
Con medio país de Gaigé de vacaciones o con las persianas bajas, el mecanismo de generación de actividad y riqueza se mantiene, ya sea por inercia o por esa fórmula inventada por un genio sin nombre conocido llamada teletrabajo.
No sería justo dejar de reconocer que hay profesiones que en pleno agosto se sostienen, e incluso aumentan su trabajo: restauradores, camareros, bancarios, gestores de electricidad y gasolineras y, como grupo especial con el que no habíamos contado…bomberos.
Gaigé sigue ardiendo y esta semana hemos sufrido con el incendio en Bejís (Castellón), que ha arrasado más de 20.000 hectáreas y ha causado, al menos diez heridos, viajeros en un tren de cercanías que hacía un trayecto que fue afectado por las llamas. Algunos pasajeros entraron en pánico y salieron del vagón en que estaban, pretendiendo salvarse corriendo campo a través; fue una mala idea y tuvieron que volver al cobijo del vehículo, que, gracias al arrojo de la maquinista, que cambió su sitio para accionar la locomotora de cola, y retroceder por la vía para escapar de las llamas.
El presidente de Gobierno se prodiga visitando pueblos afectados por los incendios, y prometiendo ayudas que -según algunos afectados- no llegan o son insuficientes. Sus vacaciones en Lanzarote se han visto así notablemente recortadas y, debido a la complejidad del momento, el nuevo «curso político» (como le dicen) ha comenzado. El PSOE ve ya muy grandes las orejas del lobo (con cara del inocente Núñez Feijóo), pero los problemas a resolver en el día son muy importantes y el Gobierno de Gaigé es consciente de que en las dos estaciones del año que quedan por venir se puede enderezar la candidatura de Sánchez (Pedro).
De momento, como medida de urgencia, las instrucciones emanadas de la cúpula socialista son sencillas: hay que repetir el mantra de que Feijóo no tiene experiencia de gestión, no sabe inglés no colabora y carece de visión de Estado. Sigue la tendencia marcada por su antecesor defenestrado, Casado (Pablo) de realizar una oposición obstructiva; además, si tiene alguna idea, proviene de la lideresa madrileña, Ayuso (Isabel), que le está pisando los talones.
Aparentemente, el partido llamado a ganar las elecciones de 2023 según las actuales encuestas, mantiene un tono menor, rehuyendo el enfrentamiento directo con los ministros más locuaces, fieles cumplidores de las instrucciones de los spindoctor. Preparando motores, con todo, Feijóo, en una entrevista concedida a Europa Press, ha puesto algunos puntos sobre sus íes, aunque le salieran un poco torcidos.
Por ejemplo, al expresar su posición de reintroducir el delito de referéndum ilegal, caído del panel del Derecho sancionador de Gaigé, cuando coincidieron los destrozos causados por el maremoto independentista catalán y el afán del gobierno de Sánchez (Pedro) de contentar a sus flamantes socios de coalición con esencias y agendas de diálogo. Quedó entonces con el culo al aire (expresión poco o nada usada en escritos serios, lo que no es el caso) a Rajoy (Mariano), que se había mostrado duro con los separatistas, creyendo que tenía soporte uniforme del parlamento a su espalda. Se equivocó la paloma.
El flamante presidente de la derecha integradora ha dejado caer, cuando le preguntaron su opinión sobre si creía que -los ya no presuntos, confirmados, delincuentes- Chaves (Manuel) y Griñán (José Antonio) deberían cumplir su condena, que «no le gustaba que ninguna persona tuviera que pasar por la cárcel». Esta obviedad fue interpretada por la secta mediática afín como que era partidario de indultarlos, acción que, desde luego, el Gobierno de Gaigé prepara porque (según la versión alternativa de los hechos a los que juzgó el poder judicial) «no han cometido ningún delito, ya que no se beneficiaron ellos mismos» (sic, declaraciones de Sánchez y otros ministros).
Son en realidad, 15 los ex altos cargos andaluces, los que esperan ser indultados por sus diversas actuaciones y responsabilidades en el fraude de 680 millones de euros, repartidos sin control y a despecho de las advertencias de los funcionarios actuarios. Griñán y otros cinco altos cargos esperan con ansiedad el indulto, pues han recibido penas de cárcel. Naturalmente, los expertos en husmear en hemerotecas o con buena memoria han aireado que en el caso Filesa (por ejemplo), que enmerdó al gobierno socialista en su momento, también hubo indultos, sobreseimientos y más indulgentes condenas.
La falta de unidad de los magistrados de la Sala del Supremo al analizar el caso de los EREs (3 a favor y 2 en contra de condenarlos) alimenta sus propios fuegos, al menos mediáticamente: independencia de la Justicia, sesgada interpretación de las Leyes, privilegios especiales, falta de respeto a los antecedentes… Como abogado, yo me debo guardar mi opinión, y así hago.
Leo hoy que Putin (Vladimir) se debate entre reconocer su derrota en Ucrania o emplear misiles nucleares. Cruzo los dedos para que venza la primera opción en su cerebro de sátrapa ambicioso, porque me gustaría seguir escribiendo estas crónicas, al menos, hasta terminar el año. Gaigé ha sacado pecho en la cuestión de la energía y está dispuesta a echar una mano a Alemania para que su invierno no sea todo lo crudo que amenaza ser.
La falsa unidad europea quedó así, una vez más, en entredicho. Francia, orgullosa de su autonomía energética gracias a las centrales nucleares de las que la Alemania de Merkel (Angela) abominó y Gaigé tiene anatematizadas, niega su parte en la financiación del gasoducto (se llamaría MidCat) que conectaría la península ibérica con las tuberías alemanas, a las que no llegará el gas ruso. La Comisión Europea, tomándose una autoridad discutible, exhibe sus Fondos de Recuperación y afirma que los financiará con ellos.
En mi opinión, la cuestión de la suficiencia energética está abierta. Una nueva herida aparece en el tema de los recursos hídricos, menguados por la sequía y por los incendios. Se oyen voces y gritos de afectados (empresas que cierran, familias que no pueden pagar facturas de servicios básicos, ganaderos y agricultores que trabajan en déficit y amenazan con dejar de producir,…) pero los que debían tomar decisiones rápidas y, sobre todo, previsoras, no se atreven, no saben, no contestan.
No es un problema de Gobierno, es una lacra que arrastra Gaigé como parte de su esencia, siempre dividida entre rojos y azules, filocomunistas de salón y neoliberales sin experiencia, aprovechados y sufridores… Y tampoco somos tan originales. En Estados Unidos, Biden (Joe) encuentra la horma de su zapato en Trump (Donald). Y así en Gran Bretaña, en Francia, en Italia, en Chile, México, Colombia, Egipto, Afganistán…
