Juguetes peligrosos

No descarto que podamos estar sometidos nuevamente a perturbaciones cósmicas que afecten a la capacidad de raciocinio de la Humanidad. Si mi elucubración es cierta, una parte importante de los seres humanos tendrían completamente distorsionada su visión de los hechos.

La prueba de mi sospecha es imposible, pues se vería sometida a la demostración diabólica de que precisamente los afectados por la distorsión mental están equivocados, cuando ellos creen que los errados somos los demás.

Si alguno de los que han sido poseídos por el mal de la distorsión lógica fuera preguntado, opinará que lo que me dispongo a exponer es producto de mi visión sesgada de las cosas, de mi avanzada edad o incluso a -para ellos- despreciable  tendencia a criticar cuanto provenga de la izquierda o la derecha ideológicas (lo que juzgarán como una ofensa, según la parte del cerebro que les haya afectado).

Analice el lector, para que pueda comprobar por sí mismo si está libre de la anomalía, lo que piensa de estas situaciones:

a) El presidente del país aún más poderoso de la Tierra, que dispone de la capacidad para provocar una destrucción masiva de la Humanidad, se cree poseedor de la verdad absoluta.

En consecuencia con su megalomanía, improvisa peligrosamente en política exterior (menosprecia a los aliados, se presenta como inesperado cómplice de otros, eleva la tensión mundial con amenazas y bravuconadas); niega el cambio climático (confirmado por miles de científicos que llevan años analizando la evolución de la temperatura media de la Tierra); entiende que  favorecer a sus propias empresas está dentro del lema antiglobalización “América primero” (sus asesores principales son miembros de su familia y su hija ocupa el lugar del Presidente cuando a él le apetece, a despecho de la organización estatal);abomina de la libertad de prensa (pretende que se publiquen solo noticias favorables a su persona);  quiere hacer mayor el vergonzoso muro que separa a USA de México (y financiarlo con placas solares a cargo del país vecino);  incumple los compromisos y tratados firmados por su antecesor (generando una insólita inseguridad jurídica sobre el país que debía ser principal garante del cumplimiento de los acuerdos), etc.

b) Al otro lado del planeta, un personaje con parecida capacidad de movilización sumisa y esquizoide de las masas a la que tuvo el genocida Hitler sobre el pueblo alemán en la parte más oscura de su Historia, un tal Kim Jong-un, se prepara para iniciar una guerra global, construyendo un arsenal atómico descomunal. Con la población norcoreana sofronizada por  un adulterado comunismo, y con una estructura de control interno de la posible disidencia que mejora cum laude las fórmulas de la abominable Stasi, ese país situado en una de las zonas potencialmente más conflictivas del planeta, camina, a paso seguro, desde su aislamiento internacional hacia una explosión incontrolada.

No está solo en su esquizofrenia, tampoco, en esa parte del planeta. Pero analizar los distintos casos de explotación de los más humildes, vejación de etnias y tribus, conflictos enquistados, descontrol consciente, usurpación de tierras y aniquilación de los diferentes, me llevaría un tiempo del que no dispongo, ni al lector conviene.

c) En Venezuela, con voluntad reiterada de convertirse en paradigma de la negación de los derechos  a la discrepancia y a la oposición democrática, un ignorante Nicolás Maduro -contradictorio apellido para alguien con tal bisoñez intelectual-, secundado (nunca es de  otra manera) por una colección de arribistas y aprovechados ante cualquier posible reparto de poder y prebendas , no contento con haber hundido un antes próspero país en la absoluta miseria -en la estela de un visionario Chávez, adormecido por la sesgada y simplona interpretación de las glorias bolivarianas-, lanza bravuconadas a diestro y siniestro, mientras la población se muere de hambre y los recursos venezolanos (incluido el muy valioso de la capacidad de sus habitantes) se desperdician, pudren y, en su utilización descontrolada desde las corruptas élites políticas, perturban hasta llevarlo a la guerra civil, la paz social que un pueblo precisa para crecer.

d) Por supuesto, en esta relación de descalabros y descalabrados, no puede faltar la hidra de cien cabezas del terrorismo islámico -cuya apelación a una religión aún por depurar no puede ignorarse ni menospreciarse-, que alimenta la guerra civil siria, el despropósito de Irak, Irán o Libia, países en los que los intereses económicos se han enmascarado bajo supuesta defensa de derechos civiles (unos pocos ejemplos), la gerontocracia familiar de Arabia saudí, la aún endiosada corto-dinastía marroquí, la convulsa situación egipciaca (incapaz de encontrar su vía democrática), las imposibles supervivencias pacíficas en las ex-colonias africanas (en donde las economías europeas aún tienen tentáculos de los que no quieren desprenderse). Y otras decenas de ejemplos, en los que también hay que destacar la tensión, típicamente anti-humanitaria, por la que el pueblo elegido por su dios, Israel, sigue echando contra la pared, -guiado por una espada flamígera alimentada desde el capital judío norteamericano-, al pueblo palestino, subvencionado, sí, pero para que permanezca en la pobreza y no pueda levantar su cabeza como estado libre, respetable y autónomo.

e) No está nuestro país libre de este mal cuyos efectos tan sucintamente expongo. En lugar de preocuparnos por generar empleo estable, crear empresas, repartir mejor las plusvalías, unos se esfuerzan en mentir y ocultar información, otros se han ocupado y ocupan en apropiarse del dinero público (ocultando a los que nos robaron con dilaciones judiciales y protecciones especiales, injustificadas en un estado de derecho), aquellos proclaman su voluntad de secesión de la causa común (llamando mayorías a minorías muy poco cualificadas), los de más allá, sin ofrecer más perspectiva que el caos o la revolución incontrolable, persiguen y adulteran con falsedades los valiosos principios de 1) las ventajas generales de una educación exigente y de alto nivel; 2) la estabilidad de una forma de gobierno -la Monarquía-  que, amén de constitucional, carece de alternativa ni mejor ni equiparable;  3) el valor de una religión, la cristiana, que en su estado de aplicación actual, si fuera sentida, sería importante garante de la ética universal (no defendida desde muchos otros frentes, ayunos de valores que no converjan en el egoísmo personal o grupal); 4) la importancia de la solidaridad, de la defensa de la Patria, del control del gasto público, de la mejora de la asistencia social, de la incardinación de la política propia con la internacional, y, en especial, con la de la Unión Europea, que nos garantiza compartir un área de defensa económica, militar, de libertades y de ética, y una historia de superación de diferencias, con guerras (ay!) y, desde hace setenta años (1957?), con acuerdos de colaboración en la paz.

Mírese, mírese el lector, de qué lado está y, si como deseo y presumo, está con el análisis que expongo, tiéntese la ropa, porque estamos todos en vísperas de saltar por los aires. Al peligro cibernético dedicaré mi próximo comentario.


En la foto, una golondrina adulta alimenta a sus polluelos, ya formados, pero aún dependientes del sustento que le entregan sus progenitores.

En realidad, ya están capacitados para procurarse el alimento por sí mismas, aunque la comodidad de vivir a mesa puesta también se encuentra entre las aves que, en muchos casos -algunos, para el observador, inexplicables- provocan que la cría, situada junto al alimento, se hace todavía cebar por sus padres.

Si se observa la foto con detenimiento, se verá que la cría agraciada en el reparto de comida, en su boca, que su hermano aún mantiene abierta, para excitar al solícito progenitor, sostiene una hormiga alada a punto de ser engullida.

Emparedados europeos

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El ascenso del pintoresco empresario Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica, como resultado de una campaña elaborada desde el núcleo duro del sistema para engatusar a los que tendrían razones sobradas para desconfiar de él, abre un camino de incertidumbres que, para los historiadores del porvenir, significará una fuente de novedosos materiales de análisis.

Habrá que esperar a conocer el despliegue de las acciones anunciadas, antes de autoinmolarse en el altar de las desdichas presentidas. Todo indica que las ambiciones empresariales del Sr. Trump van a experimentar un realce espléndido (para él) desde su posición privilegiada como factor del país aún más poderoso de esta Tierra, y que se iniciará un período de ayuda y comprensión recíproca con la Federación Rusa, gracias a la cálida relación personal con Vladimir Putin. Además de haberse manifestado afecto recíproco y gran sintonía, los dos presidentes parecen dispuestos a obviar los importantes conflictos y tensiones que ocupaban un prominente lugar en la agenda de preocupaciones del aún presidente Obama.

La verdad, a título exclusivamente personal, que Putin y Trump se aprecien, se quieran y estén dispuestos a evitar cualquier tensión mayor entre los intereses que representan, tendría que importarme un bledo. Sin embargo, tengo serias sospechas de que la gran perjudicada de ese nuevo cariño perjudicará gravemente a Europa. Un proyecto de agrupación de Estados en fase lamentablemente en descomposición, y que, por ubicación geográfica y dependencia comercial, se haya en medio del camino de aproximación entre ambas potencias,  con perfil tradicional de escudo ambivalente más que de puente practicable.

No es momento para enarbolar ingenuamente banderas de paz y conformismo. Se necesita una Europa unida, fuerte, económicamente solvente y con las ideas muy claras, no solamente sobre los valores éticos, ambientales o sociales que hay que preservar o potenciar, sino, sobre todo, capaz de defender esos principios y sus consecuencias.

Si las negociaciones que se creían muy avanzadas sobre el Tratado de Comercio con EEUU están rotas definitivamente (y cabe preguntarse quién rompió el enlace), si el Reino Unido entiende que va mejor solo que mal acompañado a abrazarse con Estados Unidos, si la presencia de Estados Unidos en la OTAN se cuestiona y deja de proporcionar (aunque solo sea como amenaza táctica) cobertura a las posibles amenazas exteriores a un conjunto de naciones armadas casi exclusivamente con buenas voluntades, habrá que potenciar los recursos propios, buscarse nuevos aliados estratégicos y ponerse las pilas (perdón por la vulgaridad) de una vez sobre lo que importa.

Ah, y en ese contexto especial, resulta desquiciante, que analistas reputados muy serios, entiendan que este apoyo de la nomenclatura rusa al nuevo equipo norteamericano viene de largo, y que los escándalos de filtración de documentos confidenciales (ya vengan de Assange como de Manning o de la misma CIA) ha sido muñida por intereses muy oscuros.

En la ceremonia de la confusión, mientras el equipo de Clinton se lame las heridas, sin haber asimilado aún que la derrota infligida va para largo, hay quien cree que un impeachment (procesamiento de un cargo público) del Presidente liberará al mundo de la pesadilla Trump.

Es un deseo imaginativo pero absurdo, no ya  porque el nuevo Presidente controle ambas cámaras, sino porque a la noble nación norteamericana lo que le importa, de verdad, es si un presidente, por muy capaz que sea para gestionar lo público, oculta sus relaciones íntimas con una becaria.

Eso sí que le resulta imperdonable. Por eso, el apellido Clinton estará para siempre marcado por el puritanismo arcaico de la sociedad que pretende dirigir los destinos del mundo, y que no tolera que un presidente de los Estados ose abrirse un par de veces la bragueta debajo de la mesa del despacho oval. Muy diferente, sin duda, a hacer ostentación pública de las más rijosas inclinaciones, adornadas, además, con el desprecio a las mujeres, a los inmigrantes, a los desfavorecidos, a  los homosexuales y, en fin, a lo que le apetezca mancillar según el humor del día.


La foto corresponde a un Ganso del Nilo o ganso egipcio (identificable por la mancha orbicular oscura), que vive solitario en el Parque San Francisco en Oviedo. Es frecuente encontrar a congéneres de estos caretos en los mini-zoos de las ciudades españolas, importados desde sus lugares de origen para dar exotismo a las colecciones de patos, gansos y cisnes.

Según pude observar, el animal, robusto y pendenciero, se lleva mal con los pavos reales, y con los demás anseriformes que pueblan el más bien abarrotado lago que, desde hace décadas, se ha montado allí y que se conoce como “el estanque de los patos”. Si me remonto casi a mediados del siglo pasado, los  más preciados habitantes de lo que entonces era una charca no siempre muy limpia, fueron una pareja de cisnes blancos y un cisne negro, además de una decena de patos azulones.

Tengo alguna instantánea de uno de aquellos cisnes, que tomé -obviamente, en blanco y negro- con una Reflex que tenía entonces. Por una de ellas, seguramente por el complicado juego de brillos y reflejos del ave en el agua, me dieron un premio de fotografía, que, desde mi impulso adolescente, me hizo creer que había méritos de autor y que, en todo caso, me llevó horas revelar en un cuarto oscuro que el SEU ponía a disposición de los aficionados autodidactas.

Ahora, según he oído, en el estanque solo queda un cisne de aquella pareja, viudo, y se ha decidido no introducir más de esta especie en su hábitat, porque estos animales son monóganos (además de territoriales). Se espera, pues, para la repoblación con otra pareja de cisnes, al fallecimiento del supérstite, que se supone ya próximo. Los cisnes son longevos, pero no mucho más allá de cincuenta o sesenta años.

Con la aparición de mejores ópticas, cámaras de aplicación más sencilla y la capacidad de hacer cientos de fotos del objeto en soporte digital sin gastarse euros ni minutos, me convencí de que el mérito suele estar en el aparato y -exceptuando dosis de paciencia y dosis de oportunidad-no en quien lo manipula.

Lo que no tengo idea es quien incorporó al careto a la avifauna ovetense, ni tampoco quien toma decisiones sobre la vida de las anátidas. Si se hiciera una encuesta, entre si fue por causa de Apolo o por virtud de a pelo, no sería de extrañar que, en vez de abstenerse o entender que es patochada, ganaran los partidarios de montarse sobre los temas en pelota.

Garbage, go home

Cada vez que paso por delante del edificio llamado de Telefónica, en la Plaza de Cibeles, en donde imagino que, entre inmersión e inmersión por los barrios periféricos de Madrid, tendrá su despacho para meditar con el resto de su think tank la alcaldesa Manuela Carmena, no puedo evitar mirar hacia un inmenso trapo blanco (algo ennegrecido por la intemperie y la contaminación) en el que se lee, en un idioma extraño para los españoles y para sus presuntos destinatarios: “Refugees, welcome”.

Es el mismo mensaje que también veo, en una banderola similar, cuando me acerco a la sede de la Concejalía de mi distrito, en Ciudad Lineal.

Supongo que habrá varios distribuidos por la ciudad, por todas las ciudades de España y de la Unión Europea. Y me pregunto, a medida que pasa el tiempo, a quién va en realidad dedicada la frase, para quién está preparado esa alocución de bienvenida.

Desde luego, no para los más de un millón de desplazados por el conflicto sirio -de los cinco millones que han tenido que huir de sus hogares- que se agolpan, por lo que me cuentan periodistas desplazados al situ (utilizo adrede un término del gusto de los juristas que desearíamos que nuestros clientes creyeran que no hemos olvidado casi todo el latín), en campamentos miserables instalados en las fronteras de la Unión Europea con Turquía. Han llegado hasta aquí porque añoran ser admitidos en Grecia, y no para quedarse, para proseguir en su largo camino buscando acomodo en la tierra de sus ensueños, llamada Alemania, con ríos de leche y miel, y en la que reina una señora que tiene la mayor colección de chaquetas horteras del mundo, llamada Angela Merkel (“te llamas, Angela, como yo, y me llamaría Clavel de ser tú Rosa” escribió un jovencísimo poeta que quería ser ingeniero algún día y que propendía a enamorarse).

Cuando me pregunto cuáles son las preocupaciones verdaderas de los dirigentes de los veintiocho países europeos que heredaron el proyecto de una casa común europea, si me detengo a pensar -hasta que amenaza con estallarme la cabeza- qué sucede con la idea del mundo globalizado y la responsabilidad asumida en no se qué documentos por no sé cuántos mandamenos, de reducir, hasta hacerla desaparecer, la miseria en todos los países de la Tierra, pienso mucho en la basura.

Los que nos dedicábamos a preparar ofertas a las comunidades sobre la recogida de sus residuos urbanos (aquellos que se producen en la vida doméstica), empleábamos algunas reglas del pulgar para hacer cálculos rápidos: 2 kg de producción de basura por persona y día, en ciudades de países desarrollados, 1 kg (o menos) en ciudades pobres del planeta. Un habitante de una ciudad con alto nivel de vida, por tanto, dejará en su contenedor, cuidadosamente embolsada, casi una tonelada al año de…mierda.

No nos quedemos ahí. Habrá que añadir otras basuras, más residuos, que puede que en alguna cantidad se reciclen, se vuelvan al mercado de nuestra economía circular hipotética, convertidos en firmes de carreteras, juguetes para niños pobres, memorias de sostenibilidad, etc. Una parte importante será destinada a países en infradesarrollo, a los vertederos de Accra (Ghana), por ejemplo; 25 kg/habitante año de basura electrónica occidental dan para sostener a miles de parias cuya mejora existencial depende de encontrar valor en el reciclado de lo ajeno.

Como el tiempo pasa y no veo a refugiados en nuestro entorno (los mismos pobres habituales, talonando las calles principales de nuestras ciudades, apostados a la salida/entrada de los supermercados, cines y cafeterías) propongo que se retiren de inmediato esos trapos con mensajes que carecen de sentido, y se conviertan en vendas para nuestros ojos.

Porque cambiar la frasecita de marras que se convirtió en una ocurrencia despreciable por el transcurrir de las realidades, por la de “Garbage, go home”, que reflejaría mejor nuestro poso de sentimiento colectivo, se me antoja demasiado fuerte para nuestros cerebros adormecidos, preocupados por cosas mucho más intrascendentes que evitar que se mueran unos coetáneos porque no tienen a dónde ir, ni saben a dónde desearían ir para que les acojan, porque se sienten guiados por burdos espejismos que les fuerzan a desear destinos imposibles. (1)

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(1) También desearía que la expresión “Garbage, go home” (Basura, vuelve a tu hogar) sirva de reflexión para nuestros frenéticos impulsos de productores de basura, con especial mención -pero no solo- a la basura electrónica en que convertimos, cada año, los millones de aparatos que el consumismo nos lleva a sustituir cuando muchos aún tienen vida útil por delante.

Porque toda la basura, la verdadera basura -doméstica, de demoliciones, radioactiva, química, electrónica, etc.- , habría de volver a nuestro lado, para que todos los que presumimos de saber de qué van las cosas nos enteráramos, de una vez por todas, qué pasa con ella.

Abusones

Missbraucher, eso es lo que son. Abusadores de una posición dominante. Habíamos admitido, sin rechistar, que eran los mejores y más rápidos en recuperarse de dos guerras mundiales (haciendo abstracción de que ellos mismos las habían puesto en marcha), admirábamos su capacidad para inventar artefactos letalmente destructivos (que luego los norteamericanos sabían convertír en máquinas generadoras de dólares para sus guerras -generalmente, pacíficas-); estábamos emocionados con su destreza para poner orden en la filosofía, el derecho, la técnica y hasta la religión católica, en enciclopedias que costaba mucho traducir y que siempre nos fue imposible entender (no nos importaba que nos estuvieran utilizando como putzfrauen o gastarbeiter para que tuvieran tiempo en el que ejercer su incuestionable superior creatividad, resultado de la combinación feliz de la raza aria y el tinte de pelo, la comida porcina y los quesos y cerebros holandeses y suizos).

Estábamos convencidos de que nuestro servilismo algo baboso, nuestra admiración rendida oficialmente sin luchar, nos reservaría algún lugar de preferencia desde el que recoger las migajas de la mesa en donde se estaban comiendo, como siempre han hecho los señores, junto a sus amigotes, los frutos principales del huerto colectivo.

Al menos, nos creíamos que nos estaban dejando el hueco de ser los campeones del mundo, los mejores indiscutibles en ese juego de pelota que inventaron, según se murmura,  los sodomitas ingleses para tener alguna excusa para tocarse las piernas y darse abrazos fuera de las saunas.

Estábamos orgullosos de tener los dos mejores equipos del Universo, uno por cada capital de las dos principales nacionalidades que coexisten en la tierra que los astures conquistaron a los moros (los tatarabuelos de los que volvieron, unos siglos más tarde, a ayudar a la reimplantación de la servil devoción hispano a lo germánico).

Pues el sueño quedó roto el 1 de mayo de 2013, mientras unos cuantos nostálgicos de los horteras uniformes goyescos se preparaban para recordar una fecha en la que les hicimos no se qué diabluras a los franceses (o más bien, nos las hicieron ellos a nosotros).

El Bayern de Munich le colocó 7 goles (3+4) a nuestro equipo mejor en la Liga del BBVA, el Barça, y lo trituró como quien saca aceite de una avellana. No hacía falta completar la ecuación, pero un día antes el Borusia de Dortmund (que es como decir el Avilés C.F.) demostró su capacidad de resistencia frente al Real Madrid, al que había colocado suficientes banderillas en el lomo cuando lo tuvo enfrente por primera vez entre los suyos.

Missbraucher, abusones. No hacía falta dejarnos en la estacada sin esta ilusión infantil por la que nos habíamos hecho a la idea de que técnica y organizativamente éramos un desastre en el mundo real, pero en el jueguecito del balón éramos imbatibles.

Ahora todo el mundo sabe que sois los mejores en todo, y que lo nuestro era la fantasía del lisiado. Como el perro al que el amo le da una patada en el trasero, nos preguntarmos, en la esquina de las lamentaciones,  qué habremos hecho mal. ¡Si no estamos haciendo nada más que lo que nos mandáis!.

(P.S. ¡Oh, fuerzas del mal! ¿Era necesario obligar a nuestro Rey, enfermo y agotado como está, a sentarse al lado del presidente del Borussia, para trasladarle, dicen algunos, en propia mano, la factura de no sé qué falsa princesa despechada? ¿No podíais habérsela enviado por email, como otras veces?)

A falta de una gran Pirámide europea

Entre los años 247 y 208 a.C., el emperador chino Qin Shisuang dedicó una parte importante de los recursos a crear una ciudad mortuoria colosal en Xian, cuyo centro sería su propio mausoleo. Se calcula que más de 700.000 seres humanos encontraron allí una ocupación, es decir, el objetivo vital de los modestos, que les permitió subsistir.

Para muchos de ellos significó también un lugar de muerte: por accidente, extenuación e incluso porque allí fueron enterrados vivos, en ritos cuyo significado concreto se trata de descifra. Pero que podemos intuir, en coherencia con el resto del despliegue: servir al emperador en su supuesto entorno metafísico, enlazando, de paso, caminos de la vida con la muerte, tanto para el que domina como para sus lacayos, condenados en su proyecto megalómano a servirle eternamente.

Los momentos de prosperidad generan próceres que aprovechan la oportunidad para engordar su imagen mientras dure la bonanza. Fue también el mismo emperador el que dió impulso a la Gran Muralla, iniciada tres siglos antes, y cuya renovación y conservación proporcionaría trabajo, es decir, pan y distracción para que no se obsersionaran con su penuria, al pueblo chino durante la dinastía Ming, unos siglos más adelante.

Un esfuerzo descomunal en tiempos y dineros cuyo objetivo teórico era servir de freno a las invasiones de los pueblos del norte (mongoles y manchúes), que resultó militarmente baldío: Gengis Kahn solo tuvo que sobornar a un centinela para atraversar la Gran Muralla con su ejército por una de sus puertas.

La Historia está llena de ejemplos de obras que hemos caracterizado popularmente como “obras faraónicas”, en referencia a las pirámides de Egipto. Trabajos que reclamaron concentraciones fabulosas de recursos, cuya finalidad parece haber sido un pretexto. Ese aparente despilfarro lo encontraríamos también -por ejemplo- en los templos incas, en la misteriosa muralla de Adriano que limitó tenuemente la antigua Britania, en los templos esculpidos en la piedra de Petra, y, con el nivel de gradación de despropósito o inutilidad  que queramos otorgarles (o al revés), en coliseos, catedrales, mezquitas, altares, castillos, necrópolis, infraestructuras viales, naves industriales, centrales nucleares o térmicas, ciudades abandonadas, y en esos millones de ruinas -vestigios de grandes y pequeñas obras devenidas inútiles- que testimonian esfuerzos de inversión y trabajo que en su momento fueron consideradas necesarias.

Lo que tienen en común todas esas referencias es que, en su momento, generaron trabajo, repartieron recursos. Muchas de entre ellas, fueron inútiles para cumplir sus objetivos, o lo consiguieron durante muy escaso tiempo, o se erigieron en honor de dioses y cultos -celestiales y humanos- que  no resultaron útiles, y se abandonaron, a ellos y a sus centros de devoción.

Hay otras acciones humanas que también generaron actividad, en el sentido de dedicación de esfuezos económicos y recursos humanos e intelectuales, y, por tanto, generaron y riqueza para nuestros predecesores. Lo significan también hoy día. Son las  expediciones de conquista, cruzadas, invasiones, guerras, expolios. ¿Cómo olvidar que muchas de las bonanzas y fortunas actuales tienen su origen en actuaciones que, si fuéramos libres para juzgarlas,  reprobaríamos éticamente?. Encontramos en ellas una línea viscosa:  la utilización de los otros (muchos) en beneficio propio, siempre de unos pocos.

Quienes tengan la memoria más activa pueden recordar que, incluso recientemente,  el desarrollo de maquinaria de guerra más eficiente está en el núcleo de algunos momentos estelares de los pueblos. Bastaría, en todo caso, consultar los planes de defensa conjuntos entre los gobiernos de Canadá y Estados Unidos de los 90 del pasado siglo, considerados como eje de su impulso económico, o analizar sin más escrúpulos que la búsqueda de la verdad, el apoyo a la industria metalúrgica en la Alemania hitleriana, y expurgar decenas de otros testimonios, en occidente como en oriente, de la dedicación consistente, sistemática, firme, para combinar proyectos que sirvieran para mantener al pueblo ocupado en actividades que conservaran, o mantuvieran al menos, la posición de dominio de la élite.

¿A dónde quiero llegar? En realidad, no quiero llegar a ningún sitio, sino mostrar una carencia. La decadente Europa no tiene en este momento recursos para generar un proyecto de Gran Pirámide, ni tiene ideario para embarcarse en una Cruzada, carece de liderazgo para encargar un mausoleo, o generar cualquier actividad gigantesca que le suponga empleo colectivo suficiente para sostener el bienestar del que disfrutan las clases medias.

La globalización, uno de los dioses a los que algunos grupos industriales y políticos europeos han levantado altares, ha provocado un efecto indeseado: el centro mundial de actividad se ha encuentra desplazado hacia Oriente y América.

No nos queda sino asumir, con dignidad, nuestra posición de derrotados. Y deberíamos hacerlo desde la solidaridad y la inteligencia, aprovechando al máximo las oportunidades que aún nos brindaría una ordenada retirada del campo de batalla. Porque nuestras Pirámides y Murallas van adquiriendo el aspecto de piezas de museo, mientras meditamos por qué no nos dimos cuenta a tiempo que a los invasores les ha bastado con convencer a los centinelas.

Sedes ocupadas

Encuentro que la despedida como tales de los príncipes de Holanda (SS. AA. RR. Guillermo y Máxima),  de sus homólogos de otras casas reales europeas, con motivo de su inminente toma de posesión del trono, está llena de mensajes. Unos, transparentes; otros, subliminales; algunos, muy ocultos.

Tengo a la vista la fotografía del grupo, obtenida después de la fraternal comida del 2 de marzo de 2013. Estuvieron presentes en el encuentro casi todos los herederos de los tronos europeos que se hallan en funcionamiento: La prensa especializada en recuentos de especies reales ha detectado que faltaban solo las parejas herederas de Inglaterra y Liechtenstein, y que, en los casos de Dinamarca y de Noruega, faltó a la llamada uno de los cónyuges: S.A.R. Mary llegó sin el príncipe Federico y el príncipe Hakoon compareció sin la pricesa Mette-Marit.

Son comprensibles los rostros de satisfacción en los presentes. La dimisión de la Reina Beatriz de Holanda, cumplidos los 75 años, ha abierto la puerta en un muro que, casi siempre por falta de adecuada previsión constitucional, protege en sus colmenas a los monarcas en ejercicio, hasta que la muerte los separe de las coronas.

Seguro que a los “padres de las Patrias” respectivas, en su momento, debió parecerles innecesario realizar en las Cartas Magnas la precisión sucesoria derivada de la dimisión del reinante, ya que, hasta hace más o menos un par de generaciones, los reyes morían en batallas o víctimas de intrigas o bien eran derrocados, se veían compelidos a huir o eran desterrados sin esperar a que terminaran su ciclo natural. No se veía, por ello, la necesidad de poner límites temporales forzosos al ejercicio de la función, que mezcla todavía hoy en dosis secretas la capacidad de representación con el dogma.

Partiendo, sin embargo, del principio de que las monarquías con puesto en plaza europeas funcionan bien a los efectos pretendidos, no se entiende que se mantengan monarcas longevos en los tronos, a los que la edad ha hecho, obviamente, menos ágiles síquica y físicamente,  cuando existen herederos preparados para hacer lo mismo y, seguramente más rápido.

El caso de máxima  singularidad de entre los ausentes es el del Príncipe Carlos de Inglaterra, coetáneo mío, del que se podría haber dicho que se le pasó el arroz en la espera, sino fuera porque en estos oficios, como en el de ser Papa y otros pocos (presidentes de Banco incluídos), se admite que los platos de arroz se cuezcan con ese tipo de grano que aguanta al fuego el tiempo que se desee y que, si hacemos caso de la propaganda, siempre se encontrará en su punto (si no se ha comido jamás una buena paella, claro).

Si cotejo la edad de los príncipes herederos con la de sus progenitores o parientes ocupantes de los tronos a los que legítimamente aspiran, veo reflejada en su situación el mismo problema que tenemos planteado a la sociedad general, de la que, es de suponer alguien de sus séquitos les mantendrá informados: No hay sedes para tantos aspirantes, y las que hay, están ocupadas por individuos que aparentan tener buena salud y, desde luego, no parecen dispuestas a dejarlas.

Entre los miembros de la gleba, se ha pretendido solucionar el problema forzando a la jubilación a los que tenían más de una cierta edad, pensando los que negociaban las condiciones que así podrían incorporarse a las vacantes los más jóvenes. Pero cuando se produjeron esos despidos, la nobleza social vió que no se necesitaba tanta gente, así que no se reclutaron más peones.

Cuando se tienen los medios, no hay problema en esperar que la situación se clarifique con el tiempo. Es el caso del príncipe Carlos, que se ha venido dando (por las crónicas) una vida de rey, aún siendo solo príncipe. Pero cuando no se tiene con qué, el que las sedes estén ocupadas, no provoca más que el que las ilusiones se retuerzan y mueran, como sarmientos estériles.

Un 23-F para Felipe

Un fantasma recorre Europa, el fantasma del pesimismo.

Convertido en referencia estructural, aflora en cualquier momento, porque parece haberse instalado para quedarse. Empaña las relaciones multilaterales, compromete la política interior de los Estados, empequeñece las actuaciones exteriores, impide llegar a acuerdos.

Y en los países más vulnerables, deja su ancha huella en aumento veloz de las desigualdades, despidos masivos, huelgas y algaradas, manifestaciones con represiones policiales violentas, inseguridad ciudadana, quiebras empresariales y ruina de familias.

Alguien con sentido del humor perverso recogió bajo la advocación de PIGS (Portugal, Italia, Grecia y Spain) a los miembros de la falsa comunidad europea con mayores dificultades para sostener su economía, convirtiendo sus iniciales en regla nemotécnica.

Me resulta curioso que el cerdo sea, en realidad, el animal que ha salvado de la hambruna a los países de centro Europa, y especialmente los que forman Alemania, convertido en plato nacional. El cerdo es también venerado en España con ribetes míticos, y hemos distinguido sus carnes con tratamientos sofisticados y adecuadas terminologías que le dan valor en los mercados y en los paladares.

En la aplicación del principio del sálvese el que pueda, los PIGS están perfilando diversas estrategias, que van desde el Caos Calmo (1) de Italia a la Trago dia griega. En Portugal, la nostalgia de una vuelta a comenzar desde donde perdimos el rumbo, está obteniendo el apoyo de grupos juveniles que reclaman a gritos una nueva “Revolución de los claveles”, aquél alzamiento militar izquierdista que el 25 de abril de 1974 acabó con una dictadura casi gemela, en tiempo y conceptos, de la coetánea española.

La situación actual me resulta tan apestosa que apenas me interesan las noticias. Ni siquiera las llamaría noticias, porque las considero puntas de icebergs que estaban en el camino de nuestra transición, esto es, de nuestra singladura. Estaban allí, y el que ahora sean señaladas con entusiasmo en las cartas de navegación construídas de urgencia para ser vendidas con alborozo en los kioscos, no las convierte en noticia. Han sucedido hace tiempo, forman parte del mar plagado de escollos por donde tenemos que transitar.

Y cuando estaba escribiendo ésto, próximo al 23 de febrero, me acordé de repente que la monarquía de SM el rey Juan Carlos adquirió ese día de 1981, según acordaron a posteori todos los vocingleros, respeto y validación democrática, por su comportamiento firme para atajar la revuelta de algunos generales que empujaron a la gloria efímera y al descrédito seguro a un coronel desquiciado por haber bebido demasiado licor de amor patrio.

Entonces, me asaltó un escalofrío. ¿Será posible que alguien esté buscando para el Príncipe Felipe su 23-F?

(1) Vea el lector en esta referencia un tributo subliminal a la estupenda película de Antonello Grimaldi (2008).

Para qué nos quiere Europa

Seguramente por no abrir demasiado pronto la caja de hojalata donde guardamos nuestras preocupaciones caseras (1), el PSOE ha decidido iniciar con un debate sobre el futuro de Europa, un ciclo que recogerá varios “diálogos con la ciudadanía“.

Si las versiones acerca de lo que se discutió el 26 de febrero de 2013 son correctas, el comienzo ha sido ilustrativo para reflejar lo que pensamos de Europa desde nuestra silla mal emplazada del patio de butacas, con la visión dificultada por la columna de los Pirineos y la desagradable sensación de habernos perdido el primer acto de la representación.

Por una parte, Rubalcaba y Valenciano escenificaron la opinión de que Europa “no nos quiere” y que, para los españoles “Europa es más una pesadilla que un sueño”. Expusieron, por tanto, la opinión desde la silla esquinada, del espectador mal encajado.

Por otra, Solana (Javier) y Almunia, discreparon de esta opinión derrotista, reprochando a sus compañeros de partido la desafección, y defendieron que Europa ni impone, ni dicta, ni deja de querer o no querer a España. Lo que sucede, en su opinión es que las instituciones europeas no reciben una consideración diferente de los ciudadanos de la que dispensan a sus propias instituciones. Reflejaron, pues, la opinión, desde el escenario, de los autores o responsables del teatro.

¿Para qué nos quiere Europa?. No tengo respuesta clara. Podía elucubrar con el tópico de que se nos ve como propietarios de un territorio agradable para instalarse en vacaciones o como pensionistas, con una buena comida y un paisaje variado. Somos consumidores poco exigentes con una tendencia señalada al gasto en alimentación y, paralelamente, a lo superfluo…

Supongo que la principal característica que se percibe desde fuera es que somos vulnerables, fáciles de convecer, ignorantes del valor real de lo que poseemos. Tal vez la respuesta más atinada nos la esté proporcionando un tal Sheldon Alison, que ve la situación desde otra galaxia, que es la del dinero: somos el lugar ideal para encajarnos cualquier metáfora, y rentabilizar esa fantasía en propio provecho (o sea, en el ajeno).

En Asturias, ese centro de experimentación de lo que acabará sucediendo a escala o dimensión hispana, se ha vivido de una ilusión similar hace ya un par de décadas. Se la llamó y llama -porque ha pasado a formar parte del lenguaje chungo- “el Petromocho“, una supuesta inversión multimillonaria árabe y que resultó ser un engaño. Si Eurovegas se convertirá en un Euromocho madrileño está por ver, pero los comportamientos locales recuerdan demasiado a tufos de aquel sueño, que tuvo un despertar mojado en orines calificables de infantiles.

No fue, sin embargo, la única pelota que le colaron a esta querida región por el ángulo de la ingenuidad defensiva. Fue, incluso, la que menos coste le supuso, porque se descubrió a tiempo la fantasía. Otras, siguen echando humo, consumiendo trasiegos, generando agujeros a la ilusión y al empleo, empujando al Paraíso natural hacia el abismo de un futuro más pequeño.

Ay, si se pudiera trasladar de sitio la silla para sortear la columna que nos impide ver qué se cuece en el escenario…Pero, cada vez que intentamos cambiarnos de asiento, para ocupar una de las butacas que vemos vacías y que nos ofrecerían mejor visión de lo que pasa, viene un acomodador y nos da con el chuzo en la cabeza, y…oficialmente, con maneras de chicos aplicados, nuestros representantes se prodigan en tímidas sonrisas, en lugar de dar puñetazos y patadas a las puertas que se nos cierran.


(1) Me refiero al debate sobre la necesidad de una Reforma constitucional, o, como ya empieza a denominarse en ciertos círculos, sobre la forma de plantear una “Tercera Transición” (si supiéramos dónde estamos y, por supuesto, hacia dónde queremos ir).