Deberíamos acudir a una sesión de catarsis colectiva en la que se nos enseñara a detectar y valorar las buenas noticias, los éxitos, los trabajos esforzados que ponen el énfasis en los valores del ser humano.
Quienes tendrían que sentarse en los primeros bancos de ese aula imaginaria serían, desde luego, políticos y periodistas. Entiendo que la mayoría de los incluibles en el segundo grupo (titulados universitarios y aficionados a la pluma) dependen mucho de los intereses de quienes les pagan, pero los primeros, si nos provocan desasosiego, es por nuestra culpa, ya que los ponemos en sus sitios, no para que nos amarguen y hagan más difícil el tránsito por el vivir, sino porque queremos que nos lo mejoren.
La combinación de ambos discurrires profesionales es perjudicial para nuestros humores y bienestar. Es falso de toda falsedad (que diría un castizo) que a la mayoría de los españoles nos entusiasme el morbo y, menos, que se nos dé ración mientras almorzamos o cenamos.
¿Que hay maltratos de género (si, básicamente solo contra las mujeres) y que algunos degenerados llevan su inconcebible sicopatía hasta el abominable asesinato de quienes fueron sus esposas, novias o amantes? Dedíquese a la desgraciada constatación un tiempo periódico para ilustrar a la parroquia de esa lacra localizable, pero no se nos de la tabarra a todos los que formamos parte del pelotón de la normalidad, como si fuéramos potenciales maltratadores o presuntos asesinos.
¿Que un portavoz de su chulería se ha dedicado en el respetable foro (donde deberían esgrimirse los mejores argumentos para sacarnos del pozuelo de la escasez de empleo y la amenaza de un futuro con menores opciones), a insultar a otros colegas del asiento de enfrente o, quizá, a bastantes españoles? Dejésele en la soledad de su falta de empatía y pónganse de manifiesto y glósense, que las habrá, las propuestas y acciones que servirían para dar la impresión, ya que no la seguridad, de que nuestros dineros no son empleados en vacua verborrea.
Porque, si, hay miles de investigadores en España empeñados en descubrir y mejorar el hacer de las cosas, miles de médicos, ingenieros, economistas, abogados, …que cumplen con eficacia sus labores, millones de personas (¿cuarenta y seis?) que cubren con renovada ilusión el tránsito de cada día, a la espera de que les mejoren la luz con la que lo ven, millones de gentes inteligentes y creativas que, después de dedicar cinco o diez minutos a la semana a hablar de fútbol (o del tiempo) estarían encantadas de discutir creativa mente sobre lo que les importa de verdad. ¿O creemos que no es así, que voy “ herrado”?

