En el Seminario de Minería y Medio Ambiente (Congreso sobre Restauración y Recuperación de suelos afectados por la minería), que tuvo lugar en Sevilla, el 27 de noviembre de 2015, bajo los auspicios del muy activo Colegio Oficial de Ingenieros de Minas del Sur, con el apoyo del Consulado Geral de Portugal em Sevilla, que prestó sus excelentes instalaciones y su calor institucional, tuvimos ocasión de escuchar magníficas ponencias.
Destacaré solo aquí la de Felipe Macías Vázquez, catedrático de Edafología en la Universidad de Santiago de Compostela, con el que el 5 de octubre de 1990, siendo el ya catedrático y yo miembro entonces de la Junta Directiva del Colegio de Minas del Noroeste, compartí por primera vez mesa y mantel en un debate sobre «El mercado energético europeo: Previsión de las alternativas para los años 90», cuya reseña recogí en la muy querida revista ENTIBA.
Repasando aquellas notas, descubro -como curiosidad de la que no voy a sacar consecuencia alguna- que hace 25 años Macías era negacionista del cambio climático, o cuanto menos, escéptico, pues atribuía el aumento de concentración de CO2 a la expansión de los fondos oceánicos, de acuerdo con la teoría de la tectónica de placas, y a fuerzas naturales. Frente a las voces que ya solicitaban restricciones al uso del carbón en las centrales térmicas, manifestaba que nada podríamos oponer desde la piromanía occidental a la intención de los países menos desarrollados de utilizar las fuentes energéticas propias para mejorar sus economías.
El catedrático Macías se ha hecho un poco más mayor, pero conserva idéntico impulso juvenil, talante didáctico y capacidad de convicción. Desde hace años, se ha especializado en la recuperación de suelos degradados, especialmente en los afectados por explotaciones mineras, mediante la incorporación de suelos sintéticos que actúan de elementos de sellado.
Los sulfuros -explicó- se mantienen estables en tanto que exista suelo que les separe del aire, es decir, en condiciones estrictamente anóxicas -y no solamente referidas a la ausencia de oxígeno, sino de cualquier oxidante. En los demás supuestos, los sulfuros son termodinámicamente inestables, y el proceso es catalizado por millones de organismos que se han adaptado a acelerar las reacciones químicas de oxidación, absorbiendo las cargas negativas de las arqueobacterias (1), que solo subsisten en ambientes anóxicos.
En consecuencia, se entra en un proceso en bucle, hasta el agotamiento de todos los sulfuros, y las reacciones oxidativas utilizan todo el Fe+3. La cadena se rompe si evitamos la formación de Fe+3, lo que necesita un medio que controle el pH. De otra forma, al quitar el suelo, mecanismo tampón natural, el hierro se transformará en jarosita.
A la hora de definir un suelo artificial que reconstruya la situación tampón, impidiendo la oxidación de los sulfuros, los aliados son los compuestos de hierro, como la ferrihidrita -el mejor-, la goethita, la hematites, la schhwertmanita y, en peor medida, la jarosita. Al fabricar ese suelo artificial -denominado tecnosol-, reconstruimos, de forma específica para cada problema, lo que la naturaleza ha conseguido en miles o millones de años. Macías lo llama «tecnosol a la carta», porque, adecuadamente elegido, es más eficiente que la tierra vegetal.
El mejor ejemplo -o, al menos, el más conocido en nuestro entorno-, hasta ahora, en la aplicación de estas teorías de intervención para la rehabilitación de suelos degradados, es el de las Minas de As Pontes-mereció el Premio de restauración europeo-. Como el catedrático Macías resaltó, la elección del tecnosol adecuado es clave: con andosoles aulándicos se consigue el crecimiento para corta de los eucaliptos en 9 años, en tanto que con tecnosoles eutróficos y silándicos, se reduce el tiempo para corta a 6 años. (2)
«El verde -dijo Felipe Macías- es importante, pero no lo es todo. Además, del impacto visual agradable, permite proporcionar alimento a la fauna, recuperar la calidad de las aguas…y tampoco se puede olvidar que toda la biomasa se convierte en micromasa reductora, actuando de protector e impulsor de un crecimiento sostenible».
Uno de los aplausos más prolongados de los que se escucharon aquel día en la sala del consulado premió su intervención.
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(1) Los organismos denominados arqueobacterias, forman un dominio separado, Archaea. Aunque fenotípicamente son muy similares a las bacterias, y la mayoría se reproducen también con fisión, poseen características diferenciadas, entre las que se cuentan la ausencia de paredes celulares con mureína, y la presencia de lípidos de membrana que incluyen enlaces éter y no éster, siendo característico el pseudopeptidoglicano formado por N-acetil-glucosamina unida a N-acetiltalosaminomurámico mediante enlace β-1,3.
(2) En un primer momento, me proponía incorporar a este comentario las definiciones de cada término (extraño para profanos) y, también, expresar la composición de los diferentes minerales de hierro que nombro. Pero luego pensé que a lo mejor el lector interesado y que, por no haberlo sabido nunca o no recordarlo ahora, quisiera saber el alcance exacto de los diferentes vocablos que aquí utilizo, de uso, desde luego, poco común, podría pasar un rato divertido hurgando en la Wikipedia.

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