyo tecnológico en Asturias. Existe un núcleo de creatividad que promueve multitud de proyectos, reuniones de trabajo, propuestas, pone en circulación capacidades y posibilidades de subvención que exceden, con mucho la posibilidad de asimilación de las empresas regionales, que están siempre en todos los foros, a la espera de conseguir algún beneficio, pero no aparecen, o son muy pocas, nuevas iniciativas. La región, que se mantiene como rehén de su historia anterior, dedica la mayor parte de los efectivos al sostenimiento y desarrollo de tecnologías y proyectos que sirven de apoyo a las empresas existentes, no a la diversificación del empleo regional. Siento tener que decirlo tan claro, porque sé que no va a gustar, pero una Fundación que es dirigida por una gran multinacional, servirá a los intereses de esa empresa, fundamentalmente.

Vuelvo, pues, a la idea que considero central en estas reflexiones: hay que aumentar el número de productores regionales, extremar el conocimiento de los productos que fabrican y ayudarles a generar una red interactiva de mercado, en la que utilicen al máximo las estructuras de producción y distribución. Las particularidades regionales deben, por supuesto, ser difundidas y asimiladas por la población asturiana y ser convertidas en una fortaleza regional, en un propósito compartido.

Esa estrategia regional debe ayudar a comprender y difundir la respuesta a preguntas como ésta: ¿de dónde procede, en verdad, la carne, la leche, las hortalizas, que compro en el mercado? ¿son de producción ecológica? ¿dónde se fabrican los muebles, los equipos de música, los aparatos de comunicación que utilizo? ¿qué tipo de energía utilizan? ¿cuánta gente emplea en mi región? ¿cómo cuidan y protegen el medio ambiente? ¿qué proveedores tienen las empresas que están ubicadas en Asturias?¿quiénes son sus propietarios y accionistas y qué vinculación tienen con Asturias?

Décimo octavo. La cooperación y la unión de efectivos, en especial, para la satisfacción de necesidades de primer orden

Un aspecto que no ha tenido mucho éxito en Asturias, por falta de formación de sus integrantes y apoyo y seguimiento institucional, en general, es la constitución y apoyo de cooperativas. La Ley, en realidad, no puede ser más permisiva: para la constitución de las llamadas de primer grado bastan solo tres socios y para las de segundo grado, dos cooperativas. En el caso de inscripción de la constitución:

Las cooperativas de primer grado deben estar integradas por al menos, tres socios y las de segundo grado por dos cooperativas, (Ley 27/1999, BOPA de julio de 1999). Mucho más restrictiva es la reglamentación, por ejemplo, en Alemania, donde la Ley de estructura de mercado exige, al menos 7 socios, de entre los cuales una entidad con personalidad jurídica, que asume la gestión conjunta. La ventaja del esquema es que los pequeños productores pueden concentrarse en la producción y confiar la comercialización a la empresa que forma parte de la cooperativa, con efectos de sinergia y compensación crecientes.

La promoción de actividades por parte de empresarios individuales debe contar con apoyo financiero específico. Los microcréditos son instrumentos interesantes y, en muchos casos, imprescindibles. La creencia común los vincula a países en desarrollo, pero los países desarrollados pueden aprovechar también sus efectos, incluso de particular a particular. Opino que, en el sector agropecuario, estos instrumentos son esenciales para animar a la movilización de productores, además de referirme, de paso, a que la reconversión agropecuaria (al abrigo de un mandato de la UE que no se negoció pensando en las consecuencias a medio plazo) ha significado un tremendo error para Asturias.

La recuperación de espacios abandonados agrarios y forestales, y de edificaciones abandonadas debe contar con un programa especial de ayudas. Puede ser, con las ayudas y estímulos adecuados, una forma de rehabilitar zonas y pueblos con riesgo de convertirse en fantasmas, rehabilitar casas que ya no se estaban utilizando como vivienda y, al mismo tiempo que se favorece el asentamiento de jóvenes en ellas, se crea empleo. La sociedad del conocimiento o de la inteligencia no precisa de espacios industriales, ni parques tecnológicos vacíos, y la conectividad se consigue por las comunicaciones inalámbricas, con cualquier lugar del mundo. Estén en Estados Unidos, en Francia, o en la India.

Décimo nono. La minería es un recurso más

En un escenario como éste, con público formado mayoritariamente por ingenieros de minas, no puedo menos que indicar algunas ideas sobre la necesidad de explotar los recursos minerales de Asturias, y, en general,  de España, venciendo incomprensibles resistencias de algunos colectivos, que, en ceremonias de confusión, creen anteponer la defensa del medio ambiente a la generación de actividad y medio empleo.

Ayer, 3 de mayo de 2017, en Zaragoza, mi colega de la ingenería de Minas, compañero del Consejo Superior, Pascual León Marco, pronunció una conferencia „La mineria como actividad basica para el desarrollo economico y tecnico de la Humanidad“, cuyo texto tuvo la amabilidad de enviarme. Recoge en él que, desde mediados del mes de Junio de 2006, la Comisión Europea identificó 14 materias primas minerales consideradas “fundamentales” para la industria,  porque el riesgo de escasez de abastecimiento y el impacto de la misma en la economía es mayor que si escasearan otras materias primas. Son el antimonio, berilio, cobalto, flúor, galio, germanio, grafito, indio, magnesio, niobio, platino, tierras raras, wolframio y tantalio. La Comisión preve que la demanda de algunas de esas materias primas podría más que triplicarse entre 2006 y 2030.

En cualquier escenario económico, no podemos escapar de la necesidad de utilizar minerales y rocas. La economía verde también necesitará de minerales: por ejemplo, 1 tonelada de teléfonos móviles contiene 1 kg de plata y 300  de oro. 1 parque eólico convencional precisa de 2,7 t de Cu por MW y, si es marino, de 3 a 5 veces más. El grafito es indispensable en todas las industrias emergentes, y su empleo equipará, solo en ellas, al consumo actual, siendo el elemento central para la fabricación del grafeno. Los nanominerales (desarrollados en procesos de fabricación utilizando materias primas molidas a tamaños inferiores a 0,001 micras) utilizan arcillas especiales (montmorillonita, sepiolita, atapulgita), talco, óxidos de titanio, caliza, y su gama de aplicaciones crece exponencialmente, por lo que su precio se incrementa, al mismo tiempo que aumentan los costes de transporte.

¿Qué consecuencias cabe extraer de un contexto en el que lo material seguirá siendo imprescindible, frente a la avalancha aparente de lo virtual? Que habrá que revisar las políticas restrictivas al empleo de los recursos minerales, con legislaciones que hoy obligan a desproporcionados desembolsos, no justificados ambientalmente, y poner el énfasis, no en la negativa cerril, sino en la recuperación de los espacios afectados y en la respetuosa explotación con el medio ambiente y el derecho. Si existen recursos minerales en la región, y su explotación es rentable y general empleo local, ¿qué sentido tiene negarse? ¿a quién beneficia la oposición? Por lo demás, conviene recordar que muchas explotaciones del pasado (también del inmediato) constituyen focos de atracción turística y, en algunos casos, la restitución al medio se ha convertido en un activo ambiental de la comarca.

Conclusiones-

Todas las iniciativas de activación regional son bienvenidas, pero es imprescindible priorizar la movilización de la producción y consumo regional de bienes de primera necesidad. Propongo la revisión cuidadosa de todos los flujos de insumos y de circulación del dinero que se mueve en Asturias, preparándose para la próxima pérdida de los recursos que provienen de las pensiones.

Hay que animar a la cooperación y, no solo al debate, a la acción, a la sociedad civil. También, se precisa educarla, difundiendo con sinceridad los problemas, las posibles soluciones, los dilemas.

La región debe fortalecer su capacidad de resistencia, concentrando y unificando recursos. En la formación, los programas de las Escuelas Superiores, de las Universidades y de los centros de formación a todos los niveles deben priorizar la orientación a la resolución de las necesidades locales y, por tanto, la empleabilidad en la región. Los egresados que deben marcharse de Asturias porque no encuentran empleo aquí son una pérdida de recursos, de ilusión, y de posibilidades de futuro.

Existen excesivos centros y fundaciones de investigación para los medios disponibles. No se vence a la crisis por tener una desmedida ambición, sino por ajustar las actuaciones a la realidad y a objetivos alcanzables.

La sociedad asturiana debe dejar de inmediato de competir consigo misma. Las directrices de formación, de desarrollo, de actividad industrial, de impulso económico, han de coordinarse desde lo central de la Administración regional, no desde los municipios. Alimentar el eje de rivalidad Gijón-Oviedo, en concreto, es destructivo, porque resta recursos.

Se debería revisar el impulso a las organizaciones y formas de trabajo y actividad cooperativas, tanto desde el punto de vista de la producción como del consumo.

La recuperación de espacios abandonados agrarios y forestales, y de edificaciones abandonadas debe contar con un programa especial de ayudas.

La sociedad de la inteligencia ha de activar conceptos como la libre circulación de la información, la confianza en que unir esfuerzos mejora la capacidad individual, la difusión de los programas fuente abiertos (Open Source), de la información veraz y obtenida por contraste de múltiples puntos de información no mediatizados (Open Media), de la circulación de patentes abiertas a uso general, particularmente en farmacología, medicina, biología, tecnologías de ahorro energético, etc-

En fin, concentro el mensaje en pocas palabras: Hay que reducir la dependencia de la región asturiana (y sirve como máxima de general aplicación) de la economía global, siendo conscientes de los peligros aque entraña.

Aquellas regiones que se concentran en producir bienes para la exportación, es cierto que en situaciones de bonanza global, pueden conseguir altos ingresos, pero pierden, en situaciones de crisis económicas, la posibilidad de comprar con urgencia las mercaderías que necesitan para su producción propia.

Por ello, además de tratar de especializarse en sectores muy específicos -jamás deben tratar de emular un planteamiento global que solo corresponde al Estado, o si la Unión Europea funcionase como una verdadera federación, a esa instancia superior-, el fortalecimiento de la economía regional es fundamental para proporcionar los bienes y servicios vitales para la ciudadanía y garantizar el autoabastecimiento básico en cualquier circunstancia.

La versatilidad de la economía regional, se fortalece tecnologías de tamaño medio, y una contabilidad regional que clarifique el flujo monetario y proporcione argumentos a los enfoques centralizados, para la toma de decisiones que beneficienn al conjunto asturiano, eliminando competencias internas cuando suponen despilfarro o infraempleo de recursos.

Oviedo, 4 de mayo de 2017

 

 

Anexo.

Extraigo del texto de la conferencia que tuve ocasión de pronunciar en Oviedo, algunas ideas expuestas allí. (Acto de Homenaje a dos ingenieros de minas ilustres, Jerónimo Ibrahim y Luis Adaro, 27 de septiembre de 2016, organizado por la Real Academia de Ingeniería de España)

Aparición de un nuevo elemento a considerar: La Tercera revolución industrial

La situación de declive industrial de Asturias parece haber alcanzado fondo, pero eso no deja de ser un espejismo, porque la Tercera revolución industrial no ha hecho más que empezar. La generalización de la aplicación de tecnologías aún poco implementadas o en desarrollo –sobre todo, robótica, telecomunicaciones, informática, con nuevas creaciones continuas en el contexto del llamado Internet de las Cosas – elimina continuamente mano de obra que difícilmente será compensada, y en ningún caso de forma inmediata, por el nacimiento de nuevas empresas.

En los países y regiones más avanzados tecnológicamente y con fuerte capacidad exportadora debería ser posible, teóricamente al menos, combinar la cantidad de empleo sostenible suficiente para que la presión fiscal sobre empresas y empleados permita soportar las necesidades de la población inactiva, muy probablemente creciente (estudiantes, jubilados, desempleados, etc.). No será sencillo, pero debería ser factible. En todo caso, no aparece como una medida que se pueda adoptar a nivel de región.

Desde las regiones como desde los países hay que estar atentos, y con especial sensibilidad de los agentes socioeconómicos, para prepararse para un cambio sociológico que se adivina brutal, y que aparecerá en pleno desarrollo en solo un par de décadas.

Se estima que en menos diez años (2022) el 25% de los trabajadores industriales -unos 18.000-, alcanzarán en Asturias la edad de jubilación, por lo que, en teoría, deberán ser sustituidos con anterioridad. Es imposible ignorar que, por lógico final vegetativo, desaparecerán la mayoría de las rentas obtenidas por jubilados y prejubilados (y, por tanto, el consumo que propician). La mitad de la población asturiana tiene más de 45 años al comenzar la segunda década de este siglo.

La revolución industrial provocada por las Tics presenta, sin embargo, algunas ventajas. La creación de empresas industriales demanda fuertes inversiones y, por tanto, reclama una estabilidad a medio plazo. Las empresas de servicios, los emprendimientos nacidos de la imaginación, en particular, no suponen apenas inversión: tiempo del creador, ideas a desarrollar, apoyo inicial para que la iniciativa prenda y alcance un tamaño mínimo que permita vender el producto.

Referencia al papel de la Universidad en el impulso a las iniciativas privadas, junto a otras cuestiones relacionadas

Desde una región como Asturias no cabe plantearse un cambio de modelo general. Es una ilusión creer que se puede influir en el paradigma (o como quiera llamarse) dominante. Hay que acomodarse a él, saber aprovecharlo. La oferta de empleo global disminuirá, en tendencia natural, y una parte de él se hará más exigente en calidad. En los sectores de servicios, también, porque las máquinas y los recursos de comunicaciones y programas informáticos permitirán reducir personal, especialmente del menos cualificado, disminuyendo la duración de las jornadas y, seguramente, por tanto, su la remuneración.

No puedo menos que reconocer que mantengo una querencia positiva al impulso que debe sostenerse y potenciarse desde la Universidad.

Por supuesto, la creatividad no es precisamente monopolio en la Universidad, y ni siquiera está muy presente en las Facultades o Escuelas tecnológicas. Tradicionalmente, los doctores obtienen su grado exclusivamente en caso de que deseen dedicarse a la docencia y hacer carrera universitaria y la polarizan hacia materias y temas que son elegidos en relación con líneas de investigación del interés de las cátedras, o por la facilidad de enlazar la investigación con anteriores trabajos de otros miembros del departamento al que se adscriben. Las empresas no incorporan doctores a sus plantillas, porque no consideran que les aporten valor añadido. Un doctor, directivo de una empresa española, confesaba que había quitado de sus tarjetas, la referencia al título: “Es equivalente a ofrecer a tu interlocutor un bolígrafo Bic”, se justificaba.

Para mayor reconocimiento de la dificultad de la situación, España no está bien situada en el reconocimiento oficial del nivel de su formación universitaria. No se corresponde con la valoración de los egresados que se deciden a trabajar en el extranjero, muy apreciados. Me parece, por tanto, que esa minusvaloración tiene una base injusta, aunque el desbarajuste provocado por la peculiar implantación de los acuerdos de Bolonia a la enseñanza superior y media, no creo que haya venido a mejorar la perspectiva. Cualquiera que sea la crítica que quiera hacerse a la fórmula de posicionamiento, la tradicional clasificación de Shanghái, que evalúa varios parámetros para definir la calidad de los establecimientos académicos, solo hay 12 Universidades españoles en 2015 entre los 500 mejores, y la más alta, en el ranking 151-200, es la de Barcelona.

La contención de la tendencia negativa implica incorporar sectores preferentes acomodados a los nuevos desarrollos y necesidades. Alguna referencia he hecho ya a la selección de las líneas de desarrollo preferentes que pudieran servir para Asturias, Creo que hay que reclamar un apoyo en este sentido desde el Gobierno central, para que se concentren en la región los recursos y estímulos sobre uno o varios sectores estratégicos. El impulso a un Centro específico de desarrollo de nuevos materiales (en especial, en torno al grafeno) sería esencial.

Y la Universidad tiene que estar en primera línea en ese apoyo a la generación de iniciativas empresariales, motivando a los egresados e involucrando al profesorado y a los demás agentes sociales en la presentación de oportunidades.

Otra cuestión a analizar y corregir, es el escaso interés por las actuaciones colectivas

En España y, no hay que dudarlo, en Asturias, se constata un bajo nivel asociativo. Es imprescindible vencer esa inercia que propende al individualismo, y ha de conseguirse, ante todo, mediante la introducción en la educación, incluso en fase muy cercana, de principios de solidaridad, respeto a la autoridad y a la norma, potenciación de la imaginación, y apoyo a la generación de foros en donde se discutan las propuestas con seriedad y serenidad, acostumbrando a los colectivos a saber elegir los mejores, y a los que propongan soluciones, a defenderlas con coherencia y claridad, y no solo con vehemencia.

Es necesario apoyar todo tipo de tareas en colaboración, y, con carácter especial, a los clusters tecnológicos, es decir, agrupaciones complementarias de empresas, Universidad y grupos empresariales grandes, -reales o virtuales, con presencia física en una zona o inter relación por la vía de las comunicaciones- que desarrollen nuevos proyectos. El apoyo no ha de ser únicamente económico, también organizativo y los medios no deben ser solamente los que se controlan desde el propio clúster, sino que debe estimularse el intercambio de capacidades, tanto de personal como de medios físicos, avanzando en la mejora colectiva sin reservas de dominio egoístas.

Me parece también detectar que, en la incorporación de mejoras al diseño de piezas, elementos, aparatos, mecanismos (no solo estéticas, sino fundamentalmente, al amparo de la revisión técnica o tecnológica) hay un campo de trabajo importante para Asturias, tanto a nivel de particulares especializados en ese campo, como de las empresas.

Y, finalmente, teniendo en cuenta el aumento de la edad de las poblaciones, hay que considerar la aparición de nuevas necesidades y posibilidades vinculadas a la gerontología, al disfrute del ocio en las edades pos jubilación, la movilización de recursos creativos, formativos y de inversión o financiación ahora ociosos de ese sector de la población. Su análisis profundo debe servir para promover iniciativas y soluciones que, dada la generalidad de los problemas, son exportables por su misma esencia.

Relación del crecimiento endógeno con los mercados exteriores y su aprovechamiento

Hago aquí una primera referencia a la forma de evaluar la eficacia de las medidas e incluso para diagnosticar la situación. Porque no me parece correcto fijar en el aumento del pib o en indicadores económicos globales la valoración de que se está ante un “aumento colectivo del bienestar”. Los riesgos de estabilidad parecen claros y hay que prepararse para analizar la manera de sostener el actual bienestar con otros índices (reconociendo que el bienestar tiene una base tecnológica ineludible y que está en crecimiento de sus potencialidades).

Mirando hacia fuera, puesto que la población potencialmente activa mundial es de 3.150 millones de los que solo 650 millones se encuentran en los países desarrollados, se deduce de inmediato que la capacidad potencial laboral (medida exclusivamente en horas de actividad disponibles) es de 4:1 a favor de los que, en este momento, tienen menor capacidad tecnológica. Considerando que las horas de trabajo potenciales por persona son de 2.000/año, llegamos a la cifra abrumadora de 5 billones (millones de millones) de horas/año disponibles en los países menos desarrollados en tecnología, de los que, desde luego, China, India y Brasil concentran la mayor parte.

Un gran potencial que puede y debe ser también aprovechado por las regiones más eficaces. Existen modelos de éxito que evidencian ventajas respecto a nuestro modelo actual de producción y consumo. Son nuestros competidores de alto nivel (Alemania, Francia, en especial, a los que cabe añadir, a su escala, Suecia, Noruega, Holanda o Dinamarca, por no hablar de Estados Unidos o Canadá). Como es bien conocido, Alemania y Francia compiten con éxito tecnológico respecto a nuestras empresas, pues son nuestros principales proveedores extranjeros de mercancía con mayor valor añadido.

Pero existe otro grupo de países, conformado por quienes tienen necesidades tecnológicas, de infraestructuras, de fabricación, de mejora e implantación, aún importantes en relación con sus expectativas de crecimiento, y que se podrían cubrir desde nuestro nivel tecnológico, y que constituyen y constituirían el principal destino exportador de nuestras mercancías (China, India, Corea del Sur, Indonesia, Brasil, Chile, Colombia, México, entre otros ejemplos).

Es una situación boomerang, sin duda. China, por ejemplo, país-continente que aparece como interesante destino para nuestros productos tecnológicos (por supuesto, en competencia con los demás productores, incluidas las propias empresas chinas), se está convirtiendo en principal productor de mercancía de baja y media tecnología, que desplazan, por falta de competitividad, a las empresas españolas.

Finalmente, existe un tercer grupo de países que, por proximidad, relaciones históricas u otras razones –incluso humanitarias- puede ser la base para cimentar una tercera línea de crecimiento exportador, con beneficios a medio o largo plazo (Marruecos, países centroamericanos, la región del Sahel, Etiopía, Bangla Desh, Pakistán, etc.)

Esquema colectivo de desarrollo

No se puede alimentar un sistema de actuación tan complejo confiando únicamente en las iniciativas individuales. Por una parte, el apoyo con información y conocimiento es imprescindible para los pequeños inversores: la sociedad debe avanzar en conjunto en su modelo productivo. El individuo está desvalido frente a la vorágine tecnológica. No se puede confiar, como durante el siglo XX y anteriores, en que las iniciativas individuales servirán, actuando independientemente, para generar un modelo estable y auto sostenido.

Es una cuestión ligada a la supervivencia colectiva. Se trata de implantar un modelo mucho más solidario, en el que el reconocimiento a las medidas sociales o altruistas sea visto como algo natural y prestigioso.

Hace algunos años que el doctrinario para alimentación cultural colectiva y, en especial, el catecismo empresarial, incorporó la “creación de valor” como objetivo.  La creación de valor no está vinculada a la especulación, ni a las burbujas económicas, ni siquiera a la explotación de los recursos naturales de aquellos países o zonas más atrasadas tecnológicamente, con legislaciones más permisivas o administraciones más complacientes.  Esa forma de creación de valor falsaria tiene un desplazamiento continuo por el planeta, como una plaga de langostas, que cuando agotan o creen haber agotado una zona, se desplazan a otra de inmediato.

En la verdadera creación de valor están los empresarios solidarios, los centros de investigación, los laboratorios y fundaciones públicos y privados, los departamentos universitarios y de Escuelas Técnicas, etc. Esa creación de valor está vinculada a la generación de mejoras tecnológicas, no a especulaciones financieras.  Por eso, hay que convencer a los responsables universitarios, a los profesores y a los propios alumnos, de que son parte sustancial de la necesidad de cubrir el espacio de la creación de valor.

Vuelvo pues, a una idea ya esbozada con anterioridad. Para Asturias, me parece muy necesaria la coordinación entre las Escuelas de Ingeniería y las facultades técnicas. A todos los niveles.

La diferenciación entre las carreras no puede ser ficticia, la competencia de los egresados se desarrolla con gran frecuencia en campos trasversales o ajenos a la formación académica. Hay que crear, además, una Plataforma de Investigación regional, definir líneas de investigación y desarrollo práctica, en relación con las empresas, y, sobre todo, tuteladas por expertos independientes.

Me parece, también, esencial, incorporar a expertos a la Universidad. Siento decirlo, pero las enseñanzas técnicas se han ido desconectando de la realidad práctica, convirtiéndose en nichos altamente endogámicos. He dado una fugaz revista a los títulos de las tesis recientes (en la Universidad asturiana, pero también en el conjunto de las Universidades españolas) y me atrae cada vez más el modelo de la Politécnica de Catalunya: los temas de tesis se proponen contando con la opinión y necesidades empresariales y del contexto socioeconómico.

No hago el menor menosprecio, muy al contrario, los sitúo en el foco de especial atención, a esos miles de personas, básicamente jóvenes, no pocos sin formación universitaria, que se afanan en sus espacios en generar soluciones informáticas, basadas en las tics, en la esperanza de que tengan una idea y un desarrollo genial que les proporcione éxito y, tal vez, la recompensa económica a su esfuerzo.

Hay que proteger y estimular a estos creativos, en la confianza de que surgirán de sus trabajos, cientos de start-ups de las que, convenientemente apoyadas y dirigidas, decenas de entre ellas tendrán éxito, sobrevivirán, crecerán y formarán parte del nuevo tejido empresarial.

Consideración especial a dos sectores de interés

Incorporo a mi desordenado análisis una valoración personal respecto a dos sectores de gran interés y su importancia para el desarrollo de Asturias.

El medio ambiente es, sin duda, uno de los sectores de dedicación preferente: el control general y la presión normativa para proteger mejor el ambiente generan, sin duda, empleo. Para las empresas existentes, el camino hacia la sostenibilidad ambiental, generará extra costes, por la incorporación de las externalidades, que antes eran desconocidos o, simplemente, asumidos por toda la sociedad y que también presionará sobre el empleo, pero negativamente.

El mejor cuidado del medio ambiente generará cantidad de puestos de trabajo, aunque se debe analizar el efecto neto. A nivel global, y para una región eficiente como Asturias, la implantación de las nuevas tecnologías no solo en España, sino, sobre todo, en los países menos desarrollados –en particular, la producción de energía con métodos renovables-  ayudará a la generación de empleo y actividad local. El estudio de todas las posibilidades de cooperación con los países en desarrollo o menos desarrollados exige, por sí mismo, un Libro blanco de las actuaciones: en producción y distribución de energía, mejora de gestión de recursos –hídricos, mineros, agrarios, forestales, etc.-, acceso general a la electricidad y las comunicaciones, incorporación de mejores prácticas disponibles en procesos, etc.

El cambio climático es una amenaza grave y, a tenor de los principios de acuerdo de la COP 21 de Paris una oportunidad para poner en práctica soluciones eficientes, que es imprescindible desarrollar o perfeccionar. Está vinculada la corrección de la tendencia al calentamiento global irreversible a muchas tecnologías en las que Asturias, y sus agentes creativos, deberían posicionarse: el desarrollo de coches híbridos, el impulso al transporte colectivo, la mejora de la eficiencia energética, la implementación de energías verdes, las técnicas de ahorro y reutilización del agua, aprovechamiento de residuos, etc.  Incluso el análisis y propuestas de corrección o amortiguación de los previsibles impactos del calentamiento global para España, deberían ser materia de generación de actividades para Asturias. Existe un Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático –nacido en 2006- del que se han derivado, hasta el momento, tres Programas de Trabajo (el vigente, con validez 2014-2020), y se ha creado un Grupo de Trabajo de Impactos y Adaptación al Cambio Climático coordinado por la OECC, con participación de las Comunidades Autónomas.

Consideración particular en este contexto que pretende analizar posibles medidas de aplicación general relacionadas con la actividad económica y el empleo, ha de concederse a la energía. La energía es un input básico para una gran parte de los procesos productivos y es un elemento coadyuvante principal hacia el objetivo de bienestar. Las directrices de la Unión Europea imponen el uso masivo de energías limpias en la generación, y se inclinan por un énfasis mayor, y progresivo, en mejora la eficiencia energética.

En lo que respecta a la generación eléctrica, las energías denominadas renovables han conseguido, especialmente en el caso de las eólicas, una creciente competitividad que las hace, a corto plazo incluso, preferibles a la producción con centrales convencionales de gas o carbón.  La producción discontinua de la energía producida con ellas, sin embargo, obliga a mantener generaciones de apoyo y la localización de su producción en determinadas zonas (crestas montañosas, áreas de mayor insolación, por ejemplo), dirige la atención hacia los métodos de almacenamiento de la no consumible y su distribución.

La generación renovable distribuida, -ya sea como paneles fotovoltaicos, generadores eólicos, centrales de biomasa, fuentes geotérmicas, etc.- pone el acento sobre la funcionalidad actual de las redes de distribución y abre líneas de investigación y actividad que podrían ser abordadas desde Asturias.

También se avanzará, con seguridad, en la necesidad de aumentar la seguridad de suministro energético, la implantación de generadores destinados al autoconsumo, de origen en la energía renovable, combinados con redes inteligentes que optimicen la distribución de las necesidades y los sobrantes. La aplicación de nuevas tecnologías en este sector repercutirá en la creación de empleo.

Mejora de la empleabilidad como objetivo social

Para cumplir estos objetivos generales, se ha puesto énfasis en muchos foros en la importancia de la enseñanza dual, y la necesidad de impulsar la formación profesional con Programas específicos, que revisen su adecuación con la demanda actual y previsible, para aquellos trabajos que impliquen aprendizaje práctico o habilidades manuales o físicas que hay que detectar y fomentar.

El Programa ha de hacerse en coordinación con los sectores profesionales, puesto que la formación ha de cubrir previsiones globales de necesidad de técnicos especializados en resolver problemas concretos, ya sean de montaje de mecanismos, mantenimiento de equipos, manejo de maquinaria, instalación de sistemas de producción energética, control de aparatos de telecomunicaciones, etc. Su capacidad generadora de empleo, medida correctora de la crisis y estímulo a la actividad emprendedora de la población más joven aparece como muy positiva.

No es posible tampoco ignorar que, siendo grave la situación de desempleo a todos los niveles formativos, cuantitativamente, el problema mayor se encuentra en los estratos con menor formación, escasos medios económicos y deficiente base cultural, a los que habría que dedicar atención especial, si el objetivo es la reducción directa y masiva, del paro existente. No nos parece, por ello, que la eliminación de los empleos que subyacen en la economía sumergida, haciéndolos aflorar, mediante incremento de la presión inspectora, a la economía contabilizada, sea, por sí mismo, una medida concluyente. Se trataría de cambiar empleo real (aunque irregular) por empleo regular (aunque más reducido).

Por su parte, la búsqueda del incremento de la empleabilidad de quienes tienen una formación universitaria (ingenieros egresados de las Escuelas técnicas, en particular) no tiene las mismas dificultades, ni puede resolverse con el mismo enfoque, que la de quienes no tienen ninguna formación académica o muy escasa. Aumentar la empleabilidad de esos titulados superiores, es especialmente urgente y exige programas específicos. Las razones son prácticas: por una parte, el desembolso realizado en ellos es alto, y debe hacerse recuperable; hay que evitar que se rentabilice esa formación solo en el extranjero, aumentando la competitividad ajena a nuestro modelo de desarrollo.

Se debería también incentivar el retorno de los expatriados, estimular su retorno, al cabo de corto tiempo, con nuevos conocimientos y experiencias, y no solo esperar pasivamente en que lo hagan, por su propia voluntad, al cabo de los años.

Las medidas a adoptar no pueden ser promovidas desde las instancias públicas, en mi opinión. Es necesario crear un clima de cooperación y solidaridad regional, que premie, por la vía del reconocimiento y el apoyo al consumo y a la difusión de sus logros, a las empresas comprometidas y a los particulares eficaces. Prejubilados y jubilados, dispuestos a convertirse en business angel o en monitores y coucher eficientes tienen ahí también su lugar preminente.

La crisis ha provocado, entre otros efectos perversos, uno muy significativo. La tendencia observable en este momento es que se han generado “maxijobs”. El maxijob es, como se sabe, un empleo, remunerado como trabajo normal (e incluso menos), que exige al empleado cumplir un horario de trabajo excesivo, ante el riesgo de perderlo. La extensión del problema del maxi-job afecta especialmente a los trabajadores más cualificados, y tiene como beneficiario exclusivo, al empresario.

Hay que recuperar en esto como en todo, la senda de la trasparencia, allí donde se hubiera perdido. Y admitir que la puesta en pie de un modelo de desarrollo regional consistente, en este nuevo escenario de la Tercera revolución industrial y la apreciación de un mundo global y con nuevos parámetros de competitividad y bajo un marco irrenunciable, y exigente, de responsabilidad social, supone la incorporación de la solidaridad como premisa esencial al que debe acomodarse, pero desde la independencia creativa, la iniciativa privada.“

 

Oviedo, 4 de mayo de 2017

 

En el primero de mayo de 2017

Acabo de escuchar declaraciones de representantes sindicales explicando las razones por las que se convocan los actos para hoy, 1 de mayo de 2017.

Debo indicar, en primer lugar, que desde que se empeñaron en realizar apariciones conjuntas los secretarios generales de UGT y CCOO, en una representación que parecía la versión seria de los episodios cómicos de Tip y Coll, ando perdido en valorar las diferencias entre ambos sindicatos. Se que no servirá de nada, pero mi sugerencia es que unan las fuerzas que les queden, de una vez, y dejen de hacer pantomimas de resistencia obrera.

En este primero de mayo de 2017, tanto los que tienen la suerte de mantener su puesto de trabajo, como los que no lo tienen; lo mismo los estudiantes que andan preparándose para torear en un futuro de lo más incierto con enseñanzas dirigidas, en su gran mayoría, por indolentes o desorientados profesores; igual que los autónomos y pequeños empresarios que no tienen idea de cómo llegarán a final de mes y que trampean para pagar las cuotas de la seguridad social o los impuestos de actividad; tanto los que limpian culos y hacen camas en sus casas o en las ajenas, e incluso los que creen que están trabajando en una empresa solvente que resistirá a cualquier crisis, y hasta, si me pongo a elucubrar, y hay alguno (que pido a los dioses que los haya), los empresarios que se juegan su patrimonio e hincan a diario los codos y el magín para sostener una empresa que los demás juzgan sólida pero que ellos saben bien cómo tiene los pies,

a todos ellos, les digo:

Basta ya de preocuparse por la corrupción del tres por ciento y de esos centenares de chorizos que se han enriquecido mintiendo tan burdamente y que no supieron ocultar sus miserables trapisondas. Basta ya de llevarse las manos a la cabeza por el deterioro de la calidad de la sanidad, de la enseñanza y, por ser más claro, de todos los servicios, públicos y privados. Basta ya de pretender que no sabíamos lo que bien sabemos y supimos, y esperar, mirando estúpidamente la pantalla, que un delator, despechado que no arrepentido, combinado con un juez normal que no brillante, levante pruebas indiciarias para movilizar a la policía judicial o a la guardia civil hasta la casa de un politicastro o un falso gerente para romperle en pedazos la calma de su madrugada; basta ya…

Tenemos un gravísimo problema colectivo. Y es que no sabemos qué hacer que sea eficaz y no falaz o fantasioso, ni a dónde dirigir nuestras fuerzas ni nuestra economía más allá del próximo rellano. Claro que “el desarrollo de la economía pasa por el talento y una estrategia a largo plazo” (titular de El País del viernes, 28 de abril de 2017, para dar las claves de una conferencia internacional de economía humanística, “de vuelta a lo básico”). Para lanzar tales propuestas no hace falta reunir a cabezas supuestamente laureadas con las virtudes de las mejores ideas y experiencias.

Ni siquiera me parece tan importante aumentar los impuestos a las pocas empresas que obtienen beneficios, y  estoy en desacuerdo con tocar los gravámenes o tasas de cualquier tipo, con solo la intención recaudatoria. No. Lo importante es saber en qué se van a dedicar los dineros, y si servirán solo para tapar agujeros provisionalmente o actuarán de acicate para renovar la actividad en sectores con futuro.

Pero esos temas serios y profundos no se resuelven en debates abiertos, ni en manifestaciones de descontentos, ni en parlamentos en donde los teóricos representantes de un pueblo desinformado y colectivamente indolente se tiran piedras a las cabezas y están más preocupados de su imagen y de lo que tienen entre las piernas que de los millones de familias que no tienen trabajo, o lo van a perder, o no deben creerse (y no porque lo diga yo, sino porque cualquiera ha de saber que no estamos solos en el mundo) que en el turismo y en la exportación de productos agrícolas y bienes intermedios está la salvación y el futuro que nos sostenga,  oxímoron de una panacea que está, obviamente, en la agenda teórica de todos los países y regiones que no tienen más cosas que ofrecer.

Venga, pónganse a trabajar. Lo siento, en esta invitación no caben todos. Solo muy pocos, porque hay que evitar cualquier tipo de ruido, opiniones que ensordezcan en lugar de aportar. Se necesitan personas con experiencia, conocimiento, libertad de pensamiento, ayunos  de rémoras y limpios de ideología reaccionaria.

Hay mucho que hacer. Es una tarea no remunerada, y las propuestas que resulten no serán todas satisfactorias ni aceptables. Pero saldremos de este tremendo vacío de ilusiones, de esta caspa de obsesión por cazar corruptos de medio pelo (los peces gordos se escaparán siempre) y ahuyentar fantasmas del pasado, de muertos ya bien muertos.

Jóvenes, os va en ello ni más ni menos que la felicidad futura.


Los mirlos o tordos, como casi todas las aves, son territoriales, aunque normalmente bastan los sonidos y cantos que emiten para hacer desistir a sus congéneres de adentrarse en el territorio dominado por una pareja o ya preparado por un macho para asentarse en él con la elegida al ritmo de su reloj natural.

A veces, la densidad de población ofrece vistosas batallas entre machos, incluso entre aves tenidas por pacíficas. Estos dos representantes encelados del sexo masculino se enzarzaron en una disputa -nada reglada- por el ánimo de una hembra que, en esta foto, está fuera de encuadre.

 

Mi conferencia en el Colegio de Ingenieros de Minas del Noroeste, en Oviedo

  • El 4 de mayo próximo, a las siete y media de la tarde, pronunciaré una Conferencia sobre el tema “Modelos regionales de generación de actividad económica y empleo en la Revolución de la Inteligencia”. Será en la sede del Colegio de Ingenieros de Minas del Noroeste, en Oviedo, calle Asturias 2. La entrada es libre y, finalizado el coloquio, se servirá un vino español.
    El título puede parecer a primera vista, complejo, teórico, o ambiguo. El contenido de mi charla, puedo adelantar, será conciso, fundamentado y… provocador.
     
    Analizaré las actuaciones que, en mi opinión, debe abordar Asturias para crear puestos de trabajo y contribuir al mantenimiento del nivel de bienestar. O, al menos, para que no se deteriore más.
    Estáis todos invitados. Y si difundís la conferencia a vuestros amigos que puedan están estar interesados, os lo agradezco aún más. Necesitamos, entre todos, abrir la manzana de la ignorancia, la rigidez conceptual y el miedo a decir la verdad, confiando en que las soluciones vendrán por sí solas.

http://www.coimne.es/cgi-vel/ctrlweb/VINCULO-W-COMUNIC.BUS?COMCOD=718

 

 

Sonetos escritos en el Ramón y Cajal

Esta semana que hoy termina tuve que someterme en el Hospital Ramón y Cajal a una operación quirúrgica, y estuve hospitalizado tres noches. La corta estancia prueba que no se trató de una intervención muy compleja, aunque aún ando con la mosca detrás de la oreja de que la combinación de saber hacer, cirujano, paciente, azar y naturaleza hayan obtenido el éxito deseado por los humanos participantes en el encuentro.

Sea como fuere, el mucho tiempo de vacío y el no dormir esos días, tuvo un efecto secundario, que fue escribir varios sonetos, de los que extraigo estos tres. El primero, está escrito a las siete de la mañana del día inmediatamente posterior a la operación; el dedicado al celador, en realidad, fue el  último, mientras mi colega de habitación esperaba que este funcionario apareciera, una vez recibida el alta algunas horas antes.

1.

A solas, desnudo, y harto dolorido,
veo pasar el tiempo como un lujo
y si rompe el silencio algún sonido
no aportará​ a la noche paz o embrujo.

Conteniendo ayes, mi magín estrujo
para escribir dos líneas con sentido,
y tantas son las ganas con que empujo
el deseo de verme, aún yendo herido,

liberado de este cuarto de hospital
donde hago de paciente el cometido
que sin reparar que me siente bien o mal,

por volver a mi sitio preferido,
soy capaz de ocultar que estoy fatal
y copiar de alguien sano el parecido.

2.

(J) Oda al celador

Que lo público se hunde, es evidente,
y a Sanidad el trago más amargo
le toca soportar, siendo inocente.
Falta dinero, cierto, y, sin embargo,

la ausencia de autoridad es muy patente.
No se sabe bien quién está al cargo
de qué; despreocupado hasta el gerente,
caído también en cómodo letargo.

Sin importar qué pueda creer la gente,
según la práctica y modos en vigor,
quien sufre el deterioro es el paciente,

y aunque vea moverse fiel observador,
como puta por rastrojo al residente,
manda en verdad allí, solo…el celador.

3.

En tierra de metáforas, doncellas,
sobreponed con cordura la emoción
si un poeta, una noche bajo estrellas
os invitara a disfrutar de la ocasión

de ver brotar en sus jardines la pasión,
porque las veleidades dejan huellas
que entran con recatos en reacción,
sufriendo resistencias grandes mellas.

Recoged del vergel dulces fragancias
y del firmamento si queréis, centellas,
pero no os dejéis llevar a estancias

en dónde os obsequie con aquellas,
que siendo metáforas, aun rancias,
embriagan cual licores en botellas.

@angelmanuelarias

(De Sonetos desde el Hospital, 2017)


Esta graciosa y delicada ave que ilustra mi comentario poético es una cigüeñuela. Parece que está, como Narciso, contemplando su belleza en las tranquilas aguas dulces de la marisma, pero, en verdad -como podría suponerse- está alimentándose de pequeños crustáceos y larvas de insectos. Es un ave inconfundible, por sus largas patas rosado intenso que se dirían a punto de romperse, y su capa negra, contrastando sobre un cuerpo níveo.  La fotografiada, por su cabeza completamente parcialmente negra, es un macho. Las hembras la tienen completamente blanca.

 

Estado social en deterioro (y 3)

El proceso de deterioro del estado social no es específico de España, ya que tiene sus raíces en una maraña de interacciones comunes a todos los Estados occidentales, que el observador no condicionado puede detectar. La situación se puede resumir con pocas palabras: el período de bonanza sirvió para generar posiciones de bienestar que el reajuste de las economías haría imposible mantener, al menos en una o dos décadas. En mi opinión, sin embargo, la incorporación de nuevos elementos de interferencia aumenta el riesgo de que el equilibrio no se recupere nunca, ya que para superar la crisis e impedir que se convierta en sistémica, habría que apelar a una coordinación internacional, lo que resulta pura fantasía especulativa.

Varios son los puntos de preocupación, algunos de los cuales ya he tenido ocasión de exponer en estas notas. A escala local, los modelos de desarrollo que se venían utilizando por las regiones, están provocando graves grietas sociales y económicas. Las han causado ya, pero la situación no se ha estabilizado, y sigue su caída. Como resultado, la clase media, en la que se había hecho descansar el principal logro de las democracias avanzadas, se está rompiendo en decenas de compartimentos. Esta división es dramática, porque se generan nuevos compartimentos estancos de los que no parece posible salir, al menos hacia arriba, ya que solo tienen vía de salida hacia abajo de la escala socioeconómica.

Estos “supervivientes” de la economía, faltos de capacidad de ahorro, condenados a subsistir consumiendo todo cuanto ganan con un trabajo infravalorado, en el que ambos componentes de la pareja -si es el caso- deben contribuir, son zombies de la economía del bienestar. Jamás alcanzarán el nivel de vida de sus progenitores, sus posibilidades de ascenso en la pirámide laboral son prácticamente nulas, y dependen hasta limites de explotación inconcebible, de las decisiones de sus empleadores, temiendo en todo momento perder su puesto de trabajo.

Si recordamos el esquema que las regiones habían adoptado como fórmula salvadora para generar empleo y riqueza en el último cuartil del siglo pasado, los elementos que se habían puesto en valor eran, fundamentalmente, dos:

1) por una parte, se lanzó oficialmente el mensaje de estímulo y, al menos como promesa, de apoyo parcial, a la creación de nuevas empresas, surgidas del autoempleo o de pequeños inversores. Se trataba, se dijo,  de regenerar el tejido industrial desaparecido o gravemente deteriorado por la crisis, y se animó a la generalidad de los ciudadanos, que, en su inmensa mayoría, por supuesto, jamás se hubieran planteado convertirse en empresarios, a que dedicaran su capacidad de ahorro y endeudamiento a iniciar emprendimientos. Se creó así un falso e inestable tejido de empleo y dedicación de recursos con negocios para los que se necesita poca o ninguna capacitación (bares, peluquerías, mercerías, etc.), que, por supuesto, acabaron fracasando en buena parte. Polígonos industriales vacíos, espacios comerciales que “se traspasan” o en permanente “liquidación total” pueblan buena parte de los espacios dedicados a negocios fallidos.

2) Por otra parte, se confió en que la implantación de un par de empresas nuevas, para las que no se regatearon recursos públicos, filiales o participadas de grandes grupos internacionales, sirvieran de germen a una estructura de alto valor añadido y nueva tecnología, como base de activación para el nuevo desarrollo tecnológico que sustituyera a las empresas en crisis. Esos teóricos nuevos gigantes tecnológicos tampoco han cumplido , a su nivel, las expectativas, y se llevaron consigo la parte de león de ls subvenciones y lo mejor de las ilusiones de desarrollo, significando, por otra parte, su fracaso, total o parcial, que subsistieran las necesidades de mantener estructuras obsoletas, allí donde se concentraban sectores afectados por la crisis industrial.

El mimetismo se complementaba con la incorporación de nuevas ofertas de formación técnica, preferiblemente al más alto nivel académico. Todas las regiones quisieron tener sus centros de innovación, sus Universidades tecnológicas, etc. Proliferaron en poco tiempo un maremágnum de centros universitarios que, al haber crecido en proporción inasimilable, lanzaron al mercado laboral a miles de egresados con deficiente calificación y, sobre todo, con exigencias de empleabilidad sin relación con sus capacidades reales y, aún más lamentable, con desconocimiento del papel que un universitario debiera desempeñar en la sociedad bien organizada.

El modelo podría tener atractivo teórico, pero adoleció de los fuertes pilares que hubiera necesitado para sostenerse y crecer. Las empresas multinacionales que se implementaron en las regiones, rara vez consiguieron entroncarse con los centros universitarios, se llevaron, en el mejor de los casos, los mejores egresados a sus plantillas y, por supuesto, crecieron solo lo justo, o acabaron cerrando sin otra explicación que el cambio de coyuntura. Estuvieron y están siempre dispuestas a relocalizarse allí donde la mano de obra más barata, las subvenciones, o un mercado más amplio, ofrezcan ventajas. Los pequeños empresarios ocasionales han perdido, en no poca medida, sus ahorros y están fuertemente endeudados, una vez que han comprobado que su restaurante, cafetería, tienda de regalos, de ropa, etc., no da para vivir. Una gran  mayoría de jóvenes con título universitario muy aparente han debido aceptar trabajo como mileuristas o deambulan sin rumbo entre oposiciones, desánimos o el señuelo de irse al extranjero donde serán mejor valorados.

Y no en último lugar, como restos del momento de bienestar y de la nueva concepción implementada de lo que es la satisfacción, las sociedades han incorporado, como “fuerza laboral” a millones de inmigrantes, que ocupan los puestos aparentemente más bajos de la escala social -atención a ancianos y niños, servicio doméstico, celadores y porteros, dependientes de comercio, etc.-, que se unen, también, a nuevos comerciantes de cercanías igualmente extranjeros, que ofrecen productos de necesidades básicas, y que han desplazado a las antiguas “tiendas de la esquina” (tiendas de todo a cien, fruterías y abacerías, comercios de ropa de muy baja calidad, etc.).

No quiero cerrar estos comentarios sin exponer un mínimo mensaje de esperanza. Es imprescindible revisar el modelo de coordinación regional y atender de manera conjunta a la necesidad de competir en un mundo global, que no quiere decir globalizado. La necesidad de atender, ante todo, a las necesidades propias, ha vuelto la mirada pública hacia la autarquía y la protección de las barreras arancelarias o el apoyo a la industria nacional. Es peligroso, desde luego, y preocupante, advertir cómo el país más rico de la Tierra activa su industria de defensa y vuelca el interés de la ciudadanía hacia la protección de los mercados interiores.

La solución a largo plazo para España no puede venir del turismo, que es incapaz de generar estructuras sólidas a medio plazo, en un país desarrollado. Debemos aprovechar la coyuntura de que los países que pueden ser alternativa real  a las corrientes turísticas estén en guerra o sean incapaces de garantizar la seguridad a los viajeros. Es una situación efímera, que, de considerarse como solución a largo plazo, generará una nueva burbuja explosiva.

Detener el deterioro del estado de bienestar exige una eficaz coordinación de recursos, que evite su despilfarro, aunque lo más importante es promover nuevas vías estables y duraderas de actividad que sustituyan a las que se van cayendo por los avances tecnológicos. El modelo socio económico necesita, no solo disminuir el número de demandantes de prestaciones, controlar los desajustes entre solicitantes y oferentes de fuerza de trabajo para suplir las carencias de servicios (asistenciales, o no), sino, sobre todo, generar la estructura productiva que pueda sostenerlo y, por tanto, permitírselo.


Los machos de patos azulones parecen ser mayoría en relación con la población de hembras y, con frecuencia, se enzarzan en peleas que van más allá de simples demostraciones de fuerza. En los lagos, estanques y estuarios, no es raro ver a grupos de “solteros”, aparentemente pacíficos. Cuando se acerca una hembra, las disensiones se convierten pronto en evidente, y tratan de seducirla con exhibiciones bélicas.

Los azulones que ya tienen pareja la defienden con ardor, no dejando que se acerquen otros machos, manteniendo la cabeza muy alta mientras ella sumerge la suya para alimentarse. Cuando el macho se anima a probar su bocado, y otros andan cerca, y supongo que la hembra aún está en celo, no dudan en probar suerte, situación que, para evitar otros momentos embarazosos, suele romperse con un cambio de aires de la pareja primigenia, volando juntos -el macho siempre a la zaga- a otro lugar más tranquilo.

César Pérez de Tudela habla de montaña y metafísica.

La vida de César Pérez de Tudela parece una película. Nacido en 1940, los que éramos aún adolescentes cuando el escalaba montañas, y nos las explicaba, y las transformaba en espectáculo, le hemos convertido en un ídolo sin esfuerzo alguno. Era imposible no admirar a aquel atleta de relativamente corta estatura, que rivalizaba con éxito con gigantes austríacos, franceses o norteamericanos, dominando cumbres de aspecto terrorífico sin aparentar esfuerzo.

Pérez de Tudela es polifacético. Muy polifacético. Doctor en Derecho, periodista, notable dibujante, funcionario por oposición. Conferenciante, comunicador de excepción. Alpinista…

Hace unos dos años, cuando acompañaba a mi amigo Santos Castro a su enésima sesión de tratamiento de un cáncer que le llevaría -lamentablemente- a ser temprano habitante del país de los recuerdos, saludamos a César, que nos informó, con el tono de quien se va de excursión, que él también estaba combatiendo el tumor. “Hay que tomarse las cosas con poesía”, nos dijo. Desapareció casi instantáneamente, por un recodo de un pasillo del hospital, con velocidad de una extra-humana.

El 30 de marzo de 2017, invitado por el Club Español de Medio Ambiente, y presentado por su director, mi colega Guillermo Koerting, César Pérez de Tudela impartió una de las mejores conferencias -interesantes, divertidas- que escuché en mi ya larga vida de asistente a actos de muy diversa factura. No se cuál era su título, aunque creo que eso era lo de menos. Nos expuso, con base en transparencias de escalada, algo de especial valor: los fundamentos de su actitud ante la vida.

Nos obsequió con decenas de frases que glosaban lo que significó y significa para él “ir a la montaña” que: “no era un hecho deportivo, sino más bien…descubrir su trasfondo poético, místico. Entender la soledad. La montaña es lo más simbólico del medio ambiente, y en ella veo la necesidad de afrontar la dificultad con optimismo, admirar la belleza, que está allí, sin duda, pero también, el drama, la tragedia de la vida” (trato de citar textualmente algunos de los párrafos introductorios de su charla)

Me gustaría hacer una completa reseña de lo que dijo y, sobre todo, recoger, cómo lo dijo. El conferenciante tiene 30 libros publicados y multitud de artículos, entrevistas y reseñas de sus actuaciones como alpinista y como polemista, de los que internet da cuenta suficiente para enterarse con detalle de muchas cosas de su vida y de cómo se la toma.

Yo me leí algunos de esos libros, y estaba preparado para no dejarme impresionar por su facilidad de palabra, su memoria para recordar hechos y anécdotas, e, incluso, para disfrutar con su lenguaje irónico, a veces mordaz, siempre inteligente.

Comenzó César citando a LeónFelipe, y a su libro “El ciervo”. “Tengo una gran admiración por los poetas”, se justificó (y citaría luego a varios, entre ellos, a Miguel Hernández y a Antonio Machado, cuyos libros le acompañaron, según confesó, en más de alguna escalada en solitario).

 

El conferenciante nos confesó que estaba escribiendo una “Teoría general del fracaso”, porque es “más amigo de los que fracasan que de los triunfadores”, a los que César eleva a la categoría de campeones: “La campeona es -en una carrera en la que el ganador oficial es el chaval de diecisiete años al que la naturaleza dotó de poder físico- la chica gordita que quedó la última, porque ella es la que tiene más mérito”.

Entre fotografía y fotografía, con impresionantes momentos de escaladas – “no de los ocho mil, que son objetivos para jubilados dirigidos por sherpas- ; más difíciles sob muchos cuatro mil, con torres de 500 verticales, a los que se sube con cuerdas cortas y en cabeza de cordada”- fue desgranando una colección de frases memorables.

He aquí algunas:

“No arrastréis los pies, sino ponedlos en el sitio adecuado”

“No soy racionalista, soy alpinista; y como religioso que soy, soy metafísico”

“Se sube con la mayor elegancia que se pueda”

“En algunos casos, fui valiente. En aquellos tiempos, en la montaña había muerto mucha gente. Se decía que la muerte escala frente a los alpinistas”

“Siempre fui un estudioso de Ortega…” y “La hipocresía es fundamental para salir adelante en la vida”

“Sigo haciendo alpinismo, pero en declive…aunque el otro día subía con dos jóvenes, y el que llevaba las cuerdas era yo”

“Este soy yo” (se refería a una foto en la que la silueta era lejana y algo borrosa, contra una pared vertical), “porque me reconozco”

“Otros quizá hayan conseguido ma´s logros deportivos, pero a mí me gustan los logros humanos”

Después de contar la anécdota en la que ayudó a varias monjitas y a un sacerdote a subir al Angliru, y, en particular, a atravesar, una a una, atada a la cuerda, el llamado “paso de Mahoma”. “Me di cuenta que todas llevaban zapatillas. Les dije: “Hay Dios, hermanas, pero no tanto”.

“En la vida, cuando estás muy cansado, se come menos”

“Hace falta en la sociedad que la gente tenga narices ” (Después de referirse a cómo se escapó de la clínica en la que le habían diagnosticado la amputación de las dos piernas, por gangrena gaseosa, y acudir al Dr. Martorell, “que sabía de congelación lo que no está escrito. Me dijo: “Las piernas se salvan, pero la nariz se pierde…Se equivocó, por suerte”.

“Tengo la misma nariz que cuando era joven, pero hay que tener en cuenta que, con la edad, la nariz y las orejas crecen”

“El rey actual (del que fue monitor) aprendió que en la vida no hay que tener miedo y sí equilibrio·

Y, en fin, “La montaña es un peregrinaje”

Qué personaje, César Pérez de Tudela.

 

 


La foto es la de un verderón (chloris chloris) macho, con su vistoso plumaje de verano. Lleva en el pico algunos restos de lana con los que está completando su nido.

La caricatura de César la hice mientras atendía al conferenciante.

Estado social en deterioro (2)

Parece un momento adecuado presentar la continuación a mi Comentario anterior, en el Día en que se conmemora la fundación de la Comunidad Económica Europea. Fue hace 60 años, el 25 de marzo de 1957.

Mucho han cambiado las cosas desde entonces, tanto para aquella Europa reducida que tanteaba sus opciones de generar un mercado proteccionista como recurso para no volver a entrar en guerra, y esta Europa de hoy, que mastica el fracaso parcial del proyecto, justamente pocos años después de haber acariciado las mieles de un triunfo espectacular, como lo hubiera sido la unificación de (casi) toda la vieja Europa cristiana bajo el paraguas de una Constitución supranacional, progresista y ejemplar.

Que nos encontramos, desde una perspectiva global, en una situación compleja y cuya solución no es aparente, no lo duda nadie. Ideas que aparecían, a priori, no solo como interesantes, sino como realizables e impecablemente efectivas, han revelado, sobre todo, su lado problemático, como si el dios Jano hubiera tomado los mandos de la Humanidad.

La excepcional mejora de la productividad que aportó la automatización y la incorporación de materiales más resistentes y duraderos a la fabricación, ha generado inmensas bolsas de paro en sectores tradicionales que fueron claves para el desarrollo industrial y social. No nos engañemos: la disminución cuantitativa del factor trabajo en la producción, en detrimento del aumento de la importancia del capital (del gran capital), impulsado por decisiones que poco tienen que ver con la idea del desarrollo local, ha deslocalizado hacia países con mano de obra barata, recursos por explotar, potencialidad de crecimiento del consumo y reglamentación permisiva,  la parte del león de la producción de los bienes que vinculábamos al bienestar.

Las pérdidas de actividad que aún siguen generando -la resistencia a sucumbir apenas si mantiene rescoldos testimoniales- no se ha podido recuperar con nuevos sectores sustitutos, que exigen, además, un nivel de calidad, y de educación muy alto. La competencia por cualquier puesto de trabajo ha provocado, además, que el tiempo de formación individual no se corresponda con los niveles de remuneración conseguidos, incluso para la mayoría de los altamente cualificados.

Ni la siderurgia, ni la construcción naval, ni la fabricación metalmecánica, ni, por supuesto, la minería, han sido sustituidas por sectores equivalentes, ni en la generación de riqueza ni en la creación de empleo. Muchas comarcas y regiones que fueron boyantes han pasado a ser zonas en declive, con sus cadáveres industriales y sus tensiones sociales a la vista y empleos de baja calidad y alto riesgo de permanencia, pues derivan de decisiones de inversión oportunistas o concentradas en sectores de servicios de baja productividad (mercerías, bares, peluquerías, fruterías, tiendas de ocasión, etc.).

Las cifras no cuadran y, en efecto, parece que alguien se está comiendo el queso. El PIB mundial ha superado los 80 billones de dólares (con Estados Unidos, la Unión Europea pre-Brexit y China acaparando más de la mitad de esa cantidad), pero ese “vivimos mejor que antes” no tiene una cómoda lectura. Los hogares tienen televisiones más grandes, cualquiera dispone de uno o varios aparatos de intercambio de datos, y el endeudamiento de las familias ha crecido brutalmente, pero la globalización de los mercados no funciona como se creía.

Cierto que la globalización nunca alcanzó una forma madura, abierta -demasiados acuerdos bilaterales fallidos, muchas rémoras a la liberalización de los mercados, etc.-, aunque aparecía como una solución para superar las desigualdades nacionales y locales-. Por el contrario,  ha causado mayores desigualdades entre países, y ha sesgado, a nivel interior, en los países más desarrollados, la brecha entre empresas exportadoras y las enfocadas al mercado local. Sin contar, por otra parte, que la “exportación” deriva, en muchos casos, en la generación de trabajo y actividad en los países receptores

¿Estamos mejor informados a nivel individual para decidir cómo afrontar la crisis estructural? No. La potenciación de las comunicaciones y la eclosión de la difusión de la información, ha provocado, junto a indudables ventajas a algunos sectores, tensiones adicionales dentro de la sociedad líquida: intoxicación informativa, obsesiones ludópatas, generación de expectativas irrealizadbles o divulgación de noticias y hechos falsarios.

Naturalmente, un análisis neutral debiera poner de manifiesto que la nueva situación económica, la mejora del saber hacer y el incremento de información relevante, ha abierto magníficas perspectivas para la Humanidad, nunca imaginadas antes. Es, por tanto, lamentable y motivo de decepción grave el que no se estén aprovechando para mejorar la situación de los más débiles ni se sean consciente de que nos encontramos en un momento de gran inestabilidad.

Par quienes confían a ciegas en que la solución vendrá por sí sola, derivada del simple paso del tiempo, existe un ejemplo muy preocupante de la ausencia de un liderazgo mundial y de una voluntad de coordinar actuaciones colectivas que puedan redundar en beneficios o en soluciones globales.

El cambio climático es una realidad -amenazadora- que no se ha sabido abordar, a pesar de miles de reuniones, análisis y propuestas. Para muestra, como se suele decir, vale un botón. Es un ejemplo, que arrastrará consecuencias dramáticas, de la veleidad y desinterés con los que se tratan las cuestiones generales. Los buenos propósitos de la COOP de Paris 2016 no solo no se van a cumplir, sino que los dos grandes países -Estados Unidos y China- que estaban obligados a liderar el cumplimiento de los compromisos de reducción de la producción de gases con efecto invernadero, han dado prioridad oficial a intereses egoístas y al oscurantismo en la comunicación de sus verdaderas cifras de contaminación.

En relación con los mercados, siguen vigentes -aunque se podrían agudizar aún más las aristas- las objeciones que George Soros exponía en “La crisis del capitalismo global (1998): “Los fracasos del mecanismo de mercado son insignificantes frente al fracaso (…) de los intereses colectivos de la sociedad, los valores sociales que no se expresan a través de los mercados”.

Los análisis teóricos (con base en ejemplos prácticos) de lo que nos está sucediendo, son muy convincentes para quienes no se dejen obnubilar por cantos de sirena adormecedores. Joseph E. Stiglitz, en “La gran brecha” (2015), en donde recopila una serie de artículos y reflexiones -algunos ya relativamente antiguos- glosa un mensaje sencillo, quizá aún más válido en una sociedad como la norteamericana, en donde los parámetros de lo que en Europa consideramos progresismo están más edulcorados: “Para crecer, gire a la izquierda”.

Los países de la Unión Europea han hecho y siguen haciendo, lo contrario. Con una confusa, pero fiel, apoyatura en las ideas de Hayek, el economista que puso el mercado en el pedestal del dios más venerable, triunfa la tendencia a considerar que la competencia es la clave para conseguir el bienestar en una sociedad: la mejora del bien común sería el efecto misterioso de la integración de intereses particulares.

Cuando, volviendo la mirada a nuestro país, me detengo en la presentación del sinuoso debate para encontrar un líder para el maltrecho -y, en mi opinión, irrecuperable a la dimensión anterior- PSOE y, también, en la apropiación de las propuestas de la izquierda más agresiva y de las expectativas de la población más castigada por una élite académica que está realizando Podemos, no puedo por menos que preguntarme si no tenemos aquí a gentes capaces de analizar lo que deberíamos hacer para impulsar, de verdad, la creatividad, la generación de empleos estables, el impulso a actividades rentables pero, sobre todo, necesarias.

Porque no me interesa el espectáculo de ver cómo quienes pretenden conducirnos a las soluciones, nos desvían del camino para llevarnos a un lugar apartado en el que se empeñan que les contemplemos liándose a bofetadas, mientras el pulso económico, la motivación de la sociedad civil, las perspectivas de la sanidad, la realidad de la educación, el mantenimiento de las prestaciones sociales, la utilización de la fuerza y la ilusión de los jóvenes, la incorporación efectiva de la experiencia de los mayores aún fértiles,…van, aunque la inercia nos haga pensar momentáneamente otra cosa,  a la deriva.

(continuará)