Demasiados frentes

La muerte, en extrañas circunstancias, de Miguel Blesa y Rita Barberá ha venido a conformar una pareja triste y dramática, que parece señalar, con lápiz amargo, la tremenda tensión política y económica que vivimos.

Los problemas son de tal magnitud y diversidad que su simple enumeración produce escalofríos. La falsa recuperación económica, la ausencia de una directriz formativa para los jóvenes, la presión inmigratoria y el riesgo climático, se agrupan junto a la incertidumbre del proceso secesionista catalán, la falta de credibilidad de un gobierno decadente y el descrédito autoinfligido de su no muy leal oposición, el cuestionamiento de la ética de miembros de la familia real, el menos que dudoso delictivo proceder de las huestes del antes muy honorable President de la Generalitat catalana y, ya tomando carrerilla, la puesta en solfa de todas las instituciones y autoridades.

Bajo este sombrío panorama, el óbito de Blesa, acaecido en la madrugada del día en que esto escribo, si, como se está difundiendo (no sé si con temeridad) pudo ser causado por él mismo, me provoca  la especial desazón de sospechar que la impecable persecución judicial de quienes fueron segundones en actuaciones probadas o presuntamente delictivas les está provocando como daños colaterales,  graves desequilibrios anímicos. No se trata de “la pena del telediario”. Es la “pena del abandono como apestado” de aquel a quien fuiste fiel durante años.

Imagino lo duro de sufrir, primero, la presión del dedo del reproche público y, luego, la cárcel, sabiendo que los principales impulsores y beneficiarios de la actuación del investigado, empicotado y penado, andan parapetados en la inmunidad que concede la inmensa hidra del sistema. Aunque algunos se jacten de hacer amigos entre los “reclusos del montón” y escriban luego libritos con la experiencia (alardeando de capacidad de resistencia). Incluso aunque se pueda relajar la mente pensando en la futura disponibilidad de los millones puestos a recaudo en paraísos fiscales y no descubiertos por la investigación de solvencias con que responder del delito.

No estoy de lado, por supuesto, del que delinque, pero sí tengo que poner de relieve que los frentes abiertos del sistema económico y social son excesivos para la munición con que contamos.

Restringiéndome solo a nuestro código penal -y a pesar de las modificaciones recientes-, entiendo, como ya puse de manifiesto otras veces, que precisa una urgente revisión de las sanciones, haciéndolas proporcionadas, modulares y coherentes con el fin que se persiga.

Preparado para castigar a delincuentes de poca monta en la mayor parte de los tipos y de las penas, bajo la ingenua idea decimonónica de que permanecer privado de libertad en un centro penitenciario varios años debe servir también a la reinserción, no solo no se cumple, en general, para aquellos, pero la reeducación es una quimera para los autores de los delitos económicos graves. Deberían sufrir la confiscación de bienes familiares para responder de su gestión delictiva, llevando la restitución hasta sus últimas consecuencias, lo que plantea el problema de investigar a fondo el origen de las fortunas.

Ni los fiscales, ni los jueces, ni las cárceles, están previstos para tratar este tipo de infractores.

Quizás la cuestión clave está en que, así como la sociedad, sin necesidad de pasar por los Juzgados, reprocha de inmediato a quien roba una gallina o acuchilla a un compinche en una reyerta, y no le importa qué tipo de sanción penal recibe, carece de criterio para valorar ciertos delitos “nuevos”. A veces encubre y disculpa, otras sobreactúa, y no pocas, castiga sin esperar que los jueces se pronuncien, haciendo caer en el descrédito irrecuperable a sospechosos inocentes.


El milano real de la foto sobrevuela, majestuoso, oteando la oportunidad de algún polluelo despistado. La cola de los adultos, rojiza en la zona superior, larga y muy ahorquillada, sirve de primera identificación del Milvus milvus.

Los milanos son rapaces relativamente grandes (hasta 70 cm). Para distinguir entre las especies, si la visión del ave se realiza, por suerte, con la iluminación adecuada, la zona anal-ventral puede ser determinante. El milano real tiene esa zona de color rojizo (más pálido en los jóvenes).

Mi conferencia en el Colegio de Ingenieros de Minas del Noroeste, en Oviedo

  • El 4 de mayo próximo, a las siete y media de la tarde, pronunciaré una Conferencia sobre el tema “Modelos regionales de generación de actividad económica y empleo en la Revolución de la Inteligencia”. Será en la sede del Colegio de Ingenieros de Minas del Noroeste, en Oviedo, calle Asturias 2. La entrada es libre y, finalizado el coloquio, se servirá un vino español.
    El título puede parecer a primera vista, complejo, teórico, o ambiguo. El contenido de mi charla, puedo adelantar, será conciso, fundamentado y… provocador.
     
    Analizaré las actuaciones que, en mi opinión, debe abordar Asturias para crear puestos de trabajo y contribuir al mantenimiento del nivel de bienestar. O, al menos, para que no se deteriore más.
    Estáis todos invitados. Y si difundís la conferencia a vuestros amigos que puedan están estar interesados, os lo agradezco aún más. Necesitamos, entre todos, abrir la manzana de la ignorancia, la rigidez conceptual y el miedo a decir la verdad, confiando en que las soluciones vendrán por sí solas.

http://www.coimne.es/cgi-vel/ctrlweb/VINCULO-W-COMUNIC.BUS?COMCOD=718

 

 

Estado social en deterioro (y 3)

El proceso de deterioro del estado social no es específico de España, ya que tiene sus raíces en una maraña de interacciones comunes a todos los Estados occidentales, que el observador no condicionado puede detectar. La situación se puede resumir con pocas palabras: el período de bonanza sirvió para generar posiciones de bienestar que el reajuste de las economías haría imposible mantener, al menos en una o dos décadas. En mi opinión, sin embargo, la incorporación de nuevos elementos de interferencia aumenta el riesgo de que el equilibrio no se recupere nunca, ya que para superar la crisis e impedir que se convierta en sistémica, habría que apelar a una coordinación internacional, lo que resulta pura fantasía especulativa.

Varios son los puntos de preocupación, algunos de los cuales ya he tenido ocasión de exponer en estas notas. A escala local, los modelos de desarrollo que se venían utilizando por las regiones, están provocando graves grietas sociales y económicas. Las han causado ya, pero la situación no se ha estabilizado, y sigue su caída. Como resultado, la clase media, en la que se había hecho descansar el principal logro de las democracias avanzadas, se está rompiendo en decenas de compartimentos. Esta división es dramática, porque se generan nuevos compartimentos estancos de los que no parece posible salir, al menos hacia arriba, ya que solo tienen vía de salida hacia abajo de la escala socioeconómica.

Estos “supervivientes” de la economía, faltos de capacidad de ahorro, condenados a subsistir consumiendo todo cuanto ganan con un trabajo infravalorado, en el que ambos componentes de la pareja -si es el caso- deben contribuir, son zombies de la economía del bienestar. Jamás alcanzarán el nivel de vida de sus progenitores, sus posibilidades de ascenso en la pirámide laboral son prácticamente nulas, y dependen hasta limites de explotación inconcebible, de las decisiones de sus empleadores, temiendo en todo momento perder su puesto de trabajo.

Si recordamos el esquema que las regiones habían adoptado como fórmula salvadora para generar empleo y riqueza en el último cuartil del siglo pasado, los elementos que se habían puesto en valor eran, fundamentalmente, dos:

1) por una parte, se lanzó oficialmente el mensaje de estímulo y, al menos como promesa, de apoyo parcial, a la creación de nuevas empresas, surgidas del autoempleo o de pequeños inversores. Se trataba, se dijo,  de regenerar el tejido industrial desaparecido o gravemente deteriorado por la crisis, y se animó a la generalidad de los ciudadanos, que, en su inmensa mayoría, por supuesto, jamás se hubieran planteado convertirse en empresarios, a que dedicaran su capacidad de ahorro y endeudamiento a iniciar emprendimientos. Se creó así un falso e inestable tejido de empleo y dedicación de recursos con negocios para los que se necesita poca o ninguna capacitación (bares, peluquerías, mercerías, etc.), que, por supuesto, acabaron fracasando en buena parte. Polígonos industriales vacíos, espacios comerciales que “se traspasan” o en permanente “liquidación total” pueblan buena parte de los espacios dedicados a negocios fallidos.

2) Por otra parte, se confió en que la implantación de un par de empresas nuevas, para las que no se regatearon recursos públicos, filiales o participadas de grandes grupos internacionales, sirvieran de germen a una estructura de alto valor añadido y nueva tecnología, como base de activación para el nuevo desarrollo tecnológico que sustituyera a las empresas en crisis. Esos teóricos nuevos gigantes tecnológicos tampoco han cumplido , a su nivel, las expectativas, y se llevaron consigo la parte de león de ls subvenciones y lo mejor de las ilusiones de desarrollo, significando, por otra parte, su fracaso, total o parcial, que subsistieran las necesidades de mantener estructuras obsoletas, allí donde se concentraban sectores afectados por la crisis industrial.

El mimetismo se complementaba con la incorporación de nuevas ofertas de formación técnica, preferiblemente al más alto nivel académico. Todas las regiones quisieron tener sus centros de innovación, sus Universidades tecnológicas, etc. Proliferaron en poco tiempo un maremágnum de centros universitarios que, al haber crecido en proporción inasimilable, lanzaron al mercado laboral a miles de egresados con deficiente calificación y, sobre todo, con exigencias de empleabilidad sin relación con sus capacidades reales y, aún más lamentable, con desconocimiento del papel que un universitario debiera desempeñar en la sociedad bien organizada.

El modelo podría tener atractivo teórico, pero adoleció de los fuertes pilares que hubiera necesitado para sostenerse y crecer. Las empresas multinacionales que se implementaron en las regiones, rara vez consiguieron entroncarse con los centros universitarios, se llevaron, en el mejor de los casos, los mejores egresados a sus plantillas y, por supuesto, crecieron solo lo justo, o acabaron cerrando sin otra explicación que el cambio de coyuntura. Estuvieron y están siempre dispuestas a relocalizarse allí donde la mano de obra más barata, las subvenciones, o un mercado más amplio, ofrezcan ventajas. Los pequeños empresarios ocasionales han perdido, en no poca medida, sus ahorros y están fuertemente endeudados, una vez que han comprobado que su restaurante, cafetería, tienda de regalos, de ropa, etc., no da para vivir. Una gran  mayoría de jóvenes con título universitario muy aparente han debido aceptar trabajo como mileuristas o deambulan sin rumbo entre oposiciones, desánimos o el señuelo de irse al extranjero donde serán mejor valorados.

Y no en último lugar, como restos del momento de bienestar y de la nueva concepción implementada de lo que es la satisfacción, las sociedades han incorporado, como “fuerza laboral” a millones de inmigrantes, que ocupan los puestos aparentemente más bajos de la escala social -atención a ancianos y niños, servicio doméstico, celadores y porteros, dependientes de comercio, etc.-, que se unen, también, a nuevos comerciantes de cercanías igualmente extranjeros, que ofrecen productos de necesidades básicas, y que han desplazado a las antiguas “tiendas de la esquina” (tiendas de todo a cien, fruterías y abacerías, comercios de ropa de muy baja calidad, etc.).

No quiero cerrar estos comentarios sin exponer un mínimo mensaje de esperanza. Es imprescindible revisar el modelo de coordinación regional y atender de manera conjunta a la necesidad de competir en un mundo global, que no quiere decir globalizado. La necesidad de atender, ante todo, a las necesidades propias, ha vuelto la mirada pública hacia la autarquía y la protección de las barreras arancelarias o el apoyo a la industria nacional. Es peligroso, desde luego, y preocupante, advertir cómo el país más rico de la Tierra activa su industria de defensa y vuelca el interés de la ciudadanía hacia la protección de los mercados interiores.

La solución a largo plazo para España no puede venir del turismo, que es incapaz de generar estructuras sólidas a medio plazo, en un país desarrollado. Debemos aprovechar la coyuntura de que los países que pueden ser alternativa real  a las corrientes turísticas estén en guerra o sean incapaces de garantizar la seguridad a los viajeros. Es una situación efímera, que, de considerarse como solución a largo plazo, generará una nueva burbuja explosiva.

Detener el deterioro del estado de bienestar exige una eficaz coordinación de recursos, que evite su despilfarro, aunque lo más importante es promover nuevas vías estables y duraderas de actividad que sustituyan a las que se van cayendo por los avances tecnológicos. El modelo socio económico necesita, no solo disminuir el número de demandantes de prestaciones, controlar los desajustes entre solicitantes y oferentes de fuerza de trabajo para suplir las carencias de servicios (asistenciales, o no), sino, sobre todo, generar la estructura productiva que pueda sostenerlo y, por tanto, permitírselo.


Los machos de patos azulones parecen ser mayoría en relación con la población de hembras y, con frecuencia, se enzarzan en peleas que van más allá de simples demostraciones de fuerza. En los lagos, estanques y estuarios, no es raro ver a grupos de “solteros”, aparentemente pacíficos. Cuando se acerca una hembra, las disensiones se convierten pronto en evidente, y tratan de seducirla con exhibiciones bélicas.

Los azulones que ya tienen pareja la defienden con ardor, no dejando que se acerquen otros machos, manteniendo la cabeza muy alta mientras ella sumerge la suya para alimentarse. Cuando el macho se anima a probar su bocado, y otros andan cerca, y supongo que la hembra aún está en celo, no dudan en probar suerte, situación que, para evitar otros momentos embarazosos, suele romperse con un cambio de aires de la pareja primigenia, volando juntos -el macho siempre a la zaga- a otro lugar más tranquilo.

César Pérez de Tudela habla de montaña y metafísica.

La vida de César Pérez de Tudela parece una película. Nacido en 1940, los que éramos aún adolescentes cuando el escalaba montañas, y nos las explicaba, y las transformaba en espectáculo, le hemos convertido en un ídolo sin esfuerzo alguno. Era imposible no admirar a aquel atleta de relativamente corta estatura, que rivalizaba con éxito con gigantes austríacos, franceses o norteamericanos, dominando cumbres de aspecto terrorífico sin aparentar esfuerzo.

Pérez de Tudela es polifacético. Muy polifacético. Doctor en Derecho, periodista, notable dibujante, funcionario por oposición. Conferenciante, comunicador de excepción. Alpinista…

Hace unos dos años, cuando acompañaba a mi amigo Santos Castro a su enésima sesión de tratamiento de un cáncer que le llevaría -lamentablemente- a ser temprano habitante del país de los recuerdos, saludamos a César, que nos informó, con el tono de quien se va de excursión, que él también estaba combatiendo el tumor. “Hay que tomarse las cosas con poesía”, nos dijo. Desapareció casi instantáneamente, por un recodo de un pasillo del hospital, con velocidad de una extra-humana.

El 30 de marzo de 2017, invitado por el Club Español de Medio Ambiente, y presentado por su director, mi colega Guillermo Koerting, César Pérez de Tudela impartió una de las mejores conferencias -interesantes, divertidas- que escuché en mi ya larga vida de asistente a actos de muy diversa factura. No se cuál era su título, aunque creo que eso era lo de menos. Nos expuso, con base en transparencias de escalada, algo de especial valor: los fundamentos de su actitud ante la vida.

Nos obsequió con decenas de frases que glosaban lo que significó y significa para él “ir a la montaña” que: “no era un hecho deportivo, sino más bien…descubrir su trasfondo poético, místico. Entender la soledad. La montaña es lo más simbólico del medio ambiente, y en ella veo la necesidad de afrontar la dificultad con optimismo, admirar la belleza, que está allí, sin duda, pero también, el drama, la tragedia de la vida” (trato de citar textualmente algunos de los párrafos introductorios de su charla)

Me gustaría hacer una completa reseña de lo que dijo y, sobre todo, recoger, cómo lo dijo. El conferenciante tiene 30 libros publicados y multitud de artículos, entrevistas y reseñas de sus actuaciones como alpinista y como polemista, de los que internet da cuenta suficiente para enterarse con detalle de muchas cosas de su vida y de cómo se la toma.

Yo me leí algunos de esos libros, y estaba preparado para no dejarme impresionar por su facilidad de palabra, su memoria para recordar hechos y anécdotas, e, incluso, para disfrutar con su lenguaje irónico, a veces mordaz, siempre inteligente.

Comenzó César citando a LeónFelipe, y a su libro “El ciervo”. “Tengo una gran admiración por los poetas”, se justificó (y citaría luego a varios, entre ellos, a Miguel Hernández y a Antonio Machado, cuyos libros le acompañaron, según confesó, en más de alguna escalada en solitario).

 

El conferenciante nos confesó que estaba escribiendo una “Teoría general del fracaso”, porque es “más amigo de los que fracasan que de los triunfadores”, a los que César eleva a la categoría de campeones: “La campeona es -en una carrera en la que el ganador oficial es el chaval de diecisiete años al que la naturaleza dotó de poder físico- la chica gordita que quedó la última, porque ella es la que tiene más mérito”.

Entre fotografía y fotografía, con impresionantes momentos de escaladas – “no de los ocho mil, que son objetivos para jubilados dirigidos por sherpas- ; más difíciles sob muchos cuatro mil, con torres de 500 verticales, a los que se sube con cuerdas cortas y en cabeza de cordada”- fue desgranando una colección de frases memorables.

He aquí algunas:

“No arrastréis los pies, sino ponedlos en el sitio adecuado”

“No soy racionalista, soy alpinista; y como religioso que soy, soy metafísico”

“Se sube con la mayor elegancia que se pueda”

“En algunos casos, fui valiente. En aquellos tiempos, en la montaña había muerto mucha gente. Se decía que la muerte escala frente a los alpinistas”

“Siempre fui un estudioso de Ortega…” y “La hipocresía es fundamental para salir adelante en la vida”

“Sigo haciendo alpinismo, pero en declive…aunque el otro día subía con dos jóvenes, y el que llevaba las cuerdas era yo”

“Este soy yo” (se refería a una foto en la que la silueta era lejana y algo borrosa, contra una pared vertical), “porque me reconozco”

“Otros quizá hayan conseguido ma´s logros deportivos, pero a mí me gustan los logros humanos”

Después de contar la anécdota en la que ayudó a varias monjitas y a un sacerdote a subir al Angliru, y, en particular, a atravesar, una a una, atada a la cuerda, el llamado “paso de Mahoma”. “Me di cuenta que todas llevaban zapatillas. Les dije: “Hay Dios, hermanas, pero no tanto”.

“En la vida, cuando estás muy cansado, se come menos”

“Hace falta en la sociedad que la gente tenga narices ” (Después de referirse a cómo se escapó de la clínica en la que le habían diagnosticado la amputación de las dos piernas, por gangrena gaseosa, y acudir al Dr. Martorell, “que sabía de congelación lo que no está escrito. Me dijo: “Las piernas se salvan, pero la nariz se pierde…Se equivocó, por suerte”.

“Tengo la misma nariz que cuando era joven, pero hay que tener en cuenta que, con la edad, la nariz y las orejas crecen”

“El rey actual (del que fue monitor) aprendió que en la vida no hay que tener miedo y sí equilibrio·

Y, en fin, “La montaña es un peregrinaje”

Qué personaje, César Pérez de Tudela.

 

 


La foto es la de un verderón (chloris chloris) macho, con su vistoso plumaje de verano. Lleva en el pico algunos restos de lana con los que está completando su nido.

La caricatura de César la hice mientras atendía al conferenciante.

Estado social en deterioro (2)

Parece un momento adecuado presentar la continuación a mi Comentario anterior, en el Día en que se conmemora la fundación de la Comunidad Económica Europea. Fue hace 60 años, el 25 de marzo de 1957.

Mucho han cambiado las cosas desde entonces, tanto para aquella Europa reducida que tanteaba sus opciones de generar un mercado proteccionista como recurso para no volver a entrar en guerra, y esta Europa de hoy, que mastica el fracaso parcial del proyecto, justamente pocos años después de haber acariciado las mieles de un triunfo espectacular, como lo hubiera sido la unificación de (casi) toda la vieja Europa cristiana bajo el paraguas de una Constitución supranacional, progresista y ejemplar.

Que nos encontramos, desde una perspectiva global, en una situación compleja y cuya solución no es aparente, no lo duda nadie. Ideas que aparecían, a priori, no solo como interesantes, sino como realizables e impecablemente efectivas, han revelado, sobre todo, su lado problemático, como si el dios Jano hubiera tomado los mandos de la Humanidad.

La excepcional mejora de la productividad que aportó la automatización y la incorporación de materiales más resistentes y duraderos a la fabricación, ha generado inmensas bolsas de paro en sectores tradicionales que fueron claves para el desarrollo industrial y social. No nos engañemos: la disminución cuantitativa del factor trabajo en la producción, en detrimento del aumento de la importancia del capital (del gran capital), impulsado por decisiones que poco tienen que ver con la idea del desarrollo local, ha deslocalizado hacia países con mano de obra barata, recursos por explotar, potencialidad de crecimiento del consumo y reglamentación permisiva,  la parte del león de la producción de los bienes que vinculábamos al bienestar.

Las pérdidas de actividad que aún siguen generando -la resistencia a sucumbir apenas si mantiene rescoldos testimoniales- no se ha podido recuperar con nuevos sectores sustitutos, que exigen, además, un nivel de calidad, y de educación muy alto. La competencia por cualquier puesto de trabajo ha provocado, además, que el tiempo de formación individual no se corresponda con los niveles de remuneración conseguidos, incluso para la mayoría de los altamente cualificados.

Ni la siderurgia, ni la construcción naval, ni la fabricación metalmecánica, ni, por supuesto, la minería, han sido sustituidas por sectores equivalentes, ni en la generación de riqueza ni en la creación de empleo. Muchas comarcas y regiones que fueron boyantes han pasado a ser zonas en declive, con sus cadáveres industriales y sus tensiones sociales a la vista y empleos de baja calidad y alto riesgo de permanencia, pues derivan de decisiones de inversión oportunistas o concentradas en sectores de servicios de baja productividad (mercerías, bares, peluquerías, fruterías, tiendas de ocasión, etc.).

Las cifras no cuadran y, en efecto, parece que alguien se está comiendo el queso. El PIB mundial ha superado los 80 billones de dólares (con Estados Unidos, la Unión Europea pre-Brexit y China acaparando más de la mitad de esa cantidad), pero ese “vivimos mejor que antes” no tiene una cómoda lectura. Los hogares tienen televisiones más grandes, cualquiera dispone de uno o varios aparatos de intercambio de datos, y el endeudamiento de las familias ha crecido brutalmente, pero la globalización de los mercados no funciona como se creía.

Cierto que la globalización nunca alcanzó una forma madura, abierta -demasiados acuerdos bilaterales fallidos, muchas rémoras a la liberalización de los mercados, etc.-, aunque aparecía como una solución para superar las desigualdades nacionales y locales-. Por el contrario,  ha causado mayores desigualdades entre países, y ha sesgado, a nivel interior, en los países más desarrollados, la brecha entre empresas exportadoras y las enfocadas al mercado local. Sin contar, por otra parte, que la “exportación” deriva, en muchos casos, en la generación de trabajo y actividad en los países receptores

¿Estamos mejor informados a nivel individual para decidir cómo afrontar la crisis estructural? No. La potenciación de las comunicaciones y la eclosión de la difusión de la información, ha provocado, junto a indudables ventajas a algunos sectores, tensiones adicionales dentro de la sociedad líquida: intoxicación informativa, obsesiones ludópatas, generación de expectativas irrealizadbles o divulgación de noticias y hechos falsarios.

Naturalmente, un análisis neutral debiera poner de manifiesto que la nueva situación económica, la mejora del saber hacer y el incremento de información relevante, ha abierto magníficas perspectivas para la Humanidad, nunca imaginadas antes. Es, por tanto, lamentable y motivo de decepción grave el que no se estén aprovechando para mejorar la situación de los más débiles ni se sean consciente de que nos encontramos en un momento de gran inestabilidad.

Par quienes confían a ciegas en que la solución vendrá por sí sola, derivada del simple paso del tiempo, existe un ejemplo muy preocupante de la ausencia de un liderazgo mundial y de una voluntad de coordinar actuaciones colectivas que puedan redundar en beneficios o en soluciones globales.

El cambio climático es una realidad -amenazadora- que no se ha sabido abordar, a pesar de miles de reuniones, análisis y propuestas. Para muestra, como se suele decir, vale un botón. Es un ejemplo, que arrastrará consecuencias dramáticas, de la veleidad y desinterés con los que se tratan las cuestiones generales. Los buenos propósitos de la COOP de Paris 2016 no solo no se van a cumplir, sino que los dos grandes países -Estados Unidos y China- que estaban obligados a liderar el cumplimiento de los compromisos de reducción de la producción de gases con efecto invernadero, han dado prioridad oficial a intereses egoístas y al oscurantismo en la comunicación de sus verdaderas cifras de contaminación.

En relación con los mercados, siguen vigentes -aunque se podrían agudizar aún más las aristas- las objeciones que George Soros exponía en “La crisis del capitalismo global (1998): “Los fracasos del mecanismo de mercado son insignificantes frente al fracaso (…) de los intereses colectivos de la sociedad, los valores sociales que no se expresan a través de los mercados”.

Los análisis teóricos (con base en ejemplos prácticos) de lo que nos está sucediendo, son muy convincentes para quienes no se dejen obnubilar por cantos de sirena adormecedores. Joseph E. Stiglitz, en “La gran brecha” (2015), en donde recopila una serie de artículos y reflexiones -algunos ya relativamente antiguos- glosa un mensaje sencillo, quizá aún más válido en una sociedad como la norteamericana, en donde los parámetros de lo que en Europa consideramos progresismo están más edulcorados: “Para crecer, gire a la izquierda”.

Los países de la Unión Europea han hecho y siguen haciendo, lo contrario. Con una confusa, pero fiel, apoyatura en las ideas de Hayek, el economista que puso el mercado en el pedestal del dios más venerable, triunfa la tendencia a considerar que la competencia es la clave para conseguir el bienestar en una sociedad: la mejora del bien común sería el efecto misterioso de la integración de intereses particulares.

Cuando, volviendo la mirada a nuestro país, me detengo en la presentación del sinuoso debate para encontrar un líder para el maltrecho -y, en mi opinión, irrecuperable a la dimensión anterior- PSOE y, también, en la apropiación de las propuestas de la izquierda más agresiva y de las expectativas de la población más castigada por una élite académica que está realizando Podemos, no puedo por menos que preguntarme si no tenemos aquí a gentes capaces de analizar lo que deberíamos hacer para impulsar, de verdad, la creatividad, la generación de empleos estables, el impulso a actividades rentables pero, sobre todo, necesarias.

Porque no me interesa el espectáculo de ver cómo quienes pretenden conducirnos a las soluciones, nos desvían del camino para llevarnos a un lugar apartado en el que se empeñan que les contemplemos liándose a bofetadas, mientras el pulso económico, la motivación de la sociedad civil, las perspectivas de la sanidad, la realidad de la educación, el mantenimiento de las prestaciones sociales, la utilización de la fuerza y la ilusión de los jóvenes, la incorporación efectiva de la experiencia de los mayores aún fértiles,…van, aunque la inercia nos haga pensar momentáneamente otra cosa,  a la deriva.

(continuará)

 

 

 

Estado social en deterioro (1)

La plataforma “Salvemos el Hospital Ramón y Cajal” ha convocado un encierro para el día de hoy, 22 de marzo de 2017, en el que están participando sanitarios, pacientes, vecinos y políticos de las formaciones que conforman la oposición al partido que gobierna en la Comunidad de Madrid, y que preside Cristina Cifuentes.

Soy uno de los pacientes en lista de espera para ser operados (somos más de 7.000) y tengo, además, información de primera mano -personal y directa- desde hace por lo menos dos años, sobre el deterioro de la gestión hospitalaria de Madrid. Una deriva acelerada hacia el caos y la amenaza de catástrofe que, como también he expresado en otras ocasiones públicamente, no tiene relación -al contrario- con el esfuerzo y dedicación del personal facultativo, sobre-solicitado por el déficit de plantillas, la reducción de medios, el deterioro del equipamiento y la deficiencia organizativa.

Las prestaciones sanitarias públicas son, sin duda, uno de los ejes principales del estado social que tenemos en España. Aunque impulsado desde “aquel” PSOE , fue asumido en continuidad por el PP, convertido así, también, en apoyo decidido del bienestar que es el verdadero logro de nuestra democracia.

Era. Porque todo se está resquebrajando, hasta límites insoportables.

Por supuesto, el ejemplo del Ramón y Cajal no es más que un síntoma del estado general de confusión y deterioro de la sanidad en España. Se achaca en las comunidades en las que gobierna el PP, a la cesión de privilegios y apoyo por subvenciones y componendas a las clínicas privadas. Puede. Lamentablemente, en las comunidades en las que no gobierna el PP, el deterioro es también real e importante.

Si nos referimos al sistema educativo, tanto a nivel universitario como en la formación profesional y a todos los otros niveles, la caída de calidad es también estrepitosa, y solo hace falta consultar para confirmar el panorama a los docentes más sinceros. Pero si se quiere contrastar la opinión con empresarios, profesionales antiguos y otros analistas y sufridores de la situación, están los lectores invitados a hacer pesquisas por su cuenta, sino tienen ya la información concreta.

El panorama político no permite mejorar las expectativas. Los representantes de los partidos están enzarzados en discutir cuestiones de detalle y no de concepto. Por ejemplo, comprendo bien que la cuestión de la corrupción y sus secuelas es un elemento de alcance mediático excepcional, y es lamentable lo que ha salido a la luz, y muy asqueroso lo que no saldrá nunca, pero tanto celo en poner la mierda sobre el tapete común no crea empleo ni actividad económica. Al contrario.

Tampoco la tremenda judicialización de la sociedad, en la que un poder de naturaleza excepcional, como son los jueces, ha tenido que asumir la primera línea de la revisión de los pecados y desviaciones de los demás poderes, debe ser visto con tranquilidad.

Puede que nuestro sistema judicial esté hecho para perseguir a ladrones de gallinas y no a tipos de cuello blanco que manejan las grandes cuentas de la economía, pero puedo asegurar que tener a algunos empresarios en la cárcel y amenazar a muchos otros con pasar por el banquillo no aumenta las perspectivas de inversión ni crea seguridad jurídica de la que importa al capital.

Si se me preguntara adónde vamos, tengo la respuesta preparada. No sabría decir hacia qué punto concreto, pero estoy convencido de que vamos a peor. Nuestra tremenda convulsión social y económica, faltos de ilusión y directrices compartidas, nos conduce a un deterioro mayor de nuestro estado social y de derecho.

Lamento ser tan pesimista, pero cada vez que oigo las opiniones expresadas por quienes estarían destinados a salvarnos del pozo en el que estamos sumidos, me pregunto de qué información disponen y qué ideas tienen para corregir el deterioro. Yo, que me muevo por el mundo real, veo que nuestra sociedad tiene, por momentos, cada vez más pepenadores.

Esta es la denominación que reciben quienes se dedican a rebuscar entre los desechos y la basura en muchos países de Latinoamérica. Y, en efecto,  también observo que ha crecido la exhibición de quienes se encuentran en la posición de despilfarrar. Son menos, pero ostentosos.

(continuará)

Cómico o ridículo (22)

La siñaléctica, concebida, por supuesto, como elemento de apoyo a quien no conoce bien cómo conducirse por paisajes desconocidos, puede convertirse también en un tormento. Hay ciudades en las que las señales parecen dispuestas con la intención principal de despistar y conducen a lugares distintos de los que ostentan los carteles. Otras veces, los nombres de las poblaciones están tachados por alguna mano gamberra, o corregida su ortografía haciéndola ininteligible.

Yo presumo -con la boca pequeña- de orientarme bien por las poblaciones, lo cual es contradicho por múltiples ejemplos en los que me perdí, o me encontré dando vueltas sin rumbo con el coche, apareciendo, una y otra vez, en el mismo sitio.

Cuando nos encontrábamos de viaje fin de carrera de Minas en Polonia, algunos compañeros alquilaron un coche, con la intención de seguir viaje, independizándose del grupo, para conocer mejor el país y acercarse hasta Checoslovaquia. El precio del alquiler era muy bajo y dimos algunas vueltas por las cercanías de Cracovia, que celebraba un primero de mayo socialista.

Como no resultaba sencillo aparcar cerca del hotel, después de dejarnos en él a los expedicionarios, el conductor se fue, buscando una plaza libre por las cercanías. Volvió, algo cansado, comentando que, por fin, después de dar muchas vueltas, había conseguido encontrar un hueco donde dejar el coche, y que había anotado el nombre de la calle, en una hoja de papel que nos enseñó.

Fuimos varios los que leímos en voz alta la cuidadosa grafía: “ślepy zaułek”. Significa “callejón sin salida” en polaco. Tardamos un par de horas en encontrar el vehículo, utilizando el método de barrer la zona por cuadrículas.

Algunos años más tarde, mi secretaria argentino-alemana, Melita, tomó la decisión de aprovechar las vacaciones de semana santa para visitar con su novio España, que no conocían. Como también los Arias nos desplazábamos a Asturias para visitar a la familia, y no había GPS por entonces, el joven enamorado, que era quien tenía carnet de conducir de la pareja, me preguntó si tendría inconveniente en que me siguiera con su auto, para no perderse.

Por supuesto, accedí de inmediato, acordando que pararíamos a tomar un café en una de las estaciones de servicio, pasado Lieja, que le señalé con una cruz en un mapa de carretera. El buen hombre debía haber sido prevenido de las posibilidades de perderse en el intrincado mundo de las autopistas centroeuropeas, porque, desde que salimos de Dusseldorf, se pegó a mi auto como una lapa.

Lieja era, por los años 80, una ciudad que merecía estar muy alto, junto a Lugo y otras poblaciones de ilustre memoria vial, en el catálogo de viejas glorias con indicadores de direcciones al buen tuntún. Me perdí, dí varias vueltas inútiles, volviendo prácticamente al mismo sitio, hasta, que por fin, logré salir del atolladero. El joven conductor me seguía, manteniendo con vocación de no separarse pasase lo que pasase, un metro de distancia escaso con el parachoques de mi vehículo.

Cuando nos detuvimos en la gasolinera acordada, salió del coche, sonriente: “Menos mal, Sr. Arias, que le seguíamos. Porque no hubiéramos podido salir de Lieja sin sus indicaciones…”

Me callé, porque en ciertos momentos, huelga abundar en explicaciones.

Explicaciones abundantes hubiera merecido la que fue, sin duda, la peor de las experiencias que vivimos en la antigua Yugoslavia. Habían pasado ya un par de años de estancia en Alemania y tenía una nueva secretaria, Biba, una mujer de excepcional inteligencia y profesionalidad (q.e.p.d.). Se empeñó en que pasáramos unos días en Croacia, su tierra natal, y concertó el viaje con los hoteles que mejor le pareció.

La única condición que le impuse era que, puesto que mi hermano Juan (aficionado al tennis) se incorporaría con su esposa a la excursión, debía cuidar que los establecimientos hoteleros dispusieran de pista al efecto.

Llegamos a Dubrovnik y el hotel no parecía mal. Era un edificio con aspecto de viejo castillo y, como llegamos al comienzo de la tarde, con la intención de disfrutar de un partidillo, mi hermano y yo dejamos a las esposas con la labor de vaciar las maletas y tomar posesión de los encantos del lugar, nos vestimos de corto, y bajamos a la cancha.

Qué decepción. La pista no era tal, sino una reproducción de un cráter lunar. La red estaba rota por todas partes y más parecía una red de pesca abandonada. Los bordes de la cancha estaban señalados con una cinta de carrocero, despegada cada medio metro y rota en cien lugares.

Volvimos a recepción, indignados, en donde ya nos esperaban nuestras esposas. La habitación estaba llena de cucarachas y en un estado de suciedad lamentable.

Ahorro los detalles. Llamé a mi descolocada secretaria que, inmediatamente, se puso en contacto con la agencia que, haciéndose de nuevas, se ofreció a compensarnos por el desaguisado. Saqué fotografías de las cucarachas, de tamaño descomunal, para reforzar la reclamación…pero pasamos la noche en vela, en la recepción del cochambroso hotelucho, porque todas las plazas de hoteles en Dubrovnic estaban ocupadas hasta el día siguiente.

No se al día de hoy si los dueños de la agencia yugoslava eran serbios o albano-kosovares, y el que la reserva hubiera sido realizada por una croata movilizó suspicacias, pero la experiencia nos puso en personales antecedentes de las tensiones que estaban a punto de explotar.

Al día siguiente, hicimos un paseo compensador por la vieja ciudad, que muy poco tiempo después vería muchos de sus históricos edificios destruidos por el impulso de barbarie y odio que parece ser, por desgracia, consustancial a los humanos.


La fotografía de pájaros en vuelo tiene especial intríngulis. Es preciso utilizar velocidades y aperturas de diafragma altas, por lo que la intensidad de luz ha de ser la conveniente: preferiblemente, la iluminación lateral de un atardecer luminoso.

Este gorrión macho acababa de saciar su apetito momentáneo con los brotes tiernos del níspero y lo capté justamente cuando se lanzaba al aire, tomando impulso con la pata izquierda en una de las hojas del árbol.

Adela Cortina, Antonio Garrigues y la dinámica Knowsquare

 

El 31 de enero de 2017 tuvo lugar la entrega de los premios que concede la plataforma KnowSquare desde hace seis años. Esta invención de Juan Fernández-Aceytuno acumula ya diez años de existencia, con una trayectoria saludable y abierta. Se recuperó para el concreto acto, la Fundación Museo Lázaro Galdiano que, aunque de aforo claramente insuficiente para el número de miembros, amigos y simpatizantes -además de los responsables editoriales y galardonados- es un marco excelente para cualquier celebración, al que contagia de su encanto y trayectoria propias, que su directora, Elena Hernando, sabe potenciar con su elegancia discreta.

Se concedió el premio a la “Trayectoria divulgativa divulgativa ejemplar 2016” a la catedrática de Etica, Adela Cortina, que entusiasmó a los asistentes con una alocución, expuesta de memoria, simpática y, al tiempo, personal y profunda. “El cerebro humano -precisó- es un narrador de historias, no solo un procesador”, y la autora de La ética mínima, apoyó que “la ética es rentable para las empresas a medio y largo plazo”, para terminar recordando a Ortega: “El tigre no puede destigrarse, pero el hombre sí deshumanizarse”.

Fue seleccionado como Libro del año de Empresa (Gestión empresarial), publicado en español, “Negociar lo imposible”. de Deepak Malhotra. Malhotra es conocido por otros best sellers, entre los que destaca “Yo me he comido tu queso” (en inglés; I moved your cheese (2003), publicado en España también por Ed. Empresa Activa/Urano, 2011). Con un título elegido como respuesta a una obra ajena, “¿Quién se ha llevado mi queso?” (1998). de Spenser Johnson, el premiado ya abordaba la cuestión de salirse de los caminos trillados, potenciar la imaginación y las soluciones propias, distintas, no exploradas, en lugar de moverse por los laberintos mentales ajenos.

Se premió también a un colaborador de KS, el ingeniero industrial José Enebral, por un artículo publicado el 4 de abril de 2016, “Del liderazgo y conversación”, en la que defiende la “importancia de comunicar sin incurrir en sobreactuaciones”. Leído hasta el momento ya 2194 veces es una prueba de la amplia difusión que alcanzan las ideas expresadas en la web de esa atractiva forma de compartir ideas, soluciones, formación, ilusión y proyectos. (Enebral tiene 39 trabajos publicados, de los que varios superan las 15.000 lecturas).

El acto contó también con una participación ya consagrada como habitual, la de Antonio Garrigues que, con la fluidez con la que hace atractivos mensajes de apariencia sencilla, pero intensos, nos advirtió de que “lo de Trump no es, como muchos creen, el principio de una era, sino el final”. Una reacción a la apertura en apoyo de la globalización, al compromiso social, a la preocupación por la mejora de las condiciones de los desfavorecidos, que representan Obama, el papa Francisco y otros líderes mundiales. Hay que estar preparados para resistir, porque vienen malos tiempos.


Un invierno con períodos cálidos ha propiciado que se estén formando ya algunas parejas de aves. Estos petirrojos, casi ocultos entre el follaje, preparan su nido, entre arrullos de mutua complacencia. A ratos, aunque especialmente al amanecer y ya en la oscurecida, con obstinada actitud, el macho advierte de su propósito de defender el territorio contra propios y extraños con cantos que resultan melodiosos e intensos.

La capacidad de camuflaje del petirrojo es sorprendente. Podemos escuchar sus trinos, sonando muy cerca de nuestra posición, y no conseguir verlo hasta que, de pronto, levanta un  corto vuelo hasta el murete, poste, valladar o espesura en donde se sentirá momentáneamente confortable para proseguir con su cantata.

 

Cómico o ridículo (10)

Si dedicamos un tiempo a hacer repaso a nuestra existencia, surgirán multitud de episodios (algunos de los cuales creeríamos tener sepultados en el olvido) en los que fuimos protagonistas. No me refiero a momentos en los que asistimos a un espectáculo musical, político o deportivo junto a otros miles de individuos -siempre que no nos encontráramos en el escenario o en el terreno de juego y en tanto no hubiéramos tenido un papel destacable-. Descartemos, en fin, todos los momentos en que no tuvimos el foco de la atención de los demás puesto sobre nuestra acción, para bien o para mal.

No habiendo tenido relevancia pública en ninguna de las ocupaciones a las que entregué mi vida hasta hora, mis anécdotas son mínimas, Solo espero que estos relatos atraigan la atención, al menos, de los amigos, y sirvan de algún divertimento a quienes no me conocen.

Mis aficiones literarias me han proporcionado algunas satisfacciones -escasos premios y cariñosas palmadas en la espalda-, aunque también me atrajeron decepciones y, en estricto sentido, tampoco faltaron las que me pusieron en ridículo. Una de las más tempranas ocasiones de dejarme en cueros el orgullo tuvo como colaborador a Carlos Bousoño, poeta consagrado cuando yo andaba coronando mi adolescencia.

Como su hermano había sido compañero de estudios de mi padre y todos tres, amigos en su época, se me brindó la oportunidad de enviarle un librito de poemas que yo tenía terminado y que había titulado “Diversas intimaciones a las formas”.  Dirigía por entonces, en dura competencia, una tertulia poética en Casa Noriega (Oviedo) en la que poetas, musas y sufridores oyentes leíamos/escuchaban versos propios y ajenos y nos calentábamos la imaginación con vino peleón y cacahuetes.

Sintiéndome espléndido para compartir tamaña ocasión de prestigiarnos, invité a Tomás Recio, Elías Escobar y José Antonio García Mallol, que también eran vates, a que incorporaran, a la mía, una selección de sus mejores poemas y, con una carta de acompañamiento y el conducto del otro Bousoño, le pedimos a D. Carlos que nos prologase aquella cosecha. Por supuesto, el escoger los versos que configurarían el libro nos llevó varias reuniones y discusiones acaloradas, hasta que el producto nos satisfizo, teniéndolo, sencillamente, por genial.

Al cabo de un mes, más o menos, me llegó una carta del vate mayor que, si bien venía dirigida a mi nombre, abrí en presencia de todos en Casa Noriega, y lei en alta voz,  con emoción contenida. El tono era amable, pero el contenido era inequívoco: no le habían gustado nada nuestras elucubraciones.

Y lo que más dolió a los frustrados letrados- y a mí, más por reflejo del resquemor ajeno – es que me dedicaba más líneas que a ningún otro para desmenuzar mis formas de poetizar, para concluir con un: “Si tú, Arias, tuvieras varios versos como los mejores de este librito, te diría Publica ya”… De los demás colegas, ni mayor mención.

Recuerdo haber contestado a vuela pluma con algunas insolencias, que no merecieron contestación y, aunque seguí escribiendo poesía -debo tener más de mil poemas escritos y once libros en barbecho-, solo publiqué uno: “Absueltos de todo don, diversas intimaciones a las formas”. Aunque el Colegio de Ingenieros de Minas del Noroeste adquirió toda la edición -más de mil ejemplares, para distribuirla entre sus colegiados, consiguiendo así mi permanente calificación como “el poeta”-, rescaté unos diez para dejárselos en depósito a María jesús Polledo, regente ilustrada de la librería que lleva su nombre, para que los pusiera en el escaparate a modo de tenderete captador de atención ajena y preparar una segunda edición que me lanzara al estrellato literario.

Nada más supe de  los diez libros. supongo que sepultados bajo los miles que se publican cada año. Sin embargo, la editorial KRK indica que el librillo está agotado, pero hay un ejemplar, “dedicado por el autor”, que se vende en e-bay por ¡23 euros!. Si no tuviera cosas mejores en las que emplear mi dinero, lo compraría, solo para saber quién es el/la destinatario de la dedicatoria que puso tan alto precio a mi pluma.

En 2009, animado por la sencilla opción de publicar lo propio que concede Bubok, el invento empresarial de Angel María, publiqué en esa plataforma los 350 comentarios que habían formado parte de mi blog Al socaire, que tenían todos ellos como principio de su título la preposición “Sobre,,,”, así que lo titulé: “Ensobrados”. Si pensaba en un éxito literario abrumador, la realidad me hizo volver a la razón: se vendieron dos ejemplares. Uno, a mi hijo Miguel y otro, a mi amigo Pedro Pablo Iglesias.


Todo el mundo distingue a las cigüeñas y los niños de generaciones anteriores a la mía -ésta incluida- estábamos convencidos de que traían a los niños desde París, que era una ciudad alejada y, por tanto, misteriosa, en la que imaginábamos había un ejército de bebés y aves voladoras. Ahora resulta que las cigüeñas han abandonado ese trabajo que, aunque no estaba remunerado, les daba prestigio, para asentarse entre nosotros, ocupando a miles agujas de catedrales e iglesias, torres de castillos y palomares en ruinas, postes eléctricos y hasta árboles de envergadura.

Se alimentan de ranas, reptiles, moluscos, y residuos arrojados a los vertederos, en competencia, en este caso, con gaviotas y otras aves de regular tamaño. En el caso de los estercoleros denominados “controlados”, las máquinas que recubren continuamente los desperdicios orgánicos con tierra solo les conceden unos minutos el acceso a la porquería que les sirve de alimento; pero, por fortuna para todos estos animales a quienes la civilización humana les ha dado categoría de “oportunistas”, son muchos los estercoleros salvajes desparramados por la geografía, en los que pueden nutrirse y, en casos desgraciados, encontrar su fin atragantados con una bolsa de plástico o cortado su vuelo por un tendido eléctrico sin balizar.

Cómico o ridículo (9)

Algunas de las anécdotas que recuerdo en estos singulares Comentarios, tienen continuación, incluso estrambote. No pretendo con ello satisfacer curiosidad ajena, ni tampoco dar detalles que permitan (a quienes no fueron testigos) identificar a aquellos, salvo yo mismo, que pudieran ser sujeto de la comicidad o ridiculez que atribuyo a estos episodios.

La reclamación de la bobina caliente de acero de alta resistencia que efectuó Maraldi, no quedó, por supuesto, en la historieta del Hotel Crillon. Cuando estuvimos en la factoría de Ravena se nos ofreció el penoso espectáculo de una bobina despanzurrada sobre la cinta transportadora que alimentaba la soldadora automática. Los italianos, con la aparatosidad verbal que les caracteriza cuando les apetece el teatro, afirmaban que las inclusiones de los bordes de la banda laminada generaban grietas que debilitaban el cordón soldado, y que impedían que se estabilizara.

-Chorradas, dije, muy seguro de mí. Como no sabía cómo expresarlo en italiano, precisé: “Ma che cosa? Tuto questo mi sembra impossibile, escogitato, ”

Me sacaron un aparato del año la pera que parecía haber sido un detector de ultrasonidos, de marca para mi desconocida, y un fulano con cara de estar haciendo una comedia, me invitó a escuchar un retorno que, por la altura del tono y la variedad de interferencias, podría pasar por un ensayo frustrado de Stravinsky.

Como Cristo entre los apóstoles, anuncié que no le daba ninguna credibilidad al aparato, y que, en una semana, volvería con nuestro equipo y el análisis de las muestras de la bobina que había solicitado que me preparasen, pidiendo al responsable del laboratorio (un quimico que parecía el único realmente técnino del grupo italiano) que se quedara con la suya, para contraste. Pedimos registrar en un acta los acuerdos, y los amigos de Maraldi nos dijeron que no era posible, porque, dada la hora, todas las secretarias se habìan marchado.

-Sin problema, enuncie con mis insolentes veintiocho años. -Yo escribo a máquina muy bien.

-Ma, tieni presente que il certificato de questo appuntamento devra esere compilato in italiano.

-Escríbanmelo a mano, y yo lo copio a máquina, -repuse.

La sorpresa siguiente fue que todas las máquinas de escribir estaban en cuartos cerrados con llave, salvo la que encontré en una especie de despensa que tenía el carro estropeado. Así que, mordiéndome los dientes, y con la vista de todos los demás de ambas comitivas calentándome el cogote, pasé a limpio (con algunos errores mecanográficos) el acta de la reunión.Fue entonces cuando el jefe de laboratorio se me acercó, me dio un apretón de manos, y me dijo la frase que no he olvidado:

-Lei é bravo, eh?

La parte cómica de la anécdota la protagonizamos el analista de laboratorio de Ensidesa (un tipo excepcional, del que en este momento no recuerdo su nombre) y yo, a la  mañana siguiente, cargando con el pesado aparato de ultrasonidos -imagine el lector pasar las aduanas, llevarlo en brazos al avión y cargar con él en el asiento, para que no se estropeara, etc- y , finalmente, hicimos el ensayo y demostramos que la bobina era de la calidad correcta.

La foto es la de un picogordo bebiendo en un arroyo. Es un ave más bien robusta, que se alimenta de semillas duras, a las que abre con su pico. Aquí deja ver su trasero, que evidencia una de sus carfacterísticas diferenciales: una cola corta, con la punta blanca, y un bajo vientre pálido. Con este pájaro he llegado casi a hacer amistad, si es que puede hablarse de tal confianza entre dos especies tan diferentes