Hay algunas palabras cuyo significado, por el uso común, va derivando a otros territorios semánticos, o atribuyéndoles contenidos o precisiones alejadas de aquellas para las que fueron creadas, sea quien fuera su autor, frecuentemente ignoto en la profundidad de los tiempos.
Traigo hoy a este Comentario dos palabras elegidas entre muchas que son muy utilizadas en el lenguaje coloquial entre asturianos y que, como sucede con bastantes vocablos que en esta región española se asocian al bable, tienen su sede en el más puro castellano (o español, para decirlo más a mi gusto).
Son éstas: Mastuerzo (que significa, oficialmente -RAE-, torpe, pero que también caracteriza semánticamente a una planta con salutíferas propiedades, más comúnmente llamada berro) y baldado (que significa tullido y, también, agotado).
Sin atender exactamente a esos significados académicos, mastuerzo y baldado figuran entre los insultos más utilizados en la región norteña con una definida connotación cariñosa, en general, calificación en la que figuran también, por ejemplo, felpeyo (felpudo, pero, como epíteto, disponiendo de una amplia gama de significados, casi tantos como el gusto de quien lo usa) o ranciu (rancio, trasnochado, necio en defender una postura, lo que lo convierte en pasado de rosca, esto es, hallándose vencida la caducidad de su argumento).
Cuando se usan esas palabras en el lenguaje coloquial, hay que tener siempre en cuenta quien las pronuncia y a quien vaya destinadas, para encontrar el significado exacto. No se si se analizó por los linguistas esa situación, pero creo muy interesante considerar, además de los significados y significantes formales, ese otro aspecto subjetivo que contienen muchas palabras como éstas. En particular, los españoles concedemos ambivalencia, cordial o agresiva, a prácticamente todas las palabras «malsonantes» o «insultantes». Desde «no seas cabrón» a «eres más puta que las gallinas» (lo que, dicho sea de paso, no se empleará jamás para apelar a una mujer, que a lo más que puede o debe llegar, entre amigos, es a «más torcida que un clavu» o «yes terca como una mula».
«No seas mastuerzo» (o, más propiamente, mastuerzu), es una indicación amistosa al destinatario amigo de que no debe ser bruto, desconsiderado o superficial en hacer una valoración de hechos o circunstancias y, sobre todo, no debe actuar de manera impulsiva o temeraria, para no meterse en un pozo ni caer bajo o, menos aún, arriesgar a toparse con la iglesia, aunque esté actuando en sitio abierto.
Del mastuerzo hemos conocido su opinión o actuación, y la consideramos desproporcionada, y tratamos, al llamarlo de esa forma, de indicarle, con bastante cariño, que en lo sucesivo tiene que aflojar la tensión, y no poner tanto ímpetu visceral en un concreto asunto, para no darse con los cuernos en la puerta o pillarse los dedos con el pílón, dando martillazos que no vienen a cuentu..
En una posición casi contraria, se encuentra el «baldao» (baldado). Después de un ejercicio físico intenso, solemos quedar baldaos, es decir, no estamos para nada, ni para coger un lápiz. También se puede dejar a alguien baldao, desde luego, si se le da una paliza, pero no es necesario acudir a puñetazos y golpes, pues se puede dejar baldao a alguien sin más que hacerle realizar un ejercicio físico o síquico, a que no está acostumbrado.
El mundo de los críticos está plagado , en realidad, de baldaos, gentes incompetentes para el caso, lentas, torpes o reacias a hacer lo que les está ordenado o conviene. Entre los baldaos, pueden aflorar algunos mastuerzos, pero muy pocos. Porque unos y otros son, en esencia, incompatibles, como vinagre y aceite, que no se mezclan ni en la Thermomix, ni pegan ni con cola.
Si un baldao hace de mastuerzo, -no importa si con buena intención- sería peor que meter elefantes en la cacharrería, pues actuarían con menos perspicacia que el que asó la manteca y menos impulso que el que hace falta para hacer la o con un canut. Si un mastuerzo se comporta como un baldao, habrá que andarse con cuidado de lo que pretende a la postre, pues aunque parezca un tonto de culo integral, algo está tramandom y corresponde tener la mosca detrás de la oreja, desconfiando como del diañu.
En fin, que con mastuerzos y baldaos, si somos nosotros los que controlamos el epítero, podemos tranquilamente ir a tomar unos culinos (de sidra, en principio), hacer buenas migas y, por supuesto, dejar que nos paguen unos claretes o, ahora que están de temporada, una ración de oricinos, que, en muchos sitios, dan hasta la docena por cuatro perras.
Pero si se nos enteramos que alguien, a nuestras espaldas, nos está llamando mastuerzo o baldao, mejor que tengamos la mosca detrás de la oreja, no sea que nos estén haciendo el caldo gordo o dándonosla con queso mientras nos la intenta meter doblada. Y eso, solo se corrige poniendo las cosas en claro, dando un puñetazo en la mesa que corresponda, o si se pone farrucu, amenazando con darle un par de ostias (o dándoselas), como siempre.
(Por cierto, que los asturianos somos también dados a mezclar frases que solo tienen sentido cuando carecen de él, como cuando decimos, por ejemplo: «No vale ni pa pañar duros. Como no sabe dónde tién la mano derecha, lo mismo da que i digas so, que arre«)

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