Abusones

Missbraucher, eso es lo que son. Abusadores de una posición dominante. Habíamos admitido, sin rechistar, que eran los mejores y más rápidos en recuperarse de dos guerras mundiales (haciendo abstracción de que ellos mismos las habían puesto en marcha), admirábamos su capacidad para inventar artefactos letalmente destructivos (que luego los norteamericanos sabían convertír en máquinas generadoras de dólares para sus guerras -generalmente, pacíficas-); estábamos emocionados con su destreza para poner orden en la filosofía, el derecho, la técnica y hasta la religión católica, en enciclopedias que costaba mucho traducir y que siempre nos fue imposible entender (no nos importaba que nos estuvieran utilizando como putzfrauen o gastarbeiter para que tuvieran tiempo en el que ejercer su incuestionable superior creatividad, resultado de la combinación feliz de la raza aria y el tinte de pelo, la comida porcina y los quesos y cerebros holandeses y suizos).

Estábamos convencidos de que nuestro servilismo algo baboso, nuestra admiración rendida oficialmente sin luchar, nos reservaría algún lugar de preferencia desde el que recoger las migajas de la mesa en donde se estaban comiendo, como siempre han hecho los señores, junto a sus amigotes, los frutos principales del huerto colectivo.

Al menos, nos creíamos que nos estaban dejando el hueco de ser los campeones del mundo, los mejores indiscutibles en ese juego de pelota que inventaron, según se murmura,  los sodomitas ingleses para tener alguna excusa para tocarse las piernas y darse abrazos fuera de las saunas.

Estábamos orgullosos de tener los dos mejores equipos del Universo, uno por cada capital de las dos principales nacionalidades que coexisten en la tierra que los astures conquistaron a los moros (los tatarabuelos de los que volvieron, unos siglos más tarde, a ayudar a la reimplantación de la servil devoción hispano a lo germánico).

Pues el sueño quedó roto el 1 de mayo de 2013, mientras unos cuantos nostálgicos de los horteras uniformes goyescos se preparaban para recordar una fecha en la que les hicimos no se qué diabluras a los franceses (o más bien, nos las hicieron ellos a nosotros).

El Bayern de Munich le colocó 7 goles (3+4) a nuestro equipo mejor en la Liga del BBVA, el Barça, y lo trituró como quien saca aceite de una avellana. No hacía falta completar la ecuación, pero un día antes el Borusia de Dortmund (que es como decir el Avilés C.F.) demostró su capacidad de resistencia frente al Real Madrid, al que había colocado suficientes banderillas en el lomo cuando lo tuvo enfrente por primera vez entre los suyos.

Missbraucher, abusones. No hacía falta dejarnos en la estacada sin esta ilusión infantil por la que nos habíamos hecho a la idea de que técnica y organizativamente éramos un desastre en el mundo real, pero en el jueguecito del balón éramos imbatibles.

Ahora todo el mundo sabe que sois los mejores en todo, y que lo nuestro era la fantasía del lisiado. Como el perro al que el amo le da una patada en el trasero, nos preguntarmos, en la esquina de las lamentaciones,  qué habremos hecho mal. ¡Si no estamos haciendo nada más que lo que nos mandáis!.

(P.S. ¡Oh, fuerzas del mal! ¿Era necesario obligar a nuestro Rey, enfermo y agotado como está, a sentarse al lado del presidente del Borussia, para trasladarle, dicen algunos, en propia mano, la factura de no sé qué falsa princesa despechada? ¿No podíais habérsela enviado por email, como otras veces?)