La Primera Edición de FEINDEF se acogió al lema «Tecnologías para una Sociedad más Segura», y se reconoce con el objetivo de acercar al pública en general -pero también al resto de la Administración pública- ese concepto poliédrico, interpretado ad libitum (es decir, como a cada uno le venga en gana) de la «cultura de Defensa». Los organizadores de esta magnífica Feria incorporan un elemento sustancial: la cultura de Defensa como cuestión de Estado.
Ante todo, es de justicia felicitar a Angel Olivares, Secretario de Estado de Defensa (en funciones), a Gerardo Sánchez Revenga, Presidente de AESMIDE y a Jaime de Rábago (Presidente de TEDAE), cabezas visibles de este evento tan oportuno y cuya celebración solo cabe calificar de éxito. No es mi valoración personal, sino la de todos los expositores con los que tuve ocasión de hablar: no lo hice con los ciento cincuenta (ni venía al caso), pero sí con algunas decenas.
Volví a casa cargado de catálogos, revistas y documentos explicativos sobre las líneas más relevantes del sector. Un ejercicio de transparencia y claridad informativa en el que participaron, claro está que también por la cuenta que les tiene, los responsables de las asociaciones, empresas y mandos de las Fuerzas Armadas.
Como considero que es elemento central de la visión que puede adquirirse de nuestro sector de Defensa, pongo énfasis personal en la opinión del Almirante Santiago Ramón González Gómez, responsable de la Dirección General de Armamento y Material (la DGAM)- En la entrevista que le hace la publicación «Perfiles IDS», expresa que aún queda camino por recorrer en la centralización de los programas de compra e interlocución con la industria del sector, que se ordenó en 2014.
Como a los mandos militares, maestros en el ejercicio de la discreción y la prudencia, hay que intentar interpretarlos entre líneas, me parece percibir que hay alguna resistencia entre los responsables de las Fuerzas Armadas para comunicar claramente sus necesidades a la Dirección General, siendo además preciso incrementar la dotación en personal y mejorar la cualificación -imagino que ya muy alta- de los funcionarios integrados en la DGAM, para consolidarla como «cliente único» del sector privado de armamento y material.
El tejido industrial español en defensa tiene -siguiendo con mi lectura libre de esas declaraciones- dos carencias: una, la inexistencia de grandes empresas, aunque disponemos de pequeñas y medianas empresas capaces para integrarse con sus especialidades en programas más amplios que, por tanto, estarán dirigidos por consorcios extranjeros (del tamaño de Lockheed Martin, BAE Systems, Thales Northrop Group (citadas por el Almirante). La otra carencia está en la necesidad de aumentar la transversalidad del sector, activando el intercambio del soporte científico entre las Universidades, los centros de investigación y las empresas.
La superación de ambas carencias tiene que ver con el incremento de las dotaciones económicas para el sector, es decir, con el incremento de presupuestos dedicados a Defensa. Esos recursos no van a servir solo para proyectar el sector hacia la modernización, integrando las capacidades en los nuevos equipos y medios que son precisos para unas Fuerzas Armadas modernas, sino, también, para revisar y poner al día los equipos existentes aún utilizables, necesitados de una puesta a punto que les permita recuperarse de la crisis dotacional de la que provienen.
Por supuesto, la actualización y mejora de las cualificaciones y experiencia del personal que ha de utilizar esos equipos es imprescindible, pues resulta imposible olvidar que la escasez de recursos ha disminuido drásticamente la dotación para prácticas de uso del armamento y material y no se ha podido atender a los programas de mantenimiento preventivo como hubiera sido preciso.
(continuará)
El herrerillo capuchino (parus cristatus) es una avecilla -tiene menor tamaño que el gorrión- de comportamiento y aspecto simpáticos, que, a pesar de su llamativo copete, no es tan fácil de avistar. La razón fundamental es su hábitat específico, pues prácticamente solo se encuentra en bosquetes o bosques de coníferas.
Este herrerillo, junto con su pareja, ha decidido instalarse en los parajes de la Casa de campo de Madrid y sus idas y venidas para conseguir alimentación para la nidada, me han proporcionado la satisfacción del curioso (diríamos en francés, voyer) durante varios minutos. El de la fotografía es el macho, pues la hembra estaba ocupada en la incubación, de la que, en esta especie, es la única responsable.


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