Vuelven, tenaces,
conchas abandonadas por el mar
a las orillas.
Recuerdos muertos,
de los que hemos olvidado su razón,
flotan entre restos de naufragios
y, aunque los tiremos lejos,
valvas del corazón,
se acercan dóciles a lamer nuestros pies,
pidiendo que las llevemos a casa,
que las ensartemos a tiras
con el presente más austero.
(Con algo suave, Angel Manuel Arias, versión 1998)
