Para aquellos muy jóvenes o francamente desmemoriados, recuerdo que el titular de mi comentario guarda forzada similitud con una frase antológica del entonces torero Jesulín de Ubrique, matador de éxito antes de que cayera en las fauces de la devoradora mediática. Cuando un entrevistador quiso saber qué opinaba de la vida, Jesulín contestó, sin inmutarse: «La vida es…como el toro».
La frase hizo época, es decir, tuvo vida mediática por mucho tiempo. Como el voraz Cronos todo lo fagocita, no puedo adivinar si, dadas las vicisitudes posteriores del sobrevivir del simpático gaditano, éste seguirá entendiendo que la metáfora es correcta para definir su propia vida. Me apropio del gancho expresivo de la frase para actualizarla según mi conveniencia y el correr de la actualidad que hoy nos ocupa para especular que, en este momento, «la vida es…como el fútbol».
Cuando esto escribo, estamos en medio del enésimo campeonato de fútbol internacional, en este caso, competición entre países de la Unión Europea. El equipo de España juega hoy, 6 de julio de 2021, contra el de Italia, después de un periplo lleno de incertidumbres y momentos llenos de emoción. No tuvo la selección española, hasta ahora, una trayectoria brillante, con gol en propia puerta, empates sin chicha ni limonada y hasta un decidir por penalties, resuelto en el último momento, es decir, cuando todo parecía perdido, convirtiendo en héroes por unos días, tanto al portero del equipo que defiende honores patrios, que detuvo dos penas máximas del contrario como al delantero propio que marcó el último disparo de balón de su tanda.
Más de ocho millones de espectadores vieron estos partidos de media y doy por seguro que la inmensa mayoría han pasado por todas las emociones posibles en la hora y media (máximo, dos horas) que duran estos encuentros.
La vida es como el fútbol, y la política tanto más, porque, cuando esta competición se acabe -si perdemos hoy, será el final para nuestra participación-, tendremos héroes por unos días, páginas en los periódicos, incluso fuera de las páginas de deportes y análisis serios y sesudísimos sobre lo que se hizo o podría haberse hecho.
La vida es fútbol porque ese juego de pelota, que nada sirve para representar patrias, fobias no filias, recibirá más atención que la grave situación política y económica que atraviesa España, como una lanza. ¿Habrá comentarios, discusión productiva, propuestas útiles, críticas con sentido? No no hace falta. La inmensa mayoría practican/practicamos el «wait and see», esto es, siéntate a ver el partido, disfrútalo, que, hagas lo que hagas -aplaudir, llorar, gritar, vociferar, animar, discutir, el equipo en el campo hará lo que pueda.
Si gana, si Sánchez acierta, estupendo. Si pierde, si la situación se hace aún más espesa… no hay problema. Esperaremos al próximo campeonato.
Porque la vida, y especialmente la política, es como el fútbol. Así piensa la mayoría del personal. Uno se sienta, el vaso de cerveza y las aceitunas al alcance de la mano, y a disfrutar del partido.
Solo que, aunque no lo creamos, en el terreno de juego de la vida, los peones somos nosotros. No somos jugadores, quiá, somos los recogepelotas.

