(Esta es la última entrada con el mismo título, que tiene su origen en la Jornada dedicada a la Colaboración entre médicos e ingenieros celebrada en Madrid, en el ICOMEM, el 10 de junio de 2013, y forma una unidad con las restantes)
Ricardo Ruiz, ingeniero industrial, fundador de RGP Medical Devices SA intervino en último lugar, para hablar sobre El signo vital. Como sucede cuando hay varios intervinientes en una sesión y tienen poco tiempo (20 minutos, en este caso), el último en hablar padece de los recortes que causan en la programación los excesos temporales de sus predecesores. Asi fue el caso.
«Hacia 2025 seguiremos siendo entes físicos, pero nuestro conocimiento estará en una nube», fue su primera provocación. En realidad, yo creo que para una mayoría de la población, no solo el conocimiento, sino su propia actitud mental está en las nubes. Pero no quiero poner una nota de humor a una reflexión tan seria.
Podemos, afirmó Ruiz, encontrarnos conectados a múltiples sensores ajenos al yo, que capten el signo vital y hagan nuestro control biológico. El primero de los avances en este sentido se encuentra ya en el entorno del quirófano y de la UCI, en donde el signo vital cobra mayor importancia.
«Un anestesista maneja hoy más equipo que un ingeniero», continuó Ricardo Ruiz, y puso ejemplos de control con aparatos.
Regulan la tensión del paciente, mediante dosificación de fármacos. Tuvo una referencia especal al equipo clásico de las UCIS que por su carácter, mereció el título de «la enfermera robot» y que generó una polémica tal que se prohibó su uso mediante una Ley (así dijo) por la que se prohibía la regulación de un aparato por otro; ley hoy derogada, aunque su existencia limitó el desarrollo e investigación en ese campo de la monitorización. Al tomar la tensón, se puede medir tambén el ritmo cardíaco y se pueden mejorar las interacciones.
El paciente se convierte en actor responsable del tratamiento de su enfermedad, y el entorno domiciliario es el enfoque final, siendo el hospitalario el objetivo actual. Es necesaria aumentar la investigacón, pero también la formación, porque «en telemedecina, como para andar en bicicleta, tienen que enseñarte; no puedes aprender solo», aventuró,
Ricardo Ruiz expuso que para la captación del «signo vital», la motivación del usuario es sustancial; como sucede para difundir la utilización de cualquiera de las herramientas disponibles, no bastaría con disponer de las máquinas y los elementos de medida, sino que hay que conseguir que se usen. Por eso, han de ser entretenidos para el usuario.
En ese camino acelerado hacia el «Hospital líquido» -un Hospital «sin paredes»-, dentro de un un ecosistema de inteligencial artificial, motivación y capacidad de control, ya hay muchos subsistemas funcionando: el control y tratamiento del EPOC, de la diabetes, de la insuficiencia cardíca, de la cardiopatía isquénica, de la hipertensíón, la planificación y ejecución de revisiones médicas, etc.
No hubo preguntas en el coloquio. Y yo me quedé sin hacer mi reflexión, que sí expuse al organiador de la Jornada, Enrique y a la decana del Colegio de Médicos, siquiatra, y que había estado presente durante la sesión. Los avances en telemedecina, junto con la confirmada sensación de que nuestros datos personales -no ya los médicos, de todo tipo- nos pertenecen cada vez menos, son analizados por otros, con mayor capacidad de análisis, me hacen temer, no ya por la intimidad personal, sino por la responsabilidad y deontología de quien toma decisiones sobre mí.
Y me gustaría que en Jornadas como ésta se hablara también de la libertad del paciente, de la ética y de la interelación humanitaria entre quienes están actuando en ese Hospital líquido. Porque, a la postre, puesto que estamos tratando entre seres humanos y la máquina es solo un vehículo (a veces, un obstáculo) en esa conexión, me gustaría que alguien pusiera, además de la técnica, el cariño, para no verme confinado a ser el prisionero de mi naturaleza y teniendo como guardianes de esa servidumbre, un ejército de máquinas perfectas. Cuando tenga que morirme, preferiría una mano caliente sobre mi frente y no una serie de impulsos insuflando productos químicos por las vías abiertas de lo que menos me importa, que es mi naturaleza como cosa.

Deja una respuesta