Tengo escritos numerosos poemas entre 1965 y 1970 que corresponden a un período muy singular, doloroso, de mi vida. En octubre de 1966, después de una larga enfermedad, fallecía mi madre, lo que marcó una línea de emociones de la que tardé en desprenderme. El poema más significativo de esa época debe ser el que empieza «Señor, Señor, que te la llevas…» que, por el momento, tengo perdido. Me hubiera gustado ofrecerlo aquí.
Valga, en su sustitución, este otro, que tiene fecha precisa -como muchos de los que escribí entonces- «5 de mayo de 1967». Yo tenía, pues, dieciocho años.
Si no me conocéis, este es mi nombre
Angel Manuel, un hombre
joven todavía.
Como se aprende en la escuela de la vida,
aprendí padeciendo. Conocida
situación la mía.
Amé, no más que ninguno, cuando pude-
Y si alguien dice cuando plugue
es mentira.
A los decires altos, siempre llegué tarde,
que yo nunca hice alarde
de bravía.
Fui tranquilo, soleado y más bien parco
en palabrerías. Recio marco
de mi filosofía.
De mi, poco tengo más. Junto a los otros sigo
y con los demás persigo
cada día.
Si alguna vez por la calle, vas y me saludas,
puedo contar contigo. O eres Judas
o alegría.
Estas líneas te entrego. Guárdalas si quieres.
Si no te gustan, puedes
romperme la cartilla.
Pero si al ahondar estas hileras,
la calma te adentra, te conmueve
y la voz evocas de quien llenó este verso,
gracias te digo y me siento jubiloso
de tenerte, compañero.
(5 de mayo 1967, Versos inéditos sin agrupar)

