
Si yo fuera Pedro Sánchez -y doy gracias a mi vida y circunstancias por no hallarme en su tesitura-, me sentiría, desde luego, profundamente resentido contra Rajoy (es decir, el Partido Popular) y contra Iglesias Turrión (es decir, los de la agrupación recreativa Podemos): han impedido, al negar su abstención, la viabilidad de la interesante propuesta de convertirlo en presidente del Gobierno de España. que contaba con el apoyo de Ciudadanos, el partido de la renovación de la derecha.
Se ha pedido una oportunidad de cambiar de aires en la política de este convulso país, y ahora, después de unas segundas elecciones, y tras un amargo período de incertidumbre, Mariano Rajoy ha recibido el encargo del Rey Felipe VI, -como resultado, por supuesto, de secretas consultas con los líderes de los partidos, de cuyos resultados los ciudadanos de a pie hemos podido solo atisbar el olorcillo de los potajes- de postularse como Presidente. No lo tendrá fácil, aunque cuente con el apoyo indirecto de Ciudadanos que, de momento, indica que se abstendrá en la segunda votación, situación que no mejorará en la práctica, aunque le brindase apoyo directo en la primera.
No se conseguirá así, ni sumando los votos de la derecha regional dispersa, el volver a contar con Mariano Rajoy como Presidente de Gobierno. Porque hacen falta algunos votos más, si se mantiene la negativa del PSOE y de Unidos Podemos a su candidatura.
Y, en mi opinión, esa doble negativa ha de mantenerse. Por razones ideológicas, y de coherencia ante la necesidad de pervivir como fuerza política. Tanto del PSOE como de Izquierda Unida; no me atrevería a apelar a la coherencia en el caso de Podemos, pero no quiero que mi escepticismo respecto a lo que bulle en esa colectividad, empañe la línea argumental de este Comentario.
¿Qué hacer, para evitar unas nuevas elecciones, que a nada positivo conducirán, sin menoscabar dramáticamente las líneas de la izquierda española, ya muy deterioradas? Pues solo se me ocurre dejar que seis o siete diputados del PSOE voten a favor del tándem Rajoy-Rivera y, con ello, otorguen al primero la mayoría para liderar el Gobierno. El PSOE votaría en contra y, con gran aparatosidad, expulsaría a los diputados «traidores» de su seno, que pasarían a formar parte del grupo Mixto, o formar una nueva agrupación, cuyo nombre no brindo de momento.
No es tan malo, porque podía ser peor. Al menos, he leído que, como consecuencia de la vuelta de Ciudadanos a los apriscos de la derecha, Luis de Guindos y Luis Garicano, economistas muy valorados profesionalmente y gente seria, están poniendo en común sus carpetas de apuntes.
Vamos, pues, a ver.
P.S. La foto que incorporo a este Comentario, es la de un arrendajo. No es tan común que estas aves, por lo general, esquivas, posen para el objetivo. Tengo otras de arrendajos (garrulus glandarus) volando, pero no son tan hermosas.
