Hoy por la mañana, mientras cubría mi dosis diaria de bicicleta estática en el Gimnasio Municipal, en la pantalla de televisión incorporada al aparato (el equipo tiene una pequeña pantalla, en la que se puede elegir entre varios canales de televisión, además de graduar la intensidad de la pedalada y otras lindezas), escuché la entrevista que el admirable Xabier Fortes, en los Desayunos de la TVE1, realizó a Adrián Barbón, candidato por el PSOE a la Presidencia del Principado de Asturias.
Estoy bastante desconectado de los detalles de la política local de mi tierra natal y no conocía a este Barbón. Debo reconocer que me gustó casi todo lo que decía y cómo lo decía. Sucede en las listas de los socialistas asturianos a mi colega ingeniero de minas Javier Fernández, último presidente -hasta ahora- del Principado más fiel de los que tenemos en España.
Quiero entresacar de esa entrevista algo que expuso el candidato en relación con la forma de sentirse español de los asturianos. Aunque lamento no poder reproducir sus palabras exactamente (he consultado en internet y las reseñas que he visto enfatizaban otros aspectos de sus declaraciones), la idea era ésta: los asturianos tenemos una profunda conciencia de singularidad regional, pero nos sentimos españoles sin resquicios ni matices.
La singularidad regional, que es característica amalgamadora del carácter de los asturianos, allí donde nos encontremos, incorpora muchos elementos, que van desde la capacidad para disfrutar del paisaje, llueva, truene, haga calor o nieve, hasta la manera de integrar, como si fueran amigos de toda la vida, a los extraños. Lo singular de Asturias pasa por vigilarse estrechamente entre nosotros, ponerle zancadillas al amigo y apoyar hasta la extenuación a un desconocido al que, por lo que sea, nos cayó simpático o lo vimos necesitado.
Lo asturiano es acomodarse a trabajar en la oscuridad de la mina, en el calor de las acerías y fundiciones, en la soledad y asperezas del campo o en las alegrías del vino, la sidra o la cerveza tomadas al salir del trabajo o de la cola del paro. Es singular de lo asturiano disfrutar de los momentos, lamentarse sin estridencias de lo que viene mal, acomodarse a lo que haga falta. El asturiano es emprendedor, tiene capacidad de sacrificio, pero sabe gozar y ser buen compañero.
Y es profundamente asturiano sentirse orgulloso de serlo, y, por encima de esto, como una capa impermeable a toda impertinencia, saberse español y defender a España.
Cuando escuchaba atentamente a Barbón, al que veo como futuro presidente de Asturias, recordé mi última estancia en Cataluña y mi hastío al ver los letreros garrapateados en muchas paredes y demasiados lugares en donde se leía «Españoles, fora», «Españoles, hijos de puta», alternando con soflamas de Libertad para los presos políticos o Democracia para Catalunya.
Tenemos un grave problema con algunos catalanes (digamos que, con la mitad), que quieren ser solo catalanes y saltarse un paso para auparse como europeos. No los entiendo, ni, por supuesto, entiendo a esos líderes de pacotilla que los han conducido al error, el inmenso error, de querer saltarse un paso, pretendiendo que se puede ser catalán y europeo sin ser, por intermedias, español.
No creo que el juicio por el Procés vaya a solucionar nada (espero y deseo que los magistrados del Tribunal Supremo no flaqueen y la condena sea ejemplar y, por supuesto, bien documentada); nos está costando mucho dinero a todos los españoles. No creo que la permisividad de la Junta Electoral, admitiendo que prófugos de la justicia se puedan presentar a las elecciones del 26 de mayo de 2019 sirva para nada; es decir, encorajinará aún más los ánimos de los que juegan a ser insurrectos y a no sentirse españoles.
La verdad, no se me ocurre qué se podría hacer, salvo pedir a esos catalanes y a sus guías intelectuales que no quieren ser españoles, que viajen.
Que se vayan a Asturias, que conozcan a muchos asturianos. Contextos de ser españoles, junto a los andaluces, los extremeños, los gallegos, los vascos, los riojanos, los canarios, los valencianos, los mallorquines, ….(no cito a todos los patronímicos regionales para no cansar al lector, pero los invoco a todos) y, sí, junto a los catalanes.
La bisbita pratense (anchus pratensis) es ave paradigmática de las bisbitas, de porte esbelto y delgado, de alas largas y con final puntiagudo. Es un pájaro que prefiere el suelo para buscar su alimento, compuesto de insectos y semillas. Tiene el pico fino, las patas de color rosáceo y la uña posterior, larga y algo curvada. El animal fotografiado, en una de las islas afortunadas (Canarias), tiene el plumaje de primavera, ya algo desgastado y descolorido, pero mantiene las listas oscuras de los flancos y el pectoral. Distintivo de las bisbitas pratenses es el vuelo y la andadura, pero…eso ya no queda reflejado en la fotografía.

