España es un país torístico, lo que le confiere muchas cualidades adicionales. Por ejemplo: La fiesta nacional se llama corrida, que es una de las pocas palabras del idioma español -que catalanes y otros amigos de llamar a pan, panceta y al vino, clarete, entienden que debe renombrarse como castellano- que, junto a torero, Messi y sangría conocen la mayor parte de los ingleses que no saben hablar nuestra lengua a la perfección (que existen, desde luego).
A muchos españoles, especialmente si han nacido en una población lindante con el País Vasco llamada Pamplona, les gusta ver correr a los toros por las calles. No todos los días, a veces. Esta manifestación de algo que no tiene nombre definido, aunque se han propuesto muchos, (no del todo elogiosos la mayoría), sucede todos los años, con ocasión de la festividad del santo Patrón de la ciudad, llamado Fermín, que, según parece, era mayoral de una ganadería.
La velocidad que alcanza un animal de aproximadamente media tonelada de peso, cuando se lanza a la carrera, puede ser aumentada algo si delante del mismo se ponen a correr también unos cuantos miles de personas con un pañuelo rojo al cuello. Según ensayos no científicos, llegarían a alcanzar hasta los 40 y los 45 km/h, en trechos cortos y en descenso; mayor velocidad de la que puede evidenciar un humano en llano (los atletas especializados en correr los 100 m lisos, pueden bajar algo de los 10 s; es decir, podrían jactarse de correr en ese corto tramo a 36 km/h)
En general, se trata, pues, de plantear las bases de un espectáculo divertido -al decir de los fanáticos-, sobre todo cuando alguno de los astados empitona a cualquiera de los humanos -suelen ser, por razones ignotas, australianos o sudafricanos-, y le da unas cuantas volteretas, lo que llega a provocarle terribles contusiones e incluso heridas profundas de las denominadas, en atención a su origen, producidas por asta de toro -que deberían renombrarse «causadas por estupidez manifiesta»-. De todo ello se informa oportunamente en un parte médico, que se difunde al acabar la carrera mixta, y que se difunde por una cadena de televisión nacional en riguroso directo.
No es el único espectáculo en el que gente no profesional se pone en peligro porque sí. Hay toros embolados, bous con teas, cornúpetas lanceados a caballo, juegos que tienen por fin hacer caer al bicho al agua, etc.
Como no solo de torismo vive un país, España ha apostado de forma decidida por poner en valor el sol, particularmente, combinado con arena, agua de mar y barra libre. Los ensayos iniciales de esta idea se llevaron a cabo en Ibiza y fueron un completo éxito, consiguiendo poner el nombre de San Antonio -otra manifestación de la devoción católica que es signo identificador del país- de moda en todo el mundo, en especial, en Inglaterra y Suecia. Hoy, Magaluf ha recogido la antorcha, y otras poblaciones de la costa rivalizan por poner el escenario al espectáculo lamentable de jóvenes drogados, borrachos o, simplemente, desquiciados.
Se está estudiando, aunque con prudencia, para evitar la contaminación con las fuentes del torismo más seguras, introducir en la oferta el conocimiento de la historia y la cultura hispañas, pues aún se conservan algunos monumentos y piezas artísticas, algunos ya en deplorable estado.
Sin embargo, como se ha comprobado que la inmensa mayoría de los visitantes de cualquier lugar -tanto los alóctonos como los autóctonos- cuando viajan, solo están interesados en comer pizzas o hamburguesas y beber cerveza y, según su edad, dar un recorrido rápido por la ciudad o no hacer ninguno, de momento, se descarta la posibilidad de ampliar la oferta, pues siempre se podrán ver tranquilamente en casa las fotografías tomadas a la carrera, en las que la exacta identificación del vestigio de lo que antes se denominada cultura, carece de interés propiamente dicho.
Obviamente, el torismo impide analizar vías para impulsar actividades de otro tipo, ya que, según se ha difundido, el estudio en profundidad, la investigación científica o el reconocimiento del mérito -por ejemplo- exige un cambio de mentalidades para las que, ni en este país, ni en los países desde donde se contempla con admiración nuestra incapacidad para sacar mejor partido a lo que tenemos, no estamos preparados.
(Publicado el julio 18, 2014 como angelmanuelarias)

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