Cuerdas, hilos y ataduras

cisnes-volandoflamencos-migrando-otra

Para quienes, conscientes de que no hay tiempo para profundizar en todo, pero curiosos para conocer lo más, nos quedamos con lo que se presenta como esencial de una partitura, la teoría de cuerdas es un modelo de física teórica por el que se admite como principio que las partículas elementales, que aparecen como puntos cuando observados con instrumentos de la máxima precisión conocida, no son sino estados de vibración en el espacio de más de cuatro dimensiones.

Esas vibraciones corresponderían a la actividad de unos entes imaginados, con pura existencia teórica, no comprobada, que, por analogía con lo conocido, se identifican con cuerdas de carácter metafísico.

1.Cuerdas .-No tendría sentido que me pusiera ahora a dar una torpe clase de física cuántica, cuando lo que me propongo es analizar, desproveyéndola de cargas emocionales, el importante suceso (para nuestro pequeño escenario de polichinelas) por el que Mariano Rajoy, en cumplimiento ciego de lo que se había convertido en previsible en las últimas semanas, fue revalidado como Presidente del Gobierno de España.

Cualquiera que se tome la molestia de acercarse a la partícula Rajoy -fácil de observar en su quietismo aparente-, convendrá conmigo en que es la suma de multitud de estados de vibración, unos más fuertes que otros, entre los que predominan quienes, complacidos con lo que tienen y creen poder obtener, defienden que las cosas no cambien lo más mínimo, o que, en caso de que lo hagan, sea para recuperar un estado gravitacional aún más placentero. Esa minoría -digamos, intelectual- está apoyada por un grueso de votantes (no me atrevo a designarlos como simpatizantes), en el que se combinan, -además de la convicción de que el mejor estado es el que se tiene y el deseo intuitivo de que es mejor estar arropados por una mayoría anodina que en encontrarse en un tumulto-, la comodidad, la ignorancia, el miedo y la desconfianza hacia las personas y actitudes que apoyan cualquier cambio.

Nadie crea, en su inocencia, que la derecha no tiene trabajo por hacer. Albert Rivera, que es una partícula inteligente, razonable en sus argumentos y con atractiva proyección mediática, tiene, por su parte, gran recorrido como renovador de la derecha española, hoy también sin rumbo (se verá al poco tiempo de empezada la legislatura de la que, con descaro incomprensible, algunos se han sentido tan satisfechos). Está agotada para ella la opción simple, con la que tan bien le fue, de mimetizarse con ciertos avances y logros de la socialdemocracia, asumiéndolos como suyos, para, entre bambalinas, seguir tejiendo sus hilos de Ariadna.

2. Hilos.- Casi de forma simultánea, los que tuvimos ocasión de ser testigos, gracias a los despliegues mediáticos, de la evolución de otras actitudes particulares, ya de partículas como de sus cuerdas subyacentes, vimos a Pedro Sánchez, hasta hace nada líder del Partido Socialista, presentarse ante la opinión pública como dispuesto a iniciar su peculiar marcha penitencial, recorriendo en su coche la España de chichas y nabos para hacer resurgir -dijo-la verdadera esencia del socialismo en el suelo patrio. Su actitud merece todo el respeto, tanto por el talante y el contenido, como por la sorpresa para quienes ya no tenemos lágrimas, de encontrarlo al borde de deshacerse en sollozos.

La partícula Sánchez no está, ni mucho menos, sola, sino que en su espacio metafísico (y, por supuesto, en el físico), hay miles de cuerdas vibrantes y varios millones de cuerdas calladas, dispuestas a votar potencialmente en las próximas elecciones -que tendrán lugar muy pronto- por un Gobierno que explique con menos petulancia y mucho más calor social, cuál debe ser el mejor destino para las plusvalías colectivas.

Estar de acuerdo con Sánchez no significa, sin embargo, estar dispuestos a seguir a Sánchez. El hipotético Partido Todos Junto a Sánchez (PTJS) no tiene apenas fuelle. La partícula Sánchez hubiera sido de maravillosa contemplación al microscopio demoscópico, sino fuera por la interferencia de otra partícula con mucho mayor peso mediático, Pablo Iglesias (al menos, al principio de la noche oscura de las elecciones). Si ambas fueran estrellas del firmamento visible, diríamos que Pablo tiene potencia lumínica inferior a la unidad negativa (es decir, está pasado de vueltas) y Pedro, también muy brillante, pero menos,  andaría rondando la potencia uno. Sirio frente a Betelgeuse, para entendernos.

La relevancia de las estrellas y de las constelaciones depende del momento. En esta época del año, Sirio destaca como ningún otro astro del firmamento visible. Entrada la noche, sin embargo, desaparecido Sirio bajo el horizonte, Betelgeuse recupera un espacio propio, y ya con nuestra vista acostumbrada a la nocturnidad, las constelaciones de las Pléyades o de las Hiadas -entre otras- atraen poderosamente la atención del curioso noctámbulo, por su singularidad y belleza. Pero el cosmos gira aparentemente sobre la polar, las constelaciones visibles pasan a ser otras, y las noches pueden ser neblinosas, oscuras y hasta tétricas para el espectador temeroso.

3. Ataduras.-Permaneciendo en la metáfora cuántica, si se pone la lupa del análisis sociológico en la partícula Iglesias, se descubre en ella un batiburrillo de cuerdas disonantes. Junto a los seguidores estrictos de la filosofía más detectable de la cúpula de Podemos (ahora, Unidos Podemos), que, en esencia, y sin ánimo de vulgarizarla, sino de poder entenderla mejor, sería la de generar una discontinuidad disruptiva en la Historia de España, encontramos  la amalgama de cientos de miles de partículas y cuerdas de grado inferior, en un totum revolutum, hasta alcanzar la cifra de varios millones.

Muchos son los mimbres, pero fuertes las ataduras, aunque no se distingan a simple vista, entre los votantes de Unidos Podemos. Quienes se manifiestan públicamente -la mayoría visible- son, si me perspicacia no me falla, funcionarios del Estado, -desde profesores universitarios y centros de enseñanza públicos a profesionales de la Sanidad, técnicos de las administraciones-, desempleados y amenazados por las próximas “reconversiones” de la decadente sociedad industrial, jóvenes ni-nis y jóvenes postuni-nis. Está ahí el núcleo duro de los filósofos de la viabilidad del preconizado cambio de paradigma.

Lamento mucho indicar además, porque parece que estoy dando la razón a quienes se encuentran muy distantes de mi forma de pensar, pero advierto que entre las cuerdas y partículas de Podemos son extraordinariamente visibles, junto a los que protestan con sus buenaws razones, los alborotadores profesionales y los psicópatas con tendencias agresivas, que no tienen ninguna. Estas ataduras no son nada sencillas de eliminar, y espantan al más pintado.

4. Partículas.- Repuesto Rajoy y animadas de nuevo sus cuerdas de apoyo en el poder oficial para ordenar las cuentas del Estado, la preocupación -no obsesiva, prudente- de quienes no nos sentimos identificados con el espacio de acción pública del conservadurismo, debiera ser la reconstrucción de un orden finalista con las cuerdas más sólidas del descontento, conformando una mayoría de cambio, pragmática, creíble y realizable, agrupándolas en torno a partículas de gran competencia y experiencia y un guión con empuje social.

No se consiguió en 2016, pero debe conseguirse, y a la primera de cambio. Por eso, el momento tiene un gran atractivo, porque configura una situación novedosa. El camino hacia la mayor igualdad en las prestaciones sociales, en hacer pagar más -de verdad- a los que más tienen, en defender la viabilidad de iniciativas que favorezcan a los más necesitados, desenmascarar las trampas del liberalismo, extremar la vigilancia para que los talentos no se pierdan pero el capital no los absorba y monopolice, etc., tiene largo recorrido.

Me apetecería decir lo contrario, porque Pedro Sánchez ha adquirido en estos meses un bagaje de expresividad y experiencia del que carecía, pero sin escaño y aspecto de escaldado, no tiene opciones reales para reconstruir las fuerzas de la izquierda socialista. Tiene demasiados enemigos y afectos al abrazo del oso dentro del PSOE -y fuera de él- y, después de un período de reflexión, encarado con el duro frío de la estepa ideológica para un solitario, abandonará su periplo y, como otros, escribirá sus memorias. Le han precedido en esa señal de la fe derrotada otros insignes líderes frustrados.

Entre tanto se organizan las huestes derrotadas – que otros analicen si fue por no haber sabido reunir fuerzas, por retirarse a destiempo, por atacar en sitio equivocado y haber desviado la atención hacia las cuerdas sin poner en valor a las partículas-, me siento, cómodamente, a esperar que el tiempo cambie.

Está todo muy seco, y necesitamos como comer que llueva pronto en este campo.


P.S. Los flamencos, como otras aves migratorias (garzas, ánades, etc.) vuelan aparentemente dirigidos por un cabecilla, al que las demás de su grupo, siguen ordenadamente, formando una o varias uves, muy vistosas desde tierra. La observación atenta ha detectado, sin embargo, que los líderes cambian de cuando en cuando, aunque el objetivo conjunto de llegar al destino previsto, permanece. Cuando la que encabeza desfallece, se retira a la cola para descansar, y el instinto de otra la impulsa al lugar vacante, dispuesta a romper el aire de la marcha, que demanda un mayor esfuerzo que hacer de séquito, si bien todas parecen saber o intuir a dónde van.

Hay algunos momentos, en que el grupo parece sufrir la amenaza que lo llevaría a descomponerse en varios. Se incorporan otros migrantes, y se precisa una reconstrucción de fuerzas dirigentes, puede que también de objetivos. ¿A Fuente de Piedra, Santa Pola, Doñana, …?  Se forma en las alturas un aparente guirigay. No tardan los expedicionarios, sin embargo, en volver a encontrar su posición ideal: alguien que dirige, más fuerte o más osado, dispuesto incluso -quién sabe por qué razones misteriosas- hasta inmolarse en el empeño. Y los demás, siguiéndolo. No ciegos, sueltos. Qué cosas, qué aves.

La foto, correspondiente a la migración de flamencos rosas de paso por Navarra, fue tomada en octubre de 2016. Hay más historias, para otros momentos.

 

 

 

 

Tiempo entre costuras

dsc_0545-2

Tomo prestado el atractivo título del magnífico libro de María Dueñas, inspirador de una serie de televisión, para enmarcar mi Comentario sobre el Partido Socialista español. Pero advierto al amable lector que no me refiero de esta forma a la labor de zurcidor que le espera a mi colega en la ingeniería Javier Fernández, sino a los años transcurridos desde que Rodríguez Zapatero y su equipo de circunstancias hicieron lo imposible para ocultar bajo la cama de la complacencia la basura de la crisis que inundaba las estancias del estado social y hasta que Pedro Sánchez derrotó a Eduardo Madina en las primarias para elección de Secretario General del primer partido de la oposición.

Tiempo perdido fue para el PSOE. Desde la dimisión de Rodríguez Zapatero en 2011 hasta julio de 2014 fue secretario general del PSOE, candidato a Presidente y líder de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba, doctor en química orgánica y una de las cabezas más sensatas del panorama político español. Ejerció, en lo que lo tengo analizado, un liderazgo de capacidad, de solvencia académica, con dotes peculiares para explicar lo que estaba pasando en el país y fuera de él. Su música pareció celestial, no ya a los militantes, sino a las mayorías que sirven para elegir presidente de Gobierno, y Mariano Rajoy y su equipo de coordinados guerreros del antifaz se hicieron con el poder y, una vez conseguido, se aferraron a él, sin importarles monsergas.

Tengo que admitir que la socialdemocracia (o lo que sea lo que representa el PSOE) tiene incapacidad congénita para proponer alternativas en momentos de crisis. Le asusta tomar riesgos. No se atreve a profundizar en las propuestas para aumentar los impuestos al gran capital (que en España, país intermedio, no dejan de ser cuatro amigos), por miedo a alborotar de refilón a la clase media (que, en efecto, es la que paga los patos) , y carece de visión económica global (y eso que muy insignes profesores universitarios que se autoproclaman de izquierdas no dejan de publicar estudios académicos con análisis retrospectivos)

En esas circunstancias, y sabiendo que, como señala la Biblia, a períodos de vacas flacas y espigas macilentas seguirán siempre vacas gordas y cosechas henchidas, cualquier líder de un partido conservador de un país de medio pelo, no tiene más que echar la culpa de mala gestión al equipo al que le tocó lidiar con la crisis mundial y esperar tranquilo la rentabilización del éxito de su teórico buen hacer con los frutos que pongan en su feudo las bonanzas externas: más exportación, aumento del empleo menos cualificado, disminución de deuda externa, miedo al cambio.

Ni la corrupción, ni los desgastes personales, ni los escándalos ocasionales, prevalecerán contra un partido conservador aupado a gobernar al tiempo en que empiecen a soplar los aires buenos. De él serán los triunfos y, pretendiendo diferenciarse, los que, desde la oposición pretendan innovar, tropezarán con la dificultad de proponer propuestas que alcancen consenso interno.

Que el PSOE esté hoy dividido entre los que proponen abstenerse en la investidura de Mariano Rajoy y los que ven opciones en embocar unas terceras elecciones que mejore el número de escaños y facilite un gobierno de coalición con los del abrazo del oso podemita, no es más que un síntoma de la desorientación ideológica de la izquierda prudente

Dejen, pues, los diputados de ese partido que ha perdido el contacto con los votantes, que gobierne Rajoy gracias a la abstención del mínimo de la bancada socialista que, con estricta disciplina de voto, le abra el camino para agotar la leche que aún darán las enflaquecidas vacas. Y que, desde el reposo, los militantes de los llamados partidos de izquierda (desde el PSOE hasta Unidos Podemos) piensen bien lo que van a hacer cuando las tornas se hagan claras. Sin cal viva de por medio, sin insultos, sin gritos ni algaradas en las calles. Teniendo presente que les tocarán vacas y espigas flacas.

Porque mientras algunos militantes crean que es tiempo de desgarros, cortes de tijera, exhibición de retales y fuertes desencuentros a cuchillo, no esperen que los que tienen que votar la credibilidad de sus opciones, les vayan a dar apoyo incondicional.

Javier Fernández tiene, ante sí, un reto de los que menos rédito personal producen. Tratar de coser los rotos, mientras dentro y fuera de su partido, muchos andan aún con las tijeras. Rubalcaba no lo consiguió; Javier Fernández tiene la expectativa soplándole a la cara.

—–

P.S. Incluyo hoy la fotografía en vuelo rasante de una urraca. Gregarias, agresivas, en expansión al parecer imparable. Me contaba un lugareño, aficionado a la caza, que un día en que volvía de vacío, encontró forma de aliviar su frustración disparándole a una de esas aves, y la llevaba al cinto. Al cabo de un rato, notando dolor en un costado, observó que el animal, aunque herido de muerte, le estaba picoteando el flanco con ardor.

El general Rodríguez en el laberinto

Conozco al general Julio Rodríguez Fernández desde hace poco tiempo, pero con una amistad construida desde la perspectiva de las edades maduras, en las que se descubren rápidamente, sin la contaminación de erróneas expectativas ni de fugaces destellos de falsas sintonías, las personalidades, actitudes y temperamentos, con los que uno comparte la asimilación de una vida intensa y comprometida, que concede pericia para separar pajas y semillas sin que nadie nos marque el libreto.

Cuando Julio Rodríguez fue presentado, el 4 de noviembre de 2015, por el candidato Pablo Iglesias como fichaje estrella y futuro ministro de Defensa para el caso problemático, pero no imposible, de que su corporación política obtenga condiciones para situarle como presidente de Gobierno, me conté entre quienes se sorprendieron con la decisión del general.

Me apresuro a puntualizar que no me extrañó porque descubriera de pronto su posicionamiento ideológico o social, crítico con las rigideces económicas, políticas y mentales que se han convertido en camisa de fuerza que nos impide analizar errores, construir alternativas y vencer resistencias, que me eran conocidas y que no tengo el menor reparo en reconocer que comparto.

Lo que yo no era capaz de entender en Julio afectaba a su sentido de la oportunidad y la valoración de ofrecerse a la exposición pública de forma tan aparatosa, exhibiendo un compromiso personal, completamente legítimo y plausible, que rompía el ánfora de discreción y reserva con el que había guardado hasta ahora sus afinidades con quienes se han convencido de que hay que intentar otros caminos, porque la oferta del mercado ideológico huele a caducada.

Tuve ocasión de oír, a lo largo del día de ayer, variados comentarios críticos respecto a la decisión del general Rodríguez, mezcladas con elucubraciones, la mayor parte, intencionadas hacia la descalificación de su talante, cualidades personales y hasta su trayectoria militar y méritos.

Como quien más corre en esa labor de echar basura encima del que se mueva fuera de su tiesto, es la derecha reaccionaria, nostálgica permanente de rediles mentales en los que confinar a propios y extraños, el intento más burdo de menosprecio a la acción del antiguo jefe de Estado Mayor provino del programa televisivo El gato al agua. Esta tertulia, especializada en ridiculizar y dejar con la palabra en la boca a representantes de las posiciones de izquierda, contó para la ocasión con su experto polemista en temas militares, almirante retirado (R), Angel Tafalla, quien, a pesar de su detectable intento de no dejarse llevar por la jauría dominante, no reconoció más que errores a las actuaciones del general Rodríguez, al que calificó como “persona de vídeo y no de audio”, queriendo con ello significar, como sus comentarios adicionales aclararon, que su antiguo colega y jefe tenía más fachada que contenido.

La decisión del general Julio Rodríguez, es responsabilidad suya y no tengo la menor duda de que, como hombre reflexivo, la ha meditado con su almohada. El éxito de su fichaje para la agrupación de Podemos es incuestionable. Supone aportar mayor respetabilidad, serenidad y sentido plural, entre otros adjetivos que no me costaría nada proponer, a un movimiento que aún me sigue pareciendo desordenado y necesitado de varias cocciones, incluida la eliminación de postureos y declaraciones que son propias de penenes o agitadores asamblearios de Universidades de letras.

Para otras corporaciones políticas de la izquierda ideológica y, en especial, para el PSOE,  supongo que será motivo de profunda reflexión el que se haya escapado de su territorio natural un candidato tan valioso para reforzar una alternativa al PP o a Ciudadanos. El general Rodríguez no es un insensato, ni un extremista, y su conocimiento de las cuestiones de Defensa, su formación general, su talante y su bagaje cultural -también su edad y experiencia-(1) son un acervo de máxima calidad.

Es decir, en  mi opinión, el laberinto es el nuestro, no el del general Rodríguez. Y apuesto doble contra sencillo a que, aunque intenten presentarlo sus envidiosos y detractores de otra forma, no se le oirá decir ninguna tontería ni descalificar al contrario, menospreciándolo. Es un militar de carrera, y un hombre de firmes principios, y sabe mucho de estrategias y es experto en pilotar aviones de combate.

(1) No me resisto a cotillear que Julio Rodríguez y yo somos rigurosamente coetáneos, nacidos en 1948 y con solo un mes de diferencia.

 

País torístico

España es un país torístico, lo que le confiere muchas cualidades adicionales. Por ejemplo: La fiesta nacional se llama corrida, que es una de las pocas palabras del idioma español -que catalanes y otros amigos de llamar a pan, panceta y al vino, clarete, entienden que debe renombrarse como castellano- que, junto a torero, Messi y sangría conocen la mayor parte de los ingleses que no saben  hablar nuestra lengua a la perfección (que existen, desde luego).

A muchos españoles, especialmente si han nacido en una población lindante con el País Vasco llamada Pamplona, les gusta ver correr a los toros por las calles. No todos los días, a veces. Esta manifestación de algo que no tiene nombre definido, aunque se han propuesto muchos, (no del todo elogiosos la mayoría), sucede todos los años, con ocasión de la festividad del santo Patrón de la ciudad, llamado Fermín, que, según parece, era mayoral de una ganadería.

La velocidad que alcanza un animal de aproximadamente media tonelada de peso, cuando se lanza a la carrera, puede ser aumentada algo si delante del mismo se ponen a correr también unos cuantos miles de personas con un pañuelo rojo al cuello. Según ensayos no científicos, llegarían a alcanzar hasta los 40 y los 45 km/h, en trechos cortos y en descenso; mayor velocidad de la que puede evidenciar un humano en llano (los atletas especializados en correr los 100 m lisos, pueden bajar algo de los 10 s; es decir, podrían jactarse de correr en ese corto tramo a 36 km/h)

En general, se trata, pues, de plantear las bases de un espectáculo divertido -al decir de los fanáticos-, sobre todo cuando alguno de los astados empitona a cualquiera de los humanos -suelen ser, por razones ignotas, australianos o sudafricanos-, y le da unas cuantas volteretas, lo que llega a provocarle terribles contusiones e incluso heridas profundas de las denominadas, en atención a su origen, producidas por asta de toro -que deberían renombrarse “causadas por estupidez manifiesta”-. De todo ello se informa oportunamente en un parte médico, que se difunde al acabar la carrera mixta, y que se difunde por una cadena de televisión nacional en riguroso directo.

No es el único espectáculo en el que gente no profesional se pone en peligro porque sí. Hay toros embolados, bous con teas, cornúpetas lanceados a caballo, juegos que tienen por fin hacer caer al bicho al agua, etc.

Como no solo de torismo vive un país, España ha apostado de forma decidida por poner en valor el sol, particularmente, combinado con arena, agua de mar y barra libre. Los ensayos iniciales de esta idea se llevaron a cabo en Ibiza y fueron un completo éxito, consiguiendo poner el nombre de San Antonio -otra manifestación de la devoción católica que es signo identificador del país- de moda en todo el mundo, en especial, en Inglaterra y Suecia. Hoy, Magaluf ha recogido la antorcha, y otras poblaciones de la costa rivalizan por poner el escenario al espectáculo lamentable de jóvenes drogados,  borrachos o, simplemente, desquiciados.

Se está estudiando, aunque con prudencia, para evitar la contaminación con las fuentes del torismo más seguras, introducir en la oferta el conocimiento de la historia y la cultura hispañas, pues aún se conservan algunos monumentos y piezas artísticas, algunos ya en deplorable estado.

Sin embargo, como se ha comprobado que la inmensa mayoría de los visitantes de cualquier lugar -tanto los alóctonos como los autóctonos- cuando viajan, solo están interesados en comer pizzas o hamburguesas y beber cerveza y, según su edad, dar un recorrido rápido por la ciudad o no hacer ninguno, de momento, se descarta la posibilidad de ampliar la oferta, pues siempre se podrán ver tranquilamente en casa las fotografías tomadas a la carrera, en las que la exacta identificación del vestigio de lo que antes se denominada cultura, carece de interés propiamente dicho.

Obviamente, el torismo impide analizar vías para impulsar actividades de otro tipo, ya que, según se ha difundido, el estudio en profundidad, la investigación científica o el reconocimiento del mérito -por ejemplo- exige un cambio de mentalidades para las que, ni en este país, ni en los países desde donde se contempla con admiración nuestra incapacidad para sacar mejor partido a lo que tenemos, no estamos preparados.

(Publicado el julio 18, 2014 como angelmanuelarias)

No es un Cuento de invierno: Minutos de reflexión

Hace diez años, varias bombas controladas a distancia explotaron en cuatro trenes de cercanías de la capital de un país real, que tenía cierto parecido con el de Valgamediós, aunque la principal diferencia era que en aquel país no había mucho lugar para la fantasía.

El atentado terrorista que padeció Madrid cambió muchas cosas. Para algunos, de forma definitiva. Los artefactos explosivos mataron a 191 personas y causaron heridas físicas de diversa consideración a más de dos mil. Hubo también miles de heridos síquicos, quizá millones, porque a éstos sería imposible contarlos, ya que, como es natural, la mayoría no solicitaron tratamiento.

Cuando se propagó la información de que la capital de España había sido elegida por las fuerzas del mal para hacer una exhibición cruel de su minúsculo poder, hubo algunos que pensaron de inmediato que el atentado era obra de los terroristas que tenían instaladas sus tiendas junto a las nuestras, los “asesinos de casa”, por así decirlo. ETA, de la que se creía conocerlo todo.

Era el momento de estar más unidos que nunca contra ese enemigo interior que había hecho de la extorsión y el miedo su forma de vida.

No era fácil imaginar, desde la sorpresa inicial, que los atentados tenían como autores a un grupo de fanáticos religiosos que reinterpretaban, manchándolas de sus odios, las voluntades por las que Dios había sido creado, y que querían, por encima de todas las cosas, hacer daño, cuanto más daño, mejor, sin importar a quién. Los yihadistas, de los que se sabía muy poco.

Estos asesinos con talantes medievales y artefactos de hacer daño modernos, no se estrellaron con un avión que ellos mismos conducían. No se inmolaron con sus víctimas. Pudieron disfrutar del momento de gozo de conocer que su operación había tenido el éxito que esperaban: la masacre de centenares de personas a las que no conocían de nada; generar la desesperación y el miedo de miles de desconocidos; abrir las especulaciones de millones de hombres y mujeres que se preguntaban para qué se había asesinado a tantos.

Se han guardado desde entonces, en los lugares más dispares, muchos minutos de reflexión. Como es sabido, en los minutos de reflexión, las gentes se ponen de pie, guardan silencio con la mente generalmente en blanco, y esperan que el tiempo, que parece en esos casos terriblemente lento, pase de una vez. Después, aplauden o gritan, aunque -convencidos a priori de que no pueden hacer nada más-, sencillamente, vuelven por donde solían.

La fecha del once de marzo de 2004, para muchos españoles y, en especial, para quienes han sufrido las consecuencias del atentado directamente, está marcada de rojo en el calendario de sus vidas.

También lo está, por razones muy diferentes, para quienes han instigado y participado o colaborado en el atentado.

Algunos de ellos -no podemos dudarlo- están muertos, o en la cárcel.

Pero, con seguridad, hay decenas, quizá centenares de seres diferentes -no podemos llamarlos semejantes-, para los que este día significa un momento de gozo, de triunfo. Me escalofría saber que, dos años después del atentado, un 16% de los musulmanes que vivían en España simpatizaban con la acción terrorista.

Puede que sean miles quienes, al escuchar que las víctimas y sus familiares y la inmensa mayoría de quienes están a su lado en el dolor y en la memoria, vuelven a vivir aquellos momentos, deseando que nunca hubieran existido, sientan por su parte la sensación de que han conseguido algo, de que han hecho bien.

Para los que aún puedan creer -dentro como fuera de España- que la actuación de tenía fundamento, no tengo más que una combinación de lástima y desprecio.

Que esos minutos de silencio caigan sobre ellos, sobre los asesinos y sus cómplices, sobre los que creen que matar está justificado para que las ideas, cualquiera que sean, se impongan sobre las razones. Que les aplasten las fuerzas de la sensatez.

Y que esta maldición, surgida del respeto al hombre y no del odio, nos libere, a los pacíficos, a los que siempre estaremos junto a las víctimas, de la desgracia de tener que convivir con los criminales, con los asesinos, con sus cómplices, con sus encubridores, con los que nos siguen mintiendo sobre los móviles para superponer sobre las verdades, sus deseos y fantasías.

FIN

 

Del país de las maravillas al de las mamandurrias

No es un cuento para niños, sino una historia de desolación. España ha pasado en muy pocos años, de ser el País de las Maravillas a aparecer como el País de las Mamandurrias (1).

Por supuesto que no es la única cualidad que nos distingue, y que aún albergamos importantes bolsas de bondades, y que hay mala fe en muchos de los que quieren vernos ahora como maestros de la falsificación y del engaño, retornarnos a la categoría de vagos y mangantes, y no darnos crédito porque dirán que nos lo vamos a gastar en francachelas.

Lo que sorprende es nuestra escasa capacidad para defendernos ante quienes nos lanzan piedras al mismo tiempo que nos dicen tús tús (2), desorientándonos.

Sucede lo de otras veces: que nuestro pueblo es, colectivamente, muy viril, y no tiene capacidad intelectual para abordar más de un tema cada vez. Y en esta fase de nuestro desarrollo entrópico, nos hemos detenido en el placer de refocilarnos en la corrupción que suponemos, como principio, generalizada; en la falta, que admitimos como dogma, de la nula calidad global de nuestra enseñanza; y en el descrédito, que aseguramos unánime, -con unos cuantos ejemplos, eso sí, de tomos y lomos- de nuestras instituciones antes más preciadas; etc.

Nos sobran razones para alarmarnos de que el deterioro que hemos conseguido, a pulso, desde finales de los 90 (más o menos) es de los de órdago a la grande, pero, como aficionado al mus, afirmo que el juego -para bien o para mal- no ha hecho más que empezar, y deberíamos concentrar nuestra atención en decidir si nos la jugamos a pares, esperamos a conocer quién lleva juego o lanzamos un órgano a la chica a ver qué pasa y nos lo aceptan.

Observo que los interlocutores que juzgo más relevantes, -por el tamaño del gorro que llevan puesto en la cabeza-, se definen por las más variadas opciones, sin detenerse a analizar, en general, las cartas que llevamos todos en la mano.

Tengo mis títulos para afirmarlo así. Pronuncio la aseveración en mi calidad de asistente dinamizador a muchas reuniones y comités; receptor y emisor de innúmeras conferencias, lector y redactor habitual de dictámenes, analista crítico de informes, (incluso de los que yo mismo he hecho y hago); conocedor de varios centros de investigación, (en alguno de los cuales fui investigador prometedor cuando mucho más joven); gestor de empresas, (incluso en unas cuantas en las que expuse mis dineros); empleado fiel -pero que también supo del dolor de ser despedido sin explicación-, o muy torpe, -más veces de las que se pueden soportar sin analizar lo que nos pasa-; autónomo, en fin, y, sobre todo, espectador a resultas propias y resultados de todos.

Están, por una parte, los que son amigos del barullo total, y pretenden acabar este juego con un órdago general, lo que se suele expresar como: “Ordago a la grande, a la chica, a los pares y al juego si lleva mi compañero”. Es la posición más peligrosa de todas, solo admisible cuando vamos perdiendo por muchas, y los otros están a punto de salirse ya de cuentas.

No lo aconsejaría más que si se estuviera en situación desesperada, lo que no me parece en absoluto el caso. Sin embargo, la situación de descontento ha propiciado que crezcan quienes quieren cambiarlo todo: régimen de Estado, sistema de gobierno, modelo económico, posición ambiental, concierto internacional, etc. En el juego del mus -que es el modelo que tomo en este Comentario-, si se está en esta posición de riesgo de “muerte dulce “para el que tanto arriesga, es el otro quien debe decidir si acepta el envite o si sigue, piedra a piedra, construyendo su triunfo, haciendo caso omiso de la provocación que le ponemos sobre el tapete.

Están otros, al parecer conscientes de que llevamos mal juego, que quieren arrancancar unos puntos a la chica, en lugar de dejarlo pasar, ignorando aquello de que “jugador de chica, perdedor de mus”. Afirman o defienden que exportar talentos juveniles es bueno, porquue ya volverán a traernos más salero (como los alevines de salmón noruegos, que pastan por el mar durante años y vuelven hechos unos mulos a los fiordos en donde los sembraron); pretenden que la religión (católica) debe ser asignatura obligatoria porque está en la base cultural y entronca con la ética; dan dinero a los bancos propios para que no entren en default -lo pongo así, en inglés, porque suena cursi y me sirve para vituperar el término- con los bancos tiburones ajenos, en lugar de prestarlo a los que pueden crear riqueza; etc.

No tendremos buenos pares, pero algo llevamos. La gente de mi generación (hablo en sentido amplio: los qe tenemos entre los 75 y los 50 años, más o menos) hemos tenido la suerte educativa de haber vivido etapas de gloria y de penuria, de sacrificio y de exultante jolgorio; hemos creído y descreído; aplaudido a los mismos que hemos silbado, y al revés. De esta escuela de formación, fundamentalmente autodidacta, nos queda un poso excelente, en especial, a todos los que no hemos tenido el mando de nada más valioso que hacer de nuestra vida un modelo universal, y que, por eso, habiendo tenido alguna vez responsabilidades, hemos visto y analizado, porqué nos empujaban fuera del carro.

Hemos constatado, por ello, lo previsto: La mayor parte de las instancias -privadas y públicas- están ocupadas por mediocres, por aduladores, arribistas, o ineptos. Pero también, algo mejor, más útil para el caso: en los niveles intermedios, hay montones de gentes muy, pero que muy capaces: serios, honestos, inteligentes, libres de ataduras. Son unos pares aceptables, si los acompañamos de un buen juego.

Así que todo depende, a la postre del juego que tengamos y lo que tengan los otros. Allí se juega el triunfo o el descalabro. Pero como no se a quién estoy desvelando mi posición, y la partida continúa, solo diré, cuando llegue el momento: “Envido a juego con mis cartas y las de mis compañeros”. Porque aquí, compañeros, sí que nos la jugamos. O sea que, dejando que todos pasen, descartémonos solo de las cartas más flojas y apalanquémonos, esperando que nos toquen mejores, de las buenas que tenemos en la mano, a ver si conseguimos combinarlas.

—–

(1) No dudo que el docto lector conozca el significado de esta palabra; para ahorrar la visita al Diccionario a aquellos que lo ignoren o quieran contrastar las correctas condiciones para su empleo, indico aquí que “mamandurria” es “Sueldo que se disfruta sin merecerlo, sinecura, ganga permanente” (RAE)

(2) Hago referencia indirecta a un refrán, hoy en desuso, aunque solemos usar una derivada del dicho, afirmando, acaso sin serlo, “A mím que soy perro viejo”, para ahuyentar el riesgo de que nos tomen por el pito de un sereno, es decir, nos ninguneen. “A perro viejo, no hay tus tus”, significa que es difícil engañar con halagos a quien es avezado por haber vivido mucho.