
Las elecciones en Andalucía, con los resultados definitivos conocidos en el momento en que redacto este Comentario, han dado como rotundo ganador a Juan Manuel Moreno, del Partido Popular, que será capaz de gobernar en solitario. Al conseguir la mayoría suficiente de diputados (58 escaños sobre 109) no precisará del apoyo de ninguna otra fuerza política.
Todos los analistas están de acuerdo en que el talante moderado, conciliador, unido a una gestión eficiente, de candidato Moreno, le han catapultado hacia esa mayoría histórica para la derecha andaluza. Añado, por mi parte, que otros factores han contribuido a esa victoria irrefutable:
- La campaña histriónica de Olona, candidata de Vox y, especialmente, su exigencia de entrar en el gobierno como vicepresidenta, si el Partido Popular necesitara uno solo de sus diputados.
- El tono conciliador, modesto y neutro de Juan Marin, que ha apoyado a Moreno desde la sombra, al aparecer como un colaborador neutro ideológicamente del anterior gobierno de coalición, en el que fue activo vicepresidente.
- La disgregación del voto de izquierdas, falta de coherencia y con la debilidad de Gobierno central como telón de fondo. Por cierto, la explicación de los resultados hecha por Adriana Lastra, atribuyendo la caída del apoyo electoral al PSOE a factores exóticos (adelanto interesado de las elecciones, rentabilidad injusta del apoyo que prestó a Andalucía el gobierno de Sánchez), contrastaba con la elegancia con la que Espadas reconocía la derrota.
En fin: Enhorabuena, Juanma Moreno. El mensaje que los andaluces han lanzado a resto de España debe ser recogido, tanto por la izquierda (precisa de una urgente renovación de personas y clarificación del mensaje y, desde luego, recapacitar en la fortaleza de la unidad frente a los personalismos) como por la derecha (moderación en el tono y eficacia en las propuestas, huyendo de ls conflictos ideológicos).
