Desnudando el gas de pizarra

Mi buen y laureado amigo Eloy Alvarez Pelegry, junto a Claudia Suárez Diez, -ambos ingenieros de minas-, han publicado el libro “Gas no convencional: shale gas” con un subtítulo comprensivo: “Aspectos estratégicos, técnicos, medioambientales y regulatorios” (Orkestra, Marcial Pons, 2016).

El volumen fue presentado en un acto organizado por la Real Academia de Ingeniería (Eloy es académico de esta rancia institución), y contó con la introducción cariñosa -y algo peculiar- de otro colega de la ingeniería, mi profesor de Ampliación de Física con base en el cálculo tensorial, José Luis Díez Fernández, quien dibujó con trazos más bien negros algunas cuestiones de la trayectoria seguida con el gas en España, que tiene muchos claros y algún oscuro. José Luis recordó, por ejemplo, en su intervención preliminar, accidentes causados por el peligroso grisú en las explotaciones de carbón de las cuencas del norte y ciertas explosiones en la red de Barcelona cuando las instalaciones que estaban previstas para gas ciudad se utilizaron para gas natural, lo que no dejó a la audiencia, desde luego, con el mejor cuerpo para el plato que nos disponíamos a degustar.

Eloy y Claudia han realizado un trabajo serio, no exhaustivo -el tema está abierto- pero sí sistemático y documentado sobre el presente del recurso. Es, sin duda, el mejor resumen técnico -más de 300 páginas, con multitud de cuadros y referencias- que se ha hecho en España, hasta ahora, sobre la cuestión. El propio texto, que encaja con lo que se podría considerar un trabajo académico de altura sobre una metodología, ofrece un Resumen, al final, en seis páginas,  de lo  sustancial expuesto por los autores, para aquellos escasos lectores -supongo- que prefieran, ante un tema de tanto interés y actualidad, contentarse con quedarse con algo de la música y no detenerse a oir la partitura entera.

El libro es una referencia obligada para ilustrarse sobre la situación mundial del shale gas, comenzando por definirlo bien, detectar las explotaciones del mismo actualmente en uso, la evolución de los precios de referencia, las tensiones geopolíticas que ordenan o complican su mercado y, como ya se advierte en el subtítulo del mismo, también aborda cuestiones legales, tanto al abrigo de la legislación medioambiental específica española como incorporando visiones adoptadas por países que ya están realizando la explotación de hace tiempo de estos reservorios a gran profundidad que se pueden extraer aplicando técnicas de perforación mixta, horizontal y vertical.

Se ha leído y oído tanto, y adornado con tonterías, nimiedades o medias verdades, acerca del shale gas, -traducido aquí, en general, como gas de esquisto, aunque Fernando Pendás, otro de los mineros que andan haciendo apología de la necesidad de explorar este potencial recurso autónomo, no pierde ocasión de corregir/nos que deberíamos decir gas de pizarra, o mejor gas de lutitas- que el viene bien poner orden, y hacerlo de forma documentada, con datos y referencias serias, acerca de una cuestión que aquí parece controvertida y es pan de cada día para otros. Ojalá sirva, al menos, para que los que sabiendo muy poco hablan por los codos, se callen o se les haga callar con buenos argumentos.

Recomiendo, pues, el libro. Aunque también advierto de su efecto limitado fuera de los ámbitos estrictamente técnicos o académicos: estas cuestiones que afectan temperamentalmente al ambiente y al riesgo técnico potencial, se envenenan muy fácilmente, y el asunto, en nuestro país, está muy contaminado por reservas a priori, datos falsos, e intereses económicos oscuros difíciles de detectar. No niego que también el llamado “lobby gasista” tenga su interés en que se autoricen las prospecciones, pero si no existe un móvil económico, también se paralizan los asuntos de interés general.

El salón de actos de la Real Academia de Ingeniería dio, pues, empaque a la difusión de un mensaje serio. En esencia, que hay que autorizar la exploración del recurso, y que existe experiencia suficiente para garantizar que la misma se hará con las garantías de seguridad del más alto nivel, y que, en fin, si se detecta que el subsuelo español tiene volumen extraíble suficiente para hace rentable la producción de gas de esquisto, no deberíamos de renunciar neciamente a la explotación de un recurso propio.

Se necesita es, sobre todo, tranquilizar a la opinión pública y, para ello, hay que aportar a los debates a personas que aporten credibilidad, experiencia concreta, y  contrarresten las opiniones negativas construidas desde la falsedad, con la verdad. Lo que no implica dejar de señalar los puntos débiles que toda tecnología posee, pero sin exagerar su alcance. Todo lo que sirve al hombre tiene riesgos: la función del que sabe es controlarlos.

Enhorabuena a Claudia y a Eloy, y que consigamos llevar al puerto de la sensatez el debate sobre el shale gas. Después de todo, lo que se está demandando es que se explore la existencia rentable del recurso, no que se explote. Aunque mi admirado José Luis Diez Fernández haya hablado de viejas explosiones relacionadas con gases, pero acaecidas en otro contexto, con otras sustancias, en otras circunstancias de exigencia y control en España y en el mundo.

Tengo un mapa para ti

mapa geologico españa y portugal 1 1.000.000

Los más de doscientos asistentes a la presentación del mapa estratigráfico a escala 1:1.000.000 de España y Portugal que auspiciaban el Instituto Geológico y Minero de España (IGME) y el Laboratorio Nacional de Energía y Geología de Portugal (LNEG) fueron obsequiados con un canuto de plástico de 1m15 cm en cuyo interior se alojaba la criatura.

Si, al llegar a sus casas, se tomaron la molestia de abrir el cilindro y desplegar su contenido, habrían dejado a la vista una bella impresión multicolor, cuyo gran tamaño les obligaría, a falta de encontrar un sitio en la pared adecuada, a volver a alojarlo en su guarda, previamente enrollado a la forma anterior.

El mapa fue presentado por el geólogo Jorge Civis, presidente del IGME desde 2012, en el marco del Salón de Actos de la Escuela de Minas de Madrid (así se llamaba, al menos el recinto académico, antes del desorden educativo propiciado por la sesgada interpretación de los acuerdos de Bolonia) el 21 de enero de 2016.

Actuó de introductor de los ponentes, el también geólogo Juan José Durán Valsero, bajo cuya competente batuta se desarrolló la sesión, que contó con la participación especial de Philippe Rossi (ex Presidente de la Commision for the Geological Map of the World) y las explicaciones de los editores principales del mapa J. Tomás Oliveira ( actualmente, jubilado del LNGE) y  Luis Roberto Rodríguez  (investigador titular del IGME).

El nuevo mapa recoge por primera vez la geología de todos los territorios de Portugal y España, incluidas sus islas y plataformas continentales, y ha supuesto el cuidadoso enlace de las cartografías desarrolladas por ambos países, especialmente, en su frontera.

En la web del IGME, como también lo hizo su actual presidente en el Acto, se enfatiza que, para España, este mapa es una consecuencia del desarrollo del Plan MAGNA  (Mapa Geológico de España a escala 1:50.000), que viene desarrollándose desde 1972 y que supuso una inversión pública superior a 130 M€. También se comunicó que el ahorro social ha sido estimado en casi 20 veces esta cifra, aunque no se ofreció información sobre este cálculo.

Oliveira, en su intervención, tuvo un recuerdo emocionado para el Grupo español de Ossa-Morena, creado en Belmez (Córdoba) en 1979, y del que fue impulsor principal el ingeniero técnico de minas Rafael Hernando Luna, catedrático de la Escuela cordobesa.

Para un ingeniero de minas, resultó inevitable recordar (aunque lo hiciera para mi coleto) los tiempos en los que los ingenieros de minas dieron impulso a la geología en nuestro país, especialidad de la carrera que resultó tradicionalmente, para decenas de generaciones de estos profesionales, una de las más apetecidas.

El IGME tiene sus raíces en la creación de la Comisión para la Carta Geológica de Madrid y General de Reino, por Isabel II, el 12 de julio de 1849. Después de la breve Presidencia de Fermín Arteta y Sesma (hasta noviembre de ese año) contó con el impulso del ingeniero de minas Francisco de Luján, que incorporó a sus colegas Casiano de Prado (director del área de Geología y Paleontología), Rafael Aznar de la Torre o el inspector general de Minas Guillermo Schulz (quien realizó la Memoria de 1855).

Sin acercarme a épocas recientes, me vienen a la cabeza los nombres de Lucas  Mallada y Pueyo, amigo íntimo del también ingeniero de Minas Serafín Baroja -padre de Pío Baroja- , o de Manuel Fernández de Castro, vinculados a las primeras décadas del Instituto.

Cuando salía del Salón de la Escuela, con mi canuto cartográfico en ristre, coincidí con José Antonio Obis Salinas, que me recordó que el primer mapa geoestratigráfico a escala 1:50.000 de España, publicado por el Instituto Geológico y Minero de España fue el de Villafamés (El Maestrazgo, Castellón), del que él fue coautor principal junto al geólogo francés Joseph Canerot.

No me pude quedar al cóctel posterior, porque ando con el tratamiento, así que felicito aquí a los autores de esta culminación, arabesco lateral o derivada tercera del proyecto MAGNA. Formulo asimismo mi deseo, por el bien de la ingeniería geológica, que los geólogos, ingenieros geólogos e ingenieros de minas, trabajen juntos, revueltos si fuera necesario, en el definitivo impulso a la explotación minera de España y Portugal.

Lo han estado haciendo, sin duda, pero advierto que recientemente los geólogos tienen deseos por asumir el protagonismo principal o total. Los ingenieros de minas, por formación y vocación, no podemos quedar a un lado. Sin rivalidades forzadas, sin olvidos injustos. Muchos recursos están pendientes del fruto de esa colaboración de capacidades, que está siendo especialmente puesta sobre el tapete por la gran oportunidad de optimizar la exploración de la franja pirítica del suroeste de la Península Ibérica. Así se lo entendí a Oliveira, y así lo suscribo con mi firma.

 

 

 

Aznalcóllar, from lost to the lawsuit

Pocas veces he sentido tan intensamente el orgullo de ser, a la vez, ingeniero de minas y abogado y haber tenido la fortuna de desarrollar mi vida profesional combinando ambos campos. Fue en la Fundación Gómez Pardo, el 8 de julio de 2015, con ocasión de una Sesión sobre “Minerales en Andalucía” (1).

Todas las ponencias fueron de muy alto interés, y espero tener ocasión en estas mismas páginas de referirme a otras con cierto detalle. Pero en este comentario quiero poner énfasis especial en la intervención de la Directora General de Minería de Andalucía, María José Asencio.

María José Asencio es economista y, compartiendo ante todo la opinión que he venido escuchando de muchos colegas de la minería, ha tenido un papel impulsor por el desarrollo de esta actividad que la hace merecedora de la admiración, el apoyo y el afecto (pues, además de sus cualidades como política y como profesional, derrocha simpatía personal) de quienes creemos en el papel que debe jugar la explotación de los recursos minerales en el desarrollo de nuestro país.

Se preguntaba María José, si encontraría el tono adecuado para contarnos las vicisitudes por las que está pasando la decisión de abrir la Mina de Aznalcóllar, palabra convertida en la bicha de la minería, a partir del desastre ecológico provocado por la rotura de la balsa de lodos en 1998 (que fue importante, pero de efectos bastante menores de lo anunciado por los voceros diligentes en exacerbar todo catastrofismo) (2).

Lo hizo, después de haber expuesto, con datos concretos, el Balance legislativo del mandato anterior a las últimas elecciones autonómicas, y su labor de promoción exterior, exponente necesario para las actividades desarrolladas en Andalucía, enfocadas a eliminar dificultades para la explotación minera y que están relacionadas, por tanto con la ingente labor de poner al día el Registro de derechos mineros y abordar la sistematización para el tratamiento de la información sobre explotaciones vigentes, nuevas concesiones, sin olvidar la detección de los derechos caducados. Todo esto, sin detrimento de otras actividades de su equipo.

Quienes escuchamos, con plena atención, su disertación, estaremos de acuerdo que encontró el tono. Y sobre todo, acertó a poner de manifiesto que la batalla post decisión de adjudicación del concurso que su Dirección convocó para cumplir con el mandato del Parlamento andaluz de abrir la mina mediante un concurso, no es una batalla técnica, ni jurídica, sino que es la consecuencia de una pataleta de perdedor que ha utilizado en su beneficio ciertas debilidades de nuestro sistema.

Para quienes no hayan seguido las informaciones de prensa, hago un resumen de urgencia. Dos grandes grupos se presentaron al concurso (un tercero, igualmente poderoso, se retiró sin ofertar, aduciendo pertinentes razones acerca de las dificultades encontradas para cumplir con el restrictivo Pliego de condiciones): Mexico-Minorbis (denominación de la agrupación entre Magtel y Grupo México) y Emerita-Forbes (con la potencia financiera del grupo inversor canadiense Forbes&Manhattan, canalizado a través de su participada en España, creada en 2012, Emerita Resources Corp,  que tiene los derechos de explotación del oro de Navelgas, en Asturias, que adquirió a Narcea Gold Mines, y dos proyectos de investigación en Extremadura, también en relación con el oro).

La Mesa Técnica y la Mesa de Concurso (formada a imitación de lo previsto en la Ley de Minas para la adjudicación de permisos de investigación), valorando ambas propuestas, decidieron dar ganadora a Mexico-Minorbis, que debería presentar en plazo muy corto, el proyecto concreto de explotación. (3)

La Directora refirió que, desde ese momento “nos hemos visto envueltos en una denuncia derivada de la situación generada por la empresa que perdió el concurso”.

Quienes han puesto su empeño, y empleado dineros, en presentar una oferta tentadora a un concurso importante, y se encuentran en la posición de perdedores, es natural que se sientan decepcionados. Admito, porque he experimentado la sensación y tratado de obtener consecuencias, que el asunto sea causa de revisión interna de fortalezas y debilidades, asunción de oportunas responsabilidades, sin obsesionarse por la cuestión, de naturaleza siempre inquietante, del”qué habremos hecho mal”, ni lacerarse por ello.

El propósito de transparencia, que es objetivo laudable en las administraciones modernas, ha conducido a Pliegos prolijos, normas de puntuación que pretender ser objetivas, peticiones exhaustivas de información a los licitantes, conversaciones reiteradas entre técnicos de las empresas, funcionarios y asesores, acercamientos personales, subterfugios para revestir la oferta con los mayores atractivos, y, en fin, movimientos comerciales de amplio espectro, que pretenden llegar a adquirir el pleno conocimiento de lo que la Administración quiere, y valorarlo adecuadamente, para no renunciar al beneficio empresarial.

En el sector de servicios ambientales, que tomo por ejemplo, -ya que lo he vivido muchas veces, como responsable de numerosas ofertas-, esto es pan diario. Con una diferencia al respecto: el mercado -al menos, hasta hace años, cuando gran parte del pescado estaba por repartir y las administraciones públicas se prodigaban en licitaciones- tenía espacio suficiente. Se podría perder una oportunidad, pero la experiencia servía para ganar la siguiente. Las empresas competidoras se conocían cada vez mejor, la intención de ser el candidato idóneo exigía imaginación, cálculos finos, renuncias a beneficios inmediatos.

En ciertos casos, la empresa perdedora llevó a la ganadora a los tribunales de lo contencioso, alegando errores de apreciación, confusión en los baremos de puntuación, y otros argumentos, más o menos fundados. La mayoría de las reclamaciones no prosperaron. Se resolvieron por retirada de la demanda, porque el mercado no permitía empecinarse en las batallas del perdedor. En otros casos (pocos), los Juzgados encontraron dificultades en entrar a una valoración de criterios técnicos, ya que los peritos de parte y los judiciales llevaron a la convicción del juzgador de que hay siempre elementos subjetivos, nacidos de la experiencia particular de cada empresa, que no son comparables, o lo son solo por sus efectos finales, es decir, por la ejecución correcta de lo previsto en el contrato de adjudicación, y que solo puede dilucidarse cuando se esté realizando ésta.

La realidad actual del sector de explotación de recursos minerales en España es diferente. El mercado minero en España es, actualmente, reducido, y no se puede invocar ni la ausencia de rentabilidad ni la escasez de oportunidades. Si, en general, falta investigación de recursos mineros, y siempre se necesitan inversores dispuestos a arriesgar (y, a veces, cantidades importantes) y se han de apelar a conocimientos técnicos y experiencia en absoluto comunes, se está viviendo un momento importante para la minería de algunos minerales, por demanda, y por precio.

La explotación de la franja pirítica bética, con una riqueza mineralógica excepcional, es la más clara oportunidad -ya realidad en varias explotaciones- para generar actividad, empleo y rentabilidad económica, en Andalucía. Se comprende que, en una comunidad tan necesitada de iniciativas empresariales, la Junta de la Comunidad autonómica viera en la reactivación de Aznalcóllar un activo cuya puesta en valor no se debía demorar.

Emerita Resources, la perdedora, eligió una vía de reclamación que solo se puede calificar de lamentable: acusar, por la vía de lo penal, a personas de la Junta y a los técnicos intervinientes, de los delitos de prevaricación, tráfico de influencias, cohecho y fraude. Y, de forma inexplicable, funcionarios de los cuerpos de Policía y de la Guardia Civil han participado, con opiniones que la prensa se ha encargado de difundir, alimentando el fuego mediático, sobre la actuación de los profesionales técnicos, en una injustificable extroversión de sus funciones específicas, entrometiéndose en la cualificación de pericias ajenas a sus competencias.

Me parece que el auto de la juez Patricia Fernández, del Juzgado de Instrucción de Sevilla, expresando que “la Junta ha adjudicado el concurso sin el más mínimo rigor” revela una predisposición sancionadora que invalida o compromete seriamente, por su expresión y forma, la objetividad que debía pretenderse de una instrucción en la que entran como elementos centrales de juicio, es decir, de opinión, factores técnicos precisos y de muy alta cualificación, y que afectan, no solo al procedimiento administrativo, sino a la forma de valoración de ofertas complejas, dispares, presentadas por grupos internacionales de probada experiencia y que han interpretado lo que demanda el Pliego a su saber y entender.

María José Asencio, experimentada a fuerza de disgustos en explicar por activa y por pasiva su actuación y la de sus técnicos, terminó su alocución con estas palabras, que transcribo de mi libreta de apuntes:

“Doy estas explicaciones porque las hemos datos en todas partes. Este foro me parece, sin embargo, especialmente adecuado, por su cualificación. Y hago una reflexión final: No podemos estar diciendo continuamente “¡Con lo bien que lo hemos hecho y la caña que nos están dando!”. A lo mejor teníamos que haber esperado un tiempo, para que no coincidiese la adjudicación con el ruido político. ”

Porque, como también concretó, respondiendo a su pregunta: ¿Cuál es el resultado del Concurso? “Que Grupo Méjico, junto con las demás empresas licitadoras, lo que han ganado es la posición de privilegio para tratar ahora de poner en marcha el proyecto de investigación previo al proyecto minero, para lo que necesitan obtener la aprobación en absolutamente todos los trámites necesarios. Esto tampoco se ha entendido. Lo que han ganado es, pues, solo una posibilidad  de explotar la mina, no la explotación propiamente dicha.”

El aplauso con el que se premió la intervención de la Directora General, y el vivo coloquio posterior, vinieron a demostrar que contaba con el apoyo de los presentes y, en lo que se refiere a los compañeros ingenieros de minas que se están viendo incursos en ese desagradable proceso penal, quedó patente que cuentan -y solo estamos juzgando su profesionalidad, su capacidad para analizar un proyecto minero desde la ética, conscientes de su complejidad- con la simpatía y respaldo de los profesionales que vivimos la minería, como nos recuerda permanentemente, con muy pocas palabras el legado de Casiano del Prado (1841), esculpido en mármol en el hermoso salón de Actos de la Escuela de Madrid: “Apenas conozco carrera en la que la probidad, la lealtad, la buena fe, sean de tanta necesidad como en la del minero”.

¿Qué por qué me he sentido orgulloso de mi doble titulación? Porque, desde mi experiencia en entender las debilidades humanas, creo poder comprender mejor que lo técnico y lo jurídico deben respetarse mutuamente, y que solo desde la delimitación de los respectivos campos de competencia, se estará más cerca de la verdad objetiva, cuando de lo que se trata es de analizar la coherencia de una decisión que demanda, para su cabal comprensión, altos conocimientos de cualquier procedimiento de ingeniería.

Y aún digo más: la verdad objetiva, en lo técnico, no existe a menudo, por más que se pretenda. Y en la explotación de los recursos mineros, solo podría conformarse en la mente ingenua de un juzgador que no entendiera el significado y valor de las ciencias que permiten obtener con eficiencia los recursos de la tierra. Hacen falta muchos años de estudio, decenas de experiencia propia y ajena y una cierta dosis de intuición para alcanzar algo parecido a lo perfecto.

Qué pena para Andalucía y para la minería que la rabieta del perdedor haya encontrado eco en un sistema judicial lento y excesivamente garantista, cautivo él mismo de recursos procesales que se pueden utilizar con ánimo intimidatorio y, en todo caso, dilatorio; qué pena que la profesionalidad y la probidad puedan ser puestas en entredicho por quienes no saben de lo que hablan, ni a quién hieren.

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(1) La sesión fue organizada conjuntamente por los Colegios de Ingenieros de Minas de Sur y centro de España, por la Fundación Gómez Pardo y por Atlantic Copper España.

(2) Por cierto, que el itinerario jurisdiccional de las reclamaciones económicas, imputaciones a técnicos y empresa, en relación con el “desastre de Aznalcóllar” debieran servir de material de reflexión, junto a otros sucesos que alcanzaron en su momento gran difusión en los medios y luego se han visto sepultados por larguísimos procesos judiciales, para revisar planteamientos sociales, jurídicos, económicos y técnicos en relación con la protección al ambiente, la explotación de recursos y la importante cuestión de la rehabilitación de los espacios afectados por la minería.

(3) Grupo México es uno de los principales productores mundiales de cobre y molibdeno, con explotaciones en México -en Sonora posee la mayor reserva de cobre conocida, el yacimiento de Buenavista-, Perú, Chile y Estados Unidos. En el primer trimestre de 2015 informó de una facturación de 2.100 millones de Dólares. Magtel, con sede en Córdoba, aporta el conocimiento local, junto a una experiencia real en Marruecos y Perú y una facturación que supera los 100 millones de euros.

Nuevo modelo para la faja pirítica luso-andaluza

La minería ibérica recibe nuevos impulsos que podrían rescatarla de su atonía, y vienen, por supuesto, del lado de la economía, pero también de la demanda social de empleo estable.

Esas dos fuerzas tradicionales tienen un opositor, de cuño reciente, en los defensores de la naturaleza impoluta, un grupo heterogéneo, pero muy vociferante, que agrupa a ecologistas bien intencionados, catastrofistas desinformados y revoltosos de profesión, además de otras categorías tecnoculturales cuya exacta precisión me llevaría demasiado espacio y, a la larga, considero de poco interés para desarrollar este Comentario.

El 30 de octubre de 2014, el Colegio de Ingenieros de Minas del Sur de España y la Ordem dos Engenheiros de Portugal, celebraron en Sevilla un Seminario de Minería bajo el título “Iniciativas para la innovación en materias primas de la faja pirítica ibérica (FPI). Tuvo lugar en el precioso marco del edificio del consulado de Portugal en la ciudad, parte  principal del pabellón que erigió este país en la Exposición Internacional de 1929, y del que constituye un residuo encantador.

La serie de conferencias, a cuyo desarrollo asistí con máximo interés, abarcó diferentes aspectos de la actual situación de la FPI, aunque, evidentemente, en lo que se presentó como un primer encuentro al que han de seguir otros, tuvo que limitarse a trazar un bosquejo de la amplia problemática.

Tengo que recoger, ante todo, que la labor del moderador del Seminario, el colega y amigo Javier Targhetta, consejero delegado de Atlantic Copper, fue magnífica, tanto en la ponencia inicial, el estricto control que sostuvo del cumplimiento del horario y de las intervenciones (rara avis por estos predios) y, como colofón, en su intento conseguido de impulsar el debate-coloquio al final de las sesiones, al que pude contribuir modestamente.

Tengo a la vista un enjundioso libro (¡mil páginas!) que rescaté hace años, salvándolo de un injusto reciclado, y que se titula “Piritas de Huelva. Su historia, minería y aprovechamiento”. Fue escrito en 1963 por Isidro Pinedo Vara, ingeniero de minas, director que fue de la División Minera de “Piritas españolas S.A.” Me ha proporcionado horas de agradable lectura técnica y, en particular, lo traigo ahora aquí a colación por sus capítulos Sexto “Minas de sulfuro inactivas y Séptimo “Producciones y reservas de piritas”, aunque no oculto que el que tengo más subrayado es el “Apéndice. Breve descripción de la minería no pirítica”, por la relación de mi familia con la explotación de algunos de los criaderos de manganeso.

Justifico con ello, a posteriori, el sentido de mi intervención en el Congreso. ¿Por qué no se unifica el disperso banco de datos, con informaciones de diversa naturaleza, de las explotaciones habidas y actuales de la faja pirítica, volcándolo sobre un modelo tridimensional, que permita poner en máximo valor la explotación de ese fenómeno único de la geomorfología?.

No tuve respuesta, de momento. Queda, por tanto, el sabor amargo de una realidad en la que han proliferado, desde remota antigüedad, los picoteos sobre los depósitos y mineralizaciones, generando centenares de emprendimientos independientes a lo largo de la historia, y que han tenido, por su naturaleza fundamentalmente especulativa, una vida relativamente corta, condicionada por las evoluciones mundiales del precio de los metales, con intereses que poco tienen que ver con las necesidades y objetivos de las comarcas de la Faixa Piritosa Ibérica.

Enhorabuena a los organizadores, que personifico en Felipe Lobo y Carlos Caxaria y felicito de manera especial a Fernando Tornos , investigador del CSIC, que protagonizó, desde mi peculiar criterio, la intervención más original y atractiva del Seminario, ilustrándonos con fluidez e inteligencia provocadora sobre “El futuro de la investigación geológica en la faja pirítica”.

 

La vuelta a la Edad del Cobre

Estamos, en realidad, en la Epoca de las commodities, que es una forma un tanto vergonzante de empaquetar fonéticamente todo aquello con lo que se comercia, y desde que alguien descubrió que podía hacer mucho dinero con la basura, es posible afirmar sin equivocación que no hay nada sin precio.

El Foro España Innova, una actividad del hiperactivo Nueva Economía Forum, que apoyan con dineros El Corte Inglés y la Fundación Areces, y con alientos algunas instituciones públicas, nos invitó a unas doscientas personas a un “desayuno informativo” con Javier Targhetta Roza, el 10 de junio de 2013. Fue en el Hotel Ritz, de Madrid.

Es Javier Targhetta -vicepresidente de FCX y Presidente de Attlantic Copper S.L.U.(1)- uno de esos ingenieros de minas a los que no tengo más remedio que seguirles la pista, y envidiarlos secreta y públicamente, por lo que ha conseguido y por cómo lo hace. Otra de mis referencias es Matías Rodríguez Inciarte, economista, vicepresidente de BSCH, también asturiano, también de mi misma edad, y al que conozco desde niño, porque nuestras familias eran amigas.

Matías fue el telonero de lujo de Javier. En la presentación de Targhetta, Rodríguez Inciarte recordó una frase de Bill Gates: “El mayor negocio es hacer amigos”, y, en un cálido repaso por la biografía llena de hitos de Javier, no dejó sin mencionar que ambos pertenecían a la Cofradía de “Asturias Patria Querida” (APQ). asociación fundada por José Luis Alvarez Margaride (q.e.p.d.), que aglutina a los asturianos ilustres desterrados en Madrid y a la que, por mi propia desidia, o por no cumplir la segunda de las condiciones, no pertenezco.

Javier Targhetta presentó el grupo y el mercado internacional de las materias primas en las que trabaja -fundamentalmente el cobre- de una forma clara, concisa, brillante. En algunos aspectos, su ponencia recogió temas que ya había presentado en el IIE hacía unas semanas. En otros, y sobre todo, al hilo de las preguntas en el coloquio, que contestó con sinceridad, dejó reflejada su posición en relación con los temas económicos, energéticos y mineros.

Abogó por una Unión Europea que al 20-20-20 que tenemos tan repetido, incluya el 20% del PIB dedicado al sector industrial, después de haber expresado que España está cuatro o cinco puntos por debajo (aunque en la media europea) y que Andalucía, con su 34% de paro, anda por el 11%, lejos del 27% del Pais Vasco, que solo tiene al 13% de su población activa sin empleo.

(continuará)

(1) Pronúnciese Cúper, en cruce mental con Gary Cooper, y se permitirá así que cualquier empleado de la multinacional en España le corrija, y, con ello, se abrirá el comienzo de una posible amistad.