Cada cuatro de diciembre, los profesionales relacionados con el fuego, celebramos la festividad de Santa Bárbara. El enlace de la santa con uno de los cinco elementos básicos, según los Vedas (aire, agua, tierra, fuego y éter), y las tradiciones chinas de los wu xing (que sustituyen el éter por los metales), reside en su control sobrenatural de los rayos. Cuando su feroz padre, frustrado porque no había conseguido hacerla apostatar del cristianismo, acababa de seccionarle la cabeza, se desató una tormenta y un rayo lo convirtió en ceniza.
Santa Bárbara es la patrona de los mineros, porque la explotación de los recursos de la Tierra estaba, por tradición, ligada al uso de explosivos. Todas las gentes que tenían que ver algo con la mina (desde el director hasta el guaje que llevaba el botijo a los que horadaban en sus entrañas) se acogían a su protección en toda Europa.
Hoy día, al menos en España, los mineros de pico y pala y los ingenieros de minas jefes de pozo son especies casi en extinción, al menos, para los que siguen vinculando nuestro oficio con «los agujeros» y, por lamentable ignorancia, también para esos ecologistas que, desconocedores de dónde proceden casi todos los utensilios, artilugios y aparatos que utilizamos, se esfuerzan en difundir la estúpide especie de «Mina, no»,»Oro, no», «Uranio, no», etc., reduciendo nuestra capacidad de emplear los recursos naturales para generar empleo y riqueza en territorio español, obligando a importar los productos acabados que precisamos (y hasta materias primas), de otros países.
No es cuestión de aprovechar la festividad para poner de manifiesto que los ingenieros de minas no solo tenemos que ver con la minería, sino con casi todas las tareas que pueden desempeñar, con solvencia, los ingenieros. Pero aquí lo dejo. También es digno de resaltar que los mineros han demostrado, desde que empezaron a cerrarse las minas (las de carbón, en particular), su capacidad de readaptación, como trabajadores duros, bien formados, inteligentes como los mejores.
Los miembros de la familia minera celebramos a Santa Bárbara junto a todos los que también dominan el fuego, o así lo pretendemos: artilleros, artificieros, fabricantes de petardos y otros hacedores de ruido, electricistas, bomberos… A todos ellos les felicito en el día de nuestra Santa Patrona.
Puede que algunos duden acerca de la existencia de esta mujer singular con historia que parece vinculada a la fantasía colectiva. Pero los hombres y mujeres de la mina y, seguro que los que trabajan en las otras profesiones relacionadas con el fuego, podemos atestiguar que hace milagros. Será porque, sentada al lado de la necesidad, nos impulsa a utilizar el arrojo y el ingenio cuando es el caso, pero pocos serán los que no han sido testigos de hechos fabulosos cuando se la invoca.


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