El recoleto Paraninfo del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN) tenía algo más de media entrada, circunstancia que no se correspondía, en absoluto, ni con la calidad de los conferenciantes previstos, ni con el tema de debate: «Presente y futuro de la Política Común de Seguridad y Defensa». El acto tuvo lugar en Madrid, el 22 de septiembre de 2015.
La intervención estrella fue, sin duda, la de Javier Solana, que, en un tono distendido, pero con plena solidez argumental, desgranó su visión respecto al asunto que nos traía allí.
Para el ex-Representante de la UE para la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) existen tres líneas de «potencial fractura o división» en el panorama geopolítico: a) la frontera norte-sur, de naturaleza económica -con la que creí entender se refería, tanto a la divergencia de planteamientos entre la Europa rica y el arco mediterráneo, pero, también, a la presión desde los países del norte de África por acercarse a la idea de bienestar europeo; b) la nueva frontera este-oeste, de importancia sustancial para los países del llamado grupo Visegard (la vieja unión V4, que tiene sus hondas raíces ni más ni menos que en 1335, entre Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia), siempre pendientes de la problemática rusa; c) la relación con Estados Unidos, que ha pasado a ser menos fluida.
Javier Solana expuso, en relación con la problemática migratoria y el tratamiento que están dando a los grupos de exiliados forzosos en algunos países, puesto de actualidad dramática por la cuestión siria, que no se debe olvidar que Polonia y Hungría carecen de experiencia en la asimilación de emigrantes. Ve déficits, también, respecto a la asimilación de lo que significan los acuerdos Schengen, que calificó de esenciales para la reconstrucción europea. «Hungría no cumple los criterios de Copenhague, y, si se estuviera decidiendo hoy su entrada en la UE, no sería aceptada» -matizó.
«Quienes nos llegan como refugiados tienen su origen en un conflicto armado en su país, y la UE no ha hecho nada para evitarlo. El problema es diferente al que España tuvo con quienes llegaban en pateras, porque había contactos previos con Marruecos y otros Estados, y se podía pactar con ellos. En la situación siria, no existe Estado con el que pactar». Por ello, concluía -en una expresión que volvería a utilizar en la conferencia- «El tema de los refugiados está aquí para quedarse».
Para solucionar el conflicto («esta guerra hay que pararla»), hay que tratar con Rusia, que «nos ha ganado la partida a los europeos». El formato que propone es el mismo que se siguió con Irán, que implica un acuerdo con contraprestaciones; en este caso, analizar con Rusia el tratamiento a la frontera este. Ve como positivo para avanzar en esta dirección, la referencia al acuerdo de alto al fuego en Minsk (febrero de 2015), que se está cumpliendo., razona
Respecto al futuro de Al-Ashad, el razonamiento de Solana, tal como quedó expuesto, tiene varios elementos: ante todo, es imprescindible evitar un vacío de poder total en Siria: la experiencia de Irak ha de servir para evitar esta situación, por lo que habría que contar con algunas de las fuerzas alauitas que estuvieron en el bando de Al-Ashad y, si se llega a un acuerdo, ofrecer la garantía de algún tipo de presencia militar sobre el terreno.
La urgencia de empezar a trabajar (políticamente) por la seguridad de Europa fue puesta de manifiesto en varias ocasiones por el conferenciante («el momento es ahora»), si bien no se mostró partidario de modificar los Tratados vigentes: «El artículo 44 regula que el Consejo puede llamar a una coalición de Estados miembros, y se debe tomar en consideración el concepto de «cooperación estructurada» -quien puede, tiene que querer- en distinción al de «cooperación reforzada». En definitiva, apoyó que, al igual que se han trazado objetivos para una unión monetaria, energética, agraria, etc., se debe ir hacia una «unión de defensa», lo que exigirá cambios en el comportamiento, revisión de capacidades, y mejora de gestión de éstas.
Javier Solana recordó que los 28 países sostienen ejércitos individuales que, en conjunto, cuestan a sus erarios unos 200.000 millones de euros, con un beneficio real difícil de evaluar: es imprescindible «gastar mejor», y la solución está en gastar mejor ese presupuesto. «La Alianza Atlántica solicita aumentar el gasto en defensa en un 2%, incremento al que no se va a llegar…pero se alcanzaría mayor rentabilidad con un menor incremento, si se actuara unidos».
Las dificultades de llegar a un acuerdo en el corto plazo, también fueron puestas de manifiesto por Solana, que recordó que en 2015 habrá elecciones generales en Portugal, Dinamarca y España; en 2016, tendrá lugar el «capital referéndum» británica, y elecciones en Francia, Alemania, Países Bajos, Irlanda y Eslovaquia.
Tal vez para tratar de abrir el coloquio con un mensaje positivo, el comerciante recordó «la carta de los cinco Presidentes de la Unión», (1) divulgada el 22 de junio de 2015, en la que presentaron un plan para profundizar en la Unión Económica y Monetaria (UEM), que debería completarse en 2025.
Abierto el coloquio, Javier Solana respondió con agilidad a preguntas sobre Libia («Libia tiene petróleo, y si hubiera estado, podría sobrevivir con sus recursos; en Tobruk existe un gobierno alternativo dominado por Egipto»), Turquía («en noviembre habrá elecciones, y se abre una indeterminación sobre la posición del gobierno, ya que existe solapada intención de reducir el número de refugiados, y se pretenderá rentabilizar que desde la base fronteriza con Siria se pueda bombardear al Daesh»), China («empieza a tener interés por la estabilidad fuera de su geografía. Para solucionar la problemática de toda la zona, habría que sentar a la mesa, además de a Rusia, Estados Unidos y la Unión Europea, a China, Irán, Arabia Saudí y Turquía»)
La Jornada proseguiría con intervenciones igualmente interesantes. La mesa redonda, dirigida por el ex-Ministro de Defensa. Julián García Vargas, aportó nuevos elementos para entender aspectos del tema, que he recogido, con mi voluntad de aprendiz permanente, en mi cuaderno. Pero no voy a transcribirlas aquí y ahora, pues me reclaman otros temas.
La vida sigue, los elementos que captan mi atención son siempre demasiado ambiciosos para mis capacidades y el tiempo de que dispongo. Que me disculpen los demás conferenciantes. Y el lector amigo que hubiera tenido curiosidad por conocer más detalles.
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(1) El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker; el presidente de la Cumbre del Euro, Donald Tusk; el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem; el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, y el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz.

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