Los ingenieros no estamos de moda, si estar de moda se asocia con ocupar espacios en la prensa, en los debates televisivos o en los ministerios. Nuestra misma formación académica nos invita, además, a ser prudentes a la hora de expresar una opinión en terrenos que desconocemos, puesto que la especulación sin fundamento repugna a la mentalidad técnica.
Sin embargo, podemos ser vehementes y hasta revestirnos de petulancia cuando nos encontramos en una reunión o tertulia en la que se opina por intuición o sentimientos sin valorar las dificultades o condicionantes de un proceso, en especial si afecta a un tema que profesionalmente nos afecta y estamos seguros de conocer bien.
Las carreras de ingeniería siguen siendo difíciles, reclaman años suplementarios de estudio y muchas horas de hincar los codos en los pupitres. Esa dedicación no se corresponde, sin embargo, con los honorarios que la mayoría reciben, ni tampoco ofrecen perspectivas curriculares atractivas, al menos en el actual momento socioeconómico.
Por supuesto, no son las carreras de ingeniería las únicas que presentan dificultades especiales ni las que exigen tanto del alumno como del profesional, entrega y sacrificio. Solo que quiero enfocar este Comentario en un concreto sentido, y esta introducción pretende ayudarme y ayudar al lector a entender mis argumentos.
Apreciaciones sociales circunstanciales aparte, no debería ser objeto de polémica que los ingenieros hemos sido y somos parte fundamental del desarrollo y, por tanto, la calidad de la ingeniería de un país está relacionada directamente con la consecución de altos niveles de bienestar y con la mejora de las condiciones de vida.
En fin, la buena formación de los ingenieros debe ser una cuestión central de una sociedad y no hay atajos para llegar a la excelencia. (1) Si queremos apoyar el conocimiento, la investigación, el trabajo bien hecho, la responsabilidad en la ejecución y la seguridad de lo ejecutado, necesitamos que nuestras Escuelas Técnicas y Universidades se ocupen de formar profesionales de alto nivel, con base ancha de conocimientos.
Viene esto a cuento porque en el seno de los debates que sirven para planificar la formación académica y el destino curricular de unos concretos profesionales, los oficiales de los Ejércitos españoles, se han introducido, con buena intención, pero en mi opinión con orientación equivocada, las titulaciones de ingeniería civil.
Para facilitar, se dice, la integración en la vida civil de los oficiales que deberán entrar obligatoriamente en la reserva cuando no aún habrán alcanzado la edad de jubilación (2) , se está ofreciendo -de acuerdo con el RD 1723/2008- la opción de seguir simultáneamente la carrera militar y la obtención de un grado (en la terminología de Bolonia).
La primera promoción de tenientes acogida a esta modificación obtuvo sus despachos en el Centro Universitario de Defensa (CUD) de Zaragoza, recibiendo, además de la titulación de oficial, la de graduado en organización industrial. Actualmente hay cuatro CUDs: además, del de Zaragoza (en donde se puede obtener el máster en técnicas de ayuda a la dirección), en Cartagena (donde también se obtiene el grado de organización industrial), en Madrid (donde se obtiene un grado en Medicina), y en Pontevedra (en la Escuela de Marín, para los oficiales de la Armada, que saldrán con el grado de organización industrial).
No me parece que haya existido el imprescindible debate antes de lanzarse a esta decisión.
En primer lugar, porque los grados o máster han de ser habilitantes -esto es, reforzados por una Orden Ministerial o Real Decreto que autorice para el ejercicio reglado de la profesión) para que los egresados puedan disponer de verdadero acceso al mundo laboral con plenas garantías. En segundo lugar, porque la experiencia adquirida en los Ejércitos es muy diferente a la que se necesita en la vida civil (incluso, para ejercer el grado de medicina, equivalente a los antiguos enfermeros). En tercer lugar, porque se está hurtando o evitando un problema de las Fuerzas Armadas actuales (y futuras): la necesidad de una alta cualificación para la guerra -y la defensa- no convencionales, en las que el mando sobre tropa es cada vez menos importante en relación con el conocimiento de las TICs y del armamento sofisticado de nueva generación.
Y, en fin, tampoco se ha considerado en mi opinión, que lo que se necesita con urgencia, en el campo civil como el militar, es conseguir formar a cuadros con muy altas cualificaciones, capaces de integrarse en los Centros de Investigación del Ejército, ya sean directamente dependientes de Defensa o de carácter mixto (por supuesto, en gran parte, en desarrollo de programas europeos). Equipos humanos y material dedicados a desarrollar tecnologías y procesos de alta, tanto de uso militar como de doble uso.
(1) Discrepo de lo indicado, aunque no en forma frontal, en la recogida de su galardón como alumno distinguido de Bachillerato, por el nieto del admirado Francisco Tomás y Valiente -asesinado por ETA en 1996-, cuando pareció contradecir al nuevo presidente de la Comunidad de Madrid, Angel Garrido (que habló después que él), defendiendo que, con preferencia a jugar a la excelencia, la sociedad debe preocuparse por recuperar a los rezagados, es decir, buscar la equidad en la enseñanza.
Mi discrepancia no se fundamenta en la intención de entrar en discusión con argumentos bien intencionados y de orientación solidaria y ecuánime. Pero necesitamos élites para que los que normales encuentren mejor acomodo. Y las élites se forman en centros de alta cualificación, sin el estorbo de los que no quieren o no pueden seguir el ritmo de los mejores. Esos Centros adecuados cada vez nos faltan más en esta España disoluta y son especialmente necesarios en la Universidad, caída en un deterioro indescriptible.
(2) La cuestión tiene su origen en la decisión de reducir el Ejército profesional a 120.000 efectivos con un máximo de 20.000 oficiales. Tiempos aquellos en los que España alardeaba de tener un Ejército de medio millón de soldados y mandos y el paso por los campamentos y centros de instrucción era obligatorio para aquellos varones que no alegábamos ningún impedimento.
El ave que he fotografiado es el esquivo Cetia ruiseñor (conocido como ruiseñor bastardo), cuyo canto sonoro, de naturaleza explosiva, puede sorprender al paseante a las orillas de ríos, embalses o canales en donde existan arbustos o carrizos espesos. Tímido y reservado, permanece oculto en la maraña arbustiva, y solo raramente asoma para atrapar un insecto o cambiar de lugar. Su identificación no es sencilla, a salvo de su canto inconfundible. Físicamente, se parecen (macho y hembra son similares) al carricero común (acrocephalus scirpaceus) y a la buscarla unicolor (locustella luscianoides)


Hola buenas,
Respecto a los GIOI (Grado en Ingeniería de Organización Industrial), la verdad que a mi concretamente me parece un acierto.
Es decir, poniendonos en situación, este título es dirigido a futuros militares que 1ro pueden y deben ejercer sus competencias dentro de su actividad militar. Por ello intentar circunscribir sus competencias a ingenieros estructuralistas-zapadores, o eléctricos o de armamento (mecánicos), cuando apenas alguno ejercería al no tener el ejercito fabricas de armas y poderse pasar toda la vida profesional sin haber calculado ni tan siquiera una pasarela, o instalación mecanico-eléctrica, me hace pensar que globalmente lo estudiado por los GIOI, q es absolutamente transversal en ámbitos técnicos (diferentes ramas técnicas), y que incluye los propios de gestión organizacional, aparte de aplicaciones de la Investigación Operativa, hará de los oficiales y mandos del ejercito personas orientados hacia la resolución de problemas de tipo más «cotidianos», como simplemente estudios de aprovisionamiento, despliegues tácticos, gestión de personal-factor humano, implantación de soluciones informáticas (ERP’s, etc…), y otras competencias que bien podrián ser perfectamente demandadas en el sector civil.
Quiero decir, que ¿cuantos Ingenieros firman proyectos del total de los ejercientes?. Y en todo caso por las leyes actuales, las competencias profesionales según el TS las dan los planes de estudios, más que propiamente la especialidad en el àmbito (Minería, CCyP, Industriales, Agrónomos,…), por lo que incluso en caso de querer firmar proyectos, a los GIOI está vía no les estaría aparentemente vedada, exceptuando las poquísimas reservas competenciales q aún existen como el tema de explosivos por los de Minas.
Conclusión, frente a lo vertical en ámbitos como el ejército, tal vez mejor transversalidad que provee de una versatilidad mayor en diferentes àmbitos organizativos. Me baso mismamente en q los oficiales son usados en actividades muy genéricas, desde compras, interpretación de balances, etc…
Carlos, Gracias por darnos su visión en este blog. Tengo que precisar que estoy de acuerdo con la idea de la transversalidad o aplicabilidad de las enseñanzas de los oficiales militares y la prevista para aplicación civil. En ese sentido, me parece un acierto todo cuanto signifique potenciar la formación de los militares para que, cuando tengan que retirarse forzosamente a una edad temprana, no se encuentren desasistidos, con una pensión simbólica y sin posibilidades claras de conseguir empleo en el mundo civil. Mi Comentario no iba en esa dirección (no lo pretendía, al menos), sino en resaltar que debe elegirse cuidadosamente la titulación compartida, para no engañarse ni engañar. Me va a permitir que reserve la ampliación de mi opinión para un comentario posterior, pero reitero que su apreciación coincide con la mía, salvo en la cuestión de la interpretación de las reservas competenciales. Una cosa es que existan, por Ley, reservas de competencias para algunas profesiones concretas y en ejercicio específico de su especialidad, y otra cosa es que se trate o no de enseñanzas regladas, que son las que autorizan para firmar proyectos, por ejemplo. Hay mucha confusión con la proliferación de grados e incluso máster con pomposas denominaciones que solo suponen, en la práctica, la posesión de un diploma (un papel, en resumen) sin valor oficial.
Buenas de nuevo.
Debate muy interesante el actual de las competencias, y titulaciones frente a en su caso las tal vez verdaderas necesidades sociales.
A la espera de esa ampliación del comentario prometida, quería ahondar en el debate de si lo q importa es defender títulos «desde muy antiguo regulados» y cerrados, o q la regulación abrá el abanico competencial para que cualesquier profesional de la ingeniería pudiera mostrar-aportar sus competencias tras su adquisición en los programas de las carreras de ingeniería e incluso de física y química+asignaturas libres sin las engorrosas convalidaciones a posteriorí.
Quiero decir, q en efecto para ser ingeniero eléctrico según el grado pertinente (antiguos ITI), la orden CIN define las áreas a estudiar y las cargas lectivas en Créditos, y yo me pregunto y ya que las Autoridades de la Competencia (es decir, el gobierno de todos) y los Tribunales optan por la lógica de las competencias adquiridas frente a la regulación profesional, para ser «competentes», no sería mejor proponer la definición de nuevas ordenes CIN de manera más flexible y obligar a las Universidades a hacer pasarelas entre diferentes grados con competencias técnicas similares (un cable eléctico y un diferencial se calcula de la misma manera en un aeropuerto, en una carretera, en un hospital y en una mina pese a q les apliquen diferentes normativas).
Un ejemplo sería mísmante q un Ingeniero de Minas en base a su plan de estudios tal vez con apenas 6 cr. (Incluso exagerando), que pudiera firmar proyectos de ingeniería eléctrica o mecánica o estructurales (conocimientos ampliamente superados por los de Minas) sin q los Colegios de Ingenieros Industriales anden a la gresca en tribunales o llamando a Concejales afines o ignorantes para que denuncien las firmas de los de Minas (o de Montes, etc…).
No sería mejor q uno solo demostrara q cumple, por decir algo, con los 60 Cr. de ingeniería eléctica aparte de las bases de la ingeniería (comunes a todas las ingenierías), para poder firmar una instalación eléctrica?.
A esos GIOI del ejercito tal vez con 36Cr más (medio año universitario), pudieran «convalidárseles» sus estudios tras estas pasarelas inter-Grados de Ingerierías.
¿Que opina Sr. Arias como Abogado e Ingeniero, y por q esto q yo veo clarísimo en ninguna Universidad se oferta aún pese a estar algunas famélicas de alumnos!!?
En las Ordenes CIN de los Master en Ingeniería, por ejemplo, no se exige para cursarse que uno sea esto o lo otro si no que sus estudios sean equivalentes al del Grado de su propia rama (más o menos), q en su caso deberá demostrar y ser evaluado por la Universidad y en su caso complementarse con alguna asignatura extra.
Otro ejemplo en este caso en una competencia exclusiva: ¿q costaría q un Ing. De C.C. y Puertos haciendo mismamente 10 créditos de asignaturas en explosivos pudieran firmar demoliciones y voladuras?
No se, pero me parece q el corporativismo tapa a los mejores y coarta carreras y «economía nacional» poniendo barreras artificiales tal y como denuncian esas autoridades de la competencia.
Un saludo.
Tus pensamientos sobre la ingeniería siempre son interesantes para mi.
En todo caso la fosa en la que han caido nuestras carreras, por dejadez, falta de compromiso de nuestros colegios profesionales, repletos de «instalados», y demagogia en la Escuelas, sin niveles aceptables de exigencia y compromiso. Así como la «desingenierización» de los docentes, la mayoría no han pisado una fábrica, nos ha conducido a una carrera sin valor y pocas garantías para el contratante.
El tema militar es en este momento intrascendente. Estando así, ¡que más da!.
No veo con claridad unas vías para reconducir este «¿desastre?».
Se podría decir: cerrar dos tercios de las escuelas, intervenir desde Industria los estudios, volver, como en el MIT mantienen , a altas exigencias de Matemáticas, Física y Tecnologías?. Se podría pensar al respecto, si alguien quiere oir….