Demasiada Cataluña

Ayer escuché por la TV3 a Tardá y a Nart hablar sobre el simulacro de referéndum al que el gobierno de la Generalitat Cataluña ha empujado a los residentes en esa región española. El debate fue muy aplaudido en las redes sociales como ejemplo de diálogo entre dos posiciones contrapuestas, realizado por dos contertulios inteligentes y serenos.

Nart habló en español y sus comentarios, en un medio televisivo que apoya el referéndum ilegal y el separatismo, estaban destinados, sobre todo, a quienes, no están de acuerdo con la sedición, tanto catalanes como españoles. No era tanto una cuestión de hacerse entender por quienes no dominan la lengua catalana, como poner de manifiesto la contraposición entre lo constitucional y la rebeldía. Por eso, me sorprendió que se prestara el avezado jurista a ser parte principal de un mensaje subliminal, aunque tan transparente.

Hubiera yo preferido que todo el debate se hubiera desarrollado en catalán. No es la lengua la que marca la diferencia, sino la diferencia de posición ante los conceptos de: democracia, historia de España, marginación, explotación por una clase dominante, izquierdismo, apoyo al régimen constitucional, memoria del pasado, etc.

Me ha hecho daño ver a unos cientos de universitarios tomando el paraninfo de la universidad de Barcelona y reclamar democracia, al tiempo de anunciar que la region catalana es ya una Republica.

Me ha hecho daño ver que al gobierno de España -que lo es también de Cataluña- no se le haya ocurrido nada mejor, completando las actuaciones judiciales, que enviar tres buques de recreo cargados de guardias civiles para dejar claro su propósito de sofocar la realización del simulacro de referéndum con la fuerza.

Me hace daño la falta de entendimiento entre las gentes de este país, en una demostración tumultuaria de incomprensión recíproca, animadversión soterrada, ilusionismos sin fundamento y odios, envidias, falsedades o cerrazones mentales aflorando como setas en el ejercicio intelectual.

No me esconderé, pero sabed, unos y otros -independentistas y nacionalistas- que lo que percibo os iguala es vuestra cerrazón para ver en el otro, no un enemigo, sino sólo un diferente.

El siguiente paso: calmar los nervios

La situación de desafección entre los gobiernos de la Generalitat catalana y el Central alcanza, en estos momentos, un nivel muy preocupante.

Los partidarios del independentismo (que coinciden básicamente con los que se declaran favorables a que se lleve a cabo el referéndum ilegal del 1 de octubre) se están manifestando en clara rebeldía.

La tensión entre la población, trasladada incluso a Madrid, en donde grupos de apoyo a los insurrectos se están concentrando también en la plaza Mayor, toma el aspecto inquietante de parecer incontrolable. Otros grupúsculos pretenden defender la unidad de España con banderas y propuestas de desgraciado recuerdo.

No es una fiesta, amigos catalanes que os estáis reuniendo simulando encontraros en un momento festivo. Es un drama, o la antesala de el.

Se está confundiendo democracia con la posibilidad de que una facción, incluso habiéndose encaramado a las instituciones, actúe unilateralmente contra la Constitución y la legitimidad de lo que rige la convivencia. La responsabilidad ante la  Historia del gobierno de Puigdemont es máxima, aunque no precisamente como “salvadores  de la Patria amenazada” . El apoyo que prestan a los insurrectos y revoltosos los representantes de algunos partidos de la populista izquierda falsaria me resulta, sencillamente, incomprensible.

El falso referéndum busca el apoyo a dos propuestas anti-constitucionales: la independencia autoproclamada de una región y el cambio de forma de Estado (de Monarquía a República). Su absoluta ilegalidad implica que el resultado de la consulta amañada (previsible), su ausencia de garantías (total), esté sesgado obviamente por la negativa  a participar  en el simulacro  de aquellos ciudadanos  respetuosos con la ley y el orden. Que son, sin duda, la inmensa mayoría.

En suma, tanto dramatismo en el escenario, sin causa legítima, ni dirección apropiada, ni sentido práctico.

Análisis políticos, jurídicos o sentimentales  aparte, hay excesiva tensión en la calle. Puede saltar una chispa en cualquier momento.

Cálmense los ánimos. Quiero dejar constancia de mi admiración por el sereno cumplimiento de su deber, ante las provocaciones, de las fuerzas del orden – de la Guardia Civil y de la Policía Nacional en especial-.

Oigo decir a algunos, como si se encontraran representando una farsa en un teatrillo de títeres para infantes perversos, que “desean dejar de ser españoles” y “liberar Catalunya del yugo de España”.

No hay nada de trascendente, ni la propuesta es seria, ni la realidad es un juego. Podría parecer cómico, aunque se me hiela la sonrisa pensando en las consecuencias. No solo en el corto plazo. Las heridas abiertas tardarán en curarse.

Todo resulta dramático. Incoherente. Doloroso para todo español, y, en especial, para todos los catalanes que no tengan nada que ocultar. La mayoría con voluntad silenciosa, los que creen en una democracia pactada, pacífica, sólida. Imagino que los Pujol, Mas, Ferrusola, estarán satisfechos. Sus graves infracciones y delitos están sepultados en la algarabía.

El gobierno central acaba de suspender -de facto, es cierto- el gobierno de la Generalitat. Oigo, por la TB3, la declaración del presidente  Rajoy. Serio, firme. Resulta que la situación es tan irreal que mis afectos políticos revolotean  sin encontrar asentamiento seguro.  Suspense.

Soneto a un independentista catalán

Coincido en la ocasión, ponme en la lista.
Estoy harto de mentiras y patrañas
y me duelen hasta el fondo las entrañas.
Quiero pasar a ser, como tú, protagonista.

Desvelaré sin piedad las artimañas
que pretenden ocultar de la vista
problemas, sin dejar que me despista,
que hay tantos españoles como Españas.

Admiro, que aún sin que tengáis prevista
manera de sortear ríos o montañas,
ni pertrechos, estéis ya en la pista…

Vagar sin apoyo en tierras extrañas
es confiar que, sin fe, Dios nos asista.
Piénsalo, amigo, tómate unas cañas.

(@angelmanuelarias, sept 2017)