El 21 de marzo, la comunidad internacional celebra, ni más ni menos, que tres conmemoraciones. Dispares. Es el día mundial de la poesía; el día internacional de los bosques y el día de los titiriteros y manipuladores de marionetas. Desde 2012, la Asamblea de las Naciones Unidas decidió prestar atención a los afectados por el síndrome de Down, a sus familias y cuidadores, instaurando el Día Mundial del Síndrome de Down, que incorporó al abigarrado elenco de celebraciones que concurren con el comienzo de la primavera en el hemisferio occidental.
A primera hora de la mañana de hoy, 21 de marzo de 2019, a la simpática enfermera que me inyectaba el contraste para realizarme la enésima gammagrafía con la que se monitorizan (hermosa palabra del gusto de los clínicos) mis osteomas le informé de que era el día de la Poesía.
-No soy yo mucho de poesía -me replicó, mientras me buscaba la vena más adecuada, que acabó encontrando en mi mano derecha.
-¿Y de los poetas? -inquirí, sin aparentar curiosidad, advirtiéndole que, hasta ese momento, todos sus antecesores en el cargo de enchufarme el catéter habían preferido las venas del codo.
-Pues tampoco. Soy más del bocadillo de chorizo y las patatas fritas. -me ilustró, al tiempo que me informaba que desde la mano podía observar mejor la penetración del contraste en mi organismo.
-Entonces, no le queda más remedio que admitir poder llegar a ser musa de poetas -le espeté, mientras el líquido que inyectaba me producía un tenue escozor.
-Listo -concluyó, sacando el catéter y poniéndome un apósito con soltura- Ahora, vaya a desayunar, beba mucho líquido y vuelva en unas tres horas, que hoy estamos con mucho jaleo.
No me considero capaz de encontrar un hilo conductor que relacione los tres ítems (bosques, titiriteros y poesía) a los que se conmemora mundialmente el 21 de marzo y. mucho menos, a incorporar en ese recuerdo cuyo alcance real desconozco, a los afectados por la minusvalía congénita, y a los que aún estamos aprendiendo a entender, a valorar, a admirar.
Haciendo un esfuerzo de elemental integración, se me ocurre elucubrar que, siendo los poetas títeres o marionetas de la imaginación y esclavos de la remisa creatividad, nos sentimos a menudo perdidos en el bosque creativo, cosechando muchas veces abrojos de desilusión como resultado.
Tengo varios poemas en los que aparece la palabra bosque, pero elijo, para contribuir con mi propio homenaje a la rama literaria la que dediqué y dedico tantas horas, y que tan buenos momentos -como lector y autor- me ha proporcionado, este poema de mi libro «Poemas de encargo», que terminé de escribir en abril de 2005.
V
Cuando me notas a punto de desfallecer, desvelas el regalo
que me traes en esa caja de juguetes: tu sonrisa,
la manera de entretener con trozos que pueden ser pasado,
el momento en que otro como yo, con esta carga al hombro,
no tendría más remedio que estallar en semen o en sollozos.
No es eso solo, no, son muchas más las veces
en que alternando anécdotas con historias inventadas
-así eras tú, ese árbol plantaste, la huella del jardín
pertenece sin duda a tu zapato- me descubres algo de futuro
rebañando en los bordes de mi plato, avanzando
segura entre precipicios de ambos lados.
Bendito seas, lazarillo lleno de voluntad que me salva paso a paso
del riesgo de caer, ciego como voy, renco y muy feo,
en la zanja de tanta profundidad que cruza de lado a lado,
sin señales ni advertencias, destrozándola por la mitad, mi propia calle.
@angelmanuelarias, 2005, Poemas de encargo
El calamón (porphyrio porphyrio) es un ave grande, poderosa, de plumaje azul oscuro con reflejos púrpuras, que habita entre los carrizales de las lagunas y marismas. Este es uno de los muchos habitantes de la albufera de Alcudia, singular paraje natural, con algunos buenos avistaderos de anátidas, gallinetas, ardeidos y fochas.
Se trata de una gallinácea inconfundible, con unos largos dedos que le sirven para desenterrar, junto al fuerte pico (rojo y con un escudete frontal del mismo color), bulbos de los carrizos. Es curioso verla acercarse a la boca los tallos de enea, su alimento favorito. Su voz más habitual, un gruñido que recuerda al del cerdo, le delata cuando está oculta entre la densa vegetación.


Que no te perezca mal, Angel….has comenzado con una enfermera dedicada, muy dedicada a su trabajo y que ,el objeto del musmo eras tú, mientras tratabas de espiritualizar la,situación, con resultado cero…con lo que yo me lo estaba pasando de maravilla. De repente me quitas la enfermera cono sus «c osines» y me transplantas a otro mundo….no !!!!!
No lo he podido asimilar, lo siento !!!!!
¡Ay, Enrique!¿Por qué me habría de parecer mal tu interpretación de mi Comentario? Al contrario. Tu capacidad de lector ha reproducido con bastante aproximación mi propio sentimiento, mientras estaba esperando que me hicieran la gammagrafía, después del contraste. En esta ocasión el paso por la máquina se demoró casi cinco horas y durante ese intervalo temporal, además de leer a Karen Armstrong («Una historia de Dios»), busqué en mi ordenador un poema en el que hubiera tratado con árboles o títeres. Ese fue mi mundo aquel día y, si no lo has podido asimilar, lo entiendo perfectamente.