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Estrategias salvajes (Epílogo): Propuesta de estrategia para civilizados. Contexto

24 marzo, 2016 By amarias Deja un comentario

A lo largo de diez capítulos, he presentado, de la prometida manera informal, otras tantas estrategias salvajes. He explicado que entiendo por tales, las realizadas por animales que siguen su instinto natural, sin obedecer a planteamientos organizados previamente, sino ejecutadas como consecuencia de pautas de conductas a las que se ven abocados seres, típicamente semovientes, programados por la naturaleza para actuar como lo hacen, como consecuencia de sus genes y de la evolución que han experimentado sus antepasados.

Satisfacen de forma eficaz, acorde con su hábitat y fisionomía, tres impulsos básicos de todo ser vivo: la fuerte inclinación a seguir viviendo antes que dejarse morir  o matar; la necesidad de alimentarse para proporcionarse energía suficiente con la que satisfacer la primera inclinación y, no en último lugar, esta otra: la tendencia, que puede convertirse en obsesión en determinados momentos de sus vidas, para copular con otros seres de su misma especie, para obtener, principalmente, placer y, subsidiariamente, descendencia.

En esas entregas, con fortuna y oportunidad que el lector habrá tenido ocasión de juzgar, traté, como corolario de cada una, de analizar la posible aplicación de esos comportamientos animales al mundo de la empresa, que se acepta, en una petición de principio que puede discutirse,  regido por directrices emitidas por entes racionales en continua evolución hacia la perfección: los humanos.

El medio en el que se deben desarrollar esas estrategias civilizadas es un magma que se crea por los propios intervinientes: el mercado. Se han hecho múltiples análisis y expuesto formas de predecirlo, y de influir sobre él, al menos, en el corto plazo. Incluso ha habido notabilísimas intenciones programáticas de negarlo, de domeñarlo a la fuerza.

En este Epílogo, con los elementos de que dispongo actualmente, de la observación de lo que veo alrededor, y de mis conocimientos -precarios y discutibles, por supuesto- de los seres humanos, de las empresas, y del mercado, emito, a forma de dictamen, esta

Propuesta de Estrategia para civilizados.

La propuesta tiene tres partes: una presentación del Contexto, una previsión del desarrollo a corto plazo de los elementos sociales, económicos, éticos y filosóficos que considero sustanciales y una formulación de la estrategia propiamente dicha.

Contexto

Hoy es jueves, 24 de marzo de 2016. Jueves Santo, según el calendario de efemérides por el que se rige el país desde donde escribo, España. Un país con unos 46 millones de habitantes, y con un peso relativo en la población humana mundial inferior al 1 % (se estima que en la Tierra viven 6.500 millones de personas).

Pertenezco a una especie que ha desarrollado una capacidad singular: la de analizar situaciones, imaginando las consecuencias de intervenir sobre ellas. Esa propiedad, que podríamos identificar con el raciocinio, no es igual para todos los seres humanos y se puede educar, es decir, desarrollar.

A lo largo del proceso de existencia de la Humanidad como colectivo, se han producido múltiples heterogeneidades en la especie. Las que interesan aquí, afectan a la forma de utilizar ese potencial diferencial de la especie, que alcanza su máxima eficacia si consigue aprovechar o destruir el potencial conseguido por otros.

Aunque el objetivo de los colectivos humanos se ha encubierto o disimulado de muy diversas maneras, existe una mayoritaria coincidencia subyacente, que se plasma a nivel individual de forma muy sencilla: facilitar la mejor existencia posible, utilizando, incluso, grandes esfuerzos. Esa simplicidad en la formulación del objetivo existencial, adquiere connotaciones cada vez más abstractas, justamente siempre que los sujetos humanos pretendemos concretarlo más: apelamos a la felicidad.

El estado de felicidad se ha vinculado recientemente, a la situación económica. Sin embargo, existen ejemplos, y muy posiblemente todo ser humano puede presentar su propia experiencia al respecto, de que hay momentos en cualquier existencia que no tienen nada que ver con lo económico y que se identificarían, -típicamente, a posteriori-, como haber atravesado por un estado de felicidad.

La felicidad por vías económicas es un propósito, en todo caso, que sería inalcanzable para la inmensa mayoría. El acceso a los aparatos tecnológicos que, según la información ampliamente difundida por grupos de interés, la proporcionarían por períodos más o menos largos, puede resultar muy cómodo para algunos, pero es imposible alcanzarla para la gran generalidad de la población humana, está interferido por la puesta en circulación de mercancías con prestaciones (ventajas) cada vez más apetecibles para el consumidor, configurando, irremisiblemente, la sociedad líquida, bien definida y estudiada a partir de las reflexiones de Zygmund Bauman.

El objetivo adquiere todavía mayor diversidad si se analiza el estado económico por países o zonas. Sea como fuera, a  escala de la población mundial, jamás ha tenido una formulación expresa. No existe una estrategia mundial para alcanzar la felicidad.

Creo útil profundizar en los fundamentos de la disparidad. Las diferencias más importantes entre los países y las zonas geográficas, provienen de las desigualdades de su desarrollo económico y tecnológico, y han sido  exacerbadas a lo largo de la Historia de la Humanidad, correspondiendo a impulsos bastante identificables Sobre todo, de forma reciente y, en especial, en relación con los desarrollos tecnológicos.

La secuencia de ese desarrollo se encuentra, actualmente, en crisis muy grave, que ciertos filósofos sociales caracterizan como la necesidad de un cambio de paradigma. La historia del ser humano no está documentada más que en unos pocos cientos de años  y solo de forma bastante deficiente), por diversos hallazgos paleológicos y antropológicos, se especula que nuestra especie o su inmediata antecesora existe desde hace 600.000 años o más. Lo que conocemos de cómo se llevó a cabo esa evolución es, por tanto, mínimo. Resulta curioso que, en una trayectoria tan longeva, algunos se planteen ahora la posibilidad de que la humanidad haya alcanzado un punto de no retorno.

Si fuere así, no habría que conceder excesiva influencia para proponer una estrategia colectiva cara al futuro, al proceso reciente de la especie humana en los últimos 3.000 o 4.000 años, del que puede deducirse que ha tenido una importancia fundamental en el desarrollo de los pueblos, la combinación de la utilización de la guerra y su consecuencia más clara, la usurpación de propiedades del vencido por el vencedor. Tampoco tendría tanta importancia analizar si están agotándose, o se descubrirán otros, los factores vinculados a los recursos naturales (incluida la mano de obra del esclavo, o del sojuzgado) y su rápida explotación, bien para favorecer el disfrute propio o para comerciar con ella, para disfrute de otros a cambio de recompensa.

Interesante sería, desde luego, valorar la influencia en el desarrollo humano de otros elementos no materialistas. Debe admitirse la gran importancia del desarrollo de una conciencia colectiva mayoritaria vinculada a percepciones o deseos de percepción de naturaleza extraterreste.

Dado que durante miles de años no se conocía en absoluto, -incluso se desconoce aún, a pesar de importantes avances-  como funciona la Naturaleza y si existen leyes que la rigen, la capacidad de raciocinio cubrió esa carencia imaginando que deberían existir uno o varios seres superiores, a los que se llamó dioses y a quienes, como medida de prudencia, rápidamente se tomó la decisión colectiva de rendirles pleitesía -sacrificios, tributos, plegarias, etc.-para aplacar sus ánimos o provocar su intercesión benefactora.

La elaboración de esta conciencia ha sido compleja, sofisticada, y, en cierta medida, perversa, pues se ha apoyado solo en suposiciones y, muy pronto, en la declaración de personas que confesaban haber recibido instrucciones y consejos de entes metafísicos e incluso, de fallecidos humanos. Estas personas, si se encontraron favorecidos por el azar, y utilizando sus dotes de convicción, trasladaron a los demás -al menos, por algún tiempo, en cada generación- la idea de que se hallaban en situación de superioridad, por herencia, vocación o juramento, para contactar con el más allá.

La cooperación con quienes disponían de mayor concentración de recursos, mayor fortaleza física, y contaban con el apoyo de quienes poseían mayores conocimientos y experiencias, fue fundamental. Los más beneficiados fueron, precisamente, éstos últimos, que pronto entendieron que deberían apoyarse en la magia para protegerse.

La hipótesis de existencia de organismos superiores a los hombres, y externos al mundo real, a pesar de no haber sido probada jamás, evolucionó a otra hipótesis, de efectos más directos y ventajosos, que implicaría que los dioses (uno o varios) nos han dotado de inteligencia no por azar ni efecto de la evolución, sino con el objetivo de recompensarnos  si cumplimos ciertos requisitos, cuando se produzca un efecto consustancial a todo ser vivo, del que nuestro raciocinio nos hace conscientes de que sucederá irremediablemente: la muerte. Se introdujo así en el proceso ilógico, una entelequia inabordable por la razón, llamada Eternidad,en donde los elegidos disfrutarán de  continuos goces, trasunto de los terrenales.

Las religiones han cumplido y cumplen, por ello, una función sustancial, pues da sentido a la existencia, cuanto menos, para una parte de la Humanidad, la de los creyentes. Son muchas las consecuencias derivadas para los humanos mientras vivan, y  algunos han sabido aprovechar la situación en su beneficio.

España, es hoy, constitucionalmente, aconfesional. Ha sido un país católico por excelencia, pero esto ha dejado de ser así.

En esta Semana, en muchos países, se conmemora la muerte de Jesús, o Jesucristo, (resaltando así que es Hijo de Dios, que es lo que significa Cristo), que acaeció hace unos 2.000 años, por crucifixión, precedida de crueles torturas, y tras un juicio totalmente irregular. Un asesinato con efectos de catarsis colectiva de una parte deplorable de la población, y del que se conservan testimonios.

En unos documentos escritos algunos años después de su muerte, se recogen aspectos de la vida del mártir, y decenas de sucesos portentosos protagonizados por el y por su control de las fuerzas de la Naturaleza que, junto a varias máximas de comportamiento. Esas máximas, deducibles básicamente de la ética universal, han conformado un grupo de religiones, durante algunos siglos identificables como cristianismo, que se han expandido con rapidez. Su perfección ritual se llama catolicismo.

La expansión del cristianismo se apoyó no tanto en la ética defendida, sino en la dominación o conquista de territorios ajenos, y en el enriquecimiento de su aparato de control, la Iglesia, y el perfeccionamiento de los ritos y del dogma.

El dogma cristiano se ha convertido en un elemento complejo. La religión es monoteista -venera un solo Dios, aunque considera que resulta de una combinación trinitaria metafísica-.  Algunas de sus varias ramas difieren de forma bastante exótica del tronco doctrinario original.

Los cristianos son actualmente la segunda religión mundial, con unos 1.400 millones de seguidores. Como colectivo, han perdido influencia política, si bien existen grupos de poder que se inspiran en su dogma.

Por el contrario, la religión musulmana, que puede considerarse una derivada del cristianismo, es la mayoritaria, con más de 1.600 millones de fieles. Surgió en el siglo VII, por reinterpretación del cristianismo y del judaismo, y una nueva revelación de la divinidad, expresada a un pastor analfabeto por medio de un enviado, el arcángel Gabriel. El judaísmo, la creencia esencial de la que derivan las dos religiones mayoritarias sigue siendo practicada por devotos localizados y relativamente influyentes, pero tiene, relativamente, muy pocos seguidores.

En el día de hoy, como consecuencia de la festividad, la ciudad desde donde escribo, Madrid, está prácticamente vacía, aunque están programados procesiones y algunos oficios litúrgicos. En ésta, como en la mayor parte de las ciudades, sus habitantes, aprovechando el asueto y el cierre de las escuelas, se han desplazado a la costa o a otras poblaciones más atractivas. En algunas de ellas, siguiendo una tradición que no se podrá desarraigar fácilmente, se celebra la Pasión de Jesús. Toma la forma de un espectáculo con varias representaciones a lo largo de la semana, con procesiones, cánticos, desfiles de gente encapirotada y señoras con mantillas, pasacalles con músicas paramilitares, y diversos oficios litúrgicos.

Muchos de los comercios cerrarán en la tarde de hoy, pero los restaurantes, en especial los situados en lugares de destino vacacional, harán lo que se llama «buena caja». Se comerá y beberá con fruición: paellas, mariscos, cochinillos, chuletones, corderos, pescados variados; se beberán vinos y licores, … si bien, para los católicos, la Cuaresma es época de ayuno, penitencia, sobriedad.

No señalo estas cuestiones más que como contraste entre las razones y los hechos.

El martes de esta misma Semana, en Bruselas, la capital teórica de la Europa comunitaria, ha sufrido una serie de atentados (cuatro, al menos) en los que han sido asesinadas más de 30 personas y heridas más de trescientas, algunas de extrema gravedad. Han sido reivindicados por islamistas radicales de un Estado fantasma (en realidad, los islamistas son considerados musulmanes radicales, porque el mensaje de Mahoma, revelado por Alá, es contemporizador y, esencialmente pacífico). Así lo fue también el cristianismo, que está en la base de las peores guerras de conquista y destrucción.

La influencia de las religiones en el desarrollo de los pueblos, en la actualidad, ha disminuido de forma muy importante. Aunque existen países que apelan a su condición cristiana (tenida por religión aglutinante de las idiosincrasias occidentales, especialmente en la mitad norte), o a su carácter confesional musulmán (la religión dominante en los países de Africa y Oriente medio), las influencias dominantes hoy son aconfesionales.

Y, en ese contexto, el megapaís con potencia emergente más cualificada, que ya está provocando una modificación profunda de las estrategias de otros países, imponiendo la suya, China, ha puesto sobre la mesa mundial de interrelaciones, nuevos principios de acción. Como se sabe, la mayor parte (más del 70%, desde luego, según las estadísticas más conservadoras) de la población china es agnóstica o atea; solo de un 10 a 15% practica alguna religión; esa «religión» es, en inmensa mayoría el budismo (o un sincretismo de ésta con el taoismo y el confucionismo), que es, más bien, una filosofía de vida.

(seguirá)

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