Hace tiempo que no publico en este blog alguno de mis poemas. Entre el 1 de enero y el 14 de febrero de 2017 escribí los casi cien poemas que componen el libro «Amar sin tener gozo». Este que ahora incorporo hace el número 75 y está escrito el 13 de febrero.
A una colega de la ingeniería
Te di a leer
esta libreta
y la abriste al azar
por mi mejor poema.
«Es demasiado largo»
objetaste, al primer golpe de vista.
«Y demasiado profundo»,
añadiste. -«Son dos juicios demoledores
sobre las dimensiones superlativas
de una obra modesta», balbucí.
«Buscaré algo más corto», replicaste,
hojeando entre la hojarasca
de versos.
Me devolviste mi manuscrito
con una bella sonrisa y una flecha:
«Te voy a dar el teléfono
de un amigo poeta».
Me has interpretado mal,
no busco poetas, ni siquiera
me interesan ya musas.
Quiero lectores,
no hembras.
Las hoces del Duratón ofrecen escenarios de excepcional belleza. El afluente del Duero («Duero pequeño») ha horadado durante milenios las formaciones calizas, generando impresionantes murallones en donde ahora crían buitres, alimoches, águilas, cornejas… Resulta inolvidable, a la caída de la tarde, advertir a los buitres leonados planear sobre nuestras cabezas, en sucesión continua, sin apenas un aletear.
No resulta posible dilucidar si tanto ir y venir corresponde a su curiosidad por el momento en que nos convertiremos en apetecible carroña, o si, como parecería más probable, simplemente se encuentran molestos porque estamos perturbando su período de crianza y esperan que nos vayamos de una vez con la nuestra.

