En la mañana del 7 de enero de 2020, en una votación ajustada, en segunda vuelta, el candidato Pedro Sánchez. del Partido Socialista Obrero Español, ha sido elegido Presidente de Gobierno. Los diputados que le han votado han superado en solo dos a los que se han manifestado en contra.
Se trata de un gobierno de coalición con Unidas-Podemos y ha contado con la abstención de Esquerra Republicana de Catalunya. El Partido Popular, Vox y Ciudadanos han votado en contra.
Los debates de investidura han sido broncos, con graves descalificaciones de los representantes que hoy conforman Gobierno hacia los líderes de la oposición. Por parte de Pablo Casado y Santiago Abascal, portavoces de los intereses de las derechas tradicionales, se ha llegado incluso a plantear la disidencia como una amenaza constante a la gobernabilidad del país, «utilizando todos los medios legales» para paralizar la adopción de medidas del nuevo Gobierno.
La situación es, verdaderamente, no ya esperpéntica, sino muy delicada. La escenificación de las discrepancias en el foro del Congreso de Diputados ha puesto de manifiesto la imposibilidad de acuerdo entre los dos bloques, por lo que España vuelve a estar dividida en dos facciones beligerantes (esperemos que solo en lo verbal), hecho que no se producía desde que estamos en democracia, es decir, al amparo de la Constitución de 1978.
Ha sido muy duro escuchar -sin ambages ni ocultaciones – que quienes han apoyado indirectamente, con su abstención, el gobierno de la izquierda socialista con los populistas de indefinible sesgo ideológico de Unidas Podemos, conforman un partido, la Esquerra Republicana de Catalunya que está en contra de la Constitución y de la unidad de España. No creo que nadie pueda apostar con garantías en este momento a la estabilidad de este gobierno, independientemente de que no podemos permitirnos dudar de sus buenas intenciones.
Los portavoces del Partido Socialista, evidentemente satisfechos por haber conseguido, por fin, aupar al Gobierno a su secretario general, -si bien debilitado por la incorporación a su futuro gobierno de ministros provenientes de sus hasta hace muy poco, enemigos acérrimos- se esfuerzan en presentar la votación y el acuerdo conseguido, como un triunfo de la democracia.
No debíamos confundir, sin embargo, lo que significa el Gobierno -al que habrá que juzgar por sus planteamientos y logros, de momento totalmente opacos o inexistentes- con la necesidad de encontrar apoyos para sacar los temas importantes adelante, lo que exigirá un ejercicio constante de equilibrios y acuerdos con partidos ahora manifiestamente opositores.
También es clave llegar a conocer el alcance de los acuerdos con los independentistas y republicanos; las intervenciones en el Parlamento no me parecieron, en este sentido, nada tranquilizadoras, y me confirmo en la sensación de que la democracia está secuestrada por lo que podríamos llamar el Sanchezposibilismo, cuyo propósito más aparente ha resultado ser conseguir consolidarse como presidente de Gobierno efectivo, a costa de transigir en cuestiones cruciales que se le convertirán en una pesado mochila.
Lo escribo desde una posición de izquierdas, desde el respeto a la Constitución y en el deseo de la mayor estabilidad posible para este país. Aunque, tal como están las cosas y lo desorientado que anda el personal, no me extrañaría que algún devoto del pacto de Gobierno me considere haber caído víctima de esa derecha fascista que, según el actual doctrinario, contamina todo lo que no es tenido como afecto de partidario.
Se trata, sin embargo, creencias o posiciones personales aparte, de desear que el Gobierno que se forme trabaje en dos direcciones urgentes, y nos gustaría a los demócratas independientes, a los pacíficos de corazón y a la derecha posibilista (es decir, a casi todos) que se mostrara capaz cuanto antes. Con otras palabras: deseamos que se vuelva a la calma y al orden representativo, que se eliminen tensiones verbales y corrijan nefastos personalismos y se de impulso a la declinante economía española, en un entorno internacional en el que se han exacerbado los individualismos y los proteccionismos.
Vamos, que lo tenemos difícil si, además, la situación nos pilla desunidos y desorientados.
Esta elegante pareja de cisnes negros fue fotografiada en el Parque Isabel la Católica, de Gijón, a donde me llevó, hace ya unas semanas, la difusión de mi libro Sonetos desde el Hospital.

