Hace ya años, publiqué una semblanza de mi tío Manolo Carrio. Hace unas horas, mi prima María del Mar me comunicó su muerte, mientras dormía. Era ya mayor. Muy mayor (92 años). Ha sido para mí, como para la mayoría (¿todos?) de cuantos le conocimos, un ejemplo a seguir.
Le dediqué algunas entradas en mi blog, pero en este día especial, quiero conectar mis sentimientos a esta en concreto:

Lamento la muerte de tu tío. Ya leí en su momento tu comentario sobre su persona y lo he vuelto a leer. Me parece que fue una persona de las que dejan huella y eso es muy de agradecer y no tan frecuente como nos gustaría. Se aprecia que le querías y eso hace mayor el pesar por la pérdida. Estamos en tiempo de orfandades y esta para ti es, sin duda, una más. Mi más sincero pésame. Pilar
Gracias, Pilar. El comentario al que haces referencia, y que he conectado desde éste lo escribí cuando mi tío cumplía 86 años y se lo leí. Complacido, pero modesto hasta la médula, me pidió que lo borrara, porque su vida no interesaba a nadie, y a él le bastaba estar satisfecho con lo que había podido hacer en ella. Siento su marcha, pero no me siento especialmente huérfano. Desde hace ya algún tiempo, me parecía que era yo quien le estaba devolviendo las consecuencias del afecto que me tenía y de lo mucho que compartíamos. Este verano pensaba llevarle, como me había pedido, la colección completa de Linkweak, el personaje de cómic del que él fue el primero en conocer algunas viñetas. «Haz que termine bien», me aconsejó. Estoy en ello. (Por cierto: le di a Pablo una copia de las primeras versiones en mayo de 2012, ¿te acuerdas?)
Pues es una gran suerte tener la sensación de que consigues devolver a alguien lo que te ha dado antes. Muchas veces no da tiempo. Yo tengo especial tendencia a sentirme huérfana de quienes me han aportado mucho y se van marchando. Si recuerdo que le diste a Pablo una copia de los comics que citas, pero no los leí, temo que administro mal mi tiempo. Los trataré de recuperar. Un abrazo, nos vemos en breve.