Incorporo tres sonetos de mi libro «No nos engaña a nosotros», que corresponden a esa numeración en la relación de poemas. Están compuestos los días 17 y 18 de marzo de 2017.
62
Cuando me dices amando dime algo
se me ocurren tonterías sin sentido
que, poniendo en evidencia lo que valgo,
las guardo para mí que, aún sorprendido
en la acción de querer, de lo que he sido
tengo pudor en mostrar, si queda algo:
los restos de cuanto hemos compartido
y la gran confusión de la que salgo.
Deja que mi silencio me sostenga
en la peana de creatividad preso,
y, rendido, evite que tu arenga
me haga caer, confuso, en el exceso
de creer que sea más lo que se obtenga
con palabras de amor, que con un beso.
63
Arbol caído no soy, que tengo espinas
con las que herir a quien serrar confíe
mi tronco en tablas al uso de escofinas,
pues duro habré de ser a quien se guíe
por la intuición, si notara se deslíe
mi fuerza entre sopores y rutinas.
Pertenezco a esa estirpe que sonríe
mientras otros se atiborran a doctrinas.
Como creo en la verdad que llevo dentro,
el campo cedo solo a quien razona
con claros postulados, y aún, si encuentro
que, apartando las dudas en su zona,
llega a la misma conclusión por la que entro
a diferenciar yo bestias de personas.
64
No pretendo encontrar en un desierto
ocasiones de mejora de fortuna;
puede que halle paz y por concierto
nocturnos de cigarras a la luna.
Lugar hay más tranquilo en el que, muerto,
descansaré de ajetrear desde la cuna.
y amarraré mi cuerpo en ese puerto
sin importar que arribe a hora importuna.
De la certeza de morir estoy repuest0
y me jacto de estar listo para el viaje;
no por llevar bagaje, mas lo opuesto:
por sospechar que, llegados a un paraje
en que hayamos de morar por el resto
del tiempo por pasar, nos sobra el traje.
La foto no es de una golondrina saliendo de su nido. El ave es un avión común (delichon urbica), que es bastante más pequeña y, sobre todo, se la distingue porque no tiene la garganta de color castaño rojizo, sino que todas las partes inferiores son blancas. Hacen sus nidos en pequeñas colonias y, aunque suelen descartar los lugares habitados, a veces, estas aves migratorias se animan a construir sus nidales bajo los salientes de una pared.
Esta ave aún estaba construyendo su nido, junto a su pareja, hace un par de semanas, en Sepúlveda, la hermosa población castellana, lamentablemente sufriendo ya la amenaza de la despoblación de residentes, sustituidos por las huestes domingueras, a la busca del asado de cordero (hoy, ya, en general, australiano), posterior al encuentro con el río Duraton y sus imponentes moradores, amenazados de desahucio, los buitres.

