La Bolsa es un juego para adultos, bastante parecido a la ruleta rusa, en el que, reducido a su quintaesencia, que es como se entiende la gente, el inversor pone su dinero, el Consejo de Administración de las empresas cotizadas pone el careto, y los accionistas que forman el núcleo duro de éstas, la mano.
No debería ser así, pero para la inmensa mayoría de los pequeños inversores, esos que tienen unos ahorrillos y no se atreven a gastárselos de inmediato en un viaje a la Polinesia, por si vienen aún peor dadas, la imagen es, aunque parezca deformante y cruel, muy real. Como no tienen capacidad o tiempo para saber bien de qué va la cosa, se dejan guiar por especialistas bursátiles para decidir su inversión; y sabido es que, en cuestiones del dinero, las opiniones oficiales dependen mucho del humor, que es una manera de llamar a la coyuntura, que es, a su vez, la manera académica de referirse a lo que interesa a los que controlan la economía del mundo y que para los tipos de a pie es sinónimo de azar.
A salvo, pues, de ludópatas y «cuidadores del valor» (gentes para las que, para definir completamente su perfil, habría que entrar en áreas del Código Penal), hay que ser muy confiado para comprar unos papeles (acciones) a un coste varias decenas o cientos de veces superior a su valor nominal, y creerse que con ellos se van a obtener rendimientos aceptables para la inversión, con PER, digamos de 20 o 40. (1) Lo normal es que, de cuando en cuando, la pirámide se desplome, y si estás debajo, pierdas la mayor parte de lo que pusiste, aplastado.
El Servicio de Estudios de BME (Bolsas y Mercados Españoles), en colaboración con El Nuevo Lunes celebró el 18 de junio de 2013 una Media Jornada cuyo objetvo era preentar y comentar un Informe sobre «Retribución a los accionistas. Cifras, debate y tipología en la Bolsa Española». El escenario elegido fue la Bolsa de Madrid, muy pertinente.
El Informe es interesante, abre una vía a la sistemática de éstas, en general, imaginativas formas de obviar el desembolso en efectivo de los dividendos y en la presentación de Domingo García (Director de BME), cobró un valor didáctico y hasta esclarecedor de quiénes están de algunas de las prácticas que conforman las, ni más ni menos, que 19 fórmulas de retribución a los accionistas.
Como es evidente que los pequeños inversores en Bolsa no se guían por la retribución de las acciones, sino que especulan con el mantenimiento o crecimiento -aunque sea ligero- del valor de las mismas en el mercado bursátil, el estudio que falta por hacer, y que propongo, es en qué medida las propuestas de los Departamentos financieros de esas grandes compañías que elucubran sobre formas de remuneración a los accionistas, influyen sobre las posiciones de los inversores.
Porque si has comprado una acción, digamos, de valor nominal 100 euros pagando por ella, 1.000 euros en Bolsa, el que, en lugar de darte los 10 euros que te corresponderían (en hipótesis) si tal es la parte alícuota del beneficio neto anual después del impuesto de sociedades, el que te den en cambio diez derechos para que puedas suscribir una acción nueva si reunes 100, no es lo mismo, ni para tí como inversor de poco pelo, ni para el accionista principal que tiene, desde que se montó la sociedad, y siempre en hipótesis, el 40% de las acciones, que le costaron, obviamente, 10 veces menos que a tí, y que puede que no las tenga todas ni siquiera desembolsadas.
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(1) El PER (Price of Earnings ratio) es el cociente entre el valor en Bolsa de una acción y el beneficio neto anual. Así que si una empresa tiene un PER de 25 quiere decir que se tardarían 25 años -si todo sigue igual- para recuperar la inversión por la vía de los dividendos, si es que el Consejo de Administración decide repartir dividendos. Los bursorólogos opinan que un PER entre 10 y 17 es lo adecuado.

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