«Sostiene Pereira» es el título de un novela de Antonio Tabucchi, y Marcello Mastroianni le dio rostro cinematográfico al personaje inolvidable. Antonio Pedreira es, aquí en España y en nuestra vida real, el magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, que tuvo la incómoda suerte de recoger el machete de desbrozar la trama del «caso Gürtel» que estaba utilizando el juez de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón, hasta que fue obligado a dejarlo en el casetón de las herramientas, por haber escuchado ilegalmente (Tribunal Supremo dixit) conversaciones entre los abogados del caso y sus defendidos.
El asunto ha dado pies y alas, y los seguirá dando, en muchos sitios, porque el melón no está abierto del todo, y más bien parece un melonar. Sostiene Garzón, en una entrevista de esas que le hacen de vez en cuando, que la figura penal por la que le han obligado a dejar la toga de magistrado hasta 2021 es resultado de una prevaricación de gran altura, que desvelarán los jueces de Estrasburgo fallando a su favor, porque «fue creada exprofeso para condenarle», apartándole de la causa en la pretensión, parece, de hallar togados más proclives a hacer la vista gorda.
Sea lo que fuere lo pretendido, la operación no tuvo más resultado que descabalgar a Garzón, porque la yeguada de la financiación irregular del Partido Popular, siguió corriendo. Sostuvo Pedreira, mientras pudo, que la competentencia para investigar el asunto le correspondía a él, hasta que le ordenaron devolver el caso a la Audiencia Nacional. Lo sostuvo aunque tuvo que entregar algunos trozos de salud en el empeño, y añadió, firme, decenas de presuntos culpables de turbios manejos a la lista de imputables, Sostuvo Pedreira, incluso, que dejaran de presionarle para que archivara el caso, o para que declinara su competencia en manos de otros magistrados, que alguien debería haber calificado de más afines, o proclives a quién sabe qué intereses. Pedreira se sostuvo sin caer hasta cuando le empujaron desde el confesionario, apelando a su condición de católico practicante, que hasta la religión tiene que ver cuando se trata de asuntos del César.
Sostiene ahora Pablo Ruz, el juez de la Audiencia Nacional que heredó el caso de Pedreira, que es hora de levantar el secreto del sumario, y que hay que llamar a empresarios de alto copete para que expliquen si es verdad que entregaron los dineros que figuran en los papeles de quien fue tesorero del Partido Popular, Luis Bárcenas, y, en su caso, qué intención tenían al ser tan dadivosos.
Sostiene Rajoy que todo es falso, salvo algunas cosas, y sostiene Cospedal que Bárcenas tuvo la indemnización que le correspondía, y Bárcenas sostiene que se le está causando un daño injusto, y, quien más, quién menos, todos sostienen y tratan de sostener.
Pero a los que sostienen, apuntalando, los presiento incapaces, de aguantar lo que es por naturaleza insustentable, y, por tanto, se cae sin remedio. Impresión que consolido cada día, cuando contemplo el montón de cascotes que provoca el trabajo tenaz de los instructores judiciales, que sostienen, libres de ataduras, implacables, el estado ruinógeno del edificio argumental de los políticos populares, desvelando más y más grietas a medida que avanzan, demoliendo.
