Ambiente, ¡Presente!

 

(El Club Español de Medio Ambiente -CEMA- celebra sus dos décadas de funcionamiento. Se nos pidió a los vocales de la ONG, un escrito con tema libre para formar un libro virtual, que ya está en la red, con las contribuciones de todos.

Mi texto era muy largo y, para no resultar desequilibrado, tuve que suprimir prte de él. Me sucede a veces. Lo que incorporo aquí es lo que suprimí).

Algunos de los defensores de las políticas ambientales se esfuerzan en presentar la cuestión desde la perspectiva de la creación de puestos de trabajo. Es cierto que no pocas de las actividades relacionadas con la protección o recuperación del ambiente han supuesto la aparición de nuevas profesiones y negocios, pero el enfoque me parece, sino equivocado, engañoso.

Porque la realidad es que, como con todas aquellas medidas que supongan incorporar el coste de las externalidades, hasta entonces gratuitas, a los procesos productivos, al aumentar los gastos de los emprendimientos, sin garantías de que el mercado los compense con un incremento en los precios de venta, se está presionando sobre la viabilidad de las empresas existentes.

El incremento de la presión fiscal, de las medidas legales y de las multas contra las infracciones, provoca, considerado de esta manera, pérdidas de actividad y empleo. No será fácil compensarlas con la aparición de nuevas empresas y allí donde se produzca la sustitución de las ineficientes ambientales por las mejor concienciadas, será, en general, gracias a la incorporación de tecnologías menos consuntivas en factor trabajo.

No necesito subrayar con mayor énfasis que el ya expresado que, en épocas de crisis, es el recurso ambiental el que más sufre: aumentan los abandonos irresponsables de residuos, se reduce el reciclado costoso, se enmascaran los controles de contaminación y aumentan las trapacerías y actuaciones delictuales por parte de diversos agentes, aumentando el consentimiento oficial hacia las ineficiencias, para no aumentar la presión social. Puede que el lector imagine que me estoy refiriendo solo a las empresas, aunque, lamentablemente, también estoy pensando en los particulares. La crisis económica introduce una mayor lasitud en el comportamiento ambiental.

El negacionismo expreso del presidente actual del país más contaminante de la Tierra en relación con el cambio climático -al menos, en la vertiente de su negativa a cumplir los preacuerdos de la COOP21-, no es sino un ejemplo de la subordinación de la protección ambiental a los intereses económicos. “Norteamérica primero”, significa, no solo reclamar la posición preferente en el comedero comercial, sino relegar a lugares secundarios todos aquellos factores que puedan afectar a la pérdida de competitividad. Por supuesto, entre los lastres de la globalización entendida como una apuesta colectiva por el crecimiento conjunto, se encuentra la protección ambiental, y resulta sencillo liberarse de él, puesto que el dueño de ese input que no se rige por el mercado, somos todos, sin que importen fronteras.

En mi opinión, el enfoque de la defensa ambiental debe dejar de centrarse en posiciones excesivamente científicas, que, al pretender convencer al gran público, a menudo empañan su naturaleza dogmática con argumentos ingenuos o voluntaristas, para detenerse en un abordaje crítico, pragmático y directo.

Hay un medio ambiente que es nuestro hábitat directo, como humanos, cuyo deterioro, en el mundo occidental, ha sido evidente y es continuo, y que no se ha podido contener ni con programas de recuperación de ríos y humedales, declaraciones de protección paisajística, medidas de educación ambiental, ni colocando más puntos limpios o contenedores separativos en las poblaciones.

Habrá que seguir analizando la eficacia de las medidas adoptadas y ser más vigilante y severo con los infractores.


El observador  de aves suele encontrarse en estos días con juveniles de aves, algunas con características morfológicas muy diferentes a los adultos. Un caso muy singular, dado lo frecuente que resulta toparse con él, es el del joven petirrojo, que carece del pecho colorado que da nombre a la especie, pues lo tiene moteado.

Esta pareja de aves lo forman pinzones vulgares (fringilla coelebs): una madre y su hijo, ya talludito. Los pinzones tienen una voz muy potente, característico -doce notas y un floreo final- y, como les gusta cantar, es fácil identificarlo por sus trinos, y familiarizarse con ellos. Diría que es común, pero no vulgar.

En la foto, tal vez no se distinga que el adulto es una hembra, pero estoy seguro, pues tengo varias fotos de la pareja. Las hembras de este fringílido tienen el pecho de un rosa blanquecino y la cabeza con un tono pardo grisáceo menos marcado que los machos.

Cómico o ridículo (11)

Hubo un tiempo en que la escasez llamaba frecuentemente a nuestras puertas, solicitando al ingenio. Los niños españoles de la postguerra no disponíamos de muchos juguetes, y los Reyes Magos se habían hecho tan pobres como nuestros padres, pero sabíamos también lo que era la felicidad. Acomodarse a lo que se tiene a disposición.

En el colegio Auseva de Oviedo, el patio de duro cemento en el que nos alineábamos para cantar Prietas las filas, el  Cara al sol o Corazones y manos de artistas, antes de entrar a las clases, servía como parque de recreo. Había, en un lateral, dos canastas de baloncesto, y, como la densidad de niños que disfrutábamos al mismo tiempo de los quince minutos de recreo era muy alta,  jugábamos los partidos compartiendo una cesta cada dos equipos. Eso sí, de composición reglamentaria: tantos como estuviéramos dispuestos a jugar, distribuidos en ambos equitativamente; si había resto, estaba claro que el pobre diablo que había sido el último en ser elegido, más que ventaja, resultaba un estorbo.

Era necesario atacar o defender, pues, según quién tuviera el balón, pero a la hora de encestar se precisaba apuntar siempre a la misma canasta. Incluso, algunos días, éramos tantos los aficionados al básket, que se formaban cuatro equipos por canasta, organizándose espectáculos de confusión inenarrables, que era comprensible acabasen, de cuando en vez, a bofetadas o amenazas de “luego te veo”, que se solían solventar en el Campo de San Francisco. Los que se batían eran inmediatamente rodeados por un coro de vociferantes muchachos, hasta que algún adulto actuaba de apaciguador momentáneo.

A mi me rompieron la nariz unos compis del curso superior al mío, en un episodio ridículo que tal vez me anime a contar en estos relatos mínimos.

La alta densidad de adictos al enceste, junto a mi carácter pacífico, fueron las razones principales por las que, cuando vi la luz de escape, derivé del baloncesto, a practicar el fútbol en los recreos, en la modalidad original, hoy desconocida, de mini-fultbito.

Había que ser rápidos para, una vez que el Hermano ordenaba el Rompan filas, ocupar uno de los espacios entre columnas junto a las letrinas. Las columnas de sostenimiento del edificio hacían de porterías, y disponer de una pelota de goma -dura como una piedra- era un tesoro.  Se podían organizar hasta diez partidos en aquella zona -cuatro muchachos en cada uno-, en la que la ausencia de líneas que señalizasen cada campo de juego, propiciaba momentos de confusión y tensión. Era todo muy emocionante.

Mientras la mayoría jugábamos (incluido el frontón, que el reducido patio se estiraba como de goma) algunos lanzaban petardos a los pies apuntando a la cabeza para resolver envidias, recelos o, sencillamente, bajar los humos a los primeros de la clase (hasta que se prohibió), y otros se acercaban a la Boalesa a comprar pan de higo, bolas de chicle o cigarrillos por unidades. Los más devotos utilizaban también el recreo para visitar la capilla, y como en épocas determinadas -el mes de las flores (mayo), la Inmaculada, el tránsito celestial del -entonces, aún- Beato Marcelino Champagnat y otras que no recuerdo-, había que apuntar las obras pías que los alumnos de cada clase realizábamos, los chavales entrábamos en una competición de carácter fundamentalmente metafísico.

Se apuntaban las visitas a la Capilla que había en un lateral y que, para elevar la puntuación, algunos entrábamos y salíamos varias veces en un solo recreo. El premio podría consistir en una bolsa de caramelos para toda la clase, además de la promesa de indulgencias que San Pedro debe tener contabilizadas donde corresponda.

Aparte del objetivo de elevar al fundador a la categoría de Santo, teníamos otros: la salvación de Rusia, la resolución favorable del misterio de Fátima (depositado en una carta custodiada por el Santo Pontífice y que se abriría cualquier día menos pensado), la conversión de los chinitos, la paz mundial, etc. En el día del Domund (2o de octubre), se nos distribuía a los niños unas huchas metálicas o de arcilla policromada, que portaban un candadito en la parte inferior y ofrecían una hendidura o raja en la superior, para que postulásemos, es decir, pidiéramos dinero a la familia y por las calles, para la conversión de los habitantes de los pueblos de Misiones, que estaban situados en algún lugar de Africa, fundamentalmente.

Yo hubiera preferido que el resultado de estas colectas fuera anónimo, porque no me apetecía andar moviendo el cántaro ante los peatones para que apoquinasen  (siendo lo más probable que me mandaran a freir vientos) , ni aún menos, solicitar a mi madre que me diese algunas monedas,  para que la exhibición de mi vergüenza o timidez no fuera tan evidente. Pero también aquí había una dura competición, y los resultados de las postulaciones se hacían públicos. Había campeones destacados, cuadros de honor y caramelos. Ganaba siempre un rapaz hasta que la tentación le llevó un año a quedarse con parte de la recaudación y le premiaron con un mal en conducta y el escarnio público. Ignoro cómo fue descubierto.

En lo que no me ganaba nadie era en despegar los sellos que se recolectaban a decenas de miles que, cuidadosamente agrupados, una vez secos, se metían en cajas que, al parecer, eran vendidos a ávidos coleccionistas. Pasé muchas horas de mi vida infantil mojando estampitas, despegándolas del papel de sobre al que estaban adheridas, dejándolas secar en papeles de periódico, separándolas por países y valores faciales, y agrupándolas en montoncitos de cien a los que ataba con una goma elástica. Todo ello servía para salvar a chinos, rusos y, con perdón, negritos, del infierno. Me lo tendrán en cuenta un día, espero.


Incorporo a este Comentario una instantánea de una alondra cojugada en vuelo. Tomada con las luces tenues aún de la madrugada, la foto carece de interés en sí misma; está hecha, además, a contraluz, es imprecisa y ni siquiera permite ver bien la característica diferencial de esta especie de alondras, la cresta notable de la cabeza, en comparación con la alondra común.

La iba siguiendo con cautela, atento a que mejorasen tanto mi posición como la luz. Estas aves tienen un vuelo corto y no son asustadizas, por lo que estaba cambiando el objetivo por otro de no tantos aumentos. De pronto, como una exhalación, un azor se lanzó sobre ella y en un santiamén, la arrebató de mi vista,

Así que esta foto es testimonio último de la vida de una inocente alondra que, tal vez, se estaba librando de mi, pero que ignoró o subestimó un peligro mayor. Para mi afición, fue una advertencia: debes estar siempre perfectamente preparado, en relación con lo que pretendes.

 

 

 

 

 

Sociedad sobrecalentada

pavo real absorto en su mismidad

En otros momentos de la Historia, sin duda, colectivos humanos concretos han sufrido situaciones dramáticas -guerras, hambrunas, esclavitud, explotación o pestes-, aunque me expongo a afirmar que en ningún otro momento como el actual la sociedad en su conjunto estuvo tan presionada por la necesidad de resolver urgentemente sus contradicciones.

Si la sociedad humana tuviera un motor, diríamos que se encuentra sobrecalentado. En estas particulares condiciones, si fuéramos los conductores de un vehículo de nuestra propiedad, y sin necesidad de consultar a especialistas en mecánica o termodinámica, detendríamos de inmediato el vehículo ante los síntomas de calentura. Levantaríamos el capó, nos encaramaríamos al espectáculo amenazador de incendio inminente que delatarían los humos del cárter, verteríamos agua sobre las partes calientes y cruzando los dedos, esperaríamos a que la máquina motriz se enfriara.

Luego, cuando la generación de  humos se calmara y la temperatura de las piezas metálicas no hiciera daño a la mano, llenaríamos de agua al radiador, aceite hasta el nivel de la muesca, rezos a los santos de devoción y llevaríamos a marcha lenta el vehículo de inmediato al taller más cercano, confiando en que la avería apareciera como subsanable y que el diagnóstico del experto local, cuyos conocimientos pueden ser invocación al premio de una lotería, resulte lo bastante certero y rápido para no tener que suspender la itinerancia.

Los efectos de la globalización económica y la amenaza de un calentamiento terrestre irreversible nos han hecho sentir que, por las buenas o por las malas, nos encontramos aupados todos en un vehículo colectivo (pocos, al volante; un par de miles de millones agarrados al pescante y a las manijas, otros mil millones recluidos en el maletero, mientras unos centenares de millones cantan incluso aquello de “si eres conductor de primera, acelera”, sin importarles que otros cuantos miles de millones tengan que aguantar incomodidades, humos y la incertidumbre de no saber donde nos llevan).

El asunto tiene sus bemoles, dentro de la extraordinaria complejidad, porque los del volante se empeñan en ignorar los síntomas y los gritos de quienes claman que hay que parar, porque cada vez son más los que se quedan en la cuneta.

Que en el país que pretende ser líder mundial, se haya elegido presidente a un negacionista de la globalización y del cambio climático, es, no ya significativo, sino dramático. equivale a romper las cartas de la baraja. Desde luego, no soy de los que confían en que una cosa es lo que se dice y otra lo que se hará, porque los intereses puestos en evidencia son palmarios: cerrar puertas a compartir beneficios económicos, despreciar la contaminación producida por el desarrollo ilimitado, alimentar el consumismo interno sin importar el coste, potenciar la generación de recursos bélicos y prestar oídos sordos a las necesidades ajenas.

Me uno a los que reclaman mayor protagonismo para Europa, en tanto que mantenga y perfeccione el perfil de apoyo a los principios de solidaridad, defensa ambiental, apoyo a los pueblos menos favorecidos. Obviamente, se trata de poner de relieve valores que, en el pasado no muy lejano, los europeos no tuvieron, que incluso hoy son cuestionados por algunos colectivos.

Pero si renunciamos a defenderlos, si dejamos que el vehículo social sea conducido por el egoísmo de los más fuertes, y el desprecio a los que exigen que es preciso detener la marcha para poner de manifiesto lo importante y recuperar a los que se han dejado en la estacada, la sanción será terrible. No, no vendrá por el lado del desarrollo tecnológico incontrolado; tampoco provendrá -¡ay!- de la sublevación de los oprimidos, reclamando a sangre y cuchillo que se les atienda.

La sociedad se ahorcará con la misma cuerda con la que algunos pueblos pretendían gozar de mayor libertad. Esta visión catastrofista no es improvisada, ni tiene raíces bíblicas. Puede que aún resista varias generaciones. Aunque, desde el mismo momento en que la gravedad de la situación ha sido detectada, pesa sobre nuestras conciencias, sobre la ética universal a cuyos principios nadie puede sustraerse sin negarse humano.


La foto pone de manifiesto el descanso de un ave singular, admirada por el despliegue de su belleza. El pavo real es ornato de muchos parques ciudadanos, a la espera de que abra el abanico de su plumaje. El espectador humano puede pensar que es el destinatario del arco multicolor que este animal pone a la vista, en un ejercicio de musculatura al servicio de la ostentación. No es así, claro. El macho de pavo real necesita la presencia próxima de hembras de su especie (es, además, señaladamente polígamo) para entregarse a esa ceremonia de seducción, cuyo objetivo no es otro que la cópula, por más que pocas veces sus galanteadas parecen prestarle atención.

Si la naturaleza ha respetado el principio de proporcionalidad dotando a esta galliforme de la carga de arrastrar un pesado plumaje para conseguir algo que otras especies tienen más a la mano, es un misterio, como tantos otros. Por su belleza, tanto en la India, de donde proceden estas gallináceas, de la familia de los faisanes,  como en muchos lugares, durante siglos, los machos de pavo real fueron seleccionados como manjar para distinguir a los héroes y como comida elegante para las mesas de los magnates.

Los siervos, criados y gente de los estratos sociales inferiores, cuando podían permitírselo, se contentaban con cocer o cocinar pollo, notablemente más sabroso.

Carta a Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid

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Alcaldesa:

Hace unos días, en uno de los cajetines utilizados eventualmente para comunicar informaciones sobre el servicio de transportes en los autobuses urbanos, me encontré con un “Bando de Limpieza de la Alcaldesa de Madrid”, suscrito por Vd.

No tenía fecha, aunque supongo que debió ser emitido hace poco. Como el escrito era largo y los viajeros que se amontonaban en la plataforma me impedían leerlo con la debida atención, aproveché un hueco visual y lo fotografié con mi teléfono inteligente. Así pude enterarme, en la calma doméstica, no ya de su contenido, sino que ahora trato de inferir de su concentrada lectura, tomándolo como muestra de razones más profundas, cuál sería la situación por la que Vd. se encontraba en la necesidad de enviar un mensaje a los madrileños.

¿Ilusionada, inspirada, tal vez, aburrida? Si alguno de esos calificativos encajan parcialmente al tono del escrito, el que más se adecúa es otro: desorientada. Mal asesorada.

Desde luego, el reto que lanza en su escrito es tan ingenuo como imposible: “que nos convirtamos en los ciudadanos más limpios del planeta”. Ni siquiera veo el interés que pueda tener, objetivamente, que la ciudadanía madrileña huela a limpio por las mañanas. ¿Hay detrás un intento de promocionar alguna marca de jabón de tocador o desodorante? Por supuesto, las pituitarias sensibles sufren al ser dominadas por el olor a sudor, fritangas, humos de tubos de escape y calefacción, cuando no restos vegetales en putrefacción, pero la cuestión del aire de Madrid no parece, de momento, con entidad para mover su creatividad literaria.

Lo que Vd. pretende con ese Bando, en el que recuerda al que Tierno Galván, “primer alcalde de nuestra democracia” promulgó con idénticas inquietudes a las que Vd., varias décadas después, vuelve a poner de manifiesto, es que Madrid -los madrileños y los visitantes- corrijan, de una vez por todas, su perniciosa manía de ensuciar. El carismático profesor no lo consiguió y le puedo adelantar que Vd. tampoco lo va a conseguir solo con sus recomendaciones.

Coincido con Vd. que la base de lo que “nos ha pasado”es que menospreciamos lo público, esto es, lo que es de todos. No es, por supuesto, lacra que haya que hacer descansar sobre los madrileños. El desprecio hacia los bienes y valores generales de la colectividad ha pasado a formar parte de nuestra idiosincrasia. Especialmente, con la democracia, que hemos entendido mal y corremos el riesgo de entenderla aún peor.

Me preocupan, como a Vd. y a sus asesores, la actitud de los que tiran colillas en las calles y alcorques, de quienes no recogen cacas de sus perros y de todos aquellos que ensucian a sabiendas el espacio público. No ignoro que se nos han colado en el argumentario colectivo dos perniciosas exculpaciones:  “ya pagamos para que lo  limpien” y  “total, para lo que sirve que yo cumpla, sino nadie lo hace”. Ambas direcciones de falsa dialéctica, muy peligrosas.

Debo llamarle la atención, ante todo, de algo que no es trivial o, al menos, no tan conocido. La limpieza de las calles es, de todas las actividades relacionadas con la recogida de basura, la más intensiva en creación de mano de obra.

¿Qué se necesita para barrer? Una persona pertrechada contra las inclemencias, con bolsas, una escoba, un recogedor y un carrito, moviéndose a pie por las aceras y por sus bordes; en algún caso, manejando un aspirador de hojas, papeles o cualesquiera residuos ligeros.

Fíjese algo más y advertirá, para su consternación, como fue la mía, que buena parte de esas personas que recorren las calles son bastante mayores, próximas a la edad de jubilación o que parecen ya haberla superado. También encontrará mujeres con aspecto de acabar de salir de sus labores domésticas, manejando con brío los trastos de limpiar.

¿Por qué? Sin duda, porque de esa manera las empresas concesionarias reducen sus gastos generales (menores pagos a la Seguridad Social) apremiadas por la necesidad de competir a la baja para llevarse alguna parte del contrato.

No me parece un despilfarro, dado el alto índice de paro que tiene la ciudad, generar un par de cientos de puestos de trabajo -baratos- para recoger la basura que otros ciudadanos más pudientes y harto despreocupados tiran en las calles.

Tampoco creo que se pueda/deba reducir más el coste de la recogida en camiones compactadores, con personal a la carrera desesperada por las aceras, manejando los contenedores a golpes, con el fin de cumplir con los exigentes destajos.

Habrá que enfocar la cuestión en otras direcciones, ¿no?

Porque, lo que si me parece intolerable es que se utilicen los contenedores que, teóricamente, están destinados a recogida selectiva, para que se entreguen a ellos, sin respeto, todo tipo de basuras, y que se dejen a su lado, abandonados como si la intención fuera construir tótem urbanos de la inmundicia, aparatos electrodomésticos estropeados, colchones y muebles viejos, aceites de automóvil usados, etc.

Me parece inaceptable que, en lugares elegidos a comodidad del ciudadano más irresponsable, se amontonen bolsas de basura en la calle, y que allí sigan por semanas.

Me parece insoportable -para mi sensibilidad profesional- asistir, cada día, y varias veces, al espectáculo de ver cómo una legión de pepenadores -al estilo de las ciudades paupérrimas- se dedican a abrir las bolsas de basura depositada en los contenedores, y a recoger, en camionetas desvencijadas, algunas sin matrícula, en cajas abiertas, cartones, restos metálicos o mobiliario (no tengo que hacer esfuerzo para imaginar que con destino a una eventual reventa, en una cadena de miserias de largo alcance subterráneo), poniendo boca abajo, revolviendo a la trágala, dejándolo todo luego abandonado de cualquier manera, contenidos aún de menos valor que el sustraído, cajas y bolsas rotas y culminando así el espectáculo de la dejación, el descontrol y el desorden.

No, Sra. Alcaldesa, esto no se corregirá con palabras. Hay que poner barreras: más formación, más concienciación, más inspección y más multas. Actuando de forma implacable con los que incumplan. También con aquellos encargados de la vigilancia que hagan dejación de su función de control.

Si no le molesta, le voy a escribir varias cartas abiertas. Le escribí ya varias cerradas, dirigidas a Vd., solicitándole entrevistas personales, que no me contestó. No se diferencia en eso Vd. de otros alcaldes y alcaldesas que hubo en Madrid, y los disculpo: puedo comprender que estén muy ocupados: una ciudad es un entramado complejo, vital, arisco…aunque también seductor como ninguno.

Como estoy seguro de que está imbuida de la mejor intención, le voy a dar un consejo de persona a persona, ambos peinando canas de experiencia: no se entretenga con los problemas pequeños. El de la basura es un tema muy visible, pero menor.

Tenemos otros mucho más importantes y, aunque no le corresponda a Vd. resolverlos -¡por favor, Vd. no es la heroína de los cuentos de hadas!- sí le vendría bien conocerlos.

Un saludo

Angel, un ciudadano de Madrid.

Un acuerdo tibio para un futuro caliente

El 12 de diciembre de 2015, en París, y en el marco de la COP 21 (1), se reunieron representantes de casi todos los Estados del mundo, con el objetivo, animado  por el actual secretario general, de llegar a un Acuerdo vinculante, por el que se adoptasen medidas claras para atajar el riesgo de sobrecalentamiento del planeta, reduciendo la producción de CO2 (anhídrido carbónico) derivada de la combustión de hidrocarburos.

40.000 enviados de las más variadas instituciones aprovecharon el buen clima de París para congregarse en la capital de la moda europea, durante los días 30 de noviembre a 11 de diciembre. Alguien ha calculado que ese despliegue de personal interesado ha contribuido a aumentar, entre idas y vueltas, con 300.000 t de CO2 la cantidad del gas en la atmósfera y de sus perniciosos equivalentes. Una cantidad, en todo caso, despreciable, frente a las 50 Gt/año (2) que cada año aumentan la concentración de gases invernadero sobre nuestras cabezas.

El Club Español de Medio Ambiente convocó, con gran sentido de la oportunidad, el 16 de diciembre, a varios expertos para que presentaran los términos del Acuerdo y se pronunciaran sobre su alcance. El Salón de Actos de la Escuela de Minas de Madrid ofrecía una buena entrada y, desde luego, las intervenciones respondieron a la expectativa.

De todas ellas, y por mi cuenta y riesgo, destacaría las de Sara Aagesen (que sustituía a la anunciada ponente Valvanera Ulargui, directora desde principios de diciembre de la Oficina para el Cambio Climático del Gobierno español) y José Manuel Moreno (catedrático de Ecología de la Universidad de Castilla-La Mancha e integrante español del Panel para estudio del Cambio Climático). Pero, aunque utilizaré algún elemento de los expresados por ellos en sus intervenciones, construyo este Comentario exclusivamente con mi opinión, y teniendo a la vista el documento de 40 páginas del Acuerdo de París.

El Acuerdo, a pesar del optimismo de los representantes de los gobiernos de la Unión Europea y, especialmente, de Laurent Fabius, que actuaba de anfitrión en la cumbre, me parece muy flojo. Consta de solo 18 páginas y 29 artículos, y figura como Anexo de un largo Preámbulo de las Partes, con  22 páginas y 140 puntualizaciones, en las que, en la mayoría, “se solicita”, “se pide”, “se pone de relieve”, o “insta” lo que da idea de los recelos, reticencias y prevenciones que no han podido resolverse en la Cumbre.

Coincido con Aagesen en que el Acuerdo era “necesario y urgente”, que “la negociación fue muy compleja”, y que lo adoptado “no es perfecta para nadie, pero es bueno para todos”. Es evidente, sin embargo, que Sara Aagesen, asesora de la Oficina para el Cambio Climático, opina desde la visión de los Gobiernos;. por eso, en mi posición de observador desde la sociedad civil y, si se me permite, desde la petulante, y, por supuesto, falsa, supuesta representación del ciudadano medio mundial, me inclino más hacia la afirmación de Moreno de que “hay motivos para la preocupación”.

Y serios: la tendencia de crecimiento de la temperatura, en relación con los niveles detectados de CO2, indica que en 2100 alcanzaremos los 4ºC de incremento. Nos encontramos ya por encima de los 2.000 Gt equivalentes de CO2 emitidos en la Historia pirómana de la Humanidad -según el Met Office-, y se han alcanzado los 400 ppm de concentración de CO2 en la atmósfera (medidos en el observatorio de Maura Loa, en Hawai, el único desde que se tienen registros desde 1958, gracias a Keeling).

No queda, pues, margen alguno. Habría que reducir de inmediato la producción antropogénica de CO2, por debajo de los 50 Gt/año, y que está creciendo al ritmo de 10 Gt/década; lamentablemente, no será así, pues las previsiones son de que subirá durante unos años (por la curva acelerada de desarrollo vinculada a los hidrocarburos que se prevé en China e India, principalmente) hasta alcanzar los 65-70, para bajar luego espectacularmente, en la confianza de que se aplicarán tecnologías en parte aún por descubrir o pendientes de perfeccionar su aplicación industrial de forma rentable, y así poder conseguir el objetivo de no superar los 2ºC de incremento de temperatura en 2100, que el Panel de Expertos sobre el Cambio Climático cree firmemente implica mantenerse por debajo de los 450 ppmv CO2.

Solo hace falta multiplicar para hacer un cálculo aproximado de la producción de CO2 que cabe imaginar de aquí hasta 2100 (85 años), de seguir al ritmo actual: 4.250 Gt equivalentes, que, aunque no todos se quedarán de forma permanente en la atmósfera, ya que entre un 30 a un 40% se disolverán en las aguas marítimas y continentales o podrán ser captados artificialmente, se unirán a las 2.000 Gt  existentes.

Estamos en riesgo de emitir más del doble de lo emitido hasta ahora en toda nuestra Historia. El objetivo de los 2ºC que se ha apoyado en París supondría, por el contrario, reducir entre de un 50 a un 70% la producción antropogénica, dejándola en 15-25 Gt/año. Idealmente, no deberían superarse las 1.300-1.600 Gt de aquí a final de siglo.

Reto muy difícil de asimilar como creíble cuando se piensa que 1.000 Gt equivalen  a solo un 30% de las reservas de carbón probadas (combustibles fósiles: carbón, petróleo, gas), y no parece que la presión por mejorar el bienestar pueda contenerse con propósitos bienintencionados.

En fin: habrá que esperar a la firma del acuerdo que lo haga vinculante, para cuyo acto se ha determinado un plazo que termina en abril de 2017, y para cuya efectividad deben firmar, al menos, 55 países que cubran el 55% de las emisiones a controlar.  Y, una vez cumplido este hito, confirmar que cada cinco años todos los países renueven sus compromisos, con postulados cada vez más ambiciosos. Que exigirán, además del desarrollo tecnológico y la voluntad política, desembolsos superiores a los 100.000 Millones de dólares/año.

Una cantidad ridícula para un objetivo común que supone librar a la Humanidad de una catástrofe autoprovocada, aunque muy ambicioso para un colectivo que parece empecinado desde su más remota existencia a matarse o dejar morir sin piedad, impulsado por las muy variadas formas de egoísmo.

(1) Así se conoce la vigésimo primer Conferencia (en el sentido de Asamblea), de las “partes”, estados miembros de las Naciones Unidas, cuyos representantes se vienen reuniendo desde hace 20 años para tratar la amenaza del calentamiento global del planeta y analizar y acordar medidas para paliarlo. Hasta ahora, con más ruido que nueces; desde ahora, con mucho más ruido, y unas pocas nueces más, como trato de hacer ver en este Comentario.

(2) 1 ppmv CO2= 2,12 Gt C (léase; una parte por millón en volumen de anhídrido carbónico, igual a dos coma doce Gigatoneladas, es decir, mil millones de toneladas, de carbono)

1Gt C = 0,47 ppmv CO2; 1 t C = 3,66 t CO2; 1 Gt CO2 = 0,27 ppmv CO2

Tocando suelo

En el Seminario de Minería y Medio Ambiente (Congreso sobre Restauración y Recuperación de suelos afectados por la minería), que tuvo lugar en Sevilla, el 27 de noviembre de 2015, bajo los auspicios del muy activo Colegio Oficial de Ingenieros de Minas del Sur, con el apoyo del Consulado Geral de Portugal em Sevilla, que prestó sus excelentes instalaciones y su calor institucional, tuvimos ocasión de escuchar magníficas ponencias.

Destacaré solo aquí la de Felipe Macías Vázquez, catedrático de Edafología en la Universidad de Santiago de Compostela, con el que el 5 de octubre de 1990, siendo el ya catedrático y yo miembro entonces de la Junta Directiva del Colegio de Minas del Noroeste, compartí por primera vez mesa y mantel en un debate sobre “El mercado energético europeo: Previsión de las alternativas para los años 90”, cuya reseña recogí en la muy querida revista ENTIBA.

Repasando aquellas notas, descubro -como curiosidad de la que no voy a sacar consecuencia alguna- que hace 25 años Macías era negacionista del cambio climático, o cuanto menos, escéptico, pues atribuía el aumento de concentración de CO2 a la expansión de los fondos oceánicos, de acuerdo con la teoría de la tectónica de placas, y a fuerzas naturales. Frente a las voces que ya solicitaban restricciones al uso del carbón en las centrales térmicas, manifestaba que nada podríamos oponer desde la piromanía occidental a la intención de los países menos desarrollados de utilizar las fuentes energéticas propias para mejorar sus economías.

El catedrático Macías se ha hecho un poco más mayor, pero conserva idéntico impulso juvenil, talante didáctico y capacidad de convicción. Desde hace años, se ha especializado en la recuperación de suelos degradados, especialmente en los afectados por explotaciones mineras, mediante la incorporación de suelos sintéticos que actúan de elementos de sellado.

Los sulfuros -explicó- se mantienen estables en tanto que exista suelo que les separe del aire, es decir, en condiciones estrictamente anóxicas -y no solamente referidas a la ausencia de oxígeno, sino de cualquier oxidante. En los demás supuestos, los sulfuros son termodinámicamente inestables,  y el proceso es catalizado por millones de organismos que se han adaptado a acelerar las reacciones químicas de oxidación, absorbiendo las cargas negativas de las arqueobacterias (1), que solo subsisten en ambientes anóxicos.

En consecuencia, se entra en un proceso en bucle, hasta el agotamiento de todos los sulfuros, y las reacciones oxidativas utilizan todo el Fe+3. La cadena se rompe si evitamos la formación de Fe+3, lo que necesita un medio que controle el pH. De otra forma, al quitar el suelo, mecanismo tampón natural, el hierro se transformará en jarosita.

A la hora de definir un suelo artificial que reconstruya la situación tampón, impidiendo la oxidación de los sulfuros, los aliados son los compuestos de hierro, como la ferrihidrita -el mejor-, la goethita, la hematites, la schhwertmanita y, en peor medida, la jarosita. Al fabricar ese suelo artificial -denominado tecnosol-, reconstruimos, de forma específica para cada problema, lo que la naturaleza ha conseguido en miles o millones de años. Macías lo llama “tecnosol a la carta”, porque, adecuadamente elegido, es más eficiente que la tierra vegetal.

El mejor ejemplo -o, al menos, el más conocido en nuestro entorno-, hasta ahora, en la aplicación de estas teorías de intervención para la rehabilitación de suelos degradados, es el de las Minas de As Pontes-mereció el Premio de restauración europeo-. Como el catedrático Macías resaltó, la elección del tecnosol adecuado es clave: con andosoles aulándicos se consigue el crecimiento para corta de los eucaliptos en 9 años, en tanto que con tecnosoles eutróficos y silándicos, se reduce el tiempo para corta a 6 años. (2)

“El verde -dijo Felipe Macías- es importante, pero no lo es todo. Además, del impacto visual agradable, permite proporcionar alimento a la fauna, recuperar la calidad de las aguas…y tampoco se puede olvidar que toda la biomasa se convierte en micromasa reductora, actuando de protector e impulsor de un crecimiento sostenible”.

Uno de los aplausos más prolongados de los que se escucharon aquel día en la sala del consulado premió su intervención.

 

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(1) Los organismos denominados arqueobacterias, forman un dominio separado, Archaea. Aunque fenotípicamente son muy similares a las bacterias, y la mayoría se reproducen también con fisión, poseen características diferenciadas, entre las que se cuentan  la ausencia de paredes celulares con mureína, y la presencia de lípidos de membrana que incluyen enlaces éter y no éster, siendo característico el pseudopeptidoglicano formado por N-acetil-glucosamina unida a N-acetiltalosaminomurámico mediante enlace β-1,3.

(2) En un primer momento, me proponía incorporar a este comentario las definiciones de cada término (extraño para profanos) y, también, expresar la composición de los diferentes minerales de hierro que nombro. Pero luego pensé que a lo mejor el lector interesado y que, por no haberlo sabido nunca o no recordarlo ahora, quisiera saber el alcance exacto de los diferentes vocablos que aquí utilizo, de uso, desde luego, poco común, podría pasar un rato divertido hurgando en la Wikipedia.

 

Abengoa y los himnos al sol

Aunque no se debe especular sobre la calidad del bollo cuando aún está en el horno,  tengo pocas dudas de que  a Abengoa, como a Ícaro, se le quemaron las alas por culpa del sol: de la energía termosolar, para ser más exactos. Su visión mesiánica para mantenerse como la adelantada mundial de esa forma de dominar a Helios, le quemó la cera -digamos, el combustible- con la que contaba realizar el viaje, y, al forzar la máquina, se le calentó el endeudamiento y se le partió el ebitda (acrónimo para “Earnings before interests, taxes, depreciations and amortizations”).

En pocos años, y a la vista de todos, Abengoa pasó de ser la gema especial de la corona de las empresas ambientales españolas (¡y mundiales!), a convertirse en una entidad basura, un chicharro bursátil, provocando la pérdida prácticamente total de los dineros que se depositaron confiadamente en su aventura.

Desde luego, el auge y caída de Abengoa debe mover a reflexión a quienes ven solo ventajas, y no riesgos, en la carrera por asentar ambiciosos proyectos empresariales en las arenas movedizas de las energías alternativas. Por atractivo que sea el señuelo -calentamiento global, concienciación ambiental, consejos de sabios que animan a aprovechar la oportunidad del moto sostenibilidad-, las dificultades para conseguir beneficios económicos consistentes son altas.

Y, lo que hace a la aventura especialmente delicada, es que la obtención de resultados positivos no depende ni de la tecnología, ni de las intenciones propias, ni de los que confían en el proyecto, sino, y sobre todo, del contexto y de los ritmos que marcan otros, -no siempre con buenas intenciones-, lo que, a partir de un cierto momento, en que las necesidades de capital para sostener el crecimiento se hacen enormes, puede hacer que todo se vaya al garete.

El grupo empresarial que fue feudo de poder de la familia Benjumea se ha muerto de éxito. Participante hiperactivo en el grupo de devotos de la doctrina solar -en su versión más elaborada, la térmica-, cuyo catecismo Abengoa misma contribuyó a desarrollar, el eco de las declaraciones optimistas de sus principales accionistas y directivos resuena aún, porque todo sucedió muy rápido. Sánchez Ortega, en 2010, entonces Consejero Delegado, afirmaba que el ebitda pasaría en tres años del 44% al 67% y que la deuda se mantendría por debajo de 3 veces su valor, al tiempo que se multiplicaría por 7 -de 193 MW a 1.443 MW- la potencia termosolar instalada.

Qué horas, qué auras. Según el informe de la agencia Moody´s, fechado el 19 de noviembre de 2015, la deuda bruta de Abengoa es de 7,9 veces el ebitda anual. Las dudas sobre las cifras reales del complejo Abengoa se han extendido como la pólvora. Nadie quiere poner dinero en ese fuego.

¿Razones para este despropósito financiero? En mi opinión, haciendo abstracción de la hojarasca, dos: la presión de un mercado emergente, que embriaga del éxito, y la facilidad para obtener créditos muy baratos, en una situación de excedentes monetarios. En ese contexto, las proyecciones de futuro de ingresos y beneficios no tienen más credibilidad que la que quiera dárseles.

El grupo necesitaba mucho dinero para atender a su etapa expansionista, y recurrió -lo digo a partir de lo que leo-, para mantener la petición de créditos externos a un nivel que no pareciera escandaloso, al juego financiero de concederse préstamos entre sus filiales, en operaciones de picardía contable que se están analizando, -¡ahora!-, con el rigor de que carecieron anteriores auditorías.

Abengoa se endeudó, según las cifras que van siendo expuestas a la luz del escándalo, en 20.000 Mill. de euros -con 7.500 Mill. de euros de facturación prevista y un ebitda objetivo de 1.400 Mill. euros- construyendo un laberinto de créditos entre casi 900 filiales y/o participadas, agrupadas en Abengoa Yield y Abeinsa (que es la accionista principal de Abener Energía, Abengoa Solar, Abengoa Bionergía y Teyma/Sainco).

Como sucede siempre que un gigante empresarial revela sus debilidades, se han asomado a los estertores de la agóncia Abengoa multitud de interesados: unos, con intenciones necrófilas; otros, portando pócimas supuestamente salvíferas; no faltan quienes se aprovecharán de lo más jugoso.

A mí, lo que me apena especialmente, es que miles de puestos de trabajo -casi 7000 empleos, solo en Andalucía- se hayan puesto en tan grave peligro de extinción, y que no se haya sabido atajar el mal cuando tenía solución -entre otras, la de mantener los compromisos legales de subvencionar las energías solares-, y no haberse obcecado, desde los estamentos oficiales como desde los empresariales y sociales que se beneficiaban del crecimiento de la burbuja abengoense, en jalear con aplausos, coplas y brindis a la gestión, que era, en esencia, una huída hacia adelante, esto es, un camino sin retorno hacia el agujero.

 

La energía en los programas de los partidos políticos que optan a gobernar España (y 3)

Isaac Alvarez se ha convertido, junto con Angel Cámara (catedrático de la Escuela de Minas y Energía de Madrid) y decano del COIMCE, en conferenciante de plantilla para abordar el tema del fracking en España, desde su defensa.

En la conferencia del día 2, Alvarez resaltó la coincidencia de los partidos de la oposición en rechazar el fracking. El PSOE propone en su programa limitar las prospecciones y C´s indica que ni siquiera merece la pena hacerlas.

Con tales antecedentes programáticos, la argumentación de mi colega -y amigo- se centró en manifestar que tales manifestaciones contrarias a esa técnica, “no tienen en cuenta ni la realidad internacional, ni las nuevas tecnologías, ni la falta de competitividad de la industria española” que se fundamenta también en el alto precio de nuestra energía. “pagamos el kW al doble que en USA”, y parecemos ignorar que “la energía es básica para generar empleo”.

En la disertación con mayor aporte de cifras de las de los intervinientes en el acto, desgranó, entre otros datos, que en USA se realizan 100.000 fracturaciones hidráulicas al año, que en el mundo hay 4 millones de pozos perforados (de ellos, 2 millones en USA y la mitad, activos, repartidos entre gas y petróleo). En Norteamérica se dispone en la actualidad de unos 200.000 pozos para extracción del gas no convencional, que producen más de 20 veces el consumo anual de gas en España.

Para Alvarez, en las propuestas anti-fracking “subyace solo electoralismo”. No concedió tampoco relevancia al peligro de los accidentes, que remitió a la falta de información sobre el verdadero estado de la técnica y a intenciones descalificadoras priori, ideológicas.

La conductora de la Jornada, Moratilla, planteó, antes de abrir el coloquio con el público, si “el coche eléctrico era una propuesta realista.

Casajús respondió de inmediato que “con la red actual, mantener un parque de coches eléctricos de cierta entidad es imposible. Habría que resolver cómo se cargan las baterías, cómo las gestionamos, sería necesario rehacer una gran parte de la REE”. Comparó la propuesta con “las sillas volantes que aparecían en las historietas de Diego Valor”. (3)

“Si cada recarga supone una hora, ¿qué red de distribución de estaciones de carga hará falta para dar servicio a 5 ó 7 coches, allí donde precise cada usuario volver a cargar su batería, con autonomía para 250 0 300 km?. Tesla propone que se cargue la batería en el domicilio, por la noche; se supone que en el aparcamiento comunitario, porque pesa demasiado para llevarla a la propia casa. Pero si la mayoría pretende cargar la batería de su auto a partir de las 9 h, podemos llegar a aumentar el consumo puntual en 20.000 Mw-hora, que habría que cubrir. (4)

En fin, con la expresión unánime del apoyo necesario a la i+d+i, y a la creación de un Ministerio de la Energía y el Medio Ambiente, se abrió el coloquio a preguntas del público. Los ponentes tuvieron, entonces que expresar su opinión sobre la autogeneración, la mejora de la eficiencia energética relacionada, en concreto, con la edificación o el almacenamiento de energía con fines reguladores. No hubo especial crispación, aunque algún asistente -como suele suceder- aprovechó para realizar su ponencia espontánea y no faltó tampoco quien echase de menos a una representación de técnicos antinucleares y antifracking o decididamente pro-energías renovables en la mesa, que juzgaba monocolor.

Fue entonces cuando Miranda aclaró que “no era pro-nuclear” y que, desde luego, era plenamente sensible hacia los problemas de seguridad y almacenamiento y tratamiento de residuos, que no habían sido tratados en el debate porque no formaban parte del planteamiento de los programas políticos, que se manifestaban, simplemente -salvo en el caso del PP- como antinucleares sin reservas. También puntualizó que “las tecnologías renovables corresponden a mundos diversos que no pueden mezclarse en un fondo común”: los ciclos de intermitencia son totalmente diferentes, y van desde un año a la aleatoriedad de “cuando sople”.

Alvarez resaltó que centrar la discusión energética en el programa español, olvidando el panorama mundial, puede convertirse en un “hablar del sexo de los ángeles, porque en 2040, las previsiones son de que el 70% de la energía primaria será de origen fósil”, aunque, desde luego, cada año, la cantidad de energía de procedencia renovable que se aporte al sistema será creciente.

Se lamentó también acerca de la “impresionante mediocridad de todos los programas: ninguno habla de la COOP21, o del cambio climático, o de la regulación por medio del almacenamiento energético”.

 

(3) Diego Valor era un héroe de ficción, al que sus creadores alimentaron con apasionantes historietas publicadas entre 1953 y 1958 y que los niños de la época (yo llegué a la devoción poco antes de su lamentable extinción editorial) seguíamos con fervor, a pesar de estar editadas en pésimo papel y con dibujos muy simples en blanco y negro, pero con un texto imaginativo y un contexto estimulante. Las sillas volantes eran controladas con la mente por una facción de los habitantes de Venus, los wiganes.

(4) El consumo horario de energía en España fluctúa entre los 40.000 Mw-hora a las 21 h y los 24.000 Mw-hora entre la 4 y las 6 de la madrugada.

 

La energía en los programas políticos de los partidos que optan a gobernar España (2)

Cuando la directora de la sesión dio la palabra a Manuel Lozano, asignándole una pregunta genérica, éste comenzó reconociendo la dificultad de analizar técnicamente los asuntos políticos y que ninguno de los programas le convencía plenamente: en el caso del PSOE, porque “era un copia y pega” de otros documentos anteriores; en cuanto al del PP, “porque no decía nada”; el de C’s, porque “aunque incluye propuestas como impulsar y primar la i+d sobre las subvenciones” -asunto al que se confesó “muy sensible”, omite otras o no las concreta; y, en fin, en lo que respecta a Podemos, porque entremezcla “propuestas muy sensatas” con otras imposibles.

Lozano recordó que  el programa nuclear español fue ideado e impulsado estando Abril Martorell en el gobierno, y resultó ser un producto de la democracia, en tanto que en la actualidad “estar en contra de las centrales nucleares” se ha convertido en una opción defendida por los partidos de la izquierda en España.  Se preguntaba por ello, si “ser antinuclear ha de asociarse a ser de izquierdas”, y, aunque no explicitó su propia respuesta, en el auditorio se entendió, mayoritariamente, que, desde luego que no.

El conferenciante, que se reconoció favorable a que se descarbonice el sistema energético, lamentó que ninguno de los partidos precisara sus estrategias para conseguirlo, obviando, con ello, que “el recurso a la energía nuclear es inevitable”. Una estrategia inteligente debería afrontar el desarrollo de la energía nuclear que va a experimentar el planeta: Rusia e India tienen tecnología de bastante nivel; China, capacidad de desarrollo. Pero, además, Estados Unidos “jamás dejará que la tecnología de vanguardia del Torio la señale otro país”, por lo que recuperará y mantendrá la posición predominante de la IV generación de centrales nucleares.

España debiera avanzar en su programa energético confluyendo con la política europea, que no queda señalada por posiciones puntuales. Alemania no va a perder el conocimiento que posee de la energía nuclear y que le está proporcionando sustanciales beneficios en la exportación y un ámbito de control. (1). La energía nuclear seguirá siendo una tecnología propia de la UE, que no puede perderse. Y si se considera como ejemplar la decisión de Dinamarca de prohibir la energía nuclear, debería tenerse presente que parte de la energía que consume Copenhague, proviene de las centrales nucleares de Suecia, con instalaciones nucleares a menos de 20 km de la poblada capital danesa.

Respecto a la pretensión de clausurar el ATC (acróstico por Almacén Temporal Centralizado) lo calificó el catedrático sevillano de “brindis al sol”. Si hubiera estado vinculado a la propuesta simultánea de “reducir a vidrio todos los residuos de alta radioactividad” -indicó, de manera coloquial, puntualizándola después-, es decir, reprocesar todo el combustible nuclear en Francia” y recoger aquí el de BT, quizá pudiera admitirse la coherencia de la propuesta, cuyo coste económico sería, desde luego, muy alto (2); pero pretender asociar “nuclear, no” con descarbonización es un error mayúsculo; significa, justamente, apoyar lo contrario de la actuación imprescindible en este momento: equivale a defender: “petróleo, gas y carbón, sí”.

(continuará)

 

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(1) Esto no lo expresó así Lozano, pero lo interpreto con mis propias palabras.

(2) Como referencia de costes, Lozano indicó que si bien se objeta que la central de Oikiluoko (Finlandia), que no estará en funcionamiento hasta 2018, habrá costado más del doble de los 3.000 mil. de euros presupuestados (hace más de diez años), es mucho menos de lo que en un solo año (2013) las energías alternativas recibieron en España. Según información que he consultado en internet, el coste de la central se aproxima a los 9.000 Mill. de euros, y es cierto que las energías verdes fueron apoyadas en nuestro país con más de 50.000 Mill de euros entre 2005-2013, y que las subvenciones de este último año alcanzaron los 13.000 Mill. €.

Ofiuco y el COP21

El 3 de julio de 2015 asistí a la presentación del World Energy Outlook Special Report, preparado por la International Energy Agency (IEA) ante la perspectiva de la COP 21 (vigésimo primera Conferencia de las Partes), que tendrá lugar en Paris, en diciembre de este año.

El acto tuvo lugar en el saloncito del primer piso de la sede del Club Español de la Energía, en Madrid, y la conferenciante fue Laura Cozzi, ingeniera ambiental, subdirectora (deputy head) de la IEA en el equipo que dirige, como Economista jefe, Fatih Birol, ingeniero turco que hizo sus primeros dientes profesionales en la OPEC y que tiene muchas líneas de mérito en su CV, entre las que se encuentra el haber presidido el Foro de Davos.

Laura fue presentada por Arcadio Gutiérrez Zapico, director general del Club, ingeniero de caminos con una carrera profesional anterior en el sector de la energía nuclear, y un brillante conferenciante él mismo.

Llegué casi media hora antes del inicio del acto, y me decidí a hacer algo de tiempo dando una vuelta por los alrededores del espacio arquitectónico que separa la ciudad de las “Cuatro Torres Business Area”. Allí me encontré a Laura Cozzi, llevando una maleta de viaje compacta, con ruedecillas, de esas que salvan la pejiguera de la pernoctación fuera de casa.  No me acerqué para saludarla, pues no quise interrumpir lo que me pareció era su disfrute de unos momentos de relax cuando estás en una ciudad en la que supones que no te conoce nadie, y no te apetece aún empezar a representar tu yo oficial.

El Informe está disponible en internet, de forma gratuita (http://worldenergyoutlook.org/energy), y con sus 200 páginas, se hace difícil de resumir. Su propósito confesado es servir de orientación, desde la autoridad del organismo, para que los asistentes a la cumbre de París no pierdan el tiempo haciendo deberes previos, y también indica algunas propuestas para salir del paso, de forma que la reunión no se convierta en un fiasco.

En este sentido, la combinación de paños calientes y compresas frías, en un ejercicio de equilibrio, quedó también de manifiesto en la exposición de Laura Cozzi que fue hecha en inglés, con la aclaración previa, inconcebible en un italiano, que de la lengua española solo conocía “Buenos días” (Tal vez allí habría que buscar el origen de la razón por la que  tanto Arcadio G. Zapico como los intervinientes en el debate se obstinaron en pronunciar su nombre de pila como “Lore”).

Así que, por si aún lo ignoran los que tengan proyectado asistir a la conferencia de París y necesitaran un breviario de urgencia: hay que ahorrar en energía, invertir en renovables, reducir la combustión ineficiente del carbón (existe, además, escasa ventaja económica en profundizar en la combustión subcrítica), eliminar subsidios, mejorar la tecnología y preocuparse por las emisiones de metano directas, sin confiar demasiado en los cambios de comportamiento de los consumidores, ya que las decisiones antieconómicas no son fáciles de comprender (ni de explicar).

Aunque el horizonte debe ser contemplado a largo plazo, es aconsejable -siguiendo la experiencia- hacer seguimiento cada cinco años del cumplimiento de los objetivos, y, reconociendo la excepcionalidad de cada país, trazar un camino propio de transición, sin perder en competitividad y mejorando la eficiencia.

En el debate, me di cuenta -por si no lo había reconocido antes- que buena parte de los asistentes eran anteriores ejecutivos de distintos niveles en las empresas energéticas, hoy, tempranamente jubilados u ocupando puestos -supongo que no remunerados, para no perder sus pensiones- en Asociaciones y Fundaciones relacionadas con la energía y sus empresas.

Allí tuvo Cozzi oportunidad de expresar su optimismo respecto a lo que pasará en París en diciembre, expresar que no creía que el éxito de los norteamericanos en utilizar el gas convencional fuera replicable en otros países, y reconocer que ella estaba a favor de la energía nuclear como única fuente que no produce metano como efecto directo o colateral, pero que había que tener en cuenta el rechazo de ciertos sectores, por lo que el informe, aunque la había considerado, no se había manifestado expresamente sobre su implantación.

Todo eso, y más. Por ejemplo, la referencia al volumen creciente de contaminación ambiental que proviene del transporte terrestre, especialmente provocado por los vehículos pesados (crecimiento exponencial en China), y  una mención de cuadro de horror a India, donde 300 millones de personas no tienen electricidad y cuya posición crítica puede bloquear la unanimidad de los acuerdos y, en todo caso, dado su volumen, su efectividad.

En poco más de una hora, quedó así perfilado -y con muy tenebrosos colores- el cuadro previa a la/el COP 21 y, como estamos en una época en la que el cielo nocturno permite contemplar la hermosa constelación de Ofiuco, que corta en dos la de la Serpiente (convertida así en Serpens Caput y Serpens Cauda), me imaginé que la IEA era Al-Yad (“la mano que precede”) tratando de agarrar a Unakalhai (“el cuello de la serpiente”), que sería, por su parte, el fenómeno del cambio climático.

Todo ello situado en el ecuador celeste, y, por tanto, siempre visible, para análisis de estudiosos, diletantes y amigos de lo etéreo, e ignorancia consciente de multitudes, entre el Escorpio -¿símbolo del capitalismo?- y el Sagitario -¿portador en sus flechas del placebo de una ética universal?-.

No quiero ahondar en metáforas traídas algo a contrapelo, pero Ofiuco-Esculapio, es, además de una de las 84 constelaciones en que se ha dividido convencionalmente el firmamento, el decimotercer signo del Zodíaco en la astrología sideral, reconocido en 2011 entre Acuario y Piscis, con un período entre el 30 de noviembre y el 17 de diciembre. O sea, que bajo su advocación cosmogónica tendrá lugar el/la COP21.