Madrid no es la ciudad en donde nací, pero sí donde vivo, desde hace más de veinte años. Hay cosas que echo de menos y que no se pueden corregir (relativas al paisaje y al paisanaje), y otras que valoro en lo más alto (relativas al paisaje y al paisanaje). Sin embargo, y puesto que estamos nuevamente en período electoral, esta es mi modesta contribución -para ser valorada por quien corresponda- respecto a lo que no funciona bien, y puede cambiarse a mejor:
1. Respecto a la limpieza. Madrid no es una ciudad sucia, pero no está limpia. Las razones no hay que buscarlas únicamente en las empresas concesionarias de la recogida de residuos -una de las tasas más caras de España-, sino en el comportamiento ciudadano:
-hay una proliferación de perros, productores al aire libre de miles de deposiciones (pises y cacas), que, debido a la preferencia de sus propietarios de pasearlos de noche, en donde se amparan en la nocturnidad y la presunta alevosía para abandonar sus excrementos sin recogerlos, se amontonan en alcorques, zonas verdes, parques infantiles, y, por supuesto, en las aceras.
-hay una pandilla de grafitteros, posibles delincuentes -y, en todo caso, destructores de la estética urbana y penalizadores de la economía de probos propietarios de comercio, cuando no gamberros iconoclastas de patrimonio nacional o local- a los que no se qué deformación de la sensibilidad artística ha permitido autoconsiderarse artistas, ensucia con sus aberraciones creativas, cierres de tiendas, ventanas de escaparates, vehículos, puentes y pasarelas, muros, monumentos, etc.
-proliferan fumadores guarros que han encontrado en los alcorques los ceniceros inadecuados, pero útiles, en donde depositan sus colillas y cerillas, acumulación que es de ver especialmente junto a hospitales, cines, restaurantes y bares, etc.-
-no se ha controlado el mal uso de los contenedores para recogida separativa que, además de estar sistemáticamente mal utilizados en sí, sirven como puntos de referencia para que ciudadanos sin respeto alguno por los demás, los utilicen para abandonar junto a ellos, electrodomésticos viejos, muebles destartalados, espejos rotos, etc., sin olvidar a aquellos inadaptados que, incapaces a lo que parece de doblar los cartones adecuadamente para introducirlos por la bocana del contenedor, los dejan al desgaire, formando montón, a su lado, incluso ocupando la calle.
-Aunque ignoro la razón, se permite que decenas de furgonetas de recolectores salvajes (en el sentido de no autorizados, supongo- abran las bolsas de basura, vacíen los contenedores como les pete, para llenar las cajas abiertas de sus vehículos, avanzando a toda velocidad por las calles, especialmente, las céntricas y en las proximidades de comercios.
(continuará).

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